miércoles, 23 de enero de 2013

El Museo de Cera de Paris en Ciudad Bolívar

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El 28 de enero de 1961 fue abierto en el auditorio del Grupo Escolar Estado Mérida de Ciudad Bolívar, el Museo de Cera Dupuytren, de París, auspiciado por el Colegio Médico y la Sociedad Anticancerosa que nacionalmente presidía Feliciano Pacannings.
Pero a este museo que ya se había presentado en las principales capitales de Europa y ciudades de Venezuela como Caracas, Maracay y Barquisimeto, solo se permitía la entrada de personas mayores de dieciocho años y hubo que tener incluso aprobación previa del Arzobispo Monseñor Juan José Bernal Ortiz, debido a imágenes esculturales que para la sociedad de entonces resultaban moralmente perturbadoras.
Por primera vez los bolivarenses hacían contacto con un museo fuera de lo común. Se trataba de una formidable exposición de figuras de cera plastia, de tamaño natural, realizadas en París por el doctor M. Clerk Lucien, eminentemente médico y profesor y por el genial escultor M. Fravich, mediante las cuales se presentan con vivo realismo los resaltantes éxitos de la ciencia como los partos sin dolor.
Para los conocedores, se trataba, sin lugar a dudas, de una conjunción casi perfecta del arte y la ciencia llevada a feliz término para quienes se interesan por las anatomías y sus reflejos.
Lo que más preocupó a la Iglesia fueron las anatomías que develaban todas las intimidades del sexo, así como de las enfermedades que suelen contraerse a través de la relación sexual. La prensa y comunidad en general tomó del novedoso Museo de Cera material suficiente para tertuliar durante mucho tiempo.    
El nombre del museo respondía o responde al de un famoso médico parisino del siglo diecinueve, Guillermo Depuytren. A este cirujano francés se le deben importantes invenciones técnicas y nuevos procedimientos quirúrgicos. Es destacable su aportación a la anatomía patológica. Durante mucho tiempo se creyó que el Museo de Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina de París fue fundado por Dupuytren, pero, realmente, no fue así. Lo que ocurrió fue que el célebre médico francés, al morir, dejó una manda de 200.000 francos para que se crease una Cátedra de Anatomía Patológica y que el decano de la universidad, profesor Orfila desvió la suma para dedicarla a un museo que sería la base para la creación de la cátedra la que sin una exposición de piezas y materiales abundantes no sería nada más que una materia teórica.
Orfila, que como decano de la facultad tenía el empuje para hacerlo, disponía de materiales de mucho valor científico en ella depositados. Consiguió la ayuda del gobierno y los aumentó considerablemente, con la colaboración de todos los profesores de la facultad y de los hospitales.
Para concentrar todos estos materiales consiguió en la Rue de l’Ecole de Médicine N° 15 en la que está la facultad, el antiguo edificio que fue el Convento de la Cordelería, donde tuvo lugar el asesinato de Marat.
En el patio se alzó un busto de Dupuytren debajo del cual se leía en letras doradas: Museo Erigido a expensas del Estado en 1835 por los desvelos del Doctor Orfila, Decano de la Facultad de Medicina de París, quien le dio el nombre de Museo Depuytren para honrar la memoria de un hombre célebre y en reconocimiento de un legado de 200.000 francos hecho por este profesor para la creación de una Cátedra de Anatomía Patológica.
En el centro del museo, lleno de vitrinas, se alzaba la estatua de tamaño natural de Ambrosio Pareo, señalando con un dedo unos libros colocados a sus pies, detrás de los cuales podía verse una escopeta y unos instrumentos de trepanar.

