miércoles, 29 de junio de 2016

Kalimán y el Jeque



Por las calles de esta ciudad dejaron de ser transeúntes de la picaresca angostureña, Kalimán y el Jeque, nadie sabe si fue que se murieron o se los llevaron los caravaneros, aunque el actor de teatro Gustavo Basanta nos dijo antes de morir que a Kalimán lo vio en una esquina de Caracas luciendo su muy peculiar vestimenta en la que destacaba su informe corona de emperador que más bien parecía una tiara pontificia tachonada de zunchos  y desechos. Del Jeque, si de verdad que nadie da razón, ni sus propios paisanos aunque hay quienes dicen que fue la propia colonia árabe que lo sacó de circulación por el extraño comportamiento del personaje que tendía a lastimar el orgullo de la gran familia musulmana. Pero, ¿cuál el comportamiento extraño del Jeque? Simplemente que usaba indumentaria un tanto maltrecha, pava margariteña que lo protegía del recio sol angosturense, un repujado bolso de cuero, larga-vista blanco y una pequeña silla de extensión en la cual se acomodaba para descansar y leer el periódico.
        Este Jeque trae a la memoria del colectivo la historia de un negro inglés de nombre Óscar que se lo pasaba con un tubo a guisa de telescopio sondeando el firmamento en busca del Cometa Halley aparecido en 1910.
        El diario El Luchador que junto con el Bachiller Ernesto Sifontes, seguía día a día la llegada del cometa, insertaba en sus páginas todas las especulaciones de investigadores como Flanmarión y Ambrosio Paré que presagiaban calamidades que llenaban de pánico a la población.  Aquí en Ciudad Bolívar causó sus efectos y el periódicos vespertino da cuenta de lo ocurrido al negro ingles: “Así lejano como está el Halley, comienza hacer sus estragos en el cerebro y sistema nervioso de los débiles.  Tal acaba de suceder con un negro inglés de nombre Óscar, a quien una obsesión por el cometa lo ha dejado en completo estado de enajenación y con la monomanía de estar fabricando con cartón tubos en forma de cilindro para buscar con ellos a guisa de telescopio al errante viajero causante de su locura. Es preciso que la idea que tenemos de estas atrocidades  pregonada por los escritores  no ocupen en nuestras mentes sitios de importancia porque así lo débiles serán los que vengan siendo perjudicados por el visitante siderio,  que quizás no nos traiga otra cosa que momentos de distracción”.
Kalimán era otro alienado, no por el cometa Helley que nos visita cada 76 años, sino por las historietas del super héroe que durante un tiempo cautivaron a los lectores por sus aventuras épicas, misteriosas y emocionantes, aunque inverosímiles.
Según las historietas mexicanas que causaron estragos en la mente del  Kalimán guayanés, Kalimán era el séptimo hombre de la dinastía de la diosa Kalí. Hombre justo que dedica su vida en cuerpo y alma a combatir las fuerzas del mal siempre acompañado de un niño egipcio, descendiente de Faraones llamado Solín.
Los orígenes de Kaliman son ambiguos, existe un mito referente a que sería descendiente de una antigua civilización que habitaría las profundidades de la Tierra conocida como Agharta. Por otra parte, y por motivos aún desconocidos, siendo apenas un recién nacido, fue encontrado flotando en una cesta por un príncipe llamado Abul Pasha, quien lo habría adoptado como su hijo y heredero del reino de Kalimantán, ubicado en un ficticio punto de la India.

