lunes, 11 de enero de 2016

Hernán Gamboa finalizó en Argentina



Hernán Gamboa, el hijo del bandolinista Carmito Gamboa se fue a morir a la Argentina de donde era su esposa...  Fue uno de los fundadores de Serenata Guayanesa, había cumplido sesenta años de músico dedicado al cuatro, sesenta años cultivando hasta la última posibilidad ese instrumento musical, hijo mayor de la guitarra, que es el tradicional cuatro venezolano.
Sesenta años Hernán Gamboa exprimiendo las posibilidades del cuatro que en sus manos eran verdaderamente asombrosas.  Sesenta en setenta de vida que vimos vertidos fructíferamente en 50 producciones discográficas.
Vimos por última vez a Hernán Gamboa invitado por el Museo de Arte Moderno Jesús Soto, que le abrió sus jardines, el primer domingo de abril de 2006.  Este espacio, como lo declaró el talentoso músico de estos lados del Orinoco, otorgó  especial significación debido a su relación con Ciudad Bolívar y con el maestro de la escultura dinámica, a quien lo unió una antigua y fuerte amistad.
Luego de su actuación el 2006 en Ciudad Bolívar, Hernán Gamboa continuó gira por San Tomé, El Tigre, Punta de Mata, Maturín y finalmente Caracas.
El músico y compositor, antiguo integrante del Conjunto Serenata Guayanesa,  vino aquella vez cargado de dos nuevas producciones musicales,  Sentir de mi tierra, donde hace un recorrido musical por todo el territorio musical nacional, y  Tangos en 3 x 4, acompañado del afamado violinista uruguayo Federico Brito, las producciones musicales 45 y 46 respectivamente de su amplio quehacer musical.
         Hernán Gamboa, siendo director del Canal del Estado, me hizo una entrevista televisiva sobre el Correo del Orinoco, en el propio inmueble donde fue editado el hebdomadario de los patriotas.(AF)

domingo, 10 de enero de 2016

EL TINAJERO DE ANGOSTURA



Quién desde su invento artesanal y hasta muy avanzado el siglo XX, no tenía en su casa un Tinajero bien provisto de agua dulce, cristalina y fresca de algún manantial?  Claro, que los pobres, si acaso, sólo tenían la tinaja con agua sin destilar o, cuando menos,  la perola donde venía la manteca  “Los Tres Cochinitos” y otras sustancias domésticas envasadas.
La casa más preciada de Angostura disponía de un Tinajero o armario en forma de pirámide trunca hecha de madera roble o alcornoque.  Arriba una piedra parecida a una oronja invertida, porosa y corrugada, donde se vertía el agua de manantial que lentamente y gota a gota iba filtrando hasta el bernegal y finalmente hasta esa primitiva vasija de barro, barrigona  de cuello angosto que es el añorado tinajón.
En la casa donde se reunió el Congreso de Angostura en 1819 y que además de Colegio servía de hogar a sus rectores, había un viejo Tinajero  al cual le cantó el poeta  Héctor Guillermo Villalobos, quien nació y creció en esos legendarios como históricos y acogedores espacios:
 “Cansado a la sordina preside la tertulia / Su edad –la saben todos- es la del abuelo / y en ambos sueña historia la paz del centenario / decano de los muebles  ¡bravo roble abolengo!”
Ese desaparecido Tinajero del Colegio Federal vio pasar y crecer no sólo a los que allí nacieron y crecieron como el poeta nativista, sino a personajes de la historia y la cultura bolivarense como Ramón Isidro Montes, José Manuel Agosto Méndez, Luis Felipe Vargas Pizarro, Ernesto Sifontes y otros de más allá como el explorador del Orinoco y la Amazonía,  Francisco Michelena y Rojas, el insigne matemático Olegario Meneses, al poeta fundador del diario El Universal, Andrés Mata, al novelista irreverente colombiano  José María Vargas Vila, al geógrafo y militar italiano Agustín Codazzi.
En esa Casa de Angostura, a un paso de la Plaza Mayor, vivió el poeta como tantos otros.  Allí lo acunaron con el arrunango indígena en esa mismita casa  convertida en asiento del Colegio Federal que dirigía su padre Guillermo Tell Villalobos. Allí nació con médico y partera el 20 de julio de 1911, a pocos días de haberse estrenado el Himno del Estado y de haber llegado la luz eléctrica a sustituir la vacilante luz de acetileno. La casa aunque revestía la austeridad académica, no podía deshacerse del propio ambiente hogareño, de la serenidad de los tejados arropando las neuralgias y los ruidos, ni del patio de helechos ni del tinajero musical.
Ahí el tinajero solía presidir las interesantes tertulias nocturnas. Para el poeta era un bravo roble abolengo. Significaba mucho más que el presuntuoso piano de cola. Los había visto crecer a todos en la casa, la casa grande, fortaleza de paz, abundante de amor en la tinaja roja del tinajero. Y si bien la abuela Mercedes lo arrullaba con su arrunango, el noble tinajero, con su tic tac sonoro de gotas pausadas, arrullaba siempre la siesta de la abuela que parecía alfarera de sueños fabricando aquellos ladrillos con los cuales construía fantásticos edificios colmados de fuentes cuyos penachos crecían como el árbol que los pájaros pretendían estirar hasta el empíreo.
Tía Victoria también tenía un Tinajero y todas las mañanas cuando el burro del patio rebuznaba y cantaba el moriche, la abuela Isabel (Beca) trasegaba el agua de lluvia del tanque mayor debajo del tejado a la piedra singular y porosa del viejo y noble Tinajero.  El agua fresca y rezumada cuando no venía del tanque venía del jaguey cercano al morichal de San Isidro o de Las Tinas o de Ojo de Agua y así cuando los muchachos regresaban de la escuela, iban directos y gozosos a calmar la sed del estudio en ese raro mueble de paredes y puerta rejadas como ventana andaluza.  (AF)


