martes, 25 de diciembre de 2018

¿POR QUÉ EL NOMBRE “HALLACA” ?


¿Por qué tal especie de tamal es llamada hallaca? Aún no lo sabemos con certeza. La escritora tradicionalista Graciela Schael Martínez, basada en las investigaciones del doctor Adolfo Ernst, dice que la voz hallaca es de origen guaraní.  En la antigua obra “Tesoro de la Lengua guaraní”, publicada en Madrid, a comienzos del siglo diecisiete, se habla de la palabra ayuaoaya, que entre varias acepciones tiene la de revolver, mezclar y enredar. Posteriormente, en el “Vocabulario Guaraní”, editado en Río de Janeiro, se menciona el verbo ayua o ayuar, equivalente a revolver o mezclar. De tal verbo surge el nombre ayuaca (lo que está mezclado o revuelto). Por ello, ayuyaca o ayuaca, significa cosa mezclada o revuelta, mezcla o masa. De acuerdo con esta interpretación de Ernst, el origen de la palabra estaría en las voces que significan algo mezclado, revuelto, mezcla o masa. Según el mismo Ernst, la más indicada ortografía sería ayaca, eliminando la innecesaria “h” inicial.
     El costumbrista Nicanor Bolet Peraza describió las hallacas así en una de sus crónicas: “Son una especies de paquetes envueltos en hojas de plátano dentro de las cuales se guarda cobijado con una masa, el guiso sin pan; sabrosísimo manjar que no conocieron ni degustaron los dioses del Olimpo, por lo que no pudieron seguir siendo inmortales”
     De la hallaca suele decirse que nos viene desde que el Almirante Cristóbal Colón se topó con estas tierras neo-continentales. Para entonces, hace quinientos años, nuestros primitivos habitantes preparaban una torta de maíz molido envuelta en hojas de cambures sancochadas en vasijas de barro. Luego esta torta que probaron los extraños visitantes fue y sigue siendo enriquecida en un largo proceso que no termina, con aportes de otras culturas culinarias que la convierten en el más sorpresivo y siempre apetecido plato navideño.

     De esta manera nuestra secular y deliciosa hallaca ha podido abrir camino hacia otras nacionalidades hasta el punto de que reputados cocineros internacionales suelen encargarla por esta época a personas criollas especializadas que además de haber heredado de sus ascendientes la fórmula exacta de la masa y el guiso han sido sensibles a las exigencias del gusto moderno incorporando a la mezcla otros ingredientes. (AF)

LA CONSABIDA HALLACA




En Guayana y en el resto del país podrán faltar el pesebre, el arbolito de Navidad, las luces de bengala y los tradicionales regalos, pero jamás la siempre bendita y consabida hallaca.

     Este exquisito condumio, el que mejor posiblemente simboliza la mezcla de nuestra cultura hispana y aborigen, es el plato por excelencia durante estos días de diciembre. En oriente, occidente, el llano, la montaña y la selva, la hallaca está siempre presente, especialmente a la hora de la cena de Navidad y  Año Nuevo.
     Aunque con gustos, aromas, sabores e ingredientes variados según la región en particular, la hallaca es infaltable en el ritual hogareño de los días decembrinos. Envuelta en requemadas y oscuras hojas de plátano, amarrada con pabilo, guaral o majagua; cuadrada o rectangular; en su punto de sazón tradicional, picante, dulce o ligera de sal; con rodajas de papas o de tomates; ciruelas pasas o garbanzos, siempre será hallaca aquí o en el restaurant de la Torre Efiel a donde un día se la fue a comer con todo su elenco artístico el show- man  Renny Ottolina en una de esas cabalgatas televisivas con las cuales penetraba los hogares Venezolanos.
     La hallaca es un plato autóctono venezolano, muy nuestro y al que la cultura del conquistador agregó otros ingredientes como las especies, pasas, aceitunas, alcaparras y el vino que civilizaron su valor alimenticio, la refinaron e hicieron digna de una ocasión tan universal como la Natividad y el Año Nuevo.

     Y así como los ingleses en su noche de pascuas tienen su “Plumpudding”, los finlandeses su pastel de arroz con una sola almendra, los polacos su cerdo asado, los norteamericanos su pavo y los españoles su pierna de jamón, nosotros tenemos nuestra hallaca o hayaca como la escribe la Real Academia de la Lengua.(AF)

sábado, 15 de diciembre de 2018

BOLÍVAR A UN PASO DE LA MUERTE

            El 16 de diciembre de 1830 Colombia aguarda consternada la muerte de su libertador que según su diligente  médico de cabecera, el francés Alejandro Próspero Reverend, debía producirse de un momento a otro porque ya hasta los remedios y  los cuidados eran inútiles.

