martes, 31 de enero de 2017

Esgrimistas infantiles en lo alto


Bolívar que apenas daba pininos en el difícil deporte de los ca­balleros, nos trajo en su primera incursión, un campeón nacio­nal en la categoría infantil. Y, no es todo, también logró un se­gundo lugar en primera categoría de florete.
         David Montes, de 12 años, hijo del cardiólogo Oscar Montes y la doctora Ruth de Montes, par­ticipó en el IV Campeonato Na­cional de Esgrima que se efec­tuó en el-Liceo Gustavo Herrera de Caracas  en octubre del 66.
En el campeonato compitieron Distrito Federal, Lara, Miranda, Carabobo y Bolívar en todas las categorías. David iba en el grupo que inte­graban, además de él, su herma­no menor, Alfonso Montes, Jesús Gruber, Ricardo Vitanza y el de­legado José Luis Pérez.
Los her­manos David y Alfonso compitie­ron con adversarios de mucha más experiencia como Sequera, de Mi­randa, campeón infantil que que­dó en el segundo lugar. David lo superó en brillante perfoman­ce obteniendo el título que osten­taba, mientras que Alfonso pasó a un cuarto lugar en la misma categoría- infantil.
Automáticamente David pasó entonces  a la cate­goría juvenil y quedó Alfonso en la infantil con posibilidades de ganar el campeonato al año siguiente.
Jesús Gruber que es el alma de la esgrima en Bolívar y quien vertió todos sus conoci­mientos y experiencias en los mu­chachos aficionados de Ciudad Bolívar, com­pitió con florete en la categoría de adultos 'y obtuvo el segundo lugar.
Era la primera vez que Bolívar asistía a un campeonato de esgri­ma y la primera vez también que obtenía un titulo de esa categoría, sorprendentemente con cuatro meses llegado de Caracas Jesús Grúber para ambientar este deporte en el seno de su tierra nativa.
En sólo ese breve lapso de tiempo de cuatro meses, Jesús Gruber había fundado tres Clubes de Esgrimas en la ciudad.  Uno en las propias instalaciones del IND con el apoyo irrestricto de César Gil Páez, otro en la Cancha Tenis Club en la avenida Táchira y el tercero en el Instituto de Comercio Dalla Costa, siempre presente en todos los acontecimientos deportivos.
El triunfo de Bolívar en el IV Campeonato Nacional de Esgrima celebrado en Caracas, fue saludado y recibido con júbilo en los medios deportivos.  Sobremanera impresionó el triunfo de David, un estudiante que entonces comenzaba a estudiar el segundo año de bachillerato y que había dado calabazas a su primera gran afición la natación.
Antes, en el mes de agosto, los bolivarenses habían realizado caravanas de júbilo por el triunfo de Bolívar en el XV Campeonato Nacional de Baloncesto celebrado en la ciudad de Barcelona y en la que destacaron las espigadas Nimia González, Adelaida Figueroa, María Romero, Arminda de Velásquez, Verna Scope, Gladys Ortiz, Yubiry González, María Malavé y Vilma González bajo la mano entrenadora de  Rafael Romero.
Loa delegados en esa ocasión fueron los dirigentes deportivos José González y Arnold Barrueta.

 (En la foto el esgrimista campeón David Montes acompañado de izquierda a derecha por la entonces secretaria de la Asociación de Esgrimas del Estado Bolívar, periodista Gladys Figarella, el profesor de esgrimas Jesús Grúber y Alfonzo Montes (Foto de Víctor Bayola Díaz) 

lunes, 30 de enero de 2017

Crónica de agosto del 66

José Luis Bruzoal

En agosto del 66 la Feria del Orinoco pasó de largo porque decidieron sus organizadores realizarla el día de Reyes como marco de la inauguración del Puente Angostura sobre el Orinoco. El presidente del Comité Organizador de la Feria era el ingeniero margariteño José Luis Bruzual (en la foto), quien pensaba darle carácter internacional a la misma toda vez que habían prometido participar Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, España, Japón, Francia y Estados Unidos.   De todas maneras, el Presidente Raúl Leoni, comprometido con su inauguración visitó la ciudad para desde aquí salir a inaugurar la Escuela Granja de El Callao en la que estudiarían 300 muchachos, entre ellos, 50 internos.  Eran tiempos en que El Callao creía que el oro o las vetas doradas estaban pasando a una etapa de extinción y mejor era presionar a favor de otras vías o alternativas socio- económicas como la agricultura y la cría.  Pues bien, esa era la idea de la granja que comenzaría a formar nuevas generaciones con mentalidad menos apegada a la minería tradicional.
         Los periodistas de la ciudad que viajaron en una avioneta de la línea de aerotaxis “Comeravia”, pilotada por el capitán Hugo Siverio, no pudieron llegar a El Callao a darle cobertura al suceso de la nueva escuela porque la monomotor se precipitó en la selva con su carga humana sumida en el temor de la tragedia.  A la aeronave le explotó un cilindro en pleno vuelo, pero afortunadamente resultaron ilesos tanto el piloto como los periodistas Américo Fernández, corresponsal de El Nacional; Vinicio Romero, director de El Bolivarense; Gladys Figarella, jefe de Relaciones Públicas de la Gobernación y el fotógrafo Nino Marchese.  Después de siete horas tratando de buscar salida  de aquel monte, los periodistas fueron rescatados por el helicóptero presidencial que se hallaba basado el  hato Puedpa y cuyo piloto había escuchado las señales de radio pidiendo ayuda.
         Después del gran susto los periodistas regresaron a la ciudad en el carro del Gobernador Pedro Battistini Castro y fueron recibidos por el Secretario de Gobierno Pedro Bertrán, quien se hallaba preparando sus bártulos para irse a Caracas a tomar posesión de  la Dirección del Comité Nacional de Financiamiento de la Pequeña y Mediana Industria, a requerimiento de URD a quien correspondía dicho cargo como formante del Pacto de Puto Fijo.
         Pedro Bertrán iba a sustituir  en ese cargo al doctor Roberto Gabaldón, quien había renunciado a URD a raíz del suicidio de su hermano Alirio Ugarte Pelayo. Pero antes debió darle la bienvenida a dos buques de la Marina de guerra francesa que llegaron de visita al Puerto de Ciudad Bolívar. El “Artair” y el “Arcturus” cada uno tripulado por cuatro oficiales,  siete suboficiales y 35 marinos.  Estos dos cruceros de guerra fueron recibidos por el Embajador de Francia en Venezuela y a bordo del buque “Artair” fueron agasajados las autoridades locales
         Los buques pudieron llegar hasta aquí porque agosto es mes de aguas altas, mes de la bendita Zapoara y también mes en que se registra el mayor número de accidentes por inmersión.  El primer ahogado de la temporada fue Guillermo Zambrano quien cayó al Orinoco tras un paso en falso sobre la plataforma del puente donde maniobraba con siete kilogramos de herramientas encima.  Tenía 27 años y además de obrero era músico animador de las rumbas de Soledad.  Fue la primera victima de la temporada de agosto y también el primer accidente mortal de trabajo durante la construcción del puente colgante que aún en agosto no estaba concluido.

