Recopila las crónicas que diariamente vengo publicando en el Correo del Caroní y Red Social
viernes, 12 de febrero de 2021
GUAYANA Y LA GUERRA DEL 14
La Guerra del 14 o Primera Guerra Mundial' estalló
el 28 de junio con la tragedia de Sarajevo que desató una efusión de sangre durante cinco años, a la cual puso fin el Tratado de Versalles, cinco años después.
Fue una larga guerra de trincheras en la que hubo de movilizarse 65 millones de hombres, de los cuales 8 millones y medio murieron y 21 millones resultaron heridos. Las pérdidas materiales se estimaron en 335 mil millones de dólares. Particularmente la economía del Estado Bolívar se vió muy afectada por el alza de la materia prima importada para sus fábricas como la Electricidad cuyas plantas funcionaban con carbón antracita y. repuestos importados, lo mismo que la Cervecería.
Extranjeros radicados en Ciudad. Bolívar como Pío Cerani, Ángel Santos Palazzi y Camilo Perfetti, debieron viajar a Europa para alistarse en el ejército francés contra los aliados teutones. De ellos, Palazzi fue la única víctima en batalla. (AF)
jueves, 11 de febrero de 2021
LA CEIBA DE LA TRINIDAD
Ciudad Bolívar estuvo hasta la década del cincuenta poblada de Ceibas, de frondosas y gigantescas ceibas que le daban sombra y sensación de seguridad al citadino. Entre esos monumentales árboles tropicales dé los que muy pocos quedan, destacaba la Ceiba de La Trinidad, en la misma orilla del Río, e históricamente famosa porque ella formaba parte de ese capítulo doloroso de la Esclavitud. Allí las autoridades obligaban a cuarentear a los negros comprados por las pudientes familias angostureñas y de allí de la fronda y de la sombra de esa Ceiba que se mantuvo en pie hasta hace un lustro, salió el canto del baile "El Papelón" (tipo guasón) grabada por el Conjunto Serenata Guayanesa: "Mi amita chupa caña/mi amito bebe ron/ y yo tengo un hermanito/ que se roba el papelón/ Los blancos usan zapatos/ y chinelas con tacón/ y los negros manumisos/ llevan pelao el talón/ Suda el negro en el trapiche/ para hacerle al amo el ron/ escupiéndole a la caña/ la saliva del rencor/ Ceiba de la Trinidad/ cuna de la rebelión/ sombra de la libertad/ grito de revolución".
La Ceiba de la Trinidad desapareció, no por un hachazo semejante al que segó la vida de la Ceiba plantada desde el siglo pasado en la demolida Casa de los Arismendi, sino por falta de tratamiento. El comején lentamente fue horadando su tronco añejo hasta que un día desapercibido las aguas de agosto la arrastraron hasta sabe Dios donde. Ahora sólo queda el nostálgico recuerdo de esta fotografía a veces endulzado con el Papelón.
lunes, 8 de febrero de 2021
TOMÁS CHINO LEÓN
Tomás Antonio León Rengel, falleció hoy en su tierra natal, a los 82 años de edad cumplidos el pasado 21 de diciembre (2020), precisamente día de Saanto Tomás, el apóstol de “ver para creer”. Nació esa fecha de 1939, en el famoso “Cerro Azul” donde Piar fracasó en uno de sus intentos por tomar la Plaza de Angostura. Esa misma plaza, donde el “Chino León”, cognomento con el que angostureños los conocía, trasmitió muchas veces a control remoto sucesos de una de las tantas emisora donde trabajó con su voz muy particular e indudable pasión vocacional. Porque antes que nada, fue un locutor iniciado ¡parece mentira! en Puerto La Cruz, Ondas Porteñas, con el también desaparecido,, Gabriel Aguilera Ordaz, periodista, igual que él y directivo del gremio bolivarense. Debo decir, a propósito, que cuando fui Secretario General de la AVP, Seccional, el Chino León era Secretario de Cultura y Propaganda.
Se inscribió en la Asociación Venezolana de Periodistas, Seccional Bolívar, en marzo de 1967, llevado de la mano por Joaquín Latorraca y José Antonio Nicolás, quien fue director de Radio Bolívar.
