sábado, 3 de septiembre de 2016

La Botica de la esquina


El boticario de aquí data desde la propia fundación de Ciudad Bolívar. Crónicas desde 1.766 hablan de un tal Juan Adolfo Von Rossen que hacía trueque de medicamentos por becerros, mulas y tabacos.  Pero es en 1830 cuando Juan Montes Salas, padre del doctor  Ramón Isidro Montes, funda formalmente y con todas las de la ley, la primera Botica en Ciudad Bolívar con las mismas características predominantes hasta mediados del siglo veinte.
       A mediado del siglo veinte, cuando  comenzaron a operar los laboratorios en Venezuela, los medicamentos se importaban, así como la materia prima para prepararlos, la cual venía en frascos de porcelana con los nombres en latín.
         En Ciudad Bolívar la importación era directa desde Europa y Estados Unidos vía el Orinoco. El boticario Laureanito León me contó que en  1.940 abandonó en Caracas los estudios de medicina y retornó a Ciudad Bolívar para desempeñar el papel de boticario que la herencia de su padre homólogo le tenía reservado. Entonces existía la hoy desaparecida Botica El Porvenir de Antonio Rodríguez que vendía Agua del Carmen, sulfas, píldoras del doctor Ross, neosalvarzan, goma arábiga, purgante de higuereta, soluciones de yodo, emolientes y ciertos placebos que más que valor terapéutico tenían un efecto psicológico.
         Eso era en los tiempos de la medicina pre-antibiótica, en que el mortero donde se trituraban las esencias era la pieza más importante de una botica, así como se ve en la foto tomada al doctor Alfredo Hernández, ex presidente del Colegio de Farmacéuticos.
         De ese tiempo era la Farmacia Orinoco que regentaba bajo uno de los portales del antiguo Paseo Falcón, don Laureanito León. Antes tenía el nombre de Droguería y era una de las cuatro boticas que tenía la ciudad y que en 1.940 su Padre compró a Tadeo Shen, un europeo de voz atiplada que vendía de todo y quien tenía estratégicamente ubicado el tradicional “Ojo de boticario” y también un espejo ovalado por donde chequeaba a los clientes.
         Las otras tres boticas eran la Continental, de Jesús Montes; El Águila, de Carranza; la Del Valle, de Jesús Salazar. Todas comenzaron casi con el siglo y de ella  sobrevivían en 1989 la Del Valle y la Orinoco en el Paseo. Otra botica, pero más joven en comparación con las anteriores era La Santana, de Felipe Herrera.
         Y de los antiguos boticarios, sin títulos, pero con una experiencia supervalorada en la cual han abrevado muchos togados, estaban Eduardo Vidal y Laureanito León.
         Laureanito León, al frente de la Farmacia Orinoco, decía tener ocho hijos de los cuales cinco le salieron farmacéuticos con todas las de la ley y siguiendo el mismo sendero de su padre.
         Antes  que su padre la transformara en simple farmacia, la Orinoco había pasado de Botica a Droguería, que vendía al por mayor productos para preparados medicinales, así como específicos importantes.
         -Por supuesto que las farmacias de hoy poco se parecen a las boticas hasta los años 40 del siglo veinte, donde se vendía de todo y el boticario solía sentarse en una silla de cuero inclinada a la puerta en la espera del cliente.
         Cuando en 1989 preguntamos a Laureadito León por qué a su edad de septuagenario y con cinco hijos farmacéuticos persistía en esa actividad, respondió que el hombre es un animal de costumbre y es muy difícil renunciar a esta altura de la edad a algo que ya es parte sustancial de la existencia.
         ¿Y hoy como ayer los médicos mandan a preparar sus recetas?         -Ahora muy poco. Las fórmulas más frecuentes son los antimicóticos que recetan los dermatólogos Francisco Battistini, García Morales  y Miguel Lima Ostos. Antes eran tan frecuentes que el boticario podía memorizar las cantidades de solutos y solventes indicados. Tal vez volvamos a ello ahora que el precio de los medicamentos ha crecido de manera exorbitante.  (AF)


viernes, 2 de septiembre de 2016

La Visita en el Tiempo


Juvenal Herrera (en la foto), fallecido durante los Carnavales de El Callao, 10 de febrero de 1991, me regaló  días  antes de su muerte, el último libro de Arturo Uslar Pietri, “La visita en el tiempo” con la dedicatoria “Para Américo Fernández, el piache de Coche, con el afecto de Juvenal Herrera, Enero 1991”.

