sábado, 22 de agosto de 2020

LAS TONINAS DEL ORINOCO



Antiguos delfines marinos que para sobrevivir se mudaron al Río Padre, se proveyeron de otros mecanismos biológicos y adoptaron distintas formas de vida.
Frecuentemente veía que las toninas pasaban frente a Ciudad Bolívar como ocultándose tímidamente bajo la superficie del Orinoco, mostrando apenas su lomo pardo o verdoso y preguntaba en silencio no sé a quién cuándotendría la ocasión de apreciarlas en toda su dimensión vital, hasta que un buen día de mayo o junio, sorpresivamente, encontré tres varadas en la playa oriental de la Isla Panadero.
Navegaba solo, probando una lancha de madera revestida de fibra de vidrio que procedente de Cumaná me había traído un hermano. Lamenté entonces no haber llevado consigo la cámara fotográfica, compañera en mi oficio de periodista. Las tres toninas estaban allí frente a mí, a muy corta distancia, alzando su infantil y picuda cabeza, como suplicando un milagro de salvación.
No podía hacer nada por sacarlas de aquel atolladero precedido de una oculta y grande fosa como trampa de la que tenía referencias por un viejo pescador soledadense llamado Corocoro.
De manera que preferí aguardar antes de dar la alarma, confiado en la pleamar que en el estuario suele represar al Orinoco o en la circunstancia de estar el río saliendo del estiaje pues era tiempo de lluvia en las cabeceras.
Regresé al día siguiente, preparado para la sorpresa fotográfica, pero ya no estaban. Efectivamente, la pleamar y el flujo fluvial hicieron levantar el nivel del Orinoco unos centímetros y ellas, forzando un poco su pesada pisciformidad, volvieron a su dinámica sumersión.
Desde la infancia escuché con asombrosa atención a los viejos pescadores hablar de las toninas como grandes cetáceos amigos. Ellas eran el reverso de las ballenas y cachalotes predispuestos a engullirse a cualquier ser humano atravesado en su curso, mientras que la tonina se ofrece generosamente para conducirlo hasta la orilla en caso de naufragio.
Y no son cuentos de pescadores o viejos lobos de mar. Plutarco, el gran historiador griego, pintaba a ese delfín como modelo de vida altruista, capaz de dar la vida por sus congéneres, y el astrónomo italiano Galileo Galilei, escribió episodios de marinos rescatados por delfines.
Y es que estos cetáceos mamíferos son delfines o, por lo menos, hermanos de los delfines, aunque los orientales como los guayaneses prefieran llamarlos toninas.(AF)

viernes, 21 de agosto de 2020

EL PELUDO DEL ORINOCO




Los vecinos de Perro Seco, antigua calle El Poder, hoy Guzmán Blanco, aseguran que en la playa del Polanco hay un espíritu maligno que molesta y atrapa a los bañistas. Quienes lo han visto y sentido dicen que es peludo y de allí que sea identificado como “El Peludo deL Polanco”, aunque otros lo identifican genéricamente como “El Peludo del Orinoco”.
Teófilo Hernández, un pariente cercano de los Tomedes que solía bañarse en esa playa con los Pérez y los Maradei y nadar hasta la playita de El Degredo, tenía en el pie derecho la marca que le dejó el apretón de “El Peludo” cuando intentó atraparlo. Otros antiguos habitantes de los Palos de Agua y El Pueblito dicen haber sentido en noches de insomnio los chapuzones que se daba El Peludo, pero nunca llegaron a verlo como sí lo vieron muchos jóvenes bañistas que escaparon de su acecho.
Un buzo traído de Margarita para explorar el sitio del Orinoco donde en l955 se hundió la chalana “La Mucura” de Levanti, cargada de vehículos, no pudo cumplir su labor debido a que el espíritu maligno le salió al encuentro.
Apenas el buzo embutido en su escafandra se sumergió y tocó fondo, pidió que lo alzaran y ya en cubierta hubo que llamar a un médico, pues el hombre estaba desvanecido. Luego reanimado dijo haber visto un monstruo peludo que chapoteaba sus manotas para atraparlo. La chalana jamás pudo rescatarse, quedó allí para siempre y en torno a su hundimiento se han tejido muchas fábulas, entre ellas, la de un monstruo que vive encuevado bajo la Piedra del Medio.
Alí Luces, conocido como “El Tiburón del Orinoco” confirma la leyenda que le fue trasmitida directamente por doña Celia Rondón, muy solicitada por los dolientes de los ahogados cuando éstos quedaban sepultados bajo las aguas del río. Solicitada porque ella oficiaba un rito que nunca le fallaba y que consistía en rezarle una oración a la Virgen de la Candelaria mientras una totuma con vela adentro encendida era empujada por la corriente hasta quedar detenida. El buzo, generalmente el Mocho Augusto Castillo buceaba en la zona y allí casi siempre aparecía el cuerpo del ahogado.
Pues bien, la doña contaba que el tal Peludo era un marino mestizo muy peludo, hijo del encuentro forzado de un negro esclavo africano con una india del Orinoco, que fue arrojado al río tras un conflicto con el Capitán de una goleta surta cerca de la isla El Degredo, mientras esperaba puerto abierto de atraque.
El Peludo tiene una lista larga de atrapado por la costa y arrecifes del Orinoco, especialmente en la Playa del Polanco, por eso calza el cognomento de “El Peludo del Polanco” Otros han sobrevivido como es el caso de Teófilo Hernández y del ex sargento de la Guardia Nacional, Silverio Mogollón, residente en la calle Las Flores. Mogollón antes de ingresar a la GN se bañaba en la playa de La Cerámica cuando junto a una de las gigantescas piedra del Orinoco emergió El Peludo queriéndoselo llevar, pero quedó paralizado luego de pegar un salto de espanto y brinco. En la arena fue auxiliado y llevado hasta su casa donde pasó días en un chinchorro, desvariando y a punto de perder la razón.
Alí Luces, su amigo, que ha buceado el lecho del Orinoco buscando ahogados, rescatando lanchas naufragadas, pescando y desprendiendo de las piedras sumergidas el famoso camarón negro, nunca, afortunadamente, se ha topado con El Peludo, pero ha oído y escuchado cada historia, cada episodio, que no sabe si dudar o creer.
Quienes dicen haber visto a El Peludo y sobrevivido a sus chapuzones y arremetidas, aseguran que el misterioso y maligno señor de las aguas estriadas tiene un grito de guerra y que cuando fracasa se despide: “¡Se va el sapo!”. (AF)


