jueves, 3 de noviembre de 2016

La Pesca con Barbasco

Por supuesto, que pescar con Barbasco es para quien la practica lo más fácil, productivo e impresionante, menos para la propia ictiofauna  de nuestras fuentes fluviales y lacustre ni para las generaciones futuras porque al final la pérdida es doble: extinción de una planta útil aunque tóxica y extinción de un recurso también útil al hombre, a la economía y al propio ecosistema.
         La práctica de capturar  peces con plantas anestésicas es primitiva.  La ejecutaban los indígenas desde que conocieron por accidente las propiedades de este arbusto silvestre de nuestro medio, llamada barbasco.  Pero el indígena, a quien el criollo tilda tildaba de  “irracional”, paradójicamente era muy racional en el empleo del barbasco en vez de la flecha para la pesca; en cambio, desde que el hombre criollo aprendió del indígena esta forma de capturar cardume, quedó automáticamente atrapado por la incontrolable voracidad de su propia ignorancia.
         Comparativamente con el venezolano, el brasilero ha sido inteligente en cuanto al barbasco se refiere. Lo investigó científicamente y los resultados no se quedaron en los anaqueles de la displicencia y el olvido, sino que fueron aprovechados tangiblemente en la industria y artesanía. Descubrió que la rotenona, principio activo de las raíces de este arbusto, es un potente insecticida.  De suerte, que el barbasco en el Brasil no sólo se aprovecha en estado silvestre, sino que se cultiva en función de la industria nacional y también para la exportación.
         Son varias las especies de barbasco existentes en Brasil, pero la máxima atención recae sobre la variedad  “macaquinho” o “monito” que llega a producir hasta el 15 por ciento de rotenona cuando las raíces alcanzan su máximo desarrollo y están bien hechas.  También se conoce esta especie con los nombres de “barbasco legítimo” o “barbasco blanco”.  La otra es el “barbasco urucú” o “barbasco grande” que alcanzan hasta el 10 por cieno del principio activo.
         En Guayana,  ya poco queda de este arbusto utilizado para inficionar el agua y entumecer los peces.  En el Caura, por ejemplo, se utiliza para pescar, el barbasco llamado “añilito” mezclado con cazabe.  En los potreros de los Llanos se conoce con el nombre de “raíz de la virgen”.  Hay una variedad que crece en suelo arenoso bajo las sombras de los árboles, que por ser domésticamente muy utilizada para calmar el dolor de muela, se reconoce como “raíz de muela”.  Cuando es empleada para embarbascar las aguas, en vez de las raíces, se utilizan hojas y tallos desmenuzados que tiene sus efectos pero atenuados.  También son conocidos el “barbasco caicareño” y el “barbasco amarillo”, pero la variedad más potente de todas parece ser el “barbasco blanco”, bejuco leñoso que se eleva  hasta las ramas de árboles gigantes.     
         Cuando desde una curiara el pescador lanza el barbasco desmenuzado o triturado al agua de arroyos o embalses, los peces pequeños saltan desesperados y terminan muriendo en la orilla, mientras los grandes, todavía ebrios o anestesiados, son rematados a toletazos y aunque el veneno los ataca paralizando el centro respiratorio o ejerciendo una influencia perturbadora en el sistema nervioso, la carne no queda afectada para el consumo, incluso, hay quienes afirman por los lados de La Carioca, que es hasta más sabrosa; pero, evidentemente, que es una desgracia y de allí que “embarbascar” o pescar con barbasco, esté terminantemente condenado y prohibido como condenado y prohibido está igualmente pescar con dinamita.
         Hubo un tiempo en que pescar con dinamita era común, pero mucho más riesgoso.  Pescadores hubo que resultado mutilados o seriamente lesionados por pescar lanzando al cardumen encendidos tacos de dinamita.


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