jueves, 13 de agosto de 2020

UPATA: CHAQUETA Y SAMBUCA



Upata es un manjar de mujeres bonitas, según Rómulo Gallegos en Canaima.  No sabemos si él lo constató o fue que se  lo contó Ana Luisa Contasti.  Lo cierto es que con esa fama se ha quedado a través de los tiempos y más con la leyenda parecida a la bolivarense según la cual “quien se come la cabeza de la sapoara se queda para siempre en la ciudad casado con una  guayanesa”  En Upata no hay sapoara, pero figura enhiesta y tramposa la Piedra de Santa María a donde las upatenses trepan a los forastero para como en un Bautisterio, le vierten las lustrales aguas que manan del  peñón  para que se queda anclado en el Yocoima  donde echó sus áncoras el francés  Leopoldo Talhiardat el día que se enamoró de Concepción Acevedo, vistiendo. por cierto,  una chaqueta o chamarra como le dicen los aztecas, pero que amarran de verdad a las empáticas muchachas que aúpan y colman de arrumacos, sobre todo cuando están bien entonadas con Sambuca, un licor dulce y fuerte que tan pronto le asoman un fósforo rayado se configuran como un volcán en erupción, (AF)

jueves, 6 de agosto de 2020

ADAN BLANCO LEDEZMA CRONISTA DE CIUDAD BOLÍVAR


El doctor Adán blanco Ledezma, quien fue el primer cronista oficial de Ciudad Bolívar, era hijo del General Diego Alberto Blanco, amigo del novelista colombiano José María Vargas Vila, del poeta Andrés Mata, fundador de el Universal de Caracas y del poeta Armando Barazarte. Los tres vivieron en Ciudad bolívar y  fundaron el periódico “Cabos Sueltos del Orinoco”.
Adán Blanco Ledezma murió el 6 de septiembre de 1962 en Caracas y sus restos fueron trasladados a Ciudad Bolívar, donde recibió homenajes del pueblo e instituciones a las cuales había servido.
Lo conocí en su propia casa el 25 de noviembre de 1961 cuando lo visité invitado por el entonces estudiante Mikey Gómez Bello y me regaló sus últimos dos libros con esta dedicatoria “Al joven periodista, Américo Fernández, con gran cariño del autor hacia su intelectual profesión”
En los salones del Liceo Peñalver, del cual fue Director, llegaron a funcionar provisionalmente los liceos Tomás de Heres y Adán Blanco Ledezma, en el cual estudié y me gradué de bachiller.
Además de director por varios años del Liceo Peñalver,  Blanco Ledezmafue profesor del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente; fundador de la Sociedad Bolivariana, miembro de la Sociedad de Artesanos y Obreros; presidente de la Corte Suprema de Justicia; ministro de la Corte Superior; juez de la Instancia en lo Criminal; presidente de la Asamblea Legislativa, en dos ocasiones; fiscal del Ministerio Público; síndico Procurador; juez Nacional de Hacienda; secretario general de Gobierno; presidente del Concejo Municipal; senador al Congreso Nacional; presidente del Ateneo Guayanés; presidente de la Sociedad Bolivariana; representante del Colegio de Odontólogos al V Congreso de Medicina con sede en Caracas. Miembro de la Junta Conservadora y Protectora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, en Ciudad Bolívar; Miembro Correspondiente a la Academia Nacional de la Historia;  Diplomado de Honor del Consejo de Profesores del Liceo Peñalver: Director del Colegio Federal de Boconó y Medalla de Instrucción Pública.
Dejó en preparación otras obras tales como Anales del Colegio de Guayana, cuya publicación es de grande importancia para narrar el desarrollo cultural de Guayana; también una comedia; la publica­ción de sus Discursos Académicos; Tesis de Filosofía y un tomo de Poesías.
El doctor Adán Blanco Ledezma, como Cronista de Ciudad Bolívar, escribió Horas de asueto (versos y cuentos), Hablillas, Tópicos y Semblanzas (dos tomos); Semblanzas Médicas, Crónicas de Ciudad Bolívar, Anales del Colegio de Guayana, Una Comedia, y varios trabajos científicos relacionados con su profesión de odontólogo. (AF)



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miércoles, 5 de agosto de 2020

DOS ÍDOLOS DE LA INDEPENDENCIA PEDRO CAMEJO Y JOSEFA CAMEJO.





