miércoles, 4 de mayo de 2016

Domingo Terán (Urraca)


“Urraca” les dicen a ciertas personas cotorras y habladoras.  También a las cautas y tímidas con los más fuertes y poderosos, pero que se manifiestan crueles con los indefensos.
         En definitiva, Urraca es un ave de rapiña de los países templados y no de estos territorios cálidos.  Ahora, ignoro por qué a Domingo Terán le pusieron ese apodo.  Supongo que algún guayanés muy leído y viajado que lo vio boxear y observó que el púgil del patio era precavido con los contrincantes recios y cruel con los pusilámines.  Porque aunque parezca contradictorio, existen púgiles cobardes, vale decir, que a la hora de las chiquitas, no saben hacer honor a su condición de peleador, pues partimos de la concepción de que quien se calza unos guantes sobre el cuadrilátero es porque tiene con qué. 
         Decir que Domingo Terán era rapaz como una Urraca, sería caer en una semejanza calumniosa.  Tímido y cauto posiblemente cuando estaba semidesnudo  entre las sogas y hasta cotorro cuando alguien daba pábulo a su lengua.  Hasta allí como parte de su peculiaridad personal.
         Domingo Terán vivió siempre en la calle Afanador que empieza en un puentecito de quebrada y termina en El Cambao.  Era un veterano matarife de ganado porcino.  Nunca utilizó el Matadero Municipal en su oficio.  La sala de matanza era el patio de su casa.  Allí, montado sobre tres piedras, estaba siempre el caldero gigante bien atizado con leña seca de la buena y con el agua bullente, esperando al marrano de ocasión para rasparlo después de asestarle su tanganazo por la testuz.
         De ese oficio cruel de sangre y de morcilla, vivía Domingo Terán a quien sus paisanos preferían distinguir con el remoquete de “Urraca, el matador de cochino de la calle Afanador”
         Pero créanlo o no, Urraca también tenía su corazoncito bombeando ideas políticas en sus mejores momentos.  Lo estremecía de coraje desde la tribuna la personalidad sanguínea de Jóvito Villalba y la interpretación de sus arenga la siguió y la llevó por  muchos rincones de la Ciudad Bolívar de los años sesenta junto con Marcial Rivas y Humberto Fernández tratando de conquistar adeptos para llevarlo al Poder.
         Urraca era el jefe del Comité de URD en el Barrio Afanador junto con su inseparable mujer y su única hija.  Una mujer morena, alta y delgada, que le ofrecía café todas las mañanas al Procurador del Estado, Pacífico Rodríguez, cuando en su casa concluía sus arremetidas bohémicas luego de tocar varios puntos al salir de su despacho.  Urraca se portaba diligente y solicito con el Procurador, sobre todo porque era él quien le resolvía los conflictos que solían presentársele en el sector.
         “Urraca” era inquieto y hasta cierto punto celoso y quisquilloso.  En cierta ocasión que era de noche y de luna llena, no pudo enfrentar el fantasma de los celos y a punto  estuvo de meter a su mujer de cabeza en la caldera hirviente de los cochinos.  Todo el mundo se alarmó.  El Barrio se escandalizó e invadió la calle.  Era que a Terán a veces se le aviva la neurosis impulsiva del boxeo y quería como fuera derrotar al enemigo que en este caso parecía ser su única mujer.
En su tiempo, por los años cuarenta, era ídolo del boxeo El  boxeo era tal en Ciudad Bolívar que el Cine Mundial, al igual que lo venía haciendo el América,  montó su propio Ring y a veces en una misma noche había dos programas de boxeo.  Ello explica porque Domingo Terán (Kid Urraca),  ganó en una noche dos peleas: una en el ring del Cine Mundial y la otra seguidamente en el ring del Cine América.  Esto podía hacerlo libremente los boxeadores porque no había autoridad oficial que impusiera respeto por unas reglas que internacionalmente existían. 



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