sábado, 30 de junio de 2012

La primera caricatura

El 18 de julio de 1925 el vespertino diario “El Luchador” de los hermanos Suegart publicó por primera vez en Guayana una caricatura periodística. La presenta en su portada como gran novedad y con el título de “Previsión genética”. La suscribe un caricaturista de nombre “Lag” inspirado en la caza del venado, abundante para entonces y hoy en situación de extinción, en los bosques de la región del Orinoco. La caricatura presenta la cornamenta de un venado, una joven de pie y sentado el señor de la casa ordenando: - Mire, Nena, quita inmediatamente ese colgador de allí porque hoy vienen varios amigos a visitarme. / - Y eso por qué, mi Negro? / -Porque son “Rápidos” y “Estáticos” y pueden caerle a tiros.

Un total de diez caricaturas aparecieron durante los meses de julio y agosto de 1925, unas firmadas por LAG y otras sin autor. El vespertino no fue muy adicto a esta experiencia. Es en su etapa final, ya bastante avanzado el siglo veinte, cuando el diario de los Suegart vuelve a la Caricatura. Esta vez a cargo de Luis Ortega (Wicho).

Pero la caricatura periodística sostenida y de mucha actualidad es la que inicia Ismael Morales Pérez el primero de diciembre de 1957 en el diario “El Bolivarense” y sostiene posteriormente en El Expreso, donde también por un tiempo Rosendo Magallanes se escapa del diseño creativo, del dibujo y la pintura, para incursionar en este género del periodismo.

Otros de los primeros caricaturistas de la prensa local han sido Marcos Carrasco, hijo de quien fue profesor y decano de la UDO, ingeniero Genaro Carrasco; el arquitecto Salgado, José Pulido y Víctor Medina, médico, poeta, cantante y pintor, quien firmaba sus caricaturas con el seudónimo de Medito.

En Ciudad Guayana, el periodismo estuvo ausente de este género expresivamente humorístico, hasta la aparición del “El Correo del Caroní” y su prohijado “El Pueblo”, en los que Víctor Reinales, crítico de excelentes trazos, publicaba “Poblachón”, “El Morrocoy” y ocasionalmente en la Página Deportiva del Correo caricaturizaba algunos temas firmados por “Puñal”. Actualmente publica caricaturas diarias a todo color firmadas por Darwin que compiten en ingenio y humor con los notables de los grandes rotativos.

De los primeros caricaturistas, vale decir, los pioneros, el que se mantiene aún, es Ismael Morales Pérez, quien además de caricaturista es periodista licenciado en Comunicación Social en la UCV. Actualmente trabaja simultáneamente la caricatura y el periodismo radial. En junio 2011, obtuvo al mismo tiempo el Premio de Periodismo Regional Andrés Roderick y el Premio Municipal J. M. Gómez Rengel.

Morales entró con sus caricaturas “Cartones de Morales” en el periodismo cuando Brígido Natera Ricci fundó el diario “El Bolivarense” en diciembre de 1957. Los clisés había que hacerlos en el diario “Antorcha” de El Tigre (1969).

Caricaturas de Morales han sido reproducidas por revistas como “Voz y Camino” dirigida por el ex presidente de la República, Luis Herrera Campins, y ha tenido coincidencias temáticas y de leyendas el mismo día con caricaturas de los grandes como Zapata. Morales en sus conversaciones suele recordar esta referente a la muerte de Ramiro Finol, el inventor de la tinta indeleble utilizada por primera vez en unas elecciones: “Murió Ramiro, pero nos dejó su huella indeleble”.

Parejo con la caricatura llegó a los periódicos de Ciudad Bolívar la fotografía y paulatinamente el reportero gráfico. En el principio de la gráfica periodística en Guayana, los medios impresos sólo utilizaban adornos como rayas, bigotes, viñetas y letras mayúsculas con creaciones como árboles o flores, al igual que en el resto de Venezuela.

viernes, 29 de junio de 2012

Primeros Premios de Periodismo

Los actuales premios de periodismo en el estado Bolívar comenzaron a instalarse a partir del  24 de octubre de 1958, con motivo del aniversario de la Gaceta de Caracas y día del Periodista y del Trabajador Gráfico.

La iniciativa partió de la Asociación Venezolana de Periodistas cuando interesó al Concejo Municipal de Heres, bajo la presidencia del doctor J. M. Gómez Rengel, quien tenía como secretario al periodista Lorenzo Vargas Mendoza. Gómez Rengel había sido uno de los fundadores de la revista “Oriflama” sobre la cual, Manuel Alfredo Rodríguez escribió un libro para resaltar su importancia histórica dentro del movimiento estudiantil en la época del dictador Juan Vicente Gómez.

El Premio Municipal de Periodismo se instituyó  para distinguir al mejor reportero y columnista así como al medio impreso del año y se otorgó por primera vez en octubre del año siguiente  con el nombre del doctor J. M. Gómez Rengel, quien había fallecido tres meses antes, es decir, en junio de ese año. El jurado otorgó el premio por primera vez al reportero de El Bolivarense, Joaquín Latorraca, Ramón Aray como columnista, y diario El Luchador y la revista “Demos” dirigida como las mejores publicaciones del año.

En 1960 el gobernador Diego Heredia Hernández decretó dos becas el Día del Periodista de Bs. 400 cada una para ser otorgada por la directiva de la AVP a aquello bachilleres deseosos de seguir la carrera de periodismo. Una de esas becas fue otorgada por la AVP a Francisco Salazar, quien una vez licenciado fue absorbido por la Orinoco Mining Company.

El Premio Regional “Andrés Roderick”, consistente en Diploma y mil bolívares, lo creó el Ejecutivo del Estado en 1962 y fue otorgado al periodista y corresponsal de El Bolivarense en la zona del hierro, Eduardo Santana (en la foto con Díaz Rangel). Por primera vez también en 1962, el gremio de periodistas, entonces con el nombre de la AVP, designó Reina de la Prensa a Ghislaine Latorraca, para realzar los actos programados.

Los periodistas y medios que posteriormente se hicieron merecedores tanto del Premio Municipal como Estadal, fueron, en 1963, José Luis Mendoza, corresponsal de El Nacional, Premio Andrés Roderick y Eduardo Santana, Premio Municipal “J.M. Gómez Rengel como mejor reportero. Américo Fernández, mejor columnista y El Bolivarense, mejor periódico.

En 1964, Rafael Durán Rondón, premio estadal y municipal como mejor columnista; Joaquín Latorraca (mejor reportero) y Radioperiódico “El Correo de Guayana” trasmitido por Radio Bolívar.

En 1965, José Luis Mendoza, corresponsal de “El Nacional” volvió a ganar el Premio Estadal de Periodismo “Andrés Roderick”. Américo Fernández recibió el “accesit” a este Premio. Los Municipales fueron declarados desiertos.

En 1966, Américo Fernández, ganó por primera vez el Andrés Roderick y un accesit fue otorgado al periodista Fernando Reyes Maita. Los municipales otorgados a Ernesto Bello Bilancieri como mejor columnista y José Manuel Rojas como reportero.

En 1967, el Premio estadal lo recibió el licenciado Leopoldo Villalobos, redactor de la Revista “El Minero”; Américo Fernández, recibió el municipal correspondiente al mejor reportero y el Radio-periódico de la “Ecos del Orinoco” como la mejor publicación. El fotógrafo Nino Marchese también fue premiado varias veces por su labor gráfica.

Ese mismo año de 1967, la AVP Seccional, autorizó a un grupo de sus miembros residentes en Puerto Ordaz y San Félix para que constituyesen la Sub seccional Santo Tomé de Guayana

Entre las reinas que tuvo el gremio de periodistas después de Ghislaine, destacan Margarita Soto, electa en 1963 e Irma Avila electa públicamente en la Concha Acústica “Leonardo Ruiz Pineda”. Desde entonces el gremio no ha elegido

jueves, 28 de junio de 2012

Un peso costaba el Correo


Hace 194 años salió de la calle La Muralla el primer número del “Correo del Orinoco”, el celebérrimo hebdomadario que el Libertador utilizó como arma complementaria de la guerra que libraba contra el absolutismo realista del imperio español para solventar nuestra soberanía.

Era, obviamente, un-periódico muy distinto al de nuestros días. Algo así en su formato como un tabloide a dos columnas anchas y titulares formales que no pasaban de diez y seis puntos. Costaba, mensualmente, un peso pagado por adelantado para los lectores de Angostura, y la gente del interior debía hacer la suscripción por un lapso de tres meses y pagar treinta reales. Había, por supuesto, correo de posta, marítimo o fluvial para el envío.

Los suscriptores de Angostura eran, en este caso, privilegiados, pues recibían el Correo antes de que se diera al pregón, por lo menos así consta en un aviso de la última página del primer número.

Las suscripciones se hacían en la casa de la Capitanía de Puerto y los comerciantes y personas interesadas en publicar avisos en el “Correo del Orinoco”, debían remitirlos a más tardar la víspera de la publicación, es decir, el viernes, puesto que salía los días sábados. La imprenta operada por Andrés Roderick, tenía su oficina de recepción de avisos en la casa del alcalde provincial, José Luis Cornieles, inmediata al parque de Artillería, donde también se editaba el periódico.

El primer comerciante en publicar un aviso en el “Correo del Orinoco” fue el ciudadano Falconer, un sillero que tenía su taller en el sótano de la casa del almirantazgo, El aviso decía textualmente: “El ciudadano Falconer, sillero, que vive bajo el almirantazgo, desea encontrar para comprar una cantidad de Serda. Se pagará a buen precio la de buena calidad. Angostura. junio 27 de 1818”.

Además de la “Washington Press”, donde se editaba el “Correo del Orinoco”, el Libertador tenía en proyecto establecer otras imprentas y con tal fin determinó que se instruyeran jóvenes que supieran leer y escribir correctamente, en los talleres del Correo. Los tres primeros jóvenes que aprendieron el arte de la imprenta en Angostura fueron Tomás Taverner, Juan José Pérez y José Santos.

Una segunda imprenta fue comprada en Filadelfia por el Gobierno Supremo, y llegó a Angostura en enero de 1821, pero el Gobierno ordenó a Roderick trasladarse con ella a Cúcuta. Sin embargo, esta prensa no llegó a su destino sino que se quedó en Maracaibo y allí Roderick editó el “Correo del Zulia”.

Cuando Roderick marchaba a Cúcuta dejó la impresión del “Correo del Orinoco” a Tomás Bradshaw quien trasladó los talleres a la casa donde se reunió el Congreso de Angostura (enero de 1821). Por cierto que Roderick, antes de marcharse, publicó en la edición 92 del “Correo del Orinoco”, un aviso suplicando a sus deudores “le sirvan liquidar y satisfacerle sus cuentas, esperando que aquellos cuyas suscripciones, aun no concluidas, acudan a su casa a recibir el sobrante”.