EL GENERALATO EN VENEZUELA


De Canada  me escribe el amigo Paúl Delepiani, bisnieto de Enrique Delepiani Moreno, tataranieto de Manuel Delepiani Ayala y por ahí sigue tratando de investigar la historia familiar de sus remotos ascendientes.  Trata de aclarar un tema sobre el generalato venezolano toda vez que tiene un par de “Generales” entre sus ancestros, pero que le parece ese término se refiera más a “caudillo” que a un cargo militar propiamente.
El nombrado General Manuel Delepiani sería bisabuelo de Manuel Narciso Delepiani Moreno, nacido en Soledad en 1857…En 1887, a los 30 años, es nombrado “secretario” de la Gobernación del Territorio Federal El Caura, pero apenas 14 años después, sin ningún antecedente militar, aparece  como “General”  Él ve en uno de mis blogs que Juan Rivas Gómez (quien  está mencionada como el otro General o “Jefe” pasajero en el vapor del Orinoco) también fue Jefe Civil Provisional del distrito Sucre del Estado Bolívar hacia el año 1900. 
Lo que no tiene muy claro es esa dinámica de los Generales… ¿Quién los nombraba? ¿O se auto-nombraban ellos mismos a raíz de ser caudillos de su zona? Esto último no se aplicaría a Manuel Delepiani ya que la familia nunca fue de terratenientes ni “poderosos”, sino más bien de modestos comerciantes o secretarios gubernamentales de bajo rango (el que llegó a más fue Felipe Delepiani, diputado por Guayana en la época de la Gran Colombia, hacia 1823 – 1827, y aún así es referido como hombre “de poca fortuna” en aquél entonces).
 Además de este Manuel Delepiani, también hay otro “General Geronimo Simonovis” en su historia familiar, que tampoco sabe cómo llegó a general ya que esa familia Simonovis aparentemente era también de comerciantes de Barcelona a comienzos del siglo XIX.
Termina Paúl preguntándome si tengo yo conocimiento de cómo y por qué civiles aparecen casi repentinamente como “Generales” en la Venezuela del siglo XIX y comienzos del XX, sin que se note ningún vínculo militar obvio.
Bueno, amigo Paúl, sólo puedo decirte de acuerdo a lo indagado que en nuestro país se distinguieron tres tipos de Generales: los académicos propiamente, los que lograron  este rango por su méritos en los campos de Batalla y los de montonera que no eran más que caudillos del pueblo o hacendados que brindaban su apoyo armado a una determinada causa o caudillo.
Estas agrupaciones de civiles en armas han tenido un papel importante en la historia de algunos países hispano-americanos durante el siglo XIX.
El término "montonero" se debe a que estos hombres marchaban "en montón" es decir desorganizados, se agrupaban y dispersaban "en los montes" y generalmente luchaban "montados" a caballo como vemos en esta gráfica de la Guerra Federal.
El hecho es que las montoneras aparecían espontáneamente en las localidades sublevadas, atacando a guarniciones y dispersándose inmediatamente al enfrentar a una fuerza superior para volverse a reunir y actuar de nuevo, un fenómeno social de la Venezuela rural que modernamente ha derivado en guerrillas, sólo que sus jefes en vez de generales se denominan Comandantes.