Acostumbraba el Chino León celebrar su cumpleaños en el Salón Río Claro del Hotel Laja Real, En uno de ellos, recuerdo que concurrieron el co¬mandante Walter Bece¬rra, el alcalde de la ciudad Jorge Car¬vajal, prefecto Dio¬medes Túnez, y dirigencia de todos los partidos para saludar a través de "Guayana, buenos días" al Chino León que cumplía entonces 51 años de edad y 33 de locutor (30-01-1991) iniciado en Ondas Porteñas de Puerto La Cruz bajo la dirección del desaparecido Gabriel Aguilera Ordaz.
El Chino León era re¬almente un personaje, no sólo como narrador fluido y agradable sino también como político de hábil sutileza dentro de los más enconados enredos. De suerte que cuando la dirigencia adeca se vio como arrin¬conada por los constan¬tes ataques del gobierno de Andrés Velásquez y de su partido, el Chino León logró ascender desde la bancada blanca al estrado presidencial del Concejo Municipal con los votos de la Cau¬sa R, del MAS, COPEI y los de Acción Democrática.
Nacido el día de Santo Tomás (29 de diciembre), no por ello era in¬crédulo como lo fue el apóstol. El Chino no ne¬cesitaba ver para creer. Se anotaba entre los que cre¬en de buena fe y a pri-mera vista y, sin embar¬go, confesaba que jamás había sido engañado ni ba¬jado de la mula y menos en esta su Ciudad Bolívar, donde hace tiempo se acabó este noble medio de transporte (la mula) y distracción de los muchachos que atardecían o amanecían en la Laguna El Porvenir.
Quién se atrevería a engañar o agraviar en cualquier sentido al que nunca le faltó un micrófono para decir y denunciar con "espadas y espinas". Tenía el Chi¬no León una manera tan par¬ticular de decir las cosas que a muchos les parecía a la vez que terrible, di¬vertida. Lo hacía espon¬táneamente y ayudado por una elocuencia na¬tural que se apoya en el lenguaje popular y co-loquial, siempre lleno de gracia y de proverbios y que bien tenía su representación autén¬tica en el diario y lon¬gevo microprograma ra¬dial que animaba con el título "La piedrita en el zapato", ostentando como lema "Así me lo dijeron, así lo digo".
Hoy cuando medio reciclo esta crónica que publiqué el 30 de enero de 1991 en El Nacional, el Chino Antonio León Rengel ha muerto y, por lo tanto, ya no estará con nosotros ni en la FM Interactiva, donde trabajaba, ni menos en Cerro Azul, donde nació ni, en Agua Salada donde terminaron sus días al lado de su esposa e hijos. Pero estarás sin duda en la memoria de los angostureños que como nosotros tus colegas te decimos adiós. Adiós, amigo y colega, que te vaya bien por ese largo camino que muchos se niegan a conocer acaso por lo incierto, ignoto y arcano. (AF)
domingo, 7 de febrero de 2021
EL PINTOR UPATENSE MARIO BACADARE
El artista plástico upatense, Mario Bacadare, está cumpliendo años puesto que nació el 20 de enero de 1944. Vive en Caracas casado en segunda nupcias con una peruana-venezolana de ascendencia japonesa que trabaja en el Banco General de Venezuela y durante muchos años fue secretaria de Domingo Masa Zabala. Con ella tiene un hijo, único, que es antropólogo y arquitecto. Su primer matrimonio ocurrió en Ciudad Bolívar con Nancy García, economista y poeta, de la que se divorció a los pocos meses por incompatibilidad de caracteres.
Estudió pintura en la Escuela de Artes Pláticas “Armando Reverón” de Ciudad Bolívar bajo la dirección de Marcos Silva Hernay y viajó a Paris donde querían proseguir sus estudios de pintura con solo el dinero para el pasaje que le dió el Gobernador Rafael Sanoja Valladares y el producto de dos pinturas adquiridas por el Dr. Alcides Sánchez Negrón y Dr. Francisco Vitanza.
