miércoles, 29 de junio de 2016

Kalimán y el Jeque



Por las calles de esta ciudad dejaron de ser transeúntes de la picaresca angostureña, Kalimán y el Jeque, nadie sabe si fue que se murieron o se los llevaron los caravaneros, aunque el actor de teatro Gustavo Basanta nos dijo antes de morir que a Kalimán lo vio en una esquina de Caracas luciendo su muy peculiar vestimenta en la que destacaba su informe corona de emperador que más bien parecía una tiara pontificia tachonada de zunchos  y desechos. Del Jeque, si de verdad que nadie da razón, ni sus propios paisanos aunque hay quienes dicen que fue la propia colonia árabe que lo sacó de circulación por el extraño comportamiento del personaje que tendía a lastimar el orgullo de la gran familia musulmana. Pero, ¿cuál el comportamiento extraño del Jeque? Simplemente que usaba indumentaria un tanto maltrecha, pava margariteña que lo protegía del recio sol angosturense, un repujado bolso de cuero, larga-vista blanco y una pequeña silla de extensión en la cual se acomodaba para descansar y leer el periódico.
        Este Jeque trae a la memoria del colectivo la historia de un negro inglés de nombre Óscar que se lo pasaba con un tubo a guisa de telescopio sondeando el firmamento en busca del Cometa Halley aparecido en 1910.
        El diario El Luchador que junto con el Bachiller Ernesto Sifontes, seguía día a día la llegada del cometa, insertaba en sus páginas todas las especulaciones de investigadores como Flanmarión y Ambrosio Paré que presagiaban calamidades que llenaban de pánico a la población.  Aquí en Ciudad Bolívar causó sus efectos y el periódicos vespertino da cuenta de lo ocurrido al negro ingles: “Así lejano como está el Halley, comienza hacer sus estragos en el cerebro y sistema nervioso de los débiles.  Tal acaba de suceder con un negro inglés de nombre Óscar, a quien una obsesión por el cometa lo ha dejado en completo estado de enajenación y con la monomanía de estar fabricando con cartón tubos en forma de cilindro para buscar con ellos a guisa de telescopio al errante viajero causante de su locura. Es preciso que la idea que tenemos de estas atrocidades  pregonada por los escritores  no ocupen en nuestras mentes sitios de importancia porque así lo débiles serán los que vengan siendo perjudicados por el visitante siderio,  que quizás no nos traiga otra cosa que momentos de distracción”.
Kalimán era otro alienado, no por el cometa Helley que nos visita cada 76 años, sino por las historietas del super héroe que durante un tiempo cautivaron a los lectores por sus aventuras épicas, misteriosas y emocionantes, aunque inverosímiles.
Según las historietas mexicanas que causaron estragos en la mente del  Kalimán guayanés, Kalimán era el séptimo hombre de la dinastía de la diosa Kalí. Hombre justo que dedica su vida en cuerpo y alma a combatir las fuerzas del mal siempre acompañado de un niño egipcio, descendiente de Faraones llamado Solín.
Los orígenes de Kaliman son ambiguos, existe un mito referente a que sería descendiente de una antigua civilización que habitaría las profundidades de la Tierra conocida como Agharta. Por otra parte, y por motivos aún desconocidos, siendo apenas un recién nacido, fue encontrado flotando en una cesta por un príncipe llamado Abul Pasha, quien lo habría adoptado como su hijo y heredero del reino de Kalimantán, ubicado en un ficticio punto de la India.

El problema del Kalimán guayanés era que en vez de un turbante con un medallón frontal usado por el verdadero Kailimán de las historietas mexicanas e incluso el de la película “Kalimán, el  hombre increíble”, usaba una corona de emperador o de pontífice tachonada de cachivaches que ponía de buen humor al más cascarrabia de la comarca.

martes, 28 de junio de 2016

Wito, pelotero y radioescucha


Toribio Antonio Guerrero (Wito) fue siempre de color oscuro  y de pelo corto ensortijado. Nunca pudo desteñir su piel como Michael  Jackson porque sus únicos ingresos los determinaba el “martillo” y porque en sus interminables caminatas por calles y avenidas de la ciudad, jamás quiso nada con la umbrella que se añeja en el baúl de los Guerreros, ni siquiera con su gorra de L. fielder.  De esa gorra se desprendió aquel día de estudiante de la escuela Félix Montes en que al lanzador Cachimbo le salió la curva tan alta y adentro que le tocó en lo más sensible de la testa y lo dejó desprovisto de  conciencia o para seguir a Khalid Gibran, de sus egos o de algunos de sus egos.
Quisiéramos creer en Khalil Gibran y suponer que a Wito le faltaba una de sus siete mascaras de cuerdo porque ordinariamente, aunque jamás lo vimos ni tan siquiera con un radio transistor, estaba al día con los programas de las emisoras, especialmente de farándula y deporte y de ello puede dar fe un consumado hombre de radio llamado el Chino León. De todas maneras, el 21 de agosto de 1953, Wito cumplió su primera hora de edad con un solo llanto que le ha valido por todos los llantos que deparan los sinsabores y reveses de la vida porque, Wito, desde entonces, no lloraba. Nunca más lloró aunque tampoco reía, simplemente hablaba con espontánea locuacidad al comentar algún espectáculo del día. Wito conocía y lo conocían y nadie le era indiferente. La ciudad era suya y de sus pies alpargatados. Pensini Fleury le habría pronosticado larga vida porque  según el farmaceuta “correr es vivir” y aunque Wito no corría como en sus viejos tiempos de pelotero, caminaba tanto y tanto que para él caminar era correr pues tan pronto estaba en Rondinela como unas cuantas leguas más allá donde fuese posible encontrar un amigo, un conocido o un personaje popular con el cual entablar una conversación muy breve y suigéneris pues consistía en preguntar e informar sobre temas que estaba seguro interesaban al interlocutor que conmovido lo retribuía.
Pero quien en realidad ganaba a Wito devorando caminos era Pecheche.  “Caminante no hay caminos, se hace caminos al andar”  Pecheche hacía caminos porque adoraba las distancias, ida y vuelta sin cesar podía ir de Ciudad Bolívar a Upata tomando la vía de Caruachi casi sepultada hoy por la represa.
Carretera polvorienta durante la canícula del verano y fangosa durante la estación lluviosa, el incansable Pecheche la cubría a paso raudo con un abultado guayare minero terciado en la espalda, divirtiéndose con los cocuyos y aguaitacaminos de la noche y los pájaros cantores de la aurora.
Pecheche apenas descansaba de su interminable jornada y cuando lo hacía era debajo de la anchurosa sombra de alguna Ceiba del camino. Luego reanudaba su paso apresurado, cuando quien iba por algo que siempre estaba infinitamente fuera de su alcance.
Estos personajes de la picaresca angostureña, eran muy pacíficos y decentes.  Nunca se les oyó una grosería y tampoco los muchachos lo molestaban. Distinto era “Vorágine” que las soltaba como un remolino impetuoso. Jamás en esta  ciudad hubo tantas groserías juntas.  Sus labios eran la boca de un volcán dormido bajo las sombras de los portales y, por allí, cuando lo jorungaban y despertaba, salía la violenta tufarada restregando humo y ceniza ardientes sobre la piel de culpables y desprevenidos.
De alguna parte oculta gritaban !Vorágine! y el torbellino de malas palabras alcanzaba hasta las Madres que querían hacerles ver a sus hijos incorregible que Vorágine era “El Coco” y, en definitiva, a quien el vulgo creía loco hasta el punto de esgrimir con frecuencia la burlona admonición de “ese está más loco que Vorágine”.




