lunes, 30 de abril de 2012

José Nicomedes Rivas, presidente de Bolívar

El 25 de junio de 1943, el doctor José Nicomedes Rivas, quien  había sido diputado por su estado natal Trujillo y director de Correo, fue nombrado presidente del Estado Bolívar, pero gobernó por poco tiempo debido a que fue llamado para ocupar el Ministerio de Relaciones Interiores.

Igual que su antecesor, al doctor José Nicomedes Rivas le tocó ejercer la presidencia del estado durante un lapso similar, vale decir, un poco más de cuatro meses también, acaso el necesario para afrontar la excepcional crecida del Orinoco, de la cual fue librado o se libró oportunamente el doctor Gumersindo Torres.

José Nicomedes Rivas, nacido en el Jajo, Trujillo, en 1894, graduado en Ciencias Políticas en 1923 y alumno de Monseñor Miguel Antonio Mejía; se declaró en ejercicio de la Presidencia del Estado, el 6 de julio, advirtiendo al pueblo de Guayana “que su programa de Gobierno es la Ley, traducida en tres palabras: “comprensión, justicia y probidad” al tiempo que subrayaba que como no entendía de malabarismos políticos, estaba lejos de la dialéctica sofista y la promesa vana o falsa.

Tomó posesión pocos días antes del presidente Isaías Medina Angarita iniciar una gira por los países bolivarianos. Entonces el ministro Dr. Tulio Chiossone quedó encargado de la Presidencia de la República.

En noviembre, el doctor José Nicomedes Rivas sería llamado para ocupar el Ministerio de Relaciones Interiores. Durante su lapso breve de gestión, designó secretario general de Gobierno al Dr. Carlos Tinoco Rodil (en la foto), autorizó la Seccional del Partido Democrático de Venezuela, conforme a solicitud hecha por el Br. Brígido Natera Ricci, Marco A. García Delepiani y Dr. J.M. Arapé Garmendia; dictó el Reglamento de la Banda Dalla-Costa, inauguró el alumbrado de la cancha de tenis del Club Deportivo Social, en la Avenida Táchira e inspeccionó los trabajos que estaban por finalizar del nuevo Acueducto de Ciudad Bolívar. Asimismo, el doctor José Nicomedes Rivas ofreció al Rotary Club de Ciudad Bolívar todo el apoyo en su trabajo de auspiciar la construcción de un moderno hotel para Ciudad Bolívar en el lugar ocupado por el Resguardo en el Paseo La Alameda, dado que el Gobierno nacional había anunciado la construcción de una nueva sede para el Resguardo más hacia el oriente de la ciudad. Para la erección del hotel se constituyó una Compañía Anónima con capital de 300.000 bolívares y el Ejecutivo del Estado se suscribió como accionista adquiriendo veinte acciones por 20 mil bolívares.

Antonio García Delepiani, quien había sido diputado por Bolívar al Congreso Nacional, hermano de Marcos García Delepiani, dirigente del PDV en Ciudad Bolívar, partido de gobierno, fue enviado a la Isla de Margarita, para que acompañara en la Secretaría General al nuevo presidente del Estado Nueva Esparta, Vicente Fuentes.

Vicente Fuentes, nativo de la Isla de Coche, residenciado en Caracas, era poeta y perteneció a la Generación de Andrés Eloy Blanco, Julio Garmendia y Antonio Arraiz. Su padre estuvo comprometido en la invasión del Falke comandada por Román Delgado Chalbaud en agosto de 1929. Antonio García Delepiani, poeta bolivarense de la misma generación escribió la novela “El Dolor de la Tierra” y “Los meses del araguaney”, donde evocaba que el “Araguaney es riqueza emotiva: sus expresiones embellecen nuestros campos en la época en que la sequía los tuesta y los afea. Son estos los meses en que el Árbol Nacional hace sentir su personalidad en la naturaleza del trópico venezolano. Se asoma a los paisajes para advertir que la vida subsiste dentro de la tierra cálida y sedienta; sus ramazones cubiertas de un vigor amarillo y el grito de las chicharras suplicando agua…”.

domingo, 29 de abril de 2012

Héctor Guillermo Villalobos. Gobernador


El  24 de octubre de 1945,  Héctor Guillermo Villalobos, poeta, educador y político llegó a Ciudad Bolívar procedente de Caracas para asumir  la Presidencia del Estado, en nombre de la Junta Revolucionaria de gobierno presidida por Rómulo Betancourt.
            .Villalobos, bolivarense nacido el 20 de julio de 1911, era director del Liceo Fermín Toro de Caracas y había sido diputado al Congreso por el Estado Bolívar en el periodo 1937-1940.  Recién había publicado “Jagüey” su segundo libro de poesía.
            Llegó de Caracas el mismo 24 y se encargó de la Presidencia a las seis de tarde. Inmediatamente nombró al profesor upatense doctor J. M. Siso Martínez, Secretario General de Gobierno y a la poeta Luz Machado, Secretaria Privada. Gobernadores de distritos a: Rafael Simonovis, Heres; José Ma. Rizo, Piar; Dr. Rafael Arana, Roscio; Pedro Ramón Castro, Cedeño; y Ramón Centeno, gobernador del distrito Heres debió dejar la Secretaría General de Acción Democrática en manos de Edmundo Cruz Prieto, pero en enero del año siguiente renunció, reclamado por el trabajo partidista y su negocio La Casilla Central que funcionaba en el mercado. De manera que desde el 17 de enero de 1946 la gobernación de Heres la ejerció Joaquín Vicente Echeverría.
            Vuelto el país a la normalidad, comenzó de nuevo la actividad en todas los órdenes de la vida nacional, pero bajo otro signo político marcado muchas veces por el desbordamiento y pugnacidad.
            Antes de cerrar el año 1945, Héctor  Guillermo Villalobos decretó la eliminación de los gastos de sostenimiento de la Casa Presidencial, los gastos de automóvil del Presidente y del Secretario General del Estado, rebajó los gastos de representación, fijó en 3 mil bolívares el sueldo del mandatario, creó la Policía Rural Montada, dotó de instrumental quirúrgico a los hospitales y decretó duelo público por la muerte de del doctor Luis Felipe Vargas Pizarro, quien ejerció en Ciudad Bolívar la profesión de médico durante 50 años además de ser autor de trabajos científicos y ocupar cargos públicos de relevancia.
            Durante ese lapso gubernamental aparecieron en la arena política regional varios partidos, entre ellos URD, pero mientras los nuevos grupos políticos que surgían a la arena trataban de consolidarse, en Acción Democrática, al menos en Bolívar, se percibía cierta pugnacidad  por razones virtualmente burocráticas que llevaron a la renuncia del Director de política, Regulo Salazar, redactor del semanario humorístico El Loro y posteriormente a la del secretario General de Gobierno Siso Martínez.
            Regulo Salazar fue acusado de deslealtad y en un escrito publicado por el propio Gobernador bajo el seudónimo de  Isidro Guevara lo tilda de Pigmeo del periodismo y lo desprecian diciéndole “que se vaya a otra parte  con su sinfonía de bejuco”.
            La renuncia del Director de Política se produjo el 18 de febrero y la de Siso Martínez el 24 de abril. Este último fue sustituido por el Dr. Ángel Domingo Beroes. La crisis se agudizó y la Junta Revolucionaria de Gobierno se vio obligada a terminar con la pugna designando al doctor Fernando Álvarez Manosalva, nuevo Presidente del Estado Bolívar.
Héctor Guillermo Villalobos fue evidentemente  víctima de la pugna interna de su partido, llegando el doctor. J. M. Siso Martínez a ponerle resolver en el pecho para que renunciara como Gobernador, pero el poeta no se acobardó sino que lo desarmó y después el Ministro Valmore Rodríguez lo llamó y le dijo: “Querido Guillermo, te voy a dar un chance para que renuncies”  y Héctor Guillermo Villalobos le respondió: “Yo no renuncio porque yo lo estoy haciendo bien. Si usted quiere, quíteme” y lo quitaron.