Siempre me he preguntado si Pedro Camejo (Negro Primero) tenía nexo con la heroína Josefa Camejo. Interrogante desprendida del apellido “Camejo”, pues bien sabemos que Miguel Camejo, padre de la heroína falconiana, Josefa Camejo, era dueño del hato Aguaque en Falcón y que lo negros esclavos que trabajaban como piones, recibían el apellido de sus amos,  La gente de Falcón debido a la proximidad y por razones sociales y económicas, tenía comunicación con Barinas y Apure,  tanto así que los padres de Josefa Camejo  residieron por algún tiempo en Barinas donde también prestó servicios religiosos Monseñor Mariano Talevera y Garcés hermano de Sebastiana casada con Mguel Camejo. Lo cierto es que  todos eran partidarios y lucharon contra los realistas a favor de a la Independencia llegando Negro Primero y Josefa Camejos a destacarse com adalid de le emancipación.(AF)

martes, 4 de agosto de 2020

LA HEROÍNA JOSEFA CAMEJO MURIÓ EN CIUDAD BOLÍVAR



La heroína falconiana, verdadera guerrera en la lucha por la independencia de Venezuela, Josefa Camejo, murió casualmente en  Ciudad Bolívar, el 5 de julio de 1862. Aniversario de la emancipación. 
Por qué esta mujer patriota, nacida en Coro, el 18 de mayo de 1791 vino a morir en Ciudad Bolívar? Pues circunstancialmente por ser sobrina del prelado Mariano Talavera y Garcés, quien siendo obispo de Tricala, ejerció el Vicariato Apostólico de la Diócesis de Guayana desde 1830 a 1842 después de la muerte trágica de su amigo Tomás de Heres.
El prelado no sólo era su tío sino su tutor, educador y quien le insufló desde temprana edad el fervor republicano que lo enardecía desde que era estudiante de la Real y Pontificia Universidad  de Caracas a donde lo enviaron sus padres para destacarse después de graduarse dde teólogo en  la carrera sacerdotal hasta llegar a ser Vicario Apostólico con facultades de obispo en la Diócesis de Guayana `propuesto al Vaticano por el Congreso Nacional de Bogotá tras ser presidente  de la Cámara de diputados.
Cuando Mariano Talavera vino a posesionarse de la Diócesis que llevaba 12 años sin Gobierno eclesiástico, lo hizo acompañado de su sobrina Josefa Camejo, quien había perdido a su madre Sebastiana, ahogada en el rio Santo Domingo y a su esposo Juan Nepomuseno Briceño Méndez Se radicó en Ciudad Bolívar con su primer hijo Wenceslao y su hija Teotiste Briceño, siempre en la misma residencia episcopal de su tío que en ciudad Bolívar quedaba colindante con la Plaza Bolívar.
Monseñor Talavera renunció al Vicariato en 1842 por problemas de salud, antes había renunciado a ser obispo de Mérida y se residenció en Caracas donde se desempeñó como consejero de estado.  Falleció el 23 de diciembre de  1861 y seis meses después en Ciudad Bolívar, su sobrina  más querida, quien lo acompañó en todas sus acciones religiosas y libertarias.  Ella dominada por lo que un día escribió: «El sexo femenino no teme los horrores de la guerra, antes bien, el estallido del cañón no hace más que alentarla, su fuego enciende el deseo de libertad, que sostiene a toda costa en obsequio del suelo patrio […]»  (AF)