Se las arregló para vivir y estudiar en Paris durante un año y con el producto de una pintura que le compró Fina Gómez, nieta del Dictador Juan Vicente Gómez, viajó a Noruega y finalmente al Japón donde estudió, trabajó bajo la influencia y amparo de una joyera japonesa y al cabo de diez años regresó a su tierra de origen para hacer nueva vida, primero en Ciudad Bolívar y finalmente Caracas donde vive hace más de cuarenta años ya jubilado y con las galería que vendían sus pinturas, apagadas por la Pandemia y la crisis socio económica que padece Venezuela.
Conservo varias pinturas de Bacadare al estilo japonés Sumi-e, pinturas creadas en apenas unos segundos, sin retoques ni corrección posterior. Aunque normalmente el Sumi-e es un mundo en blanco y negro por pintarse en tinta, Mario Bacadare pinta estampas, paisajes en diferentes líneas agregando un rico colorido, sin interferir en la fuerza de la tinta ni en sus matices, y de esta manera, sus obras tienen una especial originalidad. (AF)
sábado, 6 de febrero de 2021
EL ZAR DE GUAYANA
Cuando en 1993 nombraron a Francisco Layrisse Presidente de la CVG, el diario El Nacional se refirió al ingeniero con el cognomento de "Nuevo Zar de Guayana", en la ocasión de su juramentación el 22 de junio como ministro presidente de la CVG. El cognomento de Zar para los entendidos no era peyorativo y fue utilizado posiblemente para seguir creyendo junto con Sir Walter Raleigh que Guayana es un imperio. Raleigh escribió a comienzos del siglo diecisiete un libro titulado "El Descubrimiento del grande, rico y bello Imperio de Guayana". El título de Zar en ese sentido es más acertado que el de Fuhrer, endilgado a Leopoldo Sucre Figarella mientras fue ministro- presidente de la CVG. Fuhrer fue un nombre dado en Alemania en 1913 a Adolfo Hitler, jefe del Estado nacionalsocialista llamado III Reich mientras Zar es voz rusa con la cual distinguían al rey o Emperador del imperio ruso.
Aquel "Nuevo Zar de Guayana" caraqueño, ingeniero mecánico con máster en Masachussets no era paracaídas y, por tanto, nada extraño a Guayana ni a la CVG. Había estado ligado a ella ya como Vicepresidente de la propia Corporación o como Presidente de Bauxiven y de Alcasa. Conocía cómo se bate el cobre, cómo la cosa por dentro y por fuera. De allí que al ser juramentado haya dicho sin miramientos que las deudas de la CVG alcanzaban a 400 mil millones de bolívares (una pelusa) y que la única salida que tenían las empresas, especialmente las del aluminio, era la de encontrarse con el capital privado: unas porque tenían sus balances en rojo; y, otra, que el sector público, por carecer de recursos, no estaba en capacidad de garantizar.
El problema a la manera de ver de muchos es que las empresas básicas se han desarrollado en función de la exportación de materia prima y de productos semi-elaborados, sin tomar en cuenta como los centros de poder del capitalismo juegan con los precios del mercado foráneo tratando de quebrar a empresas básicas de países como Venezuela con el objeto de penetrarlas.