viernes, 27 de abril de 2012

Fundación del PDV

Fundación del PDV


El 28 de septiembre de 1943, el Gobierno del Estado autorizó la fundación de una seccional del Partido Democrático Venezolano (PDV), atendiendo a una solicitud hecha por Brígido Natera Ricci (en la foto), Marco A. García Delepiani y J. M. Arapé Garmendia.
Una vez constituido, el PDV realizó su primer mitin en el Paseo Falcón, frente al Hotel Victoria y en el mismo hablaron el doctor Eleazar Alcalá de Armas, tocando el tema del partido político y los poderes públicos, seguido del bachiller Héctor Núñez, quien prefirió hablar sobre la necesidad de orientar la conciencia ciudadana. Juan Sutherland, intervino sobre el partido del pueblo y clausuró Manuel Pérez Vila hablando sobre las proyecciones del Partido Democrático Venezolano.
El Partido Democrático Venezolano, hechura del Gobierno de Isaías Medina Angarita, se había fundado en Caracas el 18 de septiembre de ese año por recomendación del doctor Franco Quijano, ante la popularidad que venía adquiriendo el partido Acción Democrática.
El PDV muy temprano pactó una alianza con el Partido Comunista de Venezuela, que justificó su apoyo y alianza con el Gobierno aduciendo que era un régimen progresista amenazado por las fuerzas retrógradas del país. Y en ese sentido levantó la consigna “Con Medina contra la reacción”.
Numerosos intelectuales y personalidades de la Generación del 28 dieron la bienvenida al PDV y el 17 de octubre de 1944, realizaron un acto público en el que hablaron Antonio Arraiz, Luis A. Pietri, Isaac J. Pardo, Antonio Márquez Cañizales, Inocente Palacios, Juan Bautista Fuenmayor y Ernesto Silva Tellería.
Desde ese nuevo partido se impulsó y logró en el Congreso algunas reformas electorales para conceder el voto femenino a nivel de los Concejos Municipales y la aplicación del sufragio directo hasta la elección de diputados al Congreso de la República.
Antecedente del PDV fue el PPG (Partidarios de las Políticas del Gobierno (PPG) fundado  en 1941 por iniciativa del presidente Medina. Pero en septiembre de 1943 en una asamblea del PPG se decidió la transformación de la organización política cambiando su nombre a Partido Democrático Venezolano.. El nuevo partido estaba liderado por las clases altas y la élite intelectual, aunque pese a ello logró tener una amplia aceptación en los sectores populares por los programas sociales de Medina Angarita.
Poco tiempo después de su fundación las Agrupaciones Cívicas Bolivarianas del ex presidente Eleazar López Contreras se sumó al PDV. No obstante, en las elecciones municipales de 1944 el PDV se alió con el Partido Comunista provocando una ruptura con los seguidores de López Contreras.
Entre los postulados que defendía el PDV destacaban la instauración del voto secreto universal y la consolidación de un partido político secular, que promoviera el beneficio social y la igualdad de la mujer, siendo uno de sus más grandes triunfos el establecimiento del voto femenino en 1945.
En octubre de 1945, con el apoyo del  partido Acción Democrática, una logia de militares denominada Unión Militar Patriótica (UMP) inició un golpe de estado que terminó derrocando a Medina Angarita e ilegalizando el PDV, con lo que se daba fin a su breve existencia como partido político, aunque algunos de los miembros del PDV se sumarían posteriormente a Unión Republicana Democrática, liderada por el tribuno Jóvito Villalna.
Cabezas visible de la llamada Revolución del 18 de octubre de 1945 fueron Rómulo Betancourt quien presidio la Junta Militar de Gobierno con apenas 37 años,  Raúl Leoni, Gonzalo Barrios, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Edmndo Fernández y los militares   Mayor Carlos Delgado Chalbaud y Capitán Mario Ricardo Vargas Cárdenas.  Este ensayo democrático radical sería víctima del mismo sector militar.

jueves, 26 de abril de 2012

Forjas y Herreros

La Herrería de Humberto Bates, ubicada en la calle Piar.  Anuncia la capacidad en que está su taller de herrería de fabricar carros de mulas, ruletos y wagones.  Construcción de ruedas especiales para el tráfico en arenales, espuelas del tipo inglés para la explotación del balatá y del sistema común  en Demerara., bonitos estilos de barandas, ventanas y rejas de hierro y reparación de trapiches.
            De forjas y herreros conoce Guayana desde los tiempos de la Colonia, pero éstos denotan notable actividad y presencia a comienzos del siglo veinte cuando se denota  la importancia  de la explotación del caucho, el balatá, el pendare, y llegan los primeros coches tirados por bestias (Victoria y Pheatón) a sumarse  a los ruletos y carros tirados por mulas.
            De ese tiempo son las forjas del trinitario Humberto Battes, del italiano José Abatti y del alemán Enrique Osternay.  Ciudad Bolívar parecía una urbe cosmopolita con empresarios de todas partes.
            La herrería del trinitario  Humberto Battes se hallaba instalada en el Callejón Dalton, hoy Calle Piar. Asimismo, la herrería del italiano  José Abatti, en el paseo El Porvenir, hoy calle Cumaná, la fundó en 1910, después que se radicó en Ciudad Bolívar, proveniente de Barcelona. Antes y desde 1899 que llegó a Venezuela había trabajado en calidad de mecánico en las minas de carbón de Naricual con la Compañía Lanzoni Mattini.
            Además de la herrería, su taller prestaba servicio automotriz y allí se formaron los mecánicos de los primeros automóviles que llegaron a la ciudad. De ese taller de don José Abatti egresaron Ramón Alcocer, propietario de un taller de reparaciones de automóviles; Aquiles Bellizi, técnico de mantenimiento de las maquinarias de la Tenería de los Hermanos Bilancieri; José Leal, tractorista mecánico de la Oficina Técnica Gutiérrez y Cía de Caracas; el jefe del Departamento de transporte de la Shell así como sus tres hijos: Carlos, Luis y, José Abatti, quien vivía en la avenida 5 de Julio y en cuya casa se conservaban los antiguos y pesadísimos portones de hierro forjado que cerraban por las tardes las rejas de la Plaza Bolívar para evitar que el ganado se metiera.
           
Tanto la herrería del negro Humberto Battes como la de José Abati, desaparecieron y de las de principios de siglo veinte sobrevivió hasta el 2000 con el nombre de Herrería Alemana” la de Enrique Ostarmay, en manos de José del Valle Silva (en la foto), quien la adquirió siendo su empleado en 1934.
            La Herrería alemana fundada en 1904 en la calle Venezuela, se mantuvo viva durante casi todo el siglo, pero aunada su vieja actividad de forja a la de  mantenimiento, por lo que además del clásico trabajo de herrería, fabricaba repuestos mecánicos a pedido debiendo utilizar además de la forja, el torno, la frisadora y otros equipos propios de la tecnología moderna.
            José del Valle Silva, luego de pasar por las aulas del Liceo Peñalver, heredero de las aulas del antiguo Colegio Federal de Varones, hizo un curso por correspondencia sobre mecánica industrial y automotriz al tiempo que trabajaba como ayudante desde 1928 en la Herrería Alemana, fundada por Enrique Ostermay, legada en sucesión a sus hijos. Llegó a ser él, el empleado insustituible del taller, lo cual le permitió en 1934 obtenerlo en propiedad por virtud de sus economías y de un premio de 20 mil bolívares que le dio la suerte puesta a prueba con un billete de la lotería de Beneficencia que entonces existía en la ciudad y con cuyos dividendos se sostenían los hospitales.
            José del Valle Silva quien nació el 3 de noviembre de 1913 y vivió más de ochenta años fue un forjador nato. Lo que se llama un Herrero ilustrado.

miércoles, 25 de abril de 2012

Florinda Barazarte y su hijo predilecto

El 30 de noviembre de 1942 fueron celebradas las bodas de oro de la distinguida pianista bolivarense Florinda Barazarte, organizada por el Ateneo Guayanés que era para entonces el centro de arte y cultura más importante de la ciudad y que realizaba sesiones literarias todos los sábados, trasmitidos por la emisora Ecos del Orinoco.

