jueves, 9 de julio de 2020

sábado, 27 de junio de 2020

EL TINAJERO DE ANGOSTURA



Quién desde su invento artesanal y hasta muy avanzado el siglo XX, no tenía en su casa un Tinajero bien provisto de agua dulce, cristalina y fresca de algún manantial?  Claro, que los pobres, si acaso, sólo tenían la tinaja con agua sin destilar o, cuando menos,  la perola donde venía la manteca  “Los Tres Cochinitos” y otras sustancias domésticas envasadas.
La casa más preciada de Angostura disponía de un Tinajero o armario en forma de pirámide trunca hecha de madera roble o alcornoque.  Arriba una piedra parecida a una oronja invertida, porosa y corrugada, donde se vertía el agua de manantial que lentamente y gota a gota iba filtrando hasta el bernegal y finalmente hasta esa primitiva vasija de barro, barrigona  de cuello angosto que es el añorado tinajón.
En la casa donde se reunió el Congreso de Angostura en 1819 y que además de Colegio servía de hogar a sus rectores, había un viejo Tinajero  al cual le cantó el poeta  Héctor Guillermo Villalobos, quien nació y creció en esos legendarios como históricos y acogedores espacios:
 “Cansado a la sordina preside la tertulia / Su edad –la saben todos- es la del abuelo / y en ambos sueña historia la paz del centenario / decano de los muebles  ¡bravo roble abolengo!”
Ese desaparecido Tinajero del Colegio Federal vio pasar y crecer no sólo a los que allí nacieron y crecieron como el poeta nativista, sino a personajes de la historia y la cultura bolivarense como Ramón Isidro Montes, José Manuel Agosto Méndez, Luis Felipe Vargas Pizarro, Ernesto Sifontes y otros de más allá como el explorador del Orinoco y la Amazonía,  Francisco Michelena y Rojas, el insigne matemático Olegario Meneses, al poeta fundador del diario El Universal, Andrés Mata, al novelista irreverente colombiano  José María Vargas Vila, al geógrafo y militar italiano Agustín Codazzi.
En esa Casa de Angostura, a un paso de la Plaza Mayor, vivió el poeta como tantos otros.  Allí lo acunaron con el arrunango indígena en esa mismita casa  convertida en asiento del Colegio Federal que dirigía su padre Guillermo Tell Villalobos. Allí nació con médico y partera el 20 de julio de 1911, a pocos días de haberse estrenado el Himno del Estado y de haber llegado la luz eléctrica a sustituir la vacilante luz de acetileno. La casa aunque revestía la austeridad académica, no podía deshacerse del propio ambiente hogareño, de la serenidad de los tejados arropando las neuralgias y los ruidos, ni del patio de helechos ni del tinajero musical.
Ahí el tinajero solía presidir las interesantes tertulias nocturnas. Para el poeta era un bravo roble abolengo. Significaba mucho más que el presuntuoso piano de cola. Los había visto crecer a todos en la casa, la casa grande, fortaleza de paz, abundante de amor en la tinaja roja del tinajero. Y si bien la abuela Mercedes lo arrullaba con su arrunango, el noble tinajero, con su tic tac sonoro de gotas pausadas, arrullaba siempre la siesta de la abuela que parecía alfarera de sueños fabricando aquellos ladrillos con los cuales construía fantásticos edificios colmados de fuentes cuyos penachos crecían como el árbol que los pájaros pretendían estirar hasta el empíreo.
Tía Victoria también tenía un Tinajero y todas las mañanas cuando el burro del patio rebuznaba y cantaba el moriche, la abuela Isabel (Beca) trasegaba el agua de lluvia del tanque mayor debajo del tejado a la piedra singular y porosa del viejo y noble Tinajero.  El agua fresca y rezumada cuando no venía del tanque venía del jaguey cercano al morichal de San Isidro o de Las Tinas o de Ojo de Agua y así cuando los muchachos regresaban de la escuela, iban directos y gozosos a calmar la sed del estudio en ese raro mueble de paredes y puerta rejadas como ventana andaluza.  (AF)