Si esa gigantesca inversión que se ha venido haciendo en Guayana se hubiera hecho en función de una economía manufacturera gradualmente solida, mirando más hacia adentro que hacia afuera (hacia afuera sólo para exportar excedentes), otro gallo cantaría. (AF)
viernes, 5 de febrero de 2021
EL PALACIO MUNICIPAL DE CIUDAD BOLÍVAR
El Palacio Municipal de Ciudad Bolívar lo integran dos edificios unidos desde 1920 por un puente al través de la calle Igualdad. Originalmente sólo viviendas había en el área que a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y parte del XX, fueron trasformadas en esta elegante edificación de estilo neoclásico destinada a los hospitales de hombres y mujeres (Hospital Ruiz y Mercedes y finalmente Ruiz y Páez). En 1957 cuando en la Avenida Germania, el Gobierno Nacional inauguró el actual Hospital Universitario “Ruiz y Páez”, el edificio sirvió de asiento a la Escuela Técnica Industrial y finalmente, en 1965, restaurado y adecuado a las exigencias de la Alcaldía y Concejo Municipal del Municipio Capital Pinturas de la primera mitad del siglo XX ornamentan u ornamentaban el recinto de sesiones del Consejo. Todo comienza en febrero de 1867 falleció en Bastía (Córcega) el doctor Santos Gáspari, quien por haber hecho fortuna en Guayana y prestado valiosos servicios como médico y político militante de la causa liberal, testamentó a favor de la ciudad una casa para los hospitales y 2.000 francos equivalente a 400 venezolanos para la construcción de una Capilla católica en el cementerio municipal. En la casa legada pudo instalarse el Hospital de Mujeres con el nombre de la Virgen de las Mercedes. En otra casa contigua funcionaba el Hospital para hombres. Ambos hospitales ubicados en la Calle Igualdad formaban un conjunto conocido inicialmente como el Hospital Caridad y Mercedes.
El Hospital Mercedes, cuyo techo terminó desplomándose poniendo en serio peligro la vida de los pacientes, fue reconstruido durante la administración del General Marcelino Torres García. Los trabajos estuvieron a cargo del alarife Antonio Valera Villalobos y de entonces data el puente que comunica a ambos hospitales a través de la calle Igualdad. Su inauguración tuvo lugar el 24 de julio de 1920 con motivo del natalicio del Libertador. El presidente del Estado, Marcelino Torres García, el doctor Mariano Figarella, presidente de la Junta Administradora de los hospitales y el Dr. W. Monserratte, Presidente Municipal, pronunciaron los discursos de inauguración. En esa ocasión se puso en servicio una Mesa Operatoria donada por Blohm y Co.
Pero con el tiempo el antiguo Hospital Mercedes también perdió su denominación como el Hospital Caridad y pasó a llamarse Hospital Páez en memoria del médico guayanés Félix R. Páez, quien fue su director por tiempo largo y fundó la primera Escuela de Enfermería.
Félix R. Páez, nativo de Ciudad Bolívar, se formó profesionalmente en el Colegio Federal de Guayana. Allí se graduó de Bachiller en Medicina el 31 de Julio de 1888 y egresó como médico el 5 de Febrero de 1890. Siendo director del Hospital Mercedes fundó en 1907 el primer curso de enfermería. Se ocupaba especialmente del tratamiento de las afecciones propias de los países tropicales como paludismo, beriberi, disentería y de enfermedades venéreas y de la piel. Tenía su consultorio en la calle Venezuela y atendía de l a 4 de la tarde. En Abril de 1810 fue designado miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina.
De manera que lo que fue desde un principio Hospital Ruiz y Mercedes, terminó siendo, primero una Escuela industrial y finalmente Palacio Municipal, restaurado conforme a la arquitectura neoclásica dentro del programa de revitalización del Casco Histórico iniciado en 1987. (AF)
EWAIPANOMAS GUARDIANAES DE LAS RIQUEZAS DE GUAYANA
Después de Walter Raleight, nadie más ha dado cuenta de los fenomenales Ewaipanomas desplazándose por parajes umbríos del sur de la Guayana, con sus potentes arcos y haz de flechas a la espalda. Nadie más los ha visto caminar de un lado a otro de la intrincada selva del Caura, donde los ubicó con pelos y señales el mimado caballero de las Reina Virgen de Inglaterra.
Nadie más los ha visto ni siquiera en los transes de invocación espiritista intentados por el ya desaparecido Antonio Graterol, alarife invidente desde que se desplomó de un andamio, aficionado desde entonces a provocar el alma de los difuntos patriotas y abuelos aborígenes para interrogarlos sobre arcanos como esos de los Ewaipanomas.
Los Ewaipanomas fueron descritos y dibujados por Walter Raleight como seres descabezados, con el sólo tronco y extremidades. La caja torácica con los componentes vitales de la cabeza: ojos, nariz, boca, oídos, y una especie de cúpula donde posiblemente se localizaba el cerebro. La cabellera larga desprendida de los hombros y la complexión de estos increíbles seres, eran tan atlética como la de cualquier expedicionario de la época del siglo diecisiete.