            Hacía seis días que el Obispo de Santa Marta, J. M. Estévez lo había confesado y recibido el viático.  Entonces dictó su proclama a los colombianos después de haberla corregido tres veces y otorgó su Testamento declarando que no tenía más propiedades que las minas de Aroa y algunas alhajas y manifestó su voluntad de que sus restos fueran depositados en su natal ciudad de Caracas.
Cerca de él están su fidelísimo compañero José Palacios, atento a todos sus movimientos; los generales Mariano Montilla, José Laurencio Silva, José Sardá, José María Carreño, Joaquín de Mier, el doctor Próspero Reverend y otros que hablan en voz baja.  Bolívar está en los huesos.  La tuberculosis ha sido implacable.
            Días antes había sostenido este diálogo con su médico el doctor Reverend:
-         Y usted ¿qué vino a buscar a estas tierras?
-         La Libertad
-         ¿Y la encontró?
-         Si, mi general.
-         Usted, es más afortunado que yo, pues todavía no la he encontrado.  Con todo, vuélvase usted a su bella Francia en donde ya esta flameando el pabellón tricolor.  Aquí en este país no se puede vivir:  hay muchos canallas... ¿Le agradaría a usted ir a Francia?
-          De todo corazón, mi general.
-         Pues bien, póngame usted bueno, doctor, e iremos juntos.

Pero el Libertador de Colombia no pudo mejorar ni ir a Francia...  Estaba a un paso de la muerte. (AF)

domingo, 9 de diciembre de 2018

EDUARDO SANTANA: PERIODISTA CENTENARIO

Parece mentira que el colega, manojo de nervios y de palabra, siempre por delante como peón de Ajedrez, se haya convertido en un longevo hiperactivo, sin tener jamás que ocultar su edad., porque si algo de bueno tiene Santana es la franqueza. Este periodista, a nuestro modo de ver, sintetiza el esfuerzo y la pasión por la profesión de un tiempo en que los recursos técnicos de hoy escaseaban y porque la cibernética que ha venido a revolucionar el mundo de la comunicación actual aún estaba en pañales. El modo de hacer periodismo era distinto medio siglo atrás. Para entonces, Eduardo Augusto Santana Quevedo, caraqueño nacido el 13 de diciembre de 1919 de San Juan, venido del vientre de una india de Paracoto unida a un descendiente de Canario, era un periodista de ruedo y tablero que borroneaba cuartillas detrás del burladero, alternando como mozo de espada de César Girón. También limpiaba zapatos y pregonaba los diarios. Ahora, El Heraldo, La Esfera y Últimas Noticias donde escribió deportivamente sus primeras notas. Eduardo Santana tenía que hacer todo eso porque su padre que tenía veleidades de revolucionario antigomecista debió ir a la cárcel como tantos otros. Por los caminos del pregón llegó un día a ser un buen periodista, primero en el diario La República y después en El Bolivarense. Se hallaba trabajando para La República cuando en Bolívar se registró el famoso Caso Biaggi Fue la misión que le encomendó Monicaco desde la jefatura de redacción de La República y por esa vía penetró y se quedó en Guayana hasta el sol de hoy. El Caso Biaggi conmocionó a Venezuela y llevó al diario La República a multiplicar asombrosamente su circulación en el Estado Bolívar. Para Eduardo Santana, desde el punto de vista profesional éste es el caso que más lo satisfizo pues realizó una labor casi policial de investigación para poder llenar la ansiedad del lector en ese caso del sacerdote indiciado en la muerte de su hermana. Con mayor oferta, Santana dejó La República y se fue de corresponsal y distribuidor de El Bolivarense y Antorcha en la zona del hierro, cuando el Caroní se trasponía en chalana. Había que levantarse a las 4 de la madrugada a buscar la noticia y vender el periódico, única forma de redondearse el sueldo. Vida azarosa la de entonces cuando lo importante no era circular temprano sino dar el tubazo. Santana una vez, y no por recibir tubazo, se cayó al río con periódico y todo y por poco se ahoga. Ese día no pudo vender el diario ni repartir las suscripciones. No sabe todavía cómo pudo hundirse en el río, acaso porque estaba enamorado y la muchacha le exigía matrimonio. Para qué casarse si cuando lo hizo quedó viudo a los 6 meses. Se llamaba Yolanda. Después de allí hasta el día de hoy fue puro empate. Niobe, artista plástico, con la que tuvo 2 hijas y Adelaida con 4 y dos nietos. En un diálogo de nunca acabar y donde la locuacidad del interlocutor rebasa las preguntas, Eduardo Santana sostiene que su pasión ha sido constantemente el ajedrez, que lo ama tanto como a una reina y que de ello hubiera podido dar fe el extinto Miguel Otero Silva con quien jugó más de una partida cuando todavía no había llegado a los 20; Arístides Bastidas, Pedro Juliac, Frazer, el gocho Guerrero Pulido y tantos otros que fueron sus contendores por allá en los años de la década de los cuarenta cuando Venezuela por la vía de Medina Angarita y de la llamada Revolución del 18 de octubre se asomaba al disfrute de una democracia que hoy padece los embates de una crisis (AF)