martes, 22 de enero de 2013

La ultimidad de Monseñor Mejía


El 8 de octubre de 1947, se registró la muerte del Obispo de la diócesis de Guayana, Monseñor Miguel Antonio Mejía, en el Palacio diocesano de la ciudad capital. La Junta Revolucionaria de Gobierno dictó decreto declarando motivo de duelo oficial el fallecimiento del prelado y disponiendo honores militares. Sus restos fueron inhumados en la Catedral.
Monseñor Miguel Antonio Mejía, noveno Obispo de la Diócesis de Guayana, nació el 1 de junio de 1877 en el pueblo de Mendoza, estado Trujillo. Estudió bachillerato en el Colegio “Sagrado Corazón de Jesús”, de La Grita, y luego en los seminarios de Mérida y Curazao.
Fue ordenado sacerdote el 13 de octubre de 1901 y tres años después recibió en la Universidad de los Andes, el título de Doctor en Teología. Su destino inmediato como simple pastor de almas fue Betijoque y Valera, donde prestó servicios como párroco, educador y periodista hasta alcanzar, primero, la condición de Vicario y luego de Obispo.
La Consagración de Monseñor Mejía, en la Catedral de Caracas, 21 de octubre del mismo año, estuvo a cargo de Monseñor Felipe Cortesi, quien antes, 17 de diciembre de 1922, se erigió en el Primer Nuncio Apostólico que visitó a Ciudad Bolívar.
La designación de Monseñor Mejía como Obispo de Guayana, se produjo coincidentemente con la vigencia de la nueva ley de División Territorial Eclesiástica decretada por el Congreso de la República y la cual disponía que “En los Estados Unidos de Venezuela habrá dos Arquidiócesis, la de Caracas y la de Mérida; y ocho Diócesis, la de Ciudad Bolívar, Calabozo, Barquisimeto, Zulia, Cumaná, Coro, Valencia y San Cristóbal”.
La Diócesis de Ciudad Bolívar abarcaba los territorios de los estados: Bolívar (sede), Anzoátegui, Monagas y el Territorio Federal Amazonas, excepto la parte comprendida en el Vicariato de la Misión del Caroní.
La nueva Ley permitía con la creación del Vicariato Apostólico del Caroní, restablecer después de un siglo, las Misiones Capuchinas Catalanas. Se destinó Upata como sede que en junio de 1924 ocupó con toda la ceremonia de ley, el reverendo Fray Diego Alonso Nistal, Obispo in Partí bus de Dorilea.
Sixto Sosa permaneció al frente de la Diócesis del estado Bolívar hasta el 17 de agosto de 1923 y dejó el capítulo de la Catedral integrado por el Pbro. Crisanto D. Alvis; Lectoral, Pbro. Francisco Rodríguez Fuentes; Doctoral, Pbro. Juan Canellas y Penitenciario, Pbro. Mariano Lamar Troncoso.
Luego de su consagración en Caracas, Monseñor Miguel Antonio Mejía envió a Guayana su primera Carta Pastoral dirigida al Clero y a los fieles. Designó al Deán Adrián María Gómez, Vicario General y Procurador para que en su nombre se posesione de la Diócesis.
Tres meses antes de posesionarse el Vicario Apostólico de la Misión del Caroní, lo hizo -14 de marzo de 1924- Monseñor Miguel Antonio Mejía, siendo recibido por el entonces Presidente del Estado, General Silverio González, quien recién sustituía a su homólogo Vicencio Pérez Soto.
El prelado hizo su entrada acompañado de sus paisanos presbíteros doctor Dámaso Cardoso y Rafael María Villasmil. Al primero lo nombra Cura del Sagrario de la Catedral y el segundo Cura de la Iglesia de Santa Ana.
Luego de un solemne recibimiento tributado por el Capítulo de la Catedral, Gobierno del Estado, Clero, agrupaciones religiosas y feligresía en general, ofició su primera misa pontificia en la sede de esta Diócesis que con la nueva ley había sido desmembrada de Sucre y Nueva Esparta para la creación de la Diócesis de Cumaná como de la parte oriental del Caroní donde se restablecían las Misiones Capuchinas prácticamente extinguidas desde 1817.