         No se por qué siempre me imaginé fue éste un obsequio de despedida en la ocasión premonitoria de su viaje hacia la ultimidad, tanto por lo que le aconteció inmediatamente después como  por el título sugerente del libro.

Casualmente, también el autor de la obra murió en febrero y en tiempo de carnaval.  “La visita en el tiempo” fue ganadora en 1990 del Premio Príncipe de Asturias que anualmente y desde 1981 entrega  Su Alteza Real, en un solemne acto académico que se celebra en Oviedo, capital del Principado de Asturias para contribuir a la exaltación y promoción de cuantos valores científicos, culturales y humanísticos son patrimonio universal.
         Esta obra de Uslar Pietri  es la historia novelada, de Don Juan de Austria, quien en una empresa casi sobrenatural derrota el invencible poderío turco en la batalla naval de Lepanto, donde, por cierto, resultó manco  Cervantes, autor de Don Quijote de la Mancha, la obra más genial y vendida del mundo.
         Arturo Uslar Pietri, quien cultivó con acierto el  género de la historia novelada, fue  además de político, economista, novelista, cuentista, ensayista y literato, un periodista consumado que escribía artículos de fondo semanalmente para la prensa nacional e internacional y ejerció durante años la dirección del diario El Nacional y de su Página Literaria.
         Me tocó ejercer la Corresponsalía de El Nacional en 1969 cuando AUP asumió la dirección de ese diario, entonces, fechada el 28 de abril, recibí una carta suya que fue siempre mi guía como reportero y que debería servir de orientación permanente a las generaciones de colegas que anualmente egresan de las escuelas de comunicación social del país.
         Atendiendo una invitación que me hicieron estudiantes de periodismo de la Universidad Católica “Andrés Bello”, leí y deje copia de esta cata que entre otras recomendaciones y afirmaciones decía que “El corresponsal no es otra cosa que el periódico en su territorio.  Debe estar alerta para conocer verazmente y trasmitir con toda objetividad la información significante. 
“Esa información debe ser ante todo local, pero debe significar algo de interés y curiosidad para todo el país.  No sólo sucesos, sino iniciativas que signifiquen progreso o situaciones que deben ser conocidas.
 “En sus informaciones no debe haber opinión ni inclinación personal, sino noticia cierta de hechos y declaraciones de personas que tengan interés.  En este sentido debe usted tener en cuenta que un diario como El Nacional sufre constantemente de la falta de espacio para poder darle cabida a toda la información que recibe.  Por lo tanto no sólo es necesario enviar información significativa y valiosa, sino además hacerlo en forma más directa y completa, sin palabras ni circunloquios innecesarios.  Un buen reportero es el que dice todo lo que hay que decir de la manera más directa y clara y en el menor número de palabras. 
         “También es conveniente que no nos limitemos a trasmitir exclusivamente sucesos, declaraciones políticas o visitas de personajes nacionales... a veces, más que las declaraciones de un político visitante que repite lo que ya ha dicho en Caracas, tiene interés informar sobre el desarrollo de una nueva industria, sobre la situación de la agricultura, sobre problemas de vialidad o de edificación o de sucesos públicos locales.  Las noticias de carácter económico son de particular interés para la región y para todo el país”. (AF)


