domingo, 27 de septiembre de 2015

Cuando los Panare se mudaron a la ciudad


Eso fue ¿cuándo? Creo que en el 2004 o antes.  Cuando los mineros penetraron sus predios y horadaron sus tierras, cuando los madereros talaron sus árboles y cuando caucheros, balateros y sarrapieros espantaron su fauna.  Entonces decidieron probar suerte en la gran ciudad.  Ofreciendo  artesanías o estirando las manos como los pordioseros.
         En diciembre de 2004, Correo del Caroni reseño que en la prolongación del Paseo Gáspari de Ciudad Bolívar, debajo del puente San Rafael del sector Barrio Unión, se encuentra una comunidad indígena que se mantiene hermética a la comunicación, razón que permite que fácilmente sean catalogados "como un grupo de indios que piden dinero".
Pero lo cierto es que esta comunidad que pocas veces abre sus puertas para recibir a "extraños", no son mendigos, y a diferencia de lo que piensan sus vecinos, tampoco viven allí desde hace años.
Aunque el punto está establecido hace alrededor de siete años, este grupo de indígenas que permanece bajo el puente San Rafael, vive en constante movimiento.
En este sentido, lo que parece ser una comunidad indígena mal puesta, es en realidad un campamento para la etnia Panare y de acuerdo a lo explicado por ellos actúa como un centro de operaciones comerciales.
En este campamento a orillas del río San Rafael se alojan alrededor de treinta personas provenientes de la comunidad Panare -radicada principalmente en las zonas de Puerto Ayacucho y en Caicara del Orinoco- quienes no se quedan más de dos meses en Ciudad Bolívar.
Los Panares han marcado su territorio en este sector de Ciudad Bolívar, que cuenta con algunos recursos similares a los que encuentran en su comunidad ubicada en el municipio Cedeño, sobre todo en el aspecto natural, como el río y los árboles.
Francisco Torres pertenece a la etnia de los Panare, y hace tres semanas llegó a Ciudad Bolívar, para instalarse hasta la próxima semana en esta especie de campamento y así vender la mercancía que fabrica artesanalmente en Caicara.
El campamento cuenta con sólo una estructura de láminas de cinc, además de cinco "carpas", que consisten en varios troncos clavados en la tierra, los cuales soportan plástico negro como techo.
Según un ensayo de la antropóloga María Eugenia Villalón, los Panare son conocidos como E´ñapa.  Es decir, E'ñapa es el autogentilicio de los "panare', pobladores autóctonos de lo que hoy en día es el Municipio Cedeño del Estado Bolívar. La voz "panare", predominante en la literatura etnográfica, se deriva de panali, una antigua voz caribe que significa "amigo o compañe­ro" 5. Los e'ñapa pertenecen a la familia lingüística Caribe (o Cariba­na). Son indios de orientación terrestre, que se diferencian de sus más famosos hermanos por carecer de una tradición náutica.
Ninguno de los gentilicios mencionados aparece en las crónicas de la conquista, razón por la cual no es conocida la etnohistoria e'ñapa durante la invasión europea. La única pista fue suministrada por Gilij 8 quien legó las más amplias noticias sobre la cuenca del Cuchi­vero —patria ancestral y tradicional de los e'ñapa.
La población e'ñapa asciende, conservativamente, a unos 2.500 o 3.000 individuos habitando diversas comunidades o grupos locales esparcidos entre los ríos Cuchivero y Suapure.
Se distingue los grupos sureños habitando la cuenca del Cuchivero de los norteños habitando la región del Orinoco medio. Los primeros tienen menos contacto con la población criolla, son más conservadores, y su principal fuente de proteína animal la constituye la cacería, en vez de la pesca como en el nor-oeste. Nin­guna de las dos divisiones mantiene contacto regular con la otra; más bien prevalece entre ambas un sentimiento de hostilidad que tiene una larga tradición histórica. Existen, además, variaciones dia­lectales en el lenguaje que acentúan notablemente las diferencias entre el norte y el sur.
Aparte de la cacería y la pesca, los e'ñapa acuden a la recolección de insectos y de frutas silvestres, así como al cultivo de viandas. En sus conucos proliferan docenas de tubérculos, principalmente la yuca dulce y amarga,  varios tipos de maíz, frutas, plantas medicinales, barbasco, el onoto, y para el uso cotidiano y gra­tuito, el tabaco que anestesia el dolor que les produce sus predios perdidos.


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