miércoles, 16 de enero de 2013

Los limos de la tierra



B1TOPICOS
El 14 de julio de 1950, salió a la luz pública el primer libro “Los limos de la tierra”, del poeta bolivarense nacido en Caracas, José Eugenio Sánchez Negrón (en la foto). Editado cuando cumplía 23 años de edad y el cual consta de 37 poemas divididos en tres partes. La primera tiene el mismo título de la obra. La segunda se denomina “Los impulsos estatuarios”, y la tercera “¿Hasta dónde?”.
El poeta Rafael Pineda sobre esta primera obra de Sánchez Negrón se refiere a los poemas iniciales de la segunda parte, a los marcados con números romanos, señalando que son“breves escarceos retóricos que no encajan dentro de la tónica del conjunto general” haciendo notar que “salta a la vista un descuido del autor al no conservar esos ejercicios en la gaveta anónima”. Añade que tampoco son muy convincentes los sonetos, como si la impetuosidad de su lírica se resintiera a tal encasillamiento formal, por más hermosas y abundantes que sean las imágenes y los conceptos vertidos en sus límites.
Pineda, sin embargo, recomienda sin reticencia este primer libro de la juventud de Sánchez Negrón, seguro de que en el porvenir su oficio de poeta mantendrá siempre el tono de altura como el que ha revelado, para regocijo de la nueva poesía venezolana “Los limos de la tierra”.
De “Los Limos de la tierra” es este poema “Seguid todos, yo me quedo”: Dejadme eternamente con este olor a tierra / y a túnel excavado por las hormigas, en la sombra. / Seguid todos. / Perded vuestros pasos en la lejanía. Revolved la capa de polvo del camino. / Hacia la tarde ya estaré solo. / Solo en medio de la llanura y velando el cadáver de los límites. / La ciudad distante alzará sus ojos a la altura de las nubes, como quien busca algo perdido entre bosques y hondonadas. / Desde aquí espero ver sus cabellos de hiel, amargando el viento. / Y sólo las campanadas de la catedral despidiendo al día / y sus aves, que hacia la noche atraviesan el cielo en esa hora, / espero recibir en estas manos / que a la tierra pertenecen, como el barro”.
Velis Bosch, quien incluye este poema en la antología “Gente del Orinoco”, agrega que “La importancia de su obra poética responde a contactos e influencias de su región y de la capital. Se destacó desde sus inicios como una voz lírica de constante ejercicio creador aún entre los más destacados de su generación literaria: Alarico Gómez, Elías lnaty, Franco Puppio, Otto Granados y otros. Por otro lado, mantiene vigente dentro de la órbita de Contrapunto las más importantes contribuciones con que este grupo asumió el lenguaje poético de su período histórico cultural. La poesía de Sánchez Negrón ha logrado un sitio y un tema persistente: su suelo de origen y el río”.
Sobre este libro dice Teresa Coraspe en su Ojo de búho que “venía el poeta de la Caracas de los años cincuenta; un intento de suicidio y luego el encuentro total, íntegro con la naturaleza donde se revela su mundo de creador. Es en “Mundo Nuevo”, propiedad de la familia, donde el adolescente de mirada fija, sincera, penetrante, incita el recuerdo de la ciudad devoradora. Penetra para ver “cómo era el mundo por dentro” en compañía de su hermano Reynaldo, asesinado por la dictadura perezjimenista. A Reynaldo, con todo el fervor del amor y la ternura le dedica su primer libro. Y es que el poeta deja “caer la memoria y prosigue un nuevo camino”.

