lunes, 2 de febrero de 2015

El oro de Las Cristinas


El 2 de agosto de 1997, un gabinete económico ampliado sesionó en Las Cristinas para iniciar la ejecución del proyecto aurífero más ambicioso de Latinoamérica, el cual produciría 7.4 millones de onzas de oro durante la vida útil de la mina.
Las Cristinas, ubicada en el kilómetro 85 en el municipio Sifontes, donde se ha cumplido ya la etapa de exploración, fue diseñada para ser construida por la empresa Placer Dome a un costo de 536 millones de dólares.
Esto se confirmó después de superado el impasse entre los socios Place Dome-CVG y MAE Crystallex, que ameritó la intervención de la Corte Suprema de Justicia para desestimar una reclamación de Crystallex de presuntos derechos de explotación en el sector Las Cristinas.
Crystallex dijo en la ocasión que su mina de Las Cristinas comenzaría a operar en 22 meses, luego que el gobierno le otorgara unos largamente demorados permisos ambientales. El desarrollo de Las Cristinas, con unos 13 millones de onza de oro de reservas probadas y probables, se demoraba por obstáculos y disputas legales sobre los derechos de explotación y los permisos ambientales.
Sin embargo, el 9 de septiembre de 2005, el presidente Hugo Chávez dijo que una nueva empresa estatal que manejará los recursos mineros estará ubicada en el área de Las Cristinas, donde la canadiense Crystallex Internacional aguarda desde hace meses por permisos para ejecutar el proyecto.
El 21 de septiembre lo ratificó anunciando un acuerdo con el Citic Group, de capital chino para la extracción de oro y cobre en Las Cristinas, “un proyecto de alto calibre, de alto peso estructural para el desarrollo económico y social del país”.
El reservorio “Las Cristinas” es considerado como unos de las áreas de oro más grande del mundo. El yacimiento aurífero de Las Cristinas, a unos 15 kilómetros de la frontera con el Territorio Esequibo que Guyana controla, y a 88 de las colonias de El Dorado, es la quinta mina de oro del mundo. Tiene unas reservas probadas cercanas a las 17 millones de onzas, un botín, como dice Jorge Benezra, que despierta la codicia de cualquiera.
Las Cristinas que ya ha pasado como por seis dueños se ha tenido, no sabemos si todavía, como el reino de la anarquía, donde manda o mandaba la ley del más fuerte. Según Benezra, en sus entrañas hormiguean unos 30.000 mineros ilegales. Y siguen llegando a diario en autobuses y camiones. Muchos de ellos son extranjeros. Vienen de Brasil, Trinidad, República Dominicana, Perú, Guyana y Colombia. A todos, locales o foráneos, los une el sueño compartido de una riqueza súbita. Cuando menos, que es el caso más frecuente, obtienen lo suficiente para sobrevivir.
Tropas de la Guardia Nacional Bolivariana y del Ejército custodian la mina y las instalaciones del campamento aledaño. Pero es poco más que un saludo a la bandera. Nada perturba a los buscadores de oro. El perímetro militar es como la frontera del laissez faire. De y hacia el exterior pasan camiones, motores, combustible, alimentos, bebidas alcohólicas. Al interior las cosas son de quienes las toman, casi siempre organizados en mafias. La valiosa nucleoteca, el archivo geológico donde se guardaba toda la memoria de exploración de Las Cristinas, es una ruina desvalijada.
La minería ilegal no tiene límites. Es un paroxismo colectivo que los precios del oro estimulan. Un kilo de oro ronda los 33.000 dólares americanos en el mercado internacional. Un equipo de mineros, por rudimentario que sea, puede extraer diariamente unos 10 o 20 gramos. Por algo se habla de la fiebre del oro.

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