Florinda Barazarte era hija del periodista, poeta y revolucionario Armando Barazarte, quien junto con el escritor colombiano José María Vargas Vila fundó el periódico Cabos sueltos del Orinoco. Estudió canto al mismo tiempo que piano y debutó en el Teatro Bolívar como concertista, a los 12 años, interpretando composiciones de Beethoven y Mozart. Luego ejerció la docencia como profesora de piano en la Escuela de Música.

Contrajo matrimonio con Alejandro Guntermann Battitini y tuvo cuatro hijos, dos de ellos gemelos. Los tres primeros atacados por la aritroblastosis y el cuarto, Alejandro Guntermann Barazarte, su hijo predilecto, fue ingeniero civil graduado en la Universidad Central después de haber estudiado en la Escuela Heres cuando bajo la dirección del Bachiller Ramón Antonio Pérez funcionaba en los sótanos de la Casa del Congreso de Angostura. El bachillerato lo cursó en el Liceo Peñalver, parte alta del mismo inmueble, bajo la dirección del doctor Adán Blanco Ledezma.

Se graduó de ingeniero civil en la Universidad Central, 1946, y comenzó a trabajar en el Ministerio de Obras Públicas. Asimismo en la Dirección de Obras Públicas del estado, en Ingeniería Municipal, en el MTC y en el ejercicio privado de la profesión. Muchas de las obras de urbanismo y desarrollo del Estado, especialmente de Ciudad Bolívar que va de los años 1946 hasta 1985 cuando fue jubilado por el MTC, tienen de algún modo que ver con la dirección, inspección o los cálculos de Alejandro Guntermann.

Fue quien trazó las carreteras Adjuntas-El Pao, El Callao-Tumeremo y El Dorado. Construyó el frigorífico de San Cristóbal.

Trabajo importante en el cual intervino con cálculo de gran complejidad fue el levantamiento del muro o dique de contención que hizo posible elevar la cota y prolongación del hoy Paseo Orinoco de Ciudad Bolívar.

La ampliación del Paseo Orinoco y elevación de la cota contra las periódicas crecidas del río tapó la popular Laja de la Sapoara, a la cual cantó el poeta Héctor Guillermo Villalobos y que fue punto de convergencia y de referencia de la Ciudad Bolívar tradicionalista. Allí los atarrayadores lograban los mejores lances durante la pesca de esta singular especie de la fauna orinoqueña.

Alejandro Guntermann atribuye entera responsabilidad al entonces titular del MOP, Leopoldo Sucre Figarella, toda vez que Guntermann denunció en un informe por escrito la inconveniencia y propuso desviar el muro más adentro. Solo había que expropiar algunas casas para subir el resaltante de Santa Ana. Se hubiera no sólo salvado la laja sino evitado problemas urbanos, sanitarios y de costo.

Para Alejandrino Guntermann la prolongación del Paseo Orinoco fue realizada erróneamente en ambos sentidos, tanto la del Oeste, gestión del ministro Leopoldo Sucre Figarella, como la del Este iniciada por el presidente edilicio Antonio José Grimaldi y continuada por Domingo Álvarez Rodríguez. El produjo una memoria oponiéndose a esa obra de prolongación por el Este que como funcionario del MOP le tocó inspeccionar. No porque la obra fuese irrealizable sino por inconvenientes y perjudicial. Esa prolongación de escaso tránsito vehicular ha venido causando graves daños al ecosistema de la laguna del medio y de los Franco que cada vez que pueden se cobran el dislate. Allí no se hicieron estudios del suelo ni de cálculos.

martes, 24 de abril de 2012

Medina ante estragos del Orinoco

El 11 de agosto de 1943, el Orinoco pasó sobre los malecones y tapó todos los bancos del Paseo Falcón. La casa mercantil de “Palazzi Hermanos” no dejó por ello de operar para lo cual llevaba su clientela embarcada desde el Resguardo si previamente lo llamaban por el teléfono 352.

El Bachiller Ernesto Sifontes, observador hidrográfico del Orinoco, relata en una de sus crónicas que el Banco de Venezuela debió mudarse a la casa residencia de la señorita Malvina Rosales. Las oficinas de Obras Públicas fueron mudadas frente a Afanador y la Compañía Venezolana de Navegación frente a la casa del maestro Narciso Fragachán. Los damnificados que habían sido alojados en los bajos del Hotel Bolívar (el antiguo) fueron evacuados nuevamente. La bomba de la desecación y las bocas de las cloacas quedaron sepultadas por la inundación y el Resguardo servía de atracadero a las curiaras. Las aguas de la Laguna llegaban a la Bodega Titán y las aceras de la Plaza Abanico (Plaza Farreras). A varios árboles corpulentos de la Laguna sólo se le veían la copa. Las culebras, roedores y sanguijuelas eran sorprendidos en las orillas por muchachos que los acosaban y mataban. La calle Venezuela se veía inundada desde la Ciudad Perdida hasta el Oriente tres metros bajo el agua.

A partir de esta fecha no hubo más crónicas de Sifontes sobre la crecida y estragos del Orinoco, porque el diario El Luchador donde las publicaba dejó de circular desde el jueves 12 de agosto cuando sus talleres quedaron inundados hasta el 4 de septiembre cuando comenzaron a descender las aguas y pudo reanudar sus labores periodísticas.

La crecida del Orinoco en agosto de 1943 fue tan terrible y causó tanta alarma y consternación nacional que el presidente de la República, Isaías Medina Angarita (en la foto en medio de la multitud), quien acababa de regresar de una gira de buena voluntad por los países bolivarianos, se vio obligado a venir para cerciorarse personalmente de la magnitud de los daños.

Por supuesto que la famosa crecida del 43 no sólo afectó a Ciudad Bolívar, sino a todos los poblados que a ambas márgenes se extienden desde Río Negro hasta el Atlántico.

Era gobernador -entonces se decía Presidente del Estado- el doctor José Nicomedes Rivas y Tinoco Rodil ejercía la Secretaría General de gobierno. La junta designada por el ejecutivo regional para ejecutar las obras de defensa y solicitar los recursos económicos para atender a los damnificados, estuvo presidida por el obispo de la Diócesis de Guayana, Monseñor Miguel Antonio Mejía y la integraban los doctores Rogelio Decán, Luis Adrianza, J. R. Méndez, Bachiller Ernesto Sifontes y los empresarios Virgilio Casalta, Carlos Boccardo y Antonio Levanti. Esta junta despachaba en la oficina de José Luis Aristeguieta del establecimiento “Garage Contreras”. El Orinoco comenzó a penetrar en la ciudad el 26 de julio y para la fecha ya había lance de sapoaras, las que se vendían a dos bolívares la grande y 1,50 la pequeña.

