jueves, 9 de noviembre de 2017

Francisco Battistini. Fundador de la Escuela de Medicina


Francisco Battistini, nacido en Ciudad Bolívar el primero de septiembre de 1917, realizo los primeros estudios en su Ciudad natal luego sus padres resolvieron radicarse en París para terminar de darle allá la formación de sus tres hijos.
Francisco fue inscrito en la Academia de Medicina de Francia y terminó sus estudios en la Universidad de Montpelier después de la Segunda Guerra Mundial, donde tuvo participación como soldado hasta 1940 que se dio la violenta batalla de Dunkerque.
En Francia contrajo matrimonio con la señorita Louisette Villod, quien falleció en Ciudad Bolívar. Con ella tuvo a Ana Maria, médico dermatólogo como su padre, única hija, casada con el urbanista Claudio Brun Maxlimilien, nativo de Haití que fue colonia francesa.
Al doctor Francisco Battistini las autoridades de la UDO lo enviaron a Brasil, Perú y Colombia para estudiar experiencias en el campo de la docencia de la medicina. Elaboro el primer pensum de las Escuelas de Medicina iniciado el 8 de enero de 1962 con tres profesores (Battistini, IIdemaro Torres, Eduardo Cárdena) y 80 alumnos.
De estos ochenta alumnos sólo diez llegaron a la meta profesional. En diciembre de 1966 fue la primera promoción, la cual apadrinó.
El doctor Francisco Battistini, además de fundador de la Escuela de Medicina, fue entre 1958 y 1991, jefe del servicio de dermatología del Hospital universitario del Ruiz y Páez. Fundador del primer Post-Grado de la Escuela de Medicina (Dermatología 1977); dermatólogo consultante de la Universidad del Estado Louisiana  de los Estados Unidos en 1967. En el campo de la investigación ha hecho importantes aportes, especialmente de la medicina curativa.
Descubrió un tópico rápido y eficaz en el tratamiento contra la micosis o enfermedades de la piel, causada por hongos. Se trata de un compuesto que antes de salir al mercado estuvo en ensayo en las Escuelas de Medicina de Ciudad Bolívar, Bogotá y Miami. El medicamento comenzó a estudiarlo en 1968 y antes de que los laboratorios M. Johnson  de los Estados Unidos lo sacara a la venta pública, estuvo ensayándolo durante dos años en colaboración con los especialistas norteamericanos, doctores Nardo Zaias y Aguerrí Revell.
Mientras fu Director de la Escuela se preocupó por la formación del médico general contra la inclinación de la mayoría de los egresados de escoger el camino de la especialización.   Se quejaba entonces de las carencias que aún persisten como la producción por la presión ejercida sobre las autoridades para aceptar a una gran masa de estudiantes no considerados en la planificación. De tal manera que la Escuela de Medicina ha sido victima de la masificación y esto ha traído repercusiones en la enseñanza y los programas.
A sus distinciones Orden Congreso de Angostura, Orden Andrés Bello y premio César Lizardi, se suma la del Rotary Club Orinoco.(AF)


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Perfetti, Coche y la Gran Sabana

 


