En
Soledad, la que visitamos a comienzos del mes de abril de 1981, en busca de
noticias, vivía sentado todo el día detrás de una registradora mientras varios
de sus cuarenta hijos despachaban detrás del mostrador, el entonces bodeguero
más viejo y prolífico de la capital del distrito Independencia.
Luís Rodríguez contaba 66 años de los
cuales 40 en su Bodega del Pueblo y un hijo por cada año de bodeguero, aunque
las malas lenguas de su vecindario sacaban la cuenta de 57; por supuesto, en distintas mujeres.
Bajo, moreno, de mente ágil y ojos
relampagueantes, Rodríguez, confirmaba que todas sus mujeres las había
conquistado sin caminar mucho, detrás del mostrador cuando llegaban de compra.
-Y
¿Cuál es el secreto? ¿Acaso se considera el don Juan del Pueblo? – le largamos
la pregunta, cuando acudimos por un refresco. -Nada de eso, hombre, lo mío es
pura labia y brandy Martel y nos señalaba pícaramente los cuartitos alineados
sobre anaqueles del armario. -¿Cómo le ha salido esa prole tan abundosa?
-Ninguno sinvergüenza. Todos han salido por la goma, en línea recta. El mayor
tiene 40 años y cuatro la menor.
-Y en su señora ¿Cuántos tiene? -Apenas
once y los que falta. -¿Faltan todavía?
-Ahora es cuando hay Luís Rodríguez para rato. -¡Pobres mujeres! -¡Qué va,
señor, todas están contentas y felices. -¿Se considera un macho? -Soy un hombre normal que cumple a
cabalidad con sus cometidos y en cuanto al machismo, si existe, es por culpa de
la misma mujer. Hay mujeres, muchas, que no les atrae sino el hombre muy macho
como también hay mujeres machas que esclavizan al hombre.
Como vemos, este prolífico bodeguero de
la vecina Soledad, no necesita muletillas para caminar y menos para hablar a la
hora del cortejo. El agua de Bosnia, el
Babandí y el Palo de arco están fuera de su alcance e interés. En eso no se paree a Sixto
Betancourt, un andino de 82 años que recaló por Upata cuando solo era un
recluta lampiño, sirviendo en el ejército de Castro, pues él siempre necesitó de la muletilla de la raíz macerada del Babandí. Cuenta haber tenido aventuras duraderas con más
de cien mujeres, con las cuales tuvo 46 hijos. De estos 46 hijos murieron 21 y
sobrevivían 25. .
Cuando lo entrevistamos, Sixto Betancourt, vivía con una albina de 26 años y según sus
palabras se sentía de él muy agradecida. Conocía los secretos del babandi y
mostrándonos una botella, nos relató cómo se prepara. .
El “León de
Guacaparo”, Lucio Valdés, y Ramon Ilagarra eran los proveedores del producto
sexy de Upata. A ellos se les hacía fácil llegar a los viveros y extraer las
raíces que luego vendían por kilo y en haces.
Por su parte, Ilagarra, sacaba el producto hacia fuera cuando
directamente, se valían de conocidos del lugar para reclamar la liana por
carta, y es que ella o la raíz curtida en ron o en agua común no es
desconocida, goza de tanta fama de afrodisiaco como la Yumnehoa o yohimbina, el
Giseng que se importa de la China.
El bodeguero de
la vecina Soledad del Orinoco, Luis Rodríguez, por lo que nos contó, no
necesitaba de estas golosinas afrodisiacas tan solicitadas en el mercado
upatense, sino mucha labia y seguramente que algún fiado o crédito impagable
para lanzar la bola recta por la goma.
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