lunes, 6 de febrero de 2017

El Merey regalo de los Dioses


Cuadro de texto: 7-7Los cascos del caballo de Atila han tenido que ser cáusticos como la hoja del Merey que donde cae y per­manece, difícilmente cre­ce la yerba. Pero más cáusti­co que la hoja es la cáscara de la nuez  aprovechada en productivos y diferentes usos industriales.
Dicen que el Merey es ori­ginario del Brasil o de las Antillas, pero en el África, Mozambique y la India abunda en grandes extensio­nes, no porque crezca silves­tre, como en Guayana y sur de Anzoátegui y Monagas, si­no porque allá es fomentado su cultivo por constituir la industrialización de ese fruto una rica fuente de divisas, pa­ra aquellos países de la zona tropical.
Las semillas que trajeron del Brasil a Venezuela sólo encontraron suelo feraz para su propagación fácil y espon­tánea en el Norte de Ciudad Bolívar y en el Sur de los Es­tados Monagas y Anzoátegui. Se calcula que en esas áreas fue verificada  la existencia de unos 200 mil árboles.
A pesar de los múltiples usos del Merey aprovechados al máximo en países alta­mente industrializados que lo importan de la India, Mo­zambique, Tanzania, Madagascar, Kenia, Senegal, Amé­rica Central y Brasil, en Ve­nezuela este fruto anacárdico  se continúa viendo como uno más del montón. Muy limita­damente en, Ciudad Bolívar y Soledad se utiliza el merey en pequeñas industrias domésti­cas para la elaboración de confites como el popular ma­zapán, el merey pasado, en almíbar y turrón de almendra.
No se explica mucha gente, especialmente la que de fuera viene, cómo en estas áreas donde el Merey crece silvestre no se ha fomentado el cultivo organizado en gran escala y con fines industriales. Pero la explicación podrían encon­trarla en lo que siempre se ha dicho: que los venezolanos estamos más interesados en la riqueza fácil del petróleo, del hierro, del oro y del dia­mante.
Una señora de Tumeremo que produce artesanalmente merey en almíbar, permitió que muestras de su producto fueran expuestas en una Feria de Montreal, Canadá. Me­ses después la doña se desma­yó al recibir carta de una im­portante firma del Norte en la que le pedían varias tone­ladas de merey en almíbar.
Esta simple anécdota da idea de lo que son nuestras pequeñas cosas en el exterior, de lo mucho que se les aprecia y de los grandes benefi­cios que derivarían si tuviésemos el ingenio del europeo, por ejemplo, que monta una industria hasta con las coli­llas de cigarrillos que se lanzan a la calle.
Tanto la cáscara de la nuez como la almendra y el falso fruto tienen una extensa va­riedad de usos. En Guayana que es la única parte de Venezuela donde se ha podido industrializarlo, pero ca­seramente y con muy escasos recursos, sólo se aprovecha el pedúnculo para elaborar con papelón, clavos de olor y agua el llamado “Merey pasado” y con azúcar, clavo y limón el popular “Merey en almíbar”. El Mazapán se elabora con la almendra tostada y molida, leche y azúcar.  También  preparan la almendra pelada sola con sal molida.

En el vecino Brasil de donde se afirma es oriundo el Merey, se prepara un refresco llamado “cuajada” muy popular.  En Bolivia se reco­mienda como estimulante del cerebro y la memoria. Varios países de las Antillas lo utilizan en la preparación de vinagres y vinos.  En Ciudad Bolívar ya es popular el Vino de Merey El Angostureño en cuya empresa se han empeñado desde 2006 el artista plástico de ascendencia francesa Miguel Harbonnier y el japonés-venezolano  Luis Ishikaua. 

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