           

sábado, 28 de enero de 2017

Inauguración de la casa de San Isidro

El doctor Alejandro Natera Con­treras, miembro de la Asociación de Escritores de Venezuela y ex Director del Ministerio de Relacio­nes Interiores, pronunció el discurso de orden en el ceremonial realizado con motivo de la inaugu­ración de las' obras de restaura­ción de la casa histórica de la ha­cienda San Isidro, que habitó Bolí­var en los años de 1818 y 1819.
El doctor Natera Contreras, para imprimirle fuerza a su concepción de que el recuerdo de los grandes hombres y de la historia no debe tener un contenido vacío sino "un signo positivo, un aire turbulento de vida"; repitió aquel lamento de Andrés Eloy Blanco en uno de sus poe­mas: "ya tenemos cien años alabando a los muertos sin recordar que América necesita vivir".
Afirmó que Venezuela está cansa­da del bolivarianismo vacío y sin proyecciones sociales.
El orador de orden pronunció su discurso en el traspatio de la his­tórica casona circundada de gente de los más variados sectores y em­pezó evocando el nombre de Gua­yana, su poderosa raigambre cari­be, su inmensa extensión territorial y privilegiada geografía en cuyo corazón arden minerales y frutos que aguardan la mano de la cien­cia para que la haga impulso ciu­dadano, "fuente de luz y de ri­queza para gloria de Venezuela".
Habló sobre la Guayana de la leyenda y la Guayana de Bolívar y la Guayana de hoy separada por "un largo trecho preñado de aban­dono, de incuria, de necesidades insatisfechas" pero que en la ac­tualidad hay una visión realista de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser, "ahora los ríos se uti­lizan en el portento de la produc­ción de energía eléctrica, los mi­nerales se extraen y se procesan y gentes de todas partes afluyen a esta tierra para compartir con los guayaneses la lucha por el pre­sente y el futuro, por el crecimien­to y el desarrollo de esta zona acostumbrada a darse toda por la grandeza de la patria.
Hablando sobre el significado del acto, el orador dijo que "estamos reunidos para recordar que bajo este techo, en esta casa que en la Guayana de 1818 se hallaba fuera de la ciudad, habitó El Libertador y en ella ma­duró una de sus más fructíferas y brillantes iniciativas: la creación de la gaceta que se llamó el Correo del Orinoco".
El recuerdo –dijo- "ha de tener un signo positivo, un aire turbulento de vida y no el carácter de simple cumplimiento de un deber de alabanzas a nues­tros héroes. No un recordar andró­gino, emasculado de la acción y de la enseñanza, Sino un violento comprender, analizar y deducir de la vida de nuestros grandes hom­bres, la lección de energía, de va­lor y de compromiso que les per­mitió llevar hasta el fin la titáni­ca tarea que se propusieron".
"De la oratoria vacua y empe­nachada de romanticismo que can­só  Venezuela hace mucho tiempo. Del bolivarianismo vacío y sin pro­yecciones sociales también. Por eso, uno de nuestros grandes poetas y tribunos, Andrés Eloy Blanco, llegó a afirmar en alguno de sus poemas que “ya tenemos cien años alabando a lo muertos sin recordar que nuestra América necesita vivir”.
Ello nos obliga cuando pensamos en el Libertador y hablamos en la casa donde su presencia física dejó quemante huella. A apartar la rutina de las frases hechas y preguntar qué fue Bolívar, lo cual equivale a preguntarnos qué fue la independencia de América".

