jueves, 13 de junio de 2013

Dos años Luchando contra la roca


Los obreros upatenses se impusieron una tarea titánica, la de romper a fuerzas de martillo y pólvora las rocas subterráneas que impedían el paso de la red de cloacas.
Más de dos años llevaban ellos en este esfuerzo. Esfuerzo como duro y oneroso hasta el punto de haber quebrado a seis contratistas. El rendimiento normal en el trabajo de abrir las zanjas para colocar las gruesas tuberías, debía ser de 400 metros semanales, pero en Upata el promedio era notablemente inferior.
En las zonas menos obstaculizadas, los obreros abrían cincuenta metros de zanjas por semana.  “Es la tierra más dura que he conocido en mi vida de obrero”, dijo un hombre fornido, vestido de bragas azules, cuyo cuerpo temblaba de píes cabeza a medida que operaba el martillo que impulsado por aire comprimido se iba internando hasta abrir la roca azul que está bajo el suelo de Upata.   Era una tarea donde el martillo de aire se alternaba con la pólvora para hacer saltar los pedazos de roca.
            El ingeniero Jesús M. Gaubeca Sarría, quien dirigía los trabajos, explicaba que se tuvo que sustituir la dinamita por la pólvora en consideración a la frágil estructura de las casas de Upata.
Esta obra de ponerle cloaca a Upata que se había  propuesto el INOS, se hallaba en septiembre del 67 en su tercera etapa. Etapa ésta que costó un millón quinientos mil bolívares y debía entregarse al terminó de catorces meses. “Estará para fines de año” dijo entonces a la prensa  el ingeniero Gaubeca, y a esa altura podrá servir al ochenta por ciento de la población. 
            Upata, sobre el Escudo Guayanés, con más de 26 mil habitantes, tenía más de 200 años de fundada y durante todo ese tiempo, las aguas negras llegaban al Yuruary corriendo por las superficies planas y a veces inclinadas de las calles. En el futuro esto no sucedería, porque a pesar de las inmensas rocas sobre la cual esta levantada la ciudad, habrá vías subterráneas para las aguas sucias que antes y todavía dan un aspecto insalubre y desagradable al olfato y a vista de propios y extraños.
            Ya la villa del Yocoima habia sido favorecida con el agua potable gracias a la construcción de la represa de Capaipucito que en aquellos días el babandí  le sumó fama hasta el punto de que muchos viajeros y turistas traían de vuelta su botellita en cada oportunidad que visitaban a la bendita ciudad de los carreros.
            El agua y la red de aguas servidas había sido una promesa de su hijo nativo el Presidente Raúl Leoni, de manera que en 1969 cuando entregó el mando a su sucesor, Rafael Caldera, ya Upata disfrutaba de ese servicio por el cual venían luchando cívicamente todas las instituciones del pueblo, entre ellas, el Club de Leones que ese día de septiembre de 1967 cuando visitábamos a Upata para reportar los trabajos, se reunía para elegir nueva directiva que quedó integrada por ingeniero forestal Bernabé González Yajure; en calidad de Presidente y Vicepresidentes, ingeniero civil Eloy Yánez Salges.  Otros directivos eran Ángelo Donato Carola, Afit Haddad, Ricardo José Acero; secretario, ingeniero José Zerpa; tesorero, José Enmanuelli Poggy;  domador, Humberto Paulillo;  tuercerrabos, Bonaventura Veneziano, y vocal, José Araujo.
            El  Comité femenino lo integraron Sol Mireya de Yánez, Leita de González Yajure y Nallua de Haddad.
La Asamblea del cubil leonístico de Upata celebraba también el segundo aniversario de su fundación. En esa asamblea se rindió homenaje a los fundadores Ricardo José Acero, Incola Blanco, ingeniero Bernabé González Yajure, Mario la Roca, y Humberto Paulillo.