JOSÉ NANCY PERFETTI Y ALUMNOS ESTUDIAN GEOLOGÍA DE  LA ISLA DE COCHE
José Nancy Perfettti fue el fundador y primer director de la Escuela de Geología y Minas del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente.  La concibió y planificó sin rígido academicismo y distinta a la tradicional.  Pero debido a problemas internos derivados de la turbulencia política de los años sesenta, el doctor J. N. Perfetti abandonó la Dirección de la Escuela y se dedicó por entero a la docencia, a la investigación de campo y al laboratorio.  No hubo puente ni oportunidad de asueto que no aprovechase para salir con sus alumnos a estudiar cualquier lugar importante de la geografía venezolana, bien en el Escudo guayanés como en  los Llanos, los Andes,  o en la región de la Costa.
         En 1982 estuvo en Coche y Cubagua con un grupo de alumnos tratando de terminar estudios iniciados en 1974 sobre la formación de esas islas, para demostrar alteraciones en la Cartografía junto con su antiguo alumno José Herrero Noguerol, estuvo dirigida a demostrar la tesis según la cual el Orinoco primitivo desembocaba por donde lo hace hoy el Unare.
         Y lo cumbre es que a donde llegaba se hacía querer y dejaba alguna huella.  Lo recuerda intensamente Froilán Lunar, el pescador más famoso de la Isla de Coche como asimismo los indios de la comunidad Pemón que moran por los alrededores de la Quebrada de Pacheco en la Gran Sabana.
         Nos cuenta divertidamente Noraima Caraballo, una de  sus alumnas, que allá por la Quebrada de Pacheco acampaba el doctor Perfetti con sus alumnos practicando prospecciones cuando miembros de una comunidad indígena se acercaron a su campamento en busca de asistencia para atacar un brote de sarampión que se desataba en la población infantil.
         Perfetti, a quien nunca le faltaba cuando iba por esos sitios un anillo de seda en el dedo para preservase de rayos y tempestades como un buen surtido de medicamentos para cualquier emergencia, le sirvió de médico, enfermero o chamán a aquella comunidad y la salvó.
Los indios agradecidos le pusieron a una senda de la Quebrada de Pacheco “Camino Perfetti” y a todos los niños liberados del sarampión, el nombre de Perfetti.  De suerte que el Profesor solía exhibirse muy contento y orgulloso del suceso, pero a veces se veía en serio compromiso cuando alguien creía de veras que los indios Perfetti eran realmente sus hijos.
Para la egresada de la Escuela de Geología y Minas, Noraima Caraballo, quien lo acompañó siendo estudiante en varias excursiones, siempre con una indumentaria característica de su manera espontánea de ser, a veces con sombrero de corcho o una gorra y cachimba, el  doctor Perfetti era simplemente “un genio irresistible”.
         El  doctor Galo Yanez lo calificó como un líder que dedicaba todo su tiempo a la creación de esta Escuela, que actuó de la única manera como se hacen bien las cosas, dándose por entero la cristalización de los ideales. Alumnos y Profesores tuvieron la suerte de inflamarse con su entusiasmo y seguir por caminos geológicos acertados, gracias a su oportuna guía magistral. En todo cuanto decía y escribía Perfetti, había siempre una profunda y robusta raíz científica.         
         J. N. Perfetti nació en Ciudad Bolívar el 13 de agosto de 1916 y falleció en 1992, a la edad de 76 años.      (AF)

miércoles, 28 de junio de 2017

La Banda del Estado Bolívar en 1916


El 19 de diciembre de 1916, el Presidente del Estado, general Marcelino Torres García, decretó la creación de la Banda Gómez del Estado y designó a José Francisco Calloca como director. 
Calloca era un músico y compositor italiano que vino en una compañía  de ópera contratada para actuar en el Teatro Bolívar.  Ejecutaba el clarinete, el fagot y el piano.  Se identificó con el ambiente y decidió quedase aprovechando que  la colonia italiana era muy importante a comienzos del siglo veinte.
El músico  al poco tiempo se convirtió en un agente de comercio importador y mayorista.  Importaba materiales artísticos, perfumes, pajillas y hasta automóviles.  Con la ayuda del Estado montó una Academia de Música y con los egresados fundó la Banda Gómez del Estado decretada por el Presidente y los equipó con uniformes e instrumentos importados por él mismo desde su patria Italia. 
De la casa italiana Adolfo Lapiani importó para la novedad de la Banda del Estado dos juegos de 44 uniformes de gala y de media gala.  Los primeros de excelente paño negro, tipo dolmen, de dos hileras de botones plateados y brandeburgos blancos y azules, más su correspondiente kepis de forma alta, semejantes al usado por ciertos cuerpos  de la infantería italiana, con plumero blanco y azul, cucarda en los colores venezolanos y una lira plateada, y los segundos de dril y kaki  con sus distintivos e insignias.
La Banda Gómez debutó con todas las de la ley, tocando en todas las ceremonias solemnes del Ejecutivo y ofreciendo esplendidas retretas ya en la Plaza Miranda como en la Plaza Bolívar, Plaza Arismendi y los fines de semana en el Paseo Falcón o La Alameda.
En la Banda destaca Domingo Maradei, padre de Monseñor Constantino Maradei Donato,  Además de barbero, pulpero, era junto con Antonio Caruso el primer clarinetista, de la banda Gómez primero y que la Banda Dalla Costa después.
Los directores de la Banda del Estado han estado, por lo general, sujetos a los cambios de Gobernadores.  Así, cuando el general Silverio González, fue designado Presidente del Estado en marzo de 1924, hizo que Calloca se dedicara a tiempo completo a su mejor lucrativo oficio de agente de comercio y dejara la dirección de la banda en manos de su alumno más destacado,  José Francisco Miranda (Fitzi), quien fungía de subdirector.
Telmo Almada, recién llegado de Zaraza en 1921, ejecutaba el trombón y el cornetín en la Banda y era al mismo tiempo director de la Orquesta Venezuela con la cual estreno su famosa pieza “Canciones de Himeneo” en el Paseo Falcón el 21 de octubre de 1930.  Fitzí Miranda, para no quedarse atrás, estrenó al año siguiente el pasodoble ¨Late 28¨ dedicado al primer avión comercial llegado a Ciudad Bolívar.  Ese mismo año firma contrato con la  Southen Music Publisching Co. de Nueva York para grabar su joropo ¨La Sapoara¨.
En octubre de 1930, el Presidente Silverio González es transferido al Estado Anzoátegui e invita al profesor José Francisco Miranda para que dirija la Banda de aquella entidad.  Fitzi acepta, especialmente porque el nuevo gobernante, José J. Gabaldón  ha traído consigo a su paisano Laudelino Mejías (el famoso autor de Conticinio) para que lo sustituya.  Eleva de 9 a 40 los ejecutantes Telmo Almada es nombrado subdirector.