El desbordamiento del Orinoco hasta convertir a Ciudad Bolívar prácticamente en una isla, trascendió fuera de Venezuela y tocó sensiblemente la fibra humanitaria de la ciudad de México que entonces tenía una fuerte relación con Venezuela. En el Cinema Palacio de la capital mexicana pasaron entonces la película “Doña Bárbara” protagonizada por María Félix a beneficio de los damnificados del Orinoco y cantaron antes de la exhibición de la película Alfonso Ortiz Tirado y Pedro Vargas. Agustín Lara no asistió por hallarse enfermo, según carta de César Gómez Machado publicada en los rotativos caraqueños.


lunes, 23 de abril de 2012

Escuela de Música y Canto

El 15 de septiembre de 1936, entró en funcionamiento la Escuela de Música, Declamación y Canto, creada por el Presidente del estado, doctor José Benigno Rendón, con el nombre del insigne músico y compositor angostureño del siglo diecinueve, “José (Pepe) Mármol”.

Profesora de piano y canto en esta escuela fue la mezzosoprano Florinda Barazarte de Gutermann, madre de Alejandrito Gutermann, ingeniero que tuvo mucho que ver con la infraestructura vial y urbana del Estado.

Por esta escuela pasaron Carmen Liccioni, Salvador Calojero, Isabel Caro, Tito Ávila, Elena Acosta Yánez, Lilia Tovar, Federico Behrens, Antonio Marcó y Ana María Gutiérrez, quienes actuaron en las recién inauguradas emisoras Ecos del Orinoco y Radio Bolívar.

Fitzí Miranda influyó en el gobernador para que sustituyera el nombre a la Orquesta Gómez por el de Juan Bautista Dalla Costa y le pusiera el nombre José (Pepe) Mármol, a la Escuela de Música.

Mármol fue director de la Banda del Estado cuando ésta en 1875 llevaba el nombre de “Piar”. Asimismo de la Banda Marcial Alcántara. Según el profesor José Ángel Viña Bolívar, especialista en musicología latinoamericana, José Mármol y Muñoz, nacido en Angostura el 20 de abril de 1825, es el primero de los directores de bandas de cuya vida existen testimonios documentales y hemerográficos importantes.

Mármol, no obstante su condición de músico y compositor angostureño, tuvo una significativa participación en la vida musical caraqueña desde 1864 cuando se radicó en la entonces bucólica ciudad del Ávila. En esa ocasión, según Viña, el diario El Porvenir, lo recibió con esta nota elogiosa: “Ha llegado de Ciudad Bolívar a esta capital el ciudadano José Mármol, una de nuestras glorias nacionales; joven de principios democráticos, alma de artista, poética y generosa como la patria que lo vio nacer”.

Mármol es autor de Mañanas del lago, Plegaria a Nuestra Señora de las Nieves, Misa de difuntos y El gigante de Churuguara, dedicada al general Juan Crisóstomo Falcón y de otras producciones muy celebradas por los liberales y guzmancistas de su tiempo. Era admirador del general Antonio Guzmán Blanco y ese caudillo venezolano lo protegió, especialmente cuando estuvo en trance de quedar ciego.

Ejecutaba varios instrumentos, entre ellos, el violín, la flauta, el piano y la guitarra. Estudió en Ciudad Bolívar y Europa y como director de banda hay testimonio de que era rígido y polémico. Paralelamente a la música desempeñó algunos cargos públicos y sufrió persecuciones políticas que perturbaron su tranquilidad y lo abochornaron de una manera tal que alguna vez llegó a expresarse mal de sus adversarios afirmando que eran “traicioneros por debilidad y cobardes por ambiciones microscópicas y lo peor, incorregibles”.

La Escuela de Música José (Pepe) Mármol de vida efímera es antecedente cercano de la Escuela de Música Carlos Afanador Real, fundada también después de una dictadura. En este caso la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y en cuya fundación igualmente influyó Fitzí Miranda. La Escuela de Música Carlos Afanador Real, aún vigente, fue creada por decreto 57 del gobernador Horacio Cabrera Sifontes y su primer director fue el profesor Fortunato Pascuali de nacionalidad italiana.

En la Ciudad Bolívar del siglo pasado fue siempre bien respetado don Carlos Afanador, especialmente por sus alumnos José Francisco Miranda como por los jóvenes del Alto Coro de la Catedral, entre quienes destacaron las sopranos líricas Carolina y Camila Dalla Costa de Beltrán; la soprano dramática Mercedes Tovar de Figarella, la mezzosoprano Florinda Barazarte de Guntermann, Santiago Sosa Jiménez, Inesita de Plaza Ponte, Salvador Calogero, Juan Bautista Marcano, José Francisco Hernández, Juan Requesens, José Emázabal y J. M. Yélamo.

domingo, 22 de abril de 2012

La Escuela de Enfermeras

El 10 de junio de 1929 se reanudaron los cursos de Enfermería de la Cruz Roja de Ciudad Bolívar, presidida por el doctor Manuel Felipe Flores.

La Escuela de Enfermeras Profesionales fue fundada en el Hospital Ruiz y Mercedes el 22 de octubre de 1907 con un régimen de dos años por curso y programa de clases teóricas y prácticas dictada por el doctor Félix Rafael Páez, director de la Junta Superior de Sanidad. Esta escuela tuvo nueve promociones y cerró sus aulas en 1924. El año siguiente, el doctor Páez abrió una escuela para enfermeras auxiliares, dependiente de la Cruz Roja, que entonces era una institución importante de salud en el estado Bolívar desde finales del siglo XIX, cuando fue creada y tenía edificio propio entre la calle Venezuela y la calle Boyacá.

Esta escuela de auxiliares sólo dictó un curso y no fue sino en 1929, cuatro años después, cuando se reanudaron por iniciativa del doctor Manuel Felipe Flores, la cual funcionó hasta 1943 con cursos que duraban nueve meses. Desde entonces no hubo más escuela, sólo cursos esporádicos para la formación de auxiliares de enfermería, hasta 1978 cuando desaparecieron las once tradicionales escuelas de enfermería que existían en el país, dependientes del Ministerio de Sanidad para dar paso al Bachillerato Asistencial, mención Enfermería.

Pero los estudios de enfermería a nivel del bachillerato no respondieron a las exigencias y calidad que el desarrollo del país planteaba, de suerte que comenzaron los estudios y proyectos para dotar al país de una auténtica escuela de enfermería a escala universitaria.

La iniciativa fue del Núcleo Bolívar de la UDO en 1969, cuando el director de la Escuela de Medicina era el doctor Félix Gruber, quien designó una comisión para que hiciese un estudio de factibilidad sobre la creación de la Escuela de Enfermería. En esa primera comisión estuvo el doctor Elías Inaty, la profesional de la enfermería María Cristina García y Raiza Benedetto. El estudio presentado en 1970, recomendaba la creación de la escuela a nivel superior para atender las necesidades de la región suroriental.

Cinco años después (1975), los vicerrectores Hugo Sánchez Medina, Diógenes Figueroa y Sergio Tovar, elaboraron un proyectos para ofrecer estudios paramédicos en la Escuela de Ciencias de la Salud, Núcleo Bolívar de la UDO, en el cual proponían iniciar en 1976 un conjunto de carreras del área de la salud, entre ellas, enfermería

En 1977, un estudio realizado por Clade Consultores por encargo de la UDO, propone la Unidad de Ciencias de la Salud, en la cual incluía, entre otras, la Escuela de Enfermería, pero en realidad el primer proyecto que abarca por sí solo la Escuela de Enfermería fue el realizado para su ascenso por la licenciada Isabel Porfiria de Vásquez, pero no pasó de allí.

En 1982, aparece otro proyecto que incluía Escuela de Enfermería denominado “UDO Escuela Nororiental de Ciencias de la Salud”, hecho por Manuel Luis San Juan, Luis Delfín Ponce Ducharne y Félix Gruber que proponía su sede en Barcelona. Nunca fue discutido por el Consejo Universitario.