En representación del gobernador Pedro Battistini Castro la inauguró el Secretario de Gobierno Pedro Bertrán acompañado del Presidente de la Legislatura Roger González, el Pre­sidente Municipal Ángel Malpica, Arzobispo Crisanto Mata Cova, quien bendijo la casa; doctor Carlos Felice Cardot, de la Academia Nacional de la Historia y doctor Rafael Rojas, por la Sociedad Bolivariana.

jueves, 26 de enero de 2017

La Casa del Periodista


El 27 de junio de  1966, aniversario del Correo del Orinoco y Día Nacional del Periodista, domingo a la una de la arde,  fue inaugurada la Casa del Periodista por el Ministro de Obras Públicas, ingeniero Leopoldo Sucre Figarella.  En esa ocasión habló a nombre del Presidente de la República, doctor Raúl Leoni,  y dijo que “el Gobierno Nacional no solamente respeta la libertad de prensa, sino que la estimula y está dispuesto a colaborar con ella”.
         Al decir esto, señaló como ejemplo la labor que realiza la Oficina Central de Información (OCI), la colaboración constante del Ministerio de Relaciones Interiores y el de Comunicaciones así como Gobernaciones e Instituciones autónomas.
         Ratificó la disposición del Gobierno a colaborar con la prensa sin inmiscuirse ni desear a la misma más que el cumplimiento de sus deberes y responsabilidades con el pueblo y con el país, divulgando objetivamente los hechos e inculcando el amor y respeto a la libertad.
         Sucre Figarella se refirió a la reciente Conferencia de Prensa efectuada en Caracas y su declaración admitiendo que en Venezuela existe absoluta libertad de expresión. Señaló que “Esto es lógico y normal en un régimen democrático. Basta con leer cualquier día los diarios que circulan en todo el territorio nacional, para percatarse de que efectivamente gozamos de una total y absoluta libertad de prensa”.  Luego hizo alusión al “Bolívar Periodista”, a  “El Correo del Orinoco” y el concepto que tenía el Libertador sobre la prensa.
         El Ministro Sucre Figarella pronunció ese discurso inmediatamente después que el Secretario General de la AVP de Bolívar le impuso la Medalla al Mérito Avepista, e hizo entrega de un diploma de honor, en un justo reconocimiento por la valiosa colaboración prestada por el Gobierno para la adquisición de la Casa del Periodista.  El diploma también lo designa miembro honorario de la institución.
         El periodista José Gerbasi, Presidente del instituto de Previsión Social del Periodista, quien vino a esta ciudad, acompañado de Hernani Portocarrero y Carlos Starke, también intervino en el acto y agradeció la obra y el magnífico gesto del gobierno en la persona del ministro.
         La casa fue bendecida por el administrador de la Arquidiócesis de Ciudad Bolívar, Monseñor doctor Tomás Márquez Gómez, quien acompañó al Ministro en el presidium junto con el Gobernador encargado, doctor Justiniano Martínez, el Presidente de la Legislatura, diputado Roger González; el comandante de la VI División de Infantería, general Ramón Audelino Moreno; el Presidente Municipal, Ángel Malpica; el poeta José Sánchez Negrón, y los dirigente avepistas Américo Fernández, Leopoldo Villalobos, Joaquín Latorraca, José Yánez Caicedo, Edmundo Barrios y José Luis Mendoza. El ato terminó con un brindis de champaña y asistieron 300 personas invitadas.
         La Casa del Periodista fue presentada como única dentro de la arquitectura urbana de la ciudad y es la cristalización por la mano oficial de una aspiración muy vieja de los periodistas de Guayana.  Dispone la edificación de las comodidades normales y funcionales de toda sede institucional y se halla ubicada en terrenos de la Urbanización Andrés Eloy Blanco donados por la Municipalidad de Heres.

         Los documentos de propiedad del terreno, constante en 6 mil 942  metros cuadrado, fueron entregados posteriormente por el Presidente Municipal doctor Florencio García Morales al entonces Secretario General de la AVP, Américo Fernández y en la ocasión el doctor Elio Gómez Grillo dictó una conferencia.