lunes, 27 de junio de 2016

Gustavo Naranjo, el Periodista de las Exclusivas


En 1972, el periodista Gustavo Naranjo Junior, quien se halla de director de Relaciones Públicas de la Gobernación de Barina, es llamado por el doctor Ramón Castro Mata propietario y director, para que asumiera la Redacción del diario El Luchador.
Naranjo había estado anteriormente como Director de El Bolivarense y en la Redacción de El Expreso donde se distinguió por la exclusividad de las Noticias.  En El Bolivarense tubeó a la prensa nacional con el asesinado de Presidente de los Estados Unidos  John F. Keneddy y en El Expreso con la llegada del hombre a la Luna.  Sólo le restaba El Luchador, donde produjo otro tubazo igualmente soberbio.
Ocurrió cuando el presidente Raúl Leoni se hallaba gravemente enfermo en Nueva York. Se presentía un fatal desenlace en corto tiempo. Entonces escribió varios reportajes, como se hace en grandes periódicos, para presentar una gran edición cuando se produjera la muerte;  sobre su vida familiar con Menca, su carrera política, desde el exilio con Rómulo en Barranquilla, en fin, una semblanza completa del personaje, en seis páginas de ese tabloide. Cuenta Naranjo que todas las noches actualizaba el lead con los cables de la AP e Ismael Villasana tenía instrucciones de parar las máquinas al llegar la noticia de la muerte de Leoni. Esto lo hizo durante casi una semana. Una vigilia permanente hasta la madrugada del 5 de julio  (1972) cuando llegó el cable como a las tres de la madrugada. Se paró la prensa, se colocaron primera y última y cinco páginas internas, para una edición de bandera. En la mañana se hicieron varios tiros estando como estaba la multitud ávida de noticias, colmando el Paseo Orinoco con motivo del desfile militar de ese día.
         Sólo dos periódicos de toda Venezuela publicaron la noticia: Panorama de Maracaibo y El Luchador de Ciudad Bolívar. Ningún diario de Caracas reseñó el trascendental acontecimiento.
Regresó a Ciudad Bolívar en agosto de 1968, ocupando de nuevo la Jefatura de Relaciones Públicas de la Gobernación, también con Sanoja Valladares. Ganó Caldera, vino el alzamiento de Rupununi y Naranjo tuvo que trabajar con los refugiados, porque ninguno hablaba español.
         Ascendido Caldera en marzo de 1969, fue despedido, perdiendo el Estado todo lo que había invertido para su preparación en el exterior. Entonces lamentó no haberse quedado en Nueva York.
         Ese mismo año, en abril, asumió la dirección de El Bolivarense, donde estuvo hasta agosto del 69, cuando lo llamó Guzmán Gómez para fundar El Expreso, primer periódico impreso en Offset, cuya nitidez fotográfica impactó a los lectores.
         Aquí también armó grandes exclusivas Las fotos del aterrizaje del hombre en La Luna, la suspensión de la huelga en Sidor cuando la competencia decía que sí iba, el golpe frustrado contra Caldera del General Flores, una gran exclusiva, trabajada por Gustavo a puro teléfono con Caracas, cuando costaba una bola llamar a larga distancia.
        


domingo, 26 de junio de 2016

El Poeta Jesús Colina


Jesús Colina sube y bajas las cuestas de la ciudad desde su domicilio en El Zanjón donde vive encaramado sobre las piedras viendo de soslayo a la Milú que desgrana las margaritas con la pandilla de la Técnica Industrial.
Colina no se desprende de su afro tupido, ensortijado y voluminoso, ni de su bigote un tanto parecido al de Mario Moreno que tanto admira y que un día viajó infructuosamente a México para verificar si era el mismo de la pantalla del cine Royal de Pero Seco.
Colina es un contestatario empedernido, polemiza, se opone, a veces la discusión tiene un matiz violento.  Parece un hippie, pero no lo es propiamente aunque calza algunos comportamientos del movimiento contracultural juvenil surgido en  la década de 1960 y caracterizado por su pacifismo y su actitud inconformista hacia las estructuras sociales vigentes.
Colina quiere ser músico como su hermano, pero antes que el piano prefiere el Saxo y Damely Castillo le presta el de la Escuela de Música.  Al final deja el saxo y se ancla con ciertos frenos en la poesía.  Su mecenas es el abogado Alfredo Natera, quien le costea la publicación de su primer libro “Nuevos Mensajes, Nueva Poesía”.  Se busca a Eleazar (chino) López, alumno de Rosendo Magallanes, para que le haga la portada, poco antes de viajar a Suiza con una beca moral de Mimina Rodríguez Lezama.  El problema es que Colina quiere ser poeta y no lee poesía, es decir, querrá decir, cierta poesía..  A ese respecto tiene su propia pensamiento:   “La poesía tal como se concibe, a lo europeo, es una tontería, es para tontos” suele decir.
         Ahora, como “aclaratoria mental de los individuos de un pueblo es una revolución.  La poesía ante todo es esta comunicación, yo expreso la vida, yo la canto y expreso también la necesidad alta de sentirnos vinculados por un medio bello, que llegue, que se sienta, eso lo expreso yo, no tengo tarugos políticos ni puedo dejar de sentirme ligado a todo lo que me circunscribe y vive.  Por eso escribo así, con esta humedad, con esta mañana, el día, la vida, las voces de las gentes, de los muchachos, los ruidos de las máquinas que raudas se pierden en el silencio…”
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Un poema de Colina

Esta mañana  / cuando abrí  la puerta / un desconcierto me sobrecogió / estaba vivo / despierto / las luces pegaban sobre la piedras / se me pegó un psicologismo raro /  ya no era el mismo / he bebido de alguna fuente prohibida  que me revitaliza / he violado secretos y estoy vivo.