miércoles, 12 de junio de 2013

Los voladores del Orinoco


Voladores o Papagayos multicolores invadieron el cielo de la ciudad eternamente recostada sobre el Orinoco. Chicos y grandes lograron una tarde inolvidable y los viejos hicieron memoria y contaron historias  de las jubilosas temporadas de vientos fuertes para montar los artefactos de papel y varilla justamente cuando no había aviones sino gaviotas y zopilotes surcando el cielo de Angostura.
Fue en 1969, tiempo de cuaresma, cuando la brisa sopló abundante desde el Este y los voladores, papagayos, cometas y barriletes, no tardaron en remontar el cielo ya teñido por el crepúsculo que se filtraba desde el occidente por los claros del puente Angostura hasta reflejarse de lleno sobre el Orinoco.
Aquí frente a la piedra del Medio y desde la zona ribereña del Mirador Angostura, la juventud montaba con emocionado orgullo sus multiformes voladores.
La gente de toda edad, clase y tamaño se acomodó en las gradas de una tribuna colocada por soldados del ejército y los que no encontraron espacio, cubrieron inquietos los alrededores hasta tocar con sus pies al río de las sietes estrellas. Fue un espectáculo hermoso, una tarde especial para los niños.
Hubo premios, desde una bicicleta hasta un par de patines y reloj de pulsera para los chicos más expertos en montar sus voladores. Los hubo de todos los tamaños y de la más variada formas, con doble cola, escalonadas de puntillas cortantes y sus hilos largos, tensos y con grandes barrigas que se perdían en el aíre. Voladores con trompetas y papeletas que vibraban ruidosamente, los que daban vuelta y respondían a las más estilizadas y ágiles figuras.
La emocionante diversión de los papagayos que había desaparecido de estas tierras desde que se iniciaron los vuelos espaciales, tomó vida de nuevo con motivo del Festival del Niño que aquí prácticamente se había afincado y que culminaba el 24 de diciembre con el gran reparto de confites y regalos.
En los países orientales como China y Japón, el juego  es antiquísimo y en Venezuela este  arte y afición  nos vienen desde la Colonia, al igual que en otros países de la América Latina como México y Cuba, donde nuestro tradicional volador recibe el nombre bonachón de “Papalote”.
En nuestro país, además de cometa y volador, también se le dice “Papagayo” y “barrilete” y los hay de formas múltiples representando peces, pájaros, mariposas, murciélagos, mujeres y hasta instrumentos musicales, provistos de una cola larga y una lengüeta de papel tras la trompeta que vibra con el viento.
El tráfico de la ciudad moderna, los postes y tendidos del alumbrado eléctrico prácticamente han acabado con el cometa. También los aviones que vienen siendo grandes e invencibles competidores.
La emoción del papagayo prácticamente se ha perdido y solamente de él está quedando el recuerdo o la vivencia trasladada a los libros, como esta de Juan Rulfo, en “Pedro Páramo”:
Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes, cuando volábamos papalotes en la época del aire. Oíamos allá abajo el rumor viviente del pueblo mientras estábamos encima de él, arriba de la loma, en tanto se nos iba el hilo de cáñamo arrastrado por el viento.
“Ayúdame Susana”. Y unas manos suaves  apresaban  nuestras manos. “Suéltame más hilo.
El aire nos hacía reír, juntaba la mirada de nuestros ojos, mientras el hilo corría entre los dedos detrás del viento, hasta que se rompía con un leve crujido como si hubiera sido trozado por las alas de algún pájaro. Y allá arriba, el pájaro de papel caía en maromas arrastrando su cola de hilacho, perdiéndose en el verdor de la tierra.    