miércoles, 25 de enero de 2017

75 años del Rotary Club de Ciudad Bolívar


¿Cómo era la Capital del Orinoco cuando sucedió


                                       César Matei                     Julio. Paván
Aquí en la angostura del Río, el Rotary Club  encontró su asiento en 1942, 15 años después (1927) de haber llegado a Venezuela, 37  luego 'de su fundación y a poco tiempo de haberse decidido su internacionalización en el propio Chicago, donde fue creado en 1905 por un grupo de ciudadanos liderados por Paúl Harry
Pero el  Rotary Club en Venezuela "murió al nacer" porque no obstante ser el general Eleazar López Contreras rotario, el benemérito Juan Vicente Gómez desconfiaba de este club que para él tenía conforme a lo que le había comunicado su cuerpo de seguridad, características de una logia de la conspiración. "Mejor -le hizo saber al general López Contreras- mejor sugiérele a esa gente que se quede tranquila, pues ya tenemos bastante con los revoltosos de la Universidad”.
Y el incipiente Rotary caraqueño desapareció y no revivió sino en 1936, tras la muerte del Dictador.
Aquí en Ciudad Bolívar se fundó el 21 de enero de 1942.  A principios de ese mes el Concejo Municipal se había constituido bajo la presidencia de Adrián Cordoliani, un personaje formado con los empresarios alemanes de la Casa Blohm y que hizo carrera política y administrativa dentro de los más sanos principios de la moral y rectitud ciudadanas.  El Presidente de la República era Isaías Medina Angarita que el año anterior había estado en la ciudad inaugurando en calidad de ministro el Puente sobre el Río Orocopiche.  Presidente  del Estado Bolívar había sido nombrado el coronel Carlos Meyer, quien había iniciado el año anterior su labor en Bolívar respaldado por un plan de obras nacionales que comprendía la carretera Ciudad Bolívar−Upata, la carretera Upata−El Callao; el Puente sobre el Yuruary; el Edificio del Resguardo que hoy sirve de Comando a la Armada; el Acueducto de Ciudad Bolívar; el  Sistema de cloacas para la capital bolivarense;  cloacas para Upata,  y Acueductos para El Callao, Tumeremo y Upata.
También le toco inaugurar  la avenida Táchira y el Estadio Heres, obras del gobernador anterior, Ovidio  Pérez Agreda.  La inauguró el 24 de julio de 1942.  Día del Ejército, con una misa de campaña y entrega de 85 títulos de propiedad de parcelas en la propia avenida, a los obreros que trabajaron en la construcción de la obra.
Los andinos conmovidos por el gesto bolivarense de ponerle el nombre del Estado Táchira a su principal avenida, lo retribuyeron construyendo otra allá en San Cristóbal con el nombre de Avenida Guayana.
 El pueblo bolivarense estaba contento por la Avenida a través de la cual podían llegar rápidamente al Aeropuerto para abordar los aviones ACO de Aeropostal que cubría la ruta Ciudad Bolívar − Maiquetía y ADA que viajaba al interior de Guayana.     El Dr. Ovidio Pérez Agreda, quien había sido Presidente del Estado Bolívar, era en ese momento Director  de Aeropostal en Caracas, la cual había sido fundada en abril  de 1930 por un Sindicato francés y comprada tres años luego por el Gobierno Nacional. Ciudad Bolívar que para entonces seguía siendo un puerto fluvial importante donde operaban dos flotas de vapores: la Compañía Venezolana de Navegación y la Real Holandesa, contaba con 40 mil habitantes y carecía de un buen hotel moderno  El más aceptable era el  Hotel Bolívar funcionando en una casa antigua desde 1900  que lo fundó en la calle Orinoco, Guillermo Eugenio Monch Siegert.  Este Hotel pasó después a manos de José Méndez y finalmente a Ana de Stevenson. En él los  bolivarenses conocieron el Bioscopio, el primer aparato de cine llegado a Ciudad Bolívar.  Se pasaron dos películas el “Baile de la serpentinas” y la “Destrucción del vapor de guerra Maine”.  El Maine era un acorazado norteamericano que estalló en 1898 en el puerto de La Habana  y cuya explosión motivó a que los Estados Unidos declararan  la guerra a España.
El nombre del hotel como que no estaba registrado, pues por iniciativa del Rotary Club se comenzó a gestar un movimiento para la construcción de lo que fue el Gran Hotel Bolívar en el Paseo Orinoco, para lo cual se fundó una Compañía Anónima.  Las palabras inaugurales del moderno Hotel inaugurado en 1950 estuvieron a cargo  de don Natalio Valery, uno de los fundadores del Rotary, quien en el curso de su discurso dijo:
“Ya sabíamos nosotros que no sería tarea fácil la que habíamos de realizar. Teníamos que recordar aquella fracasada iniciativa que enhorabuena tuviera el “Rotary Club de Ciudad Bolívar”, cuando en el año 1942, entre sus varios proyectos progresistas, y humanitarios lanzara la magnífica idea de construir un hotel en esta ciudad, a cuyos efectos todas las diligencias necesarias fueron hechas en el sentido de la formación legal de una Compañía Anónima a base de acciones que debían suscribir además de los rotarios nuestros principales hombres de negocios y acaudalados de la región a quienes presentamos los proyectos que para el caso pudieran ilustrar suficientemente a cuanto se creía que podían y debían siquiera por agradecimiento  y por amor al terruño demostrar su buena voluntad y franca colaboración, más aun cuando en aquella  oportunidad el Gobierno del Estado y la Municipalidad de Heres estaban dispuestas a ceder gratuitamente el terreno necesario para la construcción del Hotel (…)¡Pero señores, a pesar de todos esos innumerables contratiempos se ha llegado a la meta!... La semilla sembrada por Rotary Club germinó magníficamente en el surco que luego había de ahondar y abonar los autores de la obra; y he aquí que hoy se inaugura solemnemente el moderno hotel de Ciudad Bolívar bajo le denominación comercial y Jurídica de “Gran Hotel Bolívar”, Sociedad Anónima.