El problema del Kalimán guayanés era que en vez de un turbante con un medallón frontal usado por el verdadero Kailimán de las historietas mexicanas e incluso el de la película “Kalimán, el  hombre increíble”, usaba una corona de emperador o de pontífice tachonada de cachivaches que ponía de buen humor al más cascarrabia de la comarca.(AF)

martes, 28 de junio de 2016

Wito, Pecheche y Vorágine

Toribio Antonio Guerrero (Wito) fue siempre de color oscuro  y de pelo corto ensortijado. Nunca pudo desteñir su piel como Michael  Jackson porque sus únicos ingresos los determinaba el “martillo” y porque en sus interminables caminatas por calles y avenidas de la ciudad, jamás quiso nada con la umbrella que se añeja en el baúl de los Guerreros, ni siquiera con su gorra de L. fielder.  De esa gorra se desprendió aquel día de estudiante de la escuela Félix Montes en que al lanzador Cachimbo le salió la curva tan alta y adentro que le tocó en lo más sensible de la testa y lo dejó desprovisto de  conciencia o para seguir a Khalid Gibran, de sus egos o de algunos de sus egos.
Quisiéramos creer en Khalil Gibran y suponer que a Wito le faltaba una de sus siete mascaras de cuerdo porque ordinariamente, aunque jamás lo vimos ni tan siquiera con un radio transistor, estaba al día con los programas de las emisoras, especialmente de farándula y deporte y de ello puede dar fe un consumado hombre de radio llamado el Chino León. De todas maneras, el 21 de agosto de 1953, Wito cumplió su primera hora de edad con un solo llanto que le ha valido por todos los llantos que deparan los sinsabores y reveses de la vida porque, Wito, desde entonces, no lloraba. Nunca más lloró aunque tampoco reía, simplemente hablaba con espontánea locuacidad al comentar algún espectáculo del día. Wito conocía y lo conocían y nadie le era indiferente. La ciudad era suya y de sus pies alpargatados. Pensini Fleury le habría pronosticado larga vida porque  según el farmaceuta “correr es vivir” y aunque Wito no corría como en sus viejos tiempos de pelotero, caminaba tanto y tanto que para él caminar era correr pues tan pronto estaba en Rondinela como unas cuantas leguas más allá donde fuese posible encontrar un amigo, un conocido o un personaje popular con el cual entablar una conversación muy breve y suigéneris pues consistía en preguntar e informar sobre temas que estaba seguro interesaban al interlocutor que conmovido lo retribuía.
Pero quien en realidad ganaba a Wito devorando caminos era Pecheche.  “Caminante no hay caminos, se hace caminos al andar”  Pecheche hacía caminos porque adoraba las distancias, ida y vuelta sin cesar podía ir de Ciudad Bolívar a Upata tomando la vía de Caruachi casi sepultada hoy por la represa.
Carretera polvorienta durante la canícula del verano y fangosa durante la estación lluviosa, el incansable Pecheche la cubría a paso raudo con un abultado guayare minero terciado en la espalda, divirtiéndose con los cocuyos y aguaitacaminos de la noche y los pájaros cantores de la aurora.
Pecheche apenas descansaba de su interminable jornada y cuando lo hacía era debajo de la anchurosa sombra de alguna Ceiba del camino. Luego reanudaba su paso apresurado, cuando quien iba por algo que siempre estaba infinitamente fuera de su alcance.
Estos personajes de la picaresca angostureña, eran muy pacíficos y decentes.  Nunca se les oyó una grosería y tampoco los muchachos lo molestaban. Distinto era “Vorágine” que las soltaba como un remolino impetuoso. Jamás en esta  ciudad hubo tantas groserías juntas.  Sus labios eran la boca de un volcán dormido bajo las sombras de los portales y, por allí, cuando lo jorungaban y despertaba, salía la violenta tufarada restregando humo y ceniza ardientes sobre la piel de culpables y desprevenidos.
De alguna parte oculta gritaban !Vorágine! y el torbellino de malas palabras alcanzaba hasta las Madres que querían hacerles ver a sus hijos incorregible que Vorágine era “El Coco” y, en definitiva, a quien el vulgo creía loco hasta el punto de esgrimir con frecuencia la burlona admonición de “ese está más loco que Vorágine”.(AF)




