lunes, 23 de febrero de 2015

Del Líbano a Guayana



Elías Kashia Salloum vive orgulloso de su edad que ya pasa de los noventa con cuatro vueltas más de la Tierra en torno al Sol, de ese Sol que en Guayana brilla tan espléndido alumbrándole el camino desde que abandonó para siempre la Casa de los profetas donde nació el 22 de agosto de 1921, cinco años antes del Líbano caer bajo el protectorado de Francia, al que le prestó servicios hasta que lo invadió el prurito de estar al lado de los que luchaban por la independencia de su patria, al fin lograda en 1941 cuando él ya se sentía atraído por los metales preciosos hasta el punto de hacerse Joyero, oficio que en Venezuela se diluyó en los más riesgosos negocios y aventuras.
Llegó a Venezuela a comienzos del gobierno de facto del Pérez Jiménez, víspera de la Navidad de 1950, con Guayana como destino final, añagaza de las piedras preciosas que al comienzo confundió con la mica que centellaba bajo los rayos del Sol luego de haber sido lavada la roca por la lluvia. La puerta principal de Guayana, Ciudad Bolívar, estaba ante sus ojos a la orilla de un río que por su grandeza dejaba muy atrás a los de su país. Desembarcó de uno de los viejos autobuses de la BBC tras rodar por los llanos durante cuatro días. Su equipaje, varios fluxes de buena tela, un sombrero fino y cien corbatas que luego lanzó al Orinoco para no desentonar con el liquiliqui de los bolivarenses.
Después de superar algunos accidentes e incidentes padecidos en su afán por localizar el diamante y prolongar la visa de residencia, pudo instalar su primer comercio, “Almacén Líbano”, en la calle Urica que sustituyó más tarde por una pescadería de rueda. En una cava compraba pescado en Lechería y Puerto La Cruz que luego ofrecía a buen precio en Ciudad Bolívar, Palúa, Puerto Ordaz. El Callao y El Dorado.
Experimentando en el negocio más rentable andaba Elías en el que tampoco faltaron los automóviles Oldsmobil, Kraysker, Pakard que compraba, usaba y revendía para el próximo negocio. Uno de tantos fue el siniestrado Palacio de los Dulces. Seguidamente la navegación por el Orinoco a bordo del “Corazón de León” comprado a René Vhalis para visitar comercialmente todos los pueblos ribereños del Orinoco y en el cual pasó más de un susto atravesando El Torno y El Infierno, ruidosos raudales donde naufragaron barcos propulsados por máquinas de vapor.
Cansado de navegar el río con pasajeros, ganado, combustible y la más variada mercadería, quiso hendir los aires con un pájaro metálico. Compró una avioneta y con ella hizo un curso de piloto que le permitió viajar de un lugar a otro de la selva al servicio de la minería. Con su hermano Antonio llegó a tener cinco balsas “Chupadoras”. para extraer material diamantífero del lecho del Caroní entre isla Cartán y San Salvador de Paúl, pero que a la larga costaría la vida de su hermano y con él la extinción del campamento de Bocón, base de la explotación. A él también pudo haberle costado la vida por accidente aeronáutico. Regresaba de inspeccionar su campamento abandonado, cuando estrelló la aeronave mientras planeaba en aterrizaje de emergencia sobre un angosto banco de sabana. Allí acabó todo y se alistó como buen aventurero a forjar otros caminos. Fundó el Club Árabe, militó en el PRIN de Ramos Jiménez junto con Manuel Alfredo Rodríguez y pretendió invadir la reclamada zona del Esequibo con cinco mil familias mineras, pero el Gobierno Nacional de ninguna forma respaldó su iniciativa.
Ahora vive recogido con su esposa Carmen Brígida en una parcela próxima al Puente Angostura y pendiente de él sus hijos, todos profesionales, entre ellos, una médico dermatólogo.

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