miércoles, 31 de agosto de 2016

El Creador de la Orden Congreso de Angostura


Asdrúbal Aguiar (en la foto), personaje vinculado al Estado Bolívar desde los tiempos del gobernador Manuel Garrido Mendoza, es el creador de la Orden Congreso de Angostura, de gran prestigio internacional hasta que algunos Gobernadores la relajaron otorgándola a diestra y siniestra distante de las motivaciones conceptuales de la Orden.
Se instituyó por una Ley de la Asamblea Legislativa conforme a un anteproyecto presentado por Aguiar, entonces Secretario Privado del Gobernador  arquitecto Manuel Garrido Mendoza (1970-1974).
El anteproyecto fue presentado el 21 de enero de 1971 al Poder Legislativo Regional  y tuvo como fundamental objetivo, establecer una forma  permanente, con la cual dignificar la importancia histórica de uno de los hechos más transcendentales de una Epopeya Libertaria, motivadora de la estabilidad de nuestras instituciones y fiel gestor de la nacionalidad.
Asdrúbal Aguiar, hermano de Hermágoras Aguiar, quien fue Presidente Ejecutivo d la Electricidad de Ciudad Bolívar, salió de Ciudad Bolívar ungido de la buena fortuna pues desde entonces ha enaltecido sus estudios profesionales y ocupado los más relevantes cargos a nivel nacional e internacional.
Egresado de abogado en la Universidad Central de Venezuela consiguió el master en dicha Universidad en Derecho de la Integración Económica y así como un Curso de Postgrado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Diplomado como Especialista en Comercio Internacional por la Libera Universitá Internazionale degli Studi Sociali (LUISS) sita en Roma y Doctor en Derecho Summa cum laude por la Universidad Católica Andrés Bello ubicada en Caracas.
Profesor y catedrático en varias universidades, así como ensayista y escritor además columnista de la prensa. Ejerció como Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos,  ocupó el cargo de gobernador del Distrito Federal  entre 1994 y 1996 designado por el gobierno del presidente Rafael Caldera, además de desempeñarse como Ministro de la Secretaría de la Presidencia y de Relaciones Interiores bajo ese mismo Gobierno.
En Paris fue designado Presidente de la Unión Latina, organización internacional e intergubernamental creada en 1954 por países de los cinco continentes con lenguas oficiales derivadas del latín.
         La noticia de su importante jerarquía internacional fue placentera para los bolivarenses y para Venezuela porque fue el primer hispanoparlante en presidir la Unión Latina, organización que cuenta con 35 estados miembros, entre ellos, naciones de habla española, portuguesa, italiana, francesa y rumana y aunque parezca raro, también está Filipinas, archipiélago del sureste asiático, cuya incorporación se hizo tomando en cuenta sus orígenes hispánicos.
         La Unión Latina que al comienzo de su formación tenía como objetivo fortalecer y promover los valores de la latinidad sigue sujeta a ese principio, pero ahora con el advenimiento de la llamada globalización piensa a través de su nueva autoridad  que su papel ahora en tal sentido es más riguroso, amplio e importante. 
         Aguiar en sus primeras declaraciones dijo entonces que si el problema planteado por la globalización es el avance de la humanidad hacia el pensamiento único con lo cual los modelos políticos, económicos y culturales tendrían que responder a un único patrón, o a una unidireccionalidad intelectual, nada más apropiado entonces que la Unión Latina defienda el patrimonio de la latinidad como elemento de diversificación de tales patrones.   Últimamente Aguiar ejercía, no se si todavía,  la docencia en Argentina.(AF)




lunes, 29 de agosto de 2016

La familia de las cuatro letras


Así me dijo el Comisario Cirilo Perdomo (en la foto) que se llamaba internamente  el Cuerpo Técnico de la Policía Judicial.  Me lo dijo en la ocasión de averiguación contra un empresario minero que me había suministrado información documental publicada en El Nacional, sobre la actuación de funcionarios de ese cuerpo y la Guardia Nacional. 