lunes, 27 de junio de 2016

Gustavo Naranjo, el Periodista de las Exclusivas


En 1972, el periodista Gustavo Naranjo Junior, quien se hallaba de director de Relaciones Públicas de la Gobernación de Barina, es llamado por el doctor Ramón Castro Mata propietario y director, para que asumiera la Redacción del diario El Luchador.
Naranjo había estado anteriormente como Director de El Bolivarense y en la Redacción de El Expreso donde se distinguió por la exclusividad de las Noticias.  En El Bolivarense tubeó a la prensa nacional con el asesinado de Presidente de los Estados Unidos  John F. Keneddy y en El Expreso con la llegada del hombre a la Luna.  Sólo le restaba El Luchador, donde produjo otro tubazo igualmente soberbio.
Ocurrió cuando el presidente Raúl Leoni se hallaba gravemente enfermo en Nueva York. Se presentía un fatal desenlace en corto tiempo. Entonces escribió varios reportajes, como se hace en grandes periódicos, para presentar una gran edición cuando se produjera la muerte;  sobre su vida familiar con Menca, su carrera política, desde el exilio con Rómulo en Barranquilla, en fin, una semblanza completa del personaje, en seis páginas de ese tabloide. Cuenta Naranjo que todas las noches actualizaba el lead con los cables de la AP e Ismael Villasana tenía instrucciones de parar las máquinas al llegar la noticia de la muerte de Leoni. Esto lo hizo durante casi una semana. Una vigilia permanente hasta la madrugada del 5 de julio  (1972) cuando llegó el cable como a las tres de la madrugada. Se paró la prensa, se colocaron primera y última y cinco páginas internas, para una edición de bandera. En la mañana se hicieron varios tiros estando como estaba la multitud ávida de noticias, colmando el Paseo Orinoco con motivo del desfile militar de ese día.
         Sólo dos periódicos de toda Venezuela publicaron la noticia: Panorama de Maracaibo y El Luchador de Ciudad Bolívar. Ningún diario de Caracas reseñó el trascendental acontecimiento.
Regresó a Ciudad Bolívar en agosto de 1968, ocupando de nuevo la Jefatura de Relaciones Públicas de la Gobernación, también con Sanoja Valladares. Ganó Caldera, vino el alzamiento de Rupununi y Naranjo tuvo que trabajar con los refugiados, porque ninguno hablaba español.
         Ascendido Caldera en marzo de 1969, fue despedido, perdiendo el Estado todo lo que había invertido para su preparación en el exterior. Entonces lamentó no haberse quedado en Nueva York.
         Ese mismo año, en abril, asumió la dirección de El Bolivarense, donde estuvo hasta agosto del 69, cuando lo llamó Guzmán Gómez para fundar El Expreso, primer periódico impreso en Offset, cuya nitidez fotográfica impactó a los lectores.
         Aquí también armó grandes exclusivas Las fotos del aterrizaje del hombre en La Luna, la suspensión de la huelga en Sidor cuando la competencia decía que sí iba, el golpe frustrado contra Caldera del General Flores, una gran exclusiva, trabajada por Gustavo a puro teléfono con Caracas, cuando costaba una bola llamar a larga distancia. (AF)
        