jueves, 23 de junio de 2016

El Burro de Candelario


Candelario tenía un burro, tal vez el más singular de los asnos. Se llamaba Matusalén porque según su decir le sirvió al patriarca durante los 969 años de su vida y estaba destinado a no morir toda vez que en él habría de montar el Mesías cuando volviese a la tierra.
         Ese burro, según solía contar el viejo Candelario a sus vecinos de La Alameda, era el mismo creado por Dios al sexto día de la creación; el mismo salvado por Noé, abuelo de Matusalén, a bordo de la sobreviviente barca del Diluvio y el mismo utilizado por Cristo para hacer su entrada en Jerusalén. Aseguraba el viejo Candelario,  que cuando Jesús llegó a la antigua capital de Judea, lo hizo en un burro y no  en una burra como muchos especulan.
         Es el mismo burro en que Sileno acompañaba a Dioniso en sus largos viajes.  Un burro inteligente, nada torpe. Rechazaba Candelario la especie tan creída y difundida que coloca al jumento entre los animales torpes de los solípedos, aduciendo que ese cuento lo inventaron los romanos para enaltecer hasta el extremo la nobleza del caballo.
Por otra parte, Candelario atribuía a este burro el descubrimiento de la Primavera Eterna que les había prometido  Dios a los romanos.  Al parecer fue el burro de Sileno el que descubrió en Guayana la eterna primavera, pues el burro del sátiro Sileno, protegido de Dioniso, cometió la equivocación cuando luego de un largo viaje, acaso por cansancio o borrachera, hizo escala en Guayana y se dejo tentar por las  aguas del Caroní creyendo que era vino lo que corría como torrentera hasta agotarse en el Orinoco.
         Sileno fue rescatado por Midas quien también  había llegado a Guayana en busca de fortuna. Sabedor Dioniso de lo bien que se había portado Midas con Sileno quiso recompensarlo y le pidió que eligiera un deseo.  “Que todo cuanto toque se convierta en oro”, eligió Midas y así le fue concedido, pero pronto se arrepintió pues hasta el agua y la comida se le transformaban en oro.  Para librarse del encanto, Dioniso atendió su súplica y le dijo que se bañara en las aguas del Yuruari con lo cual quedó liberado.  Se decía después que las arenas del Yuruari contenían oro.
         Desde entonces, el burro Matusalén comenzó a trotar estas tierras septentrionales del continente hasta llegar a manos de Candelario, quien lo heredó como un precioso e inextinguible bien a su vez heredado en consecutivas sucesiones por sus antepasados remotos.  Se decía que las orejas del burro eran las propias de Midas, castigo de Apolo por no haber apreciado las tonalidades de su lira.
         El burro de Candelario, no obstante su estirpe y alucinantes leyendas, prestó importantes servicios a la ciudad.  Llegó a cargar agua y arena de la  Cocuyera muchos antes de que Georges Underhill instalara el acueducto de la ciudad, así como leña para la Planta Eléctrica de vapor que sustituyó los románticos faroles de Angostura. Pero el burro de Candelario tenía un defecto que molestaba a las damas y mozas encopetadas y era que ensuciaba las calles y de vez en cuando destapaba su estuche para mostrar sin vergüenza los más tangible y rotundo de su ser.

El Alcalde, vista la circunstancia del animal, obligó a Candelario colocarle pañales cada vez que saliera con su jumento. Candelario resistió la orden y confinó a Matusalén en los predios de la Laguna El Porvenir, justo en los pajales de Paravisini y no se supo más del garañón hasta que se corrió la noticia según la cual alguien lo había visto en el mexicano pueblo de Otumba, donde los asnos ocupan un lugar distinguido. Los angostureños no supieron jamás como y por obra y gracia de quién, Matusalén llegó hasta allá después que Candelario falleciera a la edad de 120 años.    

lunes, 20 de junio de 2016

La Bejuca, Pata e´Palo y Carolina de Roosevelt


Nadie sabía si la apodaban “La Bejuca” por su contextura magra o La Vejuca” por su edad avanzada.  Lo cierto es que su nombre de pila era Mercedes Llamoza por haber nacido el 24 de septiembre, Día de Nuestra Señora de las Mercedes, en la cuarta mitad del siglo veinte. La veíamos diariamente, mirando fijamente el muro como percibiendo una sensación de seguridad,  mientras la generalidad de los parroquianos la disfrutaban con cierta picardía, tal vez por lo grosera y versadora. Los escolares fijaban en ella su atención traviesa y le gritaban “Bejuca” y ella sabía gratificarlos con denuestos y a veces con estos versos: “Mercedes Llamoza / la pata cocosa / que anda preguntando / cómo está la cosa / El 5 de julio / muy por la mañana / Don Julio Perfetti / libertó a Guayana”. Mercedes vivía magra y encorvada, pegada a sus huesos y de una que otra dádiva, arrinconada en esas frías y grises escalinatas de un viejo inmueble de arquitectura antillana, entre Igualdad y Orinoco, íngrima, solitaria y desolada, aguardando el puntillazos de los muchachos, al igual que “Pata é palo”, el portero del Concejo Municipal, cuando alguien le recordaba su canilla tiesa, siempre a la vista  puesto que usaba alpargatas y unos pantalones “brinca charcos”, es decir,  con loe ruedos a mitad de la espinilla. Pata `e palo” cuando andaba curdo se ponía en ángulo recto hablando con el suelo, bueno entonces para que la muchachada lo espoleara y el se transformara en un arrechucho de cólera.
         Era la década del cincuenta  y la gente mal hablada decía qua “Pata e’ Palo” se metía en el archivo y le birlaba el trago a Silvita que de cierto le gustaba. Era quizás su único defecto porque, por lo demás, era un hombre culto y honestísimo. Acostumbrado a decir: “Yo le tengo miedo solo a dos cosas en la vida: a la fuerzas desatadas de la naturaleza y a una gran escasez de aguardientes”.
         Para llegar a Silvita en el viejo Archivo del Consejo, había que descender por una escalera hasta el sótano y por ella pasaba muchas veces Manuel Alfredo Rodríguez cuando iba  a indagar algún dato histórico entres los viejos expedientes. No por bajar y subir tanto por esa escalera lo llamaban “Escalera” sino porque era un joven tarajallo muy levantado al que sus compañeros  de generación nuca dejaron de identificarlos así hasta el punto que estando Camilo Perfetti y él de farra le vino a MAR el impulso de: “Vamos a bautizarnos al río” pues era agosto y el Orinoco estaba en el apogeo de sus aguas. “Vamos”, Respondió Camilo y cuando  bajaban pasó el otro “Escalera”, el de la Sabanita, con su manota gacha, y MAR que es una fotocélula para captar imágenes se quedo mirando la picara expresión de camilo: “¿Qué vas a decir?”. “Nada -Respondió- que aquí viene tu tocayo”. Y luego  los camaradas se empataban en una recordando a “La Millona” y a “la Milú”, sobre todo estas ultimas cuando montaban su fiesta en la famosa “Casa de Tejas” del cerro “El Zanjón” cuya  expropiación con fines culturales nunca perdonó Emilio Morales al ex Gobernador Pedro Battistini Castro.
Por allí andaba siempre  de cacería el “Comandante Montes” poniendo en la mira de su fusil  a unos cuantos según las honorables lenguas de la época,  aunque no tan honorables como la de María Carmona de las que muchos gazmoñeros persignándose decían: “Líbrame, Señor” como se querían librar de “Carolina de Roosevelt” banqueros y comerciantes de la calle Venezuela y el paseo cada vez que la vieja loca, bien programada por los cuchufleteros, llegaba  y se plantaba todo el santo día a reclamar lo que le  pertenecía. : “Estas vaina es mía”, “Esta vaina es mía, Boccardo, dame mi vaina”.
        

