lunes, 15 de septiembre de 2014

Escuela de Enfermería



En el mes de enero de 1993 el Consejo Nacional de Universidades aprobó el proyecto de la Universidad de Oriente de dos escuelas integradas a la Unidad de Ciencias de la Salud de Ciudad Bolívar, tales Licenciatura en Enfermería y Licenciatura en Bioanálisis.
El proyecto de una Escuela de Enfermería en Ciudad Bolívar fue elaborado por la licenciada Raiza Benedetto y había sido entregado a las autoridades de la UDO en diciembre del 1985.
La primera Escuela de Enfermería en Venezuela fue creada precisamente en Ciudad Bolívar en 1907 por el doctor Félix Rafael Páez, de suerte que la aprobación del CNU no fue más que una reivindicación aprovechando las posibilidades de la Escuela de Medicina y del complejo hospitalario universitario Ruiz y Páez.
Así que la primera Escuela de Enfermeras Profesionales de Venezuela funcionó en Ciudad Bolívar en el Hospital Ruiz y Páez desde el 22 de octubre de 1907 con un régimen de dos años por curso y un programa de clases teóricas y prácticas dictadas por el doctor Félix Rafael Páez, director de la Junta Superior de Sanidad. Esta Escuela tuvo nueve promociones al cabo de la cuales cerró sus puertas.
Al año siguiente el mismo doctor Páez abrió una escuela para enfermeras auxiliares dependientes de la Cruz Roja, pero dictó un solo curso. En 1939 se funda una nueva escuela por iniciativa del doctor Manuel Felipe Flores, la cual funcionó hasta 1943 y los estudios duraban seis meses. Desde entonces no hubo más escuelas, sólo cursos esporádicos para la formación de auxiliares de enfermería hasta 1978 cuando se incorporó la mención Enfermería en el bachillerato
Las tradicionales escuelas de Enfermería del país, once en total, que dependían del MSAS habían desaparecido desde 1976 para dar paso al Bachillerato Asistencial, mención enfermería.
En el año 77, un estudio realizado por “Clade Consultores” por encargo de la UDO, propuso a la Escuela de Ciencias de la Salud en la cual incluían, entre otras, la Escuela de Enfermería. Pero en realidad, el primer proyecto serio que abarcaba por sí solo la Escuela de Enfermería fue el realizado para su ascenso por la licenciada Isabel Porfiria de Vásquez, pero no pasó de allí.
En el 82 apareció otro proyecto denominado “UDO, Escuela Nororiental de Ciencias de la Salud” de Manuel Gil San Juan, Luis Delfín Ponce Ducharne y Félix Gruber, que proponía su sede en Barcelona. Este proyecto igualmente incluía como prioritario la Escuela de Enfermería, pero nunca fue discutido por el Consejo Universitario.
En abril del año 84, Oswaldo Betancourt acordó por enésima vez ocuparse del asunto y encargó a la licenciada Raiza Benedetto (en la foto) trabajar un proyecto que llenase todos los parámetros exigibles a fin de que no pudiera ser objetado por el Consejo Universitario. Raiza, para entonces, tras su postgrado en la Universidad de Puerto Rico había realizado otros 15 cursos y ejercido siete cargos como docente, además de ser profesora asistente y coordinadora de la asignatura Medicina Preventiva II.
No obstante los estudios hechos, Raiza debió realizar otros modificando sustancialmente en el sistema de enfermería como en el sistema educativo el proceso de reforma curricular. Esto por una parte y, por la otra, las nuevas medidas administrativas de la UDO; luego, la necesidad de disponer de datos actualizados en el estudio de necesidades. Además, porque los proyectos anteriores escapaban a la nueva normativa establecida por el Consejo Universitario para la elaboración de los pensa de las carreras de la Universidad.
Con la introducción de la disciplina Enfermería la UDO ha venido formando los recursos humanos de enfermería adecuados a las características y necesidades reales del país y de Guayana.(AF)