En 1985, el decano del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente, doctor Oswaldo Betancourt, y el comisionado de Salud, doctor Edgar Gómez, encomendaron a la licenciada Raiza Benedetto, con postgrados en Enfermería y Tecnología de la Salud, para elaborar el proyecto de creación de la Escuela a nivel universitario, aprobado y que integra hoy junto con la Escuela de Medicina ya existente y la Escuela de Bioanalasis y otras por venir, la Unidad de Ciencia de la Salud de la Universidad de Oriente

sábado, 21 de abril de 2012

Elección de Isaías Medina Angarita

El 6 de marzo de 1941, el Concejo Municipal de Heres, bajo la presidencia del doctor Adán Blanco Ledesma, proclamó la candidatura de Isaías Medina Angarita (en la foto con su esposa Irma Felizola y la primogénita), para Presidente de la República durante el período 1941-1946, con el respaldo de centenares de firmas presentadas por la Sociedad Cooperativa de Artesanos y el Gremio de Conductores.

Ya Medina, que incluso había estado en Ciudad Bolívar, se había separado del cargo de ministro de Guerra y Marina para emprender el camino hacia la Presidencia de la República, aceptando su postulación como candidato en un manifiesto dirigido al pueblo venezolano ese mismo mes de marzo de 1941. Previamente, el 6 de febrero, un grupo de independientes había lanzado la candidatura del escritor Rómulo Gallegos, a quien apoyaban también los principales miembros del clandestino Partido Democrático Nacional. A pesar de que la elección del presidente no era directa en aquella época, hubo una campaña electoral movida, con mítines, discursos, manifiestos apoyando o criticando a los 2 principales candidatos, e incluso afiches con propaganda electoral en las paredes de la capital.

El 28 de abril, el Congreso Nacional se instaló con ese propósito, efectuó la votación y resultó el postulado Medina Angarita, favorecido con 120 votos. 13 correspondieron al maestro Rómulo Gallegos; 2 al doctor Diógenes Escalante; 1 al doctor José Izaguirre y 1 al doctor Luis Jerónimo Pietri. El Congreso estaba integrado por 40 senadores y 127 diputados. Medina fue juramentado el 5 de mayo.

Nacido en San Cristóbal del Táchira, había ingresado a la edad de 15 años en Escuela Militar y cubrió todos los escalones de la carrera de las armas hasta llegar a ser General y Ministro de Guerra y Marina durante el gobierno de su paisano el general Eleazar López Contreras.

Al igual que lo hizo su antecesor, subió de ese Ministerio a la Presidencia de la República favorecido por la influencia del gobierno y del sistema electoral que continuaba siendo parlamentario. Medina llegó a la presidencia arrastrando una leyenda negra acerca de sus simpatías por el fascismo y de su inclinación por Benito Mussolini, que lo acompañó durante los años en que había sido ministro de Guerra y Marina. Según crónicas del periodista Miguel Otero Silva, durante ese período lo hicieron responsable de todos los actos del gobierno que se consideraran antidemocráticos, como el destierro de un dirigente de la oposición o la clausura de un periódico. En cambio, si López Contreras tomaba una medida de índole democrática, se decía que lo hacía a pesar de Medina. Debido a estos antecedentes, existía el temor de que la elección de Medina como presidente significara un retroceso en la evolución política desde la muerte de Juan Vicente Gómez en diciembre de 1935.

Contrariamente a lo esperado por sus detractores, Medina estableció una amplia apertura democrática, permitiendo la confrontación de distintas ideologías y la expresión de criterios diversos en torno a los problemas del país. Fue un hombre de grandes convicciones, sencillo y plural; su temple de estadista propició la dinámica necesaria para convertir a Venezuela en una república moderna. Lamentablemente, un golpe militar interrumpió su mandato alegando que el sistema electoral que lo llevó al poder adolecía de vicios y debía ser sustituido por otro más universal, directo y secreto. El oficialismo sostenía que a ese sistema directamente democrático podía llegarse gradualmente y a medida que el pueblo se fuese preparando para poder asimilar, sin indigestarse, el plato suculento que significan las libertades democráticas después de un período tan largo de dictaduras

viernes, 20 de abril de 2012

Los voladores de Angostura

La Jefatura Civil de Ciudad Bolívar dictó el 6 de noviembre de 1934, una prohibición del juego de voladores o papagayos desde las azoteas de los inmuebles del centro urbano y en medio de las calles, y al mismo tiempo designó los puntos para que los niños y jóvenes pudieran elevar sus voladores; tales fueron las playas del Orinoco, la laja de La Llanera y Los Peladeros. La prohibición hacía énfasis en el Paseo La Alameda porque se estaba pavimentando. Hasta entonces había sido de tierra, y comenzó a ser pavimentado desde el Puerto Blohm hasta el dique de La Carioca. Entonces, los citadinos no hablaban de pavimento con cemento sino de macadam.

Este liviano y vistoso artefacto que colmaba de alegría con sus sonoras trompetas el cielo angostureño, nos viene desde tiempos muy remotos, mucho antes de la venida de Jesucristo.

Los italianos atribuyen el invento a un paisano de nombre Aquitas de Tarento, nacido 430 años antes de Jesucristo. Sin embargo, los chinos atribuyen la invención a un antiguo guerrero de nombre Han Sin, quien lo concibió con fines bélicos, también mucho antes de la venida de Jesús.

Lo cierto es que los cometas han sido utilizados no sólo por los guerreros, sino por la ciencia en las observaciones meteorológicas y, antiguamente, por los ingenieros en la construcción de puentes. Benjamin Franklin lo empleó para cerciorarse de que la electricidad y el rayo son una misma cosa. Pero después que los aerostatos volaron, y también los aeroplanos y otros artefactos más técnicos y complicados, los humildes voladores perdieron un tanto su utilidad científica y quedaron reducidos a la esfera de los niños que hicieron de ellos su juego preferido.

En los países como China, Japón y Corea, el juego de remontar los cometas es tradición arraigada desde los tiempos más lejanos; inclusive se conecta con leyendas, como aquella según la cual aleja a los malos espíritus. Los chinos le consagran el noveno día del noveno mes de cada año, y los japoneses durante el festival infantil que se celebra el 5 de mayo, lanzan sus cometas de las formas y colores más variados.

En Venezuela, y particularmente en Ciudad Bolívar, la afición de elevar voladores o cometas nos vienen desde la Colonia, al igual que en otros países de la América Latina, como México, donde nuestro tradicional volador recibe el nombre de “papalote”.

En nuestro país, además de cometa y volador, también se le dice “papagayo” y “barrilete”, y los hay de formas múltiples, representando peces, pájaros, mariposas, murciélagos, mujeres y hasta instrumentos musicales, provistos de una cola larga y una lengüeta de papel tras la trompeta que vibra con el viento.

La emoción del papagayo prácticamente se ha perdido y solamente de él está quedando el recuerdo o la vivencia trasladada a los libros, como esta de Juan Rulfo, en “Pedro Páramo”:

Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes, cuando volábamos papalotes en la época del aire. Oíamos allá abajo el rumor viviente del pueblo mientras estábamos encima de él, arriba de la loma, en tanto se nos iba el hilo de cáñamo arrastrado por el viento.

“Ayúdame, Susana”. Y unas manos suaves apresaban nuestras manos. “Suéltame más hilo”.

El aire nos hacía reír, juntaba la mirada de nuestros ojos, mientras el hilo corría entre los dedos detrás del viento, hasta que se rompía con un leve crujido como si hubiera sido trozado por las alas de algún pájaro. Y allá arriba, el pájaro de papel caía en maromas arrastrando su cola de hilacho, perdiéndose en el verdor de la tierra

jueves, 19 de abril de 2012

El turno farmacéutico


El 12 de mayo de 1927, tras una campaña ciudadana para demandar el servicio se implantó por primera vez en Ciudad Bolívar el turno farmacéutico nocturno que facilitó cubrir las emergencias que solían presentarse por requerimiento de algún medicamento no disponibles en los centro de salud pública..