viernes, 31 de julio de 2020

SAN FEÉLIX DE GUAYANA



San Félix se habría fundado el 20 de noviembre de 1724 como un enclave en la isla  Fajardo que sirviese de  apoyo a la penetración misionera que luego coronó con la iglesia de la Purísima Concepción de Nuestra Señora del Caroní, la primera de los capuchinos catalanes en la zona.
Desde entonces son tres las situaciones que jalonan la vida de San Félix de Guayana: su estatus como pueblo indio dependiente de las Misiones del Caroní; su situación, ya a finales del siglo XIX, cuando comienza a renacer de las ruinas de su propio abandono; y en 1961, al convertirse en capital de Caroní y asiento de las autoridades municipales.
Para 1800, cuando Alejandro de Humboldt y Amadeo Bonpland se detuvieron por treinta días en Angostura, conocieron San Félix, San Joaquín y San Miguel: pueblos indios pertenecientes a la Misión de la Purísima Concepción de Nuestra Señora del Caroní, fundada en 1724. Así lo registraron en sus cuadernos de viaje.
No existía Puerto de Tablas. San Miguel se hallaba al este de la confluencia, y San Joaquín, pueblo situado a la orilla del Caroní, inmediatamente más abajo de la gran catarata, era el embarcadero de las misiones.
En 1817 San Félix era pueblo vivo, y allí el general Manuel Piar (8 de abril) estableció su comando por varios días antes de enfrentar a las tropas del brigadier Miguel de La Torre, en la Mesa de Chirica. Dos meses después, el Libertador, Simón Bolívar, también lo utilizaría como asentamiento.
En 1819, año del Congreso de Angostura, al decretar la división del territorio de las Misiones en cuatro distritos, se incluyó en el Bajo Caroní a los pueblos de San Félix, Caruachi, Murucurí, Caroní y San Miguel. Este último, según la Ordenanza de la Diputación Provincial de Guayana del 10 de diciembre de 1841, fue trasladado al Puerto de Tablas (se acuerda la traslación de San Miguel a la orilla del Orinoco en el lugar que se denomina Puerto de Tablas, con cuyo nombre se titulará la nueva población).
El nombre de Puerto de Tablas tiene que ver con las tablas longitudinales acumuladas y dispuestas en el atracadero para que, apoyadas entre la orilla y el borde de la nave, desembarcaran o ingresaran pasajeros y tripulantes.
El debilitamiento de las misiones, a causa de la degollina de los misioneros catalanes recluidos en San Ramón de Caruachi, afectó severamente a los pueblos indios citados, hasta el punto de que el explorador Francisco de Michelena y Rojas, cuando pasó por allí en septiembre de 1857, encontró a San Félix en completo estado de ruina.
Michelena salió de Angostura en lancha el 16 de septiembre, y luego de 15 horas de navegación tocó Puerto de Tablas. Permaneció allí hasta que encontró bestias para proseguir el viaje hacia las minas de Caratal: “en menos de dos días, después de haber atravesado valles y montañas risueños, y de atravesar las ruinas del memorable pueblo de San Félix, llegué a Upata cabecera del cantón de este nombre”, reseña.
Como apreciamos, en 1857 el pueblo de San Félix estaba en ruinas, pero existía Puerto de Tablas, el cual vino a sustituir al embarcadero de San Joaquín por requerimiento y necesidad de la navegación de vapor, utilizada desde Angostura para abreviar la distancia hacia el interior de Guayana.
Inmediatamente después de la Guerra Federal se constituyó el Estado Soberano de Guayana, que dividió el territorio federal en cuatro departamentos: Ciudad Bolívar (Heres), Upata, Alto y Bajo Orinoco.
El artículo 3º de ese Decreto (17 de junio de 1864) decía así:
“El departamento Upata se divide en los distritos siguientes Upata, Puerto de Tablas, Guri, San Antonio, Pastora, Tupuquen, Tumeremo, Miamo, Guasipati, El Palmar, Capapui y Nueva Providencia”. No aparece San Félix, en cambio, Puerto de Tablas continúa subsistiendo, ese año como distrito. Lo mismo ocurre en 1833 cuando el presidente de la República, Antonio Guzmán Blanco, crea el Territorio Federal Yuruari.
Este finaliza en el siglo XIX, y gracias a la varita dorada que irradiaba vida desde la cuenca aurífera del Yuruari  reaparece el nombre oficial de San Félix sobre el de Puerto de Tablas, o Ciudad Tablita como también fue llamado en un tiempo.
En los documentos de la última batalla de la Guerra Libertadora, en Ciudad Bolívar (1902), no se habla de Puerto de Tablas sino de San Félix, a donde el presidente del estado, general Julio Sarría Hurtado, debió trasladar su gobierno tras la toma de la ciudad capital por las fuerzas insurrectas del capitán Ramón Cecilio Farreras.
Figura entonces San Félix, en la ley y en el mapa, como municipio foráneo del Distrito Piar. La creación del Distrito Caroní se hizo realidad el 29 de junio de 1961 mediante reforma de la Ley de División Político Territorial del Estado Bolívar. Quedó conformado por San Félix de Guayana en calidad de capital, Chirica (Santo Tomé), Macagua y los centros poblados de Puerto Ordaz, Matanzas, Castillito, Caruachi, La Ceiba y Alta Vista que pertenecían al Municipio Ciudad Bolívar. Todos estos puntos habían arrojado en el Censo Nacional de 1960 una población global de 32 mil 444 habitantes.
La Ley de División Político-Territorial, reformada el 25 de junio de 1986, sustituyó el nombre de San Félix de Guayana por el de Ciudad Guayana como capital del Distrito Caroní, por aquello de que la costumbre se hace ley. Los habitantes del Distrito Caroní (que para entonces alcanzaban a 322 mil) al igual que las autoridades, jamás se acostumbraron al nombre de San Félix de Guayana, pues les resultaba más práctico el de Ciudad Guayana y así fue establecido desde entonces en la Ley. (AF)