martes, 15 de enero de 2013

Las fuentes del Orinoco



El 4 de abril de 1951, llegó a Ciudad Bolívar el mayor Frank Rísquez Iribarren para planificar y dar inicio a la expedición franco-venezolana en busca de las cabeceras del Orinoco y en la cual destacaba la presencia de 19 científicos de distintas disciplinas, militares y 35 peones.
La expedición inició la aventura de remontar el río en el mes de abril y llegó a las fuentes el 27 de noviembre de 1952, ocho meses después, al cabo de los cuales las ubicó en un farallón de 75 metros de elevación y a una altitud de 1.047,35 metros sobre el nivel del mar, en la frontera con Brasil.
Según relato de los expedicionarios, ellos tuvieron la impresión de que las fuentes se escondieran en las entrañas del farallón, pero precisaron que el Río Padre de todos los ríos venezolanos, nace en la confluencia del Ugueto con el río Venezuela que en Brasil son conocidos con los nombres de Brazo Principal y Brazo Secundario del Orinoco. Uno se dirige hacia el este que es el Orinoco propiamente dicho, y el Ugueto se dirige hacia el sur.
Por estos parajes viven las tribus Quisarido, Quiarika y Taramari de la nación Waika. La expedición franco-venezolana no sólo tuvo la difícil misión de encontrar las fuentes del Orinoco sino que realizó a través de su lento recorrido múltiples investigaciones geológicas, arqueológicas, etnográficas, estudios geográficos y ecológicos de la flora y la fauna.
El Orinoco, obviamente, es el río más grande de Venezuela con un recorrido desde su nacimiento de 2 mil 63 kilómetros. Es el noveno de Suramérica, décimo cuarto del continente americano y trigésimo octavo más largo del mundo.
Antes de la expedición franco-venezolana, intentaron llegar al lugar de su nacimiento, Apolinar Díaz de la Fuente en 1760 y el francés Juan Chaffanjón (1886-87), y su paisano el artista Augusto Morisot, quien ilustró con dibujos no sólo la importante muestra de la flora recolectada, sino personajes y muchos pasajes de la expedición que se recogen en un libro publicado por la Fundación Cisneros.
El gobernador del Territorio Amazonas, base fundamental de la expedición, era el teniente coronel, Rincón Calcaño, hermano del esposo de Mimina Rodríguez Lezama y quien, según relato de René Lichy, era un hombre de vestir pintoresco con botas y espuelas a pesar de que en el Territorio Amazonas no hay caballos, y con un impresionante revólver.
Rincón Calcaño colaboró con la Expedición y a sus miembros los despidió con una función de cine en su casa y como no había suficientes sillas, muchos vieron la película sentados en el suelo.
El viernes 29 emprendieron la expedición. Momento emocionante, histórico, aunque con un tiempo malísimo, cubierto, bajo un cielo que sobrecogía por lo continuo y pertinaz de la lluvia.
La expedición la integraron por el lado francés, Joseph Grellier, geógrafo e ingeniero hidráulico, jefe del Grupo Liotard; Franz Laforest, arqueólogo y dibujante, diplomado de Bellas Artes en París y Montreal; Pierre Couret, botánico, naturalista y mineralogista; Raymond Pellegrie, operador y técnico de radio; Pierre Ivanoff, Ayudante del Comando.
Por el lado venezolano, además de Franz Rísquez, J.M. Cruxent, arqueólogo director del Museo de Ciencias Naturales de Caracas, Luis Carbonell, médico antropólogo, por la UCV; León Croixat, ecólogo, geobotánico, por la ULA; doctores Luis Carmona, Juan Marc Decivrieux y Edimar Von Der Osten, geólogos, representantes del Ministerio de Minas e Hidrocarburos; doctor Pablo J. Anduze, entomólogo-zoólogo, del Instituto de Fiebre Aftosa; teniente Alfredo Alas Chávez, oficial militar, Félix Cardona Puig, geodesia y radio, Félix Cardona hijo, René Lichy, voluntario; Ildefonso Villegas, jefe de peones.