El nuevo impresor Bradshaw además de cambiar el taller, cambió los precios del periódico tratando de alcanzar al mayor número de lectores. Pretendía “una circulación más general, haciendo llegar a manos de muchos ciudadanos que, aunque interesados en su lectura, no se hallan en posibilidad de satisfacer precios muy subidos, ha determinado reducirlos, de este modo. Los suscriptores pagarán al año seis pesos, entregando la mitad en el acto de la suscripción. Los números sueltos se venderán a real y medio. Los avisos, invitaciones, se imprimirán con equidad, elegancia y la prontitud que se exija, pues la imprenta va a recibir nuevos aumentos y mejoras”.

miércoles, 27 de junio de 2012

Impresor Andrés Roderick

La presencia de Andrés Roderick en la Angostura del Orinoco inauguró una nueva etapa de la imprenta y el periodismo en Venezuela.

El impresor inglés, contratado por el Gobierno Supremo. con una prensa marca “Washington” procedente de Trinidad, llegó a la Angostura en octubre de 1817 a bordo de la goleta María y se instaló y comenzó a operar ese mismo años en la casa del canario José Luis Cornieles, calle La Muralla.

La prensa llegó dotada de tipos sueltos con fuentes long primer y small pica, sus respectivas itálicas y letras blancas para títulos y epígrafes. El impresor, Andrés Roderick, fue contratado con un sueldo 50 pesos mensuales desde el 15 de octubre de 1817.

El trabajo de Roderick al comienzo se limitaba a imprimir Boletines, Bandos, Membretes, Decretos, Ordenanzas, Leyes, Resoluciones y otros impresos, para lo que debió tomar previsiones entrenando ayudantes como Tomás Taverner, Juan José Pérez y José Santos e interesando en el oficio a jóvenes que supieran leer y escribir.

Pero más que eso, la tarea principal de Andrés Roderick tenía que ser la de imprimir para su salida todos los sábados un semanario que sirviera de oposición a la Gaceta de Caracas, órgano de los realistas, y a la vez sirviera también para divulgar las ideas que animaban la revolución republicana,

Con este periódico, el Correo del Orinoco, que comenzó a editarse desde el 27 de junio de 1818, el impresor del gobierno Supremo, redobló su trabajo. Inicialmente el semanario constaba de cuatro páginas, texto 18x26 centímetros escritos a dos columnas hasta el Nº 11 y a 3 columnas en adelante. La suscripción costaba un peso por tres meses para las provincias. Esto hasta la edición 91 en que el impresor Tomás Bradshaw, sustituto de Roderick, tratando de aumentar la circulación lo puso a real y medio al pregón y a seis pesos la suscripción anual.

Roderick dirigió el Taller hasta enero de 1821 cuando recibió orden superior de trasladarse a Cúcuta, capital del Gobierno de Colombia. Dejó la impresión del periódico en manos de Tomás Bradshaw, quien trasladó el Taller a la casa del Congreso de Angostura. Luego en abril del mismo año y desde el Nº 100 el taller de impresión del periódico quedó bajo la responsabilidad de William Burrel Stewart, quien lo cerró con la edición 128 del 23 de marzo de 1822, prácticamente al término de la gestión del coronel José Ucroz, gobernador de la provincia de Guayana.

El Gobierno ordenó el traslado de la prensa a Cúcuta, pero los angostureños se movilizaron y evitaron que esto ocurriese. Fue entonces cuando se ordenó la compra de una segunda prensa en Filadelfia que tan pronto llegó, el Gobierno ordenó a Roderick trasladarse con ella a Cúcuta. Sin embargo, esta prensa no llegó a su destino sino que se quedó de tránsito en Maracaibo, donde fue hábilmente aprovechada por Monseñor Mariano Talavera y Garcés para editar El Correo Nacional, semanario que circuló hasta el 10 de noviembre de 1821

Andrés Roderick, optó por quedarse en Maracaibo aprovechando que esta provincia había proclamado su independencia y por otra parte, porque eran serias las dificultades para seguir cargando hasta Cúcuta con la pesada máquina tipográfica.

Así que en ella Maracaibo editó su primer periódico, pero en 1824, Andrés Roderick abandonó la tipografía y se asoció al colombiano José Padilla en un negocio panadero. En 1828 se marchó a Bogotá donde lo aguardaba con mejores perspectivas la tipografía de Zoilo Salazar. Permaneció en la capital colombiana hasta el día de su muerte ocurrida en abril de 1864.

martes, 26 de junio de 2012

Cap. del Orinoco, Neruda y Allende

Pablo Neruda hizo lo mismo que Julio Verne y Rómulo Gallegos, escribió sobre el Orinoco sin haberlo visto. Verne sólo tuvo conocimiento del río a través de las publicaciones de Jean Chaffanjon para escribir su novela “El Soberbio Orinoco” y Rómulo Gallegos, sin haber navegado el estuario del Orinoco, escribió en Canaima un pórtico impresionante. Neruda visitó Ciudad Bolívar en 1959, después que escribió sobre el Río Padre seguramente motivado por las lecturas. Lo que le contó el oficial de la marina mercante, Abraham Pérez Camejo (en la foto), cuando lo conoció en Chile junto con Salvador Allende en plena campaña presidencial sólo ratificó lo que ya había poetizado.

Abraham Pérez Camejo, titular de la Capitanía de Puerto de Ciudad Bolívar, me contó hallarse a fines de agosto de 1970 en Antofagasta y se vio obligado a volar a Santiago de Chile a fin de arreglar ciertos papeles. Por la tarde, sorpresivamente, fue invitado por estudiantes de derecho al Pen Club donde Salvador Allende, aspirante a la Presidencia de Chile, acompañado del poeta Pablo Neruda, tendría un encuentro. Le entusiasmó la invitación y de repente en la reunión se lo presentaron y conversó tanto con Allende como con el poeta al que conocía por uno de sus poemas que frecuentemente recitaba:

“Amo el amor de los marineros / que besan y se van / Amor que puede ser eterno y puede ser fugaz / En cada puerto una mujer espera / los marineros besan y se van / Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar”.

Lo cierto es que en la fugaz conversación salió el Orinoco que el poeta conoció en 1959, pero que ya había escrito sobre el mismo en 1938 cuando comenzó a preparar su décimo libro “Canto General” publicado en México en 1950.

Luego de ese afortunado acontecimiento, el capitán Pérez Camejo se hallaba a bordo de la motonave “Donizzetti”, navegando entre Arica y el Callao cuando el 4 de septiembre de ese año se enteró a través del cable internacional de la victoria del socialista Salvador Allende. Entonces le puso este telegrama: “Al felicitarle muy calurosamente en mi nombre, en el de los marinos venezolanos y en general del pueblo de Venezuela, por triunfo merecido, le deseo total éxito en su delicado cargo, ya que Chile, esa nación forjadora de libertades y ejemplo de civismo en América, ha demostrado de nuevo que todo se puede hacer en un régimen de libertad como lo quisieron nuestros Libertadores. Atentamente, Capitán Abraham Pérez Camejo, Presidente UNPO (Unión Nacional de Pilotos oficiales” Caracas, Venezuela”.

El día 15 del mismo mes y año, recibió este telegrama de respuesta del Dr. Allende: “Santiago. Chile-15-09-70 10:00 hs. G.M.T. Capitán Abraham Pérez Camejo -Presidente UNPO- Caracas. Venezuela -A bordo M/N “Donizetti”. Al darle las gracias en nombre del Pueblo Chileno que con sus votos me llevó a la Presidencia de la República, le garantizo que los lazos de amistad entre mi Pueblo y su Pueblo y los Pueblos libres del mundo se harán más fuertes para beneficio de la humanidad. Atentamente, Salvador Allende”.

A los tres años exactamente, Pérez Camejo, hallándose en la Escuela de Estudios Superiores de la Marina Mercante fue impactado con la muerte sangrienta de Allende. Entonces conmocionado, escribió: “General Augusto Pinochet Santiago, Chile. Desconozco la situación y los motivos que tuvo usted para eliminar al Presidente Allende y a la libertad chilena, pero sí le pronostico que su patria y toda América lo recordarán como al moderno Judas que traicionó a su Maestro”.

lunes, 25 de junio de 2012

Primer vicario apostólico de Caroní


 
El primero de julio de 1924, el primer vicario apostólico del Caroní tras la restauración de las Misiones, monseñor Diego Alonso Nistal (en la foto), hizo su entrada en Upata, sede oficial, e inmediatamente emprendió gira por todo el territorio misional, acompañado del padre Crisóstomo de Bustamante, Superior Regular, y fray Darío Renedo.

En 1925 fundó el primer centro misional en Araguaimujo, el cual puso a cargo del padre Santo de Abelgas llamado “apóstol de los guaraunos” y así fue acentuando su labor tanto en el Delta como en el Caroní. De igual manera, con ayuda del Ministerio de Relaciones Interiores, desalojó a los misioneros protestantes de la Guayana Inglesa que habían invadido pacíficamente una franja de terreno venezolano de 22 mil kilómetros cuadrados, desde el paralelo 6, a partir de las cabeceras del Aponwao en Lema, siguiendo su curso, y el del Akaruai hasta llegar a la frontera con Brasil hacia el nacimiento de Ikabarú.

También en el cerro Akurimá habían establecido un poblado con escuela y capilla los misioneros adventistas y aquí, precisamente, después de haber sido desalojados por los comisionados de fronteras general Montes de Oca y Lucas Fernández Peña, los misioneros Nicolás de Cármenes y Maximino de Castrillo con el hermano fray Gabino de San Román fundaron la Misión de Santa Elena de Uairén, originalmente con el nombre de San Francisco de Akurimá, por instrucción de monseñor Nistal y el padre Ceferino de Aldea, quien era el Superior Regular; esto a partir del 2 de febrero de 1931 cuando fue tomada en reunión de consejeros y consultores, la decisión de comenzar a fundar centros misionales en la altiplanicie.

En 1938, monseñor Nistal debió viajar a Caracas procurando tratamiento para un mal que lo aquejaba, pero murió tras una operación por obstrucción intestinal el 23 de mayo de ese año. Fue sepultado en la iglesia Las Mercedes de los padres Capuchinos de Caracas, en la que había sido consagrado obispo el primero de mayo de 1924. El padre Ceferino de La Aldea pasó a ser entonces vicario apostólico del Caroní con su legítimo nombre de Constantino Gómez Villa, tío de monseñor Samuel Gómez Pinto, quien llegó a ser vicario de la arquidiócesis de Ciudad Bolívar.

La restauración de las Misiones de Caroní venía andando desde 1918 que el gobierno de Juan Vicente Gómez, acogió una propuesta de los Capuchinos y dos miembros de esa orden, Arcángel de Valdavida y Bienvenido Crucero (monseñor Diego Alonso Nistal). Estos sacerdotes recorrieron las antiguas instalaciones de las Misiones en Guayana y el Delta del Orinoco para a partir de sus observaciones materializar un convenio, el cual y previa autorización del Congreso Nacional, fue suscrito el 21 de febrero de 1922, entre Fray Félix de Vegamián, superior de la orden de capuchinos en Venezuela y el Ministerio de Relaciones Interiores. La firma de este convenio dio lugar a la erección canónica del Vicariato Apostólico del Caroní el 4 de marzo de ese mismo año 1922, por el Papa Pío XI, con la finalidad prioritaria de evangelizar a los indígenas.

