lunes, 16 de diciembre de 2019

JUAN VICENTE GÓMEZ


A Juan Vicente Gómez lo tenemos desde hace dos años en Ciudad Bolívar.  No se asusten, que no es el hombre de la  mulera redivivo, sino el hijo predilecto del Capitán Ramos que si era gomcro o gomrcista y le puso al nacer ese nombre en honor  al General  que gobernó a Venezuela con mano de hierro durante casi tres décadas,
Pues bien, a Juan Vicente Gómez Ramos lo conocí a bordo de una camioneta.  Ambos viajábamos como invitados de su colega, médico veterinario también, Pedro Castro Fernández, dueño del Hato Guacaima, entre Upata y San Félix. Castro había organizado una tertulia para hablar de lo humano y lo divino como decía Luis Herrera.  El Chófer era nada menos que Rafael Ojeda Guedez, tres veces campeón de pesca del pavón que tanto abunda en los lagos de Tocona y Guri. Pero el almuerzo obsequio no fue de pavón sino de un “marrano ecológico” a decir del amable anfitrión.

Juan Vicente es nativo de Guanape. Anzoátegui, pero su vida de estudiante y profesional ha transcurrido en España, Alemania, Inglaterra, Barquisimeto  y, Yaracuy, de donde es su esposa y también sus hijos que ahora ruedan por el mundo arrastrados por la diáspora de la crisis venezolana.  JVGR es, ya lo dijimos, médico veterinario, pero la política lo ha conquistado hasta el punto de haber sido senador, diputado regional, nacional y candidato a gobernador por Yaracuy,  pero ya ha llegado el reposo del guerrero aquí en –Ciudad Bolívar donde vive una fracción de la familia disfrutando quizá de sus anécdotas que son muchas en torno a ese nombre tan pesado y al mismo tiempo tan  liviano a la hora de la broma y del chiste a domicilio. (AF).

domingo, 15 de diciembre de 2019

El QUESO GUAYANÉS


*                      Existe tanta variedad de queso en Venezuela que siempre, o casi siempre, nos quedamos con el queso guayanés, guayanés porque de Guayana es, aunque actualmente se produce en numerosos hatos llaneros, pero nunca con la misma calidad o fórmula que, al parecer, es, o fue un secreto de familia que se extinguió con el ultimo heredero, según información recogida durante una tertulia organizada por Pedro Castro Fernández en la churuata del hato Guacaima de su propiedad y en la que estuvieron Douglas Lanz Gómez con su prima Julia Almeda Gómez, Juan Vicente Gómez Barrios, médico Carlos Alberto Zerpa Malavé, el chef de cocina Rafael Ojeda Guedez y el ingeniero agrónomo Eithel Castro Daly, El nombre “Queso Guayanés” perdura, no obstante la extinción de sus productores originales, porque comercialmente así lo exige la oferta y la demanda. El Queso Guayanés, específicamente es de Upata, originalmente del Hato Macorumo de los Grúber Lezama. Se caracteriza por su suavidad y gusto exquisito. Es un queso de capas o telitas que los productores actuales logran cocinando la cuajada hasta obtener una textura elástica. Luego se va amasando formando capas o telas que se cortan en trozos y se colocan en moldes. Frecuentemente recomiendan los degustadores consumirlo fresco, preferiblemente en el momento de comprarlo, extraído del suero donde es conservado toda vez que si es refrigerado pierde la textura que lo caracteriza. (AF)

sábado, 14 de diciembre de 2019

LA CASA PIAR DE UPATA



La Casa Piar de Upata queda a una cuadra de la Plaza Bolívar, lamentablemente vencida, en el suelo, en penoso estado de ruinas. “Pero la vamos a reconstruir y dejarla como era ella originalmente”, exclama optimista Pedro  Castro Fernández  Han pasado cuatro Alcaldes y sus promesas han caído en el vacío. Siempre se  reconoció como “La Casa de los Daly”, porque la adquirió el irlandés Abdón Daly, llegado a Upata y que, como todo forastero que llegaba con fuerza y empuje creador, hizo familia y fortuna en la bendita tierra del río Yocoima. Existen testimonios históricos que han fluido hasta nuestros días, según los cuales, allí estuvo alojado el general en Jefe Manuel Piar en el curso de los días de ocupación de las Misiones del Caroní y posteriormente en 1817 cuando Bolívar lo envió a formar cuartel en Upata junto con el Padre José Félix Blanco.  Era la única casa colonial con una fuente interna en el primer patio  que quedaba en Upata, era relativamente una casona con todas las comodidades y, seguramente por esas bondades arquitectónicas  la adquirió el irlandés, especialmente cuando contrajo matrimonio (en la  foto) con Eufemia Torres, hermana del Presidente del Estado, General Marcelino Torres García  (1915-1921).  Allí nacieron tres Eufemia, la última, madre de Eithel Castro Daly, casada con Pedro Fernández Amparan, muerto por los sicarios provincianos del dictador Juan Vicente Gómez, y, por lo tanto, abuela del  médico veterinario Pedro Castro Fernández, quien nos suministra la información con tantos facetas que por los prolijo fue difícil retener, pero que habla indudablemente de la memoria genealógica que tiene nuestro anfitrión en su Hato Guacaima donde ha hecho levantar una churuata, sin palmas y amarres indígenas, sólo de madera extraída del propio lugar, para recibir y atender a visitantes, familiares y amigos y donde jamás falta la energía eléctrica, pues las torres de Edelca que sostienen los conductores que alumbran a toda Venezuela, pasan por sus tierras que es toda una fortuna amasada con trabajo y energía creadora por las manos de Pedro que ocultan su sencillez, camaradería y buen trato. (AF)