El 8 de junio de 1932 fallece Manuel Jara Colmenares  y  toca a su paisano Laudelino Mejías acompañar con la Banda su entierro. Entonces interpreta sus valses El Guayanés y el Primer Ramo. Así quedan las cosas hasta 1933 que asume la presidencia del Estado el doctor Antonio Alamo y sustituye a Laudelino Mejías por  G. Franco.  Como Silverio González también ha sido sustituido en Anzoátegui, Fitzí Miranda vuelve a Ciudad Bolívar y funda una orquesta particular con el nombre de  Dalla Costa, que luego adosa a la Banda del Estado después de la muerte del Dictador. (AF)

lunes, 26 de junio de 2017

Rosendo Magallanes Guerra



Sus ascendientes provenían de los inmensos llanos del Guárico y de las montañas del Yocoima y como el gran marino del estrecho que lleva su nombre, navegó por el mundo de su fantasía creadora. Y guerreó durante cuarenta años hasta caer vencido y ahogado por el humo de las ramas que nos trajeron hace miles de años los arucas del sur.  Ellos, tal vez, le trajeron y no lo sabía, el arte que llevó hasta Suiza su alumno predilecto, el Chino  Ramón Eleazar López
       Lo conocí en  1969 bajo el ala sagrada de la poeta Mimina Rodríguez Lezama, nativa como su madre en la tierra del Yocoima. Entonces daba trazos sobre el lienzo con la sabiduría de un arquitecto venido del cielo, pero que sabía de las miserias, de las deformidades, de esqueletos retorcidos que muchas veces vimos retratados con fuerza en sus grabados.
       Con uno de ellos, creo se llamaba “Mecánicos L” (en la foto) ganó el premio mayor del Salón Estadal de Artes Plásticas, auspiciado por la Universidad de Oriente, la Casa de la Cultura y el Inciba. El jurado integrado por el Lic. Félix Guzmán, profesor Arsenio Pasarini y doctor José Sánchez Negrón fueron certeros y contundentes en el fallo.  Tenía 23 años y quería seguir los pasos del pintor de moda en esos años, el Maestro Jesús Soto, hasta dejar ver su equivocación y retornar a su camino expresionista y un tanto surrealista.
       Era silencioso como un sabio y atlético como un caballo de fuerza.  Por la vía del diseño y la fotografía llegó al periodismo e ilustró y redactó con el vigor avasallante del artista.  Siempre quiso estar arriba como un potro desandando  y explorando caminos que se perdían en el infinito de sus aspiraciones.  Tenía poder de convencimiento sin discutir mucho.  Era la vitalidad de su silencio entrecortado por su voz de bajo lo que le aseguraba el predominio en los más variados y complejos aspectos de la vida, incluyendo el del amor que le permitió prolongarse 33 veces.
       Alternaba sus creaciones plásticas con la fotografía, la docencia y el periodismo, en puestos de dirección.  En El Bolivarense, El Expreso y finalmente  El Progreso, diario tabloide donde  quedó la huella del periodista, del diagramador, del redactor y del director que  en vida fue el colega.
Carlos Mejías, después que dejó su participación docente y administrativa  en el IUTIRLA,  tuvo la suerte de encontrar en Rosendo Magallanes Guerra, su alter ego. Y es que el flamante editor de la Calle Vidal desde su juventud cultivó el proyecto de un periódico que en El Callao  se llamó  “La Voz del Yuruary, y en Ciudad Bolívar “La Denuncia”, pues bien, este semanario donde Rosendo Magallanes estampó su impronta, se convirtió en laboratorio de El Progreso, diario de profusa circulación en todo el ámbito regional en el  que hasta el momento de su muerte sirvió en calidad de director auxiliar aún con la salud paulatinamente cediendo a los embates del tiempo que nunca pudo alargar más allá de su desiderátum.  Perdió el equilibrio en el peldaño 63 de este tiempo y cayó, como dijera Neruda, como piedra en la tumba, sin perder la compostura a pesar del dolor que lo atenazaba.
       Bien recordamos su página en Facebook “SOY UN VIEJO PERIODISTA, CON CASI 40 AÑOS DE ACTIVIDAD PROFESIONAL ADEMAS, ME DEDICO A LAS LABORES DE ARQUITECTURA Y COMO ARTISTA PLÁSTICO, EN EL CAMPO DE LA PINTURA, ESCULTURA Y CERÁMICA. APARTE DE FOTÓGRAFO PROFESIONAL".(AF)