En Guayana se le asignó a los capuchinos un territorio desde la Gran Sabana hasta el Delta pasando por las parroquias de Upata, El Palmar, Guasipati, Tumeremo, El Callao y San Félix, pero el 30 de julio de 1954 fue creado el Vicariato Apostólico de Tucupita, por lo que las Misiones del Caroní, quedaron reducidas a 88 mil kilómetros cuadrados de la hoya hidrográfica Caroní-Paragua, con una población de 20 mil habitantes aproximadamente, distribuida en grupos de la familia pemón (arekuna, kamaracoto, taurepan) y caribes, todos emparentados.

domingo, 24 de junio de 2012

De Angostura a Carabobo


 
Con este gran suceso dado cerca de la ciudad de Valencia, se coronó la tercera fase de la República iniciada en Guayana en 1817 y que permitió a Bolívar nuevas lides hasta el templo del sol.

Cuando el 24 de junio de 1821 se dio la Batalla de Carabobo que confirmó el nacimiento de la República de Colombia decretado por el Congreso de Angostura el 17 de diciembre de 1819, la capital de la Provincia de Guayana continuaba ostentando, aunque de manera provisional, la jerarquía de Capital del territorio nacional.

La tercera y última fase de la guerra republicana había comenzado en Guayana con la Batalla de San Félix, de la cual el general Manuel Piar salió victorioso frente al ejército de Miguel de la Torre el 11 de abril de 1817 y concluyó con la Batalla de Carabobo frente al recompuesto ejército del mismo brigadier, a quien el Pacificador Morillo había dejado encargado de los negocios de la guerra luego de los Tratados de Armisticio General y Regularización de la guerra ratificado en diciembre de 1820 con la entrevista en Santa Ana (Trujillo) entre Bolívar y Morillo.

A las 8:00 de la mañana del 4 de abril el vicepresidente de Venezuela con residencia en Angostura, recibe orden del Libertador de reanudar las hostilidades el 28 en virtud de haberse vencido el Tratado de Armisticio.

Antes del 23 de marzo, desde Caracas, el Brigadier Miguel de la Torre había lanzado una proclama a sus soldados expresando que “después de cuatro meses de Armisticio que debió terminar la Paz, y en medio de las más religiosa observancia de su tratado por nuestra parte, el General Bolívar, pendientes negociaciones a que él mismo se había invitado, se desentiende repentinamente de ellas, y me intima la continuación de la guerra, o la concesión de pretensiones que él sabe no están en mis facultades. Repetidas infracciones del Armisticio por su parte habían sido olvidadas por mi en consideración a concluir esta paz tan necesaria: pero él no quiere y llama a nuevos males a su patria”. Sin embargo Bolívar proclama el 27 de abril desde el Cuartel General en Barinas su verdad: “Soldados: La paz debió ser el fruto del Armisticio que va a romperse, pero la España ha visto con indolencia los horrorosos tormentos que padecemos por su culpa. Las reliquias del Poder Español en Colombia no pueden medirse con la fuerza de veinticinco provincias que habéis arrancado del cautiverio. Colombia espera de vosotros el complemento de la emancipación, pero espera aun más, y os exige imperiosamente que en medio de vuestras victorias seáis religiosos en llenar los deberes de nuestra Santa Guerra”.

La batalla post Armisticio se dio el 24 de junio de 1821 y un mes después de ocurrida, los habitantes de Angostura, se enteraron de este gran suceso a través de una edición extraordinaria del Correo del Orinoco el miércoles 25 de julio. Las noticias oficiales llegaron a las nueve de la noche del día 24 y a esa hora le fue entregada al impresor W. Burrel Steward para la edición que amaneció en la calle del día siguiente redactada en español, inglés y francés. Aquella batalla era tan decisiva que merecía esa edición contentiva del Parte del Libertador al Congreso de Angostura desde el Cuartel General de Valencia. El formato distinto al de la gazeta ordinaria, impresa por una sola cara, era de 51x24.5 cm. y comenzaba con este escueto e impactante párrafo: “Excmo Sr: Ayer se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento de la República de Colombia

sábado, 23 de junio de 2012

Club de fluxes Paris City


El 23 de noviembre de 1940, la prensa local publica el anuncio sobre un novedoso club de fluxes “Paris City”, invento del diplomado José Rosario Pérez (en la foto) para insuflarle movimiento a su sastrería de la calle Venezuela 21 conectada por el teléfono 515, frente a la competencia que era fuerte con los Ortiz y la Sastrería La Guayanesa de Víctor Inojosa. La novedad del Club multiplicó la clientela porque los socios o clientes fijos quedaban privilegiados con facilidades de pago. José Rosario Pérez se hizo popular gracias a su invención que nunca pudo entender la lógica idiomática de algunos políglotas del patio que decía que en vez de “Paris City” tenía que ser “Ville Paris” o “Cité Paris”, a lo que el Negro Ortiz respondía que tal expresión obedecía a que José Rosario Pérez procedía de un pueblito petrolero de El Tigre donde había muchos norteamericanos. Pero lo de Paris era porque José Rosario Pérez a quien todos los bolivarenses terminaron apodando “Paris City”, era muy aficionado a la moda parisina y también porque en Ciudad Bolívar la colonia corsa-francesa era muy fuerte y adinerada.

Lo cierto es que “Paris City” terminó cortando los trajes de Horacio Cabrera Sifontes, que hablaba inglés y francés y de Carlos Palazzi que llevaba el idioma en sus genes y cuando ambos en 1958 llegaron al Poder, a Paris City lo hicieron Prefecto de Ciudad Piar y en ese campo obrero duró cinco años como tal y allá se casó su nieta Thamar con el pianista Carlos Rojas y su hijo homónimo José Rosario Pérez encontró el camino de las artes plásticas.

Cuando falleció su hijo José Rosario Pérez heredó la casa de la Calle Venezuela. Allá lo encontré un día desaforado pintando no en un caballete como solía hacerlo su pana José Martínez Barrios, sino sobre el piso con música clásica a todo volumen. Entonces me regaló esa foto de su padre a quien conocí siguiendo los pasos de Jóvito. Era un cuadro expresionista y en esa misma onda estaba su otro pana Luis Carlos Obregón a quien su madre salía todas las mañanas por las calles de la ciudad preguntando por su paradero.

José Rosario Pérez en los años 70 dejó atrás el expresionismo atraído por la obra de Soto que durante ese tiempo visitaba con frecuencia la ciudad empeñado en crear un Museo de Arte Moderno con la pinacoteca que tenía en Paris, producto del canje de su obra con la de otros artistas de la misma tendencia. Asimismo se sentía imantado por la obra de Alejandro Otero, con quien trabajó en su taller de Caracas.

Lo atrajo la abstracción geométrica, pero en el plano estructural. Así empezó por incursionar en la madera trabajando las posibilidades del cuadrado sólido repetido en serie habiendo estudiado previamente el cuadrado cromático de Albers y el cuadrado blanco sobre cuadrado blanco de Malevich El cuadrado de Pérez se presenta sólido, puramente blanco en serie y en forma estructural sobre el plano dando sensación de tranquilidad e interferencia a la vez. Luego dejó atrás la madera para probar con algo más recio y duro como su voluntad: el hierro, el fuego. Con razón alguna vez el poeta Rafael Pineda lo llamó “el Vulcano de Ciudad Bolívar”, en alusión al dios de la mitología romana. Cuando lo visité últimamente para llevarle un calendario que le enviaba Régulo Pérez, recordó la música de sus primeros tiempos y me recalcó que por su vena artística pasaba la sangre de su padre quien también era un artista de la costura.


Jose Rosario Perez, EL unico hijo de Magedalena de Perez, mi querida y recordada abuela mamanena, la abuela de todos los niños que a ella se acercaban, con un inmenso corazon que no entiendo como cabia en su pecho. Me contaba mamamena, llan...era que acompaño a su esposo ejn las montoneras del General Gomez, ayudando a las enfermeras que formaban parte de esos ejercitos. recuerdo que en una visita de su compadre el mismisimo general Gomez, a Ciudad Bolivar, ella converso con el y este le otortgo una beca a mi tio Jose Rosario para que estudiara sastreria. lo que no recuerdo si fue en Paris o Martinica. En ciudad Bolivar la abuela era propietaria de unos inmensos terenos conocidos como el Eden, y segun cuentan los perdio Jose Rosario en una partida de gallos a la cual era un arficionado. Mi tio, Jose Rosario, mi abuela amamnena, fueron seres muy especiales y les recuerdo con especial cariño

viernes, 22 de junio de 2012

Fray Andrés: 60 años de sacerdocio

La comunidad de la Parroquia Vista Hermosa se dispone hoy a celebrar los sesena años de sacerdocio de Fray Andrés Hermida Miguelez, fundador de la parroquia San Francisco de Asís, de la Capilla de Negro Primero y del colegio San Francisco de Asís que sirve a una matrícula de 600 alumnos desde el pre-escolar hasta el quinto año de secundaria.

Hace 60 años -el 22 de junio de 1952- el fraile Andrés recibió la ordenación sacerdotal, de manos del cardenal Quiroga Palacios, en la basílica de Santiago de Compostela, conjuntamente con fray Pedro Paz Carro, fray José Dopacio y fray Feliciano Gómez, quien vive actualmente en Muros Provincia de Coruña (España). Siete días después celebró su primera eucaristía en la iglesia parroquial de su pueblo natal, Santa María de Ventosa.

Tras una dura travesía de 18 días, desde Vigo, en la nave italiana “Franca C” llegó por primera vez a tierras venezolanas (20 de mayo de 1954) cargado de vasos sagrados, libros, imágenes y todo lo necesario para fundar la comunidad franciscana en Venezuela a partir de Ciudad Bolívar donde estuvo en tiempos de la Colonia hasta desaparecer en la época de Centurión. El Convento de los Padres Franciscanos existió primero en los Castillos de Guayana la Vieja y finalmente en lo que es hoy le Plaza Centurión de Ciudad Bolívar.

El 20 de junio de 1954 fue recibido por el obispo Juan José Bernal con el cargo de vicario cooperador de la parroquia del Sagrario de la Catedral. Antes de radicarse definitivamente en Ciudad Bolívar hizo pasantía por el Tigre, El Tigrito, el colegio La Salle de Sebucán, en Santa Clara de Choroní y en enero de 1957 fue asignado al sector de Vista Hermosa donde se encontró con fray Victoriano Castro y fray José Dopacio.