          No transcurrió muchos días sin que el empresario minero fuera a parar a La Pica, con lo cual los dos organismos de investigación y seguridad quedaron virtualmente exentos de culpa, lo que no significa que en las prenombradas familias no haya ovejas negras, pues en la viña del señor, como bien reza la Biblia, inevitablemente nunca deja de crecer la mala hierba, con la cual, por supuesto, el labriego debe permanecer alerta, hoz en mano, para que el cultivo no se arruine.

         El CTPJ era muy bien cultivada a pesar de la maleza que algunas veces  le introducen  las correntías y, el 20 de febrero de 1991 cuando cumplió 43 años aún no le habían cambiado el nombre por el que ostenta ahora, tan largo como tan difícil de memorizar  o romper con la tradición.

Este cuerpo fue creado en 1958, por la Junta cívico- militar presidida por el Contralmirante Wolfgan Larrazábal Ugueto,  como órgano auxiliar del Poder Judicial que hasta entonces se valía de la funesta Seguridad Nacional.
         La Seguridad Nacional era un organismo híbrido, mezcla de policía de estado policía judicial, que se prestó para condenables situaciones de hostigamiento, coacción, tortura y persecución política en aras de un gobierno de fuerza repudiable por ilegítimo, agresor de los derechos ciudadanos y de la dignidad  humana.
La PTJ, nacida al calor de un gobierno de facto pero en función de la Democracia, acabó con la Seguranal que malogró vidas, lesionó reputaciones y se auto -levantó un expediente de policía funesta y malvada.
         Los Tribunales de Justicia contaban con una Policía preventiva y represiva, pero al mismo tiempo científica, que perseguía y combatía el delito donde quiera,  coadyuvando así a la estabilidad y protección social.
         La edad de la antigua PTJ en  Venezuela es, si se quiere, la misma de las Seccionales y Delegaciones más importantes del país, entre ellas, la de Ciudad Bolívar establecida bajo la dirección del amigo Carlos Guzmán Vera, a quien siempre persiguió el fantasma del suicidio. La de Ciudad Guayana fue creada en 1983 por el gobierno de Luis Herrera Campíns atendiendo a su crecimiento poblacional, al alto índice delictivo y al establecimiento allí de un nuevo circuito del Poder Judicial.
         A nivel nacional la PTJ creció, se tecnificó y abrevó en los adelantos que se producían en las mejores policías del mundo como la norteamericana, la francesa, la inglesa y la Israelí para perfeccionar sus métodos, sistema y mantener una depuración constante en aras de su eficacia, fortaleza, confianza y credibilidad social. En esa dirección procuraba que sus miembros fuesen licenciados universitarios formados a través de núcleos y delegaciones en las regiones del país. En tales núcleos los funcionarios podían en un año optar al grado de detective y luego de cuatro años más de estudios a distancia, optar a la licenciatura de ciencias criminales.
         No se si mantiene hoy la misma estructura y marcha al mismo ritmo profesional de antes cuando yo era corresponsal de El Nacional y me tocaba visitar diariamente a Guzmán Vera montado en su oficina en los altos de la Casa Capella. Hoy la antigua PTJ se llama conforme a la Ley promulgada en enero de 2001 “Cuerpo de Investigaciones, Científicas, Penales y Criminalísticas”.  Ahora, Señor Perdomo, es la familia de  las cinco letras (CICPC).  (AF)