        


domingo, 19 de junio de 2016

Club de fluxes Paris City



El Luchador del 23 de noviembre de 1940 publica anuncio sobre un novedoso club de fluxes “Paris City”, invento del diplomado José Rosario Pérez (en la foto) para insuflarle movimiento a su sastrería de la calle Venezuela 21 conectada por el teléfono 515, frente a la competencia que era fuerte con los Ortiz y  la Sastrería La Guayanesa de Víctor Inojosa.  La novedad del Club multiplicó la clientela porque los socios o clientes fijos quedaban privilegiados con facilidades de pago.  José Rosario Pérez se hizo popular gracias a su invención que nunca pudo entender la lógica idiomática de algunos políglotas del patio que decía que en vez de “Paris City” tenía que ser “Ville Paris” o “Cité Paris”, a lo que el Negro Ortiz respondía que tal expresión obedecía a que José Rosario Pérez procedía de un pueblito petrolero de El Tigre donde había muchos norteamericanos.  Pero lo de Paris era porque José Rosario Pérez a quien todos los bolivarenses terminaron apodando “Paris City”, era muy aficionado a la moda parisina y también porque en Ciudad Bolívar la colonia corsa-francesa era muy fuerte y adinerada.  Lo cierto es que “Paris City” terminó cortando los trajes de Horacio Cabrera Sifontes que hablaba inglés y francés y de Carlos Palazzi que llevaba el idioma en sus genes y cuando ambos en 1958 llegaron al Poder, a Paris City lo hicieron Prefecto de Ciudad Piar y en ese campo obrero duró cinco años como tal y allá se casó Thamar con Carlos Rojas y su hijo homólogo José Rosario Pérez encontró el camino de las artes plásticas.
         José Rosario Pérez para ir a estudiar pintura en Caracas en el talles de Alejandro Otero, no necesitó flux porque su padre les dejó unos cuantos y además los pintores a veces son irreverentes y tienden a romper con la moda y la rutina. 
Quien sí no quería llegar a Caracas sin un flux bien hecho a la medida fue Jesús Márquez, periodista conocido con el remoquete de “Marquecito” y a quien los colegas de su generación le engancharon también el irónico nombre de “Monicaco”, acaso por lo chiquito y santurrón, que no por otra cosa podría ser. El no quería llegar a Caracas sino bien vestido, pero no tenía con qué.
         Entonces Marquecito ni  soñaba con ser periodista. Vivía en la calle Lezama y estudiaba bachillerato en el Liceo Peñalver pues en su natal tierra de Barrancas (Monagas) no había llegado para ese tiempo la educación media.
         Recibido de bachiller de la república, Marquecito programó viaje a Caracas para seguir la carrera de abogado y se mandó a confeccionar un flux de casimir inglés, pero sus padres que eran humildes no pudieron reunir y girarle la plata para retirar el traje y Marquecito, en la mejor ocasión, se fue a Caracas y el señor Ortiz nunca más supo de él ni tampoco su madrina Teodorita Montes donde estaba hospedado.
Con el paso de los años Marquecito, además de abogado se hizo excelente periodista, ya en La Esfera, La República,  Diario de Oriente y finalmente dueño y señor del diario El Tiempo, de Puerto La Cruz. Márquez, por supuesto, no se acordaba, o a lo mejor si. Pero quien no se olvidó nunca fue el señor Julio Ortiz, sastre y violinista de primera línea.  Murió sin ver jamás al joven cliente que le echó el carro. Sus herederos, un día de febrero, cuando oían las anécdotas que se contaban en la puerta de la sastrería los periodistas Gustavo Naranjo y  Enrique Aristeguieta, lo recordaban y sacaban el traje azul, amarillento por el polvo acumulado del tiempo, y lo mostraban con placer nostálgico como quien muestra la esclavina del General Piar o del Mariscal Ney.



viernes, 17 de junio de 2016

Fósiles de un Gliptodonte Guayanés

El cachicamo es miembro de una familia de la América Meridional que como los gitanos nunca tienen un sitio fijo donde morar. Vaga por todos los monte y al igual que los pájaros se alimenta de insectos que succiona a través de un hocico aguzado y que viene siendo prácticamente su cabeza.
Como buen caballero andante, nunca abandona la coraza articulada que lo protege de sus enemigos, especialmente del campesino que ha aprendido a aderezar con su carne unos platos muy sabrosos. El hombre del campo lo persigue con su perro adiestrado porque ya el cachicamo es para él parte de su dieta habitual.
Pero el cachicamo que siempre se ve asediado por sus voraces enemigos, ha aguzado su instinto de estratega tanto como su hocico, de tal suerte que cuando presiente el peligro vuelve rápidamente a su más reciente madriguera y si está muy próxima la asechanza cava al instante una cueva con las garras de sus patas cortas o simplemente se convierte en una bola acorazada con la que resguarda sus partes vulnerables.
Los campesinos suelen llamar “ Cachicamo”  a una persona para ellos muy reservada y reconcentrada en sí misma y esto es porque el cachicamo, a su manera de ver, se protege demasiado, permanece resguardado bajo su natural armadura de bandas córneas heredadas posiblemente de un tatarabuelo raro y singular que bien podría ser el Gliptodonte, armadillo de metro y medio de alto que vivió durante la llamada época del cuaternario americano, hace más de veinte mil años.
En Guayana, concretamente en los barrancos de los placeres diamantíferos del río Guaniamo, al sur de Caicara del Orinoco, los mineros han encontrado fósiles del Gliptodonte.
Simón Freddy Martínez, un joven y hábil comprador de diamantes, vendió en 30 mil bolívares las piezas principales de un Gliptodonte fosilizado hallado en un sitio que los mineros comenzaron a identificar después del hallazgo como la “Explanada del Esqueleto”.
Esos fósiles fueron sacados del país y ello llevó al Gobernador Manuel Garrido Mendoza a dictar un decreto prohibiendo la salida hacia el exterior de fósiles y obras de arte sin autorización previa del organismo competente del Ejecutivo.
         Y es que al igual que con esos fósiles, ha salido del Esado Bolívar esculturas, cerámicas primitivas, otros objetos de valor artístico como históricos, sin incluir los que intencionalmente han sido sustraídos por manos criminales del Museo de Arte en la Casa del Correo del Orinoco.
         Cuando se iniciaron los trabajos de reconstrucción y restauración de la Catedral de Ciudad Bolívar, desaparecieron los vitrales.  Antes por obra y arte de birlibirloque había desaparecido una antigua araña de cristal que según las malas lenguas atribuyeron al Gobernador Mario Briceño Iragorri para donarlas a la Iglesia de Santa Ana de su nativo Estado Táchira.  Esto no se ha podido comprobar, pero sí  la estatua pedestre de Miranda sacada  con la venia del Gobernador Luis Raúl Vásquez Zamora, de la Granja del Estado donde se hallaba guardada, para reubicarla en Palo Negro.
         Los Catalejos que el General Manuel Piar utilizaba en la batalla San Félix, fueron sustraídos de sus pertenencias confiscadas y al parecer se hallan en  Maracay, seguramente en manos de los herederos de Bartolomé Tavera Acosta, quién también se llevó de Guayana las Memoria del General Farreras.
         En la Casa de San Isidro por muchos años estuvo expuesta en uno de los muros de la entrada una campana del Siglo XVIII que perteneció a la antigua ciudad de Santo Tomás de Guayana.  Igualmente ya no se ve  expuesta en la pared interna un rifle de la Batalla de Boyacá, donada a la ciudad por el Cónsul de Colombia. 
         Desapareció del jardín interno de la Biblioteca del Estado, el busto en bronce de Rómulo Gallegos realizado por el escultor Asdrúbal Meléndez, autor igualmente del busto de López Contreras que se halla en el Comando de la Guardia Nacional.
        



