jueves, 13 de agosto de 2015

Vuelo sin retorno


Se los tragó la selva. Así lo creía la gente hasta que aparecieron los supuestos restos un año después (25-06-85) en la Meseta Iratepuy. Viajaban en una Cessna 202, identificada con las siglas YV-229-C, pilotada por el capitán Richard José Tortorello y de pasajeros José Jereige, funcionario de la Gobernación; Oscar Alemán, fiscal general de Hacienda; Antonio Castillo, jefe de Investigaciones Especiales del Ministerio de Hacienda; el fotógrafo de la Gobernación, Carlos Luporsi, y el comisario de la Disip, Rafael Rodríguez.
La avioneta monomotor despegó del aeropuerto de Ciudad Bolívar el viernes 29 de junio de 1984, a las 9:00 de la mañana, con destino a El Dorado, pero luego de despegar del aeropuerto de esta población con destino a Santa Elena de Uairén, pasadas las 3:00 de la tarde, no se supo más de la aeronave y sus ocupantes.
El retorno de la avioneta estaba pautado para el domingo, y hasta el 2 de julio se creía que el aparato se encontraba cumpliendo su misión, pues el objetivo de sus ocupantes era el de utilizar el fin de semana para visitar los campamentos mineros de explotación aurífera que se encuentran entre el kilómetro 88 y Santa Elena de Uairén.
Dado que las verificaciones hechas daban como resultado que la Cessna y sus seis ocupantes no habían sido encontrados en ninguno de los aeródromos de la Gran Sabana ni tampoco en Boa Vista, Brasil, en donde se creyó que podría haber aterrizado por el mal tiempo reinante esos días, la jefatura de aeropuerto a cargo de Rigoberto Belisario, la declaró oficialmente en emergencia y de inmediato una flota de aviones y helicópteros emprendieron la búsqueda.
La inspección de los campamentos de explotación aurífera por parte de estos funcionarios tenía que ver con las denuncias que se venían haciendo en relación a las irregularidades en la explotación de las concesiones mineras, su invasión por mineros de libre aprovechamiento y una presunta fuga de oro hacia el exterior desde aeropuertos clandestinos.
Un año después se ubicó la avioneta y en el transcurso de la búsqueda se hicieron comentarios de todo tipo: que iba cargada de oro decomisado; que la habían tumbado, que habían altos personeros del gobierno que estaban involucrados en el contrabando y llevaban el oro al extranjero. 


En la búsqueda intervinieron avionetas civiles y también intervino el ejército; participó el capitán Arape (el que había encontrado la avioneta donde estaba Raiza Ruiz) y en el supuesto rescate, un año después intervino la Disip y el famoso López Sisco.

Para la entonces juez Virginia González Cisneros “ese caso quedó bajo un velo de misterio e incertidumbre por cuanto nunca se supo si realmente la avioneta apareció o no, porque a los familiares solo nos entregaron una urna y nos informaron que ésta contenía los 6 cadáveres; tampoco nos entregaron pertenencia alguna. Yo soy abogado, profesor universitario y siempre fui juez, pero no pude averiguar nada sobre el accidente y tuve que aceptar lo que me dijeron. Lo que sí afirmo es que mi marido Ramón Antonio Castillo, director de Investigaciones Especiales del Ministerio de Hacienda para ese momento, me dijo antes de irse que iban a investigar el contrabando de oro, uranio y diamantes en la zona y que en tales hechos estaban involucrados personajes del alto Gobierno.
“Hubo otro hecho transcendental muy grave y que despierta muchas suspicacias y es que un helicóptero propiedad de una persona muy adinerada de la época que intervenía en la búsqueda, se cayó cuando salía con 5 ocupantes, (todos murieron) entre ellos se encontraba un militar que había asegurado saber cuál era el lugar donde había caído el aparato. En fin, realmente este asunto resultó ser un misterio y no hay certeza de nada y mucho menos que haya sido encontrada.
“El papá del piloto Tortorello organizó una expedición con indígenas para llegar al sitio donde supuestamente apareció la avioneta, pero le ordenaron que saliera del estado Bolívar”.

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