domingo, 12 de abril de 2020

EL CINEASTA LUIS GILBERTO LARA



Luis Gilberto Lara parece ser el único cineasta parido en tierra del Orinoco. No creo conocer otro. Despertó su vocación en el Cine  Club fundado por José Joaquín Latorraca y desde entonces no ha cejado a pesar de los vientos fuertes de la vida.  Por lo visto, es como el junco que se dobla pero sigue en pie, a decir de la canción del Dúo Dinámico hispano.
          Gilberto Lara encontró en el Cine Club su camino y a medida que avanzaba  fue robusteciendo su experiencia, tanto aquí como en Ca­racas, metrópoli del cine vene­zolano. Vino su primera prueba de fuego: "Historia Vulgar de Venezuela”_ con Henry Córradini en calidad de  camarógrafo y Elio Rubens, figura principal, como el General Lara,  yo era su lugar teniente en  esta película rodada sobre el bucólico escenario de La Arcadia (antiguo chalet de Antonio Liccioni en la Avenida San Vicente de Paúl), pero jamás subió a cartelera porque a los distribuidores les parecía escasamente comercial, lenta y pesada. La segunda fue una cinta sobre el Rock que también corrió con mala suerte. El eterno problema de los distribuidores. Seguidamente "Píntalo de Negro" que aparentemente dio en el clavo, pues agradó a los distribuidores y cuya Premier fue a beneficio de la Cámara de Comercio. Entró en cartelera el comenzar el año 1989.
     Este acierto impresiono tanto a distribuidores y productores que se pensó en la posibilidad de montar una empresa de cine en Ciudad Bolívar. Entonces surgió PRODUFILM. (Productores de Películas) para trabajar en sociedad con la empresa de cine mexicano PELIMEX. En ella estuvieron envueltos los empresarios Rodolfo Sánchez, dueño de Optomicrón y vicepresidente de la Cámara de Comercio; su hermano Julio Sánchez,  Marcos Flores y Ezio Rampini, entonces Presidente de la Cámara de Comercio.
     En “Píntalo de Negro” trabajó Félix Loreto como protagonista y Flor Núñez de contrafigura. También Héctor Mayerston como figura principal y Pedro Lander. Los demás actores y actrices, incluyen­do a tres niños, fueron todos de Ciudad Bolívar al igual que el Camarógrafo Charles Flores y el Director y Guionista de la película, Luis Gilberto Lara, por supuesto.
La película ciertamente impactó a los primeros espectadores por su sonido, la música reforzando la imagen, el lenguaje muy plástico y escaso de diálogos y esencialmente' su tema, el drama social de una mujer que se ve forzada a la práctica de la prostitución para poder alimentar' a dos hijos que nunca conocieron la paternidad y soñaba con  buscarle un buen padre a  sus hijos. Al fin lo encuentra en un perseguido que ha caído herido en su entorno. Lo auxilia, lo lleva a su casa y en el mejor de los momentos cálidos y afectivos, el Perseguido muere de un disparo en la frente. La película se encuentra con un final dramático, al revés de las clásicas novelas.

Luego de  Píntalo de negro, Gilberto comenzó a rodar su cuarta película "Miseria Blues”  para la cual escenificó un rancho en la Casa de la Cultura. De trataba de una historia del mismo corte de Píntalo de Negro, sobre la infan­cia abandonada, protagonizada por Irene Arcila, la misma que trabajó en "Macho y Hembra"; Pedro Lander, Willian Moreno y actores,  de  Ciudad Bolívar, entre ellos, Pedro Fajardo, Gustavo Ba­santa Elena Contreras. Pero hasta allí. El proyecto no pudo continuar,  surgieron inconvenientes.  Podríamos concluir en que  sólo fue un sueño  o el entusiasmo de querer darle a Ciudad Bolívar un rango creador dentro de la cinematografía venezolana.  Luego que no fue posible la empresa PRODUFILM, Gilberto Lara pretendió una planta televisiva, pero le pusieron piedras en el camino y se dedicó finalmente a rodar publicidad y documentales como el reciente de la Cámara de Comercio, para el cual escribí el guión y la animación estuvo a cargo de César Pérez Rosssi.  (AF).