A solicitud de monseñor Juan José Bernal, de fundar la parroquia y un colegio, se dan los inicio de construcción, primero se comienzan con la parroquia San Francisco de Asís y es nombrado a fray Jesús López como primer párroco quien ejerció el cargo por unos meses, toda vez que fue trasladado a la vecina población de Soledad del estado Anzoátegui en calidad de párroco. Es así como Fray Andrés Hermida es nombrado Párroco de la Parroquia San Francisco de Asís. Luego, ayudado económicamente por la provincia de los frailes franciscanos de Galicia y otros amigos, se da la construcción del colegio San Francisco y en septiembre de 1957 se inician las actividades escolares. Su primer director fue fray José Dopacio, mietras fray Andrés Hermida pasó como docente del 6to grado. Años más tarde le correspondería asumir el cargo de párroco y director del colegio en una longeva labor digna del mayor encomio.

En 1958 fundó la III Orden Franciscana Seglar y el movimiento apostólico Acción Católica. De suerte que su desempeño incansable le permitió realizar las gestiones para la construcción de la actual casa parroquial, proceso que inició el 9 de octubre de 1960. Posteriormente el 7 de enero de 1963, actuando como representante legal de la Asociación Civil San Francisco de Asís, legalizó la obtención del terreno, el cual fue donado por la maestra y poetiza Anita Ramírez.

Amor, perseverancia, dedicación, sencillez y humildad son las cualidades que definen la labor apostólica y misionera que fray Andrés Hermida Miguelez ha desarrollado durante 60 años de vida consagrada por entero a Dios y a sus semejantes, a ejemplo de San Francisco de Asís.    

Apenas dos años de servicio entregó a su tierra natal y 58 años a la que adoptó para siempre.

jueves, 21 de junio de 2012

La marina Mercante

El 21 de junio de 1958 se realizó en Caracas la I Convención Nacional de Oficiales de la Marina Mercante y allí se seleccionó el 21 de junio como su día. Sin embargo no fue hasta agosto de 1966 cuando se publicó en Gaceta Oficial.

Una de las pocas naciones que no celebra el 3 de septiembre, el día internacional de la Marina Mercante, es Venezuela, en esa fecha se rinde homenaje a las vidas de tripulantes y pasajeros fallecidos en el primer ataque de submarino sufrido por el vapor RMS Athenia por parte de la armada alemana en 1939.

La Marina Mercante Venezolana agrupa a los oficiales formados anteriormente como licenciados en Ciencias Náuticas y los actuales Ingenieros Marítimos. La carrera mercante consta de dos menciones (Navegación y Máquinas), cada una de la cual dará una función determinada al oficial cuando esté a bordo de cada buque o barco procedente de diques y astilleros del mundo.

Constituye la Marina Mercante los buques, puertos, empresas navieras, gente de mar y actividades conexas que permiten la realización del Transporte Marítimo y fluvial de cargas y pasajeros.

Los miembros de la Marina Mercante Venezolana se preparaban antiguamente en la Escuela Náutica de Catia Lamar y actualmente en la Universidad del Caribe que funciona en la misma escuela. De esta universidad salen los oficiales de cubierta, oficiales de máquina y oficiales de comunicación luego de cinco años de estudios.

La Capitanía de Puerto siempre ha existido en Ciudad Bolívar, específicamente desde 1818 cuando la desempeñó el prócer José Tomás Machado. Pero la Escuela para formación de oficiales en Venezuela data de 1958. En la Capitanía de Puerto de Ciudad Bolívar hemos conocido al capitán costanero-Abraham Pérez Camejo; capitán de Navío Jorge Luis Salazar, capitán de altura Andrés Patiño Mata.

En Ciudad Bolívar existió una Escuela de Pilotaje creada en tiempos de Abraham Pérez Camejo, que era un capitán venido de Maracaibo, bastante activo e innovador. De él fue alumno aprovechado Jorge Luis Moreno Sarmiento, piloto mayor, segundo de a bordo de la Capitanía de Ciudad Bolívar. Él es bolivarense egresado de la Escuela de Pilotaje del Orinoco, fundada por Pérez Camejo con el respaldo de Leopoldo Sucre Figarella cuando era ministro de la CVG.

Se trataba de un proyecto que le llevó a Sucre Figarella en 1975. A esa escuela ingresaron 30 alumnos y se graduaron 26 al cabo de dos años

Jorge Luis Moreno estuvo como piloto práctico desde enero de 1980. Su primer barco piloteado fue el “Sandy cape”. Ese barco tenía que salir hacia Maracaibo con materiales de las empresas básicas. Recorrió 195 millas sin novedad. Fue su primera prueba de fuego. Y la prueba de fuego de los egresados de esa escuela fue sacar 18 barcos demorados, desde la barra del Orinoco hacia los muelles de Matanzas, a raíz de una huelga de pilotos.

Pérez Camejo fue el primer presidente de la Unión Nacional de Pilotos Oficiales de la Marina Mercante. Llegó a Bolívar en los años 70 y aquí se quedó hasta su muerte casado con una guayanesa. Es el destino irremisible de quien se come la cabeza de la zapoara. Jorge Luis Moreno no tuvo necesidad de hacerlo porque es nativo y además de zapoara come curbinata, coporo y blanco pobre. Lo malo fue que lo atracaron, no en alta mar como acostumbran los piratas, sino en tierra para despojarlo de su camioneta. Puso resistencia y lo dejaron en muletas. De suerte que siempre perdió o vendió la camioneta para cubrir los gastos de la clínica.

miércoles, 20 de junio de 2012

Año Nuevo Institucional

El primero de enero de 1935, como todos los años desde tiempos  muy atrás, se inició en Ciudad Bolívar el Año Nuevo Institucional, es decir, de los eventos relativos a las instalaciones y elecciones de las directivas de la Asamblea Legislativa y Concejos Municipales.  Tradicional era además iniciar el Año Nuevo con retreta en la Plaza Bolívar y Tedeum en la Catedral.
            1935 era el último año del período constitucional y el Concejo Municipal de Heres se instaló a las 9 de la mañana bajo la presidencia del doctor J. M. Agosto Méndez (en la foto).  Primero y segundo vicepresidentes, los doctores Adán Blanco Ledesma y Carlos Emiliano Salom.  Síndico, Antonio Valera Villalobos y Secretario, Luis Sucre.
            El mismo Agosto Méndez, una hora después, resultó electo Presidente de la Asamblea Legislativa.  Primer y segundo vicepresidentes: Presbítero J. M. Guevara Carrera y el doctor Adán Blanco Ledesma.  Secretario, coronel L. J. Arreaza Monagas.
            Como apreciamos, entonces no era incompatible la Presidencia simultánea de la Municipalidad y de la Asamblea Legislativa.  Tampoco el sacerdocio con la vida política parlamentaria y un Coronel activo podía muy bien ser Secretario de la Legislatura.  Todo parecía permisible durante el tiempo de Juan Vicente Gómez, quien despedía y recibía el año pasando revista al Ejército en el campo de aviación de Maracay.
            Ese año el Presidente Gómez decretó el proceso de modernización de la institución armada y medidas austeras para contrarrestar la crisis que a principios del año anterior había afectado la mayor parte de los negocios y frutos de exportación como el café, el cacao y la ganadería que constituían los elementos básicos de la economía venezolana.
            La alocución del Nuevo Año del Presidente de la República era sumamente breve.  No pasaba de tres cuartillas.  Lo mismo la del Presidente del Estado Bolívar que entonces era el doctor Antonio Álamo.  El reparto de juguetes se hacía el 6 de enero y todo era abundante, claro, el dólar se cotizaba a 3,93 bolívares; la libra esterlina a Bs. 19,50 y el franco francés a 26,20.
Una vez instalada la Asamblea Legislativa con nueva directiva, el Presidente del Estado doctor Antonio Alamo presentó su Mensaje y Memoria y Cuenta, destacando que en materia de puentes, carreteras y otras obras públicas, el Ejecutivo invirtió durante el año Bs. 147.237,81 distribuidos en la construcción de los puentes  sobre los ríos Guaimire, Caneyes, Caripito y Matacorumo.  Construcción de la carretera hasta El Dorado, refacción y decoración del Palacio de Gobierno, estudios preliminares para el nuevo Acueducto de Ciudad Bolívar, reconstrucción de la avenida 19 de Abril y parte de la 5 de Julio, prolongación del Paseo Falcón hasta el Dique por el sistema de concreto, obras que se inauguraron el 19 de diciembre último, aniversario de la Causa Rehabilitadora., vale decir, cumpleaños del ascenso del General Juan Vicente Gómez al Poder, tras desplazar a su compadre el General Cipriano Castro.
            Fue el último año de Antonio Álamo, pues el 17 de diciembre moriría Juan Vicente Gómez sacando de su quietismo político a los guayaneses que salieron a la calle a rescatar las libertades conculcadas por casi tres decenios.  Fueron líderes de aquél movimiento espontáneo que incluso ejerció presión para que el nuevo gobernador ya bajo la presidencia de Eleazar López Contreras fuera un bolivarense, Lucila Palacios, José María Escalante y Reinaldo Sánchez Gutiérrez, quien en uno de sus arengas dijo:  “Ha llegado al fin la aurora de la libertad por tanto tiempo esperada.  Casi treinta años de ominoso silencio negaron a la paria la debida libertad ciudadana conculcada por los usurpadores del poder…”. 

martes, 19 de junio de 2012

C.A. Teléfonos de Ciudad Bolívar

El 26 de abril de 1927, una nueva empresa telefónica, propiedad de  Juan José Gragirena, entró en franca y discutida competencia con la del empresario local Eugenio Berletta que ya ante la amenaza de competencia había ofrecido en venta su central telefónica que desde 1883 venía operando en Ciudad Bolívar, entonces el tercer puerto más importante del país y el primero del Orinoco

Ciertamente, en 1883, Ciudad Bolívar tuvo el privilegio de ponerse a la par de Caracas en el servicio telefónico, pues la American Electric and Manufacturig penetraba el mercado a través de la firma Felipe Grapulli y Eugenio Berletta.

En 1897 se constituyó la empresa Compañía de Teléfonos de Oriente con asiento en Ciudad Bolívar y la cual se extendía con dos ramales en el estado Bermúdez (Sucre), otros dos en Guanta y Puerto La Cruz y una oficina en Barcelona. Para entonces, Berletta había absorbido la totalidad de las acciones de la empresa y aparecía en un aviso permanente en la primera plana de El Anunciador, como propietario y director general de la compañía. Dicho aviso incluía el reglamento, condiciones en que se prestaba el servicio así como la tarifa, fijada en 16 bolívares mensuales.

Pero las empresas telefónicas de Eugenio Berletta se vieron de pronto amenazadas por la competencia de una nueva compañía anunciada por Juan José Gragirena, la cual comenzó a materializarse el 26 de abril de 1927 cuando a bordo del vapor Delta llegaron al puerto de la ciudad 200 postes, 20 cajas de aisladores y 70 rollos de cables. Seis meses después a bordo del mismo vapor y procedente de Estocolmo llegaba Clas Erikson, de la casa L. M. Erikson & Cía para montar la central telefónica moderna que se había propuesto Gragirena, con sistema de batería central.