Pero debemos decir, que Venezuela cuenta con una  Academia Militar de amplia trayectoria en América, siendo el instituto de profesionalización universitario más antiguo del continente, donde sus cadetes después de prepararse durante cuatro años y culminar sus estudios, egresan con el grado de teniente de comando y obtienen el título de Licenciados en Ciencias y Artes Militares en sus diferentes menciones. De allí en adelante sus estudios y actuaciones le permiten ir ascendiendo hasta el generalato en sus disntos rangos.(AF)

jueves, 20 de agosto de 2020

LA BISNIETA DE PIAR



Pedro Castro Fernández, compartió conmigo. vía WhatsApp, el recorte de un periódico que encontró en el viejo baúl de una Tía que falleció en Caracas a una edad muy avanzada.  El  recorte de periódicos está firmado por Rafael Pineda en el cual echa el cuento de Mercedes Vásquez de Farrera, viuda de Ramón Cecilio Farreras, jefe civil y militar de Guayana cuando la Guerra Libertadora pretendía derrocar al Gobierno de Cipriano Castro.
El árbol genealógico de Piar en Guayana sería así: Con Mónica Farreras, a qien conoció y amó, no se sabe si en Upata o Angostura,   tuvo a  Inés, su segunda hija (la primera, María Isabel, la tuvo en su matrimonio con María Marta Boon). Inés, de la que nunca supo ni pudo conocer, se casó a temprana edad con Tomás Vásquez León, de cuya unión nació Mercedes Vásquez Farreras, la esposa de Ramón Cecilio Farreras, a quien  sobrevivió y llegó  conocer Matilde  Castro Grúber.
Cuenta Pineda que en la residencia caraqueña de Matilde Castro Grúber, se reunieron J. A. de Armas Chitty,  Eduardo Machado Rivero, Hugo Aristeguieta. David Morales Bello, Francia Damiani de Prato e hijos; Hortensia de Flores, Adita Figarella de Rodríguez, María Griselda, Antonia Acosta de Guerrero, Rosario Pérez Agosto, Silvia Irureta. Miguel Márquez  Castro, Cira y el propio Rafael Pineda para escuchar un secreto de familia hasta entonces bien guardado y que el fin era que saliera publicado como en efecto sucedió después que los circunstantes compararon los rasgos de un retrato de Piar hecho por Carmelo Fernández.
Lo que me llamo extrañamente la atención es por qué Rafael Pineda no le hizo una entrevista directa y profunda a la bisnieta de Piar. ¿Estaba, acaso, muy anciana? (AF)

MATILDE



Matilde, nombre de planta, piedra o vino / de lo que nace de la Tierra y dura / palabra en cuyo crecimiento amanece / y en cuyo estío estalla la luz de los limones” así empieza el soneto que el poeta chileno, Pablo Neruda, escribió para su esposa que así se llamaba, Matilde, como la primogénita de mi primo Justino López Fernández o la tía de Pedro Castro Fernández,  de la que quiero hablar hoy aprovechando una foto que le tomé en un año de 1960 en el terminal del Aeropuerto de Ciudad Bolívar y un recorte de prensa que me envió por whatsApp   su sobrino Pedro Castro, desde su hato en  la vía hacia Upata,
Pues bien. Matilde, quien tuvo en su residencia caraqueña como invitada a una bisnieta ya octogenaria  del héroe de Chirica, Manuel Piar, estudiaba arquitectura en la Universidad Central  de Venezuela, pero como la dictadura de Marcos Pérez Jiménez la intervino, se fue al Brasil a continuar sus estudios en la Universidad de Sao Paulo donde se  graduó. Luego que a raíz del 23 de enero pudo regresar a Venezuela hizo  reválida en la central y de hecho pasó a ser la primera mujer en recibir el título de Arquitecto en la UCV.
Posteriormente se fue  a los Estados Unidos hasta recibirse como Magister de arquitectura urbana en  la Universidad de Carolina del Norte.  Retornó a Venezuela para trabajar como tal en la Corporación Venezolana de Guayana e inmediatamente pasó a convertirse en la Primera “Ingeniero Municipal” del recién creado Distrito Municipal de Caroní que le permitió trabajar en el Proyecto de urbanismo de Ciudad Guayana diseñado por la Universidad de Massachuse.  Finalmente se fue a trabajar con Maraven.(AF)




martes, 18 de agosto de 2020

"La Casa de Wannia"


