domingo, 7 de octubre de 2012

El poeta y humorista Aquiles Nazoa


Aquiles Nazoa, quien falleció el 25 de abril de 1976, estuvo en Ciudad Bolívar el 24 de junio de 1961, invitado por su amigo José Eugenio Sánchez Negrón. El extraordinario poeta y humorista, pereció trágicamente en accidente carretero.
En esa ocasión me lo presentó el poeta en el umbral de la sede de URD situada frente al bufete de su padre el doctor Reinaldo Sánchez Gutiérrez y en el curso de una conversación, Nazoa se manifestó preocupado por la situación política del país, amenazada de insurrección. Tres días después estallaría la sublevación del Cuartel de Barcelona conocida como el “Barcelonazo”.
Nazoa ofreció esa noche un recital en el Cine Mundial, uno de los más viejos de la ciudad, y donde además de las consabidas películas de Cantinflas, Tintán, Pedro Armendaris, María Félix y Tito Guizar ocasionalmente se presentaban mach de boxeo, sesiones de magia como la de Almedine y prueba de resistencia física protagonizada por el fakir Blacamán quien después de un largo ayuno se comió la cabeza de la Sapoara y terminó casado con la guayanesa Teresa Weis.
Aquiles, quien para entonces tenía 40 años de haber nacido en el Guarataro, una de las barriadas más populares de Caracas, recitó su famoso poema Jenny Lind, el ruiseñor de Suecia y contó que cuando era niño, su madre lo vestía de nazareno y por esa vía llegó a ser monaguillo.
El poeta sintió siempre desde su infancia, una muy tierna y conmovedora curiosidad por los animales de nuestra doméstica zoología criolla, pero muy especialmente por el cochino, tal vez porque cuando su papá lo llevaba de paseo por el campo, montado atrás en una bicicleta, su presencia lo excitaba viéndolo pasar de un lado a otro, revolcándose en el pantano o descuartizado sobre una mesa.
Entonces Aquiles pensaba en muchas cosas y se preguntaba, por ejemplo, por qué otro paquidermo, el elefante, siendo tan grande, tenía solo dos nombre -elefante y paquidermo-, mientras que el cochino, tan pequeño, lo identificaban además, como lechón, marrano, chancho, puerco, cerdo y sabe Dios qué otros nombres más.
Para Aquiles, el cerdo era un buen animal, sólo que vivía y parecía gustarle el pantano. Por eso al escribir sobre los defectos de algunos animales decía: “Qué bello fuera el marrano, si renunciara al pantano”.
Pero el cochino puede renunciar al pantano, aunque obligado. Depende de quién lo cuida y, por supuesto, quien lo cuida sabe por qué lo hace y no precisamente para salvarlo del toletazo.
Contaba Aquiles que solía ir a los barriales donde algún cochino solía solazarse y dialogaba con él: Cochino ¿cómo estás? ¿Qué me cuentas? ¿Qué novedad hay? Y el cochino aceptaba conversar y lo primero que hacía era lamentarse de los chistes que hacían con su nombre, pero Aquiles lo admiraba no obstante eso y a pesar de su trompa parecida a un disfraz. A pesar también de su aspecto tan poco intelectual y el absurdo moñito que le cuelga de atrás. Reconocía que tenía virtudes admirables como su sinceridad, pues no le ocultaba a nadie su condición social de cochino de barrial que no engaña ni se deja engañar, que vive en paz sabiendo que mientras sea cochino y nada más, del palo cochinero nadie lo salva, ni siquiera en una fábula que el propio humorista contaba, según la cual, ahogándose una vez en un pantano se encontraba un marrano; y al verlo un cochinero le dijo: “No se ahogue, compañero; yo lo voy a salvar, dame la mano”. Y una vez que al cochino salvó del pantanero, siguiendo luego juntos el camino, lo llevo derechito al matadero. (AF)