domingo, 28 de agosto de 2016

El Bachiller Noel Valery

El 27 de agosto de 2016 dejó de existir el Bachiller Noel Valery, quien fue Presidente del Concejo Municipal de Ciudad Bolívar y Presidente Regional de la Junta Patriótica que derrocó al dictador Marcos Pérez Jiménez,
El doctor Carlos Valery me llamó  para informarme de este conmovedor suceso que cortó la vida de su padre a la edad de 98 años en la casona de la Avenida Táchira en donde desde los años cuarenta también vivió su Padre don Natalio Valery, luchador incansable por el avance social y económico de la provincia.
En la gráfica de mejores tiempos lo vemos junto con el pediatra que también fue presidente edilicio,  doctor Carlos Hernández Acosta y el gobernador Luís Felipe Goubat)  tertuliando sobre los problemas de la ciudad capital.
El  26 de abril celebró sus 98 años, pues nació en 1918, cuando Ciudad Bolívar aún se reducía a lo que hoy denominamos Casco Histórico.
Noel Valery siguiendo el ejemplo de su Padre, realizó obras perdurables para el desarrollo urbano de Ciudad Bolívar cuando ejerció la concejalía y Presidencia de la Municipalidad del entonces Distrito Heres.
         Hijo de Don Natalio Valery Agostini y de Maria Ana Caballazzi La Cava, trató como su padre de origen francés, de seguir las huellas de este como maestro de la masonería, empresario y político.
         Así llegó a ser concejal y Presidente del Concejo Municipal, luego de haber sido Gerente fundador de la  “Embotelladora Orinoco” en 1947, fabricante de la famosa bebida internacional “Coca Cola” y de la “Gaseosa V” con extensiones en las poblaciones de Upata y San Félix de Guayana.
         Llegó a la Presidencia del Concejo Municipal de Heres en 1964-1965 para suplantar en la misma a Miguel Vicente Trota y tras haber sido presidente de la Junta Patriótica en el Estado Bolívar a raíz de la revolución cívico militar estallada el 23 de enero de 1958, la cual dio al traste con la Dictadura del General Marcos Pérez Jiménez.
El 5 Diciembre 1964 los bolivarenses fueron convocados por el Presidente Municipal Noel Valery para conmemorar la Batalla de Araure con la inauguración de la Plaza José Antonio  Páez en la urbanización Vista Hermosa. Así mismo ese mismo día inauguró la Plaza Francisco Pancho Contasti Gerardino en la zona oriental del cementerio, justamente en la Calle La Manga de Pero Seco. Los bustos en las peanas de ambas plazas fueron realizadas por el artista hispano Julio Manuel Barreiro Rivas, el mismo escultor que en 1969 modeló el Jesucristo de barro negro de 11 metros de alto en los morichales a San Salvador de Paúl.
El 23 de Mayo 1965, dentro del año Bicentenario de la fundación de la ciudad, fue inaugurado el Hipódromo Municipal Angostura en la zona del Jobo Liso por el bachiller Noel Valery y el presidente del centro hípico Antonio José Grimaldi
El primero de septiembre 1965 el bachiller Noel Valery, a nombre de la Municipalidad Heriana impuso a Monseñor Constantino Maradey Donato las Llaves de la ciudad.  El acto ocurrió en la Terminal del Aeropuerto en medio de una nutrida manifestación de parroquianos, jubilosos por haber sido el paisano elevado a la jerarquía de prelado como primer obispo de la Diócesis de Cabimas en el Estado Zulia.
Noel estuvo al frente de la firma N. Valery Agostini e hijos ("La Comercial Orinoco") con representaciones de firmas tanto nacionales como extranjeras. Asimismo cuando su padre abrió las plantas embotelladoras de Coca Cola y Gaseosas "V", en esta ciudad y en los poblaciones de Upata y San Félix, con la denominación comercial de C. A. "Embotelladora Orinoco" que funcionó en edificio propio construido en el Paseo Orinoco.
La Coca Cola llegó a Ciudad Bolívar por primera vez en 1941.  La botella costaba un real y los guayaneses buscaron la novedad hasta que al año siguiente, junio de 1942, llegó la competencia.  “Llegó la Pepsi-cola” decían los parroquianos bolivarenses a través del comerciante julio Paván. Hacía treinta años que la The Pepsicola C.A,  en Long Island City había dado a conocer al mundo la agradable gaseosa.  Entonces fue cuando la Coca Cola, a través de don Natalio Valery instaló en junio de 1947 una planta embotelladora.  Entonces, una caja de 24 botellas costaba cuatro bolívares, Pero, la Pepsicola terminó avasallando el mercado montando plantas en Ciudad Bolívar y Caroní, llevando a la quiebra la Coca Cola de los Valery.  (AF)