domingo, 26 de junio de 2016

El Poeta Jesús Colina


Jesús Colina sube y bajas las cuestas de la ciudad desde su domicilio en El Zanjón donde vive encaramado sobre las piedras recordando a la Milú desgranando las margaritas con la pandilla de la Técnica Industrial.
Colina, antes no se desprendía del su afro tupido, ensortijado y voluminoso que exhibe en la fotografía , ni de su bigote un tanto parecido al de Mario Moreno que tanto admira y que un día viajó infructuosamente a México para verificar si era el mismo que solía ver en la pantalla del cine Royal de Pero Seco.
Colina es un contestatario empedernido, polemiza, se opone, a veces la discusión tiene un matiz violento.  Parece un hippie, pero no lo es propiamente aunque calza algunos comportamientos del movimiento contracultural juvenil surgido en  la década de 1960 y caracterizado por su pacifismo y su actitud inconformista hacia las estructuras sociales vigentes.
Colina quería ser músico como su hermano José Claret, pero antes que el órgano prefiere el Saxo y Damely Castillo le prestab el de la Escuela de Música.  Al final dejó el saxo y se ancló en la poesía y en la red social con artículos políticos que disgustan al gobierno.  Su mecenas en un tiempo fue el abogado Alfredo Natera, quien le costeó la publicación de su primer libro “Nuevos Mensajes, Nueva Poesía”.  Se buscó a Eleazar (chino) López, alumno de Rosendo Magallanes, para que le hiciera la portada, poco antes de viajar a Suiza con una beca moral de Mimina Rodríguez Lezama. Colina no lee  cierta poesía..  A ese respecto tiene su propia pensamiento:   “La poesía tal como se concibe, a lo europeo, es una tontería, es para tontos” suele decir.
         Ahora, como “aclaratoria mental de los individuos de un pueblo es una revolución.  La poesía ante todo es esta comunicación, yo expreso la vida, yo la canto y expreso también la necesidad alta de sentirnos vinculados por un medio bello, que llegue, que se sienta, eso lo expreso yo, no tengo tarugos políticos ni puedo dejar de sentirme ligado a todo lo que me circunscribe y vive.  Por eso escribo así, con esta humedad, con esta mañana, el día, la vida, las voces de las gentes, de los muchachos, los ruidos de las máquinas que raudas se pierden en el silencio…”
.
Un poema de Colina
"Esta mañana  / cuando abrí  la puerta / un desconcierto me sobrecogió / estaba vivo / despierto / las luces pegaban sobre la piedras / se me pegó un psicologismo raro /  ya no era el mismo / he bebido de alguna fuente prohibida  que me revitaliza / he violado secretos y estoy vivo". (AF)
Jesús Colina sube y bajas las cuestas de la ciudad desde su domicilio en El Zanjón donde vive encaramado sobre las piedras recordando a la Milú desgranando las margaritas con la pandilla de la Técnica Industrial.
Colina, antes no se desprendía del su afro tupido, ensortijado y voluminoso que exhibe en la fotografía , ni de su bigote un tanto parecido al de Mario Moreno que tanto admira y que un día viajó infructuosamente a México para verificar si era el mismo que solía ver en la pantalla del cine Royal de Pero Seco.
Colina es un contestatario empedernido, polemiza, se opone, a veces la discusión tiene un matiz violento.  Parece un hippie, pero no lo es propiamente aunque calza algunos comportamientos del movimiento contracultural juvenil surgido en  la década de 1960 y caracterizado por su pacifismo y su actitud inconformista hacia las estructuras sociales vigentes.
Colina quería ser músico como su hermano José Claret, pero antes que el órgano prefiere el Saxo y Damely Castillo le prestab el de la Escuela de Música.  Al final dejó el saxo y se ancló en la poesía y en la red social con artículos políticos que disgustan al gobierno.  Su mecenas en un tiempo fue el abogado Alfredo Natera, quien le costeó la publicación de su primer libro “Nuevos Mensajes, Nueva Poesía”.  Se buscó a Eleazar (chino) López, alumno de Rosendo Magallanes, para que le hiciera la portada, poco antes de viajar a Suiza con una beca moral de Mimina Rodríguez Lezama. Colina no lee  cierta poesía..  A ese respecto tiene su propia pensamiento:   “La poesía tal como se concibe, a lo europeo, es una tontería, es para tontos” suele decir.
         Ahora, como “aclaratoria mental de los individuos de un pueblo es una revolución.  La poesía ante todo es esta comunicación, yo expreso la vida, yo la canto y expreso también la necesidad alta de sentirnos vinculados por un medio bello, que llegue, que se sienta, eso lo expreso yo, no tengo tarugos políticos ni puedo dejar de sentirme ligado a todo lo que me circunscribe y vive.  Por eso escribo así, con esta humedad, con esta mañana, el día, la vida, las voces de las gentes, de los muchachos, los ruidos de las máquinas que raudas se pierden en el silencio…”
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Un poema de Colina
"Esta mañana  / cuando abrí  la puerta / un desconcierto me sobrecogió / estaba vivo / despierto / las luces pegaban sobre la piedras / se me pegó un psicologismo raro /  ya no era el mismo / he bebido de alguna fuente prohibida  que me revitaliza / he violado secretos y estoy vivo". (AF)