Berletta entonces mantuvo un aviso en la prensa ofreciendo en venta su empresa al tiempo que reclamaba al Presidente de la República la indiferencia de las autoridades locales a sus quejas relativas a la empresa de Gragirena cuyos postes y tendidos afectaban a los de su compañía. Para el 24 de junio de 1928, Ciudad Bolívar tenía dos empresas telefónicas; la de Berletta y la de Gragirena. Al final habrá un arreglo y se fundará la Compañía Anónima Teléfonos de Ciudad Bolívar.

La compañía de  Ciudad Bolívar terminará absorbida por la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV) que comenzó a fundarse dos años después, es decir, el 20 de junio de 1930, cuando el comerciante Félix A. Guerrero, domiciliado en Caracas y dos socios, obtuvieron una concesión del Ministerio de Fomento para construir y explotar una red de telefonía en el Distrito Federal y los demás estados del país. La Cantv fue registrada con capital de 500.000 bolívares y para iniciar sus operaciones adquirió la totalidad de las acciones de la empresa Telephone And Electrical Appliances Company (TEAC) por la entonces increíble suma de 17.500.000 bolívares, debiendo obtener el financiamiento para esta espectacular operación mediante una emisión de acciones por dicho valor.

La compañía progresivamente fue adquiriendo diferentes empresas telefónicas particulares que funcionaban en todo el territorio nacional, entre ellas la de Ciudad Bolívar,  convirtiéndose en un monopolio, figura jurídica que no estaba prohibida en la legislación venezolana de ese tiempo. En 1953, por recomendación de una comisión designada al efecto, el Estado compró la totalidad de las acciones de Cantv e inició el proceso de nacionalización que concluye en 1973 con la adquisición de la última de las empresas de telefonía fija privada, ubicada en la ciudad de San Fernando de Apure.

lunes, 18 de junio de 2012

El impetuoso Nicolás Felizzola

El 6 de agosto de 1945, el arrebatado hacendado guariqueño, Nicolás Felizzola, disparó y dio muerte en el Mercado Público de Ciudad Bolívar, al tractorista Ramón Aurelio Borges, criado de Carlos Tinoco Rodil, presidente del estado. Fue una víctima más del llamado “Tigre de Matas Altas” en su cadena de riñas y desafíos a lo largo de aventuras por ciudades y caminos donde nunca faltaron el vino, el juego y las mujeres.

Felizzola, hermano de Irma Felizzola Fernández, la esposa del presidente de la República, Isaías Medina Angarita, frecuentaba Ciudad Bolívar en función de su ganadería guariqueña y aquí solía reunirse con sus amigos de palos, juego y parranda como Benito Castillón, Arturito Lezama y Reinaldo Fajardo. Con ellos anduvo de farra toda la noche del sábado y el domingo 5 de agosto amaneció en el mercado.

Por un pasillo medio-oscuro caminaba Felizzola y en dirección contraria se desplazaba María Luisa Guedez, la hermosa y provocativa esposa tocuyana del tractorista. El impulsivo “Tigre de Matas Altas”, libidinoso por el ludibrio y el alcohol, rozó con su codo los senos de la dama. La mujer lo bofeteó y éste hizo lo mismo herido en su orgullo de macho llanero. Gritó la mujer y su marido corrió al instante para sentar de un solo puñetazo a Felizzola, quien desde el suelo desenfundó el arma y disparó toda su carga contra Ramón Aurelio Borges.

Mientras vanamente los médicos del Hospital Ruiz trataban de salvarle la vida, Felizzola se entregaba a la Policía. El Juez del Distrito Luis Grafe Calatrava le dictó auto de detención, pero a los pocos días ya estaba en la calle por decisión del juez Penal Oswaldo Ferro, no obstante sus antecedentes por riñas y agravios y dado muerte en Zaraza a Gregorio Acuña, chofer de su padre. Pero como quien a hierro mata a hierro muere, Felizzola habrá de encontrar la muerte de manos de su mayordomo.

Efectivamente, ocurrió el 25 de mayo de 1963, después de una horrenda pesadilla estimulada por un psicofármaco que le había recetado Raúl Ramos Calles para que pudiera conciliar sus noches de insomnio, tan frecuentes acaso por el cigarrillo, el alcohol, el juego y las mujeres.

Su última mujer se llamaba Marbella, vino a su rancho de Matas Altas por tres días y alargó su estada fuera de lo normal, pero interrumpida por una fuerte discusión que la llevó a preparar su equipaje de vuelta a su centro nocturno de diversión en Caracas.

La condujo hasta la terminal de Zaraza el mayordomo José Belisario Mato, prácticamente criado de Felizzola, pero con una amargura acumulada por las constantes represiones y amenazas, la última frente a la bella Marbella que para él fue la gota que rebasó el vaso de la paciencia. De forma, que cuando regresó de Zaraza ya venía predispuesto a cobrarse los maltratos de su patrón. Al llegar después de haber estacionado la camioneta, lo vio aparentemente dormido, anidado en su hamaca bajo el alero de su rancho y desde un ángulo estratégico disparó contra la humanidad de su patrón toda la carga del revólver que nunca abandonaba, aún así el impulsivo como arrebatado Nicolás Felizzola tuvo fuerzas para tomar su arma y disparar contra la espalda de Belisario, dejándolo inválido para el resto de su vida.

Tras del trágico suceso se han tejido cuentos y leyendas llaneras, como la del ánima solitaria, que en forma de espanto ronda la hacienda por las noches.

domingo, 17 de junio de 2012

Mujeres guayanesas de primera

Las mujeres guayanesas parecen estar siempre de primeras en un intento para equiparar su inteligencia e idoneidad a la del hombre. Ejemplo es el que se produce con María de Lourdes Salom (en la foto) y Alida Gambús.

Alida Isaura Gambús pasó a inscribirse en los anales de la educación bolivarense como la primera mujer que cursó y se graduó de bachiller en el Colegio Federal de Guayana, hasta entonces reservado para varones.

Alida se graduó el 15 de julio de 1930 ante un jurado integrado por los doctores Oscar Luis Perfetti, J. M. Agosto Méndez, Carlos Emiliano Salom, Juan Pablo Carranza y el educador Ernesto Sifontes. Le sucedieron Inés Elvira Figarella, quien formó parte de la mesa de redacción de la célebre revista Oriflama y María de Lourdes Salom (la de la foto), primera mujer que egresó igualmente de la escuela de Medicina Veterinaria.

Alida Gambas, hija del matrimonio de Alberto Gambús Betancourt y Juana García Aleras, hermana, por lo tanto, del médico Juan Gambús, Raúl Gambas, y Kenet Gambús, quien pereció ahogado junto con tres compañeros al tratar de socorrerse unos a los otros en una sucesión trágica que en 1934, y por mucho tiempo, conmovió a la ciudad.

Igualmente, Alida fue la primera mujer en ejercer la profesión de farmacia, luego de graduarse en la Universidad Central de Venezuela. Y es que la mujer guayanesa como que está destinada a ser siempre la primera, pues lo mismo podemos decir de María de Lourdes Salom, una de las pioneras femenil en los cursos de varones, como también la primera graduada en la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Central de Venezuela.

En la campaña nacional del Gobierno contra el flagelo de la fiebre aftosa que diezmaba la ganadería, la doctora María de Lourdes Salom destacó por su labor como médico veterinario, jefa del sector del Distrito Federal y estado Miranda en 1950, cuando aparecieron los primeros brotes en el ganado vacuno.

María obtuvo el título de médico veterinario en 1940, con la tesis doctoral “Experimentos en vaqueras del Distrito Federal y estado Miranda, sobre la sulfamidoterapia en el tratamiento y en la prevención de las metritis consecutivas a la retención placentaria de las vacas”.

Otra mujer de primera fue Mary Calcaño, que se atrevió a desafiar la audacia del hombre volando por primera vez un avión.

María Asunción, o preferiblemente Mary Calcaño, a las 10:10 de la mañana del 22 de febrero de 1940 sorprendió a sus paisanos bolivarenses aterrizando en el aeropuerto de la ciudad su propio avión club adquirido en los Estados Unidos.

Hija de José Antonio Calcaño, casado con la hija menor del médico José Ángel Ruiz, cuyo nombre lleva el Hospital Universitario (Ruiz y Páez), Mary Calcaño realizó un vuelo sin problemas desde la base de Maracay hasta Ciudad Bolívar con una breve escala en Barcelona.

Sus estudios de aviación los realizó en la Escuela Safar Aeródromo Roosevelt en Long Island, Nueva York, donde obtuvo la licencia 13.550 revalidada en Caracas por el general Isaías Medina Angarita siendo ministro de Guerra y Marina.

En resumen, Malvina Rosales, destaca como la primera guayanesa que trabajó de secretaria en una empresa privada; Mary Calcaño, la primera mujer en pilotar un avión en Venezuela; Alida Isaura Gambús, la primera mujer bachiller egresada del Colegio Federal de Varones; Gloria Lezama de Casado, la primera mujer graduada de abogado; Sofía Silva Inserri, la primera Miss Venezuela; Lucila Palacio, la primera venezolana que ejerció la diplomacia como embajadora de Venezuela (en Uruguay) y María de Lourdes Salom, la primera mujer graduada en medicina veterinaria en Venezuela.

sábado, 16 de junio de 2012

Obispo Miguel Antonio Mejía

El 7 de agosto de 1923 llegó a Ciudad Bolívar la noticia según la cual, el prelado trujillano Miguel Antonio Mejía fue designado, Obispo de la Diócesis de Guayana para llenar la vacante dejada por la transferencia de Monseñor Sixto Sosa a la diócesis de Cumaná. El Congreso Nacional se apresuró a llenar la vacante el 9 de junio de 1923 designando al prelado trujillano, preconizado por su santidad el Papa Pío XI, diez días después.

La Consagración de Monseñor Mejía, en la Catedral de Caracas, 21 de octubre del mismo año, estuvo a cargo de Monseñor Felipe Cortesi, quien antes, 17 de diciembre de 1922, se erigió en el Primer Nuncio Apostólico que visitó a Ciudad Bolívar.

La designación de Monseñor Mejía como Obispo de Guayana, se produjo coincidentemente con la vigencia de la nueva ley de División Territorial Eclesiástica decretada por el Congreso de la República y la cual disponía que “En los Estados Unidos de Venezuela habrá dos Arquidiócesis, la de Caracas y la de Mérida; y ocho Diócesis, la de Ciudad Bolívar, Calabozo, Barquisimeto, Zulia, Cumaná, Coro, Valencia y San Cristóbal”.

La Diócesis de Ciudad Bolívar abarcaba los territorios de los estados Bolívar (sede), Anzoátegui, Monagas y el Territorio Federal Amazonas, excepto la parte comprendida en el Vicariato de la Misión del Caroní.