Que sepamos, ningún otro aventurero del oro y de tierras promisorias, distinto al señor Raleight, vio a los Ewaipanomas. Por consiguiente, se tiene a él como único que escribió sobre esta etnia aborigen en su libro dedicado al “Vasto, hermoso y rico imperio de Guayana”.
Pero, ¿A qué se dedicaban los fantásticos pobladores de las cuencas del Caura, del Aro y del Erebato, moradores de las simas de Jaua y Sarisariñama? Según la leyenda, se dedicaban preferentemente a custodiar las inmensas riquezas de la región, traducida en oro y otros minerales que todavía se buscan con avidez desbordada.
Reforzando la humana barrera de los Ewaipanomas estaban unas bellas y esculturales mujeres semidesnudas cabalgando siempre sobre caballos de vistosa alzada. Amazonas sin maridos que vivían en permanente celibato para sublimar su cultura de intocables e inexorables guardianas de los arcanos tesoros de la selva.
Los Ewaipanomas y Amazonas conocían de los secretos del oro, de las piedras preciosas y de las aguas de los ríos. Aguas de la eterna juventud. Aguas que ingeridas en determinadas horas podían dar la muerte como la eterna vida, sin tener como Dorian Gray que venderle el alma al Diablo.
Pero el caballero inglés no tenía como prioridad de su expedición la fuente de la eterna juventud sino El Dorado. Encontrando al Dorado, todo después sería más expedito. El no estaba enfermo ni impaciente como Juan Ponce de León por hallar el manantial de agua cristalina con poderes mágicos que se suponía estaba situado “más allá de donde se pone el sol”. Circulaba como moneda corriente a principios del siglo dieciséis que cualquier persona herida o enferma que se sumergiera en sus aguas no sólo se reponía, sino que podía recuperar el vigor de la juventud.
Cuando Ponce de León, enfermo y ya de avanzada edad, sintió que le flaqueaban sus fuerzas, pidió al rey de España, Carlos I, permiso para explorar y descubrir la Fuente de la Eterna Juventud. Sin embargo, el día de Pascua Florida de 1513, se encontró con un territorio al que le dio el nombre de Florida y en el que no encontró la apreciada fuente. Siguió persiguiéndola sin resultados y, herido y maltrecho, sus hombres le llevaron a Cuba, donde murió anhelando la fuente de la juventud. Otros muchos exploradores siguieron buscándola por Guayana y las Antillas.
Son muchos quienes creen que los misteriosos Ewaipanomas deben andar por allí, por algún lugar muy inescrutable de la selva, eludiendo la incesante penetración de los buscadores de riquezas, de los doradistas de ayer como Gonzalo Jiménez de Quesada, Antonio de Berrío, el mismo Sir Walter Raleight y de los de hoy armados de batea y suruca y hasta de los vecinos Garimpeiros, muy provistos no de mosquetes, lanzas y armaduras como los antiguos buscadores de El Dorado, sino con helicópteros, poderosas sierras eléctricas para deforestar y máquinas hidráulicas, para horadar el suelo hasta donde se ocultan las vetas confundidas con las poderosas raíces de árboles gigantes y robustos.
Otros, contrariamente, imaginan que aquellos seres misteriosos, que parecían venidos de otros planetas se auto eliminaron ingiriendo las aguas de la vida y de la muerte, porque ocultarse como topos debajo de la tierra aguardando que pase el peligro de los doradistas, no tiene justificación toda vez que el peligro cesaría cuando se hayan agotado las riquezas.
Ocultarse para salir cuando se hayan agotado las riquezas no tendría explicación lógica porque nada podrían hacer toda vez que encontrarían los bosques depredados, los suelos erosionados y las aguas contaminadas, a menos que se estén preparando para una última batalla, confiados que desde muchas partes vendrían a reforzarlos como aliados los grupos ecologistas y conservacionistas del mundo, los mismos que hoy elevan su voz de protesta y de angustia contra la explotación de los bosques y riquezas minerales de la Sierra Imataca. (AF)
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