En 1942, los primeros clubes de béisbol que estrenaron el Estadio  Heres en la avenida Táchira fueron Progreso y Angostura, el 22 de agosto, un día antes de instalarse en la ciudad la VII Convención Nacional del Magisterio, la cual deliberó hasta 30 de ese mes.  Entonces el Director de Deportes del estado era  Enrique Torres Valencia, fundador y director de Ecos del Orinoco,  la primera emisora fundada en la ciudad y donde el Ateneo presidido por la maestra Amita Ramírez, tenía una sección literaria todos los sábados.
La inauguración del Estadio contribuyó a imprimirle un mayor impulso al deporte,  que sumado a los Cines, al Hipódromo y al Circo Monedero, ampliaba el radio de sitios estables de recreación de la ciudad.
En el Circo Monedero torearon en 1942 matadores como Pepe Gallardo y también unos cuantos novilleros locales como Paco Castillón, Flores Carreño, Morales, Salicetti y Pedro Montes.  La corrida del 27 de mayo mereció esta crónica versificada del poeta Gil Plaz:
“Con el laudable fin de hacer dinero / para fines benéficos fue dada / una despampanante becerrada /  el domingo, en el Circo Monedero / Con oreja de oro, de ternero, se dispuso sería recompensada / la faena mejor ejecutada / y aunque diestros no había, sobró torero / Y aún cuando Paco Castillón y Flores / Resultaron valientes matadores / y Carreño y Morales, dos Belmontes / y aunque comióse un toro Salicetti / y como si fuese un plato de spaghetti / correspondió la oreja a Pedro Montes”/.
Había otro Circo de moda en la ocasión: el Blacamán Circus que realizaba temporada tanto en Ciudad Bolívar como en la tierra del oro, El  Callao. Blacamán era un fakir que terminó casándose en la ciudad con Teresa Weis después de haber comido cabeza de Sapoara, según el decir popular.  Fijó su residencia en la calle Libertad.
 En Octubre de 1942 apareció el Diamante de Barrabás, una piedra de 154 kárates con 45 puntos.  El comerciante guayanés Gilberto Daly, fue autorizado por  Jaime Hudson, alias “Barrabás”, Israel Jaime y Rafael Solano, mineros  del hallazgo, para comerciar la piedra y trasladarla de un lugar a otro con Guía del Ministerio de Minas expedida en Santa Elena  de Uairén por el Vigilante de Minas, Carlos Rangel Cárdenas.
Barrabás, protagonista principal del fabuloso hallazgo, viajo en avión desde Tumeremo a Caracas el 29 de octubre acompañado del abogado Matías Carrasco y Gilberto Daly, financiador de los mineros, para buscarle un buen destinatario a la gema que sólo tenía para la fecha 12 paralelos o superiores en el mundo.
Barrabás, junto con Israel Jaime, 22 años, hijo de una india y un negro a quien se conocía como “Támbara” y Rafael Solano, 39 años, veterano de expediciones mineras, se hallaba en el
Polanco, a orillas del río Surukun, un sábado 10 de octubre, alrededor del mediodía, cuando extranjeros la piedra de la tierra de un hoyo de 5 metros de profundidad.
El diamante de Barrabás estuvo en Miraflores y de allá salió bautizado con el nombre “Diamante Libertador”, comprado más tarde por la Casa Harry Windston de Nueva York que pagó por el mismo medio millón de bolívares.  Fue fraccionado en tres y la mayor de 40 kilates, ya tallada, subastada en 185 mil dólares.
Un mes después del Suceso Barrabás, específicamente el 18 de noviembre de 1942, se procedió a la exhumación de los restos de los próceres de la Independencia, General Tomás de Heres y Capitán José Tomás Machado, los cuales se hallaban sepultados en la Catedral de Ciudad Bolívar.
Los restos, una vez exhumados, fueron llevados al Palacio Episcopal hasta el momento de ser trasladados al Panteón Nacional, en Caracas.
Actuaron en la ceremonia de exhumación, el juez Francisco D´Enjoy Rávago; el Presidente del Estado, coronel Carlos Meyer y los familiares de los próceres: Clara Rodil de Machado, Gabriel Rodil de Ortiz, Rosalía Ortiz de Jara y Mercedes Rodil de Astor, así como el Dean de la Catedral, Dámaso Cardozo.
Los restos de ambos próceres fueron trasladados a Caracas el 24 de noviembre y el Ejecutivo del Estado comisionó para su entrega al doctor José Gabriel Machado, padre de la poeta Luz Machado y al Pbro. J. M. Guevara Carrera.
Todo cuanto he narrado ocurrió en  esta ciudad 1942, año del nacimiento del Rotary Club de Ciudad Bolívar por iniciativa de César Mattei, Julio César Paván, José Gervasio Barceló Vidal,  Natalio Valery Agostini,  Herman Meinhard, Adán Blanco Ledezma, Paúl Tomassi, Federico Max Ferrer, Carlos Vega, Julio del Río, Héctor Nowel, Lino Bossio,  Juan Alcalá, Teodoro Valdivieso,  José Ramón Santamaría, Lamberto Cazadore y Luis Aldomar, incansables ciudadanos que le dieron lustre a la ciudad desde sus respectivas profesiones, sirviendo tal como lo demanda la institución que aquí preside el rotario Luis Enrique Mejías, sirviendo a la comunidad, fomentando la solidari­dad y siendo fieles a los principios de ética profesional y comercial y, en general, sirviendo en función de la paz y el entendimiento universal.
Natalio Valery
 Herman Meinhard
                                                                  BarcelóVidal   