martes, 11 de junio de 2013

Los Vegueros del Orinoco

y; "> El Gobierno del ingeniero Raúl Vásquez Zamora, manifestó preocupación por los vegueros del Orinoco, dada su vida inestable, azarosa, errante, siguiendo islas y vegas durante el estiaje para hacerlas fructificar, y refugiándose durante el invierno lluvioso en cualquier rincón alto de la ribera.
          Los vegueros, o lo que es igual, campesinos de capotera  y canalete, que cultivan
tierras movedizas de las islas y costas bajas del Orinoco, llevan  vida difícil, inquieta,
nómada, estrecha, pobremente sencilla.  Distinto a lo común, no cultiva en invierno sino
cuando comienza el verano ya que sus sitios de siembra son las islas y las partes bajas
de los recodos de los ríos y tales sitios durante la estación invernal están cubiertos por
las aguas.
            Al iniciarse el estiaje, va al mismo tiempo cultivando la tierra que va dejando atrás el descenso lento de las aguas.  Aprovecha la humedad concentrada que durará varios meses y el rico abono de los materiales sedimentarios depositados por el río.  Cuando el verano llega a su término, ya la semilla se ha convertido en fruto maduro que el veguero cosecha, empaca y embarca a bordo de su curiara india y lleva al puerto más cercano para ofrecerlo al mejor precio.
            El retorno del veguero es triste porque ya no podrá vivir en el mismo sitio, pero lo deja limpio, libre de abrojos y chamizas.  Navega en su curiara y busca un paraje alto a la margen del río y allí se acomoda con su familia a esperar que mengüe la lluvia.  Muchas veces cuando regresa de vender sus frutos, el río ha vuelto a subir y arrasado con sus cosas.
            La idea del Gobernador nunca materializada, era romper con esa rutina improductiva del veguero que lo aislaba de las conquistas sociales y económicas establecidas en la Ley de Reforma Agraria.        Una comisión gubernamental que estudió el problema propuso la ejecución de pequeños asentamientos en las partes altas del Orinoco de manera que durante el invierno ellos pudieran continuar una vida activa y segura para la familia.  
            Los vegueros del Orinoco son familias diseminadas a lo largo de las costas del Sur del Guárico y Norte del Estado Bolívar. Conocidos son en los puertos de mercadeo las vegas e islas  de  zonas de Parmasa, El Brisote, Cabruta, Caicara y Las Bonitas.  Los padres y sus hijos continúan la tradición de los abuelos trabajando las tierras anegadizas del Orinoco sin más herramienta que el machete bien afilado y los artefactos de madera que el ingenio y la experiencia les deparan para labrar mejor la tierra que le abona el mismo río y siempre buena para la siembra del algodón de fibra larga o corta, el frijol, la patilla y el melón que sacan hacia fuera y para el consumo familiar, el topocho, la yuca y otras verduras
            El veguero del llano es distinto al del Orinoco, vive dentro de los hatos, macilento y miserable, explotado por los caporales.  Una idea de él nos la describe Gallegos en su novela “Cantaclaro” con Juan el Veguero en dialogo con Florentino que después de devorar leguas en su caballo llega todo hambriento a su rancho y sólo encuentra un topocho mal asado y una yuquita zocata.
            La vida del veguero del Orinoco la capta y exhibe muy bien en un cortometraje el cineasta guariqueño Carlos Gómez.  El filme presentado en el sexto festival de cine documental de Caracas 2011, está ambientado en las costas del Orinoco Medio durante el período de cosecha que es el momento más importante y difícil del año para este resignado labriego del río.



domingo, 9 de junio de 2013

Los Hijos de la Luna



Los Yanomamis, tan mencionados a raíz de una supuesta hecatombe causada por los garimpeiros brasileros a espaldas de los custodios de la frontera venezolana, fueron,  inicialmente conocidos como waika (o guaica), guaharibos, shamatari, shiriana,  antes de que fuera usada su propia auto-denominación de  "yanomami" que  significa "somos gente o seres humanos".
            Los Yanomamis,  se hallan divididos desde un punto de vista lingüístico, en cuatro subgrupos: los yanomami, que viven esencialmente en el Estado Amazonas; los yanomami, asentados en el Brasil; los sanema y los yanam, que se encuentran al norte del Estado Bolívar y que se distribuyen de ambos lados de la frontera entre Venezuela y Brasil. Juntos constituyen la familia lingüística yanomami.
            Loa indios Waicas o yanomami, según su mitología, se consideran hijo de la Luna.  En el principio del mundo unos seres misteriosos, tal vez semidioses, en su creencia de que la Luna era un enorme lago de sangre, la flecharon y al caer gotas sobre la tierra se convirtieron en indios Waicas.
            La mitología contenida en el libro Los Hijos de la Luna”, editado en Suiza en octubre de 1966, fue escrito por el antropólogo padre jesuita  Daniel de Barandiarán, y traducido en los idiomas español, alemán, inglés y francés.
            Los indígenas viven en churuatas que son como una reproducción del cosmos.  Viviendas  cuya base es cilíndrica y su parte superior de forma cónica como el cielo.  Estas churuatas son fabricadas con recursos naturales del medio mediante un rito especial y son viviendas propias de los Yekwanas o maquiritares que se las llevan muy bien con los indios Waicas, no así con los Sanema a quienes humillan y tratan como esclavos.
            El Padre Daniel, antropólogo de la Sociedad de Ciencias Naturales  de La Salle, es el fundador de Santa María de Erebato y durante largo tiempo se familiarizó con unos dos mil indígenas Yekwana y Waicas en la región del Alto Caura, entre el Estado Amazonas y la frontera con Brasil, dos horas y media en avión de Ciudad Bolívar. Estuvo quince años en la selva realizando estudios sobre los Yekwana, Waicas y otras comunidades.
            Santa María de Erebato, fundado con la cooperación del Gobierno Nacional, comenzó a construirse en diciembre de 1958 y se halla situada a la orilla izquierda del río Erebato, sobre un declive de terreno ganado a la selva circundante por el esfuerzo de los indios Yekwana y Shirishanas.  Cuenta con una pista de aterrizaje para aviones DC·3 y tiene una estación de Meteorología y de Radio.  El clima es magnífico, con 24 grados media anual y una altitud de 600 metros sobre el nivel del mar.
            En Guayana y Amazonas se cree viven unos diez mil indios de la familia yanomami distribuidos en la región del alto Orinoco, el Ventuari, el Caura y el Paragua.  No se ha establecido con certeza la filiación de su lengua; aparentemente es con la lengua chibcha y  Caribe.
            Para obtener los frutos de su alimentación usan la tala y quema y cultivan el plátano como base alimenticia; hacen la recolección de frutos silvestres.
La caza es complementaria; y la pesca también, aún en grado menor.
Tienen pocos útiles, porque es un grupo esencialmente terrestre que se desplaza mucho  en la selva.
            Además de “Los Hijos de la Luna”  del padre Barandarián, existió una novela con el mismo nombre de la escritora hispana Pilar Navarre, ambientada en Barcelona (España), ciudad donde transcurre la historia de un matrimonio acomodado: Elena, arquitecta-escenógrafa catalana y Jesús, biólogo aragonés que dirige un proyecto de investigación relacionado con los últimos avances en genética.