miércoles, 15 de junio de 2016

Bayola sin perro y sin nevera


El fotógrafo Víctor Bayola Díaz, hostigado por los malandros de su barrio que le dejaban la nevera vacía cada vez que de su casa se ausentaba, decidió comprar un perro que le ofrecieron y que se hizo “bravo” de tanto alimentarlo con ají y papelón.
         Cada vez que salía, Bayola encadenaba al perro muy cerca de la nevera hasta el día que regresó tras rociar el hastío con cerveza del bar-restaurante “My-Hay-Hy”.  Entonces, casi desmaya de la sorpresa pues no estaban el perro ni la nevera.
         Bayola que hasta el momento se había abstenido de llevar el asunto a conocimiento de la Policía, acudió a ella para denunciar el reiterado agravio, pero cuando se hallaba dando las características del can ante el agente de guardia éste le preguntó:
         ¿Cómo dice, usted, que es el perro?
         -Negro, totalmente negro como una pantera, ojos azabache, orejas caídas, de nombre “Guardián” y con tic en el ojo izquierdo.
         -Cómo? Cómo? Cómo? Repita esas señas?
Bayola se despepitaba hablando de las cualidades y circunstancias en que adquirió el perro hasta que el agente de guardia explotó:
         -Caramba, amigo,  este es mi perro! Sí, ese es y usted como que se me queda…
         Por supuesto, Bayola se resistió porque le sobraron argumentos: la solidaridad y testimonios de sus vecinos, la circunstancia de ser miembro del Círculo de Reportero Gráficos del cual el abogado laboral era el doctor Ramón Córdova, trabajador  de los diarios El Bolivarense, El Nacional y finalmente  porque el Procurador del Estado era el doctor Pacífico Rodríguez, con quien Bayola calzaba buenos puntos en el Restaurante de los chinos.
         “Figúrense ustedes yo metido en chirona”.  Habría sido la primera vez.  Ni siquiera cuando fue soldado recluta y prestaba el servicio militar junto con Tito Becles, quien vivía en la calle Venezuela en su propio taller de carpintería.
         Tito Becles también le metía a la fotografía aunque muy empíricamente.  Con él Víctor Bayola aprendió el oficio y ambos le fueron muy útiles al cuartel donde les tocó pagar el servicio miliar obligatorio.
         Tito Becles una vez prestado el servicio, retomó su oficio de carpintero que alternaba con la fotografía.  Como su casa de construcción antigua no se prestaba para acondicionar un laboratorio, construyó una enorme caja de madera colocada en toda la entrada de la casa con un letrero “Fotomatón”.  Las fotografías no eran muy buenas, pero podían competir favorable con las de Raúl Ortega en la esquina de Boccardo.
         Bayola, fascinado por el arte de la fotografía, se dedicó por completo a ella y terminó ofreciendo sus servicios a la prensa local.  Trabajó en El Bolivarense, Antorcha de El Tigre, El Expreso y en la corresponsalía del diario El Nacional.  Es más, fue admitido en la Asociación Venezolana de Periodistas como Miembro Cooperador y tras presentar un curso de mejoramiento profesional en Cumaná propiciado por la Directiva Nacional, lo aceptaron como miembro activo con todos los derechos.  En Cumaná, Bayola al igual que otros aspirantes del Oriente y Ciudad Bolívar debía responder un cuestionario de cien preguntas relacionadas con la fotografía y el periodismo.  Por supuesto, Bayola preparó su chuleta con las respuestas  posibles y en eso colaboramos todos los interesados en que el hombre saliera bien.  Bayola comenzó la preparación y luego de cumplir con su faena diaria recostaba su silla tras la pared lateral de su casa y trataba de memorizar las repuestas a las posibles preguntas.  Un colega que lo sorprendió, envió la gráfica al diario Antorcha de Edmundo Barrios y la misma apareció al siguiente día con esta leyenda: “Lloviendo sobre mojado”.

         

martes, 14 de junio de 2016

La Casa Embrujada


Carmen Elena (en la foto), la llamada “Reina del Arpa”,  el 8 de enero de 1987, hizo un viaje sorpresivo de Caracas a su natal Ciudad Bolívar a ver si le hallaba comprador a la casa abandonada por su familia.  La llamada  “Casa de Piedra”, en la avenida La Paragua, hoy “Libertador”, pero le fue difícil hallar quien la comprara, ni siquiera pudo alquilarla.  Los últimos inquilinos abandonaron la casa intempestivamente aduciendo que de noche se sienten unos ruidos espantosos.
            Conocidos le sugirieron inútilmente que requiriera los servicios religiosos del Arzobispo que recientemente había exorcizado una casa también embrujada de la calle 28 de octubre.  Efectivamente, el arzobispo Crisanto Mata Cova, bendijo el 29 de agosto la casa de una familia amiga que se decía insistentemente que estaba embrujada.
            Los habitantes de la casa Nº 26 de la Calle “28 de Octubre” vivían entonces en un estado de nervios debido a las consejas de espíritus encantados que por las noches hacían espantosos  ruidos y lanzaban lamentos sobrecogedores.
            Los vecinos ofrecieron testimonios de una enigmática situación que venía dando pábulo a viejas creencias populares.
            El arzobispo admitió lo de la bendición pedida como acto normal por la familia que dijo es de su amistad., pero cuando se le preguntó sobre el “embrujamiento” respondió que “en la casa de la familia Cardozo sólo ha habido un estado de nervios colectivo que por ser gente muy buena ha superado”.
            Monseñor comentó que un buen católico debe ser fuerte espiritualmente para no dejarse contaminar por la superstición, la brujería, “los médium” y el engaño, que en Guayana parecen tener clima muy propicio.
            No se trataba del primer caso.  En el siglo pasado, los citadinos bolivarenses creían embrujada la casa de la calle Igualdad 29 frente a la pared lateral de la Catedral.  Ella durante mucho tiempo sirvió de morada a la familia Contasti. Los Contasti la alquilaron pese a la leyenda que se tejía sobre el inmueble, según la cual en ella a determinada hora del día y de la noche se sentía en sus sótanos ruidos de cadenas, pisadas lentas y pesadas, gemidos que espantaban y hasta una señora vestida de negro con los ojos enrojecidos por el llanto llegó a ver, a través de un postigo, la niña Stella Gómez Machado, cuando la casa estaba deshabitada.
De espíritus encantados muchas veces transfigurados en animales en las vetustas y solariegas casas  de Angostura siempre se ha hablado.  El extinto Julio Saramacual, vigilante del diario El Bolivarense solía contar que a la luz de la luna en cuarto menguante, un chivo negro con barba rizada y cornamenta de fuego, berrocheaba durante un minuto en el patio de la casa y luego desaparecía al ver una Boa o algo parecido que luego de arrastrarse se internaba en la boca de una alcantarilla. 
Lo de espanto y brinco fue lo sucedido en el Hospital Universitario “Ruiz y Páez”:  Una mujer blanca y de rasgos finos, pasada ya  de los 40, fue hallada yacente en la vía, muerta o en estado cataléptico, y los transeúntes la veían y le rezaron hasta que llegaron policías judiciales, la observaron y la metieron en una furgoneta.
El cuerpo de la dama que más tarde se dijo que se llamaba Eladía de Solís, fue colocado en un mesón de la cava de la morgue del hospital mientras los detectives David Daza y Javier Rodríguez iban a su Departamento de la Brigada Contra Homicidios a buscar sus instrumentos para un examen macroscópico. Al volver abrieron la puerta de cava y  cual no sería su sorpresa cuando vieron que la dama estaba de pie. El maletín con los instrumentos cayó al suelo y los funcionarios salieron de la Morgue en estampida. Más luego se supo que de todas manera la mujer murió. Los médicos investigan qué pasó. ¿Catalepsia, muerte posterior a causa del frío?




