jueves, 24 de marzo de 2016

Silvio Santamaría. chófer de los Gobernadores


Ningún otro en Ciudad Bolívar tuvo el privilegio de ser chofer de  tantos gobernadores.  La regla general siempre ha sido que la renuncia o destitución de un Gobernador implica de hecho la caída de sus funcionarios más cercanos incluyendo al chofer de su automóvil oficial.  Silvio Santamaría podríamos decir que fue la excepción.  Estaba hecho el hijo del gran ejecutor del cuatro, Nicanor Santamaría, de una pasta humana tan especial que ningún mandatario se atrevió a sustituirlo.  Era algo así como el chofer vitalicio de los gobernantes.
         El no sustituirlo también tenía la ventaja de poder el gobernador entrante enterarse de muchas cosas pues el chofer como el mesonero y el peluquero, siempre saben más de la cuenta y eso es importante pues las percepciones subalternas ayudan a entender mejor las peculiaridades de ciertas realidades gestionadas.
         Por el volante de Silvio pasaron, sentados muellemente en el asiento trasero, unos cuantos gobernantes y varios alcaldes o Presidente Municipales como se llamaban antes, desde el Gobernador Diego Heredia Hernández pasando por Leopoldo Sucre Figarella, Rafael Sanoja Valladares, Pedro Batistini Castro, Raúl Vásquez Zamora, Elías Inaty, René Silva Idrogo, Jorge Carvajal y paremos de contar.  Por supuesto, menos aquellos que se sucedieron después de la muerte del chofer de los que pocos seguramente se enteraron.
         Murió en silencio un hombre tan público como el chofer del gobernador.  Silvio Santamaría tenía la virtud de ser parco en el hablar, no por que lo fuese por naturaleza sino porque no disponía de tiempo ni siquiera para atenderle a su familia.  Permanente en todo tiempo tras del volante del carro oficial No. 1 así estuviese estacionado a la espera del magistrado ya éste en su despacho, en su residencia, de visita o en alguna recepción oficial o privada.  Silvio podía aguantarlo, bien por que estaba habituado, o porque estaba hecho de esa manera donde la paciencia se identifica con el aburrimiento sin más salida que la resistencia porque en ese oficio es indispensable callar, tolerar, estar alerta, ser solícito y actuar con destreza, agilidad, lealtad y esmero.
         A un chofer como Silvio le estaba prohibido dormirse en el volante con el auto en marcha o parqueado; sin embargo un mal día lo sorprendió Morfeo acompañado de nuestro fotógrafo.  Era que ya Silvio estaba en sus finales, sin poder echar el resto como un día en el ensogado del Cine América pudo darlo todo por coronarse ganador frente a cualquier púgil del patio o fuera de él.
         Porque antes de ser fino conductor de vehículos oficiales, Silvio Santamaría fue boxeador de los buenos, capaz de participar en dos mach una misma noche,  vale decir, una mima noche en el Cine América y en el Cine Mundial o el Circo de don Víctor Monedero.  Hasta la mitad del siglo pasado el cine América en el Paseo Falcón y El Mundial en la calle Bolívar, no sólo proyectaban películas sino que también tenían su temporada de boxeo, lucha greco romana, espectáculos de magia, actuación de tríos y cantantes como Tito Guizar, considerado el primer héroe cinematográfico mexicano y con el cual se inició el popular charro.  Alto, elegante y atractivo, muchos lo consideraron la versión latina de Roy Rogers. Fue protagonista de la primera película mexicana que trascendió fronteras: "Allá en el Rancho Grande," con Esther Fernández como dama joven y con la cual se llenaron los cines de Ciudad Bolívar
         Silvio Santamaría estuvo en primera fila viendo a Tito Guizar en el Cine Royal, bien espabilado y muy lejos de Morfeo, pues contaba entonces con tiempo suficiente porque ni siquiera pensaba en conducir carros oficiales con la primera autoridad de la región en el asiento trasero.


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