martes, 29 de marzo de 2016

El gordo Carlos Arteaga

Aquí lo vemos muy orondo paseando con su hijo por la calle del Yoraco, el establecimiento más animado de la ciudad fundado por José Cardozo Nilo al calor de la efervescencia adeca.  En esos días de 1968, Carlos Arteaga se había hecho acreedor al Premio interno como el más eficiente agente y colaborador durante el año de Press Agencias S: A (PASA), empresa que desde Caracas distribuye periódicos y revistas para toda Venezuela y el exterior, entre ellos el diario “El Nacional”.
Cuando se lo  notificó en una carta que le enviaba José Miguel Otero, hermano del pintor Alejandro Otero, entonces Presidente de Press Agencia, Carlito estaba que reventaba de entusiasmo en el famoso Yoraco, a donde Jesús Soto con Juvenal Herrera iba a tomar Don Perignon cada vez que llegaba de Paris.
Carlos Arteaga era un gordo apacible y bonachón que calzaba una piel de 36 años, padre de cuatro hijos, casado diez años antes cuando entro de lleno a trabajar con Press Agencia. Para entonces era topógrafo, manejaba muy bien el teodolito en franca competencia con Pedro Acuña que además era melómano del Jazz y la Bossa Nova. Abandonó la profesión porque José Cardozo Nilo, flamante agente del turismo en Guayana, lo entusiasmó con buena perspectiva en este ramo de la circulación de periódicos. Se inicio como simple adjunto del negocio.  Y su principal producto era "El Nacional”
Esta es  una profesión tan honesta y lucrativa como cualquiera otra y en ellas muchas veces he tenido que ser hasta pregonero, decía y recordaba que en 1960 la circulación de EL Nacional en la región no llegaba a 700 ejemplares y en menos de un decenio se había incrementado a de 5 mil ejemplares diarios.
A las ocho de la mañana, a más tardar, el periódico estaba totalmente distribuido entre más de 46 puestos estratégicos de venta en la ciudad, y unas 300 residencias y oficinas que mantenían suscripciones permanentes.
Días desalentadores para Carlitos Arteaga resultaban los feriados o los de la estación lluviosa, pues los periódicos llegaban tarde y por ello casi seguro que la circulación bajaba.
         Carlos Arteaga, además de la distribución de la prensa atendía otros negocios como  el  tan frecuentado Bar El Yoraco.  Era evidente su gran voluntad y capacidad de trabajo. Su esposa, doña Carmen, no se lo reprochaba. Lo que más le inquietaba a ella era la simpatía que Carlito manifestaba por Acción Democrática y a raíz de la última escisión quedó ubicado en la corriente del Maestro Luís Beltrán Prieto Figueroa. El  difunto Jorge Martínez, fundador de AD, cuando visitaba la barra del Yoraco, le preguntaba: ¿Con quién estás, Carlito? Y el gordo le contestaba: “Yo  soy “pasista”, don Jorge” ¿Quieres decir  “pasista” por  Paz Galárraga?  No don Jorge… Yo soy pasista de PASA (Press Agencias S. A).
         José Cardozo Nilo, el dueño de El Yorako, era un personaje dinámico, simpático y conversador.  Era fijo casi siempre en los comités organizadores de Ferias y Carnavales de la ciudad y los sabuesos de Gomecito, de la Seguridad Nacional, no lo perdía de vista pues conocía muy bien sus nexos con el partido de la resistencia y especialmente porque en El Yorako al igual que en el Café España solía, entre palo y palo, conspirar adecos y activistas del Partido Comunista, confiados en que el paisano Luis Felipe Llovera Páez era el Ministro de Relaciones Interiores de Pérez Jiménez y había girado instrucciones a los agentes de la Seguranal para que dejaran tranquilos a los políticos de Guayana, a menos que cometieron un pecado muy grave.
         Mientras Cardozo Nilo estaba en esos vaporones de la política subterránea, el apaga fuego del negocio era el Gordo Carlito Arteaga, asimilado después por Sucre Figarella en la CVG para que se experimentara en el ramo de la construcción.


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