viernes, 30 de septiembre de 2016

El Carnaval existe a partir de la Máscara


Hace ya unos años, aunque no tantos, Vicente Fabrizio, italiano de Potenza,  hastiado de vender ropa como los turcos, decidió muy  asociado con su hermano, montar una sala de arte utilitario de 350 metros cuadrados en la calle Venezuela de la ciudad con el nombre de “Memory´s Doménico”, homenaje a su hijo de diecinueve años fallecido trágicamente en accidente vehicular.
        Como cualquiera sala de arte, no estaba realizada para la contemplación y disfrute exclusivamente, sino para  vender las obras artísticas cualquiera fuese su nacionalidad,  estilo, modalidad y por consiguiente promocionar y dar a conocer los expositores invitados.
        En esa sala que tenía como curador al poeta y pintor John Sampson Williams, había un buen dinero invertido en piezas y cristalería importadas al lado de las cuales se exhibían obras escultóricas y pictóricas de artistas locales conocidos.
        La sala fue inaugurada con la segunda exposición individual del poeta y pintor Néstor Rojas, quien el mismo día vendió casi toda la producción situada en la temática de la máscara, un elemento de raíces primitivas que no solamente conocemos a través de los ritos de magia, el teatro y las carnestolendas, sino de la vida misma.  Ya lo dice Juan de Dios Peza en su poema Garrik:  "El Carnaval del mundo engaña tanto que la vida en una breve mascarada aquí aprendemos a reir con llanto y también  a llorar con carcajadas".
        La máscara está presente de algún modo en la generalidad  del acontecer existencial y por esa misma presencia eterna nunca ha podido ser eludida por el arte en cualquiera de sus manifestaciones.  La literatura shakesperiana no es ajena a la máscara en Romeo y Julieta, por ejemplo: “Dadme un estuche donde colocar mi rostro.  Una careta para otra careta.  ¿Qué me importa que algún ojo curioso  advierta ahora mis deformidades?  He aquí estas mejillas postizas que se ruborizarán por mi”. Tampoco la música de Verdi es extraña a la máscara.  Bastaría con ver a Violeta agonizar en La Traviata.  Aparece en el cine con  Orfeo Negro de M. Camus y en el “Arlequín” de Morris West.  En la danza ni se diga, basta con los Diablos de Yare y en la plástica evidentemente que es inagotable.  Aquellas mismas pinturas de Néstor Roja, de las cuales conservo la que me regaló Fabrizio, era  muestra interesante que encerraba toda una filosofía de las expresiones reflejadas en el rostro que es la eterna máscara del hombre.      
        Lorenzo Batallán, escribió en 1975 un ensayo sobre el hombre y la máscara para afirmar de paso que  el Carnaval existe a partir de la máscara.  Dos circunstancias complementarias sin la cual el Carnaval no se produce porque no es la máscara aislada o el hombre solo con el afán de participar, sino la mascara colocada ritualmente sobre el propio rostro  en decisión voluntaria y autónoma. Solamente en ese instante, según Batallán, nace la Fiesta y sólo desde ese momento el Carnaval existe.
        Pero aduce que el Carnaval es la fiesta de la cobardía.  Presupone que sus protagonistas estarían dispuestos a realizar acciones rigurosamente antípodas en su comportamiento habitual y aún extremas, hasta llegar al crimen incluso, bajo al amparo de algo tan aparentemente frágil como es una máscara que demuestra ser capaz  de penetrar hasta la línea roja ese gigantesco dinamo de la esfera pasional, sentimental o afectiva.
        A veces la máscara es virtual, es decir, no se lleva visible sobre el rostro sino sobre el cerebro y pone como ejemplo  las sociedades secretas del período romántico que usaban la máscara como instrumento esencial de sus conspiraciones.  Los secretos de muchas sociedades actuales, políticas, policiales, diplomáticas, militares, económicas, industriales, se ocultan bajo el disimulo y  la cautela  que no necesitan del antifaz sobre el rostro sino sobre el cerebro. (AF)     
               