lunes, 21 de enero de 2013

La muerte de dos connotados bolivarenses



Con una diferencia de días, en el mismo mes y año, fallecieron en la Ciudad Bolívar de su origen, el cronista de la ciudad magistrado y docente doctor Adán Blanco Ledezma y el insigne maestro de la música Carlos Afanador Real.
La muerte del primero ocurrió el 6 de septiembre de 1962 en Caracas (foto de la izquierda) y sus restos fueron trasladados a Ciudad Bolívar, donde recibió homenajes como director que había sido del Liceo Peñalver, profesor del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente; fundador de la Sociedad Bolivariana, miembro de la Sociedad de Artesanos y Obreros; presidente de la Corte Suprema de Justicia; ministro de la Corte Superior; juez de la Instancia en lo Criminal; presidente de la Asamblea Legislativa, en dos ocasiones; fiscal del Ministerio Público; síndico Procurador; juez Nacional de Hacienda; secretario general de Gobierno; presidente del Concejo Municipal; senador al Congreso Nacional; presidente del Ateneo Guayanés; presidente de la Sociedad Bolivariana; representante del Colegio de Odontólogos al V Congreso de Medicina con sede en Caracas.
El doctor Adán Blanco Ledezma, como Cronista de Ciudad Bolívar, escribió Horas de asueto (versos y cuentos), Hablillas, Tópicos y Semblanzas (dos tomos); Semblanzas Médicas, Crónicas de Ciudad Bolívar, Anales del Colegio de Guayana, Una Comedia, y varios trabajos científicos relacionados con su profesión de odontólogo.
El otro señor connotado de la ciudad Carlos Afanador Real falleció el 20 de septiembre de 1962 (foto a la derecha). Vivió 85 años puesto que había nacido el 1 de diciembre de 1877.
Este insigne maestro de la música estudió en el Colegio Federal de Varones, donde se graduó de Bachiller en Filosofía el 13 de agosto de 1904. Dada su vocación musical sus padres lo enviaron a estudiar al Conservatorio de París donde cursó su carrera profesional bajo la dirección del maestro Teodoro Lack, director también del Teatro de Ópera y Maestro de Capilla de la iglesia de Notre Dame.
Fue su profesor de armonía, instrumentación y composición el maestro Alberto Schneider. Se especializó en Música Sacra y dio su primer concierto en la iglesia de la Magdalena en el cual figuraba el Popule Meus del venezolano José Ángel Lamas. Entonces usó la batuta de ébano ribeteada de plata que su maestro Teodoro Lack le entregó en premio por su talento y brillante carrera.
En la Ciudad Bolívar del siglo veinte fue siempre bien venerado y respetado don Carlos Afanador Real, especialmente por su alumno José Francisco Miranda, como por los jóvenes del Alto Coro de la Catedral, entre quienes destacaron las sopranos líricas Carolina y Camila Dalla Costa de Beltrán, la Soprano Florinda Barazarte de Guntermann; Santiago Sosa Jiménez, Inesita de Plaza Ponte, Salvador Calogero, Juan Bautista Marcano, José Francisco Hernández, Juan Requesens, José Emázabal y J. M. Yélamo.
El 12 de marzo de 1958, fue creada por decreto 57 del gobernador Horacio Cabrera Sifontes, la Escuela de Música “Carlos Afanador Real” bajo la dirección del profesor Fortunato Pascuale músico y compositor, ex director de la Banda Dalla Costa y fundador de la Orquesta Sinfónica Infantil.
El nombre de la escuela fue sugerido por el profesor José Francisco Miranda, quien sucedería poco después a Fortunato en la dirección de la escuela trasformada hoy en la Fundación Conservatorio de Música. Fue un homenaje en vida al por largos años Maestro de de Capilla de la Catedral,
Carlos Afanador Real dejó entonces como herederos a sus hijos Petrica Afanador y al doctor Alberto Afanador Arreaza, quien para entonces era síndico municipal bajo la presidencia de Pedro Vicente Trotta.