sábado, 13 de septiembre de 2014

Asalto a Transvalcar

El 25 de noviembre de 1992 un grupo de hombres armados asaltaron en plena pista del aeropuerto Manuel Piar de Ciudad Guayana, a una avioneta del transporte de valores “Transvalcar” y la despojaron de 86 millones de bolívares.
Durante la operación el grupo de delincuentes accionó mortalmente sus armas contra cuatro tripulantes de la avioneta, pero los integrantes del grupo que logísticamente planificaron muy bien la operación desaparecieron emigrando unos hacia el exterior y otros que fueron capturados aquí.
Fueron identificados como Juan José Avendaño, (a) “El Capitán Avendaño”; Luis Enrique Martínez Ojeda, Abel Antonio Rodríguez Rangel, e Ivone Martínez Sortijo, luego que se refugiaron en Costa Rica a cuyo gobierno los cuerpos judiciales pidieron la extradición.
Ellos además de Reiner Rivero y los Hermanos Piñero, capturados en Venezuela. Los Hermanos Piñero recobrarían su libertad bajo fianza, diciembre de 1998.
Los que se refugiaron en Costa Rica fueron deportados por el gobierno de ese país tras habérseles comprobado que estaban implicados en un total de 7 asaltos y 3 homicidios, incluyendo el asalto al avión de Transvalcar.
Desde entonces los asaltos han continuado ejecutándose por comandos armados bien equipados que superan en habilidad y destreza a quienes están legalmente destinados para frenarlos.
El más peligroso y veterano de esta banda fue sin duda Oswaldo Martínez Ojeda muerto en febrero de 2010 durante un operativo policial en Guacara del Estado Carabobo.
Dentro de su abultada hoja criminal figuraban más de mil asaltos, el asesinato de tres efectivos de la GN, dos inspectores de la policía científica, dos custodios, el robo a 43 camiones blindados, al asalto al avión de Transvalcar, decenas de joyerías y el robo a una fortificada sede de transporte de valores. Fue un experto en fugas.
Martínez Ojeda no fue un vulgar ladrón. Había estudiado geología, hablaba tres idiomas y viajado por varios países de Europa. Estuvo en Afganistán, donde se enroló 5 años con grupos independentistas antisoviéticos. Aprendió técnicas de supervivencia, guerra de guerrillas y manejo de aeronaves.
En 1985 acumuló una docena de asaltos a bancos en Caracas. Ya era el hampón más buscado. El 14/1/86 fue apresado en flagrancia durante un robo y fue enviado al penal de Tocuyito; pero tres meses después logró evadirse por un túnel junto a peligrosos antisociales.
El 8 de diciembre de ese mismo año fue recapturado y enviado a la cárcel de Los Teques, donde volvió a evadirse junto a otros presos. En noviembre de 1987 el comisario Iván Simonovis lo identificó cuando merodeaba una joyería en un mall, logró capturarlo y fue recluido en La Planta. Días después su celda amaneció vacía.
El 25/11/92 reapareció en el aeropuerto de Puerto Ordaz junto a su hermano Luis Enrique, Juan José Avendaño Aular, alias "capitán Avendaño" y otros antisociales. Con granadas asaltaron el avión de Transvalcar. Asesinaron al piloto, copiloto, a dos vigilantes y cargaron con 86 millones de bolívares en billetes y lingotes de oro.
La banda huyó a Costa Rica, donde montaron una arepera como fachada.
En 1994 funcionarios de Interpol capturaron a su hermano Luis Enrique, a su cuñado Luis Sánchez Díaz, Abel Rodríguez Rangel y al "capitán Avendaño". El escurridizo Martínez Ojeda logró escapar a México, pero fue detenido al resultar herido cuando intentaba vender una pistola a unos narcotraficantes. Luego fue deportado. Todos fueron enviados a la cárcel de El Dorado.
El astuto criminal nacido en 1953 en Puerto Cabello, alistó a un hermano, un cuñado, tres sobrinos y dos de sus hijos en el mundo delictivo. Todos ellos, al igual que su consejero, fallecieron de la manera violenta como transcurrieron sus vidas.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Invasión guyanesa