       

miércoles, 21 de junio de 2017

De Bártoli y Pompeyo

Pompeyo Márquez y enrique Aristeguieta cuando eran camardas

DE BÁRTOLI Y POMPEYO
A Humberto Bártoli lo llamaban sus allegados "El Hombre de la penicilina" y tal cogno­mento tiene su razón de ser. Fue él ciertamente el médico que primero intro­dujo y aplicó en esta re­gión la penicilina, a 16 años de haber sido descu­bierta por el científico in­glés Alexander Flemming. Y por la bendita penicilina, casualmente, el médico bo­livarense perdió su cargo en el campamento de la Iron Mnes Co. de Palúa.
El superintendente de la compañía pretendía que la poderosa sustancia bacte­riológica que traían cruda en frascos de 100 mil uni­dades desde Estados Uni­dos, fuese utilizada úni­camente en pacientes nor­teamericanos.   Entonces, se armó la de Tro­ya.  Bártoli formó un be­rrinche al Musiú, descolgó la bata de médico, se en­cuelló el estetoscopio, tomó el maletín y se mar­chó a Tumeremo llamado a combatir un serio brote epidémico de viruela. An­tes debió practicar de emergencia una operación quirúrgica, la primera en la Zona del Hierro, de un acceso apendicular al obre­ro Angel Medina. Total que fueron diez años en Tumeremo llegando a ser director del hospital del municipio.
En la década de los 50, Roscio que abarcaba Gua­sipati, El Callao, Tumeremo, El Dorado y Santa Elena, era un distrito de importancia minera y agro­pecuaria. Las minas de Oro de El Callao estaban con­cesionadas a la New Gold­field y allí, valiéndose que el gerente tenía su mismo apellido, logró enchufarse Pompeyo Márquez utili­zando uno de sus múltiples seudónimos de comunista perseguido: Ezequiel Már­quez.
Pero duró poco tiempo, pues tan pronto como en­tró, le montó un sindicato a la New Goldfiel. Dicen que fue el primero creado en el estado Bolívar, aun­que hay quienes aseveran que fue el Sindicato del Hierro mientras otros ase­guran que fue el de la Ha­rina en Ciudad Bolívar. Lo cierto es que Pompeyo pasó 15 meses en El Callao ya como secretario del hospital de la empresa, como contabilista de Rassi o em­pleado en los negocios de Alejandro González, pri­mer prefecto de la demo­cracia en 1958.
En El Callao, Pompeyo Márquez produjo sus pri­meros artículos periodís­ticos denunciando la rela­ción feudal que existió allí en tiempo de la Goldfiel. Hasta él fue imposible que llegara la inteligencia pes­quisante de la Seguridad Nacional, específicamente los sabuesos  Canache, Go­mecito, Roncito y Mano de goma. No era fácil porque Pom­peyo tenía el mismo apelli­do del Gerente de la Com­pañía y luego porque ex­hibía una pinta de musiú, no obstante ser bolivaren­se.  ¿Bolivarense?
Pompeyo explica lo de su gentilicio bolivarense que suele reclamar Soledad de Anzoátegui: "Lo que pasa es que antes el Orinoco no separaba sino que unía y había quien tenía casa a ambos lados por cuestiones de seguridad y comodidad, especialmente cuando el río crecía o se tenía que viajar al centro o pasar ganado. Es posible que yo haya nacido en Ciudad Bolívar como lo expresó mi mamá cuando fui a sacar la Libreta Militar y que mi papá me haya presentado en Soledad, lo que yo vine a saber circunstancialmente en 1958 cuando al visitar la capital del distrito Independencia de Anzoatiguense, el Prefecto me dijo que había encontrado accidentalmente esa partida. (28 de abril de 1922) Yo la tengo, la conservo, pero el resto de mi documentación personal  me mantiene como nacido en Ciudad Bolívar”.(AF)