jueves, 9 de julio de 2020

sábado, 27 de junio de 2020

EL TINAJERO DE ANGOSTURA



Quién desde su invento artesanal y hasta muy avanzado el siglo XX, no tenía en su casa un Tinajero bien provisto de agua dulce, cristalina y fresca de algún manantial?  Claro, que los pobres, si acaso, sólo tenían la tinaja con agua sin destilar o, cuando menos,  la perola donde venía la manteca  “Los Tres Cochinitos” y otras sustancias domésticas envasadas.
La casa más preciada de Angostura disponía de un Tinajero o armario en forma de pirámide trunca hecha de madera roble o alcornoque.  Arriba una piedra parecida a una oronja invertida, porosa y corrugada, donde se vertía el agua de manantial que lentamente y gota a gota iba filtrando hasta el bernegal y finalmente hasta esa primitiva vasija de barro, barrigona  de cuello angosto que es el añorado tinajón.
En la casa donde se reunió el Congreso de Angostura en 1819 y que además de Colegio servía de hogar a sus rectores, había un viejo Tinajero  al cual le cantó el poeta  Héctor Guillermo Villalobos, quien nació y creció en esos legendarios como históricos y acogedores espacios:
 “Cansado a la sordina preside la tertulia / Su edad –la saben todos- es la del abuelo / y en ambos sueña historia la paz del centenario / decano de los muebles  ¡bravo roble abolengo!”
Ese desaparecido Tinajero del Colegio Federal vio pasar y crecer no sólo a los que allí nacieron y crecieron como el poeta nativista, sino a personajes de la historia y la cultura bolivarense como Ramón Isidro Montes, José Manuel Agosto Méndez, Luis Felipe Vargas Pizarro, Ernesto Sifontes y otros de más allá como el explorador del Orinoco y la Amazonía,  Francisco Michelena y Rojas, el insigne matemático Olegario Meneses, al poeta fundador del diario El Universal, Andrés Mata, al novelista irreverente colombiano  José María Vargas Vila, al geógrafo y militar italiano Agustín Codazzi.
En esa Casa de Angostura, a un paso de la Plaza Mayor, vivió el poeta como tantos otros.  Allí lo acunaron con el arrunango indígena en esa mismita casa  convertida en asiento del Colegio Federal que dirigía su padre Guillermo Tell Villalobos. Allí nació con médico y partera el 20 de julio de 1911, a pocos días de haberse estrenado el Himno del Estado y de haber llegado la luz eléctrica a sustituir la vacilante luz de acetileno. La casa aunque revestía la austeridad académica, no podía deshacerse del propio ambiente hogareño, de la serenidad de los tejados arropando las neuralgias y los ruidos, ni del patio de helechos ni del tinajero musical.
Ahí el tinajero solía presidir las interesantes tertulias nocturnas. Para el poeta era un bravo roble abolengo. Significaba mucho más que el presuntuoso piano de cola. Los había visto crecer a todos en la casa, la casa grande, fortaleza de paz, abundante de amor en la tinaja roja del tinajero. Y si bien la abuela Mercedes lo arrullaba con su arrunango, el noble tinajero, con su tic tac sonoro de gotas pausadas, arrullaba siempre la siesta de la abuela que parecía alfarera de sueños fabricando aquellos ladrillos con los cuales construía fantásticos edificios colmados de fuentes cuyos penachos crecían como el árbol que los pájaros pretendían estirar hasta el empíreo.
Tía Victoria también tenía un Tinajero y todas las mañanas cuando el burro del patio rebuznaba y cantaba el moriche, la abuela Isabel (Beca) trasegaba el agua de lluvia del tanque mayor debajo del tejado a la piedra singular y porosa del viejo y noble Tinajero.  El agua fresca y rezumada cuando no venía del tanque venía del jaguey cercano al morichal de San Isidro o de Las Tinas o de Ojo de Agua y así cuando los muchachos regresaban de la escuela, iban directos y gozosos a calmar la sed del estudio en ese raro mueble de paredes y puerta rejadas como ventana andaluza.  (AF)