miércoles, 25 de mayo de 2016

El junior Gustavo Naranjo


A juzgar por la indumentaria del periodista Gustavo Naranjo Jr y la guitarra del músico en primer plano, la imagen fotográfica nos sugiere que fue impresa en tiempo de carnaval, una fiesta tradicional arraigada en el alma bolivarense desde hace más de una centuria. En horas de la mañana estas fiestas paganas  suelen ser bastante húmedas y por la tarde muy rumbosa y hasta elegante,  mucho papelillos, caramelos y serpentinas.
         Pero en este caso, lo que nos llama la atención no son tanto las carnestolendas como el personaje central exóticamente ataviado, empero con la mirada nostálgica   ¿Nostalgia de qué?  Seguramente de cuando le sirvió de chofer al ex Presidente Rómulo Betancourt en Nueva York.  Estudiaba el Junior Relaciones Públicas en los Estados Unidos, becado por el Gobierno de Pedro Battistini Castro. O cuando ejercía de reportero del diario Excelsior de México o de la revista “Cruceiro Internacional” del  Brasil o cuando siendo reportero de Últimas Noticias escaló sin ser alpinista el Páramo de Peñas Blancas y Niquitao en el Estado Trujillo para cubrir un accidente aeronáutico o cuando siendo reportero de El Universal lo mandaron a cubrir la llegada de Fidel a la Habana con su legión de guerrilleros bajando desde la Sierra Maestra.
Y es que Gustavo Naranjo, periodista sagaz y de altos vuelos, seguramente que lo invadían recuerdos reporteriles en momentos como éste que atrapa la fotografía. Lástima que la gráfica no pueda atrapar las anécdotas que en la vida de este personaje son como para escribir un libro, pero al Junior nunca le gustó escribir lo que le sucedía a él sino a los otros.  Parece ser éste el destino de los que vuelan alto, no hablar de sí mismo sino de los demás, aunque él nunca hablaba con el  payaso sino con el dueño del circo.
         Gustavo Naranjo era un personaje cuya presencia se sentía con cierta simpatía, acaso por su aureola de periodista sagaz o por su conducta circunspecta al abordar al entrevistado con preguntas cortas y sustanciosas.  Ese comportamiento de periodista en ejercicio lo transfería con la misma pasión a los otros colegas cuando ejercía la jefatura de prensa o de relaciones públicas de alguna institución como la Gobernación, la Asamblea Legislativa, la Aeropostal, la Cámara de Comercio o el Hotel Laja Real, a todos los cuales les prestó servicio mientras permaneció en Ciudad Bolívar.
         Y cosa inexplicable, no obstante haber prestado servicio profesionales al Estado venezolano, ya en la OCI, en las Gobernaciones de Caracas y Bolívar, a la Asamblea Legislativa y Aeropostal, nunca recibió los beneficios retributivos de la jubilación.  Ignoramos si fue por desinterés institucional o descuido de él.  Es posible que sea por lo último, no por indiferencia real sino seguramente por orgullo.  Siempre ha existido la creencia de que el jubilado es una especie de eunuco, impedido de seguir produciendo y de ejercer el oficio con la misma y vigorosa pasión  de los años hábiles.
         Lo cierto es que el Junior jamás quiso hablar de jubilación con el dueño del circo, ni siquiera con los payasos y obreros que sirven en y cuidan de la carpa.  Pudo hablar de tantas cosas inherentes al habitante y la comunidad, escribirlas, exaltarlas, denunciarlas y favorecerlas de algún modo, pero hablar de él o de la familia, jamás.  Afortunadamente sus parejas e hijos fueron comprensivos.  Profesionales todos,  no necesitaron de las prebendas del Estado y creo que ninguno siguió su carrera tan digna y social quizás por lo absorbente y sacrificado del oficio y también por los riesgos que conlleva el ejercicio pleno de esta profesión.

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