martes, 13 de junio de 2017

La Bandera del Estado Bolívar


El 12 de octubre de 2000, además de conmemorarse el Día de la Raza, fue fecha propicia para izar por primera vez la Bandera del Estado Bolívar, diseñada por el maestro de la pintura, Jesús Soto y la cual había sido  presentada en 1995 al entonces gobernador Andrés Velásquez.  El Consejo Legislativo Regional, atendiendo la solicitud del Gobernador Antonio Rojas Suárez, retomó la discusión del proyecto de reforma de la Ley respectiva que la incluía y lo aprobó.  Luego en sesión especial en la  Plaza Bolívar, el Presidente de la Cámara hizo formal entrega al Gobernador para el Ejecútese de la Reforma Parcial de la Ley de Escudo, Sello, Himno y Símbolos del Estado Bolívar.  Acto que se cumplió al tiempo que al compás del Himno del estado se izaba la Bandera.
         La Bandera (168x110 cms.) de color dorado como la misma riqueza del suelo bolivarense, se compone de una circunferencia verde (69 cms.), en el centro, símbolo de su abundante vegetación y superpuestas a todo lo largo y centro de la Bandera, tres franjas azules horizontales de diez centímetros de ancho y separadas ente si por otros diez centímetros, símbolo de los ríos que surcan la región de Guayana. En el centro de la franja del medio, ocho estrellas blancas de cinco puntas cada una, colocadas en forma horizontal: siete representativas de la siete provincias que juntas declararon la Independencia de Venezuela, y la octava decretada por el Jefe Supremo Simón Bolívar el 20 de noviembre de 1817 para honrar a la Provincia de Guayana donde se estabilizaron los Poderes republicanos que hicieron posible la emancipación de Venezuela y Colombia.
         Con la Bandera quedó completada, la trilogía simbólica que tradicionalmente identifican a las entidades federales de la República.
Primero fue el Escudo, adoptado por la Asamblea Constituyente del Estado  soberano de Guayana en 1864 como resultado de la nueva Constitución impuesta por el triunfo de la Guerra Federal.  Luego, el Himno del Estado, el cual data del 5 de julio de 1911, por disposición del entonces Presidente del Estado, Arístides Tellería.  El Himno fue adoptado luego de un certamen ganado por el poeta J. M. Agosto Méndez y el maestro de la música Manuel Jara Colmenares..
         El Escudo del Estado Bolívar, posterior a la Colonia y a raíz de la Federación, tiene en la parte superior, fondo azul y formando arco, siete estrellas albas, las cuales simbolizan las siete provincias que se confederaron en 1811 para declarar la Independencia Nacional.
En la parte inferior, un río de oro en representación del Orinoco; sobresaliendo de las aguas una gran roca, figurando la Piedra del Medio. Sobre la roca sentada una India que apoya el brazo izquierdo en un ánfora que vierte agua en el río.
         Hacia la derecha del campo, y saliendo por detrás en posición oblicua, un caduceo como blasón del comercio; y a la izquierdo en la misma posición, un pico, símbolo de la minería. Coronando el Escudo y en el fondo plata, un triángulo radiante con un ojo en el centro que representa la mirada protectora de la Provincia.
         Dos ramas de oliva, emblema de la Paz, orla el Escudo desde la parte inferior donde se juntan, hasta encontrarse cada uno de los símbolos del Comercio y de la Industria Minera. El punto de unión de las ramas se oliva, ostenta un lazo de cinta alba en la cual se leen las siguientes inscripciones: en el centro 5 de julio de 1811, Independencia; a la derecha: 15 de febrero de 1819, Congreso de Angostura y a la izquierda: 16 de diciembre de 1863, fecha de que Guayana se incorporó a la República Federal.