domingo, 20 de enero de 2013

Mortal arremetida perezjimenista



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El 20 de enero de 1953, fue capturado el doctor Alberto Carnevali en Caracas, esquina de Cipreses, luego de dos años de haber escapado espectacularmente del Puesto de Socorro. En un tiroteo que duró 45 minutos, la Seguridad Nacional capturó a diez hombres que se hallaban reunidos en la casa situada de Cipreses a Velásquez. El director de la SN anunció que 4 hombres habían resultado heridos y que unos 5 se fugaron por la parte del fondo. El doctor Alberto Carnevali, a decir de Pedro Estrada, director de la Seguranal, presidía una reunión de carácter subversivo a la que asistían además de dirigentes de Acción Democrática y del Partido Comunista, terroristas de nacionalidad extranjera
Días después, en refriega con oficiales de la misma SN, fue muerto el capitán (r) Wilfredo Omaña. Ocurrió el suceso detrás del edificio CARS, entrada a Los Chaguaramos. En la refriega resultaron heridos el inspector de la SN teniente Manuel Vicente Omaña y el sargento Bartolomé Valera Camacho.
Tres meses antes, la noche del 21 de octubre de 1952, en la calle Real de San Agustín había muerto a balazos por miembros de la Seguridad Nacional el secretario general de Acción Democrática en la clandestinidad, Leonardo Ruiz Pineda (en la foto), ex ministro de Comunicaciones y ex gobernador del Estado Táchira, Viajaba a bordo de un vehículo Chevrolet color verde matriculado en el estado Miranda. Las otras personas que viajaban con él se dieron a la fuga, entre ellos el doctor David Morales Bello.
1953 es admitido nacionalmente como el año de arranque del Perezjimenismo, porque es cuando realmente el hijo del tachirense pueblo Michelena, asumió de lleno el poder al ser ratificado y juramentado por la Asamblea Nacional Constituyente.
El coronel Marcos Pérez Jiménez se juramentó a la edad de treinta y nueve años como presidente constitucional, 1953-1958, siendo para entonces el jefe de estado más joven del mundo. Su primer discurso presidencial fue para anunciar el restablecimiento de la Constitución apoyada en el programa de gobierno y la doctrina del nuevo ideal nacional.
Comenzó la reestructuración del gobierno a nivel nacional, nombró gobernador del estado Bolívar al guasipatense doctor Eudoro Sánchez Lanz, mientras a nivel del municipio capital surgió el comerciante Paúl Aquatella como presidente del Concejo Municipal de Ciudad Bolívar y el médico sanitarista Fernando Huncal, presidente de la Asamblea Legislativa.
Los citadinos bolivarenses recibieron el año estrenando el Ferry Boat Angostura que observaban un tanto deprimidos los tradicionales chalaneros. El flamante gobierno comenzó afinando mecanismos de seguridad y anunció la detención de Eligio Anzola Anzola, quien ejercía la Secretaría General de AD en la clandestinidad. Esta noticia se suma a la muerte de Alberto Carnevali y a la de Antonio Pinto Salinas en tiroteo con la Seguridad Nacional.
Los bolivarenses también son tocados de cerca por la muerte trágica de Reinaldo Sánchez Negrón quien pereció en circunstancias extrañas en un nunca claramente explicado accidente de tránsito. Era alumno de la escuela de aviación y piloto del escuadrón número 40, pereció en Maracay a las cuatro de la tarde cuando viajaba hacia Caracas en febrero, tenía veinticuatro años y su cadáver fue trasladado a Ciudad Bolívar, era el hermano del extinto poeta José Eugenio Sánchez Negrón y del doctor Alcides Sánchez Negrón, ex gobernador y presidente del Colegio de abogados.
Antes de tomar posesión, Pérez Jiménez había decretado la clausura del penal de Sacupana y Guasina. Los presos políticos no liberados, pero que salieron de Sacupana, fueron remitidos para que estrenaran la Cárcel Modelo de Ciudad Bolívar, recién construida