jueves, 29 de septiembre de 2016

Maripa tiene partida de nacimiento



El Distrito, hoy Municipio Sucre, tiene partida d nacimiento.  La halló entre viejos infolios del  Archivo Histórico de Guayana, el profesor y abogado Abel Fuenmayor (en la foto), cronista oficial de esa entidad político-territorial.
         Fue creado el 14 de enero de1891, siendo Presidente del Estado, el doctor José Ángel Ruiz, prestigioso médico bolivarense cuyo nombre, junto con el de Félix  R. Páez, ostenta hoy como homenaje el Hospital Universitario Ruiz y Páez.
         El actual Municipio Sucre es el resultado de la disolución en 1890 del Territorio Federal Caura creado por decreto del Presidente Antonio Guzmán Blanco el 9 de febrero de 1892, en función de la explotación de sus ingentes riquezas madereras.
         Una vez disuelto el Territorio Federal Caura, la Asamblea Legislativa se vio obligada a reformar la Ley de División Político Territorial del Estado para reintegrar dicho territorio a su jurisdicción natural el Estado Bolívar, lo que hizo dándole la categoría de Distrito –Distrito Sucre- con cabecera en Moitaco y conformado por los municipios  foráneos La Piedra, Puruey, Rivas, Aripao y Maripa.  Guarataro es reciente y se erige como uno de los centros agrícolas más importantes de la región.
         Esa misma reforma fue aprovechada para también elevar a la jerarquía de Distrito con el nombre de Distrito Páez, los municipios Palmarito, Guasdualito, Amparo, La Trinidad y Santa Rosa, entonces bajo la jurisdicción del Estado Bolívar, hoy del Estado Apure.
         El Distrito Sucre tuvo a Moitaco como capital hasta 1938 cuando fue sustituido por Maripa, municipio fundado el 25 de agosto de 1842 por el doctrinero Ramón Espinosa.  Esta fundación fue autorizada por el  General Rafael Urdaneta, quien se hallaba eventualmente encargado de la Gobernación de la Provincia de Guayana tras el asesinado del prócer Tomás de Heres.  El doctrinero Ramón Espinosa fundó a Maripa bajo la advocación del  vigente patrono de toda la jurisdicción, San Luis Rey.
         Después del Municipio Raúl Leoni con 54.386 kilómetros cuadrados de superficie, Sucre es el municipio territorialmente más extenso del Estado Bolívar, con 46.163 Kms2 pero, paradójicamente, el de menor población, según el último Censo Nacional cuando registró un poco más de  11 mil habitantes, hoy la proyección y de acuerdo con la rata de crecimiento interanual debe pasar de los 30 mil.
         Cuando la Ley de División Político Territorial del Estado reconoció a Maripa, Moitaco y demás pueblos foráneos como distrito Sucre, el Ejecutivo ordenó levantarle una estatua al Mariscal en la plaza mayor de Maripa y así ocurrió, pero en 1983 se ordenó sustituirla por un busto porque en la misma plaza  no podía haber un busto de Bolívar y una estatua de Sucre.  La estatua de Sucre la reubicaron provisionalmente en la Plaza Centurión de Ciudad Bolívar, pero como a Cervantes en Madrid, le robaron la espada.  Hubo que buscarle otro lugar y el alcalde Leonel Jiménez Carupe la reubicó en la Plaza del caserío rural Los Báez.  A mi me tocó pronunciar el discurso.  Lo malo fue que los moradores del lugar al poco tiempo la pintaron de verde viendo que los masones habían hecho lo mismo con el bronce pedestre d Bolívar en el jardín de la Logia. Por supuesto, el crítico de arte Rafael Pineda quedó impactado y soliviantado por lo que consideró un atentado y publicó un reportaje crítico y bien razonado en la prensa.
         La estatua de Sucre como la de Miranda nunca corrió con buena fortuna en esta ciudad.  En cambio la de Urdaneta se mantiene sin intervenciones en el área de la bomba de la desecación de la Laguna, junto al Jardín Botánico, aunque verde también, por la pátina del tiempo que es otra cosa. (AF)