Las droguerías Berhens & Cía., Ochoa Pacheco & Cía, Luis Vicentini y Carrancas & Cía, que controlaban todas las farmacias y boticas de la ciudad, se reunieron con las autoridades de salud y convinieron en establecer el turno farmacéutico obligatorio.

Los farmacéuticos comenzaron a agremiarse en 1882 bajo la Sociedad Farmacéutica de Venezuela, presidida por Teodoro Sturup. Entonces los títulos farmacéuticos se otorgaban a los médicos que cubrieran ciertos requisitos. Pero esa sociedad tuvo un largo receso que dio lugar en 1894 a la Sociedad Farmacéutica de Caracas y Venezuela, presidida por Enrique García, año en que se iniciaron en forma los estudios universitarios de farmacia.

Esta sociedad corrió la misma suerte de la anterior hasta que en 1909 se creó el Centro Farmacéutico Venezolano que más tarde tuvo su seccional en Ciudad Bolívar. En la presidencia estuvo el doctor Antonio Lecuna Bejarano, farmacéutico valenciano que ejerció en Ciudad Bolívar y Upata de 20 años y el cual se hizo famoso por lograr sintetizar el Babandí en gotas para curar la impotencia sexual.

A las boticas y farmacias anteriormente señaladas se sumaron hasta mitad del siglo XX, la Botica Nacional, Santa Ana, Del Valle, Orinoco, Bolívar, Continental, El Águila, La Bello y El Porvenir. Esta última, propiedad de Antonio Rodríguez, la cual vendía de todo, incluso casabe y queso, agua del carmen, sulfas píldoras del doctor Ross, neolsarvarzan, goma arábiga, purgante de higuera, soluciones de yodo, emolientes y ciertos placebos que más que valor terapéutico tenían un efecto psicológico.

El Colegio de Farmacéuticos del Estado Bolívar se constituyó en 1949, específicamente el 11 de septiembre. Para entonces mandaba en Venezuela una Junta Militar presidida por el coronel Carlos Delgado Chalbaud e integrada por los coroneles Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez, este último nativo de Ciudad Bolívar. El gobernador del estado era José Barceló Vidal desde diciembre de 1948.

Ese día 11 de noviembre de 1949, se reunieron en el local de la Farmacia Del Valle los doctores J. M. Montes Ávila, en representación propia y de Manssur Ruiz; F. Crespo, J. Loreto Rodríguez, Raúl Gambas, Juan Requesens, Corina Atías, Miguel Salmerón Gómez, Hernán Meinhard hijo, Fermín Bello Dalla Costa y Luis S. Carrasqueño, para constituir el Colegio y designar la Junta Directiva, la cual quedó presidida por el doctor Herman Meinhard, hijo; secretario, doctor Luis S. Carrasqero y tesorero, doctor Fermín Bello Dalla Costa. El Tribunal Disciplinario quedó diferido hasta tanto se formalizara la inscripción total de los farmacéuticos activos en el Estado, lo cual se cumplió en la sesión del 10 de enero del año siguiente cuando al fin se nombró el Tribunal integrado por los doctores M. A. Salmerón Gómez, J. A. Montes Ávila y Corina Atías.

El doctor Fermín Bello no se aguantó mucho tiempo en la Tesorería, renunció y en su lugar fue nombrado el doctor M. A. Salmerón.

Así con esta Junta Directiva se inició el Colegio de Farmacéuticos del Estado Bolívar y por ella han pasado en calidad de presidentes, además del primero Hernán Meinhard; los doctores Juan Requesens, Fermín Bello Dalla Costa, Ramón Castro, Alfredo Hernández, Andrés Bello Bilancieri, Miguel Guevara Madrid, Pedro M. Casado Esteves, Orlando Urdaneta, Paúl von Buren, Jesús Martínez, Gilberto León, Diana Hernández, Bismark Ortiz, Saúl Gutiérrez, Marina López Mendoza, María Elena

miércoles, 18 de abril de 2012

Un tigre negro para el dictador


 
El 7 de abril de 1926 fue cazado, montaña adentro de Guayana, un tigre hembra de color negro, por el ganadero Félix Páez Ezeiza, propietario del hato La Yegüera.

El tigre había sorprendido a cuatro peones del hato, causándoles desgarramientos, por lo que se produjo una alarma general que puso en guardia a los trabajadores de la hacienda, incluyendo a su dueño que, bien armado, salió en busca de los rastros del felino que se había internado en la selva dejando a cuatro heridos.

El tigre hembra al fin fue localizado amamantando a su cachorro. Páez Ezeiza le asestó un certero disparo mortal al instante que el cachorro saltaba y se perdía entre la selva. Veinticuatro días después fue localizado y capturado vivo. La noticia trascendió y llegó a oídos del general Juan Vicente Gómez, quien desde Maracay se interesó por el raro ejemplar. El encargado de trasladarlo al zoológico de la capital aragüeña fue el general Augusto Casado.

Para 1926, la selva guayanesa era temida no sólo por los tigres que abundaban a pesar de su depredación constante, sino por los ofidios, la malaria, la fiebre amarilla, el caimán y otros animales feroces como el oso palmero. Uno de ellos atacó al comerciante Merizo Palazzi en el fundo Caruto, más allá de la Pica de Araciana.

El plantígrado, enfurecido, lo atacó luego de haber sido herido de un disparo por el mayordomo de su hato. Palazzi sufrió desgarramiento desde el femoral hasta la rodilla.

Tantos los tigres como los osos de Guayana prácticamente han sido reducidos al mínimo. Los pocos existentes se hallan apartados hacia lo más profundo de la selva. Dada esa situación, Horacio Cabrera Sifontes llegó a proponer como refugio la Altiplanicie de Nuria, topográficamente ideal no sólo por tener una sola y difícil entrada que facilitaría la vigilancia, sino porque es un ambiente de agradable temperatura rodeado de un área selvática de considerable densidad, grandes laderas vírgenes y una calceta de sabana inmensa, colmada de pastos y morichales, donde pueden prosperar venados, dantos, chácharos y otras especies acosadas por el hambre.

A propósito del tigre negro, consultamos en cierta ocasión a don Horacio Cabrera Sifontes, reconocido como un gran cazador de tigres, quien nos dijo entonces que el color básico de la piel del tigre es amarillo rojizo con franjas verticales oscuras; y aunque la tonalidad de estos dos colores varía entre las subespecies, el tigre permanece inconfundible. Existen dos desviaciones de este patrón: el tigre negro, en el cual el color amarillo es remplazado por un pardo muy oscuro, así como en el leopardo, el jaguar y otros félidos.

Y eso que el tigre come por lo ligero también es verdad, pero lo hace, cerciorándose antes, de que no ronda nadie por su medio. Tiene buena vista y buen olfato. Es muy cauteloso y se cuida por instinto de su mayor enemigo que es el hombre. A este lo reconoce en la oscuridad más densa, pues en los días sin luz es cuando de veras se le aviva y aguza el sentido de la vista. Por eso se dice que donde hay indios no hay cacería y menos de tigre. El indio es codicioso hasta con las alimañas y cuando el felino lo percibe se aleja. Pero cuando el tigre siente en carne viva la agresión del hombre, entonces es cuando es tigre, se le enfrenta aculándose en el monte intricado y sucio. Es allí donde es fuerte, no encaramado como se dice

martes, 17 de abril de 2012

El Río de las siete estrellas


El 7 de noviembre de 1927, a las ocho de la noche ancló en la  rada del puerto de Angostura el vapor “Delta” trayendo en su bordo al poeta Andrés Eloy Blanco, quien fue recibido por una multitud congregada en el Paseo Falcón, encabezada por su paisano el presidente del Estado, Silverio González; el secretario de Gobierno, Antonio María Delgado y el presidente del Centro Guayana Lírica, J. M. Agosto Méndez.