jueves, 25 de agosto de 2016

LA MÚCURA SE HUNDIÓ EN CARNAVAÑ


“La múcura está en el suelo, mamá, no puedo con ella / Me la llevo a la cabeza y, mamá, no puedo con ella / Es que no puedo con ella”.  Este porro colombiano de Tulio Fuentes de los años cincuenta, según me han dicho, volverá por sus fueros.  Como que es la moda.  Está resucitando la música del pasado así como José Luis Rodríguez resucitó la de los Panchos.  Siempre es  bueno que suceda, al menos en este caso de la múcura,  para dar a conocer una expresión indígena que el avance de la civilización ha ido sepultando en el olvido.  Porque la múcura es vocablo cumanogoto y tamanaco, según el diccionario folclórico del amigo Juan José Ramírez.  Claro, nuestros antepasados  no decían múcura sino mukra.  En Colombia y Bolivia también es común el término.
         Se trata de un ánfora de barro, o más criollo, de un tinajón de barriga esférica, cuello largo y boca ancha, utilizado antes para cargar agua en la cabeza o en el cuadril y  también  para enterrar sus morocotas quienes poco confiaban de la banca.
         Este recipiente de barro crudo fue popularizado en una canción en forma tal que el nombre, por asociación o figuración, se lo endilgaron a autobuses, carretas, barcos y ratoneras.  En Ciudad Bolívar fue popular una chalana construida por Alberto Minet y echada al río con ese nombre, para trasbordar los vehículos entre una costa y otra del Orinoco, pero tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. La chalana se hundió en febrero de 1952, martes de carnaval, entre la isla  Degredo y la Piedra del Medio.
         La chalana había zarpado de Soledad con 2 camiones zorra cargados de palas mecánicas para una compañía minera, más sus respectivos conductores, ayudantes, un pasajero y los tripulantes de la embarcación.  Zaspó y no arribó a su destino porque se hundió y desaparecieron bajo las aguas el conductor Vicencio Verdú y su ayudante Octavio González.  Los demás sobrevivieron a este naufragio que opacó la alegría del Carnaval y del que se estuvo hablando por mucho tiempo.  
Hasta se especuló atribuyéndolo a la hidra de siete cabezas que según una vieja leyenda mora bajo la Piedra del Medio.
         En esa oportunidad, la guaracha hizo mutis en los escenarios y emisoras.  En cambio, cuando Marcos Pérez Jiménez fue derrocado por el golpe cívico militar del 23 de enero de 1958, los medios radioeléctricos no encontraron una música más apropiada  y asociada al acontecimiento que  “La Mucura” en la voz grabada de Víctor Piñero.  La verdad es que nada era tan parecido a una múcura que el célebre gordito de Michelena, sólo que el cuello, en vez de largo,  era corto, pero estaba en el suelo porque  el pueblo ya no podía ni lo quería.
         La responsabilidad de Minet quedó intocada, pues se comprobó que La Múcura se hundió no porque se la haya tragado la hidra sino por exceso de carga.  Fue la primera chalana de hierro construida por Minet recién llegado de Francia y por encargo de don Antonio Levanti asociado con Planchar, quien era dueño de una bomba de gasolina y un taller de reparación de vehículos.
A la orilla del río, cerca de la las instalaciones de los depósitos de combustible de la Creole, Minet construyó  un cobertizo para construir la chalana y que al mismo tiempo le sirvió de oficina y  cuarto de dormir.  El señor Planchar no estaba convencido de que una chalana de metal flotara siendo el hierro tan pesado.  Minet le apostó la escopeta que él le había prestado para cazar patos en la laguna. Si el barco se hunde más arriba que la línea de flotación, la escopeta es mía le dijo Minet. Cuando se convenció que La Múcura flotaba y que había perdido su escopeta, “Me la entregó arrepentido de haber dudado de mí”. Me contó Minet, quien de ninguna manera la aceptó.   La segunda chalana construida por Minet fue la de Olivieri para el Paso de Caruachi en el Caroní. (AF)


miércoles, 24 de agosto de 2016

El Periodista Cruz Moreno Seijas:

Mi compadre, el periodista Cruz Moreno Seijas, murió en el umbral de los ochenta en el 2023, pues nació en Maturín el 24 de agosto de 1941, Día de San Bartolomé, patrono de los sastres, pero Moreno nada de sastre tuvo sino los trajes que ellos cortan y que él siempre lució muy bien igualando en el gusto del buen vestir y de la moda a gente como León Guevara Enet. Vivió en ciudad Bolívar desde 1959, cuando contaba 18 años de edad. Vino como asistente de su hermano Jesús Moreno que operaba un Linotipo en la Editorial Talavera editora del diario “El Bolivarense” donde prácticamente Morenito se hizo periodista de tanto imponer lingotes de plomo caliente. Moreno es hijo de una indígena conocida en la tierra del Guarapiche como ”Doña Bárbara” por el parecido que tenía con el llanero, personaje de la novela de Rómulo Gallegos, solo que el marido padre de Morenito no se llamaba Santo Luzardo ni nada tenía que ver con él toda vez que su padre Cruz Moreno era de origen vasco aunque nunca pudo dominar la lengua Euskera, propia de esa etnia hispana y la más antigua del continente europeo. Moreno Seijas trabajó como reportero y alguna veces como Jefe de Información en casi todos los periódicos de Ciudad Bolívar (El Bolivarense, El Luchador, El Expreso) y Ciudad Guayana. También como Jefe de Prensa de la Gobernación del Estado Bolívar en tiempo de los gobernadores copeyanos y siendo Tomás Chino León, Jefe de Relaciones Públicas. En resumen este colega que siempre y en los momentos más atribulados andaba con una sonora sonrisa, fue profesional muy práctico y sobre todo leal, trabajador, critico de sí mismo y de los demás, un poco tímido, pero muy servicial. Casado con la Guía de Turismo, Ana Farfán, con la que tuvo cuatro hijos, entre ellos, la ingeniero Andreína Moreno, ejerciendo en el Ecuador, sumados a otros muchos que tuvo por fuera en sus andanzas reporteriles. Y aunque usted no lo crea, Morenito llegó a ver un Platillo volador. A partir de 1963 que es cuando la redacción del periódico lo toma en serio y le publica la primera noticia remunerada. Entonces para ser miembro de la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP) y él lo fue, era uno de los requisitos que el periodista viviera de la profesión. Pero Moreno había puesto en práctica y a prueba su vocación desde mucho antes, cuando su hermano mayor que era linotipista del diario El Bolivarense lo adoptó como ayudante. Entonces barría el taller y colocaba los lingotes de plomo recién salidos del crisol del Linotipo en la dura mesa de imposición. Antes de aprender a redactar con los rudimentos primarios de su educación escolar recibida en Maturín se sumergió en el ardoroso ambiente de la impresión en caliente donde los gráficos se entendían o comunicaban con un lenguaje muy propio que el periodista de hoy seguramente ignora. En ese lenguaje que al principio le parecía enrevesado, Moreno aprendió el significado de los vocablos chivatear, regletear, galeras, interlineados, bastardillas, miriñaque, rastrillo, picas, refilar, ludlow, monotaype, esterotipia, tipómetro y tantos otros términos que a la perfección dominaba entonces el mocho Lexilé Narváez, aficionado al cine súper ocho al igual que Marcos Dinelli que terminó siendo camarógrafo de RCTV. La mortificación de Cruz Moreno era el lead de la noticia más que su estructura piramidal. Cada vez que comenzaba a redactar un suceso se levantaba de la sonora e incansable Remington y se dirigía a la dirección a consultarme si había acertado con el hexámetro