La nueva ley permitía con la creación del Vicariato Apostólico del Caroní, restablecer después de un siglo, las Misiones Capuchinas Catalanas. Se destinó Upata como sede que en junio de 1924 ocupó con toda la ceremonia de ley, el reverendo Fray Diego Alonso Nistal, Obispo in Partíbus de Dorilea.

Luego de su consagración en Caracas, Monseñor Miguel Antonio Mejía envió a Guayana su primera Carta Pastoral dirigida al clero y a los fieles. Designó al deán Adrián María Gómez, Vicario General y Procurador para que en su nombre se posesionara de la Diócesis. Tres meses después llegó a Ciudad Bolívar acompañado de sus paisanos presbíteros doctor Dámaso Cardoso y Rafael María Villasmil. Al primero lo nombró Cura del Sagrario de la Catedral y el segundo Cura párroco de la Iglesia de Santa Ana, la segunda iglesia de la ciudad que funcionaba en una casa de la calle Amazonas adaptada a los requerimientos religiosos que había sido donada  para tal fin por la señora Ana María Méndez de Pulido, según documento público del 31 de enero de 1856. Vino a ser la segunda iglesia de la ciudad y fue bendecida por el Obispo doctor José Manuel Arroyo y Niño.

Luego de un solemne recibimiento tributado por el Capítulo de la Catedral, Gobierno del Estado, Clero, agrupaciones religiosas y feligresía en general, oficia su primera misa pontificia en la sede de esta Diócesis que con la nueva ley había sido desmembrada de Sucre y Nueva Esparta, para la creación de la Diócesis de Cumaná como de la parte oriental del Caroní donde se restablecían las misiones.

Las cuantía clerical resultaba desalentadora para el flamante  gobierno episcopal, pues apenas había tres sacerdotes administrando 27 parroquias, así: 12 el párroco de Pariaguán; 8 el párroco de Barcelona y 7 el de Cantaura. Vacantes estaban las siete parroquias de los distritos Sucre y Cedeño del Estado Bolívar, y las 3 del Distrito Sotillo de Monagas.

Para Monseñor Mejía era muy importante que la iglesia contara con un medio de divulgación donde había una veintena de periódicos y revistas. De manera que instruyó a Dámaso Cardozo y Rafael María Villasmil para poner a circular un periódico. Tal el semanario, “La Gaceta Eclesiástica” que cubrió impecablemente todo su mandato diocesano.

viernes, 15 de junio de 2012

Mario Briceño Iragorri


El 22 de noviembre de 1943 la prensa nacional dio a conocer que el historiador, escritor, diplomático y político, Mario Briceño Iragorri, natural de Trujillo, fue designado Presidente del estado Bolívar en sustitución de su paisano doctor José Nicomedes Rivas, quien pasó a desempeñar la cartera de Relaciones Interiores por decisión de Isaías Medina Angarita, electo presidente por el Congreso Nacional.

Cinco días después, 27 de noviembre, llegó el escritor a Ciudad Bolívar en un avión de Aeropostal para tomar posesión, acompañado de su esposa Josefina Picón Gabaldón y de sus hijos.

“Siento sobre mí la responsabilidad de administrar los intereses de una feraz tierra, cuyos problemas son tan grandes como grandes sus recursos inexplorados”. Fueron sus primeras palabras al pueblo de Guayana.

El primer acto importante de su gobierno fue crear por decreto la Sociedad Económica de Amigos de Guayana, con el fin de promover y estimular el estudio de las cuestiones referenciales a la agricultura, cría, minería, arte, industria y comercio. Para su funcionamiento dictó un reglamento y se instaló bajo la dirección de un consejo directivo presidido por Natalio Valery Agostini. Al acto de instalación asistió como invitada especial, Lucila Palacios, quien vino acompañada de su esposo Carlos Arocha Rodríguez.

La Escuela Graduada Francisco Antonio Zea ofreció en la ocasión una velada literaria como marco de la inauguración de la Biblioteca Lucila Palacios, con seccionales en los municipios.

La autora de Tres Palabras y una Mujer fue objeto de emotivos homenajes y el Ateneo Guayanés, presidido por Francia Natera, organizó una tenida para recibirla como miembro al igual que a María Blanca Iragorri, Josefina Picón, Gilberto Antolinez y su esposa la poeta Palmenes Yarza. También Lucila Palacios recibió homenaje de la Estudiantina del Liceo Peñalver, la Sociedad de Artesanos y de Silva Jiménez, Agosto Méndez, Andrés Brito, P. J. Lanz y Matías Carrasco, quienes le escribieron poemas.

Mario Briceño Iragori decretó posteriormente la creación de la dirección de Obras Públicas y dispuso de las reservas del tesoro Bs. 630.291,00 para atender como contribución del gobierno al financiamiento de las obras de defensa de la ciudad, cuyo estudio estaba a cargo de la C.A. Riego por cuenta del Ministerio de Obras Públicas. Asimismo trató de buscarle salida a los damnificados del Orinoco, casi todas las calles Zea, Bolívar, Roscio, Urica, Anzoátegui, San José, Maturín, Zaraza, Santa Rita, Delicias, San Félix, Los Corrales, Merecure y Mango Asao.

El l7 de diciembre de ese año 1943, aniversario de la muerte del Libertador, los bolivarenses, como de costumbre y siguiendo una tradición, vestían de negro, entre ellos, una dama amiga de Mario Briceño Iragorri, a quien le escribió en tal sentido: “No haga Usted eso de vestir negros ropajes en la hora de la apoteosis de Bolívar. Eso estuvo bien que lo hicieran Doña María Antonia y sus deudos. Para nosotros, Bolívar no está en la lista de “los fieles difuntos”. Bolívar no es difunto. El está vivo y si muchos lo miran como muerto, debemos luchar tenazmente contra tal idea”.

En enero de 1944, la Asamblea Legislativa sancionó la Ley Orgánica del Poder Municipal que devolvía a los cuerpos edilicios toda su tradicional autonomía. Asimismo la Asamblea aprobó la idea de regalarle una casa al médico, escritor y poeta de 72 años, J.M. Agosto Méndez, a través de suscripción popular, con motivo de sus bodas de oro profesionales. Se constituyó una Junta Pro-Hogar presidida por Monseñor Dámaso Cardozo y el Ejecutivo colaboró con 5 mil bolívares. Pero este extraordinario hombre humanitario, quien falleció antes de que tal idea se hiciera realidad.

jueves, 14 de junio de 2012

Mariano Talavera y Garcés

El 17 de diciembre de 1930, el Ejecutivo del Estado Bolívar dio cuenta de los actos programados para conmemorar el aniversario de la muerte del Libertador, los cuales incluyeron pavimentación de 200 metros de la calle Bolívar, instalación de una tubería de cemento conectada a la Bomba de Desecación de la Laguna e inauguración en la Plaza de su nombre de un busto del vicario y administrador de la Diócesis de Guayana, Monseñor Mariano de Talavera y Garcés, a quien los bolivarenses deben la prosecución y terminación de los trabajos de la Catedral de Ciudad Bolívar.

La iniciativa fue del Obispo Monseñor Miguel Antonio Mejía, quien elogió los esfuerzos y recursos de Monseñor Talavera para concluir los trabajos de edificación de la Iglesia Catedral (25 de marzo de 1841) que demoraban desde la misma fecha de fundación o traslado de la ciudad.

También fue iniciativa de Monseñor Mejía la creación en su honor del Museo Talavera, bajo la dirección del doctor José Gabriel Machado, distinguido jurisconsulto, activo feligrés y director entonces de la revista “El Faro de Angostura”.

Según refiere Luz Machado, hija del director fundador del Museo, éste fue creado conforme Carta Pastoral del 14 de agosto de 1941 para honrar la memoria del Prelado Mariano Talavera y Garcés, prócer de la Independencia, orador sagrado de Colombia e iniciador de la erección de la estatua de Bolívar en la ciudad de su nombre.

El Museo que nadie sabe ahora qué se hizo o qué destino le dio la incuria oficial o ¿la propia Iglesia?, funcionaba en una sala adjunta a dependencias de la curia catedralicia, en la calle Igualdad. “Reunía piezas de diverso valor arqueológico, artístico, cultural (...), desde el icono de barro de determinada cultura venezolana, hasta la moneda extranjera, que enviara algún representante diplomático. Desde la raíz de extraña formación hasta la talla colonial donada por algún contribuyente. Desde la piedra de las primeras excavaciones del Cerro Bolívar, hasta un viejo revolver que permanecía al general Farreras. Desde el Cristo de Plata de la época de la Colonia, usado para acompañar el rito cristiano antes del fusilamiento del rebelde y egregio Manuel Piar, hasta la bañera que usaba Juan Bautista Dalla-Costa”.

Mariano de Talavera y Garcés, nativo de Coro, fue Obispo de Trícola de la Diócesis desde 1830 y fue expulsado por Páez al negarse a firmar la Constitución cuando Venezuela se separó de la Gran Colombia, pero pronto regresó y fue amigo entrañable del prócer Tomás de Heres, acaso por conservador, pues los conservadores eran virtualmente los mejores amigos de la Iglesia, y por esa amistad fue siempre blanco de los ataques del semanario “El Filántropo”. Cuando Heres fue asesinado el 9 de abril de 1842 de un disparo artero desde la ventana de su casa, el prelado se hallaba de visita y prácticamente el cuerpo mortalmente herido del general cayó en sus brazos, a la luz de una lámpara de acetileno que se apagó con el fogonazo. Desde entonces los días resultaron pesarosos para el Obispo de Trícala que terminó renunciado a su permanencia por más tiempo en la Diócesis.

Afortunadamente ya había concluido su principal obra: La Catedral, inconclusa desde la fundación de la ciudad. La terminó de construir el 25 de marzo de 1841, aunque sin torre, con 18 mil pesos que logró recaudar entre los 8 mil habitantes que para ese año tenía Angostura. Asimismo, un Hospicio para damas indigentes.

Aceptada su renuncia, se fue a Caracas, a fines del 42, sin perder el contacto con la comunidad bolivarense.


miércoles, 13 de junio de 2012

Malvina Rosales, mujer de temple

El primero de septiembre de 1945, Malvina Rosales Granarolli, celebró y fue muy felicitada por cumplir 25 años de trabajo sin interrupción en la sucursal del Banco de Venezuela, al cabo de los cuales se jubiló para darle la vuelta a Europa en un automóvil Renault de 4 caballos, comprado en Caracas y puesto en el puerto de Lisboa donde inició su periplo.

Esta mujer que vivió 90 años, que se costeó los estudios cargando piedras en carapacho de tortuga para empedrar las calles de la ciudad, fue la primera bolivarense que trabajó en una empresa comercial, la “Dick Balatá Ltd” que tenía en Ciudad Bolívar su centro de operaciones dirigidas a la explotación del balatá del Alto Orinoco, la sarrapia del Alto Caura y el oro de El Callao.