sábado, 8 de junio de 2013

Los desnudos de Chaput


Durante todo el año 1971, los bolivarenses no hacían más que hablar del plato del día: 800 fotografías de desnudos decomisadas a un publicita de nacionalidad francesa llamado León Chaput..  La mayoría de las fotos correspondían a estudiantes cuyas edades oscilaban entre los 13 y 21 años de edad, según dio a conocer la entonces  Policía Técnica Judicial. 
El desgarbado galo León Chaput, aparente dueño de la Publicidad “Pubeco”  fue detenido por la PTJ tras allanamiento de la casa No. 21 de la calle Zaraza, al considerar la fiscalía que su labor fotográfica estaba lesionando el pudor de las niñas induciéndolas a la prostitución.
Chaput al ser detenido dijo “Tan sólo hago esto por hobby y porque como artista me gusta el denudo de la mujer”
María Teresa López, de 21 años y estudiante del tercer año de bachillerato, confesó, cuando fue llevada a la PTJ: “Yo fui una vez por curiosidad, conversé con el fotógrafo y posteriormente  acepté la oferta de Chaput.  Nada malo… me gustó.
No son fotos, al menos conmigo, nada libidinosas, sino artísticas, me gusta verme como dios me trajo al mundo.  Bueno y qué…nuestras indígenas no andan desnuditas, apenas con una hoja de plátano entre sus piernas?
Lo cierto es que la Policía no se comió el cuento y se llevó al pobre Chaput preso, le levantó un expediente de acuerdo con las gráficas y el testimonio de muchas que allí aparecían en distintas poses.  El expediente fue consignado por la PTJ en el despacho del Juez de Instrucción, de allí al Fiscal y finalmente al Tribunal Penal que condenó al fotógrafo francés a pagar unos pocos años de cárcel.  De nada valieron los testimonios de amigos ni menos la literatura hallada en los anaqueles de su alcoba donde aparecía Hedy Lamarr escandalizando hasta al Papa Pío XII por haber exhibido toda su piel blanca y lozana en la película “Extasis”.
En su álbum privado, confundida entre los desnudos de las jovencitas guayanesas aparecía el desnudo de la actriz y cantante británica Janet Birkin como la primera celebridad de renombre en exhibir el pubis en una escena de desnudo frontal en la película Blow Up (1966). También la modelo Marilyn Cole aparece en un desnudo desplegado en la revista Playboy.  Y es que el desnudo está muy vinculado al erotismo en medios como el cine y la televisión. Por razones comerciales, la industria del cine suele retratar la desnudez de actrices atractivas.
El impresionante potencial de difusión de material audiovisual ha hecho de la desnudez de celebridades un verdadero culto seguido con dedicación por incontables usuarios y capitalizado por publicaciones como la afamada revista Playboy que ofrece tentadoras sumas de dinero a mujeres del espectáculo para posar en sus páginas.  Muchas alcanzan el estrellato gracias a un desnudo  y se convierten en íconos sexuales.
Sylvia Kristel alcanzó fama mundial con su primera película, Enmmanuelle, una adaptación de la novela del mismo título que relata las aventuras sexuales de una mujer en Asia. Después protagonizará Emmanuelle II y Adiós Emmanuelle.  Esta actriz hablaba holandés, inglés, francés, alemán e italiano.  Pero su vida fue turbulenta, con adicciones a las drogas y relaciones complicadas con hombres de mayor edad que ella. Debido a su adicción vendió su participación en Emmanuel a su agente por solo 150.000 dólares. La película recaudaría 26 millones de dólares. Debido a sus desnudos sus películas tuvieron una  historia de censuras y prohibiciones, posiciones a favor y en contra, se estima que más de 300 millones de personas han visto Emmanuelle hasta la fecha.