sábado, 19 de enero de 2013

Monseñor Maradei Donato


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El primero de septiembre de 1965, Monseñor Constantino Maradei Donato, fue objeto de jubilosa manifestación en la Terminal del Aeropuerto de Ciudad Bolívar y allí mismo recibió las Llaves de la ciudad, por parte del Presidente Municipal, Bachiller Noel Valery.
            Monseñor Maradei, hijo de esta tierra, regresaba de la Gran Capital, luego de haber sido consagrado Obispo para fundar la Diócesis de Cabimas, un dinámico como caliente y bien urbanizado pueblo petrolero del Zulia.
            Días antes, el “Padre Maradei” como mejor era conocido, había sido preconizado por Su Santidad y tocó al Cardenal  José Humberto Quintero presidir el ritual de la consagración, en el que obviamente participó el Obispo de Ciudad Bolívar, Monseñor Juan José Bernal Ortiz, al lado del cual venía Monseñor Maradei desempeñándose como Vicario General, al tiempo que docente del Liceo Fernando Peñalver, donde pasó 22 años,  Maestro de Capilla y capellán del cuerpo de infantería.
            Monseñor Maradei recién el año anterior había presidido las fiestas bicentenario de la fundación de Angostura en el curso de las cuales el Presidente Raúl Leoni inauguró importantes obras públicas, entre ellas, la Concha Acústica y la remodelación del Paseo Orinoco.
            Como Obispo de Cabimas, Monseñor Maradei estuvo cinco años, al cabo de los cuales fue designado Obispo de la Diócesis de Barcelona, donde permaneció hasta la edad de 76 años cuando recibió del Papa Paulo II el beneficio de la jubilación el 9 de diciembre de 1991.  Entonces se residenció en Caracas donde fue fulminado por un infarto.  Sus restos fueron trasladados e inhumados en la Catedral de Barcelona, lejos del gran río que tantas veces atravesó nadando cuando era apenas un adolescente y monaguillo del Padre José María Villasmil en la iglesia de la Parroquia Santa Ana  de Ciudad Bolívar donde nació
Ya anciano recibió  la orden Collar de Angostura que desde hacía mucho tiempo le debía  la Ciudad a la cual le dedicó con ahínco y esmero su desvelo. Y cuando murió la voz se corrió.
“Ha muerto el padre Maradei”, y lo repetía la gente de los morichales, de Perro Seco, de Santa Ana y los citadinos de todas partes hilvanaban la historia, las anécdotas y las más diversas y anecdóticas vivencias, desde 1906 que a su padre Domingo Maradei, dueño de la Barbería Francesa de la calle Orinoco le daba por cantar Las bodas de Fígaro.
Domingo Maradei, además de barbero, pulpero, era junto con Antonio Caruso el primer clarinetista, de la banda Gómez primero y Banda Dalla Costa después.
Era Domingo Maradei de los viñedos del Sur de Italia. De allá de Moreano se vino en un segundo intento hacía América buscando las huellas aventureras de sus tres hermanos que andaban por esos lados de Cabrutica y Santa Cruz del Orinoco. Al fin termino radicándose en la Ciudad más importante del río.
A Ciudad Bolívar llegó junto a su segunda esposa Lucia Donato Decális, en cinta de sus nueve hijos: María,  Ramón, quien fuera presidente del Consejo Municipal; José, sastre residenciado en Valencia; Lino, medico fallecido a los 70 años en esta Ciudad;  Carmelo, Lucia, Elda, Armando, abogado, y Constantino, obispo.
Nueve años después de haber llegado de la lejana provincia de Consenza la pareja Maradei-Donato, nació Constantino en su casa de la orilla del río, frente a la iglesia Santa Ana, donde fue invitado por el párroco de turno a servir a Dios tan pronto se hizo un mozalbete capaz de desafiar los caimanes y alcanzar a nado la otra orilla de Soledad o la isla  El Degredo, junto con Lino, Francisco y otros niños delfines del río.