Dinapiera Di Donato Amigo Américo, agrego datos que me acaba de escribir mi prima Almida Daly de Casado, hermana de Álvaro Daly:
"Me encanta! Con algunos errores de genealogía. Mi abuela tuvo 12 hijos que nacieron en esa hermosa casa. Mi tía Eufemia no fue la última en nacer. Fue Lucrecia la menor. Lástima que no fue restaurada. Me crié en ella en todo su esplendor. 


viernes, 13 de diciembre de 2019

EL AGRÓNOMO EITHEL CASTRO Y EL HATO GUACAIMA




Eithel Castro es ingeniero agrónomo.  Estudió en Columbia y se graduó en Texas.  Trabajó 22 años en el MAC y todos sus ahorros los invirtió en su aspiración de toda la vida, una finca moderna en las feraces tierra del Yocoima.  Las tierras, “un peladero”, como suele decirse vulgarmente, pertenecieron a las Misiones del Caroní. Pasaron en tiempos de la República al Colegio Federal de Guayana y finalmente a Antonio Liccioni, fundador de El Callao, quien terminó vendiéndola a los arrendatarios.  Por esa vía llegó a las manos de Eithel Castro, quien pacientemente y a través de los años fomentó lo que es actualmente el Hato Guacaima, connotado con el mismo nombre toponímico de esas antiguas tierra misioneras.
Cuando avanzo a cierta edad, Either Castro  transfirió el Hato a uno de sus cuatro hijos, específicamente a Pedro Castro Fernández, quien siguió sus huellas recibiéndose en Estados Unidos de Veterinario y quien  elevó técnicamente  la finca de 1552 hectáreas en la que miles de reses, búfalos y caballos pastan en hondonadas que llenas de gracia y verdor  realzan el paisaje
Either Castro es hermano de la arquitecto Matilde Castro, a quien en los años sesenta entrevisté en la Terminal de Aeropuerto de Ciudad Bolívar,  una mujer sonriente y muy bella.  Ambos son hijos de la última de las tres Eufemia de la familia. La primera, hermana del General  Marcelina Torres García, Presidente en dos periodos del Estado Bolívar en tiempos de Juan Vicente Gómez, casada ella con el irlandés Abdón Daly, a quien Gallegos en su novela Canaima asume como “Bellorín, el bueno”.
El Hato Guacaima está situado a unos 10 kilómetros de San Félix en dirección a Upata y el paisaje del Hato que visité en estos días me trasladó  a este pasaje de Gallegos en la novela Canama: ““Aire y clima suave sobre un valle apacible entre dulces colinas (…) Unos montes lejanos, tiernamente azules” . (AF)