domingo, 12 de junio de 2016

Ramón Isidro García Gil (Tabaquito)


A Ramón Isidro García Gil, amigos y copartidarios le endilgaron el remoquete de “Tabaquito”, acaso porque era adicto al tabaco habanero, el mismo, aunque de menor calidad, que sensibilizaba la percepción del héroe de la II Guerra Mundial, Sir Winston Churchill.
         Se veía Ramón Isidro muy orondo con su tabaco, no sólo por su humo aromático provocador, sino por el color característico del mismo armonizando con su piel de negro mestizo rozada por el ambiente quejumbroso del barrio Negro Primero donde había nacido él y su misma familia fundadora del sector junto con otras familias que luego destacaron en su profesión como los Zurita.
         De allí emergió a la vida pública cuando apenas era un mozalbete.  Pero no es lo más curioso, sino que habiendo nacido en un barrio pobre, sin preparación intelectual aunque despierto y  buena labia, llegó a ser edil, dirigente sindical y Vicepresidente del Concejo Municipal de Heres.
         Devoto de Jóvito Villalba, a quien trataba de imitar la tonalidad de su discurso, se fue un día a Caracas con los dirigentes de URD Humberto García, Pablo Guerra, Oswaldo Curra y Adolfo Thali a hacer un curso sindical que aprovecharon muy bien pues Adolfo Thali terminó siendo presidente del Sindicato de la Siderúrgica y él del sindicato de la CANTV pues su gerente Lozano Villegas le había dado allí un puesto como cobrador.
         Un día lo enviaron a Caicara a preparar el ambiente para una posible visita electoral de Jóvito.  Le dieron para sus gastos diez bolívares y asombrosamente regresó con cinco.  En inusitado alarde de honradez y mística militantes devolvió los cinco bolívares a René Vhalis, responsable de las finanzas, con el agregado de una vianda de las típicas y dulces arepas de Coroba.
         En cierta ocasión le oyó decir a Horacio Cabrera Sifontes que si por desgracia llegaba a quedar inválido, sobreviviendo en silla de rueda, no vacilaría en darse un tiro y Ramón Isidro García Gil estuvo de acuerdo con el escritor.  Pero fue incapaz de hacerlo el día en que de tanto fumar fue víctima de una trombosis cerebral.  De todas maneras falleció meses después, irónicamente, poseído por una millonaria suerte en la lotería de la que también era adicto inspirado por el humo aromático de su tabaco.
El Barrio Negro Primero donde nació Ramón Isidro pertenece hoy a la Parroquia Vista Hermosa.  Es ya un sector urbano importante limitado por la Avenida 17 de Diciembre, los Farallones del Río San Rafael, el Barrio Angostura y la Avenida Nueva Granada.  Tiene su placita y una escuela, la Bethel, fundada por el pastor evangélico José Luis Orsetti. 
A Negro Primero (Pedro Camejo), muerto en la Batalla de Carabobo, los miembros de una hermandad de espiritistas que lo invocan con ron y tabaco al igual que a otros muertos, quisieron erigirle una capilla, pero el obispo Crisanto Mata Cova movió sus influencias y lo impidió, de todas maneras vecinos trabajan para que lo mismo que hicieron con Páez en La Mariquita, le erijan un busto al valiente Negro Primero en la Placita del barrio. 
Entre los primeros pobladores de ese sector en los años 40, están la familia Zurita, la Familia Mota, la Familia Aparicio, la Familia Morillo y la Familia García Gil, padre de Ramón Isidro García Gil, quien fue dirigente sindical, edil y Vicepresidente del Concejo Municipal de Heres.
Por el sector de Negro Primero pasa la quebrada de “Quita Calzón” donde ocurrió el primer accidente de automóvil por volcamiento y cuyo nombre responde según la leyenda a un negro cimarrón  morador de esos predios, que le embestía de noche a los transeúntes y los despojaba hasta de sus calzones.







viernes, 10 de junio de 2016

La Máquina Voladora de Monserrate


Al lado de Leonardo de Vinci debería estar un venezolano que tuvo radical vinculación con Guayana.  Me refiero al doctor Wencelao Monserrate, que al igual que el artista e investigador  italiano, comprobó que era posible la locomoción aérea.  En todo caso, podría ser al lado de los hermanos germanos Lilienthal, aunque fue mucho antes que Monserrate dio a conocer los principios técnicos del vuelo.
El modelo ideado, muy complejo y compuesto de pesados materiales, máquinas y un sistema de pro­pulsión, recibió el nombre de La Manserratina. Este apa­rato tenía la forma de un inmenso pájaro con "pico, alas y cola", de 24 metros de largo por 14 de alto. Su estruc­tura pesaba casi 1000 kilos y estaba dotado de un motor de vapor y otro de combustión interna.
El doctor Monserrate inició los estudios de este proyecto en 1863. Tras años de planificación y de di­seño concluyó que sí era posible alcanzar el vuelo uti­lizando una máquina pesada, con lo que resolvía, en sus palabras, "el gran problema de la locomoción aérea con rumbo y dirección determinada". 
En una carta que dirigió al Ministerio de Fomento el 26 de marzo de 1877 dio a conocer oficialmente su máquina voladora, a la que llamó, en aquella ocasión, "motor aerotérmico'. En relación con esta invención manifestó que se trataba de la empresa más trascendental de la época, y aseguró que tanto su teoría sobre el vuelo como el aparato ideado fueron evaluados y aprobados por ingenieros prácticos europeos y norteamericanos". Su convencimiento era tal que solicitó patente de invención el 9 de enero de 1884 y le fue concedida de inmediato, lo que otorgó a su invento el apoyo y aval del Estado venezolano a tra­vés del Ministerio de Fomento de aquel entonces. 
El doctor Wenceslao Monserrat, médico cirujano,  coronel de ingenieros del Ejército, estuvo casado con Carmen Hermoso Tellería, pariente del General Arístides Tellería, quien fue Presidente del Estado Bolívar.
El médico Wenceslao Monserrat se radicó en Angostura  con su familia en 1864 huyendo de las represalias de la Guerra Federal, no obstante estando en Guayana fue electo diputado al Congreso Nacional Federalista de 1866, pues fue notable su participación ese mismo año cuando los guayaneses se rebelaron contra la autoridad del General José Loreto Arismendi, Presidente del Estado y  Jefe del 4ª Circuito Miliar de Barcelona y Guayana.  Fue de los comisionados para viajar a Caracas a hablar con el Presidente Juan Crisóstomo Falcón para que reconociera el gobierno provisional.
El doctor Monserrat aparece contribuyendo con 25 pesos en la colecta general realizada para erigirle en 1869 una estatua pedestre al Libertador en la plaza mayor de Angostura.
El médico Wenceslao Monserrat casado con Carmen Hermoso Tellería, tuvo dos hijos: Rafael y Wencelao Monserrat Hermoso.  Rafael estudió en el Colegio Federal de Guayana y se graduó de bachiller en filosofía el 6 de agosto de 1882.  Luego estudió el Bachillerato en Ciencias Políticas y recibió el graduó el 24 de julio de 1885 junto con su hermano Wenceslao Monserrat Hermoso.  Ambos hermanos se doctoraron en Ciencias Políticas el 26 y 27 de julio de 1888. 
Rafael regresó a su tierra a ejercer como abogado. El 16 de agosto de 1886 junto con su tío el doctor Pedro Hermoso Tellería funda el Colegio de Abogados de Coro, mientras su hermano Wenceslao Monserrat Hermoso hizo carrera en Guayana y aparece en 1885 como Rector del Colegio Federal de Primera Categoría de Guayana.   Durante diez años ejerció la cátedra de derecho político. Asimismo, figura entre los fundadores del Colegio de Abogados el 12 de septiembre de 1894, en calidad de segundo vicepresidente de la primera directiva.  Ascendió a la Presidencia para el segundo bienio del Colegio el 10 de diciembre de 1896.
Fue acusado de participar en el alzamiento de Ramón Cecilio Farreras contra el Gobierno del Presidente Cipriano Castro, pero indultado en abril de 1904.  Formó parte de la Comisión que exploró el Río Marcela para tenerla como fuente potencial de energía hidroeléctrica, junio de 1904, dentro de los planes para dotar a la ciudad capital de energía eléctrica. Una planta electromecánica se montó en 1910.  Fue él uno de los principales accionistas y formó parte de la primera Directiva de la Compañía  (C. A. La Electricidad de Ciudad Bolívar).
Wenceslao Monserrat Hermoso, quien falleció en Ciudad Bolívar el 19 de mayo de 1938, a la edad de 75 años, fue también miembro relator de la Corte Suprema de Justicia del Estado Bolívar designado por la Asamblea Legislativa para el trienio 1908-1910. 





