jueves, 9 de febrero de 2017

Diamante guayanés parecido al africano

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De este lado sur del Orinoco está buena parte de la tierra más vieja del mundo y, acaso, la más afortunada. Rica en hierro, Manganeso, níquel, cromo, oro, diamantes, bauxita, recur­sos forestales, energía hidroe­léctrica y pesca. To­do, excepto el hierro, el oro y el diamante, está intocable.
El hierro, como lo dijera Miguel Otero Silva en una mancheta cuando era director de El Nacional, "se va, cantando la can­ción del que no vuelve".  No vuelve –agregamos-  sino transformado en neveras, au­tomóviles, cocinas y toda cla­se de artefactos industriales y domésticos.
El diamante lo llevan desde hace más de ochenta años y nos lo regresan de talla y engastado en medallones y anillos, para que paguemos más de lo que costó sacarlo de la tierra y llevarlo al extranjero.
La extracción del diamante tuvo en la  Guayana de los años 70 más atractivo y relevancia que el oro. No producimos tanto diamante como el Congo, Ghana, Sudáfrica, Angola, Liberia y Tanganika, pero sí lo suficiente para lo que podría ser una modesta industria. Además, la producción, aunque baja en los últimos años,  es constante y si llegaran a descubrir las rocas madres o kimberliticas, no sería aventurado afirmar que Guayana estaría entre los grandes productores.
Los placeres diamantíferos del Guaniamo  han sido los más grandes encontrados hasta ahora en Guayana. Desde 1923 hasta 1969 los mineros buscaron el dia­mante en los aluviones de la cuenca del Caroni y del Cu­yuní por el lado oriental.  Dspués de esa fecha lo vienen buscando por la región suroccidental, en la cuenca del Cuchivero y del Caura.
Pero la meta importante del buen minero es poder dar con la génesis kimberlítica, con la roca madre del diamante. El Prof. de Geología de la UDO, José Baptista Gomes, mortalmente atracado en Caracas, realizó estudios en tal sentido y comprobó, junto con el Dr. Darcey Pedro Svisero, de la Universidad de Indiana, que los diamantes del Guania­mo tienen el mismo origen de las gemas africanas y solía decir a sus alumnos que Angola y el Congo Belga, tardaron 40 años en descubrir la roca madre trabajando e investigando en for­ma organizada. Rusia aprove­chó la experiencia africana y tardó sólo 12 años en llegar hasta las kimberlitas para figurar en las estadísticas mundiales de los grandes productores de gemas.
En Venezuela –digamos mejor en Guayana-  llevamos más de cien años sacando diamantes con “suruca” y de la forma más aventurada y anárquica.  Jamás aquí se ha trabajado organizadamente sobre la base de un programa ni se ha considerado este renglón minero como un aspecto importante de la economía. A los guayaneses y en especial a los geólogos y economistas, las resulta inconcebible que se haya dejado pasar tanto tiempo sin haberse elaborado un Programa del Diamante, pero a pesar del diamante extraí­do en el curso continuado de más de ochenta años, todavía queda bastante como para pensar en un Programa.
Los diamantes que los mineros guayaneses explotan en las cuencas de los ríos, quebradas y bolsones de los valles, lleva­dos allí por las crecientes, se cree que provienen de la For­mación Roraima cuya edad se calcula en 1.700 millones de años.
Mientra esta formación domine la topografía de la región, siempre habrá diamantes en los cauces de los ríos y márgenes de manera más o menos esporádica, nos comentó en cierta ocasión el profesor Baptista.  Por otra parte, es desconocida el área abarcada  en épocas anteriores por la Formación Roraima, lo que supone que puede haber diamante en aluviones y eluviones  provenientes de su destrucción en zonas donde actualmente existe la Formación.  Tal suposición ofrece una perspectiva favorable del futuro del diamante  dentro del aspecto económico.




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