sábado, 9 de enero de 2016

La tumba de Rudolf Ferdinand Gross

viernes, 8 de enero de 2016

PARE LA OREJA CAJARO



Eran los tiempos de la consigna “Jóvito levántate”, de “Arturo es el Hombre” y de Prieto usando como símbolo de su campaña la Oreja. En este caso, la oreja aludía al hombre de las orejas exageradamente grandes como eran la del Maestro Prieto y luego, al virtuoso arte de escuchar, o de saber escuchar, muy distinto a oír, que ha simbolizado siempre una oreja sugerente o estéticamente bien pintada.
Símbolo también de Arturo Uslar como candidato presidencial era la campana.  Por eso, recordando al novelista Ernest Hemingway, muchos militantes satíricos preguntaban “¿Por quién doblan las campanas?”  Y ellos mismos respondían: “doblan por el pueblo que se está muriendo de hambre”.  En cambio, los otros proclamaban que la campana del pueblo mejor la escuchaba el hombre que tenía las orejas aguzadas, nada bajas y muy cerca del badajo.
Prieto sabía escuchar a la gente, pero más a los estudiantes, a los docentes o al magisterio entero, por eso quizá siempre fue Maestro para todo el mundo y si las chicas lindas lo adoraban y lo abrazaban como la que aparece en la foto, no era precisamente por sus orejas de jamelgo sino por su talla y por la otra estatura, la del talento, que pesaba más que la moneda imaginaria de los griegos.
A pesar de haber estudiado en Margarita, específicamente en la capital del estado Nueva Esparta, La Asunción, a Prieto lo conocí yo personalmente en Ciudad Bolívar, en una nocturna reunión en la casa de la poeta Mimina Rodríguez Lezama que sentía veleidades por la gente de izquierda.  Entonces, entre los muchos poemas de la noche, leyó uno escrito por él en la ocasión de visitar la isla de Coche: “En aguas de esmeralda sumergida / cual cetáceo tendido entre las olas / se anuncian los repechos de la isla”, decía la segunda estrofa.
Uno de los circunstantes saltó la barrera de la conversación literaria y le preguntó por qué un adversario político desde la tribuna dijo que él era “copeyano”.  Es cierto –dijo Prieto.  Nunca he renegado de mi gentilicio.  Yo nací en uno de los cerros que circundan el valle deLa Asunción: el Cerro Copei”.
Allí en la pequeña finca, sus padres tenían un burrito “que hubiera querido que se llamara “Platero” como el de Juan Ramón Jiménez, porque era amoroso, suave y tierno como el algodón”.
Cando el Sol comenzaba a brillar allá por el Cerro de Matasiete y se ocultaba por el colonial castillo de Santa Rosa, más allá del dique de Guatamare,  bajaba el desgarbado muchacho que era Prieto, trotando en su burrico a vender leche a ciertas familias de la ciudad como a los Albornoz Martínez, los Verde Rojas, los  Rosas Marcano, a la familias de la maestra Nuncia Villaroel a la familia del  maestro Pibernad, director  de la Escuela Francisco Esteban Gómez y al párroco de la Iglesia,  padre carmelita Agustín Acosta, quien agotó los espacios de los muros de la iglesia colonial haciendo nichos para los santos de su devoción.
Una vez el maestro Prieto lo criticó y desde entonces, dicen, los “ñeros” que se hizo de izquierda y anticlerical. Tanto que cuando fue Presidente del Congreso abandonó el Palacio de Miraflores durante una ceremonia, porque lo sentaron, no al lado del entonces Presidente Rómulo  Betancourt como le correspondía dada su jerarquía estatal,  sino después y al lado del arzobispo monseñor Humberto Quintero.
Lo que en materia de anécdota ocurrió con el periodista Víctor Mendoza Yajure en el Terminal Aéreo de Ciudad Bolívar, fue para coger palco, al tratar de entrevistarlo sobre el mismo tema de la rueda de prensa ofrecida minutos antes:  “Maestro, por favor, podría repetirme lo dicho por usted en la rueda de prensa, pues el grabador me ha fallado”.  “Caramba, chico, si el grabador no sirve pues… ¡Pare la oreja, cajaro!” (El cajaro es un bagre del Orinoco.(AF)