lunes, 14 de enero de 2013

LUIS VTERY HUERTA, FUNDADOR DE LA CARRERA DE RELACIONES PÙBICAS

"LUIS VITERI HUERTA, nacido el 11 de mayo de 1978, fue un Relacionista nato, fundador en Bolívar y Venezuela de una carrera que ahora se enseña en las universidades.  Entonces, Luis, a quien conocí estrechamente, era director de Relaciones Públicas de la Orinoco Mining Company. profesional competente, sin duda,  representó  a Venezuela, desde 1962 en la Federación Interamericana de Asociaciones de Relaciones Públicas (Fiarp).
“Lucho Viteri” conocido así dentro del gremio de comunicadores sociales, realizó estudios de relaciones públicas, comunicación social, gerencia y administración de empresas e investigación de opinión en Inglaterra y los Estados Unidos, pero fue en el campo de las relaciones públicas donde sobresalió brillantemente llegando a ser secretario general de la Fiarp.
También fue presidente de la Asociación de Relaciones Públicas de Venezuela (1968) y presidió la delegación venezolana en las conferencias de la Fiarp en Medellín, Cali y Lima así como en los Congresos Mundiales de Canadá y Brasil, siendo conferencista invitado. Autor del Código de Ética de la Asociación de Relaciones Públicas de Venezuela.
En Ciudad Guayana perteneció a la Asociación Venezolana de Periodistas, al fundarse ésta en 1967. Así mismo, estuvo entre los que fomentaron la creación de la filial Bolívar del Colegio de Relaciones Públicas de Venezuela (CRV) junto con Hugo Carnevali, Pedro Acosta, Francisco Salazar, Hugo Marrón Rojas, Nirvia Fresa de Henning, Alirio González, Arístides Gómez, William Riera, David Maurera, entre otros.
La seccional contaba con un órgano oficial “Contacto” y anualmente, el 26 de septiembre, Día del Relacionista Público, entregaba el Premio “Huyapari” al más destacado del año.    
El Día del Relacionista, corresponde al de la creación de la Federación Internacional de Asociaciones de Relaciones Públicas (Fiarp) ocurrida en México el 26 de septiembre de 1960 y constituida en Caracas el año siguiente, en la ocasión de la II Conferencia Internacional.
Hasta entonces las Relaciones Públicas, como profesión consagrada, no existía o estaba en pañales, era, no obstante, evidente el auge de su práctica así como la noción que se tenía de ella, pero carecía de una definición hasta el punto de que el común de la gente solía confundirla con Relaciones Humanas, con Publicidad, Protocolo o con cierta habilidad relacionista asociada a la dipsomanía.
Con la IV Conferencia Interamericana de Río de Janeiro y el acuerdo de México sancionado posteriormente (1979) por la primera Asamblea Mundial, se aclaró la definición de las Relaciones Públicas, una profesión académica joven, pero en la práctica tan antigua como el hombre, pues desde el mismo momento que éste toma conciencia de la necesidad de sustituir la compulsión por la persuasión, sitúa el principio de su necesidad existencial.
Las Relaciones Públicas, profesionalmente bien entendida, debe cumplir una acción social integral. Su fin último es el bien colectivo y así ha quedado claramente establecido en las conferencias internacionales sobre la materia. No es una profesión unilateral en el sentido de echar mano indiscriminadamente de todos los recursos para hacerle una aparente buena imagen a la individualidad, ente público o privado para el cual se trabaja. El profesional de Relaciones Públicas tiene por principio y es condición ética sine qua non estar convencido de que el producto material o idea que ofrece comporta beneficios para la colectividad pues comportando beneficios para la comunidad de hecho comporta beneficio para quien lo ofrece. Pero como tal vez no sea el único en el mercado, sino que hay competencia, debe demostrar que su producto es más ventajoso, superior, para lo cual no es suficiente decirlo sino disponer del ingenio, la elocuencia y los recursos técnicos y humanos de la persuasión. Informar, persuadir e integrar a la población, decía el profesor Edward L. Barneys de la Universidad de Oklahoma, son los tres elementos básicos de la Relaciones Públicas. (AF)