martes, 27 de septiembre de 2016

PRIMEROS CARNAVALES BOLIVARENSES



Los primeros carnavales bolivarenses comenzaron con el siglo veinte, pero no elegían reinas y estaban sujetos a una programación que comprendía desde carreras de caballos hasta subir la cucaña, como los de 1902.  El Carnaval de 1904, por ejemplo, se inició con 17 disparos de cañón, luego reunión en la esquina Curamichate de comparsas y disfraces para el paseo cívico muy de mañana.  Al mediodía, almuerzo popular.  Por la tarde, Cucaña y descabezamiento de pollos y por la noche juegos artificiales.  Al siguiente día, carreras de saco.   Ataque del sexo feo al parque carnavalesco custodiado y defendido por las muchachas del barrio La Concordia.  Piñatas, trampolín y sartén.  El tercer día, paseo en coches y caballos amenizado con orquesta, desafío de gallos, comparsas de máscaras, palo encebado o cucaña, música, fuegos artificiales, baile popular, iluminación y variedad de bombeadores.  La octavita, reservada para los niños, estaba circunscrita a un baile infantil en la sede del Colegio Nacional.
         En los carnavales de 1917 se elige por primera vez una reina a través del voto popular con valor determinado.  Una persona podía votar tantas veces de acuerdo a su capacidad económica, de suerte que la candidata o aspirante que más vendiera votos era indiscutiblemente la Reina. Ese año, la candidata que más vendió votos fue, no podía ser otra, Lina Mercedes Torres, la hija del Presidente del Estado, General Marcelino Torres García, a quien conocí ya anciana en su casa de la calle Bolívar, adquirida por el alcalde Leonel Jiménez Carupe para sede de la Fundación Parapara.
La elección o escrutinio de los votos vendidos se efectuaba en la sede del Club de Comercio que entonces quedaba en el Paseo Orinoco haciendo esquina con la calle Constitución.  Por cierto que Lina, ya electa Reina de Carnaval 1917, renunció por la muerte de una hermana del Presidente del Estado; pero la suplente, Amelia Casalta, con 12.938 votos, también renunció por aquel prejuicio social tan difundido de no querer ser “plato de segunda mesa” de manera que la tercera en el orden, señorita Salvadora Vivas, se alzó con el cetro.
En 1929 rigió el mismo sistema para elegir a la representante de Bolívar al Concurso Nacional “Señorita Venezuela”, mes de septiembre.  No se admitía el vocablo “Miss” de la actualidad. En tal ocasión, Trina Mercedes Reyes, ganó el título Señorita Bolívar en representación de la revista “Hogar” que se editaba en Buenos Aires, pero que circulaba profusamente en la capital bolivarense.  A Trina la conocí siendo maestra y dirigente del MEP.
         El título de “Miss” se puso en boga para el Concurso de belleza 1938.  Miss Bolívar entonces fue María de Lourdes Battistini, para competir en el certamen Miss Venezuela. Ese año, entre las mujeres bellas de Ciudad Bolívar, aparecían Luisa Teresa Acosta, Mercedes Alvarado, Sofia Paravisini, Francia Damián, Catalina Enet, Luisita Sucre (tía de Leopoldo), Esperanza Mares y Olga Puppio, quien llegó a ser Directora de Educación y Cultura del Estado siendo gobierno Copei. Sofía Silva Inserri fue la primera bolivarense electa Miss Venezuela.  Ocurrió el 7 de junio de 1952 en Valle Arriba Club de Caracas.  Fue electa con 90 puntos y sólo tres de ventajas sobre Ligia de Lima, la aspirante más cercana.  Vilma Viana Acosta obtuvo el tercer lugar.  Sofía, nativa de Tumeremo, aspiró igualmente al trono de Miss Universo en Long Beach, pero quedó distante de la representante de Filandia, Armi Kuusela.
         Como Miss Venezuela visitó Ciudad Bolívar invitada por la VII Asamblea Ordinaria de la Federación Médica Venezolana realizada en agosto del 52 y presidida por el bolivarense doctor Said Moanack. (AF)
        