miércoles, 6 de enero de 2016

EL ANTIGUO TRAPICHE DE LA CARIOCA

En la Carioca existió por mucho tiempo este trapiche que vemos en la fotografía, movido por dos obreros para exprimirle a la caña el jugo con el cual se fabrica el papelón, el azúcar blanca o moscabada y el ron blanco de 50 grados que tanto, de un solo trago, disfrutan nuestros hombres del campo antes de entrarle de lleno  a un joropo “yuqueao” con bandola de ocho cuerdas.
         El trapiche o molino movido, según la circunstancia, por tracción animal, vapor o electricidad cuando no por brazos humanos como en este caso, se conoce en Ciudad Bolívar desde los lejanos tiempos de la colonia.  Este de La Carioca estaba conectado con un sembradío de caña de la mima semilla que los españoles trajeron de Java y la cual ha hecho de Cuba, no sabemos si todavía, el quinto productor de azúcar del mundo.
         Al sembradío los guayaneses lo llaman Cañameral y para cortar la caña a los ocho meses de sembrada, lo hacían con machete Collins bien afilado y botas largas de cuero por temor a las mapanares que se confunden con las hojas lanceoladas del cañaveral.
         El refresco o piscolabis de los guayaneses desde tiempos de la colonia hasta muy avanzado el siglo veinte, era el guarapo extraído de la caña dulce.  Era tanto la demanda, sobre todo durante los primeros meses del año signados por una temperatura sofocante, que la Real Hacienda  y posteriormente el Gobierno Supremo de la República, instituyó el Estanco del Guarapo con el fin de recabar fondos dirigidos a la construcción de obras públicas.  Las rentas del Estanco del Guarapo estuvieron en un principio dirigidas a costear los trabajos de la Iglesia Catedral, pero el Gobernador Centurión los desvió para terminar la Cárcel.
         Para ese tiempo, la caña era sembrada en los predios del Morichal o Casa de San Isidro por los dueños de la finca Rafael Vélez y sus hermanos Agustín y Francisco.  Especialmente las siembras se hacían a las márgenes de las lagunas.  Por concepto de la venta del guarapo  y aguardiente de caña, sal y tabaco entraban buenas rentas a la Real Hacienda.  Su reglamentación aparece publicada por decreto en el Correo del Orinoco en 1819.
El Trapiche de La Carioca surtía del jugo de la caña a la Alambique de Amores y Amoríos, pero la importación de ron de todas partes acabó con la producción local.  Este çalambique era  administrado por su propio dueño, un norteamericano de apellido Dubuc, que fabricaba un ron de cincuenta grados que se distribuía por toda la ciudad y fuera de ella. Sólo sobrevive la campanilla del portón con la cual se anunciaba la clientela.  La misma se halla en poder del coleccionista Juan Camacho.
  Solo quedó en Guayana el Alambique de Guasipati fundado por Pedro Juan Unshelm  después que murió su padre en 1900.  De manera que Pedro Juan instaló el primer Alambique del Yuruari, fabricante del popular aguardiente Los Bucares.  Pedro Juan murió en 1944 y Pedrito, su hijo,  se quedó administrando el Alambique hasta 1966.
Pedrito abandonó Guasipati y se vino a administrar el Correo del Caroní en 1977, año de su aparición.  Luego El Bolivarense y finalmente El Luchador cuando éste estaba en manos de Ramón Castro Mata.
Técnicamente el término alambique se aplica al recipiente en el que se hierven los líquidos durante la destilación, pero a veces se aplica a todo el aparato, incluyendo la columna fraccionadora, el condensador y el receptor en el que se recoge el destilado.  Los alambiques de laboratorio están hechos normalmente de vidrio, pero los industriales suelen ser de hierro o acero. En los casos en los que el hierro podría contaminar el producto se usa a menudo el cobre, y los alambiques pequeños para la destilación de  ron o whisky están hechos por lo general de vidrio y cobre. A veces también se usa el término retorta para designar a los alambiques. (AF)