domingo, 13 de enero de 2013

Luis Gozagas Pacheco infartado por Los Patinadores



El 6 de enero de 1951, en un atril del Paseo Falcón se leían las piezas del concierto que por la noche ofrecería la Banda Dalla Costa en el mismo lugar cerca del Comedor Popular Manuel Piar.
Aparecía como director Luis Gozagas Pacheco, venido de Michelena, estado Táchira, la misma patria chica de su compañero de estudio, coronel Marcos Pérez Jiménez, comenzando a formarse como dictador de la Venezuela post galleguiana.
Luis Gozagas Pacheco al encargarse de la música oficial había pasado a sustituir al profesor José Francisco Miranda (Fitzí), quien estuvo dirigiendo la Banda hasta 1949 cuando el gobernador José Gervasio Barceló Vidal designó director al tachirense Luis Pacheco, proveniente de la Escuela Militar de Música y quien se mantuvo hasta 1959, cuando lo sustituyó Telmo Almada, conforme decreto del gobernador Diego Heredia Hernández.
Era un músico y compositor de cuarenta años, diestro además en la ejecución del clarinete desde los mismos días en que se inició como tal en la Banda Municipal de la Brigada Nº 9. Vivía silbando y cantando, pero nunca escapado de la realidad y disciplina que exigía a los componentes de la Banda del Estado. Su debilidad era el vals y el pasodoble y unos cuantos compuso mientras vivió recostado del Orinoco, entre ellos el vals Susana dedicado a su hija mayor que así se llamaba, como la cantante y actriz argentina que le devolvió al tango su expresión escénica. Otros vals los tituló con los nombres de Soy huérfano, Luna y Estrella, Barba Azul e incluso uno dedicado a José Rosalino (Pepe) Flores, el hombre que sabía tanto de números como de música.
En 1968, el gobernador Rafael Sanoja Valladares llamó a su paisano Agustín Acosta Molero para que se encargara de la dirección de la banda, pero al año siguiente debido a una pugna interna, el gobernador Oxford Arias pidió la renuncia a Acosta Molero y a 29 músicos de la Banda. Entonces ordenó su reestructuración bajo la dirección nuevamente de Luis Pacheco, quien logró el propósito de unificar la Banda en torno a su dirección bastante comprensiva y ajustada a la diversidad de pareceres de los integrantes de la misma. El 28 de septiembre de 1970, el atril de la Banda Dalla Costa estaba desde muy temprano anunciando las piezas musicales de la noche que cerraría con el vals Los Patinadores de Johan Straus, uno de los valses más conocidos de todos los tiempos, presente en todas las recopilaciones de música clásica navideña. El paseo había sido remodelado y entonces se llamaba en vez de Paseo Falcón, Paseo Orinoco.
Estaba Luis Pacheco dirigiendo la banda ya para cerrar con la ejecución del vals Los Patinadores cuando en la parte más sublime de la música cayó infartado sin soltar la batuta que parecía apuntar hacia el cielo. Todos los músicos se pararon al unísono para auxiliar a quien los había conducido por tanto tiempo. Uno de ellos recordó a Richard Wagner cuando dirigía a una de sus más preciadas composiciones El anillo de los nibelungos y debió abandonar el podio a causa de una cardiopatía.
Luis Gozagas Pacheco murió a los 59 años de edad, era casado y padre de nueve hijos. Su última composición fue una marcha dedicada a la hoy V División de Infantería.
A raíz de la muerte de Pacheco, el profesor Fortunato de Pascuale que venía de dirigir la Escuela de Música Carlos Afanador Real fue designado director de la Banda. Allí permaneció hasta diciembre de 1975 que cedió su lugar al famoso trompetista Juanito Arteta. (AF)