sábado, 6 de octubre de 2012

El Poeta Andrés Mata


El 19 de mayo de 1952, el doctor Adán Blanco Ledezma, Cronista de la ciudad, da a conocer que el poeta Andrés Mata (en la foto) vivió en Ciudad Bolívar a finales del siglo diecinueve y cómo durante ese tiempo escribió “Idilio Trágico”, premiado por el jurado del certamen patrocinado por la revista caraqueña “El Cojo Ilustrado”. Asegura que el poemario “Idilio Trágico” lo escribió Andrés Mata en la Casa de San Isidro, en La Laja, donde solía meditar y escribir en sus ratos de ocio literario.
Andrés Mata nacido en Carúpano en noviembre de 1879 y fallecido en Paris el mismo mes de 1931, vivió junto con el escritor colombiano, entonces exilado en Venezuela, José María Vargas Vila, en la misma sede del Colegio Federal de Guayana, acogido por uno de sus rectores que también allí vivía. La casa, que sirvió de sede en 1819 al Congreso de Angostura, era bastante amplia y el número de estudiantes muy reducido, por lo que sobraban habitaciones para alojar a los huéspedes ilustrados venidos de cualquier lugar del país.
Vargas Vila permaneció un buen tiempo en Angostura, aguardando que se aclarara el panorama político de su país donde el radicalismo liberal que profesaba con inusitada pasión, estaba siendo castigado a partir de 1885 por el gobierno de Rafael Núñez. Era la época de Joaquín Crespo, a quien el escritor llamó el “Páez de los modernos tiempos”. En Ciudad Bolívar prácticamente inició su carrera de novelista y arreció sus artículos y panfletos que enviaba a Colombia, invitando a luchar contra la tiranía. También escribió poemas, entre ellos, uno (22 de agosto de 1877) referido a la muerte de María de las Mercedes Blanco, de cuatro años de edad, hija del general Diego Alberto Blanco, con la cual jugueteaba cada vez que iba a visitarlo, tanto a él como a sus otros amigos el humorista Juan Bautista Blanco e impresor Alfredo Mario Blanco.
También en la ocasión los poetas Andrés Mata y Armando Barazarte dedicaron poemas a la niña. Los tres formaban una llave intelectual y producían la publicación semanal “Cabos sueltos del Orinoco”, que editaban en una imprenta situada en la calle Venezuela, frente a la antigua Farmacia El Águila.
Vargas Vila conoció y entabló amistad con el poeta Andrés Mata en Ciudad Bolívar. Mata, quien venía de su tierra Carúpano, donde había estudiado la primaria y dirigía un periódico llamado La Avispa. Ambos fueron huéspedes del Rector José Lorenzo Mendible, quien los alojó en el Colegio. Allí Vargas terminó de escribir su primera novela “Aura o las violetas” que mandó a publicar ese mismo año de 1887 a Cúcuta
Andrés Mata, por su parte, creció y se hizo diplomático y político llegando a dirigir un periódico en Santo Domingo y finalmente fundando el primero de abril de 1909 el actual diario El Universal de Caracas que dirigía uno de sus descendientes.
Vargas Vila prologó su poemario “Pentélicas” conocido y elogiado por las voces más autorizadas de su tiempo.
Uno de los poemas de Andrés Mata más cantado por los bolivarenses es sin duda éste de “Música triste”: “¿Un amor que se va?... ¡Cuántos se han ido!... Otro amor volverá más duradero y menos doloroso que el olvido / El alma es como pájaro inseñero / que, roto el nido en el ruinoso alero, / en otro alero reconstruye el nido. / Puede el último amor ser el primero. / Mientras más torturado y abatido, / el corazón del hombre es más sincero. / Tras de cada nublado hay un lucero, / y por ruda tormenta sacudido renace hasta morir el limnero (…)”. (AF)

