miércoles, 13 de junio de 2018

El Boletín Comercial, primer diario de Guayana



E1 diarismo en Guayana se inicia con la aparición de "El Boletín Comercial" fundado el 4 de abril de 1860. Hasta entonces y a partir del "Correo del Orinoco", las pu­blicaciones guayanesas no habían logrado reducir la perio­dicidad de sus salidas. Que se sepa, en ningún otro lugar de Venezuela, a excepción de Caracas, circulaba cotidiana­mente para entonces otro periódico.
En la hermosa ciudad del Ávila andaba por sus fueros "El Federalista", diario de la tarde, llenando el vacío dejado por el "Diario de Avisos", "El Independiente" y "El Pasa­tiempo", de Jesús María Soriano. Eran tiempos de la gue­rra federal.
Desde la fecha de su fundación, "El Boletín Comercial" empezó a salir como bisemanario en una imprenta —la cuarta traída a Guayana— de Carlos María Martínez, tipógrafo cu­manés que tuvo a su cargo en 1856 la impresión del órgano edilicio "La Gaceta de Guayana".
"El Boletín Comercial", bajo la dirección de Andrés Je­sús Montes, estuvo apareciendo los días miércoles y sábado hasta el 9 de septiembre de 1862. A partir de esa fecha se convierte en trisemanario. El tipógrafo Carlos María Martí­nez deja entonces de ser socio y funda la "Revista Mercantil" que sale también tres veces por semana como contrapartida de "El Boletín Comercial", al que califica dentro de una disputa entablada, de "órgano puramente ministerial".
En 1864, Andrés Jesús Montes, Director-fundador de "El Boletín Comercial" se asocia con Jesús María Ortega, nativo de La Guaira y quien viajó a Ciudad Bo­lívar con ese propósito; pero esta sociedad habrá de durar poco, pues al año siguiente, el periodista Montes traspasa sus derechos a Pablo Mara Rodríguez recién salido de la Secretara General de Gobierno bajo la presidencia estadal de Juan Bautista Dalla-Costa, hijo. Rodríguez acomete la tarea de transformar "El Boletín Comercial" de trisemanario en diario vespertino y su esfuerzo se cumple el primero de septiembre de 1865. Poco tiempo después, Jesús María Ortega asume toda la responsabilidad del diario y lo conduce hasta 1872 cuando desaparece por factores económicos y políticos.
"El Boletín Comercial" transcurrió durante casi toda la época gubernamental de Juan Bautista Dalla-Costa y regis­tró en sus páginas las más importantes incidencias que se produjeron en el territorio guayanés a raíz de la Guerra Fe­deral y la llamada Revolución de los Azules. Hay constancia en sus páginas de la obra progresista de Dalla-Costa y del esfuerzo tesonero por mantener a esta provincia alejada dc las guerras intestinas que estremecían al país. Se decía que "El Boletín Comercial" marcaba una línea contraria a la Revolución de los Azules y que por ello recibió los ataques más fuertes de "El Orden", periódico de poca vida que diri­gió en 1869 Juan Manuel Sucre y de donde combatió con sagacidad a los oponentes de su doctrina y de sus ideas el presbítero Antonio José Sucre, pariente del Gran Mariscal de Ayacucho.
Desde el "Ccrreo del Orinoco" hasta 1872 fue "El Bo­letín Comercial" el periódico de mayor duración en Guayana y ostenta también el orgullo de haber sido el primer diario. A partir de su liquidación, Guayana no tuvo más diario sino hasta ocho años después; sin embargo, durante ese receso, proliferaren semanarios, bisemanarios y quincenarios que aprovechando la explosión económica del oro, llegaron a su­mar hasta trece.
"El Boletín Comercial", al menos en su nombre, fue re­vivido en 1904 por Sebastián Allegretti, con una circulación mayor de 800 ejemplares, rica en informaciones regionales, nacionales y extranjeras. Ya para la fecha había muerto Je­sús María Ortega, su fundador en la primera época. Este nuevo "Boletín Comercial" pasó finalmente a manos de Ed­mundo Suegart, quien apresuró su liquidación para fundar junto con su hermano Agustín Suegart el diario "El Lucha­dor", tradicionalista y conservador por ex­celencia, decano del diarismo guayanés.
Pero el real sucesor de "El Boletín Comercial" fue "El Bolivarense" fundado por el mismo Jesús María Ortega ocho años después —1880— de la desaparición del primero. Para este nuevo compromiso con el periodismo cotidiano guaya­nés, Ortega adquirió la segunda imprenta a vapor que se in­trodujo a Guayana. La primera fue la establecida por Eme­terio Pérez en 1878. "El Bolivarense" 'estuvo circulando du­rante 19 años realizándose como el diario de existencia más prolongada durante el siglo XIX.
Podemos concluir afirmando que el periodismo en Gua­yana señala tres etapas cumbres: la del "Correo del Orinoco" que es su punto de partida y el que representa para Vene­zuela el símbolo histórico del periodismo verdaderamente na­cional en su hora más dramática y difícil; la de "El Telé­grafo", periódico aparecido en 1839 bajo la dirección del v"- neciano Pedro José Cristiano Vicentini, tres lustros después. de la desaparición del "Correo del Orinoco", jalonando la permanencia del periodismo en Guayana como factor intelec­tual de acción y de progreso; y la de "El Boletín Comercial" que revolucionó la tradición de la publicación hebdomadaria e inauguró la etapa del diarismo.
En las etapas de "El Telégrafo" y de "El Boletín Comer­cial" debemos subrayar los nombres de Pedro José Cristiano Vicentini y Jesús María Ortega y Rodríguez, de quienes poco se escribe y recuerda al hablar del periodis­mo regional. Ellos cumplieron dentro de este campo una ta­rea ardorosa y digna y marcaron los hitos más importantes del periodismo guayanés, treinta años después de la desapa­rición del "Correo del Orinoco". (AF)