Para el mes de febrero de 1992 vivían en la zona marginal de Ciudad Guayana 30 mil guyaneses indocumentados que eran el dolor de cabeza del entonces alcalde doctor Clemente Scotto Domínguez.
El mismo lo confesó en una entrevista que le hicieron en Radio Sur y que reprodujo el Correo del Caroní. Un gran problema social constituía la presencia de ese gran contingente de guyaneses venidos por mar, río y selva hasta la zona del hierro, procedentes, en muchos casos, según verificó el propio alcalde, del territorio Esequibo reclamado por Venezuela; de Georgetown y de otros lugares del interior de la que fue colonia británica hasta los años sesenta del siglo pasado.
“Aparentemente nadie se percata de lo que pueda pasar con esta legión de guyaneses venidos de más allá de nuestras fronteras en número considerable”, se lamentaba el burgomaestre, quien al mismo tiempo aclaraba que no se trataba de plantear su expulsión, sino todo lo contrario, de integrarlos.
En ese sentido, el doctor Scotto envió oficios al ministro de Relaciones Interiores y a la Cancillería planteándoles el gran problema social que representaba tal realidad y manifestándose partidario de una política de integración por parte del Estado venezolano, sobre todo, si se entiende que muchos de los guyaneses procedían de un territorio que nosotros reclamamos como nuestro desde los mismos tiempos de la conquista hispana.
Proponía Clemente un plan de integración coherente en lo cultural, idiomático, educativo y, laboral, laboral porque muchos de ellos eran explotados como mano de obra barata. Y esto, por supuesto, desde el punto de vista de los derechos humanos, constituía un problema insostenible por más tiempo y en ese punto el Gobierno nacional tenía la palabra.
Lo cierto es que Venezuela tiene un diferendo con la antigua Guayana británica, hoy Guyana, que no termina de resolver y que por lo visto va para largo, complicado con incidentes o eventos no sólo como el de Ciudad Guayana sino con otros que se han venido sucediendo desde Rupununi hasta nuestros días.
No ha mucho la Marina venezolana interceptó un buque científico “Teknik Perdana” en aguas del océano Atlántico que ambos países reclaman como propias.
El barco había sido alquilado por la compañía de exploración petrolera Anadarko, con sede en Texas, sur de Estados Unidos, para llevar a cabo estudios de viabilidad en una concesión otorgada por Guyana.
La disputa entre ambos países se centra en un viejo reclamo sobre el territorio del Esequibo que se originó en un laudo arbitral en París a finales del siglo XIX, que concedió la soberanía a Guyana y que Venezuela siempre ha cuestionado.
La zona del Esequibo, un territorio rico en recursos minerales y bosques, abarca unos 159.500 km2 en la frontera entre ambos países y delimita además una zona marítima abundante en recursos energéticos.
Pese a las diferencias fronterizas Venezuela provee a Guyana la mitad de su consumo de crudo a través del acuerdo Petrocaribe.
El incidente más reciente se registró en julio de este año 2014 cuando mineros guyaneses habrían sido golpeados y retenidos por soldados venezolanos cuando se hallaban extrayendo oro de manera ilegal del territorio Esequibo.
El hecho ocurrió en el distrito noroeste de la zona. De acuerdo con la prensa guyanesa, 24 militares de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana maltrataron a los mineros al borde del río Amacuro, que separa por el extremo norte al estado Delta Amacuro del territorio Esequibo. Una fuente militar de Guyana informó que este no es un suceso aislado y que es más bien una práctica que se ha dado en varias ocasiones.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Vidrios volcánicos en el Orinoco