viernes, 7 de junio de 2013

Los 80 Gatos de un Carnicero


En  1967 visité Maripa y aprecié que un hombre carnicero tenía entre sus gustos, el de coleccionar gatos de toda maña y tamaño, sin preferencia por alguno en especial.  A todos los llamaba “Pancho”, fuese hembra o macho, negro, rubio, blanco o con pintas, y cuando gritaba con manos en la boca a lo “Tarzán”: “Panchoo!! Panchoo!, toda la gatera se reunía en el corral a recibir su ración diaria de pellejo.  Hasta 1967 contaba ochenta gatos en su patio, sin incluir los que había regalado con “dolor de mi alma”.
            La madre de la manada tenía catorce años y siempre se veía embarazada y feliz de su numerosa prole.  Orgulloso también de tantos felinos se manifestaba Juan Herrera, así se llamaba el carnicero e intermediario en el comercio de ganado en pie- ante las personas que dentro o de fuera lo visitaban.  Pero llegó el día en que se vio en aprieto porque el vecindario comenzó a quejarse de que ya no aguantaba más los gatos, sobre todo por las noches, con sus gruñidos, relinchos y llantos a la Luna.  Sin embargo, otros más distantes se manifestaban contentos porque en el pueblo del Caura casi no había ratas ni ratones y las lagartijas vivían espantadas.
            Trabajo y calentura pasó una comisión de médicos veterinarios del MAC y Sanidad que de tanta quejas se desplazó al lugar con  la misión de vacunar a los gatos contra el mal de rabia, pues los animales debido a la vida que llevaban y al medio rural donde vivían, se habían vuelto peligrosos y, por lo tanto, difícil de atrapar.  El día de la vacunación, Juan Herrera gastó más pellejo que de costumbre y se volvió una furia cuando dicha Comisión le propuso exterminar la cuarta parte de los gatos.
                Liquidar veinte de mis gatos.  Ustedes están locos.  Si hubieran vivido en el antiguo Egipto, habrían pagado con sus vidas tal desafuero criminal  Dijo Juan pensando en lo que le habían contado o leído en alguna revista o periódico.  Que las leyes del faraón impusieron una protección rigurosa para los gatos. Quien matara a uno de los pequeños felinos se arriesgaba a la pena de muerte. Se cuenta que un dignatario romano que mató accidentalmente a un gato fue linchado por la población a pesar de la petición de calma del faraón, deseoso sobre todo de que Roma no interviniese en su territorio.
                Era que para los egipcios el gato era un animal sagrado al igual que las vacas para los hindúes. Se los consideraba animales sagrados ya que estaban relacionados con el culto a la diosa Bastet, símbolo de la fertilidad y la belleza, En la Inglaterra victoriana se consideraba que si unos novios recién casados se encontraban con un gato negro, esto simbolizaba prosperidad en el matrimonio. Y los marineros creían que tener un gato a bordo les traería buena suerte. Más aún sus mujeres solían tener uno en casa, ya que esto parecía "asegurar" que sus maridos volverían sanos y salvos a sus casas después de la travesía.
            De suerte que numerosas razones había para justificar la existencia y permanencia de la gatera.  Sin embargo, los de la Comisión no se quedaron callados y respondieron que menos mal que el carnicero Juan Herrera no vivió en la Edad Media, donde gatos y dueños de gatos eran perseguidos y quemados por estar vinculados a la brujería.  Para ellos los gatos negros eran brujas transformadas en tales, motivo por el cual los gatos eran perseguidos, cazados, metidos en sacos, quemados en hogueras y decapitados.
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jueves, 6 de junio de 2013