        

viernes, 18 de diciembre de 2015

El Parlamento y el Mensaje al Congreso de Angostura

El 2016 Venezuela estrenó nuevo Parlamento.  Un Parlamento integrado en sus dos terceras partes por parlamentarios opositores al Gobierno actual, algunos veteranos, otros bisoños, pero llenos de optimismo en la confianza depositado en ellos por la mayoría de los connacionales.  Todo lo cual suscitó una esperanza en leyes que reflejarían indudablemente lo que la mayoría planteó durante la campaña electoral y que en consecuencia, tiene y debe ser acatado por quienes tienen la responsabilidad de administrar y ejecutar las leyes de esa institución que el hombre civilizado se dio desde los tiempos más lejanos.
Porque es evidente que en un país realmente democrático gobiernan las leyes y las leyes son redactadas y dictadas precisamente por el Parlamento integrado por hombres escogidos como idóneos y dignos de la confianza de la nación.  Pero quien administra y ejecutan las leyes es el Poder Ejecutivo y, el Judicial, poder de la entera confianza del Parlamento para hacer cumplir las leyes dictadas por el propio Parlamento.  En consecuencia, quien gobierna en primera instancia es el Parlamento, institución que viene a ser algo asi como  la niña de los ojos del pueblo a a quien hay que cuidar y proteger como lo hace Juan Primito con Marisela en la novela de Rómulo Gallegos.
         De suerte que el Parlamento  es la institución más preciosa inventada por el hombre civilizado desde los tiempos más ignotos.  Ya en la antigua Grecia, 200 o 300 años antes de Cristo, existía el Parlamento históricamente conocido como el “Consejo de los Helenos”.    El Concejo de los Helemos era un parlamento que por su cercana vecindad cultural perfeccionaron los romanos con su famoso Senado, una de las instituciones del gobierno de la antigua Roma que formaban 300 magistrados.
         La teoría filosófica del francés Barón de Montesquieu a mediados del siglo dieciocho recrea el modelo político inglés que es  el sistema de separación de los poderes que considera el mejor en su especie como garantía contra el despotismo. De allí que el Parlamento inglés haya trascendido como madre de todos los parlamentos del mundo y que inspiró al Libertador en 1819 para concebir en el Mensaje de Angostura que delinearía en la nueva la  Constitución venezolana  lo referente al “imperio de las leyes”,
         Por supuesto, que las leyes redactadas y dictadas por el Parlamento son un reflejo de la realidad político social y cultural de cada nación.  De allí el viejo dicho según el cual “la costumbre se hace ley”.
Bolívar habla en su Mensaje al Congreso de Angostura del “imperio de las leyes” y explica que  “El poder Ejecutivo Británico está revesti­do de toda la autoridad soberana que le pertenece, pero también está circunvalado de una triple línea de diques, barreras y es­tancadas. Es Jefe del Gobierno, pero sus ministros y subalternos dependen más de las leyes que de su autoridad, porque son personalmente responsables y ni aún las mismas órdenes de la autoridad real los eximen de esta responsabilidad. Es Generalísimo del ejército y la marina; hace la paz y declara la guerra; pero el Parlamento es el que decreta anualmente las sumas con que deben pagarse estas fuerzas militares. Si los tribunales y jueces dependen de él, las leyes emanan del Parlamento que las ha consagrado. Con el objeto de neutralizar su poder, es inviolable y sagrada la persona del Rey y al mismo tiempo que le dejan libre la cabeza le ligan las manos con que debe obrar. El Soberano de Inglaterra, tiene tres formidables rivales: Su Gabinete, que debe responder al pueblo y al Parlamento; el Se­nado, que defiende los intereses del pueblo como representante de la nobleza de que se compone, y la Cámara de los Comunes, que sirve de órgano y tribuna al pueblo britá­nico. Además, como los jueces son responsa­bles del cumplimiento de las leyes, no se se­paran de ellas, y los Administradores de Era­rio, siendo perseguidos, no solamente por sus propias infracciones sino aun por las que hace el mismo Gobierno, se guardan bien de malversar los fondos públicos. Por más que se examine la naturaleza del Po­der Ejecutivo en Inglaterra, no se puede ha­llar nada que no incline a juzgar que es el más perfecto modelo, sea para un reinado, sea para una aristocracia, sea para una demo­cracia. Aplíquese a Venezuela este Poder ejecutivo en la persona de un Presidente nombrado por el pueblo o por sus Represen­tantes, y habremos dado un gran paso ha­cia la felicidad nacional.
Cualquiera que sea el ciudadano que llene estas funciones, se encontrará auxiliado por la Constitución; autorizado para hacer bien, no podrá hacer mal, porque siempre que se someta a las leyes, sus ministros coopera­rán con él; si, por el contrario, pretende infringirlas, sus propios ministros lo deja­rán aislado en medio de la República y aun lo acusarán delante del Senado. Siendo los ministros los responsables de las transgre­siones que se cometan, ellos son los que go­biernan, porque ellos son los que las pagan. No es la mejor ventaja de este sistema la obligación en que pone a los funcionarios inmediatos al Poder Ejecutivo de tomar la parte más interesada y activa en las deli­beraciones del Gobierno y a mirar como propio este departamento. Puede suceder que no sea el Presidente un hombre de gran­des talentos ni de grandes virtudes, y no obs­tante, la carencia de estas cualidades esen­ciales, el Presidente desempeñará sus debe­res de un modo satisfactorio, pues en tales casos el Ministerio, haciendo todo por sí mismo, lleva la carga del Estado”.  Luego de leer ésto, juzgue usted lo que está pasando en Venezuela con el Parlamento. (AF)