viernes, 12 de octubre de 2018

JOSEFINA VILLEGAS


       Josefina Villegas nació en Barrancas del Orinoco donde hace más de 470 años Diego de Ordaz combatió a los uriaparias o uyapary  que se oponían violarla con el bauprés de sus barcas  colonizadoras la virginidad de Guayana.  Allí en los escombros barracoides de los uyapary nació ella en el tercer mes del año 1921 y se sembró con su familia en Ciudad Bolívar cuando apenas cumplía dos años de edad. Dee madre carupanera y padre de descendencia francesa.
Tuvo la fortuna de ser cortejada en su juventud por uno de los ganaderos más famosos de la ciudad y vivir casada con él por más de cincuenta  años. Mujer ideal, fabulosa en  todo y de relevante sensibilidad social. Josefina cantaba, tocaba el piano, el cuatro, la guitarra. Era la vedette de suntuosas veladas citadinas, compuso varias canciones, Yurimia que trascendió en la voz de Carlos Almenar Otero: Canaima, Cantarrana y el Himno Nacional de los ganaderos. Su hijo único, Noel,  muerto primero que ella, era diseñador y publicista, pero vino un día en que  renunció al taller de impresión y se fue a buscar oro en el lecho del río Caroní.  Le quedaba su nieta Mariel que obstinada en Caracas de tantos atracos y amenazas tuvo que irse al Norte donde se caso con un joven de nacionalidad portuguesa que la cuida y le da la seguridad que no pudo hallar en la Venezuela actual.
Mientras vivió en Ciudad Bolívar, josefina compartía el hogar y faenas llaneras de su esposo con una labor social durante cuarenta años al lado  de la China Monserrate, esposa del Ingeniero Graterol que construyó la Carretera Ciudad Bolivar-Caruachi, otrora camino de tierra para luego de cruzar el Caroní en barcaza, hacer más corta y directa la distancia hacia la Villa del Yocoima.  En esa labor social se incluye la Vivienda para huérfanos y desamparados en la Escuela Bolívar de San Isidro.
Josefina se hizo llanera al lado de su esposo Raúl Villegas, montando caballos y arriando ganadlo en los hatos, el Rubí, Las Queseras, el León y Cantarrana.  Esos fundos eran bien conocidos por el tribuno Manuel Alfredo Rodríguez, a quien Raúl protegía como un hijo.  El padre de MAR, Manuel Carrillo, distribuidor de los otrora famosos cigarrillos Bigott y Bandera Roja, era gran amigo y compadre de Raúl Villegas y a través de ese lazo se quedó aferrado a su afecto desde que era un chamo el grandote de Manuel Alfredo Rodríguez que no llegaba  a Ciudad Bolívar sin visitar su casa de la avenida Táchira. 
Raúl Villegas era de Tumeremo donde nació cuando su padre el General Héctor Villegas, nieto de don Antonio Liccioni, que se tenía entonces como el corso más rico de Guayana, se dedicaba al comercio del balatá y el oro.
La madre de Raúl era Pepita Ruiz, descendiente del médico José Angel Ruiz, presidente del Estado Bolívar en 1880-1892 y fundador del Hospital Ruiz en el edificio que hoy sirve de asiento a la municipalidad. Ella era casada con el general Héctor Villegas Liccioni, quien estuvo dos años preso en el Castillo de Puerto Cabello, por hacerle oposición a Cipriano Castro  desde las trincheras de la Guerra Libertadora que tuvo a Ciudad Bolívar como último baluarte.  Como vemos, el esposo de Josefina  era de  prosapia tanto en lo político como en lo social y siguiendo ese camino se  destacó como servidor público, dirigente gremial y productor agropecuario. (AF)