miércoles, 8 de junio de 2016

Monja revolucionaria en Guayana


Una monja calificada de “revolucionaria” por el Arzobispo Crisanto Mata Cova llegó a residenciarse en Ciudad Bolívar en los años ochenta, proveniente de la isla de Coche, una isla de sol, de sal y de redes, poblada desde hace más de 450 años por Juan López de Archuleta, quien por Real Cédula la recibió en calidad de encomienda para que se estableciese en ella con su mujer y tuviese ganado, labranzas y otras granjerías.
         Los cochenses seguramente ignoraban entonces este hecho de su historia y por eso no tenían celebraciones como suele ocurrir por igual motivo en otros pueblos de Venezuela.
         En Coche que hasta 1922 perteneció a la Diócesis de Guayana, saben, en cambio, y lo celebran como tradición secular, cuando es el día de San Pedro y de la Virgen del Carmen, patronos de pescadores y marinos.
         El 16 de julio, precisamente, sucede en la isla una gran fiesta marina. Un centenar de embarcaciones cortejan en su procesión por el mar a la Virgen de los escapularios, desde el muelle de Valle Seco hasta el Guamache, bajo una linda y efusiva atmósfera de pirotecnia, cantos  religiosos y música folklórica.  El pueblo de San Pedro y caseríos del Guamache, Bichar y Guinima rompieron la rivalidad regionalista y ahora se unen en una sola fiesta en honor a la Virgen y este milagro de la unidad se le atribuye a la hermana Blanca Estela que se hizo líder religiosa y social de la comunidad sanpedrina.
         Los habitantes de la Isla de Coche están bien arraigados en la fe católica.  Es uno de los pocos pueblos de Venezuela donde no ha podido entrar otra religión o secta.  Ni siquiera la superstición o la brujería.  Allí sólo se cree en Dios y la Virgen.
         El Arzobispo de Ciudad Bolívar, monseñor Crisanto Mata Cova, en la creencia de que esta condición religiosa del pueblo de la Isla de Coche se le debía en buena parte a la labor de Blanca Estela, movió contactos dentro de la jerarquía católica y logró reubicar a la Hermana en la capital guayanesa donde la embestida evangélica apabulla con sus micrófonos y altoparlantes instalados por las noches en cada barrio de la ciudad.
         Blanca Estela realizaba una labor estupenda cuando para desconsuelo del prelado le llegó la contraorden de regresar a Coche.  Al parecer la Iglesia se dio cuenta que no podía arriesgar los resultados de una labor que la monja con su carisma y dinamismo  había cimentando en la isla.
         La monjita realmente se las traía.  Era dinámica y vivaracha.  Hablaba, cantaba y rezaba muy bien.  Algunos curas y especialmente Monseñor  Mata Cova, la llamaban “monja revolucionaria”.  Ejecutaba el órgano, la guitarra, el cuatro, el acordeón, tocaba las maracas y conversaba en forma convincente  y directa. El pueblo entendía su lenguaje, la seguía, creía en ella, la respetaba, la cuidaba y por las noches a la hora del rosario le llenaba la Iglesia desde el altar mayor hasta el atrio.  Blanca Estela pertenecía a la congregación Hermanas Laura, de esa congregación hay otras tantas internadas en la selva de Guayana catequizando para su religión la fe de los indios mapollos.
         Estuvo la monjita otros años más en la isla al sur de Margarita hasta que regresó a su tierra Colombia y de allí la Congregación la envió a la India a trabajar con los pobres como lo hacía la otra Hermana Laura Glynn en Ecuador.  En la India a donde también se fue el antropólogo Jorge Armad desde Ciudad Bolívar,  murió a la edad de 75 años.
         En Ecuador igualmente se destacó otra Hermana Laura, aunque nada tiene que ver con la colombiana.  Esta Hermana Laura Glynn era norteamericana y trascendió como gran defensora de los derechos humanos.  También falleció y dejó una larga trayectoria de lucha y sobretodo de compromiso social. Trabajó hasta su último aliento en la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos


