lunes, 23 de mayo de 2016

Estela Cabrera y Ramón Castro


¿Dónde, en qué ocasión y por cuál motivo el reportero gráfico tomó esta foto?  ¿Dónde? Seguramente en la terraza de un hotel de la ciudad con vista al río ¿Ocasión?  Posiblemente en la ocasión  del brindis que el doctor Ramón Castro ofreció para celebrar su victoria en las elecciones de la Cámara de Comercio, elecciones conflictivas apaciguadas por ese taumaturgo de la palabra que fue don Natalio Valery Agostini.  ¿Motivo? Más que motivo, pudo ser una humorada caricaturesca lo que movió al reportero para halagar la guasa guayanesa siempre  llena de símiles picarescos. 
No deja de ser  motivo de curiosidad el gesto vocativo de Ramón Castro ante algo que le dijo la doctora Estela Cabrera.  ¿Qué pudo decirle para tamaña expresión?  Pudo ser algo relacionado con la política, pues ambos, tanto el farmacéutico como la gineco-obstetra  incursionaron en la política.  El uno llegó a ser concejal y la otra Presidenta de la Asamblea Legislativa.
         O tal vez materia relacionada con servicios clínicos, farmacéuticos o comerciales, pues el uno fue dueño de una Farmacia, la “Farmacia Castro” en el Paseo Orinoco y de una agencia de automóviles y, la otra, dueña y fundadora de la Clínica José Gregorio Hernández en la Avenida 17 de diciembre.  Bueno, no es fácil acertar con sólo los ojos fijos en una fotografía caída así al azar en nuestras manos y posiblemente tomada por Víctor Bayola, a quienes sus colegas llamaban “El lente lento” para contraponerlo a Nino Marchese que se autopromocionaba como “El lente mágico”
Posiblemente lo único de interés objetivo sea la expresión facial de Ramón Castro que deja de campanear su escocés de 18 años para reaccionar de esa manera a lo que le dice su interlocutora que de verdad a pesar de su nombre no deja estela ni otro tipo de rastro cuando le habla.
         Si pidiéramos a estos personajes amigos que reprodujeran hoy esta escena del pasado ¿cómo creen ustedes que sería?  Siguen las interrogantes.  Bueno, hay que ver lo que son cuatro decenios de distancia.
         A lo largo de cuarenta años muchas cosas pueden ocurrir, cosas de trascendencias me refiero porque hay cosas baladíes que vale poco mencionar.  Algo importante para la ciudad y para él mismo fue que  Ramón Castro incursionara casi intempestivamente en el periodismo adquiriendo la propiedad de El Luchador, antiguo periódico fundado en julio de 1905 por don Agustín Suegart, un general de sangre europea partidario del liberalismo que admiró a Cipriano Castro; sin embargo, este Presidente de la República no tuvo consideración con él a la hora de clausurar de un plumazo “El Anunciador”, un diario vespertino que tuvo la audacia de publicar un editorial en el que ponía en entredicho el comportamiento local del liberalismo amarillo.
De la clausura de este periódico emergió “El Luchador” con el mismo formato y tan escarmentado que siempre tuvo al lado de los gobiernos de turno, claro, mientras éstos fueran autocráticos como el de “El Cabito”.
El Luchador se vino a soltar el moño, aunque con timidez  precautelativa después del 23 de enero de 1958 cuando en Venezuela comenzó a operar otro sistema de gobierno, democrático, pluralista, respetuoso de la libertad de expresión y de información.
 Tras la muerte de Jorge Suegart, hijo mayor que administraba con mucho acierto la editorial “La Empresa” los hermanos quedaron como desorientados por la herencia. Castro aprovechó la coyuntura, hizo una oferta que fue aceptada  y El Luchador continuó en la calle, pero transformado.  Pasó de diario tamaño estándar vespertino a  diario tabloide matutino, menos conservador, más dinámico y atento a las nuevas tecnologías y perspectivas de la informática.


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