jueves, 23 de junio de 2016

El Burro de Candelario


Candelario tenía un burro, tal vez el más singular de los asnos. Se llamaba Matusalén porque según su decir le sirvió al patriarca durante los 969 años de su vida y estaba destinado a no morir toda vez que en él habría de montar el Mesías cuando volviese a la tierra.
         Ese burro, según solía contar el viejo Candelario a sus vecinos de La Alameda, era el mismo creado por Dios al sexto día de la creación; el mismo salvado por Noé, abuelo de Matusalén, a bordo de la sobreviviente barca del Diluvio y el mismo utilizado por Cristo para hacer su entrada en Jerusalén. Aseguraba el viejo Candelario,  que cuando Jesús llegó a la antigua capital de Judea, lo hizo en un burro y no  en una burra como muchos especulan.
         Es el mismo burro en que Sileno acompañaba a Dioniso en sus largos viajes.  Un burro inteligente, nada torpe. Rechazaba Candelario la especie tan creída y difundida que coloca al jumento entre los animales torpes de los solípedos, aduciendo que ese cuento lo inventaron los romanos para enaltecer hasta el extremo la nobleza del caballo.
Por otra parte, Candelario atribuía a este burro el descubrimiento de la Primavera Eterna que les había prometido  Dios a los romanos.  Al parecer fue el burro de Sileno el que descubrió en Guayana la eterna primavera, pues el burro del sátiro Sileno, protegido de Dioniso, cometió la equivocación cuando luego de un largo viaje, acaso por cansancio o borrachera, hizo escala en Guayana y se dejo tentar por las  aguas del Caroní creyendo que era vino lo que corría como torrentera hasta agotarse en el Orinoco.
         Sileno fue rescatado por Midas quien también  había llegado a Guayana en busca de fortuna. Sabedor Dioniso de lo bien que se había portado Midas con Sileno quiso recompensarlo y le pidió que eligiera un deseo.  “Que todo cuanto toque se convierta en oro”, eligió Midas y así le fue concedido, pero pronto se arrepintió pues hasta el agua y la comida se le transformaban en oro.  Para librarse del encanto, Dioniso atendió su súplica y le dijo que se bañara en las aguas del Yuruari con lo cual quedó liberado.  Se decía después que las arenas del Yuruari contenían oro.
         Desde entonces, el burro Matusalén comenzó a trotar estas tierras septentrionales del continente hasta llegar a manos de Candelario, quien lo heredó como un precioso e inextinguible bien a su vez heredado en consecutivas sucesiones por sus antepasados remotos.  Se decía que las orejas del burro eran las propias de Midas, castigo de Apolo por no haber apreciado las tonalidades de su lira.
         El burro de Candelario, no obstante su estirpe y alucinantes leyendas, prestó importantes servicios a la ciudad.  Llegó a cargar agua y arena de la  Cocuyera muchos antes de que Georges Underhill instalara el acueducto de la ciudad, así como leña para la Planta Eléctrica de vapor que sustituyó los románticos faroles de Angostura. Pero el burro de Candelario tenía un defecto que molestaba a las damas y mozas encopetadas y era que ensuciaba las calles y de vez en cuando destapaba su estuche para mostrar sin vergüenza los más tangible y rotundo de su ser.