sábado, 12 de enero de 2013

Luis Felipe Llovera Páez


B1TOPICOS
El 13 de mayo de 1949, el teniente coronel Luis Felipe Llovera Páez, miembro de la Junta Militar de Gobierno, visitó su tierra natal Ciudad Bolívar, acompañado de su esposa Lilia Josefina Maldonado, para reencontrarse durante tres días con sus familiares y amigos, especialmente con su compañero de estudio José Manuel Barceló Vidal, recién nombrado gobernador del estado.
Efectivamente, Luis Felipe Llovera Páez nació en Ciudad Bolívar en 1913. Infancia y parte de su juventud ocurrieron en Ciudad Bolívar, donde desde finales del siglo dieciocho estuvo radicado su núcleo familiar. Miembro de ese núcleo fue Vicente Llovera Ezeiza, poeta y director de la Imprenta Nacional y quien estuvo en tiempos de Gómez preso en La Rotunda durante dos años y cinco meses. Asimismo, su hermano mayor, Rafael Llovera Páez, quien a la muerte de sus padres, tomó las riendas de la familia para lo cual debió interrumpir los estudios de comercio e internarse en la montaña para afincar su espíritu de empresa en la explotación del balatá y la sarrapia. Durante tres años estuvo en esa tarea en Botanamo y Caicara de Orinoco. Retornó en 1924 a Ciudad Bolívar para trabajar como contador de la Casa Boccardo y luego con la Creole en Caripito y Caracas. Fue administrador de las Aduanas de Carúpano y La Guaira, presidente de la Flota Mercante Grancolombiana y Presidente de la Corporación Venezolana de Fomento.
Estando su hermano Rafael de Administrador de la Aduana de Carúpano, Luis Felipe Llovera Páez, quien estudiaba secundaria en el Colegio Federal, hizo su transferencia y posteriormente a Caracas, donde ingresó a la Escuela Militar (1930). En 1931 alcanzó el grado de subteniente y en 1933 ya era Comandante del Batallón Boyacá Nº 14 en Maracay.
Comandante de los batallones Anzoátegui en Güiria y Maturín; Carabobo, en Caracas; y Venezuela, en Maracay. Ascendido a Teniente en 1940 Encargado del comando de los batallones Rivas Dávila y Bárbula en Táchira, ese mismo año. Poco después es enviado en una comisión de estudios a los Estados Unidos, donde completa su formación con un curso sobre Armamento de Infantería y su empleo técnico, en Fort Benning, Georgia.
Siendo oficial de la sección de Información del Estado Mayor General es enviado en otra comisión de estudios. Esta vez al Perú, donde asistió a un curso sobre Infantería y Estado Mayor (1943).
Ascendido a Capitán en 1945 y a Mayor un año después, desempeñó el cargo de primer ayudante y Sub jefe del Estado Mayor además de profesor de Infantería Técnica, Infantería Táctica y Servicio de Campaña en la escuela Militar de Caracas, así como de Servicio de Seguridad en la Escuela de Aplicación de Infantería.
En 1948 es ascendido a Teniente Coronel y como encargado de la jefatura del Estado Mayor General, desempeñó papel relevante en la ejecución del golpe de Estado del 24 de noviembre de 1948 que dio al traste con el Gobierno Constitucional de Don Rómulo Gallegos. A raíz de ese golpe pasó a formar parte de la Junta Militar de Gobierno junto con Marcos Pérez Jiménez, Carlos Delgado Chalbaud y luego con Germán Suárez Flamerich.
Alcanzó el generalato y a raíz del 23 de enero de 1958, se exilió en los Estados Unidos, Suiza, Uruguay y, finalmente en Argentina donde se dedicó al negocio de Bienes Raíces. En septiembre de 1969 regresó a Venezuela. Fundó el Frente Nacional Integracionista que apoyó la candidatura presidencial de Pedro Tinoco (hijo), en unas elecciones ampliamente ganadas por Carlos Andrés Pérez, con un 70% de los votos que señaló el comienzo del fin del perezjimenismo en Venezuela.