domingo, 29 de noviembre de 2015

LA DEMOCRACIA DESPUÉS DE LA DICTADURA

El 7 de diciembre de 1958 Venezuela realizó las primeras elecciones presidenciales después del período dictatorial de Marcos Pérez Jiménez que había interrumpido el breve ensayo democrático que duró apenas nueve meses con el gobierno de Rómulo Gallegos. Entonces, Rómulo Betancourt, de Acción Democrática resultó electo.

Para estos comicios se presentaron tres aspirantes: Rafael Caldera, del Partido Socialcristiano Copei; Rómulo Betancourt, de Acción Democrática (AD); y Wolfgang Larrázabal, de Unión Republicana Democrática (URD).
Para entonces Venezuela contaba con una población de 2.913.801 electores y se escrutaron el día de las elecciones 2.722.053 votos. Los votos nulos fueron de 4,09 por ciento y la abstención, de 6.59 puntos porcentuales. Betancourt obtuvo 1.284.092 votos equivalente al 49,19 por ciento. Wolfgang Larrázabal (URD) 903.479 votos equivalente al 34,61 por ciento y Rafael Caldera (Copei) 423.262 votos igual al 16,21 por ciento.
Estas elecciones, por su concepto de generales, abarcaron igualmente la elección de representantes al Congreso Nacional, asambleas legislativas (estadales) y concejos municipales (distritales).
Por el estado Bolívar, Jorge Martínez, presidente de la Junta Electoral Principal, declaró electos senadores a los doctores Raúl Leoni y Jesús Manuel Siso Martínez, AD; diputados, al doctor Said Moanack y Pedro Miguel Pareles, de AD y a Domingo Álvarez Rodríguez, de URD, como resultado de las elecciones generales, directas y secretas realizadas el 7 de diciembre para elegir al Presidente de la República.
Las elecciones en el estado Bolívar arrojaron los siguientes resultados: Asamblea Legislativa: por AD, doctor José Luis Machado Luengo, doctor Pedro Battistini Castro, Lucas Rafael Álvarez, Daniel Naranjo Díaz, doctor Gervasio Vera Custodio (cuyo nombre llevará luego el hospital de Upata), José Jesús López y doctor Ramón Sambrano Ochoa; por URD, Américo Fernández, Pedro Anastasio Collins Linche y Ramón Rojas Rojas. El primer presidente de la cámara fue el profesor Lucas Rafael Álvarez, acompañado en calidad de vicepresidentes por el doctor José Luis Machado y el periodista Américo Fernández.
A la Junta Electoral Distrital, presidida por José Vicente Trotta, tocó proclamar concejales del Distrito Heres a Luis Felipe Pérez Flores, doctor Roberto Lozano Villegas, Miguel Bilancieri y el doctor Jorge Juncal Ramírez, AD; José Francisco Miranda, René Vahlis y Germán González Seguías, de URD. El primer presidente municipal de entonces fue Luis Felipe Pérez Flores, recién llegado de España donde estuvo exiliado. El doctor JM Gómez Rengel fue el presidente de transición.
El 13 de febrero de 1959, Rómulo Betancourt fue juramentado ante el Congreso Nacional presidente constitucional de Venezuela y el 20 designó al doctor Diego Heredia Hernández, gobernador del estado  (AF)