El Alcalde, vista la circunstancia del animal, obligó a Candelario colocarle pañales cada vez que saliera con su jumento. Candelario resistió la orden y confinó a Matusalén en los predios de la Laguna El Porvenir, justo en los pajales de Paravisini y no se supo más del garañón hasta que se corrió la noticia según la cual alguien lo había visto en el mexicano pueblo de Otumba, donde los asnos ocupan un lugar distinguido. Los angostureños no supieron jamás como y por obra y gracia de quién, Matusalén llegó hasta allá después que Candelario falleciera a la edad de 120 años.    (AF)

lunes, 20 de junio de 2016

La Bejuca, Pata e´Palo y Silvita


Nadie sabía si la apodaban “La Bejuca” por su contextura magra o La Vejuca” por su edad avanzada.  Lo cierto es que su nombre de pila era Mercedes Llamoza por haber nacido el 24 de septiembre, Día de Nuestra Señora de las Mercedes, en la cuarta mitad del siglo veinte. La veíamos diariamente, mirando fijamente el muro como percibiendo una sensación de seguridad,  mientras la generalidad de los parroquianos la disfrutaban con cierta picardía, tal vez por lo grosera y versadora. Los escolares fijaban en ella su atención traviesa y le gritaban “Bejuca” y ella sabía gratificarlos con denuestos y a veces con estos versos: “Mercedes Llamoza / la pata cocosa / que anda preguntando / cómo está la cosa / El 5 de julio / muy por la mañana / Don Julio Perfetti / libertó a Guayana”. Mercedes vivía magra y encorvada, pegada a sus huesos y de una que otra dádiva, arrinconada en esas frías y grises escalinatas de un viejo inmueble de arquitectura antillana, entre Igualdad y Orinoco, íngrima, solitaria y desolada, aguardando el puntillazos de los muchachos, al igual que “Pata é palo”, el portero del Concejo Municipal, cuando alguien le recordaba su canilla tiesa, siempre a la vista  puesto que usaba alpargatas y unos pantalones “brinca charcos”, es decir,  con los ruedos a mitad de la espinilla. Pata `e palo” cuando andaba curdo se ponía en ángulo recto hablando con el suelo, bueno entonces para que la muchachada lo espoleara y el se transformara en un arrechucho de cólera.
         Era la década del cincuenta  y la gente mal hablada decía qua “Pata e’ Palo” se metía en el archivo y le birlaba el trago a Silvita que de cierto le gustaba. Era quizás su único defecto porque, por lo demás, era un hombre culto y honesto. Acostumbrado a decir: “Yo le tengo miedo solo a dos cosas en la vida: a la fuerzas desatadas de la naturaleza y a una gran escasez de aguardientes”.
         Para llegar a Silvita en el viejo Archivo del Consejo, había que descender por una escalera hasta el sótano y por ella pasaba muchas veces Manuel Alfredo Rodríguez cuando iba  a indagar algún dato histórico entres los viejos expedientes. No por bajar y subir tanto por esa escalera lo llamaban “Escalera” sino porque era un joven tarajallo muy levantado al que sus compañeros  de generación nunca dejaron de identificarlos así hasta el punto que estando Camilo Perfetti y él de farra le vino a MAR el impulso de: “Vamos a bautizarnos al río” pues era agosto y el Orinoco estaba en el apogeo de sus aguas. “Vamos”, Respondió Camilo y cuando  bajaban pasó el otro “Escalera”, el de la Sabanita, con su manota gacha, y MAR que es una fotocélula para captar imágenes se quedo mirando la picara expresión de Camilo: “¿Qué vas a decir?”. “Nada sino que aquí viene tu tocayo”. Y luego  los camaradas se empataban en una recordando a “La Millona” y a “la Milú”, sobre todo esta última cuando montaban su fiesta en la famosa “Casa de Tejas” del cerro “El Zanjón” cuya  expropiación con fines culturales nunca perdonó Emilio Morales al ex Gobernador Pedro Battistini Castro.
Por allí andaba siempre  de cacería el “Comandante Montes” poniendo en la mira de su fusil  a unos cuantos según las honorables lenguas de la época,  aunque no tan honorables como la de María Carmona de las que muchos gazmoños persignándose decían: “Líbrame, Señor” . (AF)