viernes, 18 de enero de 2013

El primer Arzobispo de Ciudad Bolívar


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Monseñor Juan José Bernal Ortiz, sacerdote barquisimetano, pasó a la historia de la Diócesis de Guayana como el primer Arzobispo de Ciudad Bolívar, en donde se había iniciado como Obispo el 14 de octubre de 1949.
La Junta Militar de gobierno presidida por el coronel Carlos Delgado Chalbaud lo postuló ante la Santa Sede para llenar la vacante de Monseñor Mejía y su Santidad el Papa Pío XII lo preconizó Obispo de Guayana y como tal consagrado en la Catedral de Caracas el 13 de noviembre de 1949.
El 18 de diciembre llegó a Ciudad Bolívar para tomar posesión de la Diócesis. Entonces fue objeto de un caluroso recibimiento contagiado con las festividades de Navidad y Año Nuevo. Ese mismo año, dos meses antes, había sido electo también Obispo de Cumaná, Monseñor Crisanto Mata Cova.
La gestión episcopal de Monseñor Bernal se extendió hasta julio de 1966 -16 años- tiempo durante el cual creó 19 parroquias, gestionó la construcción del Seminario Cristo Rey de Ciudad Bolívar y las iglesias de Pariaguán, El Tigrito, San Tomé, Santa Ana, San Joaquín, Anaco, Guasipati, Puerto Ordaz, Ciudad Piar, El Pao, Upata, El Dorado, Tumeremo, San Francisco de la Paragua, Caripito, Maturín, Quiriquire y Caicara de Maturín. Así mismo fue construido un nuevo Palacio Arzobispal en las afueras de la ciudad y el Colegio de la Divina Pastora. Parte del Vicariato Apostólico del Caroní fue incorporado a la Diócesis.
Monseñor Bernal nació en Duaca, el 5 de febrero de 1907, estudió en el Seminario “Santo Tomás de Aquino” de Barquisimeto. Luego pasó al Seminario Interdiocesano de Caracas regido por educadores de la Compañía de Jesús y finalmente se recibió de sacerdote el 19 de abril de 1930 tras estudiar teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Párroco de San Felipe, Río Tocuyo y Acarigua. Estudió derecho canónico y ciencias eclesiásticas en la Universidad Gregoriana de Roma. Ejerció como canónigo magistral de la catedral de Barquisimeto y Capellán del Colegio La Salle, párroco de la iglesia San Juan Bautista de Carora, Sanare, Concepción de Barquisimeto, vicerrector Eucarístico de la Paz y Colegio Santo Tomás de Tarbes en Barquisimeto.
Durante su gestión, la Diócesis de Ciudad Bolívar fue nuevamente desmembrada. Por decreto de la Santa Congregación Consistorial del 2 de enero de 1953 le fue sustraído todo el territorio de Anzoátegui y creada, con Monseñor José Humberto Paparroni al frente, la Diócesis de Barcelona.
Por Bula Pontificia el 21 de julio de 1958, Ciudad Bolívar fue erigida canónicamente en Arquidiócesis y Monseñor Bernal el Primer Arzobispo de la capital bolivarense.
Desde su Arzobispado saludó el nuevo “modus vivendi” que el 6 de marzo de 1964 suscribieron el Nuncio Luigi Dadaglio en representación de la Santa Sede y el canciller Marcos Falcón Briceño a nombre del Gobierno de Venezuela, para regular las relaciones ambas partes.
El 2 de junio de 1965, el papa Pío XII nombró a Monseñor Juan José Bernal Ortiz, obispo de la Diócesis de Los Teques, conservando el título de Arzobispo-Obispo. Se posesiona el 28 de agosto de 1965 a su regreso del Concilio Vaticano II en el cual participó como Padre Conciliar.
Monseñor Bernal falleció el 19 de octubre de 1980 y sus restos inhumados en la Catedral San Felipe Nery de Los Teques. Por gestión del arzobispo Crisanto Mata Cova y gobernador Alberto Palazi, su corazón fue sustraído y dentro de un cofre de plata colocado en un nicho a la derecha del altar mayor de la Catedral de Ciudad Bolívar, 18 de diciembre del mismo año de su muerte.
 