Luis Felipe Llovera Páez
B1TOPICOS
El 13 de mayo de 1949, el teniente coronel Luis Felipe Llovera Páez, miembro de la Junta Militar de Gobierno, visitó su tierra natal Ciudad Bolívar, acompañado de su esposa Lilia Josefina Maldonado, para reencontrarse durante tres días con sus familiares y amigos, especialmente con su compañero de estudio José Manuel Barceló Vidal, recién nombrado gobernador del estado.
Efectivamente, Luis Felipe Llovera Páez nació en Ciudad Bolívar en 1913. Infancia y parte de su juventud ocurrieron en Ciudad Bolívar, donde desde finales del siglo dieciocho estuvo radicado su núcleo familiar. Miembro de ese núcleo fue Vicente Llovera Ezeiza, poeta y director de la Imprenta Nacional y quien estuvo en tiempos de Gómez preso en La Rotunda durante dos años y cinco meses. Asimismo, su hermano mayor, Rafael Llovera Páez, quien a la muerte de sus padres, tomó las riendas de la familia para lo cual debió interrumpir los estudios de comercio e internarse en la montaña para afincar su espíritu de empresa en la explotación del balatá y la sarrapia. Durante tres años estuvo en esa tarea en Botanamo y Caicara de Orinoco. Retornó en 1924 a Ciudad Bolívar para trabajar como contador de la Casa Boccardo y luego con la Creole en Caripito y Caracas. Fue administrador de las Aduanas de Carúpano y La Guaira, presidente de la Flota Mercante Grancolombiana y Presidente de la Corporación Venezolana de Fomento.
Estando su hermano Rafael de Administrador de la Aduana de Carúpano, Luis Felipe Llovera Páez, quien estudiaba secundaria en el Colegio Federal, hizo su transferencia y posteriormente a Caracas, donde ingresó a la Escuela Militar (1930). En 1931 alcanzó el grado de subteniente y en 1933 ya era Comandante del Batallón Boyacá Nº 14 en Maracay.
Comandante de los batallones Anzoátegui en Güiria y Maturín; Carabobo, en Caracas; y Venezuela, en Maracay. Ascendido a Teniente en 1940 Encargado del comando de los batallones Rivas Dávila y Bárbula en Táchira, ese mismo año. Poco después es enviado en una comisión de estudios a los Estados Unidos, donde completa su formación con un curso sobre Armamento de Infantería y su empleo técnico, en Fort Benning, Georgia.
Siendo oficial de la sección de Información del Estado Mayor General es enviado en otra comisión de estudios. Esta vez al Perú, donde asistió a un curso sobre Infantería y Estado Mayor (1943).
Ascendido a Capitán en 1945 y a Mayor un año después, desempeñó el cargo de primer ayudante y Sub jefe del Estado Mayor además de profesor de Infantería Técnica, Infantería Táctica y Servicio de Campaña en la escuela Militar de Caracas, así como de Servicio de Seguridad en la Escuela de Aplicación de Infantería.
En 1948 es ascendido a Teniente Coronel y como encargado de la jefatura del Estado Mayor General, desempeñó papel relevante en la ejecución del golpe de Estado del 24 de noviembre de 1948 que dio al traste con el Gobierno Constitucional de Don Rómulo Gallegos. A raíz de ese golpe pasó a formar parte de la Junta Militar de Gobierno junto con Marcos Pérez Jiménez, Carlos Delgado Chalbaud y luego con Germán Suárez Flamerich.
Alcanzó el generalato y a raíz del 23 de enero de 1958, se exilió en los Estados Unidos, Suiza, Uruguay y, finalmente en Argentina donde se dedicó al negocio de Bienes Raíces. En septiembre de 1969 regresó a Venezuela. Fundó el Frente Nacional Integracionista que apoyó la candidatura presidencial de Pedro Tinoco (hijo), en unas elecciones ampliamente ganadas por Carlos Andrés Pérez, con un 70% de los votos que señaló el comienzo del fin del perezjimenismo en Venezuela.