miércoles, 11 de diciembre de 2019

GUILLERMO SUCRE


Guillermo Sucre Figarella un bolivarense nacido en Tumeremo, 15 de mayo 1933 y muerto en Caracas el 22 de julio de 2021, ha sido valorado como uno de los críticos literarios más destacados de Hispanoamérica. Tanto así, que fue propuesto para dar cátedra en una de la Universidades más prestigiosas del mundo, la Universidad anglosajona de Cambridge por el Premio Nobel de literatura Octavio Paz. 
El Nobel mexicano se refiere a Guillermo Sucre "como uno de los mejores ensayistas y críticos literarios hispanoamericanos", sumando su valiosa opinión a los apoyos y méritos que finalmente le valieron a Sucre la elección para esta importante posición académica.
Dice Octavio Paz de Guillermo Sucre que "Sus ensayos, artículos y antologías son modelos en su género y han sido y siguen siendo contribuciones fundamentales en el dominio de la crítica literaria contemporánea en nuestra lengua. En esos textos y estudios encuentro una rara alianza entre la penetración intelectual y la erudi­ción, la sensibilidad y la elegancia del estilo. Sucre es, sin duda, uno de nuestros mejores ensayistas".
Guillermo Sucre Figarella es autor de ensayos literarios y poemarios y traductor de autores como André Breton, Saint-John Perse, William Carlos Williams y Wallace Stevens.
Del poeta, escritor y profesor de varias universidades, entre ellas, por supuesto, la Universidad Central de Venezuela donde inició su formación, se conocen; Mientras suceden los días (1961), La mirada (1970), En el verano cada palabra respira en el verano (1976), Serpiente breve (1977) La vastedad (1988) Borges, el poeta (1967).
De su obra ensayística sobresale La máscara, la transparencia (1975), estudio  ambicioso y cabal acerca de la aventura de la poesía hispanoamericana del siglo XX que tuvo amplia resonancia internacional y que constituye una referencia imprescindible.
Guillermo Sucre, hermano de Leopoldo y Juan Manuel Sucre Figarella, pasó  su infancia en Ciudad Bolívar y cursó el bachillerato en Caracas. Siendo todavía un joven estudiante se opuso a la dictadura perezjimenista, y hubo de exiliarse a Santiago de Chile, donde estudió la carrera de filosofía y letras, que concluiría en la Universidad Central de Venezuela. Perteneció al grupo Sardio, cuya revista fundó y dirigió, y estuvo casado con Julieta Fombona, traductora y ensayista venezolana, con la que tuvo tres hijos. Profesor de la Universidad de Stanford, se dedicó en Estados Unidos a estudiar a fondo la poesía hispanoamericana y a escribir La máscara, la transparencia.
Desde su regreso a Venezuela a mediados de la década de 1970, impartió clases de literatura en las universidades Simón Bolívar y Central de Venezuela y formó parte del círculo de amigos de Octavio Paz, quien le abrió las puertas de su revista, Vuelta, y publicó uno de sus libros de poesía, La vastedad. En 1970 había recibido la beca Guggenheim, y en 1998 fue profesor titular de la Cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Agudo lector y exégeta de Albert Camus.
La escritora y profesora de letras de la UCV, María Fernanda Palacios escribió un interesante ensayo sobre este personaje bolivarense de la estirpe de los Sucre: “Guillermo Sucre: la palabra, la pasión, el esplendor (1987), en el que expresa  que “la poesía de Guillermo Sucre no está hecha de contingencias anecdóticas sino con los ritmos más subterráneos del vivir; no refleja su vida tanto como la refracta. Por otra parte, Sucre es un hombre que nunca habla de sí mismo o de su familia o de sus afectos en público; más bien tiende a resguardar celosamente su intimidad. Hombre secreto y discreto, enemigo de las entrevistas e inmune al halago y al denuesto de sus pares, uno de los más grandes críticos literarios de Hispanoamérica y un poeta riguroso y dotado de algo que escasea entre los poetas de su país y cualquier otro: una ética del lenguaje”. (AF) 