jueves, 22 de septiembre de 2016

ARTE Y RITUAL DE JESÚS ALEXIS


No necesariamente uno tenía que persignarse cuando entraba al Instituto de Artes Visuales Armando Reverón de la calle Igualdad de Ciudad Bolívar, de todas maneras, cuando el visitante penetraba su interior y comenzaba a percibir los signos y mensajes de sus muros, le provocaba santiguarse porque el ambiente era el de iglesia improvisada en una casa antigua de piedra y barro.
         No es que el ambiente fuese constantemente así, sino que intencionalmente había sido dispuesto de esa manera porque se trataba de un homenaje a quien había sido distinguido con el segundo premio “Francisco de Lerma y Villegas”, en el Primer Salón de Arte Religioso, Museo Sacro de Caracas.  Me refiero a Jesús Alexis Bello, a quien conocimos inicialmente como profesor de biología de la UDO y de un tiempo para acá, como pintor y fundador de ese instituto que funcionaba en un inmueble del centro histórico cedido en calidad de comodato y sostenido por la propia comunidad de artistas profesionales y noveles de la escuela.
         La obra premiada  no estaba en la exposición homenaje, lamentablemente, sólo fue posible apreciarla en la portada del catálogo.  Se trataba de una propuesta pictórico – escultórica, identificada “La puerta del redil” y descrita en la nota de presentación como creación de contenido y raíces arcaico – simbólicas, con portal en forma de T o Cruz de San Antonio, que engloba el sentido del tiempo y de Cristo, dejando la lectura de las partes o de su totalidad a la libertad interpretativa.
         Como parte de la exposición - homenaje, fue inaugurada la Sala de Arte “José Martínez Barrios”, pero no había una sola obra de Martínez, en cambio la sala estaba colmada de recreaciones siderales, motivos místicos, hojas secas esparcidas en un rectángulo y los velones que nunca pudieron despejar la eterna penumbra que cobijó la existencia del artista entonces recientemente desaparecido. 
          Jesús Alexis Bello, un romántico de las artes visuales, lanzó por la borda sus años de estudios en el Pedagógico y de experiencia en las aulas de a UDO para ingresar en el Instituto de Arte Federico Brandt de Caracas, donde gastó sus economías para satisfacer una sed casi insaciable de conocimientos en todo cuanto tiene que ver con las artes visuales.
         Pero su estilo estaba desde mucho antes y en cierto modo marcado por un estilo, tal vez kandiskiano, vinculado al comienzo con el lirismo musical de su tía Amalita Bello y los ritos que su bisabuelo el alarife Antonio Valera Villalobos practicaba con cirios y candelabros en los altares de la francmasonería.
         Por allí nos imaginamos que andaba o anda el arte de Jesús Alexis si queremos ver por el cerrojo de la caverna del inconsciente donde suelen ocultarse las impresiones de la edad  kindergarteana que tarde o temprano y de alguna manera salen a flote.  El las ha sublimado en un arte sagrado muy expresionista y los resultados están a la vista, ya con varios premios en distintas colectivas y una buena señal que se puede escribir con la T de San Antonio.


         En la fotografía ilustrativa vemos a Jesús Alexis en un performance ritual muy en sintonía con el ambiente que esa noche experimentamos en la antigua calle La Paciencia que en tiempos de la Colonia así se llamaba la actual Calle Igualdad, aunque usted no lo crea. Los parroquianos lo quisieron de esa manera invocando a Job porque hubo que tener mucha paciencia para verla concluida.  Una vez concluida le cambiaron el nombre por Calle Fajardo, prócer de la independencia, fallecido de fiebre amarilla en Angostura en 1819.  Finalmente los corsos influenciaron al Gobierno para que la bautizaran con una de las tres palabras (Igualdad, Fraternidad y Libertad) del lema de la Revolución Francesa .(AF)