Pero desajustes económicos que le sobrevinieron a la empresa en 1920, decretaron su quiebra, y para Malvina Rosales, mujer de temple y decidida, no fue difícil entonces encontrar colocación en el Banco de Venezuela, donde llegó a ser subgerente con título de auditor que para aquellos tiempos significaba tanto como ser hoy un experto administrador de finanzas. Con ese segundo cargo, Malvina terminaba de abrir la brecha para que la mujer guayanesa comenzara a vislumbrar un porvenir mejor dentro del campo de trabajo del hombre.

En 1945, después de haber trabajado nueve años en la empresa del balatá y 25 en el banco, se acoge a la jubilación para viajar a Europa y restaurar su salud que estaba resentida debido a un accidente, pero el temor de morir en soledad la hizo desistir de una operación quirúrgica. Fue entonces cuando decidió darle la vuelta al viejo continente en cuatro meses en su Renault de 3.500 bolívares.

Sin otorgarle mucha importancia a la afección pulmonar que la aquejaba, retornó a Guayana para reincorporarse de nuevo al trabajo, esta vez, como comisario del Automóvil Guayanés, jefe de Relaciones Públicas de La Electricidad, del Núcleo Bolívar de la UDO y Samaritana del bien ajeno. Fundó el Club Social Deportivo La Cancha, en la Avenida Táchira junto con las pioneras del tenis en Ciudad Bolívar Carmen Monserratte, Sarita Monserratte, Narcisa Grillet, María Carranza, Luisa Carranza, Pepita Rosales, Teresa Echeverría, Graciela Ortiz, Pepita Ortiz, Rosa Elena Jara, Clara Luisa Carvajal, Clemencia Echeverría, Mercedes Grillet, Anita Ramírez, María Rendón, Amalia Villegas, Luisa Rendón y las señoras de Antonosi y de Herrera. Desde 1923, venía trabajando a favor de ese centro que primero se llamó “Unión Tennis de Ciudad Bolívar”.

Cuando Malvina cumplió los 90 años, el escritor Rafael Pineda le escribió una larga prosa poética: “Buen día”, “Buenas tardes” / “How do your, Sir” “Well, I am very fine” / emparejada al sol o a las estrellas / Malvina ha dicho todo, la gran Malva / De las mujeres de Ciudad Bolívar / fui la primea que no tuvo miedo / de irse a trabajar, brazo con brazo / al mundo de la calle, con los hombres / “How do you do” la calle del progreso / oficinas, negocios, escritorios /  “How do you do, my friend” ¿yo? Muy bien, gracias / ¿Y tu asombro, qué nos dices, qué cuentas? / Tu altar de ojos, seguro que me espía / en las ventanas cada vez que paso /  Yo lo comprendo, tú, de tantas máscaras / nunca saliste al sol sino a las ruinas / No sabes que es un arte que principia / donde la flor se cierra en la carcoma / y tanto es personal porque te alumbra  / el valor de ti mismo y la conciencia…

martes, 12 de junio de 2012

Recordando el futuro



Foto: Bautizo del libro "Cuentos de ciencia ficción", del escritor Andrés Ríos Castillo, apadrinado por el doctor Celestino Zamora Montes de Oca, el ingeniero Gari Martínez y el periodista Américo Fernández.  Las aguas lustrales fueron vertidas por el Padre Willi, en el Colegio de Ingenieros.¿Es posible recordar el futuro? Virtualmente no. Recordamos sí lo que hemos vivido en el pasado ¿Pero cómo recordar lo que no hemos vivido? Cómo recordar lo que está por venir, lo imprevisible. Quizás se podría prever o hacer una prospección del mismo. Sin embargo, Asdrúbal Grillet Correa, cree que cuando el futuro se vuelve pasado es posible recordarlo. Vale decir, como en el caso de su libro, que el futuro es posible recordarlo como suceso de los primero tiempos de la vida cuando se es adulto. Apuntalado por esta reflexión adoptó el título del libro que en la morada de Pedro Vicente Gómez bautizó el segundo sábado de junio el periodista Enrique Aristiguieta Orta utilizando pétalos púrpura de una flor, costumbre novedosa que evita la humectación.

Asdrúbal es un bolivarense de la generación de los sesenta, perteneciente a “La cuerdita” chunga de la Plaza Bolívar integrada, entre otros, por Gustavo Rodríguez y Orlando Betancourt que llegaron a ser profesionales distinguidos en el ejercicio de sus carreras.

En el caso de Asdrúbal, con múltiples estudios en universidades de Estados Unidos y Chile además de la UCV en Venezuela, tanto en el campo jurídico como económico y financiero, llegó a ser Tesorero del Banco Central de Venezuela. Autor de varios libros sobre especies monetarias publicados por la institución bancaria y coordinador de otros tantos editados por la Universidad Central de Venezuela de la que fue profesor titular.

Su libro Recordando el futuro nada tiene que ver con esos temas especializados. Se trata más bien de un libro vivencial que narra cien y una historias de muertos y aparecidos, leyendas, mitos y cuentos de camino que en su ciudad vivió, sintió, escuchó y disfrutó.

Él, miembro activo e inseparable de la llamada “Cuerdita de la Plaza Bolívar” como lo fueron en su tiempo los áureoguayanos y los edecanes de la estatua del Libertador, no quería que a esta altura de su vida se extraviara en la memoria individual la remembranzas de los tiempos más emotivos del ser humano y prefirió imprimirlo en la memoria colectiva a través del recurso inagotable como innovador de la imprenta.

En párrafos sucintos discurren desde la memoria las bromas burlonas que hicieron creer a Orlando Betancourt que la bella Amarilis se derretía por él; el sorteo de los reclutas mediante papelitos insaculados y cómo la secretaria del Servicio Militar Obligatorio no podía concebir que un ser humano se llamara Amós Kacharuco. Ella, por supuesto, no estaba para juegos y llamó a la policía.

En la Escuela Federal Heres donde estudió Asdrúbal bajo la rectoría del profesor Pizani y la maestra Lorena, se daba catecismo dos veces por semana. Era lo imaginable estando la Escuela a sólo unos pasos en diagonal con la Catedral. Tan imbuidos en los pasajes cristianos estaban algunos muchachos que salían directo para El Zanjón a matar con hondas a cristofue y tuqueques porque según la mitología hogareña eran impíos toda vez que cuando los centuriones preguntaban en tiempos bíblicos quién era el impostor que quería suplantar al Rey, el pájaro gorjeaba “Cristofue… cristofué” y más luego lo confirmaba el Tuqueque con su reiterado cabecear.

Al igual que Teodora Montes confirmó el chisme vecindario según el cual uno de sus hijos estaba aprendiendo a fumar. Un verdadero escándalo familiar. ¿Cómo lo confirmó la doña? Pues haciendo que el muchacho le soplara un ojo donde supuestamente se había alojado una broza. Villo nunca supo que los cigarrillos marcas Alas, Piel Roja y Capitolio, eran aromatizados con la cumarina de la sarrapia que suministraba a las fábricas el señor Quírico Díaz.


lunes, 11 de junio de 2012

Vargas Pizarro, médico polémico

El 27 de noviembre de 1945, dejó de existir en Ciudad Bolívar, el doctor Luis Felipe Vargas Pizarro, quien siguió todos sus estudios hasta graduarse en el Colegio Federal de Guayana y  ejerció su profesión de médico durante 50 años. Autor de varios trabajos científicos. Escribió en la prensa local y en revistas especializadas, polemizó evidenciando un alto grado de cultura y escribió poesía durante sus años de estudiante.

Nacido en la Soledad del Orinoco cuando la Guerra Federal recogía sus armas para inaugurar en Venezuela el esquema de los estados soberanos, no quiso vivir en su tierra natal, sino en Ciudad Bolívar y más allá del Caroní en antiguas tierras misioneras donde quemó los cartuchos de su amor por una guasipatense.

Allá en la tierra de los zorros guaches se casó con Emilia Lanza García y ejerció la medicina durante 28 años, vale decir, desde 1905 cuando fue  prácticamente expelido por haber participado en la Guerra Libertadora contra Cipriano Castro, hasta 1933 que pudo retornar a Ciudad Bolívar.

Estando en Ciudad Bolívar, trató de revivir al diario El Bolivarense que había desaparecido en 1898 tras 18 años de circulación específicamente en 1937, pero no pudo sostenerse por mucho tiempo.

Vargas Pizarro era un buen polemista y su elevado nivel cultural y humanístico quedó demostrado en su plaquette “Por Dios y por la Patria -De cara a la traílla-” dirigido a los masones de Ciudad Bolívar que mientras se tomaban el tiempo necesario para responderle, le enviaron a guisa de heraldo el prólogo del “Minotauro” del escritor colombiano José María Vargas Vila. De allí aquella sentencia que en ciertas ocasiones polémicas esgrimían los bolivarenses: “Para un Vargas Vila, bueno es un Vargas Pizarro”.

Cuando falleció, el presidente del Colegio de Médicos, Manuel Felipe Flores, dijo en la oración fúnebre que el único propósito de este hombre fue el de ser útil a la humanidad. Hizo de la profesión un apostolado, de allí que viviera y muriera pobre.  Escritor de estilo inconfundible. Polemista irreducible. Libró más de una batalla contra eventuales adversarios en el campo de las ideas y de las ciencias. En Ciudad Bolívar se recuerda, aunque no con la misma intensidad de medio siglo atrás, la polémica que sostuvo con diversos intelectuales cuando dejó de pertenecer a la masonería. Fueron muchos los que entonces salieron en defensa de ésta y a todos combatió en el terreno estrictamente doctrinario. Fue entonces cuando dio a conocer sus grandes conocimientos, su dominio del idioma y sus amplias facultades intelectuales.

Luis Felipe Vargas Pizarro, también escribió poesía y dejó un libro inédito en manos de Milagro Figueroa, directora de la Casa de la Cultura “Héctor Guillermo Villalobos” en Puerto Ordaz, del cual extrajimos estas estrofas para dar una idea de la calidad de este galeno en campo literario tan difícil. El poema titulado “Rapto de orgullo” es un soneto en forma de crítica a una persona considerada “un Fatuo”. “Cuando en mis ojos el furor chispea / Cuando estalla mi cólera pujante / Cuando azota la sangre en mi semblante / como ola el peñascal golpea / cuando en mi mano vibra y centellea / como el rayo de Júpiter tonante / mi terrible fusil ay vacilante / el universo mismo bambolea / yo siempre dejaré que lucha horrible / los pueblos como leones se destrocen / pero jamás que en calma bonancible / los frutos de la paz tranquilo gocen / soy terrible señores, muy terrible / lo que tienen es que aquí no me conocen /.

domingo, 10 de junio de 2012

Homenaje a Lucila Palacios

El 6 de enero de 1944, la escritora Lucila Palacios fue objeto de un caluroso y publicitado homenaje por parte de sus paisanos los bolivarenses. Francia Natera, presidenta del Ateneo guayanés, organizó una tenida en la casa de los esposos Granado Farreras en homenaje a Lucila Palacios y al mismo tiempo para recibir en el Ateneo al escritor y presidente del Estado, doctor Mario Briceño Iragorri y esposa Josefina Picón. Igualmente a Gilberto Antolinez y a su esposa la poeta Palmenes Yarza. Los intelectuales bolivarenses publicaron en El Luchador sonetos dedicados a Lucila Palacios, entre ellos, P. R. Silva Jiménez, Matías Carrasco, Agosto Méndez, Andrés Brito, P. J. Lanz José del Valle Carvajal. También se sumaron al homenaje los estudiantes del Liceo Peñalver y la sociedad de Artesanos.

