domingo, 30 de octubre de 2011

Furor por los autos en 1915


El 12 de julio de 1915, llegaron más automóviles a Ciudad Bolívar en cubierta abordo de los vapores que venían de ultramar.  Se incrementó así el acervo rodante de la capital guayanesa y las publicaciones locales desplegaron la noticia: “Llegaron el sábado autos nuevos en el vapor “Thosa” procedente de Nueva York, cinco autos nuevos distribuidos así:  un “Velice” de 7 asientos y 40 HP, para el señor Virgilio Casalta; un “Dodge” barnizado de blanco de 6 asientos y 25 HP para el señor Willy Handerson y 3 Ford corrientes, consignados al agente Savelli, de ellos uno para el señor D. Golía y otro para los señores Bermúdez Hermanos, de Soledad.  Por el último el vapor “Delta” también llegó con automóviles de la afamada marca francesa “Dion Bouton” de 6 asientos y 40 HP, propiedad de los señores Carlos Palazzi, A. Mannoni y S. Khasen.
            La vecina Soledad, al otro lado del río, no se quedó atrás, pues  días después, el 20 de julio, el diario vespertino de la ciudad tituló “Automóviles en Soledad sin precedente” seguido del siguiente texto: “Es la facilidad que proporciona hoy en Soledad, el famoso Ford que acaban de recibir por el último vapor americano los señores Bermúdez Hermanos y Francisco Palermo, con lo cual quedan evitadas las molestias y dificultades que sufrían los bañistas que desean saborear las caricias de los inmejorables chorros del río La Peña y los no menos famosos chorros de La Romana en donde más de un enfermo de allende y de aquende el Orinoco, han encontrado en sus aguas termales la salud deseada que no lograra devolver la ciencia y paciencia del mismo Yaguarín.  Por viaje de automóvil desde una hasta a4 personas, a La Peña ida y vuelta Bs. 20.  A La Romana, Bs. 16.  Por hora la primera Bs. 14 y la subsiguiente Bs. 12 e igual precio cualquier fracción.  Después de las 6 de la tarde Bs. 16.  Los viajes a Cantaura, Pariaguán y puntos intermedios, a precios convencionales y puntos intermedios, a precios convencionales”.
            Pero no todo era felicidad o placer sobre ruedas, el gozo trajo sorpresivamente aparejada la tragedia y el  26 de julio ocurrió la primera que para los parroquianos es “una gran tragedia”. Ocurrió en Los Farallones.  Dos muertos y seis heridos.  Un auto Ford en el abismo.  Regresaba de los baños La Mariquita a las 3 de la madrugada conducido por el caraqueño Luis Ramón Rosas, de 31 años, quien resultó muerto al igual que Sebastián Benigno, de 36 años, de Barcelona y residía junto con su familia en la ciudad desde la época de Nicolás Rolando.  Heridos: General Quintín Aguilera,  Andrés Benigno, María Osorio, Magdalena García, Ana Luisa Silva y Mercedes García.  El automóvil siniestrado  un Ford, patente 135, propiedad de “Rojas & Núñez” y única unidad de la empresa.  Quedó totalmente siniestrada salvándose únicamente las ruedas.  Lo rescataron más de un centenar de personas por la cañada del arroyuelo Quinta Calzón y trasladado de allí a la ciudad.  El Chofer murió dos días después.
            Y después y a medida que aumentaba el furor por la velocidad se iban registrando los accidentes.  Luego de esta tragedia que enlutó a la ciudad y dio pábulo por largo tiempo a las tertulias familiares, ocurrió el primer choque de vehículos.  Fue el 4 de octubre entre los vehículos patentes (matrícula) 134 y 237 conducidos respectivamente por Eduardo Porto y Fraude Waldram.  Colidieron de noche en  La Lajita”, pero afortunadamente no hubo desgracias que lamentar.  El susto nada más y la prevención para el futuro de no correr más de veinte kilómetros por hora.

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