Era un inmueble antiguo del Casco Histórico de Ciudad Bolívar al que Wannia, de pareja afectiva con un simpático señor de nacionalidad belga, lo dio a conocer con el nombre de “La Casa de Wannia”, pero que no era sino un pequeño restaurante de viandas muy típicas y exquisitas que atendía a gentes notorias de la ciudad.
Un buen día a Wannia se le ocurrió invitar para que dialogara amenamente con los comensales, en noche muy especial, por supuesto, a Leonardo Padrón, popular escritor de telenovelas como “La mujer perfecta” y “La Vida entera”, donde actúa, por cierto, con el nombre de “Napoleón” el bolivarense y actor dramático Gustavo Rodríguez.
 Me contó Wannia, un día que la visité para  degustar sus platos con los docentes Rosario Troncone y Rosa Emilia Hernández, que le pagó a Leonardo 25 mil bolívares que entonces era algo así como 5 mil dólares y que la noche fue realmente espectacular.
No quise ahondar en el asunto, pero supongo que la idea de invitar a Leonardo Padrón debió ser sugerido por  Elba Aracelis, esposa del Dr. Sócrates Medina, primer Rector de la Universidad de Guayana, quien es prima de Leonardo al igual que Alfredo Padrón, entonces Director de Relaciones Públicas de esa  universidad.  Alfredo estudió fotografía en Rumania y me regaló “La Guaricha” novela de Julián Padrón, tío de él, Elba Aracelis y Leonardo Padrón que según los chismes de farándula, le ha sacado unos cuantos millones verdes a las televisoras del país.

El sustantivo “Guaricha” me atrajo porque así  llaman a las  mujeres jóvenes que cantan en el teatro de calle o  “Diversiones  pascuales” de la isla de Coche. Tradicionales Diversiones que dieron preponderancia y trascendencia a “El Carite” canto folclórico de Rafael González, que me tocó narrar en un reportaje para Radio Caracas Televisión junto con el  colega Marcos Dinelli y colaboración siempre  muy espontánea del Capitán Enrique y su avioneta. (AF) 



lunes, 17 de agosto de 2020

LAS SIRENAS DEL ORINOCO



Pescadores ribereños sustentan la creencia de que en el Orinoco hay Sirenas. En la desembocadura del río Caris en el Orinoco, cerca de Soledad, existe una de esas sirenas conocida como la Carona y en el Alto Orinoco son las toninas que se transforman en Sirenas para seducir a los navegantes

. A los pescadores que les caen en gracia, La Carona los obsequia con una buena pesca y los que no, los espanta con borbollones y batiéndoles la curiara. Un pescador de apellido Tortoledo murió del susto que le dio La Carona cuando lanzó su canoa desde el Orinoco hasta la garganta del Caris.

Vicente Reyes, quien vive en La Encaramada, contó haber mejorado su suerte con la Carona al descubrir que a esta nereida del Orinoco le gustaba el Anís, licor muy dulce. De manera que cada vez que iba de pesca le rociaba su traguito. Entonces la pesca de lau-lau y morocoto se le daba de maravilla.

En el Alto Orinoco creen que en las profundidades de ríos y lagunas de la región del Amazonas existen ciudades encantadas que los autóctonos distinguen con el nombre de Temendagui, perteneciente al reino de Máwari y que cuando un pescador llega a los lugares de pesca y no puede apartar de su mente a la mujer amada, lo más probable es que una tonina se transfigure en ella, lo seduzca y lo lleve hasta la ciudad encantada.


Mi abuelo, José de la Cruz Tillero, un marino de Pampatar abordo de una goleta que en sus viajes de cabotaje solía hacer escala en Ciudad Bolívar, contaba haber visto una Sirena del Orinoco sentada sobre una de las rocas ribereñas, peinándose su larga cabellera mientras trataba de ver su imagen reflejada en el remanso que se hacia alredor de la piedra.

El patrón del barco, enterado, le aconsejó que si la volvía a ver no se le acercara porque lo iba a seducir con su encanto y su canto para arrastrarlo hasta el fondo del río y devorarlo o transformarlo en su amante bajo el agua., pero que si lograba resistirla le otorgaría poderes sobrenaturales.

Estas Sirenas del Orinoco son parecidas a las existentes en el mundo de la mitología y el folclore, criatura con cabeza y torso de mujer y cola de pez, aunque en la mitología clásica tenía cuerpo de ave, y así aparece en numerosos vasos griegos.(AF)