viernes, 5 de octubre de 2012

GGALO YANEZ AUTOR DEL ESTUDIO GEOLÓGICO DE DEL PUENTE ANGOSTURA


Galo Yánez: Ha sido muy grato para mí el leer la semblanza sobre Paúl Lusgarte, pues me ha transportado a todo el año 1.961, año en el que se engendró el Núcleo de Bolívar de la UDO. Durante este año, mientras se preparaban los Pensa de estudios y se contrataban Profesores para la futura Escuela de Geología, que arrancaría en Enero de 1962, con los estudiantes que habían completado dos años de Cursos Básicos en Cumaná, José Nancy Perfetty, José Baptista Gomes y yo realizamos el estudio geotecnológico para la construcción del puente en río Orinoco, a mi me correspondió realizar el mapeamiento geológico y la geología estructural de las bases del futuro puente. Este trabajo fue traducido al idioma inglés, para la comprensión de las empresas que se encargarían de construirlo. Este fue el primer fruto de la UDO en Bolívar y dejó un beneficio de 300.000 bolívares de ese tiempo.
Lo que cuentas de la Laguna del Porvenir no es, de ninguna manera, un proceso ineludible. Lo mejor sería que estas bellezas naturales se conservaran en estado natural y se las usara adecuadamente. Hay ejemplos en el mundo, como las lagunas que circundan Oslo o Estocolmo, donde se las conserva prístinas; y, si algo se ha hecho mal, se corrige, como en el caso del río Támesis, en Londres.
Pedro Sánchez: Yo que estudie mi bachillerato completo en el TOMAS DE HERES me consta y fui participe de la hermandad que nos unía a los estudiantes de la MILAGROSA Y los del TOMAS DE HERES entre el año 61 al 66 surgieron amistades perennes que hoy en los campos distintos de las profesiones escogidas mantenemos el contacto fraterno imperecedero a pesar de las distancias y hoy gracias al internet nos mantenemos mas unidos, Que es lo lamentable ? que no haya existido la unión de instituciones y organismos regionales y con buena voluntad de los ciudadanos hubiésemos rescatado para nuestra región y mantenido con una administración ampliada un colegio LA MILAGROSA moderno actualizado y en todo caso duradero ICONO DE nuestra Guayana. después nos quejamos del abandono moral y social después baja el tenor educativo y a quejarse es lo que nos queda pero no hacemos nada . Se hubiese mantenido la tradicion educativa de calidad de nuestro colegio LA MILAGROSA.

Rómulo Volcán: Lamentable decisión el cierre del antiguo Colegio La Milagrosa de los padres Paúles.  Al mismo tiempo cerró también el Colegio San José de los Hermanos Paúles  en Cumaná.  Tuve el honor de ser de la última promoción que fue apadrinada por el Presbítero Félix Moleros y el acto se llevó a cabo  el 20 de septiembre de 1975 en la iglesia La Milagrosa.
Amigo Américo Fernández mis más calurosos saludos para usted y los suyos, le envié una solicitud de amistad por medio de esta tecnología esperando la apruebe y así poder conversar mi nombre es Alexander Salazar y vivo en esta ciudad he adquirido su libro y he comenzado a leerlo pero una nota que me llamo la atención es su columna es la enorme sequia que azotó a nuestro rio padre y donde usted hizo mención de que las personas podían pasar hacia soledad a pie atravesando el rio o sea las playas dejadas por la sequÍa mi pregunta es en qué fecha y año sucedió y si puede enviar fotos a mi correo por favor alexander_js_44@hotmail.com esperando pronta respuesta a mi inquietud.
José Ramón Russian Requena:  Realmente usted es un Caballero de la Historia del Estado Bolívar  A través de sus Crónicas, una cada día, se educa más.  Eres el mejor Cronista de Cd Bolívar. Una vez le reitero mi admiración  y respeto.
Juvenal León Me uno a esos sentimientos expresados por el amigo Russián.  A través del Cronista América Fernández la historia destila como agua de manantial. Saludos y adelante. (AF)