martes, 24 de enero de 2017

Placeres diamantíferos de Parupa

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Ya nadie o muy pocos se acuerdan del sueño rutilante de Parupa, allá lejos, en la Gran Sabana, entre la edénica Canaima y  Urimán del gordito siempre amable César Días Valor.
Parupa fue señuelo y sueño real de poco tiempo, sueño de minero al fin ya finalizando 1968. Ricos yacimientos de diamantes localizados allí comenzaron a explotarse rudimentariamente. Centenares de mineros profesionales, obreros desempleados y agricultores mal pagados se desplazaron hacia la zona siguiendo las noticias que decían que el minero más lánguido podía enriquecerse de la noche a la mañana con cuatro paladas de tierra en la suruca. Ocho mil buscadores de fortuna se concentraron a lo largo de un kilómetro del lecho de este río que fluye en el Caroni por la margen izquierda.
Llegar a Parupa, a 240 kilómetros de Ciudad Bolívar, sólo era posible desde Urimán donde aterrizan las avionetas y desde allí a bordo de curiaras con motor fuera de borda que tardaban unas cuatro horas de recorrido venciendo saltos y raudales.
Atiborrado se veía entonces el aeropuerto de Ciudad Bolívar ofreciendo una apariencia fuera de lo común.  En vez del consabido turista y de la gente bien vestida que viaja a Caracas, se veían los sillones, mesas del bar, comedor y pasillos repletos de hombres recios con sus bártulos y herramientas de faena. Hombres y mujeres de trabajo, con camisas y faldas arremangadas, sombreros alones y una piel bien tostada, aguardando el próximo vuelo.
Aeropostal tuvo que in­tensificar sus vuelos y montar un puente aéreo entre Uriman y Ciudad Bolívar; sin embargo, los mineros se que­jaban aguardando hasta cuatro días, durmiendo en hamacas en el propio terminal (ver la foto) para conseguir cupo.
El movimiento minero de Pa­rupa se parecía mucho al que se originó en 1961 y 1962 en Caroní Abajo. Las bombas de diaman­tes que entonces aparecieron en Río Claro, El Merey y Playa Blanca llegaron a producir en menos de dos años 62 mil quilates métricos.
Guayana es la única región del país rica en diamantes, pero su producción no ha sido suficiente para que Venezuela esté al lado de los grandes productores mundia­les como el Congo, Sur-África,  Sierra Leona. Sur­este de África, Angola, Liberia, Tanganica. La produc­ción de esta última en 1963, por ejem­plo, fue de 36.661 millones de quilates,  se­gún estadísticas de la "Mineral Yearbook, Bureau of Mines, USA".
Venezuela acusaba, según estadísticas del Ministerio de Minas, un promedio aproximado de pro­ducción anual del orden de los 105 mil quilates métricos al año. La producción de 176.413 quila­tes en 1962 fue la más alta hasta entonces.
La producción diamantífera venezolana durante 1968, según  la Carta Semanal del 4 de mayo, fue de 69.629 quila­tes métricos, cantidad que, com­parada con la del año 1966 que fue de 84.699 quilates acusando una disminución absoluta de 15.070 quilates métricos, equiva­lente a un descenso relativo del 17,79 por ciento.
Este descenso notable del año 68 venía repitiéndose en el año siguiente. Pero se reestableció gracias a los placeres  del Río Parupa, en el Alto Caroní.
Compradores de diamantes que viajaban constantemente de Cara­cas a esta ciudad, estimaban la producción de Parupa en los dos últimos meses, superior a los 20 mil quilates métricos de diaman­tes tipo talla, industrial y bort.
A los compradores de diaman­tes, casi nunca les daba tiempo ba­jar a los propios placeres dia­mantíferos. La más de las veces, al descender del avión o de la avioneta, encontraban a grupos de mineros con sus frascos llenos de gemas, aguardándolos en el aero­puerto. Aquí mismo liquidaban la mercancía sin el temor y el terror delincuencial de ahora.


sábado, 21 de enero de 2017

El segundo diamante guayanés más grande

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El segundo diamante más grande hallado en las minas de Guayana, después de la piedra preciosa de Barrabás, pesó 57,85 quilates métricos, de color ama­rillo y con la forma de un oc­taedro. Fue hallado en las ricas minas del río Guaniamo, afluente del Cuchivero, Municipio Cedeño, al sur del Orinoco.
Lo halló un humilde minero de nombre Víctor Jesús Túnez, de 35 años de edad, natural del municipio El Palmar, de este Estado.
Oleg Andreyev, funcionario del Ministerio de Minas, dijo que esta piedra preciosa era la primera, por su forma y pureza, que se hallaba, en Venezuela, pero por su dimensión  la segunda, después de la que halló Teófilo Huckson (a) "Barrabás" en los placeres diamantíferos de Polan­co. La de "Barrabás" pesó 155 quilates métricos y el Presidente de la República Isaías Medina Angarita, quien la tuvo en sus manos,  la bautizó con el nombre “Libertador” en homenaje a Simón Bolívar, quien pasó sus mejores días de guerrero en la Angostura del Orinoco.
La piedra fue justamente ha­llada en un barranco hecho por Túnez, entre La Cuaimita y La Salvación, y en el propio lugar fue vendida por 85.000 bolívares a un italiano, quien la llevó consigo hasta Ciudad Bolívar para cumplir con las formalidades establecidas en la Ley de Minas.
El italiano de nombre Hugo Leonello, veneciano, considerado como un experto comprador de diamantes, con más de diez años radicado en la ciudad capital del estado, era dueño del ne­gocio "Diamantes Caroní", ubi­cado en la calle Venezuela.  Al conocer del importante hallazgo no vaciló en adquirir el diamante en el pre­cio de 85.000 bolívares, porque a golpe de vista le entró la sensación de que le ganaría un 30 por ciento más so­bre su valor real.
Dijo en esa oportunidad (20 de noviembre de 1968) que para estar sobre-seguro, se asoció con su paisano, Antonio Rossi, quien manufactura diamantes en Toronto, Canadá. Rossi se hallaba casualmente aquí y estuvo presente en  la Oficina de del Ministerio de Minas, don­de el gemólogo Andrés Andeyev  pesó y apreció la calidad del diamante.
Los socios, visiblemente emocionados, pensaban viajar de inmediato a Nueva York y Canadá donde era posible conseguir buenos precios por la piedra preciosa. Creían que se podía negociar a 450 dólares el quilate. De to­das maneras, resultaba di­fícil una estimación pre­cisa debido a que una piedra de esta naturaleza sólo aparece ca­da 20 años.
El minero Víctor Jesús Túnez, quien encontró la piedra, llevaba seis meses en la selva desbarrancando y suruqueando la tierra, soñando con encontrar una piedra gran­de. Al parecer es este el sueño de todo buscador de diamantes.
Las minas diamantíferas del Guaniamo, de libre aprovechamiento, comenzaron a ser explotadas artesanalmente en 1967 y sorprendió su existencia toda vez que hasta entonces se creía que no había diamantes fuera del Caroní. El torrentoso Caroni siempre se ha tenido como muy rico en piedras preciosas. Entonces, sorpresivamente le apareció competidor: el Guaniamo, un río que nace en el propio corazón del extenso municipio Cedeño y desembo­ca en el Cuchivero, curso de agua legendario donde se recrea el mito cosmogónico de los Tamanacos.