En 1992, el Centro de Geociencias de la Universidad de Oriente descubrió en el Orinoco vidrios volcánicos que suponía, estaban suspendidos en la atmósfera después de la erupción del volcán del Nevado del Ruiz, en Colombia, y que había contaminado el agua que tomamos en Ciudad Bolívar aún con el tratamiento a que es sometida en la planta del INOS en Perro Seco.
El descubrimiento se logró en trabajo conjunto entre la profesora Ana Bandinde de Martínez y las estudiantes de geología Yolanda José López y Neyda Sandoval de Vera, bajo la dirección del científico José Perfetti.
La investigación está enmarcada dentro del trabajo de tesis de grado realizado por Yolanda José López y Neyda Sandoval de Vera, quienes se graduaban de geólogos a finales de ese año.
La tesis, “Estudios petra-mineralógicos de los suspensoides del río Orinoco durante 1989” está sustentada en los efectos del volcán colombiano, el Nevado del Ruiz ubicado al suroeste de Bogotá. El pronóstico del grupo trataba de probar que las emisiones volcánicas que se registran en el hermano país se están transformando en un polvo atmosférico que respiramos constantemente y que es altamente nocivo.
El profesor Perfetti explicó que la investigación tuvo su origen en unas fotos, que alumnos colombianos llevaron al Centro de Geociencias de la UDO del Nevado del Cocuy, al sureste de San Cristóbal, muy cerca de la frontera de Arauca y de El Amparo. Ante la erupción del Nevado del Ruiz los estudiantes colombianos le tomaron fotos al Cocuy durante una nevada donde se percibe una nieve completamente blanca pero luego tomaron otras fotos después de la erupción y aparece la ceniza volcánica cubriendo la nieve como si fuera un campo de tierra amarillenta. Esto nos hizo suponer que los ríos Meta, Guaviare y Vichada, todos afluentes del Orinoco, transferían los vidrios como suspensoides en el agua que capta en la planta del INOS en el barrio Perro Seco que, pese a ese tratamiento, deja pasar no obstante partículas de vidrio. Considera el doctor José Nancy Perfetti que ello es lógico porque el tratamiento o filtrado que se hace en dicha planta no es el ideal, por lo que se recomienda el uso de filtros domésticos para una segunda filtrada.
¿Cuáles son los efectos al consumidor de esa agua? Cálculos renales principalmente, y rasgaduras en las vísceras intestinales, cuando no se filtra nuevamente el agua. Recordó el científico que en marzo de 1986, concretamente el primero, él dio a conocer la hipótesis de que el Nevado del Cocuy podría alimentar la cuenca del Orinoco y que ello sería demostrado científicamente. Reiteró que el mecanismo utilizado fue el análisis de las aguas contaminadas con cenizas del volcán “Arenas” en el Nevado del Ruiz que al hacer erupción cubrió completamente el Nevado del Cocuy.
Como se ha informado, el mencionado volcán está ubicado, concretamente, a 190 kilómetros al suroeste de Bogotá, en el departamento de Caldas. El 13 de noviembre de 1985 dicho volcán hizo erupción provocando la muerte de, por lo menos, 25 mil personas.
Forma parte este volcán del Parque Nacional Natural Los Nevados e incluye otras cumbres nevadas como las de los Nevados del Tolima, Santa Isabel, El Cisne y Quindío, las cuales están cubiertas por glaciares que han ido retirándose de manera significativa desde 1985 a causa del calentamiento global. El parque es un popular destino turístico e incluye varios refugios para los turistas; las laderas del volcán son utilizadas para deportes de invierno, y la Laguna de Otún, para la pesca de trucha. Asimismo, en la región se encuentran algunos balnearios con aguas termales operados comercialmente.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Venezuela potencia guitarrística

Venezuela es uno de los países más fuertes a nivel de la guitarra. Aún más, “es una de las potencias guitarrísticas del mundo”, consideró Rubén Riera, al pasar la noche del 8 de abril de 1988 con los guayaneses que asistieron a su concierto patrocinado por el Conac y la Dirección de Cultura del estado.
Riera, quien tiene reputación como guitarrista clásico en Sydney, Australia, lo mismo que su padre Rodrigo Riera, estima que Inglaterra y Estado Unidos son los países donde la guitarra cuenta con mayor auditorio.
Nueva York ostenta una de las mejores escuelas con profesores de la talla de Barboza Lima y Manuel Marruecos, sin duda guitarristas de gran peso.
Pero así como Nueva York cuenta con la mejor escuela, Venezuela exhibe la mejor tradición. Nacionalmente el guitarrista venezolano tiene una personalidad propia. Alirio Díaz ha dado la vuelta por todo el mundo y dejado una buena estela de seguidores, igualmente el padre de Rubén Riera.
Recordó Riera que cuando viajó a Australia para participar como jurado en un concurso de guitarra, al llegar al aeropuerto lo primero que le preguntaron fue por su padre.
¡Sorprendente! Lo sorprendió la cantidad de buenos guitarristas que hay en Venezuela: estudiantes y profesores. Además un público interesado, entendido. En fin, la guitarra tiene una gran audiencia en el país.
¿Cómo crees que se ha logrado? -Con trabajo y dedicación. Al comienzo era Raúl Borges el único profesor de guitarra. El enseñó a Antonio Lauro, Alirio Díaz, Rodrigo Riera, Antonio Ochoa, Pérez Díaz y ellos son profesionales que han trabajado duro por la guitarra que en nuestro país es instrumento popular. Aquí hay tradición. En cualquier casa, por modesta que sea, hay una guitarra.
¿Cuál es esa técnica que le da al guitarrista venezolano personalidad propia? -El guitarrista venezolano se identifica no tanto con una técnica súper excelente que la tiene de hecho, sino por su expresividad que es la más importante. El guitarrista nuestro se preocupa mucho por la calidad del sonido, por ser más musical que técnico, lo que no pasa en otros países donde el ejecutante quiere imprimirle velocidad a sus dedos, lo cual pienso no es lo más importante.
Pero la guitarra que tiene tradición en Venezuela es la popular, no la clásica ¿No crees que el guitarrista clásico tiene que esforzarse más para llegar a la gran masa? -Sí, es una pelea. Lo que pasa es que la guitarra es un instrumento joven, mientras que el piano, por ejemplo, tiene siglos.
Luego que concluyó su contrato de mes y medio con el Conac para conciertos y talleres en varias ciudades de Venezuela, Rubén Riera viajó al Brasil con la Orquesta de Barquisimeto. Seguidamente Francia a un Festival de Música, más tarde Australia por dos meses y terminó el año con un concierto de música contemporánea venezolana en Inglaterra.
¿Cómo están los dedos? Rubén Riera cuida mucho los dedos desde que se cortó uno tratando de preparar un sándwich, días antes de su primer concierto en Barquisimeto.
Rubén Riera es hijo de Rodrigo Riera, fallecido en 1999 y quien en dúo con el Maestro Jesús Soto, interpretó “Noches de Ronda” y otros boleros. Barquisimetano igual que su hijo, Rodrigo Riera es autor de importantes obras para la guitarra clásica inspirada y dedicada al patrimonio musical de su región. Su escritura nacionalista la asocian con el trabajo de Antonio Lauro, pero la técnica es más accesible a guitarristas, principiantes e intermedios. Tuvo una importante carrera como guitarrista de concierto. No obstante ello, no existen suficientes grabaciones representativas de su trabajo.