sábado, 4 de abril de 2020

LA SEMANA SANTA


Podríamos decir que la Semana Santa son cuarenta y seis días que empiezan después de la alegría del Carnaval, es decir, desde el Miércoles de Ceniza, cuando el Sacerdote con su rosquete y estola va untando Ceniza a manera de cruz en la frente de cada feligrés arrodillado, a la vez que pronuncia: “Polvo eres, del polvo vienes y al polvo habrás de regresar” hasta el Domingo de Resurrección.
Durante la cuaresma que antecede a la Semana Santa, los católicos se preparan para la Solemnidad de la Pascua y Resurrección con Ayunas, abstinencias, ejercicios espirituales, penitencias, recogimientos y privación de diversiones.
La Semana Santa suele llamarse también, en otros pueblos católicos, Semana Mayor, Semana Penosa, de los Lamentos de las Vigilias y de las Indulgencia, porque ella está destinada a celebrar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Comienza el Domingo de Ramos que recuerda el día de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, montado en un borrico y aclamado en medio de palmas por sus seguidores, como el Mesías Prometido.
Durante esta Semana que históricamente está ubicada en abril del año 30, Jesús multiplicó sus enseñanzas y realizó su manifestación suprema de Mesías, hijo de Dios y Redentor del mundo. Se celebra desde el siglo VII y sus días esenciales son el Jueves y Viernes  Santos que incluso respetan y guardan los gobiernos. Es cuando se coloca en los templos el llamado túmulo o monumento en el que se reserva la Eucaristía y se organizan procesiones por las calles con imágenes y grupos representativos de la Pasión, llevados en hombros por los fieles que paso a paso, muy despacio, van cantando, expresando el dolor popular y pagando las consabidas promesas.
De acuerdo con la idiosincrasia y cultura de cada pueblo, la celebración de la Semana Santa varía, pero sin alterar su esencia. En torno a ella y a través de los tiempos se han tejido leyendas y consagrado costumbres que, como ciertos juegos y pasatiempos de los muchachos, le imprimen un sello característico.
En plazas de los pueblos del Estado Bolívar, en tiempo de Semana Santa, era  familiar ver a  niños y jóvenes jugar, después de los ritos religiosos,  Pares o nones utilizando el fruto del Paraparo o el Quiminduñe con mamones, granos de maíz o frijol. Fuera de las plazas y a  cualquier hora  del día, pero siempre durante la cuaresma y la Semana Santa, los muchachos jugaban la perinola de cuatro caras con las letras MSNT que significan: mete, saca, nada, todo; con la zaranda de taparita que canta, o con los trompos o peonzas que ruedaban calle abajo al grito exclamatorio de ¡Troya! ¡Al trompo! ¡Ni frío ni arrempujao que el que pique una cuarta fuera de mi trompo, pierde! 
(AF)

miércoles, 25 de marzo de 2020

“EL GUAYABO” DEL LLANERO VENEZOLANO


“El Guayabo” es un sentimiento de desengaño amoroso que el llanero venezolano suele expresar en su canto de arpa, cuatro y maracas, que muy pocos o nadie conoce de su origen.  Barrunto que el vocablo “Guayabo” proviene de la lengua del Quechuas, pueblo de la región andina de el Perú y Bolivia.  “Guay” que significa  dolor producida por caída” y “Guayabal” que denota “enervamiento o flojera”  El antropólogo Adrián Hernández Baño, que tuvo le generosidad de regalarme algunos de sus trabajos, investigó y dio en Venezuela  con toponímicos en lengua Quchuas, particularmente en el Estado Falcón. Y no es  de extrañar si nos atenemos a que los primero habitantes de Guayana y muchas partes de  Venezuela provenían de Sur América,  particularmente los Aruca o Aruakas, descendientes de los Tupis, primeros habitantes de  la América del Sur. En la lengua de los Arucas predominaba  ya como prefijo, sufijo o en mitad de la palabra, el monosílabo “Gua” que encontramos en nombres como Uruguay, Paraguay, Guayana,. Macagua, Guasipati, Guárico. Guanta, Cubagua, Guamache y Guayabo. (AF)  