viernes, 11 de enero de 2013

Cuando la “Cuba libre” llegó a Ciudad Bolívar

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Primero que la Pepsi, llegó a Ciudad Bolívar la Coca-Cola que además de apaciguar el calor sofocante del verano, también aprovechaban los bolivarenses para ligarla con ron y amargo de Angostura. A falta de amargo bueno era el limón y con esa liga llamada “Cuba libre”, los antiguos compañeros de estudio de Patricia García Castillo la celebraron como la primera mujer psiquiatra de Venezuela.
Patricia García Castillo, la primera venezolana graduada médico-psiquiatra, era guariqueña de Zaraza, pero su adolescencia y estudios de secundaria se cumplieron en Ciudad Bolívar. Su padre Luis Felipe García era tripulante de uno de los barcos que realizaban el comercio de cabotaje por el Orinoco y ello explica el porqué la muchacha se vino a seguir sus estudios en Ciudad Bolívar mientras su madre Carmen Castillo la controlaba desde su lugar de origen. Era una de las poquísima mujeres que estudiaban en el Colegio Federal cuando tenía sede en la Casa del Congreso de Angostura. De allí egresó bachiller en 1940 y ese mismo año ingresó a la UCV. Egresó en el 46 y luego de ejercer en La Guaira y Caracas como médico cirujano, pasó en 1950 a realizarse como Psiquiatra, la única mujer entonces entre tantos hombres que creían que la psiquiatría sólo podían ejercerla ellos. Llegar al mundo de la psiquiatría la motivó desde su adolescencia las creencias de muchos guayaneses absorbidos por la magia de la brujería y los ritos chamánicos.
Ese cóctel al que se hicieron adictos los bolivarenses en picoteos, parrandas y arrocitos terminó popularizándose como “Cuba libre”, pues de acuerdo con la leyenda, las fuerzas norteamericanas que colaboraron con Cuba durante la guerra Hispano-Estadounidense, mezclaban regularmente ron y bebida de cola en un vaso con hielo. Esta bebida empezó entonces a denominarse Cuba libre, en honor al grito de batalla de las tropas cubanas.
Al parecer quien trajo la novedad de la “Cuba libre” a Ciudad Bolívar fue el médico cubano Ramón Flores, quien trabajaba en la Clínica Cuenca con el doctor Manuel Siverio. Flores era de nacionalidad cubana y por no tener la revalidación de su título, trabajaba en la clínica como técnico radiólogo.
Estaba emparentado con el doctor Manuel Felipe Flores, quien falleció el 18 de marzo de ese año 1950. El médico Manuel Felipe Flores llegó muy joven a Guayana. Miembro fundador de la Cruz Roja, director del Hospital y de la Clínica de los Niños Pobres.
A raíz de su muerte, una biblioteca pública con 218 libros fue bautizada con su nombre. Las otras bibliotecas de la ciudad eran la del Auditorio Simón Rodríguez con 1.255 volúmenes y la María Antonia Mejías con 62. En la actualidad esas bibliotecas no existen, fueron gradualmente despojadas de su fondo bibliográfico. Por el mismo camino va la Rómulo Gallegos. Cuando los usuarios no se llevan los libros entre la cota o debajo de las faldas, simplemente los mutilan. Debería establecerse un control tal cual como el existente en la Biblioteca Nacional.
La Logia Asilo de la Paz No. 13, fundada el 4 de septiembre de 1926 al conmemorase el primer centenario de natalicio de Ramón Isidro Montes, disponía de una biblioteca especializada, pero no era pública. Igualmente disponía de un Servicio de Venereología que fue orientado hacia los Servicios Prenatal por don Natalio Valery, quien era el Venerable maestro.
Don Natalio Valery era dueño de la “Embotelladora Orinoco”, fabricante de la Coca-Cola que tenía depósitos en San Félix, Upata, donde también se popularizó la “Cuba libre, sólo que en vez del ron Bacardi cubano utilizaban el ron Bucare.