El nombre de Lucila Palacios para entonces ya había trascendido con la novela “Tres Palabras y una Mujer”, premiada en el Concurso de la Asociación Cultural Interamericana, 1943, porque lo que había hecho hasta entonces, según sus propias palabras, no pasaba de ser ensayo y aprendizaje de novelista. Como en “Los Buzos”, premiada en un certamen de Cuba (1939) y “Rebeldía”, epistolario que gira en torno a trabas sociales y materiales impuestas al espíritu reivindicativo de la mujer.

Lucila Palacios, seudónimo de Mercedes Carvajal de Arocha, nació de emergencia en la isla de Trinidad en mayo de 1902, cuando su madre encinta viajaba de Caracas a dar a luz en Ciudad Bolívar y el barco en que venía se vio obligado a permanecer en Puerto España durante cuarenta días debido al golpe militar del capitán Ramón Cecilio Farreras contra el presidente del Estado Bolívar, general Julio Sarría Hurtado. Su familia retornó a Ciudad Bolívar después de los 40 días de nacida. Su vida transcurrió en el inmueble que es hoy sede de la Biblioteca Rómulo Gallegos y desde allí irrumpió a arengar al pueblo en pos de sus derechos conculcados el día en que falleció el dictador Juan Vicente Gómez.

Lucila fue la primera en tomar las calles. La primera en convocar al pueblo y arengarlo en dirección hacia una toma de conciencia a favor de su legítimo derecho a ser libre y darse libremente su gobierno.

Se montó sobre uno de los barcos del paseo Falcón y sintió bullir en sus venas la sangre literaria de sus abuelos, allí a su lado dándole apoyatura a sus piernas estaban Alida Gambús y Consuelo Estéfano. Sólo faltaba el joven Guillermo Benzel, quien desde el día anterior era preso del presidente del Estado, Antonio Alamo, por haber gritado ¡Abajo la dictadura!

Tras la caída del dictador regresó el exilio su tío Félix Montes, recibido por ella en Caracas. Luego, durante tres años, siguió a su esposo por San Fernando y Tucupido hasta radicarse definitivamente en Caracas que todavía exhibía sus techos rojos, sin que por ello perdiera la visión del Orinoco.

Lucila justificaba su permanencia en Caracas porque el clima le asentaba bien a su salud y porque aquel medio había sido favorable para escribir la mayoría de sus treinta obras clasificadas entre novelas, cuentos, dramas y ensayos.

Los Buzos, Tres palabras y una mujer (premiada en el concurso de la Asociación Cultural Interamericana, 1943), El Corcel de las crines albas (premio Arístides Rojas); Cubil, El día de Caín (accesit premio nacional de literatura, 1960), Tiempos de siega, Orquídeas azules, Signo en el tiempo, La piedra en el vacío, Reducto de Soledad, Cristal de aumento, Cinco cuentos del Sur, Ayer violento, Poemas de la noche y el silencio, Espejo Rodante, son sus obras más conocidas.

sábado, 9 de junio de 2012

Los Telares de Bilancieri

El 27 de mayo de 1929, fueron inaugurados en los Morichales de Ciudad Bolívar los primeros Telares e Hilandería propiedad de Ernesto Bilancieri.

Al acto inaugural vino especialmente invitado el Embajador de Italia en Venezuela, C. Vicchioni, y sobre la novedad e importancia de esta fábrica de telas habló el dirigente empresarial Natalio Valey Agostini.

Los primeros trajes confeccionados en los Telares e Hilandería de E. Bilancieri y Cía. consistentes en sweters, pullower, blusas y romantones, fueron exhibidos y vendidos en el establecimiento de José Boccardo & Cía. y en el antiguo local del Salón Victoria de Juan Andrés Pietrantoni, en la calle Orinoco.

Bilancieri era dueño, además, de una Tenería o curtiembre donde encontraban mercado los cueros del ganado vacuno que sacrificaban en el matadero. Una vez transformados los cueros en suelas las utilizaba para la industria de alpargata o Alpargatería de la cual también era dueño y cuyas capas del empeine tejían artesanas bolivarenses en sus propios domicilios.

Procedente del Mediterráneo, Ernesto Bilancieri, llegó a Guayana muy joven bajo el abrigo paterno. Incursionó en el ramo del comercio y luego en el de la industria, especialmente en la rama de la Tenería y fabricación de materias primas, siendo su especialidad la elaboración de artículos de alpargatería.

Después de treinta años de experiencia trabajando de manera artesanal, luchando contra obstáculos de orden técnico, comenzó a superarlos por medio de maquinarias y métodos modernos. Fue sin duda un hombre industrioso y progresista y no satisfecho con sus empresas, pensó que la ciudad debía tener un buen hotel, superior a esas casas de pensiones que servían de tal, e ideó en terrenos del antiguo Resguardo y depósito de cabotaje, el Gran Hotel Bolívar que comenzó a funcionar en 1952 en forma de compañía, bajo su presidencia, con capital de 1.700.000 bolívares.

De manera que el Gran Hotel Bolívar, el primero moderno de esta ciudad fue idea de este empresario guayanés de origen mediterráneo, sin desconocer que para llevarse a cabo hubo que hacer muchas peripecias y en su gestación fue invalorable la participación del Rotary Club de Ciudad Bolívar que sirvió de puente ante el Ejecutivo Federal para interesarlo en la idea que tenía un grupo de empresarios en la construcción de un Hotel moderno y confortable que llenara las necesidades de una ciudad en pleno crecimiento.

Al efecto, se había constituido una Compañía Anónima, pero el Hotel debía ser construido en consideración a una serie de ventajas en el Paseo Orinoco, por lo cual proponía al gobierno cediera un terreno de 700 metros cuadrados ocupado por el Resguardo y Depósito de Cabotaje, contiguo al mercado principal. Entre los comprometidos en el proyecto, además de Bilancieri, aparecen Jorge Suegart, Juan Casalta, Dr. Navarro, Roberto Liccioni, Pedro Choney, Dr. J.M. Hernández, Sr. Escoffery y el Dr. J.M. Arape Garmendia. El edificio de cinco pisos fue bautizado con el nombre de Gran Hotel Bolívar e inaugurado el 9 de agosto de 1952 con un capital de Bs. 1.700.000,00 y préstamo del Banco Industrial traducido en acciones a nombre del Gobierno nacional. Presidente del Hotel fue electo como accionista mayoritario, don Ernesto Bilancieri y el discurso de inauguración estuvo a cargo de don Natalio Valery, quien narró las vicisitudes que la Junta Directiva tuvo que vencer para la realización de sus propósitos y el significado que dentro y fuera de la República encarnaba la obra de utilidad llevada a feliz término. Destacó las atenciones prestadas por el Ministro de Relaciones Interiores, Luis Felipe Llovera Páez, quien logró el apoyo de la Junta de Gobierno.

viernes, 8 de junio de 2012

Los pozos artesianos

El 20 de abril de 1929, se establece en Ciudad Bolívar el señor Jamil E. Welch, perforador profesional de pozos artesianos. El especialista en este tipo de pozos se aloja en el Hotel D’Anello y allí informa a los interesados sobre esta antigua técnica de encontrar agua perforando la tierra hasta un punto, generalmente a gran profundidad, en el que la presión del agua es grande. A menudo esto supone que al pinchar el acuífero el agua sale por presión hasta la superficie, en cuyo caso se habla de pozo artesiano surgente. El nombre deriva de la región francesa de Artois donde, en 1126, fue perforado el pozo más antiguo de Europa. En general, la elevada presión del agua en el pozo artesiano proviene del hecho de que se trate de un acuífero inclinado o confinado entre capas impermeables.

Los pozos artesianos se hicieron populares en la ciudad donde el nivel freático del agua no estaba muy profundo debido a la cercanía del Orinoco y los morichales, claro en aquellas zonas de la formación mesa. En Ciudad Bolívar ya había acueducto pero sólo para la ciudad. Los pozos artesianos eran para las zonas rurales donde se surtían a través de aljibes, Jagüeyes y manantiales como los acuíferos de Ojo de Agua y “Las Tinas” (en la foto) cerca del Liceo Peñalver que favorecía a los habitantes tanto del Casco Histórico como de Los Morichales hasta la mitad del siglo pasado.

El Bachiller Ernesto Sifontes, observador hidrográfico del Orinoco, llegó a decir que el primer acueducto que tuvo Ciudad Bolívar no fue el ejecutado e inaugurado en 1883 por el presidente del estado, J. M. Bermúdez Grau, sino “Las Tinas”, un manantial acondicionado por Juan Bautista Dalla Costa a donde iba la gene a surtirse de agua para sus tinajeros.

Hubo un tiempo, quizás antes de 1945 cuando el acueducto de Ciudad Bolívar fue modernizado, que los guayaneses muy escasamente distinguían entre un pozo artesiano, un aljibe, el jagüey y el manantial. El término jagüey, tal vez, por nuestra cercanía con el llano, estuvo generalizado. Uno de los poemas o romances de Héctor Guillermo Villalobos está dedicado al jagüey.

El aljibe, de acuerdo con la enseñanza hispana, tendría que ser un depósito destinado a guardar agua potable, procedente de la lluvia recogida de los tejados de las casas, vale decir, un estanque subterráneo o superficial. Sin embargo, aljibe en Guayana siempre se ha entendido como un pozo artesiano, muchas veces construido y revestidas sus paredes internas circulares con ladrillos.

En el llano y otros lugares de Venezuela, el jagüey se entiende de otra forma. Para el llanero es el depósito de agua de lluvia que ha quedado rezagado en el cauce de la quebrada seca durante el verano. Por lo general, un jagüey se forma donde estratos de rocas afloran a la superficie y el agua subterránea es obligada a subir en forma de manantial. Alrededor de ellos el bosque es más verde por la presencia del agua y se distingue muy bien desde el aire. En sus cercanías crecen los higuerones.

El manantial es una fuente natural de agua que brota de la tierra. Se origina en la filtración de agua de lluvia, que penetra en un área y emerge en otra de menor altitud, donde el agua no está confinada en un conducto impermeable.

Los pozos artesianos por su parte son manantiales artificiales, provocados por el hombre mediante una perforación a gran profundidad y en la que la presión del agua es tal que la hace emerger en la superficie.