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Aquel tiempo de la Rokola

AQUÉL TIEMPO DE LA ROCKOLA
Ramón Córdova Ascanio, en su antigua Galería Bicentenaria, y so pretexto de una vaca muerta para los artistas del boulevard, realizó una tertulia sobre la Rockola, ese artefacto que ya pertenece al siglo pasado y que, por supuesto, resulta anticuado en comparación con los aparatos de la moderna cibernética.
         Ese artefacto parecido a un robot, pero que no es más que el bendito fonógrafo de Edison llevado a una dimensión descomunal para hacerlo automáticamente operable, de largo tablero numerando los discos de moda, como fueron los de Julio Jaramillo, Leo Marín, Lucho Gatica, Toña la Negra, Pedro Vargas y hasta del mismísimo Luis Sarmiento, nacido y crecido en estos patios del merey y la coroba y quien tuvo el privilegio de bautizar su primer disco, un 45, en el Trocadero de Edelmiro Lizardi, donde parecía imperecedero el sonido de la rockola.
         Allí en ese Trocadero  que antes estuvo por las inmediaciones de la Bomba Taguapire y que después se reubicó por cuestión de moralidad pública en los alrededores de La Campiña, zona rural donde Alberto Minet fomentó una granja que terminó bajo las aguas desbordadas del río San Rafael, tan tímido en tiempo de sequía como revoltoso  durante la estación de lluvia.
         Bueno, decía, que en ese Trocadero del que se saben y cuentan infinitas historias como la del pintor José Martínez Barrios que tomaba champaña en la zapatilla azul de una Cándida Erendira.  En ese Trocadero había una rockola con las más variadas canciones de amor y despecho que tragaba más monedas que una moderna máquina de juego.  Al fin, la rockola también es como una máquina lúdica donde bajo la compulsión etílica y  a la luz de una letra o melodía se pone a prueba como en un juego, la sensibilidad para vencer o terminar en el foso de un amor incomprendido.
         Edelmiro administraba y soñaba con la rockola porque también en medio de aquel lupanar él era una abeja con su corazón herido y un buen día, desengañado,  cerró el Trocadero y se metió  a rockolero.  Se fue a comerciar con las rockolas.  Las hacía reparar con el técnico James Hernández, luego las alquilaba, vendía, y hasta suscribió un contrato de distribución con la Wurlitzer a pesar de Pedro Montes que también era del ramo y tenía su establecimiento frente al Café España.  El comercio de las rockolas era bueno y los aparatos sonaban no sólo  en El Vesubio, el Tibiritabara,  la Estrella Roja, el Caballo Negro, La Cibele,  Le Tucan, La Glaciere, la Luzetti y el Club Buena Vista La Piscina, sino en un bar tan marginal como el Boby Capó del Barrio Negro Primero, donde los despechados solían llorar los desaires intempestivos de sus amadas, escuchando la voz de Lope Balaguer cantando que falta tu me haces, que falta tan inmensa, o aquella que dice yo quiero que tu vuelvas no pongo condición o el amor es uno, uno y nada más, lo demás humo, humo que se va.
         El periodista Enrique Aristeguieta prefería una rockola del barrio Las Moreas que no aceptaba sino monedas de plata, claro, él no las tenía pero sí la señora dueña del negocio que las  facilitaba con ese propósito a cambio de esas otras que rodaban por allí muy devaluadas.  Allí quise una vez llevar a Eliécer Calzadilla, amante de las rockolas además de excelente conversador, pero no pasamos del Tropical Room del barrio La Sabanita hasta que llegó la Guardia Nacional y bajó toda la botillería porque, cosa rara en un lugar tan grato, carecía de licencia. 
         Lo cierto es que Ramón Córdova, quien más de una vez mató su despecho por Granada  al pie de una rockola, frecuentemente en la del Yorako de Cardozo Nilo y Carlito Arteaga, quiso antes de mudarse para la calle La Pica homenajear a la Rokola, para lo cual pidió prestada una de los años 50 al profesor  Juan Camacho. Así muchos circunstantes pudieron enternecerse  con  “Yo se que es en vano, querer en la vida, amor es mentira, traición es dolor, por eso yo digo, con honda amargura, más nunca en la vida, yo vuelvo a querer”. (AF)