lunes, 1 de octubre de 2018

Caicara y el Tirano Aguirre


Caicara del Orinoco tiene y utiliza un atracadero fluvial llamado Puerto Aguirre, que recuerda, según se ha especulado,  al Tirano Lope de Aguirre, quien navegando el Orinoco se habría detenido allí para descansar, reparar y calafetear sus bergantines. Pero conocedores del tema historiográfico disienten de tal especulación toda vez que el Tirano Lope de Aguirre jamás navegó el Orinoco sino el Rio Amazonas o Marañón, desde el Perú hasta su desembocadura en el Atlántico para proseguir  la navegación hasta la Isla de Margarita y desde allí, según su proyecto político-belicista, llegar hasta Tierra Firme, fortalecer su ejército en Panamá y finalmente completar su ciclo de vuelta al Perú donde pensaba con sus marañones armados de arcabuces, destronar al virrey, alto representante en América del Rey Felipe II, a quien odiaba y contra el cual se rebelaba.
Aguirre empezó su aventura afiliándose como soldado en la Expedición de Pedro de Ursúa, a quién el Rey había comisionado para continuar la búsqueda de El Dorado que según los conquistadores era una ciudad fabulosa por sus grandes riquezas auríferas y que hasta entonces había sido muy difícil localizar en medio de la selva umbrosa.
Pues bien,  Lope de Aguirre que aparentemente parecía un ser físicamente insignificante pues era corto de estatura, cojo y cenceño aunque de aire atravesado, resultó ser todo un respetable Maestre de Campo que supo aprovechar ciertas debilidades de Ursúa para apoderarse del mando.
Este hombre, siempre blindado, con loriga y espada por el día y por la  noche, era sumamente desconfiado y con olfato intuitivo bien desarrollado para detectar a sus adversarios y eliminarlos a garrotazos, cuando no degollados o ahorcados con un cordel para lo cual utilizaba a “Carolino” y “Juan Primero”, dos negros congoleses que después de su obra macabra cantaban y bailaban sobre las tumbas de sus víctimas.
En Margarita, a donde arribó el lunes 20 de julio de 1561,  fue la hecatombe.  Mató bajo engaño al Gobernador Villaldrando,  Alcalde y demás autoridades.  Ni los sacerdotes escaparon.  Si acaso su alter ego intelectual el joven Pedrarias, a quien utilizaba como escribano y entretenedor  de hija Elvira, linda  mestiza de piel dorada que asesinó para que no la llamaran la “hija de un traidor”, ya cuando en Barquisimeto se vio perdido y abandonado por su ejército de marañones que desertó y se pasó al campo del Rey. (AF)



sábado, 22 de septiembre de 2018

Ligia Figarella, primera mujer al volante


Ligia Figarella se tiene,  si no la primera, una de las primeras, que condujo un automóvil por las empinadas calles de Ciudad Bolívar.   Resultó sensacional para los citadinos apegados a la costumbre de ver sólo ejerciendo tal oficio o habilidad reservado sólo a  varones..  Eso cree, Silda Cordoliani, quien me mandó la fotografía.  de la entonces juvenil Ligia Figarella,  casada después con Miguel  Vicente Trotta, quien fue Presidente del Concejo Municipal (1962).  Como  vemos, era un carro lujoso y moderno para los años cuarenta. El Primer automóvil llegado a la capital orinoquense  era un Dion Bouton francés importado por Santos Palazzi,  pero el de Ligia parecer un Oldsmobile norteamericano. Estacionado en el Aeropuerto en medio del gentío que fue a recibir al entonces nuevo Obispo de Ciudad Bolívar Juan José Bernal Ortiz (1949-1966). 
Monseñor, a quien vemos dentro del auto, venía del  Estado Lara  a ocupar la silla episcopal de Guayana dejada por Monseñor Miguel Antonio Mejía.
La Junta Militar de gobierno presidida por el Coronel Carlos Delgado Chalbaud lo postuló ante la Santa Sede para llenar la vacante de Monseñor Mejía y su Santidad el Papa Pío XII lo preconizó Obispo de Guayana y como tal fue consagrado en la Catedral de Caracas el 13 de noviembre de 1949.
        El 18 de diciembre de ese año llegó en avión a Ciudad Bolívar para tomar posesión de la Diócesis. Entonces fue objeto de un caluroso recibimiento contagiado con las festividades de Navidad y año Nuevo. Ese mismo año, dos meses antes, había sido electo también Obispo de Cumaná, Monseñor Crisanto Mata Cova.
        La gestión episcopal de Monseñor Bernal se extendió hasta julio de 1966 –16 años-. Tiempo durante el cual creó 19 parroquias, construyó el Seminario Cristo Rey de Ciudad Bolívar y las Iglesias de Pariaguan, El Tigrito, San Tomé, Santa Ana, San Joaquín, Anaco, Guasipati, Puerto Ordaz, Ciudad Piar, El Pao, Upata, El Dorado, Tumeremo, San Francisco de la Paragua, Caripito, Maturín, Quiriquire y Caicara de Maturín. Así mismo fue construido un nuevo Palacio Arzobispal en las afuera de la ciudad y la capilla y Colegio de la Divina Pastora. Parte del Vicariato Apostólico del Caroni fue incorporado a la Diócesis.
         Por Bula Pontificia el 21 de julio de 1958, Ciudad Bolívar es erigida canónicamente en Arquidiócesis y Monseñor Bernal se convierte en el Primer Arzobispo de la Capital Bolivarense.  (AF)