domingo, 22 de marzo de 2020

SÁNCHEZ NEGRÓN: La felicidad es la gran idiota del universo



El poeta José Sánchez Negrón, a quien los escritores bolivarenses honraban con un Premio Anual de Poesía que llevaba su nombre, fue un poeta muy singular que practicaba como Jorge Luis Borges la filosofía esotérica.  Conocía de sus enseñanzas, de la doctrina y técnica para zambullirse en el mar del más allá y flotar con un comportamiento fuera de lo común.
     Sabía que iba a morir, pero no sabía cuándo.  Eso lo angustiaba y lo impulsaba a explorar más allá de los sentidos.  “…lo que no entiendo todavía / es que al nacer se nos acabe el día / y que al nacer se nos acabe el vuelo”.  Nunca pudo entender la muerte y por esa impotencia, en cierto modo, se trastocaba en asceta que se bebía el libro con las vísceras buscando la explicación de esa verdad escondida como arcano en alguna parte que la razón no encuentra.
     Y es que el autor de Limos de la Tierra, Los Ruidos del Mundo, Los Humos y las Voces  y Poemas Reiterativos, llevaba, antes de morir (1989), quince años estudiando la filosofía esotérica y dentro de ella quería ubicar su pensamiento y su poesía.
     Para el poeta, entonces, la poesía, desde el punto de vista esotérico, resultaba ser sencillamente el recuerdo del arquetipo divino  que tiene el espíritu al venir a la tierra. Decía que el pensamiento de Dios puebla el vacío del espacio que es su propio cuerpo.
     Y puesto que él establecía siempre una sinonimia entre poesía y belleza, resultaba virtualmente inexplicable encontrar belleza en algunos estados de su poesía donde se reflejaban ciertos desgarramientos socialmente dolorosos. Pero en el fondo la había porque la belleza y la verdad, como en el poema de Emily Dickinson, son hermanas.
     El, poeta al fin, se acusaba un obsesionado de la belleza y la belleza podía estar tanto en un poema como en el cuerpo de una  mujer de la estirpe de Irene Sáez a quien, según sus propias palabras, “nada le falta ni nada le sobra”.
     Por principio esotérico, no creía en lo bueno ni en lo malo porque no hay nada bueno ni malo en el mundo. Las cosas son justas o injustas y lo justo es bello y verdadero.
     Y aquello de que el poeta es tal porque dispone de una sensibilidad muy especial, no le cuadraba muy bien, prefería responder que nace con una predisposición y ese sentido se remitía al filósofo griego Platón cuando decía que las cosas no se aprenden en la tierra sino que se recuerdan.
     Se consideraba un elegido de la voluntad divina por lo mucho que había sufrido y puesto que dentro del esoterismo así se consideran los que sufren y por ello dijo o dice en uno de sus poemas que la felicidad es la gran idiota del universo.
     Solamente el sufrimiento es el que puede macerar y hacer cambiar y puede hacer subir la cuesta de rodillas. Para él era la única manera de llegar a Dios.
     Por eso se consideraba un poeta místico, no como comúnmente se entiende: alguien que está de rodillas todo el día frente a un ícono en una iglesia. No, él lo era pero en el sentido panteísta, pues amaba profundamente a la naturaleza que es como amar el cuerpo de Dios.
     Sánchez Negrón que siempre escribió su poesía dentro de los cánones del modernismo literario, sorprendió cuando publicó Sonetos Reiterativos. Entonces explicó que quería demostrar con ese su ultimo libro que nunca la forma es caduca. Que se puede renovar porque todo siempre es eterno como el ir y venir del mar.
     En ese libro hay un proceso dialéctico filosófico que acerca esos sonetos al Siglo de Oro.
     Cuando murió dejó una libreta llena con desconcertantes argumentos que pensaba desarrollar dentro del género del cuento siguiendo las huellas de “Los Hospitales del Infierno” (Premiado en el Concurso de Cuentos de El Nacional). Era sin duda un buen poeta, pero también un interesante cultivador de la narrativa, aproximado tal vez a Jorge Luis Borges, quien también era absolutamente esotérico. (AF)  