jueves, 17 de enero de 2013

El Maratón bailable de Ciudad Bolívar

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El 27 de noviembre de 1952, se dio a conocer el primer Maratón Bailable que se estaba organizando como una espectacular novedad y que sería el primero en toda la Guayana. Lo organizaba Antonio Hidalgo y René Aguirre, quienes lo anunciaron para el 21 de octubre en el Hotel Buena Vista La Piscina.
Se trataba de un campeonato de baile sin tregua, es decir, un campeonato de resistencia bailable siguiendo la experiencia de México, Estados Unidos, Argentina y otros países donde se practicaba hasta el punto de haber sido llevado a las Olimpiadas de Helsinski donde se constituyó en uno de los eventos de mayor atracción.
Desde entonces este tipo de maratón se popularizó en Ciudad Bolívar que no pasaba un año sin que alguien de aquí o de fuera lo promoviera. El último se registró en junio de 1982
El empresario de este último agotador evento en el que se participaba más por necesidad que por deporte, fue Ramón López, un locutor de Yaguaraparo que claudicaba la pierna derecha cada vez que se desplazaba y utilizaba a manera de bastón un paraguas con el cual espantaba la lluvia de esos días en los que se quejaba diciendo que la empresa del Maratón bailable le costaba 57 mil bolívares y apenas se hacían mil por día en taquilla, en el lapso de seis días que duraría el evento.
- ¡Pura pérdida!- se lamentaba desde la tribuna de la música y los jueces, mientras los pocos maratonistas que quedaban el día 20 se dormían sobre sus pies danzando con desgano al ritmo electrónico de la salsa.
La salvación económica de la empresa estaba en los derechos de una planta de televisión que pagaría medio millón de bolívares por el Maratón Nacional a realizarse en el Poliedro y que sería la culminación de 18 maratones regionales, incluyendo el de Ciudad Bolívar, que se estaban realizando.
El Maratón comenzó con 54 participantes y ya al final de la semana quedaban cinco, entre ellos, Petra Ramona, 24 años y seis muchachos sin protección paternal con ganas de tirar la toalla que terciaba sobre su pescuezo, pero un familiar le gritaba “no te acobardes, Juana, que llevas 118 horas y estás en la recta final. Animo. Recuerda que son cuatro mil libertadores y tus muchachos no tienen pan”.
A Juana Ramona la salva el silbato. Los cinco finalistas abandonan la pista y caminan despacio ayudados por sus asistentes hasta las colchonetas donde los esperan la leche, el jugo y los masajes con brandy y canela del veterano Angel Salavarría.     
Salavarría friccionaba los muslos hermosos de la negra de El Callao que Isidro Ramón Mejías, el vicepresidente de la Banda Ciudadana, miraba y remiraba con ojos libidinosos.
La negra Ondina Campero, con 21 años y 2 hijos, empezó a bailar hacía cinco días como pareja de José Luis, pero éste la dejó sola en la pista al término de las 103 horas.
Más allá Judith Navarro rendida y discutiendo con sus asistentes que no querían que abandonara.
Resuena el silbato y Judith no muy convencida regresa a la pista junto con Margarita Abreu, Ondina, Juana Ramona y Jesús Rafael Salavarría, el único hombre que quedaba en pie. A los otros 49 los derrotaron estas mujeres.
Jesús Rafael, 42 años, flaco como una aguja, era escultor y hermano del masajista Salavarría, quien, por supuesto, además del brandy con canela le aplicaba otras sustancias alcaloides como salicilato de metilo.
El magro Jesús era veterano. Había participado en otros maratones fuera de Ciudad Bolívar y jamás se había rendido.