Unos  12 mil mineros y gente que viven de los mineros como los comerciantes de toda laya y las prostitutas había entonces en las minas del Guaniamo habitando en carpas, barracas y techumbres improvisadas,  en medio de condiciones sanitarias de  difícil control y amenazados constantemente por  zoonosis como la malaria y la fiebre amarilla. 

viernes, 20 de enero de 2017

200 AÑOS DE LA BATALLA DE PERRO SECO


200 AÑOS DE LA BATALLA DE PERROSECO (18 dde Enero de 1817).- Comenzó el ataque y la respuesta desde las alturas de la ciudad por parte de las fuerzas del Gobernador Lorenzo Fitz Gerald y  Ceruti fue contundente.  Un fuego vivísimo y una artillería bien servida se erigió en obstáculo.  El oficial Juan José Conde describe la tentativa de ocupar la ciudad así: “Piar dispuso que llamasen la atención del enemigo los coroneles Pedro León Torres por la batería 2 y José María Chipía, por el atrincheramiento de la Alameda con cien hombres cada uno.  Entre tanto el sereno y laborioso coronel Bartolomé Salom fue destinado con poco más de doscientos hombres para dar el ataque principal por el atrincheramiento de Perroseco.  El resto del ejército quedó de reserva al pie del Cerro del Zamuro, frente al reducto enemigo con los Generales Piar y Cedeño.  La noche estaba húmeda y tenebrosa, ni unos a otros nos mirábamos.  A las doce nos pusimos en movimiento pero el enemigo, sin duda advertido de ello por su espionaje y el ladrido de algunos perros, rompió, el primero, con fogosa artillería y mosquetería en toda la cortina, baterías y buques de guerra, cuya luz igualaba casi la del mediodía.  En tan malograda empresa perdimos más de setenta de tropa que perecieron trepando impávidos los fosos y atrincheramientos dePerroseco donde murieron los valientes Comandantes Joaquín Peña y Capitán Pedro Cadenas, muchos se salvaron de ser fusilados unos a otros a favor de las voces papelón y queso que era la seña y contraseña.  Más afortunado el Coronel Pedro León Torres, pudo sorprender a los enemigos del número 2 y ocupar esta batería, pero al dar parte para que la reserva auxiliase, el enemigo desembarazado de su principal atención lo obligó con los fuegos del reducto a retirarse.  En fin cada uno por donde pudo se incorporó a la reserva.

Al siguiente día después de recogidos algunos heridos, nos retiramos al sitio del Juncal, legua y media de la plaza.  Piar dispuso por orden general que el Coronel Salom y los demás oficiales que asistieron al asalto llevasen en el pecho de sus casacas, pendientes de una cinta roja, el mote distintivo ´Valor y fortuna en Perro Seco, 1817”.


jueves, 19 de enero de 2017

El Fuerte Tarabay de Tumeremo

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De los caciques guayaneses se olvidaron los asesores históricos del Ministerio de la Defensa a la hora de asignarle los nombres de jefes indios a los fuertes  que se construían en el país.  Así al Fuerte donde se aloja la V División de Infantería de Selva le pusieron el nombre de “Cayaurima”, cacique de los cumanogotos y al de Tumeremo el nombre de “Tarabay” igualmente de la misma estirpe indígena y me pregunto ¿por que no uno de nuestros aguerridos caciques guayanos o caribes?
         Guayana tuvo caciques aruakos como Uriaparia, guayanos como Morequito, a quien Berrío pretendió cambiarle el nombre, acaso porque no aparecía en el santoral; caciques caribes como Quirauera, Taricura y tantos otros que se olvidan a la hora de exaltarlos como valiente guerreros que se rebelaron contra los invasores de sus predios soberanos.
         Esto viene a colación por recordar los días en que Venezuela comenzaba a blindar las fronteras de Guayana amenazadas desde el siglo dieciocho cuando los portugueses hicieron mutis en el escenario donde estuvo esperándolo la Expedición de Límites comandada por el Capitán de Navíos José de Iturriaga y José Solano y Bote entre otros, para fijar hitos y linderos.
         Recuerdo porque me tocó como periodista cubrir con el fotógrafo Víctor Bayola Díaz tales sucesos que empezaron por militarizar la Isla de Anacoco, construir la carretera hasta Santa Elena y erigir en Tumeremo el Fuerte Tarabay, inaugurado por el Presidente Raúl Leoni el 18 de octubre de 1968 junto con un embalse, fuente permanente del acueducto que surte de agua potable a la población de Tumeremo.
         El Fuerte Militar fue diseñado para 600 plazas, en zona limítrofe con la Guyana inglesa y  construido por el Ejército venezolano y el Mi­nisterio de Obras Públicas. Cos­ocho millones y medio de bolívares y se comunica por una carretera con Anacoco y otros lugares en la zona limítrofe.
La ceremonia de inauguración tuvo lugar en el patio principal del Fuerte, que fue bendecido por el arzobispo Crisanto Mata Cova y oficialmente bautizado con el nombre indígena de Tarabay.
En el Fuerte Tarabay se había acantonado desde hacía algunos días el Batallón Juan Manuel Cajigal comandado por el tenien­te coronel Efraín Brady, quien tenía a su cargo la continuación de la construcción de la carretera El Dorado-Santa Elena de Uairén, con la cual el Gobierno central proyectaba incorporar zonas vírgenes al desarrollo nacional.
El Presidente Leoni también inauguró en Tumeremo un em­balse con capacidad para siete mi­llones 300.000 metros cúbicos de agua en el río Pariche y en la quebrada Miriquimo. Dicho em­balse tiene una altura de doce metros y ocupa un área de 275 hectáreas.
El embalse fue proyectado con el propósito fundamental  de suministrar agua a la población de Tumeremo, controlar las crecientes y regar una superficie agrícola de 500 hectáreas. Su costo sobrepasó los siete millones de bolívares cuando el bolívar valía tanto como el dólar. 
    El Ministro de la Defensa, general Ramón Florencio Gómez, al referirse a la  inauguración del Fuerte Tarabay, dijo que la obra fue proyectada y supervi­sada por el Servicio de Ingenie­ría Militar y ejecutada por la Zona 9 del Ministerio de Obras Públicas.