jueves, 7 de junio de 2018

María Teresa (Malú) Liccioni Casalta



MARÍA TERESA (MALÚ) LICCIONI CASALTA
Falleció en Ciudad Bolívar, su tierra nativa,  la artista plástico,  María Teresa (Malú) Liccioni Casalta, esposa del ya difunto sanitarista por largo tiempo Fernando Huncal y tataranieta de Don Antonio Liccioni, fundador de El Callao.
Malú Liccioni deja de existir a los 93 años de edad, completamente lúcida y activa como directiva del Museo Histórico de Guayana donde hubo expuesto recientemente Iconos bizantinos en repujado metálico en una de las salas de dicho Museo.   Tenía ella a quien salir.  Su Padre Roberto Liccioni era pintor, dueño de una Cerámica y Presidente de la Electricidad de Ciudad Bolívar.
Para los bolivarenses, amantes de las artes plásticas, fue una novedad esta última exposición de Malú.  Fue indudablemente  una nueva experiencia de la tataranieta de don Antonio Liccioni, fundador de El Callao a mediados del siglo diecinueve.
Malú, nonagenaria (12-12-1925), nunca dejó de pintar y trabajar con elementos de la artesanía y orfebrería, como repujado metálico, en este caso, sobre láminas de aluminio trabajadas con herramientas propias de esta técnica medieval como el buril.
        Como dije antes, tenía a quien salir, porque su padre, Robertico Liccioni, quien fue empresario y presidente de la Electricidad de Ciudad Bolívar, pintaba y era aficionado a la poesía. De hecho, hay otras hijas con la misma vocación genética, Aimee Liccioni de Keeshen de su matrimonio con Amelia Casalta y fuera del matrimonio, María, casada con el profesor de la UNEG Marco Tulio Cardozo. María de Cardozo  es excelente retratista y guarda en su casa una colección de pintura con personajes de la picaresca angostureña.
De los baúles del recuerdo de Malú, Horacio Cabrera Sifontes extrajo los documentos valiosos y básicos que le sirvieron para escribir “Antonio Liccioni y la Guayana del Oro” publicado por la Editorial Centauro, y del mismo extrajo Rafael Pineda el material de “100 años de fotografía en el Orinoco-Guayana” publicado por Edelca con motivo de su vigésimo aniversario y el médico Camilo Perfetti para escribir su libro “Los Secretos de Liccioni”
La exposición que Malú abrió en el Museo Histórico con motivo del primer aniversario de su fundador el doctor Oswaldo de Sola, fue la primera de este tipo de repujado, una experiencia nueva y producto de un curso que realizó en los Estados Unidos de Norteamérica.
El repujado es una técnica que consiste en trabajar en lámina de metal, cuero u otros materiales para obtener un dibujo ornamental en alto relieve.
El trabajo de repujado cuenta con una larga tradición cultural desde tiempos muy remotos, pero es en la Edad Media cuando alcanza un elevado nivel estético. Proviene de Europa y se deriva de los íconos que son imágenes sagradas y religiosas pintadas en tablas. A partir del siglo XII el repujado comenzó a tomar auge toda vez que en esa época los íconos eran puestos a disposición a los feligreses para venerarlos, pero debido al humo de las velas y la cercanía de las veladoras, las pinturas con el tiempo comenzaban a mancharse. Fue entonces que empezaron a cubrirlos con metales preciosos como oro y la plata para protegerlos dando lugar a la técnica que universalmente conocemos como repujado derivado de la palabra francesa repulsare que significa "empujar" hacia afuera o como vocablo latino, labrar figuras o adornos de relieve en metal o cuero.
Esta técnica que abarca varias manifestaciones artísticas como dibujo pintura y escultura, consiste fundamentalmente en abombar la lámina de metal que puede ser de diferentes materiales como aluminio, cobre, estaño, oro y plata para dar volumen o relieve a un diseño previamente grabado sobre el metal.
El repujado en metal es, como ya escribimos, una antigua técnica utilizada por diversas culturas de todo el mundo y esto, por supuesto, ha permitido que el número de materiales que se han utilizado a lo largo de los tiempos sea enormemente variado: desde el oro y la plata hasta el bronce, aluminio, latón o el estaño. Todos, pueden usarse para realizar infinidad de figuras conocidas y originales.
Las piezas, último legado de Malu a la ciudad de sus ascendientes, fueron trabajadas sobre láminas de aluminio y encierra imágenes religiosas, entre ellas, un retablo que donó a la Iglesia de los padres capuchinos a donde solía acudir para cumplir sus obligaciones religiosas.(AF)