El poeta fue alojado en el Hotel Cyrnos en medio del alborozo popular y una intensa cohetería iniciada desde que a lo lejos se divisaron las luces del barco de la Venezolana de Navegación.  Al día siguiente visitó el Liceo Andrés Bello y por la noche abrieron las puertas del Teatro Bolívar para la velada artística literaria organizada por el Centro Guayana Lírica, que comenzó con la Obertura de la Caballería Rustican, de T. Mascagni, ejecutada por jóvenes músicos de la ciudad. Luego el poeta Andrés Eloy Blanco habló sobre “El mar de la guayanesa” cerrándose la primera parte con la lectura del fragmento del drama “La mujer de la trenza morada”.

La orquesta típica interpretó en el intermedio el vals Brunilda, luego en la segunda parte, un trío de violín, flauta y piano ejecutó la Serenata de Tite seguida de la escenificación del poema de AEB “El Huerto de la Epopeya” en la que actuaron las señoritas María Dolores Guevara (Francia), Teotiste Monserrate (Venezuela), Isabelita Aristeguieta (Colombia), Trina Monserrate (Ecuador), María Luisa Carvajal (Perú), Elena Vautrai (Bolivia), María Liccioni (Dama de la Cruz Roja) y la niña Linda Aristeguieta (Heraldo).

Poemas dedicados a Andrés Eloy Blanco por los bardos guayaneses Adán Blanco Ledesma, en la voz de la señorita Hortensia Flores; Pedro Cova Fernández, en la voz de la señorita Teotiste Monserrate; F. Guevara Núñez, en la voz de Matilde Ruiz.

El doctor J. M. Agosto Méndez, a nombre del Centro Guayana Lírica bajo su presidencia, impuso una medalla de oro al distinguido visitante al tiempo que la orquesta irrumpía con “Galopp” en do mayor, de R. Maitra, para concluir la velada con “El Río de las Siete Estrellas” (Canto al Orinoco) en la voz de su propio autor.

El poeta que recién había cumplido los 31 años inició su canto al río padre con una invocación al dios de las Aguas antes de emprender el viaje desde la gota de agua. Porque para el poeta el Orinoco “es una gota, apenas, como el ojo de un pájaro” que mira desde la torre más alta de esa Catedral que es la sierra del sur.

El domingo 13, tras una semana en tierra de Angostura, el poeta abordó de nuevo el “Delta”, el cual hizo escala en Puerto España, donde conoció a Aimée Battistini y le dedicó este poema: “Afortunado nombre entre los nombres bellos / nombre como una estrella prendida en los cabellos / Nombre que tu belleza ciñe como un laurel / nombre para que todos te amen un poco en él / Si no hubiera anidado ya en tu cabeza el cuervo / quizás fuera ese nombre una hija de Nervo / Si hubiera sido de oro de otro siglo sería / ventura de una noche y un día / con un galán nervioso que espera tu llegada / para decirte apenas: -Cuánto tardaste amada / nombre que es la promesa del amor esperado / que espero hasta la muerte mariana alcanforada / nombre que ha de ser gloria en los besos del hombre / que ha de llamarte amada por algo más

lunes, 16 de abril de 2012

El Puerto de Ciudad Bolívar

El 6 de marzo de 1940, el Ministerio de Obras Públicas licitó el proyecto de construcción de un Puerto de muelle con instalaciones navales para Ciudad Bolívar. El proyecto implicaba un equipo flotante y otro fijo.

El equipo flotante, conformado por varias gabarras: una de acero de 92 metros de largo por 15 de ancho y 2,29 de altura, provistas de almacén de tránsito; gabarra de 45x10,50x2,29 para la grúa viajera de 10 toneladas de capacidad; una gabarra de acero de 18x10,50x1,52 y otra gabarra de 9x7 x152 metros.

El equipo fijo establecía dos torres de acero para amarrar la gabarra principal; una torre central de concreto armado, con dos ascensores de 10 toneladas de capacidad para el manejo de carga; un viaducto que conectara la torre de los dos ascensores con el almacén y la oficina, un almacén depósito de concreto y acero de 79x30,48 metros y parte del Almacén con 2 pisos para oficinas de la Aduana. Todo esto según los planos contratados por el Gobierno Nacional a las oficinas de Parsons, Klapp, Brinckoff & Douglas, de Nueva York.

Este puerto técnicamente concebido e instalado con todos los equipos, muelles, almacenes, andenes, grúa y esa parafernalia característica del servicio portuario llenó las aspiraciones del alto comercio importador y exportador

La Línea Orinoco de la CVN hacía escala en Ciudad Bolívar en El Almacén, Boca de el Pao, Moitaco, Santa Cruz, Mapire, Las Bonitas, Caicara, Cabruta, La Urbana, Santa Bárbara, Santa María, Los Barrancos, Puerto Páez y Puerto Ayacucho.

La The Welcome Steeanalp explotaba un servicio entre La Guaira y Ciudad Bolívar con escalas en Barrancas, Trinidad, Demerara, Maroa, Cayena, Carúpano, Pampatar, Cumaná y Guanta. Este servicio se inauguró con el vapor Bienvenido.

Para entonces, de todo el estado, y Ciudad Bolívar, su capital, era el punto más poblado y también el centro y puerto comercial más importante del arco sur orinoqueño, incluyendo Apure. Tenía relaciones de importación y exportación con los puertos más movidos del mundo, entre ellos: el Havre, París; Burdeos, Londres, Manchester, Puerto España, Nueva York, Caracas y La Guaira a través de la línea de Vapores Hamburgo  América.

El antiguo Puerto de Ciudad Bolívar se mantuvo activo hasta los años 60 en que despertó Ciudad Guayana como puerto fluvial, más cercano al mar, con dragado permanente y grandes muelles para la exportación de productos metalúrgicos mineros e importación de materia prima destinada a las empresas básicas asentadas en la confluencia Caroní-Orinoco.

Buques de la Venezolana de Navegación y de la Real Holandesa llegaban con frecuencia y mantenían un importante movimiento de caleta organizado que le daba vida y alegría a la Ciudad Bolívar del siglo XX.

Pero esta frecuencia fue disminuyendo hasta que a partir de la década del 60 sólo llegaban al Puerto de Ciudad Bolívar cuatro buques mensuales de bandera extranjera, de 4 mil toneladas. Los últimos fueron los buques Buar, Hecuba, Breda, Kreim, Daphines y Alma Runner que atracó el 8 de julio de 1966 con 850 toneladas de carga. A partir de entonces resultaba mucho más rápido, cómodo, barato y económico hacer la última escala en Ciudad Guayana.

De manera que desde el nacimiento de Ciudad Guayana como Polo de Desarrollo de la región, el Puerto fluvial de Ciudad Bolívar quedó neutralizado, pero, más que eso, desmantelado pues hasta la Aduana y Capitanía de Puerto debieron reubicarse en la zona del hierro. Posteriormente, lo que pudo salvarse, lo aprovechó la Armada para su base fluvial Capitán de Navío José Tomás Machado

domingo, 15 de abril de 2012

El río Orocopiche


 
El 20 de enero de 1941, el ministro de Guerra y Marina, general Isaías Medina Angarita, quien se mencionaba como candidato a la Presidencia de la República visitó Ciudad Bolívar, para estar presente en el acto de inauguración del puente sobre el río Orocopiche.