El Fuerte Tarabay tuvo un costo de 9 millones de bolívares y cubre un área urbanizada de 26.000 hectáreas con 14.000 me­tros cuadrados de vías pavimen­tadas. Dispone de carretera de acceso de cinco kilómetros de longitud por 12 metros de an­cho y de energía eléctrica suministrada por Cadafe, además de contar con una planta propia para cubrir eventuales fallas eléctricas.

miércoles, 18 de enero de 2017

Operación Gran Sabana


El 3 de abril de 1968, invitado por el General de Brigada Manuel Morales Vásquez  (en la foto), comandante de la V División de Infantería de Selva, me hallaba a 1.500 me­tros de altura sobre el nivel del mar, sobre una roca granítica llamada ''La Escalera", rodea­do de una selva espesa e in­trincada predominada por ár­boles hasta con más de cua­renta metros de altura.  Era de tar­de y el Sol asomaba por el oes­te una luz tímida que delineaba en toda su imponencia la Sie­rra de Lema.  Muy próximo a nosotros, en un área como de ochocientos metros cuadrados lindando con profundos preci­picios se levantaba un campa­mento de zinc habitado por soldados con la piel tos­tada y uniformes colorea­dos de barro.
Tractores, traíllas, Patrol, ca­miones y otros vehículos e im­plementos se hallaban activos en el lugar, moviendo la tie­rra arcillosa y las rocas graníticas despedazadas por la explosión de la dinamita.  Aparentemente no había plagas y un silen­cio extendido minutos después parecía anunciar la extenuación del soldado que había trabajado desde el amane­cer. Unos cien soldados del Batallón Juan Manuel Cajigal, que des­de 1963 se esforzaban por enlazar a Venezuela con  Brasil.
El Servicio de Ingeniería del Ejército había denominado esta empresa como "Operación Gran Sabana", porque de eso se trataba, operar conquistando  las inconmensurables tierras selvá­ticas del sur de Guayana que así se denominan (Gran Sabana) y que lin­dan con las fronteras del Bra­sil y la antigua Guayana inglesa.
El habitante o visitante sólo podía penetrar hasta algunos puntos de la Guayana por vía aérea o a pie utilizando peligrosas trochas y cursos de agua muchas veces interrumpidos por intensas cataratas.
El Capitán del Ejército, Luis Alfonso Godoy, director de los tra­bajos, estimaba que para junio de ese mismo año se podría ir en ve­hículo por esta ruta hasta San­ta Elena de Uairén, es decir, hasta la frontera con el Brasil.
La obra se venía ejecutando en dos frentes de trabajo: el de La Escalera, o sea el as­censo a la Gran Sabana a través de una longitud de 60 kilómetros y el de Santa Elena hacia el cerro El Venamo en una extensión de 150 kilómetros.  Ambos frentes bajo la dirección del Teniente coronel  Ramón Antonio Graterol, trabajando muchas veces bajo condiciones ambientales difíciles pues de 360 días que tiene el año sólo 80 suelen ser de Sol debido a una pluviosidad tan elevada como la del Kilimanjaro.
Los soldados, por ello, trabajando hasta 22 hora diarias y aprovechando a veces los claros inmensos de la Lu­na que se proyectan sobre la selva para hacer rodar sus pe­sadas maquinarias.
Un soldado recibía apenas una paga diaria de dos bolívares con cincuenta céntimos. Eran cien soldados que trabajaban en la obra, una obra extremada­mente difícil, pero de una im­portancia económica, política y socialmente extraordinaria. Era una manera muy útil del sol­dado prestar su servicio mili­tar obligatorio, construyendo no la guerra sino una obra mag­nifica y perdurable.
La carretera El Dorado a Santa Elena de Uairén fue sueño de todos los tiem­pos, tanto como el Puente so­bre el Orinoco que había sido logrado el año anterior. Este sueño co­menzó a cristalizar en 1953 cuando el ingeniero Luis En­trena por resolución del Go­bierno proyectó e inició la ca­rretera, dejándola inconclusa a la altura del kilómetro 88, don­de se alzó un caserío de agricultores y lugar donde también se hizo célebre Abilio, un bru­jo que curaba a sus enfermos con raíces y ungüentos vege­tales.