jueves, 31 de mayo de 2018

Angostura cambia de nombre


30 de mayo de 1846.  El Congreso de la República presidido por el senador Rafael Enríquez, decretó que la ciudad de Angostura, Capital de la Provincia de Guayana, se denominara Ciudad Bolívar.
      El decreto, ejecutado el día siguiente por el Presidente de la República Carlos Soublette, comenzó a cumplirse con todas las formalidades públicas del caso el 24 de junio del mismo año.
      Tanto el Congreso como el Presidente de la República fueron de esa manera receptivos a la solicitud que en tal sentido formuló con fecha 19 de enero de 1843 un grupo de destacados ciudadanos angostureños encabezado por el entonces gobernador Ramón Burgos, el obispo Monseñor Mariano Talavera y Garcés, el Rector del Colegio Nacional, Valenzuela, Antonio y Juan Bautista Dalla Costa, Siegert y Ascención Farreras.
      Los considerando del decreto del congreso resumen las razones expuestas por los angostureños para el cambio de este nombre por demás histórico y que ha costado al pueblo desprenderse de él.
      Los angostureños argumentaban y se lamentaban que el decreto del Congreso de Angostura, ratificado posteriormente en Cúcuta, para que la Capital de Colombia se denominara Bolívar, nunca tuvo efecto y que mientras el Alto Perú había pasado a llamarse República de Bolivia y en algunas ciudades del Ecuador y de los Estados Unidos se honraba al Libertador denominando ciudades con su nombre, en Venezuela, en cambio, no había provincia, una ciudad, un pueblo, ni una villa que se llamara Bolívar, lo cual consideraban una terrible mengua para la república.
      Insistían los habitantes en su documento de que “Angostura tiene motivos particulares para llevar este nombre a gusto, porque ella fue la segunda cuna de la independencia y el asilo de los patriotas errantes en países extranjeros: porque aquí empezó la época más gloriosa de Bolívar y porque aquí sacó los recursos para liberar la Nueva Granada y el resto de Venezuela”.(AF)





domingo, 6 de mayo de 2018

Día Internacional del Reportero Gráfico



DÍA INTERNACIONAL DEL REPORTERO GRÁFICO
El Día Internacional del Reportero Gráfico se celebra en Venezuela el 6 de mayo. Fue en esa fecha para el año 1943 cuando se fundó el Círculo de Reporteros Gráficos, mientras que el resto del mundo lo hace el 19 de mayo. 


Entre los nombres que hicieron historia dentro de la profesión se destacan Vigilio Azuaje, Arturo Bottaro, Nicolás Bracho, Teófilo Rojas y Robinson de la Hoz. También se reconoce la labor de Henrique Avril, quién se destacó como el primer corresponsal gráfico de la ciudad de Puerto Cabello y de Venezuela, por su labor como fotógrafo documentalista, fotografiando a todos sus personajes, rincones y costumbres.