jueves, 10 de enero de 2013

Las galleras de Ciudad Bolívar






La tradición de las peleas de gallos nació en Asia hace aproximadamente 2.500 años, de allí pasó a Europa y del viejo continente a la América, incluyendo obviamente a las provincias que finalmente conformaron a la Venezuela actual.
Guayana, que era una de esas provincias, no conoció las peleas de gallos durante la colonia sino muchos años después, ya en tiempos de la República y por vía de los orientales y de los generales de montoneras en tiempos del gomecismo.
Uno de los generales gomecistas aficionado a los gallos era Vicencio Pérez Soto, tocuyano, quien gobernó al Estado entre 1921 y 1923. Con él vino su paisano militar Felipe Rodríguez, quien más tarde sería el padre de la poeta Mimina Rodríguez Lezama al casarse con la bella Flor Lezama que apenas tenía 15 años.
Vicencio Pérez Soto fundó una Gallera en Ciudad Bolívar que se hizo famosa por la calidad de las espuelas y de la gente que venía de otros lados y de allí la afición se extendió con mucha fuerza por todo el estado. En los años cuarenta había en Ciudad Bolívar mucho fervor por los gallos que para evitar la competencia con el Circo Monedero, su dueño inventó las peleas entre caimanes y tigres.
En 1947 ya había desaparecido la Gallera de Pérez Soto y destacaban la de Ramón Antonio Sambrano y la Gallera de Sarparche. Sarparche era un francés evadido de la Isla del Diablo junto con Henri Charriere (a) Papillón y se quedó para siempre en Ciudad Bolívar protegido por los Palazzi. Era excelente cerrajero y falleció en Soledad en 1967.
Después surgieron las galleras El Luchador, La Sabanita, El Rosal, Oso Blanco, Bravo Chico y Los Caribes, en las que destacaban aficionados como Pedro Amarista, José Miguel Ron, José Seminario, Hernán Pérez Guevara, Vladimir Aquino, Roberto (Cabezón) Vhalis, Francisco Córcena, Pedrito Deffit, Sánchez Tineo, Francisco (Compota) Cabreta, y el profesor Liberto Acevedo, quien venía desde Upata.
Entre los aficionados del pasado más nombrados en la ciudad capital, se recuerda a don Hilario Machado y sus hijos, los Gil, Pulgar y Raúl Villegas y otros fallecidos o retirados.
A estos sucedieron Ramón Sambrano Ochoa (hijo), quien disponía de una cuerda famosa en Oriente; Sabino Landaeta, poseedor de otra cuerda distinguía por los cruces con jereciano, gallo rápido y valiente por la espuela; René Vhalis, Alejandro Vargas y Rafael Casado, apostadores fuertes; Fernando Alvarez Manosalva, Ramón y Rafael Lanz, en Upata; Pedro José Olivieri, en Guasipati y Tumeremo, de donde salían unos gallos ligados con una raza brasilera.
Hay dos tipos de galleros. El simple aficionado que va a la gallera a apostar y el que juega y se dedica con pasión y amor a la crianza de gallos de raza. Este último sería el auténtico gallero, lo cual precisa varias funciones que a la postre conforman un arte complejo que va desde la manera como se obtiene un ejemplar de casta hasta el momento de llevarlo a la gallera. El proceso de selección comienza con la escogencia de los padres. Luego viene la crianza que implica tanto cuidado como el que se le prodiga a un niño. Se pasa de allí a la selección que ocurre después de los siete meses de nacido, justo cuando se observa que el ave es capaz de pelear contra cualquiera de sus semejantes. Seguidamente, el gallo se descresta, desoreja y topa con otros ejemplares de la crianza para ver entre ellos al que mejor se ha formado, al que tiene más firmeza en el pico y acierta con las espuelas.(AF)