   

jueves, 19 de marzo de 2020

MURIÓ EX PRESIDENTE DE LOS FARMACÉUTICOS DEL ESTADO BOLÍVAR


 El doctor Alfredo Hernández, ex  Presidente del Colegio de Farmacéuticos del Estado Bolívar, murió en su residencia del Casco Histórico, muy cerca de su Farmacia que antes perteneció y fue fundada por Fitzí Miranda. 
    En cierta ocasión en que hablaba sobre el desaparecido y obligatorio turno Farmacéutico con el doctor Hernández, le tomé esta gráfica preparando un medicamento aún no industrializado.
      Me decía que el 12 de mayo de 1927, tras una campaña ciudadana para demandar el servicio, se implantó por primera vez en Ciudad Bolívar el turno farmacéutico nocturno que facilitó cubrir las emergencias que solían presentarse por requerimiento de algún medicamento no disponibles en los centro de salud pública.
       Las droguerías Berhens & Cía., Ochoa Pacheco & Cía, Luis Vicentini y Carrancas & Cía, que controlaban todas las farmacias y boticas de la ciudad, se reunieron con las autoridades de salud y convinieron en establecer el turno farmacéutico obligatorio.
          Los farmacéuticos comenzaron a agremiarse en 1882 bajo la Sociedad Farmacéutica de Venezuela, presidida por Teodoro Sturup. Entonces los títulos farmacéuticos se otorgaban a los médicos que cubrieran ciertos requisitos. Pero esa sociedad tuvo un largo receso que dio lugar en 1894 a la Sociedad Farmacéutica de Caracas y Venezuela, presidida por Enrique García, año en que se iniciaron en forma los estudios universitarios de farmacia.
          Esta sociedad corrió la misma suerte de la anterior hasta que en 1909 se creó el Centro Farmacéutico Venezolano que más tarde tuvo su seccional en Ciudad Bolívar. En la presidencia estuvo el doctor Antonio Lecuna Bejarano, farmacéutico valenciano que ejerció en Ciudad Bolívar y Upata durante 20 años y el cual se hizo famoso por lograr sintetizar el Babandí en gotas para curar la impotencia sexual.
         A las boticas y farmacias anteriormente señaladas se sumaron hasta mitad del siglo XX, la Botica Nacional, Santa Ana, Del Valle, Orinoco, Bolívar, Continental, El Águila, La Bello y El Porvenir. Esta última, propiedad de Antonio Rodríguez, la cual vendía de todo, incluso casabe y queso, agua del carmen, sulfas píldoras del doctor Ross, neolsarvarzan, goma arábiga, purgante de higuera, soluciones de yodo, emolientes y ciertos placebos que más que valor terapéutico tenían un efecto psicológico.
       El Colegio de Farmacéuticos del Estado Bolívar se constituyó en 1949, específicamente el 11 de septiembre. Para entonces mandaba en Venezuela una Junta Militar presidida por el coronel Carlos Delgado Chalbaud e integrada por los coroneles Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez, este último nativo de Ciudad Bolívar. El gobernador del estado era José Barceló Vidal desde diciembre de 1948.
          Ese día 11 de noviembre de 1949, se reunieron en el local de la Farmacia Del Valle los doctores J. M. Montes Ávila, en representación propia y de Manssur Ruiz; F. Crespo, J. Loreto Rodríguez, Raúl Gambas, Juan Requesens, Corina Atías, Miguel Salmerón Gómez, Hernán Meinhard hijo, Fermín Bello Dalla Costa y Luis S. Carrasqueño, para constituir el Colegio y designar la Junta Directiva, la cual quedó presidida por el doctor Herman Meinhard, hijo; secretario, doctor Luis S. Carrasqero y tesorero, doctor Fermín Bello Dalla Costa. El Tribunal Disciplinario quedó diferido hasta tanto se formalizara la inscripción total de los farmacéuticos activos en el Estado, lo cual se cumplió en la sesión del 10 de enero del año siguiente cuando al fin se nombró el Tribunal integrado por los doctores M. A. Salmerón Gómez, J. A. Montes Ávila y Corina Atías.
         El doctor Fermín Bello no se aguantó mucho tiempo en la Tesorería, renunció y en su lugar fue nombrado el doctor M. A. Salmerón. 
    Así con esta Junta Directiva se inició el Colegio de Farmacéuticos del Estado Bolívar y por ella han pasado en calidad de presidentes, además del primero Hernán Meinhard; los doctores Juan Requesens, Fermín Bello Dalla Costa, Ramón Castro, Alfredo Hernández, Andrés Bello Bilancieri, Miguel Guevara Madrid, Pedro M. Casado Esteves, Orlando Urdaneta, Paúl von Buren, Jesús Martínez, Gilberto León, Diana Hernández, Bismark Ortiz, Saúl Gutiérrez, Marina López Mendoza, María Elena (AF)