Nota al margen,-  El Ingeniero mecánico Douglas Beltrán afirmó que en 1995 consignó ante el Despacho del gobernador Andrés Velásquez, el diseño de una bandera similar y supone el Maestro Jesús Soto se recreó en ella para cumplir con el encargo del gobernador de concebir una Bandera para el Estado Bolívar. (AF)




martes, 23 de mayo de 2017

La novedad de las bombillas


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La llegada de la luz eléctrica a Ciudad Bolívar inclinó a numerosas casas mercantiles a incorporar el ramo de los artefactos eléctricos como bombillas, sócates, cables, fusibles y la última novedad en esa materia según publicidad de entonces fueron las llamadas “Lámparas eléctricas movedizas” de la marca Wolf. Esta lámpara se podía colocar en cualquier lugar “y siempre la luz sin lastimar la vista”. La recomendaban para los doctores como algo indispensable. Asimismo para los dentistas, dibujantes y escribanos. Para las señoras que acostumbraban coser en máquinas, lo mismo que para las señoritas que tocaban el piano. La dicha lámpara constaba de tres brazos, 42 pulgadas, extendidas y 14 dobladas. 
Niqueladas, de latón o cobre. Estas lámparas llegaban por el puerto fluvial de la ciudad procedentes de la casa Mendoza Bros de Nueva York.
Había casas de familias y sedes de instituciones oficiales que no obstante haber contratado el servicio de energía eléctrica difícilmente abandonaron las antiguas lámparas de carburo granulado o acetileno. Por ejemplo, la Catedral instaló el 13 de marzo el alumbrado de gas acetileno con un aparato central generador marca “Monach” importado de los Estados Unidos. Daba una luz clara en tres arañas, con diez mecheros cada una en la nave mayor; 14 mecheros en el Presbiterio del Altar Mayor; una en la Sacristía; 5 en el Coro Alto; 15 en la nave lateral del Carmen; 15 en la lateral de Cristo; por su instalación el obispo Durán pagó 682,85 pesos.
La bombilla o lámpara incandescente llegó a Ciudad Bolívar al mismo tiempo que entró en servicio en julio de 1911 la Planta Eléctrica movida por vapor producido en calderas con carbón antracita. Las bombillas se instalaban dentro de las edificaciones y en el ambiente externo los llamados arcos voltaicos, de una luz más intensa producida por electrodos alimentados con una corriente de 10 amperios. La corriente provocaba un gran calentamiento en el punto casi de contacto de los electrodos dando lugar entre ellos una descarga luminosa similar a la llama.
La bombilla es uno de los inventos más utilizados por el hombre desde su creación hasta la fecha. Según la revista Life es la segunda más útil de las invenciones del siglo XIX. La comercialización de la bombilla por parte de la compañía Edison estuvo plagada de disputas de patentes con sus competidores.
En torno a 1914 las bombillas sufrieron una fuerte reducción de su vida útil, disminuyendo su duración de las 2 mil 500 a las mil horas. La bombilla se convirtió así en el primer objeto de consumo víctima de la obsolescencia programada. El cartel de productores, participado entre otros por Phillips, Osram y Zeta, llegó a un acuerdo de colusión para fomentar la adquisición de bombillas reduciendo conscientemente su duración.
Los bolivarenses de la ciudad capital estaban felices con la llegada de la electricidad y todo cuanto ello significaba para el porvenir de la ciudad. Los únicos que parecían preocupados eran los vecinos de la planta por el ruido que producía y optaron por ofrecer en ventas sus viviendas a la compañía. Preferían disfrutar a la distancia del beneficio de una electricidad a la cual muchos le atribuían algo mágico. Si era capaz de imitar la luz del día para disolver la noche, cualquier cosa más podía esperar la gente del fenómeno y de ello estaba seguro el doctor Chass De Grath, quien inventó el específico “Aceite eléctrico” para calmar toda clase de dolor. Se hacían entonces toda clase de especulaciones y hubo quien pensara si acaso los arcos voltaicos no contribuirían a aumentar la temperatura del verano  por las noches. (AF)