martes, 9 de septiembre de 2014

Un cañón llamado "Burro Negro"


En Ciudad Bolívar había un cañón grande, pero manso porque nunca se utilizaba para destruir sino para anunciar cosas buenas como el advenimiento de la Noche Buena y el comienzo de un Nuevo Año.
El pueblo lo apodaba “Burro Negro” y cuando los soldados lo desplazaban para su utilización de un lugar a otro, casi siempre del Capitolio al cerro “El Zamuro”, iba montado sobre un par de ruedas rústicas.
Este cañón que tal vez fue en una época arma de guerra, había quedado en tiempos de paz para disparar salvas de honor a alguna autoridad o anunciar alguna efeméride o celebración importante.
Soldados acuartelados en el Capitolio, como antes se llamaba la hermosa casa de muros coloniales, restaurada y adaptada para un centro de artes, custodiaban y cuidaban al popular “Burro Negro” y a mediados de diciembre lo rodaban hasta el cerro seguido de la muchachada y en el momento oportuno lo atascaban con pólvora y arcilla y a la medianoche de la Natividad o cuando entraba el Año Nuevo, retumbaba “Burro Negro” con toda la fuerza y poderío de su carga haciendo más sonoro y emotivo el acontecimiento de la tradición decembrina.
Pero hace años se acabó “Burro Negro”  porque algún día tenía que suceder. Se cansó de estar anunciando la llegada de cada año y en una noche de la década del sesenta se desintegró con su propia y última onda de salitre, carbón, barro y azufre, sepultando así unos cuantos años de tradición. Tan sólo quedaron sus ruedas como estrellas vistas después en la carreta de un verdulero.
El porqué se escogió un arma de guerra para anunciar la llegada de la Navidad y del Año Nuevo cuando siempre se anhela paz, amor y felicidad es causa que no sabemos, pero lo cierto es que “Burro Negro” al acabarse como suelen acabarse todas las cosas del mundo terrenal, el anuncio de la Navidad y del Año Nuevo quedó circunscrito después y hasta los años cuarenta, a las doce campanadas del reloj de la catedral y a los pitos y sirenas de los barcos fondeados o surtos en el puerto fluvial de la ciudad.
En efecto, la ciudad ha crecido tanto que las campanas apenas se oyen y en el puerto ahora no atracan los barcos de la Real Holandesa ni de los de la Compañía Venezolana de Navegación. De manera y como quien dice, cada cosa en su tiempo, todo el mundo se pone al unísono con la hora de la Navidad y el Año Nuevo a través de la radio y la televisión que nos ponen el Himno Nacional a la medianoche y nos recitan Las Uvas del Tiempo que el poeta Andrés Eloy Blanco compuso cuando se hallaba exiliado en la madre patria.
Hasta los afamados dulces de doña Tina, infaltables en la cena de Navidad y Año Nuevo, desaparecieron como “Burro Negro”. Tina Bossio hacía multisápidos y polícromos dulces para toda la ciudad. La doña hizo casa y levantó familia a fuerza de confites de las variadas fórmulas heredadas de sus ascendientes oriundos de Cumaná, la tierra bendita del gofio y el piñonate. Tenían fama los dulces de Doña Tina pues satisfacía los más diversos paladares. Bienmesabe, dulce de higos, lechosa con piña, torta borracha y quesillos eran las clásicas confituras de los refocilados días decembrinos, sin incluir otras buenas variedad cuya demanda manifiesta se palpaba todo el año. Ella como bien lo dijo el doctor José Luis Candiales, en cierta ocasión, “endulzó el paladar de todos lo bolivarenses”.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Venezuela es un río