jueves, 4 de octubre de 2012

El Piloto de la expulsión de Jóvito



Al "Zorro de la Gran Sabana" capitán jesús Guzmán López, siendo piloto de Aeropostal le tocó por sorpresa llevar a Jóvito Villalba al exilio después de las elecciones de 1952 en las que URD le ganó  las elecciones al gobierno. El General se alzó con “el coroto” y Pedro Estrada lo obligó a trasladar a Villalba y otros dirigentes fuera del país. Ocurrió en la mañana del 16 de diciembre de 1952 cuando todo el mundo esperaba los resultados electorales. El Capitán Guzmán López  (en la foto) se hallaba en su casa y a las 3 y media de la mañana lo llamaron porque tenía un vuelo especial desde la Carlota. Ignoraba lo que estaba pasando y cuando llegó al aeropuerto se encontró  con la orden de llevar al exterior sin rumbo fijo a un grupo de hombres adversos al Gobierno.
El grupo de hombres adversarios al régimen lo integraban el máximo líder de URD, Jóvito Villalba, el profesor upatense Humberto Bártoli, el doctor Luis Hernández Solis,  Profesor José Alfonso Medina Sánchez, Raúl Díaz Legórburu, Jesús Alfonso Marín Sánchez, Ramón Tenorio Sifontes y el estudiante Víctor Rafalli.  Estos directivos urredistas fueron invitados por el Gobierno de Marcos Pérez Jiménez a abandonar el país
            El doctor Laureano Vallenilla Lanz, Ministro del Interior declaró  a nombre del Gobierno y ante los periodistas convocados a su despacho, que el doctor Jóvito Villalba, Secretario General de URD y otros dirigentes de la misma agrupación política habían salido del país en las primeras horas de la mañana en un avión expreso de la línea  Aeropostal Venezolano con destino a Panamá. 
            En total sumaban  ocho los dirigentes urredistas y de todos al único conocido para el Piloto era  Jóvito Villalba. La orden recibida disponía  llevarlos a donde ellos quisieran, pero Villalba no tenía otra alternativa sino Panamá y allá los dejó después de haberles entregado un paquete con dólares a cada uno de ellos, menos a Villalba que se negó  aceptarlo.
             El paquete de dinero destinado a Jóvito lo entregó a Pedro Estrada tan pronto Guzmán López  regresó a Venezuela.  La constancia de que devolvió el dinero la entregó su hermana a Villalba cuando retornó del exilio en 1958. Pero el “Zorro” Guzmán López se lamenta: “el Maestro ni siquiera me dio las gracias”.
El hombre que llevó a Jóvito Villalba al exilio después de las elecciones de 1952 usurpadas por el dictador Marcos Pérez Jiménez, se eternizó en Ciudad Bolívar y abandonó la aviación porque la edad y la ley se lo exigían y se resignó a ver volar los aviones desde su modesta quinta de la avenida Marmión, recordando sus tiempos de piloto de la Fuerza Aérea durante los años  treinta y cuarenta del siglo pasado.  Entonces lucía las tiras de subteniente  y de jefe de la Escuela del Aire.
Después de trabajar para Aeropostal, se vino a Ciudad Bolívar como piloto de Aeroven y de la empresa Lebca posteriormente. Voló sin tregua durante cuarenta años, al cabo de los cuales decidió aterrizar para no volar ni en cola, no vaya a ser cosa, pues accidentes tuvo muy pocos y sin mayores consecuencias.
            Ese apodo de  “Zorro de la Gran Sabana realmente era del piloto Juan Venegas, quien pereció junto con cuatro pasajeros en accidente aeronáutico y luego se lo encasquetaron a él, tal vez por su habilidad y pericia cubriendo las difíciles rutas de la selva de Guayana.
. El Capitán de la aviación Jesús Guzmán López, mejor conocido en el medio aeronáutico como Zorro de la Gran Sabana, me dijo una vez que despuès de volar tanto, lo mejor es sentarse en el orche de la casa a saborear las uvas del tiempo.(AF).

miércoles, 3 de octubre de 2012

El Osario del Cementerio de Ciudad Bolívar


EL OSARIO DEL CEMENTERIO DE CIUDAD BOLÍVAR
El 5 de agosto de 1959, el presidente edilicio, bachiller Luis Felipe Pérez Flores, atendiendo a una manifestación de la comunidad, colocó en el antiguo Osario del Cementerio Municipal de la Plaza Centurión, una placa de mármol con la siguiente inscripción: “1841-1921 - La piedad conserva este Monumento como recuerdo a los pobres que hoy yacen descansando aquí.  Benditas sean las ánimas”.
Justamente, la placa se colocaba al cumplirse 118 años de su erección, pues el Osario fue realizado en 1841, bajo la administración del gobernador Florentino Grillet, con el objeto de colocar allí los restos de las personas desvalidas y sin recursos. Estos restos eran incinerados y ahí, como en los Osarios de la antigua Creta, quedaban las cenizas de los huesos confundidas con la tierra ácida y húmeda del camposanto.
En 1921, la Municipalidad resolvió ponerle fin a la incineración en el Osario de cadáveres de personas sin familiares; de todas maneras, los despojos, de vez en cuando,  eran arrojados allí a la intemperie, sin ninguna protección, hasta que en 1940, la Municipalidad resolvió destinar un cementerio para los desvalidos en predios del sector Casanova.  Allí, incluso, van a parar los cadáveres utilizados en los anfiteatros anatómicos de la Escuela de Medicina de la UDO luego de ser diseccionados por los estudiantes.
Pero en 1959, en el curso de una limpieza general y ornamental de este histórico y primer cementerio de la ciudad, el presidente Luis Felipe Pérez Flores, ordenó, atendiendo a un clamor del sector vecinal, tapar el Osario que hasta entonces permanecía abierto, y transformarlo en una especie de monumento a quienes ni en vida ni después de muerto parecían encontrar reposo eterno.
Ahora que escribimos sobre este Osario, recordamos la obra de Pablo Picasso “El Osario” pintado en abril y mayo de 1945 (óleo y carboncillo sobre lienzo) tras el recuerdo del descubrimiento en diciembre de 1944, del cuerpo de su amigo ajusticiado, el joven poeta surrealista Robert Rius.
Asimismo viene a la memoria El Osario de Dios obra del escritor oriental Alfredo Armas Alfonso, con la cual se inició el micro-relato en Venezuela. Es una novela Collage donde cada protagonista anónimo logra su plenitud al final.
El vocablo es asimilado al arte de ese modo, pero el verdadero osario no es más que un depósito de huesos humanos que con el correr del tiempo ha sido asimilado de diversas maneras de acuerdo a las creencias religiosas profesadas por determinada colectividad.
En Ciudad Bolívar, el Osario tenía en la práctica esa significación antes relatada, pero durante épocas remotas, el osario era más individual o familiar que colectivo. Se juntaban los huesos u otros vestigios humanos una vez sacados de su sepultura, para pasar el resto de la eternidad en una antecámara de la tumba.
Conforme a las antiguas leyes judías, vigentes en la actualidad, los cadáveres tenían que ser inhumados en la tierra, antes del atardecer del día del óbito. En Israel donde era común el uso de osarios, a los difuntos se les depositaba en un primer lugar en la cámara exterior de la tumba donde se le amortajaba, y se le ungía con perfumes, especies y aceites. A continuación la entrada a la tumba era sellada con una piedra muy pesada, que era empujada hasta que quedase cerrada por completo.
De este modo se evitaban los saqueos. Normalmente las tumbas estaban compuestas por dos cámaras. Los familiares del difunto, esperaban aproximadamente un año a que el cuerpo, envuelto en un sudario blanco, se descompusiera y al quedar los huesos libres de la carne, pasaban al Osario.(AF)

