lunes, 3 de octubre de 2016

César Ávila, el romántico



Después de Alejandro Vargas y Carlos Tomedes no había otro que se afincara o perdurase en el alma popular como César Ávila, quien a los 67 años, cumplidos en 1989 seguía siendo talento vivo tanto en la radio como en fiestas, reuniones y tertulias.
            Alejandro Vargas que muchas veces acompañó con su guitarra a César Ávila, pudo trascender gracias a que un buen día el Quinteto Contrapunto tuvo la suerte de descubrir ese diamante en bruto del canto popular, del cual habla extraordinariamente bien su Casta Paloma.
            Carlos Tomedes no tuvo la misma fortuna, pero marcó una época en que su vena de trovador fluía como una cascada que iba bañando a todo el mundo. Memorioso, agudo, espontáneo, suelto y versador, Tomedes caminó por todos los caminos sembrando con pasión la vivencia de su copla. No había fiesta de la ciudad o de pueblo donde aquella figura erguida vestida de liquiliqui no dejara sentir su voz. Voz y arpa eran una misma cosa en el uno como voz y guitarra en el otro nos detenía como el hombre de la flauta mágica.
            César Ávila fue tan popular como sus coterráneos extintos, pero dentro del campo romántico. El y la Radio Orinoco (Ecos del Orinoco) eran coetáneos. En 1935 cuando la emisora fue fundada por Enrique Torres Valencia comenzó como aficionado y luego no tardó en hacerse de una audiencia cautiva. Del canto vivía y pervivía, no obstante, hubo un tiempo en que la cosa estaba tan mal que se vio impelido a alistarse como camionero vendiendo cerveza de establecimiento en establecimiento.
            Posteriormente la Cervecería Polar se convenció que le resultaba mejor promoverse al ritmo de su voz y le facilitó una gira por el país, el hombre viajaba y cantaba con Polar  hasta que el inmortal Trío Panare lo rescató para que fuese su única e insustituible voz.
            Los Panares nada tienen que ver con la etnia E’ ñapa del Cuchivero y el Caura. Simplemente se llamaban así para recordar que aquellos hermanos aún viven entre moriches, gallitos de roca y turpiales. Rafael Piña, segunda guitarra y fundador del trío, es el único que tiene rasgo de E’ ñapa, porque Rafael Bolívar, primera guitarra y Ángel Carpio, tercera guitarra y segunda voz, parecen más bien kariñas y su cantante César Ávila buscaba hacia el indio sapoaro, de esa comunidad ya extinguida que poblaba las costas del Orinoco por esta zona. De allí tal vez el nombre de ese pez plateado y cuneiforme que desveló por diez años al biólogo Daniel Novoa y del cual existe aquí una leyenda.
            Desde que el margariteño Francisco Carreño compuso el merengue La Sapoara, César Ávila no dejó de cantarlo, pero su voz de barítono medio estaba más bien para las canciones de corte romántico, tanto es así que lo llamaban el “Romántico de Guayana” y por eso cada vez que le tocaba actuar acompañado del Trío Panare, todo el mundo le pedía un bolero, un vals o un tango: “Canta, Yira, César” y Yira comenzaba a desmadejar el alma a más de uno. “aunque te quiebre la vida / aunque te muerda el dolor / no esperes nunca una ayuda / ni una mano ni una flor”. O Tango Uno, Caminito o Cambalache.
            César se inició cantando el bolero “Virgen de media noche” en la radio de Enrique Torres Valencia cuando ésta funcionaba sólo desde las seis de la tarde a las 9 de la noche en la avenida 5 de julio. Lo acompañaba al piano Doña Florinda de Gunterman, Felo Cabrera o Tiburcio Guevara. La canción que lo popularizó fue “Dame tus rosas”, que luego le sirvió de tema.


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