El reportero gráfico se encarga de captar los diversos acontecimientos informativos por medio de las fotografías que ilustrarán los diferentes géneros periodísticos.  El reportero debe tener un amplio manejo técnico de su equipo, para poder tomar decisiones instantáneas al cubrir un evento.
Paciencia, agilidad y determinación son las primeras tres cualidades que deben tener un reportero gráfico. 


Sin los reporteros gráficos el escrito quedaría en el periódico y no en la mente de los lectores, por eso se celebra el Día Internacional del Reportero Gráfico en Venezuela. (AF)


viernes, 4 de mayo de 2018

La Cruz Verde


Lo que en un principio llegó a llamarse Barrio Cruz Verde es actualmente una calle que comienza en el Paseo Meneses  (Olegario Meneses, Catedrático del Colegio Federal de Guayana y uno de los hombres que hicieron por el progreso de las ciencias físicas y matemáticas de Venezuela) y termina en la Avenida Táchira.  Atraviesa el Paseo Heres interfiriendo la Calle Cardozo (Juan Vicente Cardoso, primer Alcalde de la ciudad).  En este punto y antes de construir la calle, los morichaleros veneraban una Cruz a la cual le hacían velorio durante el mes de mayo, siguiendo la tradición al igual que con la Cruz del Perdón, la Cruz del Temblador, de los Culíes y de la plaza del  Convento o Centurión.
En centro de la Avenida fue erigida a la Cruz una Capilla construida en 1938 como promesa ofrecida por el Señor Ignacio Fornerino, quien gracias al Madero, según su creencia, quedó definitivamente librado de los dolores lumbares que venía padeciendo.  Laboraron  en la construcción de la Capilla el maestro de obras Tomás Domingo Trías y los albañiles Desio Trías, Andrés Adames y Cosme Trías.
Antiguamente  el sector de la Cruz Verde pertenecía al Barrio San Isidro, un arrabal formado en las inmediaciones de la hacienda propiedad original de Rafael Vélez (1776) y cuyos predios se extendían hasta el Cerro La Esperanza y la Mesa de Angostura.  En la hacienda había un Oratorio a San Isidro.  La imagen de madera que todavía se conserva, data de la Colonia y era objeto de animadas fiestas  el 15 de mayo Día de San Isidro.  El doctor Ramón Isidro Montes, publicó en 1876 este canto morichalero: “Ya viene el 15 de mayo / que es la fiesta del patrón / Pidamos una limosna /para hacerle su función / Para que digamos todos / implorando su favor /  ¡San Isidro,  San Isidro,  San Isidro Labrador! (AF)

jueves, 3 de mayo de 2018

Cruces Populares


Podríamos decir que en Mayo la Ciudad se llena de Cruces.  Además de la Cruz Verde, sobresalen, la Cruz del Perdón, en la orilla del Orinoco;  de los Culíes o las Mercedes (en la foto), de la Plaza del Convento (Centurión), Temblador, El Zanjón, Cerro del Chivo, y La Lorena que  persisten en la memoria popular bolivarense.  Y no son como al principio simples maderos de la ocasión de Mayo sino reliquias con leyendas a las que la fe del pueblo ha erigido altares y capillas para que se eternicen en el tiempo.
La Cruz en el terreno del antiguo Convento de los Franciscanos fue eliminada en 1967 para construir la actual Plaza Centurión. Permanecía esta cruz desde entonces en el patio de la casa de Catalina Yánez de donde fue rescatada  para volverla a la Plaza en una especie de altar diseñado por el artista Rafael Torrealba..
De estos velorios, los más animados  son los de la Cruz Verde, la Cruz del Perdón y Las Mercedes. La Capilla de la última es la única donde se realizan oficios religiosos. El Vicario Apostólico, Monseñor Samuel Pinto Gómez, llevaba años oficiando la misa el 3 de mayo, a las siete de la noche en la Calle Las Mercedes en medio de gran alborozo animado por la chicha y los cantos. Pero para la Iglesia no es el 3 de mayo el día de la Cruz sino el 14 de septiembre. La Iglesia viene haciendo la exaltación de la Cruz ese día desde el Siglo V.
En los velorios bolivarenses del pasado reciente, era bastante familiar ver a músicos y cantores populares como Nicanor Santamaría, el Negro Bambalá, Siete Puyas, Agapito Blanco, Mónico Rivilla, Juan Parra, Juan Delgado y Alejandro Vargas, casi todos perrosequeros, pegados con carupaneros y margariteños en un ardoroso duelo de galerones, décimas y fulías.
Músicos y cantores comenzaban desde el 3 de mayo calentando los motores en la Capotera que hoy se llama calle Peñalver y luego al anochecer cuando la chicha de arroz, carato y caratillo de moriche estaban en su mejor punto, se oía la voz del cantador.