martes, 2 de octubre de 2012

El novelista José Berti

El 9 de marzo de 1959 falleció el novelista y cuentista José Berti, en su propio Hato “Cachimbo” del Bajo Paragua, donde quedó sepultado. Años después, sus restos fueron exhumados y reubicados debido a la expropiación de una parte del fundo, ejecutada por CVG-Edelca, ante la inminencia de ser cubierto por las aguas represadas de la gran presa hidroeléctrica de Guri.
José Berti, quien era miembro de la Asociación Venezolana de Periodistas, Seccional Bolívar, había nacido en el merideño y frío pueblo de Tovar el 4 de octubre de 1891. Estudió en Mérida hasta graduarse de bachiller en filosofía (1909) y luego cursó ingeniería en la Universidad Central de Venezuela, carrera que abandonó para dedicarse a la actividad minera y agropecuaria en Guayana, donde hizo fortuna como propietario de las minas de oro de Parapapoy, del Hato Cachimbo y del Aserradero Santa Magdalena de Currucay.
Desde temprana edad, Berti se sintió atraído por la selva de Guayana a través de los relatos de viejos aventureros y una vez en Caracas reforzó su inquietud y decidió internarse en la jungla orinoquense tras la añagaza de El Dorado en cualquiera de sus formas, tal como lo hicieron antes que él el médico Luis Plazard desde la aragüeña Colonia Tovar, Pedro Monasterios desde Barquisimeto y Lucas Fernández Peñas desde El Baúl, estado Cojedes.
Se había, en efecto, graduado de bachiller y avanzado en la carrera de ingeniería pero, como Marcos Vargas, renunció a la civilización y buscó los caminos del “infierno verde” para regresarle a su mundo de origen los frutos de ardorosas vivencias con lo salvaje y lo primitivo. Así editó Hacia el Oeste corre al Antabare, Espejismo de la selva, Oro y Orquídea y El Motor Supremo, novelas todas escritas sobre una base autobiográfica y en las cuales trata temas vinculados con la explotación aurífera así como la del caucho y el balatá, mitos y leyendas indígenas y otros aspectos antropológicos de Guayana.
En su novela Hacia el Oeste corre el Antabare José Berti, en uno de sus capítulos, dedicado al periodista y escritor Pascual Venegas Filardo, dice que el nombre “Paragua” es corruptela de la voz arecuna Paravá ( Loro), con que todavía designa al río todos los aborígenes de Guayana. Acerca del origen de este nombre, Paravá, la tradición arecuna guarda una de sus más interesantes leyendas referidas a un loro fatal que sin duda era la personificación de Canaima, el enemigo tradicional y eterno.
Las aguas del río Paragua, José Berti las describe silenciosas y negruzcas deslizándose desde las vertientes de la Sierra Parima hasta su desembocadura en el Caroní, enfrente de San Pedro de las Bocas, a través de la selva más extensa y enmarañada de Venezuela. “Sus márgenes, negras e inhospitalarias, cubiertas de espesas malezas y de espinosos bejucos que tejen sus caprichosas redes a la densa sombra de árboles descomunales, presentan todo el esplendor y los horrores que han hecho tan famosas y temidas las vastas y húmedas selvas tropicales”.
José Berti tenía una casa en predios de las actuales instalaciones de la Universidad de Guayana donde se hospedaba cada vez que venía de su hato Cachimbo en La Paragua. Aquí en Ciudad Bolívar pasaba varios días haciendo contacto con sus proveedores o haciendo escala antes de viajar a Caracas o España donde prefería por economía editar sus novelas.
La casa de José Berti aún se conserva. Qué bien harían las autoridades de la Universidad de Guayana si la restaurara y le diera utilidad dentro de los espacios de extensión cultural o de antropología de la UNEG.(AF)