Con el título Venezuela es un río, el tercer domingo de mayo de 1989 fue inaugurado en el Museo de Ciudad Bolívar una significativa muestra de libros y documentos de los siglos XVII, XVIII y XIX, provenientes de la colección “La Gran Papelería del Mundo”. Del poeta y escrito, Caupolicán Ovalles (en la foto).
El poeta John Sampson, organizador de la misma, resumió el espíritu de la exposición citando fragmentos de un poema de su propia autoría: “Venezuela es un río porque navega en esas querellas como hogueras, que en el alba pierden su historia, presintiendo futuras caídas, y el río es disidente: vive bajo un puente”.
En la exposición, que tuvo lugar con motivo de los 225 años de la fundación de Ciudad Bolívar, se incluyó trabajos sobre la Real Cédula de 1777 y el primer libro publicado en Venezuela: Calendario o guía de Forastero, editado en 1810 y atribuido a don Andrés Bello. También figura Descripción geográfica de la Guayana, de F. Belin, editado en París en 1773; dos libros del Abate Prat, Narraciones de Santo Domingo y la América y Seis últimos meses de la América y del Brasil, fechados en París en 1818.
Vida y naturaleza de los trópicos, (Nueva York, 1817); Notas del primer libro venezolano sobre literatura, ciencias y bellas artes (Ciudad Bolívar, 1886), de J. M. Rojas; Diario de una expedición a través de Venezuela y Colombia (Londres, 1909), de Bing Ham Hiram; figuran en la extensa nómina de valiosos documentos y publicaciones que día se exhiben.
Sampson subrayó la importancia de la presentación de este significativo legado histórico y cultural en una ciudad de la trayectoria de Ciudad Bolívar, antigua Angostura, y capital poética del país, a raíz de la creación reciente del concurso internacional de poesía. Venezuela es un río es resultado de una investigación realizada por Luis Camilo Guevara, Elí Galindo y Luis Sutherland, con la coordinación de John Sampson.
De esa exposición me quedó un libro de Bellín sobre la “Descripción geográfica de Guayana” traducido por Jaime Tello con prólogo de Caupolicán Ovalles, quien dice “Recordemos que la obra del cartógrafo Bellín sobre Guayana y su impresionante afirmación de que la Guayana “es francesa” toca un territorio en donde solo los españoles, portugueses y holandeses han sentado el pie del uso cultural y civilizador. Y donde el Imperio Británico no ha tocado el velo mineral-vegetal de alguna mariposa. Ya vendrá el pacto de familia, la independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa, el caos napoleónico, nuestra guerra de independencia y la puntilla del Pérfida Albión
“Recordando que la existencia de nuestro continente es tan importante como la lengua de los milagros y la ciencia de las maravillas, hoy nosotros pensamos que un homenaje a Gallegos, Cortázar, García Márquez, Julio Garmendia y a Borges se anticipan en doscientos y tantos años. En este manifiesto poético-geográfico de Bellín, en esta casa bestiaria-poética de Bellín, en este museo mineralógico-fáustico y terroso de Bellín, en este homínido Rey de Lenguas de Maravillas de Bellín y también, por qué no, el gusto de las pailas de cobre, del axiomático cuerpo de nubes del café, de una rana que habla con ojos de oro y diamante, con una en fin agua, maravillosa y de curso celeste que se llama Nuestra Señora de la Orinoquia Amazonia, en todo esto hay un hombre que se llama el caballo que cabalga el siglo de las luces que se llama de la Ilustración”.