                  Dios te salve Cruz Divina
                  árbol de la redención
                  amparo de los cristianos
                  consuelo de salvación
                 
                  En el altar de los santos,
                  la Cruz es la más bonita
                  porque tiene su corona
                  y en el brazo una ramita


La fiesta de Cruz de Mayo es parte del folclore de nuestro pueblo. Comporta un valor sociológico en el que se revela el sentimiento del hombre de campo, del mar y de las zonas semiurbanas, asociado  con sus vivencias, creencias y costumbres.
Es una fiesta profana, distinta a la que tiene lugar en la Iglesia. Cuando a la Cruz de Mayo se le ha erigido capilla, sólo hay que abrir la reja para que permanezca accesible durante el mes de mayo y prenderle cirios. Cuando no, se saca la Cruz de la casa donde se guarda, se instala en un lugar de acceso público, se le construye una enramada de palmas de cocotero o moriche y se le adorna con ramas, bambalinas, flores y otros paramentos. Luego viene lo demás: las bebidas típicas del lugar, tabaco, ron, café y los cantos tocando diferentes temas del saber popular en la que sobresalen el Galerón y la Fulía. Los músicos suelen interpretar también Polo, Malagueña, Jota y Décimas.(AF)
   




viernes, 6 de abril de 2018

Osío Reyna y la dorada Cicapra


OSÍO REYNA Y LA DORADA CICAPRA
En la Ciudad Bolívar del pasado, ciertas familias angostureñas y del interior no confiaban mucho en los recursos médicos locales y preferían mayor seguridad en Caracas.  Así se explica guayaneses nacidos en la Capital:  hijos  de Juan Bautista Dalla Costa, da la familia Montes y más acá de la familia Sánchez Negrón y Silva Estada. José Eugenio y Alcides nacieron en Carcas igual que René Silva Idrogo.  Lucila Palacios de tránsito nació en la Isla de Trinidad y José Rafael Osío Reyna, que nos ocupa en esta semblanza, fue parteado en Caracas siendo sus padres de la región del Yuruari o específicamente del pueblo que emergió al calor de  Oro a lo largo del Río Cicapra.
Esos lugares sin Mar al igual que Caracas y Ciudad Bolívar tuvieron hijos que cuando por vez primera se encontraron con esa ingente masa oceánica, se impresionaron tanto que quisieron ser marinos
 En el caso del bolivarense  José Tomás Machado, llegó a ser Capitán de Navíos.  Más cercano a nuestros días tenemos al upatense Hernán Grúber  Odremán que ascendió hasta Vicealmirante y José Rafael Osio Reyna, Capi­tán de Corbeta.  Por ello cuando le preguntaban su gentilicio decía ser caraqueño- guayanés, nacido en 1942  y como su gran sueño era ser lobo de mar ingresó a la Escuela Naval de Ve­nezuela y posteriormente en la Escuela Poli­técnica de la Armada de Chile aunque nunca divorciado de sus  inquietudes literarias, las cuales se hicieron evidentes desde adolescente en el Liceo Andrés Bello y en la misma Naval donde figura como cofunda­dor de "El Correo de la Arma­da".
Siendo yo corresponsal de El Nacional lo acompañe hasta el Yuruari pues estaba realizando una investigación integral sobre Cicapra  y La Pastora  cuyos terreno estaban en manos de hacendados.  Pretendía el Capitán hallar las pruebas que soportan la legitimidad de los derechos a existir del pueblo de Pastora y levantar el velo que cubre a la región aurífera de Cicapra.
       La  investigación a fondo realizada por el Capitán Osío Reya, tan pronto logró su retiro de la Armada Venezolana, lo llevó a escribir y publicar dos libros interesantes: el primero “La Alianza de Cicapra” (1989) prologado por Horacio Cabrera Sifontes y “Caruachi, el paso fatal” publicado por la Editorial Centauro de José Agustín Catalá en 1994, con prólogo de Hernán Grúber Odremán. (AF)