lunes, 1 de octubre de 2012

El Negro Rivilla y la Universidad


Al despuntar enero del año 1955, Tomás Rivilla colocó en la parte alta del  frontal de su quiosco de quincallería en el Mercado Principal una pancarta deseando a los bolivarenses Feliz Año y pidiendo la Universidad de Oriente desde su posición de presidente de la Asociación de Comerciantes Minoritarios.
Tomás Revilla, lo apodaban sus paisanos el “Negro de las Lamus”. Las Lamus era una familia vecina a la Logia Asilo de la Paz, frente a la Estatua de la Libertad, a la cual su madre upatense lo entregó luego de la violenta muerte de su padre entre espuelas y apuestas.
Creció allí entonces Tomás Rafael Rivilla, desasistido de la paternidad, hasta los 18 años que le tocó irse a trabajar a la New Golfield donde las madamas de ancho faralao le ofrecieron domplín y otros sabores del heredado condumio antillano. El Callao no era el pueblo minero de hoy ni tenía calles como Ciudad Bolívar sino oscuros túneles como cuevas de lobos, sin más salida que la propia entrada.
No nació Rivilla para recrearse en el duro trabajo de la veta horadada a fuerza de detonantes. El olor a pólvora lo deprimía, no tanto por el salitre ni menos por el carbón del cual parecía hecha su piel, sino por el azufre que según el párroco de la iglesia de Santa Ana, estaba hecho el infierno.
De suerte que un buen día de yuntas y carreros, estuvo de vuelta y se ubicó como pudo en un puesto del Mercado Principal que entonces quedaba en el hoy Mirador Angostura hasta que vino Sánchez Lanz y lo sacó de allí con mercado y todo. Para mayor protección buscó la vecindad de Nuestra Señora de las Nieves y en la deshabitada Casa de los Handerson instaló su sueño de quincalla y refresquería que una mala noche del 25 de diciembre de 1965 le explotó en sus propios pies. 500 tumbarranchos interrumpieron su sueño de ocho noches de desvelos, sumados a los ruidos de furrucos y patines que sincopaban al ritmo de sincréticos villancicos.
El infierno que presintió de cerca en las profundidades auríferas de El Callao se le atravesaba en la esquina de la Catedral, e insaciable lo aguardó cuatro años después, una tarde de Feria, noviembre de su cumpleaños.
Entonces el Negro Rivilla se preguntaba ¿por qué si conocía los riesgos de la pólvora, caía en la tentación de la cohetería? Por qué si la Dictadura menospreciaba la libertad que es sustancia y sustento de la institución universitaria, él se atrevía a colocar en el frente de su pequeño negocio “Dios guarde a mi General que pronto nos traerá la Universidad”. ¿Por qué si Cipriano Castro nos la arrebató de un plumazo, Marcos Pérez Jiménez que también era andino y autoritario como Castro, la iba a regresar?
Esto el Negro Rivilla no se lo podía explicar. Así y todo recogió en Guayana y Oriente, 40 mil firmas en pro de la Universidad que no conmovieron al dictador, no obstante tener a su lado a un guayanés como Luis Felipe Llovera Páez. De aquí que cuando el dictador fue derrocado el 23 de enero de 1958, el joven estudiante Juan Manuel Sucre Trías, saludó la terquedad del Negro Rivilla con la fugaz y vacilante luz de un paquete de velas que le prendió por la noche en la puerta de su negocio. Pero la campaña había prendido y el mismo año el presidente provisional de la República Edgar Sanabria, la decretó, sólo que dispuso como sede a Cumaná.(AF)