martes, 10 de diciembre de 2019

VICTOR INOJOSA EN GAITA DECEMBRINA

Víctor Inojosa, el bolivarense a quien el periodista Juvenal Herrera, connotaba como “El Clemens Guayanés” por sus impecables cortes de sastrería que fascinaban a Gobernadores como Sánchez Lanz y Leopoldo Sucre Figarella, es recordado en Diciembre con una folklórica gaita maracaibera
Buen tiempo para recordar a este amigo Sastre de la ciudad tradicional por cuya Taller de la Calle Bolívar desfilaba cada fin de año, con un vaso de scoch en alza, cada paisano, cada amigo, cliente o conocido, Ciudad Bolívar tuvo sastrerías de fama, las primeras regentadas por corsos e italianos. Después, los guayaneses que aprendieron se hicieron tan renombrados como Víctor Inojosa, quizás el más popular, que le confeccionaba los trajes a muchos gobernadores y en la Semana de la Patria hacía su agosto cortándole los liquiliqui a toda aquella cáfila afecta al Nuevo Ideal Nacional. Me enteré, por su hija Sonia y también por Cesar Pérez Rossi que me envió el mensaje por WhatsApp, según el cual por la red estaban disfrutando una Gaita reminiscente de aquellos diciembres del pasado. Víctor Inojosa no dejaba pasar un 31 de diciembre sin que reuniera en la puerta de su taller de sastrería a todos los contertulios del Casco Histórico de la ciudad. Mario Briceño Iragorri, Carlos Ticono Rodil, Julio César Paván, Héctor Guillermo Villalobos, Fernando Álvarez Manosalva, Angel Fariñas Salgado, José Gervasio Barceló Vidal, Eudoro Sánchez Lamz, Leopoldo Sucre Figarella, Rafael Sanoja Valladares, Pedro Battistini, Luis Raúl Vásquez Zamora, Carlos Eduardo Oxford Arias, Manuel Garrido Mendoza, Domingo Álvarez Rodríguez, Roberto Arreaza Constasti, Fortunato Adrián Morillo, Jesús Alvarez Fernández, Miguel Gómez Bello, Alberto Palazzi, Paúl Von Buren, Edgar Vallé Vallé, René Silva Idrogo y Luis Felipe Goubat, gobernadores todos, se vistieron con trajes cortados por Inojosa. Entre los pocos que no lo hicieron está Alcides Sánchez Negrón porque a decir del propio Inojosa, es lo que se llama “hombre de percha”, vale decir en su argot, hombre de una talla adaptable a los trajes que ya vienen confeccionados de la industria. Pablito Gamboa tampoco, pero estuvo a punto cuando pasó por la calle a mandar a modificar la Plaza Farreras. Cuentan que Leopoldo Sucre Figarella cuando era aficionado a la cinegética, Inojosa le confeccionaba los trajes safari para viajar a la jungla africana hasta que lo picó la mosca Tse-tse para luego de un sueño profundo despertar aborreciendo la casería mayor. Después su única afición, cuando le quedaba tiempo porque desde la madrugada estaba en pie de guerra, era pescar pavón en el Lago de Guri. Lo que nunca dejó de confeccionar Inojosa es el tradicional traje de liquiliqui. Una tarde me contó que en febrero del año 52 cuando colocaron la primera piedra para la fundación de Puerta Ordaz, hubo por orden del gobernador Sánchez Lanz que confeccionarle liquiliqui a varios norteamericanos, entre ellos, a Mr. Hogberg, presidente de la Orinoco Mining Company. Pero el susto más grande de su vida de sastre lo tuvo cuando el gobernador René Silva Idrogo le envío al periodista Jesús Losada Rondón para que le confeccionara cuatro trajes. Aquí no tuvo que montarse en ladrillo sino en un taburete para poderle apuntar el extremo del metro en el hombro. Ni el gordo Rafael Franco ni el difunto Gil Guevara le dieron tanto trabajo. Aquello no era flux sino un fluxaso. Él que corrientemente cobraba 2.500 bolívares (claro cuando nuestra moneda estaba casi a la par del dólar) por la hechura de un flux, aquí tuvo que subir el precio, sobre todo porque trabajaba generalmente con tela importada que era la de mayor demanda. Al venezolano le costaba entonces adaptarse a la tela nacional. Pero la tela inglesa terminó escaseando porque los exportadores comenzaron a pedir el cheque por delante, toda vez que muy poco o nada valía la carta de crédito. Los importadores se pasaron a la tela italiana por ser los italianos menos desconfiados que los ingleses. Entonces, la tela nacional de mayor demanda era el lino de los liquiliqui con el que Inojosa hacía su agosto. (AF)

lunes, 9 de diciembre de 2019

EL CUATRISTA NICANOR SANTAMARÍA


Quién hasta su muerte recenté no conoció al viejo cuatrista bolivarense, Nicanor Santamaría, siempre amable y sonriente, silbando alguna de sus melodías, tertuliando con un grupo de amigos en las esquinas, rasgando el cuatro inseparable o percutiendo  la batería en alguna orquesta, como  ayer “La Victoria” y más acá “La Angostura” de su amigo hispano Juanito Arteta.
Lo conocí hasta más allá de sus ochenta años como maestro del cuatro en la escuela de música Carlos Afanador Real y me contó una vez haber conocido al Presidente Cipriano Castro,  quien pasó tres días en Ciudad Bolívar apaciguando a la gente todavía dolida por la sangrienta y última batalla de la Guerra Libertadora comandada por Nicolás Rolando y Ramón Cecilio Farreras. .
No sólo era músico intérprete sino también compositor y de él el vals-tango “María Elvira” y la contradanza “Malvina”, la primera, su hija predilecta y la segunda una dama de la sociedad bolivarense de la que siempre y desde muy lejos estuvo enamorado.  Esta dama nunca se caso ni tuvo hijos, adopto una indiecita que heredó  sus bienes.  Vivió suspirándola  y preguntándole al Orinoco, al Coporo y la Zapoara,  al Temblador y la Sardinata:  “¿Han visto a Malvina? Todos ellos respondían  entre aguas cristalinas / Por aquí pasó esta mañana / La acompañaba Alfonzina”.

Ha podido platónicamente estar enamorado de Malvina Rosales, pero su amor carnal fueron muchos y gracias al poder mágico de el cuatro más de las veces “serenatero”, tuvo 22 hijos, 73 nietos 29 biznietos y  11 tataranietos, toda una larga familia que no deja de celebrar su cumpleaños el 10 de Enero, pues en esa fecha del año 1892, cuando el Orinoco tapó por vez primera la Piedra del Medio, nació uno de los juglares connotados de ciudad Bolívar, Nicanor Santamaría.  (AF)