domingo, 18 de septiembre de 2016

Los originales del Mensaje


LOS ORIGINALES DEL DISCURSO DE BOLÍVAR EN LA INSTALACIÓN DEL CONGRESO DE ANGOSTURA
El  historiador  Pedro  Grases (en la foto)  hizo  posible  que  el  Señor  Philip  J.  Hamilton    Grierson,  tataranieto  en  cuarta  generación  del  coronel  James  Hamilton,  donara  a  Venezuela  el  manuscrito  original  del  Discurso  de  Angostura,  pronunciado  por  Simón  Bolívar,  el  15  de  febrero  de  1819   ante  el  Congreso  de  la  República   reunido  en  la  capital  orínoquense.
         Los  descendientes  del  coronel  que  tan  decididamente  cooperó  en  la  lucha  por  nuestra  independencia,  hicieron  posible  el  largo  viaje  de  Londres  hasta  Ciudad  Bolívar  y  aquí,  en  la  antigua  Casa  San  Isidro,  en  ceremonia  muy  especial,  los  recibió  el  presidente  Carlos  Andrés  Pérez .  La  joya  histórica  fue  obsequiada  el  12  de  diciembre  de  1975  y  los  guayaneses  rebosaron  de  contento  y  agradecimiento  porque  la  augusta  Casa  del  Congreso  de   Angostura  que  había  sido  restaurada  bajo  el  mandato  del  gobernador  Domingo  Álvarez  Rodríguez,  tendría  su  complemento  más  apreciado  y  podría  exhibirlo  en  un  cofre-fuerte  tal  como  el  Acta  de  la  Independencia  en  el  Salón  Elíptico  del  Capitolio.
         Pero  no  ocurrió  así.  El  mandatario  nacional  desconfió  del  sistema  de  seguridad  local  y  dijo  mejor  estaría  bajo  su  custodia  ese  manuscrito, que  según  nos  informó  en  cierta  ocasión  el  escritor  Manuel  Alfredo  Rodríguez,  el  Presidente  mostraba  con  orgullo  a  todo  personaje  importante  que  recibía  en  Miraflores.
         Cuando  se  preparaban  los  actos  del  bicentenario  del  natalicio  del  Padre  de  la  Patria,  se  planteó  a  la  Junta  organizadora  la  posibilidad  de  gestionar,  como  en  efecto   se  hizo,  la  creación  de  una  unidad  de  la  Guardia  del  Libertador  en  la  Casa  del  Congreso  de  Angostura,  no  sólo  pensando  en  la  prestancia  y  suntuosidad  de  las  efemérides,  sino  en  el  posible  retorno  del  preciado  documento  a  la  ciudad  orinoquense,  pues  demás  está  decir  que  ningún  lugar  es  tan  natural  y  apropiado  para  su  permanencia  y  exhibición  que  la  histórica  casa  donde  fue  prohijado.
         La  ocasión  del  aniversario de la presentación del Mensaje al Congreso Constituyente de Angostura por el Libertad bien, siempre es propicia para renovar  por  parte  de  las  autoridades  o  líderes  de  la  ciudad,  una  reiterada  gestión  en  tal  sentido  para  ver  si  de  una  vez  nos  libramos  del  mote  de  indiferentes  que  suelen  endilgarse  a  los   citadinos  ante  la  desaparición  de  sus  reliquias.  Porque  de  verdad  que  hemos  perdido  unas  cuantas porque cada gobernante o funcionario del poder central o militar se siente con derecho a llevarse una para su casa o su pueblo natal.
         Así se llevaron el fusil de la Batalla Vargas donado a Ciudad Bolívar   en julio de 1972 para ser exhibida en la Casa de San Isidro, por el Cónsul colombiano Omar Nieto Camargo.  Fue fabricado en Francia en 1812  y utilizado por Bolívar en esa batalla.
         Se llevaron para la Iglesia Sana Ana del Táchira las antiguas Arañas de cristal de la Catedral,  se llevaron para la Base de Palo Negro la estatua de Miranda, se llevaron para Maracay los catalejos de Piar, se llevaron de la Biblioteca del estado busto de Gallegos, se llevaron del Instituto de Comercio el busto de Dalla Costa, se llevaron todas las piezas del Museo Talavera, se llevaron de la Cárcel Vieja el Museo Etnográfico y el Territorio Flotante, se llevaron para los Estados Unidos los fósiles del Gliptodonte hallado en los barrancos mineros del Guaniamo, se llevaron de la Casa del Correo del Orinoco pinturas de artistas del Círculo de Bellas Artes de Caracas de hace cien años y cerámicas precolombinas. 
Pedro Grases, a quien los bolivarenses deben los originales del Mensaje al Congreso de Angostura nació en España en 1909 y murió en Caracas 2004: Humanista, intelectual, investigador cuya labor en pro de la educación secundaria y universitaria ha sido ampliamente reconocida en Venezuela y el exterior.(AF)