        


domingo, 19 de junio de 2016

Club de fluxes Paris City




El Luchador del 23 de noviembre de 1940 publica anuncio sobre un novedoso club de fluxes “Paris City”, invento del diplomado José Rosario Pérez (en la foto) para insuflarle movimiento a su sastrería de la calle Venezuela 21 conectada por el teléfono 515, frente a la competencia que era fuerte con los Ortiz y  la Sastrería La Guayanesa de Víctor Inojosa.  La novedad del Club multiplicó la clientela porque los socios o clientes fijos quedaban privilegiados con facilidades de pago.  José Rosario Pérez se hizo popular gracias a su invención que nunca pudo entender la lógica idiomática de algunos políglotas del patio que decía que en vez de “Paris City” tenía que ser “Ville Paris” o “Cité Paris”, a lo que el Negro Ortiz respondía que tal expresión obedecía a que José Rosario Pérez procedía del pueblo petrolero de El Tigre donde había muchos norteamericanos.  Pero lo de Paris era porque José Rosario Pérez a quien todos los bolivarenses terminaron apodando “Paris City”, era muy aficionado a la moda parisina y también porque en Ciudad Bolívar la colonia corsa-francesa era muy fuerte y adinerada.  Lo cierto es que “Paris City” terminó cortando los trajes de Horacio Cabrera Sifontes que hablaba inglés y francés y de Carlos Palazzi que llevaba el idioma en sus genes y cuando ambos en 1958 llegaron al Poder, a Paris City lo hicieron Prefecto de Ciudad Piar y en ese campo obrero duró cinco años como tal y allá se casó Thamar con Carlos Rojas y su hijo homólogo José Rosario Pérez encontró el camino de las artes plásticas.
         José Rosario Pérez para ir a estudiar pintura en Caracas en el talles de Alejandro Otero, no necesitó flux porque su padre les dejó unos cuantos y además los pintores a veces son irreverentes y tienden a romper con la moda y la rutina. 
Quien sí no quería llegar a Caracas sin un flux bien hecho a la medida fue Jesús Márquez, periodista conocido con el remoquete de “Marquecito” y a quien los colegas de su generación le engancharon también el irónico nombre de “Monicaco”, acaso por lo chiquito y santurrón, que no por otra cosa podría ser. El no quería llegar a Caracas sino bien vestido, pero no tenía con qué.
         Entonces Marquecito ni  soñaba con ser periodista. Vivía en la calle Lezama y estudiaba bachillerato en el Liceo Peñalver pues en su natal tierra de Barrancas (Monagas) no había llegado para ese tiempo la educación media.
         Recibido de bachiller de la república, Marquecito programó viaje a Caracas para seguir la carrera de abogado y se mandó a confeccionar un flux de casimir inglés, pero sus padres que eran humildes no pudieron reunir y girarle la plata para retirar el traje y Marquecito, en la mejor ocasión, se fue a Caracas y el señor Ortiz nunca más supo de él ni tampoco su madrina Teodorita Montes donde estaba hospedado.
Con el paso de los años Marquecito, además de abogado se hizo excelente periodista, ya en La Esfera, La República,  Diario de Oriente y finalmente dueño y señor del diario El Tiempo, de Puerto La Cruz. Márquez, por supuesto, no se acordaba, o a lo mejor si. Pero quien no se olvidó nunca fue el señor Julio Ortiz, sastre y violinista de primera línea.  Murió sin ver jamás al joven cliente que le echó el carro. Sus herederos, un día de febrero, cuando oían las anécdotas que se contaban en la puerta de la sastrería los periodistas Gustavo Naranjo y  Enrique Aristeguieta, lo recordaban y sacaban el traje azul, amarillento por el polvo acumulado del tiempo, y lo mostraban con placer nostálgico como quien muestra la esclavina del General Piar o del Mariscal Ney.(AF)