sábado, 29 de octubre de 2011

Visita del Cometa Halley en 1910


Desde el 17 de febrero, la prensa local comenzó a informar sobre la llegada del Cometa Halley así como de las opiniones y pronósticos de  científicos y astrónomos como  Camilo Flanmarión, Ambrosio Paré y del ruso Serge Borodonowsky. Estos señores decían del astro que nos visita cada 76 años, que a medida que se acercara a la atmósfera terrestre provocaría grandes catástrofes telúricas. Particularmente, Flanmarión especulaba que la humanidad podría morir de alegría por la influencia magnética de la electricidad de que está cargada la cauda del cometa.
            El astro errante se anunciaba para abril y ya a finales de enero el Bachiller Ernesto Sifontes, aficionado a la astronomía, tenía instalado su telescopio en la azotea morisca del Colegio Nacional (Casa del Congreso de Angostura), donde también dictaba clases.  Esta afición la había heredado del padre del poeta Héctor Guillermo Villalobos, director del Colegio Federal.
            La aparición del Cometa Halley se viene registrando desde 240 años antes de Cristo.  Luego apareció en el año 163, en el 87 y en el año 11 cuando lo vieron como la estrella de Belén que orientó a los Reyes Magos.  Después de Jesucristo, apareció 25 veces.  Seguidamente, en 1835 y 1910.
            Es el único cometa excomulgado y lo fue en el año 1456 por anatema de Calixto III, Papa que hizo tocar el Angelus del mediodía, para contrarrestar la victoria de los sarracenos contra los cristianos.
            El bachiller Ernesto Sifontes comenzó a observarlo desde la madrugada del 16 de abril, a las 4 horas  de la mañana, hasta las 6 cuando desaparecía a causa del resplandor del Sol.  Se presentaba brillando en su núcleo como una estrella de tercera, siempre con su cola opuesta al astro rey.   Durante sus observaciones el Bachiller Ernesto Sifontes utilizaba un cronómetro inglés marca “Luis Casartelli” fabricado en Liverpool para precisar la hora, sin error de segundo, en que la cola de este singular astro descubierto por Halley en 1682, arrasaría la Tierra, pero nada ocurrió, los habitantes del planeta aspiraron otro aire y nuevamente los envolvió el manto de la tranquilidad.
            La cola se acercó a la Tierra y nada catastrófico  pasó en  Venezuela ni en el mundo. Tampoco aquí en Ciudad Bolívar, a  menos que se le quieran atribuir sucesos relativamente menores como el desquiciamiento mental de un negro inglés y el incendio registrado esos días en un vapor surto en el Orinoco.  El pobre negro de nombre William que trabajaba en la caleta, improvisó un larga-vista de cartón y desde entonces hasta que murió hurgaba el cielo a toda hora tratando de localizar a “Mister Halley”, como el poeta Diego Alberto Blanco tituló este poema: “Tenemos la amenaza del Cometa / El astro pavoroso y vagabundo / que dada la opinión de un gran profeta / tal monstruo acabará con este mundo / Cuando Halley, veloz como saeta / y en viaje celestial sport jocundo / tropiece con la costra del planeta / ¡A morir chicharrados y sitibundos!  / Pero nada temáis que nuestras beatas / se saben las horribles profecías / A sus santos consagran letanías / y los héroes soltando sus bravatas / esperan el jorungo entre cañazas / para darle tan sólo mil planazos”.
La revista quincenal de Edmundo van der Biest, reseñó: “Halley, toda una decepción.  Pasó sin pena ni gloria.  La flamígera cola que se pensó arrasaría todo, se torció y resultó más corta y vaporosa que lo presumido.  Entonces, los vaticinadores y astrólogos comenzaron a perdonarnos la vida”.
            En 1986 volvió a aparecer y no volverá a ser visible hasta el 2061.  A lo largo de los siglos este Cometa ha inquietado a la humanidad.  En 1986 sirvió para que los astrónomos conocieran más del origen de nuestra vida a través de una misión espacial.

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