lunes, 6 de junio de 2016

Los Tres Poderes


Los tres poderes: la Reina, el Alcalde y el Gobernador.  La Reina, en el centro como siempre, es la más débil, pero la que tiene mayor poder de seducción, la que deslumbra y subyuga por su belleza.  Los otros poderes se rinden a sus pies y para halagarla son capaces de cualquier cosa a expensa de sus fortalezas.
         La Reina igualmente es capaz de cualquier cosa a expensa de su belleza para hacer que los adversarios aflojen el corazón y sonrían hasta en los momentos de conflicto y mire si los hubo aquí en Bolívar en tiempos de Jorge Carvajal y Andrés Velásquez.  Durante el curso de la campaña electoral se dijeron y se tiraron con todo, pero luego del triunfo fueron capaces de conciliar para beneficio propio y de las mayorías que los eligieron.  Así es y debe ser siempre la democracia legítima.
         La democracia es la cultura de la discusión, la confrontación dialécticamente ideológica y programática, sin odios ni complejos, sin rencores ni revanchismos. La democracia no debe interpretarse ni ejercerse en función de intereses sectarios, sino amplia y  universalmente, de manera que sus bondades que las tiene y son muchas, nos arrope a todos.
         La democracia es convivencia, comprensión, igualdad, libertad, justicia, paz  La democracia no admite egoísmos, parcialidades fanáticas, no admite amenazas, chantajes, descalificaciones, insultos, discriminaciones.  La democracia es una cultura, un sistema de vida.  Pero hay que aclarar que la democracia no es algo que nos cae del cielo, sino algo que se construye, que se edifica cada día y que hay que defender técnicamente, racionalmente para lo cual hay que creer en ella y en ella va implícito como cuestión sustancial los valores éticos.
         Así nos dijo en cierta ocasión el profesor de teoría política, Marcos Cupulo subrayando eso, que sin valores éticos no se puede concebir la democracia.  La democracia nada más para justificar un proceso político sería como fabricar una máquina política para obtener consenso y, en consecuencia, la peor de las dictaduras. Un modelo social y político nada más para justificar el consenso,  alejaría la posibilidad del individuo  para afirmar sus valores.
         Y si bien, como dice Cupulo,  la democracia hay que construirla, no olvidemos que en ella juega papel importante la educación.  Es lo que cree el profesor  Luis González Cordero y al tocar ese aspecto resalta la figura de Bolívar. El Libertador supo ver en su exacta dimensión el valor y la importancia de la educación en función de la Democracia tanto para el ejercicio de ella como para ejercer los derechos políticos y sociales. 
En todo caso, tiene que ser una educación de la inteligencia y del carácter.  No sólo para el saber, sino también para la virtud.  Nuestra escuela, por lo tanto, tiene como obligación el cultivo de la vida democrática que equivale a enseñar a convivir, a cooperar, a respetar lo diferente y lo contrario en los otros para sí llegar a comprenderlos a ellos y a nosotros mismos.  De nuestra conducta a la hora de votar y escoger a los miembros de los poderes depende la existencia impecable y perdurable de la democracia.  Hay que saber elegir, no hay que dejarse influenciar y menos dejarse  complacer por una ayuda, una dádiva.  Cuando se ingresa al cubículo electoral para elegir, hay que hacerlo desprejuiciado, deslastrado de todo compromiso, excepto el que uno tiene consigo mismo y el país como un todo.
La Democracia, en todo momento y circunstancia es la Reina, debe tenerse y venerarse como una Reina, una bella soberana que tutela los poderes y que como el símbolo de la fotografía, sabe y hace sonreír, pero que tiene, aunque pintada, bien afiladas las uñas para defenderse de cualquier eventual satrapía.



domingo, 5 de junio de 2016

Infancia de Jesús Soto, pionero del arte óptico universal

Penetrable, obra del maestro en el Museo de Arte Moderno Jesús Soto, en Ciudad BolívarPenetrable, obra del maestro en el Museo de Arte Moderno Jesús Soto, en Ciudad BolívarFoto Leonardo Suárez Montoya
Jesús Soto nació el 5 de junio de 1923, cuando otro Soto, el general Vicente Pérez Soto, gobernaba en el estado Bolívar.
Nació el niño en pleno juegos florales del Teatro Bolívar, cuando se jugaba Rondá y llegaba a la ciudad monseñor Miguel Antonio Mejía.
Soto creció delgado e inquieto en el regazo de su madre, doña Enma, con una sinusitis que no lo dejaba respirar, pero con la cual acabó de una vez la yerbatería indigenista de Paula, la abuela ágil que bailaba joropo y descifraba las estrellas.
Pescaba el niño, atravesaba el río a nado. Otras veces en curiara, en piragua, y entre el puerto de Santa Ana, Soledad y el hato de doña Paula en los llanos de Anzoátegui, parecía transcurrir la vida de su infancia.
El niño Soto, como Juan Ramón Jiménez, también tenía su Platero. Se llamaba Comino, acaso porque se ponía del mismo color del onoto cuando relinchaba y se restregaba contra los matorrales y la greda del río.
Con su Comino ensillado se iba de trote por el aquel llano abierto que le infundía cierto temor y respeto. El llano al igual que el río le impresionaba hondamente. Pugnaba entonces entre la soledad del llano y la cercanía de la gente.
En ese tiempo tenía edad de escuela, de palotes y de garabatos hechos con pintura de labio y de carbón sobre cartón o el duro lienzo de paredes y tapias.
¡Déjalo tranquilo! Terciaba muchas veces la abuela. “Déjalo mujer, tranquilo, que a lo mejor quiere ser pintor y eso es bueno”.
Y para que dejara en paz el lápiz de la tía Irma y no gastara los carbones del fogón, la complaciente abuela le obsequió un arcoíris de creyones.
Desde entonces, desde la edad de cinco años, Soto pintaba, jamás dejó de pintar y fue pintor.
Pero, acaso, también músico, buscando la vena del padre Luis García Parra que era violinista de circos, cines y parrandas. El, igualmente, pretendía atrapar el sonido con la misma gracia y sensibilidad de su padre. Más no con el violín. Prefería la guitarra, intermedio entre ese instrumento antiguo de Carmona y el cuatro criollo del llano.
Amores y bailes
MÁS DE AMÉRICO FERNÁNDEZ
Siempre Soto soñó con una guitarra hasta que al fin un día la tuvo, ya fuera de infancia, en Caracas, Maracaibo, París, donde había un sabio del instrumento, el maestro Lagoya, que tanto le enseñó y tanto quiso fuese como él. Pero Soto había nacido y crecía para ser pintor.
Un día Soto se dio cuenta que su infancia se le estaba quedando atrás. Fue cuando el amor rozó su piel impregnada de playa, llano y sol.
El amor le llegó temprano y temprano quiso deshacerse de él, obligado por quien tiene metas en dirección hacia otros horizontes. El amor primaveral, tierno y romántico, entre picoteos, excursiones y películas, lo sacudió, pero sin que pudiera alienarlo.
Soto era un joven de muchas horas de cine. Estaba exonerado de puerta gracias a que desde muy de madrugada, pintaba los carteles y cartelones anunciando la película del día.
Calzaba unas buenas horas de pista, bailando en cada fiesta de amigos. El baile era su pasión. Cualquier música contagiaba su ser, armonizaba sus pasos, un bolero, una rumba, una guaracha y hasta un foxtrot.
Llegada a Caracas
Pero un día de tanto pintar carteles, hasta 50 en una hora, de los cines Royal, América y Mundial, a alguien, aparte de sí mismo, se le ocurrió que debía ser pintor de verdad y le puso como único requisito una beca.
Entre Vicencio Pérez Soto y Mario Briceño Iragorri, habían pasado por esta Ciudad Bolívar casi un gobernador por cada año de su vida y él contaba diecinueve. El obispo, sin embargo, era el mismo llegado a la ciudad cuando él abría los ojos en el siempre animado puerto santanero, donde se había refugiado su familia agobiada de tanto llano.
Entre el obispo y el gobernador hubo acuerdo y el adolescente pudo distanciarse físicamente de la ciudad y el río y llegar a la ansiada Caracas que parecía abrir todas las posibilidades. Luego fue la ciudad del lago y finalmente París, capital de la cultura y el arte occidental. La ciudad que definitivamente le alumbró el camino, un camino, sin embargo, con rastros de azul y ocre, con intermitencias de moriche y luminoso rielar del Orinoco.
Allá se sembró, allí se quedó, lejos del Orinoco, muy cerca del Sena, que también riela como el río padre de todos los ríos de su tierra mestiza, de ese gran río del cual aprehendió las líneas que atraparon el tiempo y que también tiene sus agujeros negros donde quedó sepultado como enésima estrella del universo.