viernes, 16 de septiembre de 2016

Periodista Pedro Manuel Vásquez


Ningún periodista fue tan maltratado y torturado durante la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez que el margariteño Pedro Manuel Vásquez (extremo izquierdo de la foto y al extremo derecho Eleazar Díaz Rangel).  Perseguido, preso, torturado, sometido a trabajos forzados en el campo de concentración de Guasina y Sacupana y finalmente hasta lograr la libertad sometido en la Cárcel de Vista Hermosa de Ciudad Bolívar.  Este establecimiento penal que se pretendía convertir en modelo para todas las cárceles nuevas que se construyeran en el país, fue infortunadamente iniciada con más de 200 presos políticos que como en la antigua Siberia comunista, pagaban el delito de aspirar vivir bajo un sistema de gobierno democrático, descontaminado de todo autoritarismo.
         En el libro del periodista y profesor de literatura José Vicente Abreu “Se llamaba SN” el periodista Pedro Manuel Vásquez aparece con el nombre de batalla clandestina “Manuel Salazar” y su madre Micaela, fue la única de todas las madres que pudo llegar e instalarse en la isla Sacupana del Orinoco para velar día y noche por el destino ingrato y dramático de su hijo.
         Abreu dice en su libro: “Micaela Vásquez nació en San Juan del Estado Nueva Esparta, el 5 de julio de 1900.  Valiente mujer venezolana, madre del secuestrado político Pedro Manuel Vásquez, se lanzó a recorrer el Delta del Orinoco hasta dar con Guasina tras los pasos de su hijo.  Se refugió en Sacupana y permaneció al lado de los presos hasta el cierre del campo de concentración.  Allí se convirtió en el centro de enlace entre los presos y la calle.  Todos veían en ella la imagen de la propia madre”.
         Pedro Manuel Vásquez fue atrapado por la Seguridad Nacional luego de participar en la fracasada huelga petrolera del cincuenta en Maracaibo.  La persecución fue despiadada. Lo torturaron y fracturaron un brazo. Estuvo seis meses presos en Maracaibo.  La mujer lo abandonó yéndose para El Tigre con sus dos hijos. Lo trasladan a Caracas después, salen en libertad.  Se va a El Tigre en busca de sus hijos.  En El Tigre lo detienen y secuestran.  Al cabo de un mes le dan la libertad y regresa a Caracas.  Se incorpora al movimiento clandestino contra el régimen y lo apresan enconchado en el taller de un Zapatero de Catia.
         Internado en la Cárcel de Pro-patria es candidato seguro como otros tantos, 136 en total, para completar el tercer lote de presos políticos, en su mayoría adecos y comunistas, que debe embarcar en el puerto de La Guaira con destino al infierno selvático de  Guasina.  Aquí a esta isla en la desembocadura del Orinoco llegan los presos políticos del régimen,  hacinados a bordo del vapor “Guayana”.  Entre monte, culebra y mosquitos puyones, los presos son sometidos a trabajo forzado bajo la vigilancia permanente y severa de peinillas y ametralladoras de miembros de la Guardia Nacional y la Seguridad Nacional.
         Las inundaciones de agosto del 52 obliga al Gobierno reubicar a  los presos en el Caserío de Sacupana y desde ella a raíz de las elecciones de noviembre y la presión constante de la comisión de Derechos de la Organización de Estado Americano son trasladados a la Cárcel Modelo de Vista Hermosa, donde sólo salen en libertad los que firman cauciones que los inhabilita políticamente.  Dos días después de la Revolución cívico-militar del 23 de Enero del 58 salen en libertad los últimos presos, entre ellos, Pedro Manuel Vásquez, quien llegará a ser miembro de la Directiva Nacionales la Asociación Venezolana de Periodistas que entonces presidía Eleazar Díaz Rangel y luchador incansable por la Colegiación.
         Como tal concurrió en la VI Convención Nacional de Periodistas celebrada en Ciudad Bolívar en julio de 1968, sesquicentenario del Correo del Orinoco, que me tocó presidir por voluntad de 251 delegados. (AF)
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