Loise Nouel, Reina de la Primera Feria


La señorita Loise Nouel, joven estudiante de 18 años, fue electa Reina de la primera Gran Feria del Orinoco realizada entre el 6 y 15 de enero de 1967.
            La elección efectuada el 27 de diciembre de 1966, estuvo a cargo de un Jurado integrado por 28 personas representativas de los poderes públicos, sectores sociales y gremiales del Estado Bolívar, conforme al cronograma dado a conocer por el Comité Organizador de la Feria que presidía el ingeniero José Luis Bruzual.
            Se realizó en el Club la Cancha ante un numeroso público especialmente invitado y en la que participaron las aspirantes Loise Nouel, postulada por estudiantes del distrito Heres;  Aída Armas; por Sucre;  Elia Grau, por Caroní; Nancy Matos, por Roscio; Noeli Izaguirre, por Cedeño y Rosalía Arreaza, por Piar.
            Al finalizar la votación, el gobernador Pedro Battistini Castro hizo uso del micrófono y proclamó a la señorita Loise como Reina de la Feria del Orinoco 1967 y dijo refiriéndose a ella que “la naturaleza se ha impuesto y  resultado electa la candidata que resume  la simpatía y belleza de Guayana”.
            Loise Nouel, hija del médico Jouber Nouel y Sarita Casado de Nouel, natural de Ciudad Bolívar, cursó estudios post-primarios en Estados Unidos, ha viajado por algunas ciudades de Europa, mide 1,68 de estatura, muy franca, agradable y de un espíritu festivo contagioso. Fue coronada por el Presidente de la República, doctor Raúl Leoni, a las 8 de la noche del 6 de enero  en la Concha Acústica Leonardo Ruiz Pineda y en el acto actuó la Orquesta Sinfónica de Venezuela.
            La Directiva de la feria, presidida por el ingeniero José Luis Bruzual, venía trabajando desde el 20 de julio que se constituyó en las oficinas de la Región 9 del MAC, ante la presencia del Gobernador Pedro Battistini Castro, el Presidente Municipal Ángel Malpica y representantes de otras instituciones oficiales y privadas de la localidad.
            Entonces de concibió la Feria integrada por cien pabellones cuyas ventas fueron promovidas con antelación en Caracas por el periodista Juvenal Herrera. Se estimaba dos millones de bolívares el centenar de pabellones vendidos a razón de Bs. 20 mil cada uno.
La duración del evento ferial se estableció en diez días, a partir del  Día de la Patrona de Ciudad Bolívar Nuestra Señora de las Nieves. En ese lapso el Presidente Leoni habría de poner  en servicio el Puente Angostura.
 En ese número de pabellones ubicados a lo largo del Paseo Orinoco y otros puntos espaciosos de la ciudad, los interesados harían la exposición y promoción de sus productos agrícolas,  pecuarios, industriales, artesanales. La Feria abarcaría la participación de otros países relacionados económica y culturalmente con Venezuela.
Grandes atracciones como corridas de toros, boxeo por el campeonato mundial pluma, juegos florales, exposiciones retrospectiva de la pintura desde la época colonial hasta nuestros días, carreras de bicicletas, competencias náuticas, carreras de caballos,  danzas, conciertos, excursiones turísticas, desfile de artistas nacionales e internacionales fueron objeto del más cuidadoso estudio y programación.
La Directiva de la Feria del Orinoco presidida por el margariteño Ing. José Luis Bruzual, estaba integrada además por Luis Vicente Guzmán en calidad de primer Vicepresidente; Segundo Vicepresidente, doctos Oscar Montes; Secretario Ejecutivo, Luis Oswaldo Mora; Tesorero, Juan Alcalá; Secretario de Relaciones, Rafael Durand Rondòn y Vocal, Tomás Rivilla. La Comisión de Cámara y Asociaciones la presidió Federico Mass Ferrer y José Antonio Grimaldi; la Comisión Asesora de Estudios Técnicos, el Ing. Luis Ibarra; Económicas, el doctor Justiniano Martínez y legales, el doctor Carlos Oxford Arias.