técnico de las circunstancias: Qué, quién, dónde, cuándo, cómo y por qué. Al fin se soltó el moño y comenzó a mejorar su situación allí y con otras chambas que le fue posible conseguir para pagar la pensión de la calle El Progreso. Incursionó en la radio, llegó a dirigir a Bolívar Visión y también el Correo de Guayana, un diario de vida efímera que circuló en la Zona del Hierro en 1968, fundado por el colombiano Jairo Agudelo. Este periódico se resteó con el periodista José Manuel Rojas cuando un juez le dictó auto de detención atendiendo a la demanda del corredor público Edmundo Mattei y es más, Cruz Moreno Seijas, se declaró en huelga de hambre junto con los periodistas de Ciudad Guayana César Díaz (Solito) Decán, Eduardo Santana, Nolasco Guarisma Álvarez, Héctor Lara y Luis Alfonso Amario, este último incorporado a la huelga por instrucciones de la AVP local, para cubrir la ausencia del colega Nolasco Guarisma Álvarez, detenido en ese mismo día por la tarde acusado de estar flirteando con los guerrilleros. De todos los periodistas es el que mejor se comunica con el sector militar, seguramente porque un familiar suyo fue alto oficial del Ejército, muerto, por cierto, en un asalto. El mismo Cruz Moreno en dos oportunidades ha sido atracado. De nada le sirvió el curso de Corresponsal de Guerra que lo apegó más al sector militar. Una vez en una asamblea de la AVP se presentó con una indumentaria de soldado y lo hicieron correr sus colegas. Siempre anda bien vestido y una época hubo en que competía con Lira Puerta, director de El Bolivarense. La costumbre de vestir bien le quedó desde que fue jefe de Prensa del Poder Ejecutivo en tiempo de los gobernadores Andrés Palazzi y Eduardo Oxford Arias. En la noche del 9 de enero de 1969 una esfera luminosa estuvo inmóvil sobre el Puente Angostura del Orinoco y luego se desplazó hacia el Sur hasta desaparecer, según dieron a conocer a la prensa regional y nacional el director de la emisora “Ecos del Orinoco”, un dirigente juvenil de COPEI y numerosos habitantes del barrio La Sabanita. Juan Parra Tovar, director de “Ecos del Orinoco” y el dirigente socialcristiano Cruz Moreno Seijas, informaron que a las 9:45 de la noche vieron posarse a considerable altura y en dirección vertical sobre el Puente Angostura “una esfera blanca esplendorosa, con un punto rojo luminoso que estuvo allí detenida por espacio de 15 minutos y finalmente se desplazó hacia el Sur hasta desaparecer”. Explicó Parra Tovar, que el sábado por la noche por primera vez apareció el objeto luminoso en el cielo. El se hallaba entonces estacionado con su vehículo en el Puente “La Campiñas” de La Sabanita y que el domingo por la noche volvió a seguirle la pista al objeto, acompañado de Moreno Seijas y su familia. Estos constataron lo que antes habían escuchado con escepticismo. Lo dicho por los informantes fue corroborado más tarde por el Operador de la Torre de Control del Aeropuerto, Daniel García y numerosos habitantes de la avenida Sucre, quienes dijeron haber observado la trayectoria extraña del objeto luminoso. El pintor Rafael Torrealba, cuando pertenecía al departamento de extensión cultural de la UNEG y a la dirección de Cultura de la Alcaldía, contaba a sus alumnos de artes plásticas las experiencias vividas en Maracay con los platillos voladores. “Los ovni son una realidad que yo he vivido” solía decir y aseguraba haber visto varios además de dar cuenta de un grupo denominado “Misión Cristiana Fe Renovada” que visita Venezuela a través de ellos.(AF)