La obra fue inaugurada con el nombre de Puente Bolivariano exaltado en su discurso por el doctor Jesús Arocha, quien afirmó que la obra estaba dirigida a favorecer a los pueblos del Almacén, Managua, Las Garcitas, Los Hicoteos, La Portuguesa, La Mina, La Carolina, Las Cocuizas, Los Piquitos, Curiapo, La Cochinera y La Esperanza.

La construcción de este puente fue solicitada por acuerdo de la Asamblea Legislativa el 20 de enero de 1939, de manera que su construcción tardó dos años justamente en una zona cuya población data desde 1773 cuando la fundó Manuel Centurión Guerrero de Torres.

El pueblo de Orocopiche en sus comienzos fue puesto en manos de los franciscanos observantes misioneros del Orinoco, junto con el pueblo de Buenavista, Marhuanta (Muruanta) y Panapana donde se dice que murió el indio Maremare, a quien tanto le cantó el Negro Alejandro Vargas.

Según nota publicada en el Cojo Ilustrado, el pueblo de Orocopiche estaba en 1899 en manos del padre doctor Nicolás Menello, concienciando en su religión a pobladores de la etnia Caribe.

El río Orocopiche de Ciudad Bolívar nace en el Cerro del Medio y desemboca sobre el Orinoco después de recorrer 89 kilómetros. En su nacimiento se encuentra con el río Marcela que da nombre a un balneario muy frecuentado por los citadinos.

En 1892 se dio en él la batalla que lleva su nombre entre las fuerzas del Mocho Hernández y la del gobierno comandadas por el general Santos Carrera, quien cayó mortalmente herido poniéndole fin a la resistencia gubernamental que hizo posible el acceso al poder civil y militar de las fuerzas legalistas encabezadas nacionalmente por Joaquín Crespo.

El 10 de agosto de 1892 se abrieron los fuegos de lado y lado dominando desde las alturas las fuerzas legalistas y descabezando a tiro fijo desde la Piedra del Murciélago los comandos de las tropas del Gobierno. El jefe expedicionario general Santos Carrera no pudo sobrevivir al tercero de sus caballos muertos en la refriega. Los miembros del Estado Mayor también mordieron el polvo mientras el presidente Siegert que estaba en la retaguardia salió en estampida con el resto de la tropa en derrota atravesando el río Marcela que estaba tan crecido como su receptor el Orocopiche y el Orinoco que ese año tapó la Piedra del Medio.

El sistema Marcela-Orocopiche se ve actualmente que ha disminuido su caudal a valores más allá de los observados en los últimos 50 años. La flora propia de la montaña de ese importante curso de agua son las palmeras de moriche, los hicacos, la caña de India y otras especies ornamentales, pero según denuncias están sufriendo un proceso degenerativo y de extinción. Igualmente la fauna autóctona, específicamente el oso palmero, culebras de agua, terecayas, perro de agua, morrocoy y especies piscícolas, han sido destruidas, o han tenido que huir de la zona.

En el problema inciden las deforestaciones, rastreos y quemas irracionales. En las zonas protectoras de los morichales, ha sido desplazada la vegetación autóctona por cultivos que como el merey, son incompatibles con las condiciones naturales de humedad de los morichales, por otra parte se han realizado deforestaciones y rastreos rasantes que llegan hasta el propio cauce de afluentes del Orocopiche como riachuelos y quebradas dejando al descubierto las abundantes especies de moriche y el propio cauce del río

sábado, 14 de abril de 2012

El profeta Enoc

Entre el 2 de agosto y 18 de septiembre de 1926, los bolivarenses estuvieron pendientes y siguiendo los pasos del profeta Enoc. Las primeras noticias llegaron de La Paragua, según las cuales el misterioso personaje se hallaba predicando por las calles polvorientas del municipio foráneo y lo asociaban con el que había estado en Managua profetizando cosas espantosas, entre ellas, el juicio final.

Los discursos los comenzaba con los primeros cuatro versículos del capítulo 30 del Evangelio de San Lucas. Se trataba de un hombre de piel morena, ni gordo ni flaco, melena negra lacia, que se alimentaba de frutas y no aceptaba dinero ni hospedaje, prefiriendo acampar bajo un toldillo.

El profeta, calzado de sandalias que parecían no desgastar los interminables caminos, estaba tan de pronto en un lugar como en otro sin importarle la distancia ni exhibir cansancio, sino, por el contrario, siempre se veía reposado, vital y seguro de sí mismo.

Por una carta de Cruz Lina de Matías, dirigida a don Jorge Suegart, se supo que el día 3 de octubre, a las 8:30 de la mañana, el profeta se hallaba en Santa Cruz del Orinoco predicando en una esquina. La carta publicada en El Luchador dice que entonces el profeta Enoc vaticinó la segunda venida del Salvador y dijo que sólo le faltaban cinco meses y medio para terminar de recorrer el mundo a pie, al cabo de los cuales se encontraría en Roma con el profeta Elías para persuadir al anticristo.

Pero el anticristo que, según el Apocalipsis, habrá de aparecer poco antes del fin del mundo para llenar la tierra de crímenes, no se dejaría persuadir sino que iracundo los mandaría a descuartizar. El profeta Enoc estaba consciente de ello, pero por inspiración divina sostenía que al cabo del tercer día de muerto despertaría para no morir jamás. Era sin duda una buena esperanza para la jornada que en Guayana le tocaba cumplir en medio de un verano de sabanas encendidas al cual las pocas lluvias no podían vencer. El profeta dijo entonces que aquel verano resaltado por asfixiante humareda de sabanas encendidas, era uno de los signos que comenzaban a presagiar la venida del Salvador. Otros signos serían terremotos y ciclones y una gran guerra que destruiría a Europa. Tan sólo la América quedaría en pie (¿La II Guerra Mundial?).

La edición de El Luchador del 12 de noviembre (1926) vuelve con el tema del profeta Enoc, esta vez para publicar una nota enviada por el coronel Francisco Daza Carmona, padre del poeta Argenis Daza Guevara, secretario de la Jefatura Civil de El Manteco, informando sobre la llegada al poblado del profeta Enoc con su carga de augurios fatalistas.

Pancho, quien además de eficiente funcionario público, se aplicaba al dibujo y a la redacción de notas periodísticas para El Luchador, le envió al vespertino capitalino un reportaje con ilustración al creyón del profeta que el periódico no publicó por tener dañado el fotograbado, pero se la entregó a I. E. Rebolledo, fotógrafo de la ciudad para una reproducción que luego se vendió como pan caliente.

Daza Carmona, acompañado de Julio Delgado y Miguel Grillet, logró conversar con el profeta en la orilla del Yuruary, a cinco kilómetros de El Manteco y posteriormente el 18 de octubre, fiestas patronales de Santa Teresa de Jesús, cuando se situó en la plaza de El Manteco iniciando sus prédicas con esta frase bíblica: “El que tenga oído y quiera oír que oiga. Con armas nada más no se mata, se mata con el pensamiento

viernes, 13 de abril de 2012

El peor de los oficios


El peor de los oficios
es el título de un libro escrito y publicado en 1990 por el poeta margariteño, Gustavo Pareira (en la foto), quien ayer tertulió con los poetas de Ciudad Bolívar.

El libro está marcado con el número 173 de la colección menor de la Academia Nacional de la Historia y recopila notas y cortos ensayos sobre poesía, el oficio y la condición de poeta.

Cuando lo adquirí, lo hice atraído por el título que creía se refería a la prostitución que, a mi entender, no sólo ha sido calificada como el oficio más antiguo del mundo, sino que se ha mencionado también como el peor de los oficios. Pero me encontré sorpresivamente que como peor de los oficios era considerado también desde tiempos remotos el de ser poeta, a juzgar por este verso que extrajo Pereira de un libro del poeta del siglo XVI Mac Mahom: “Hijo mío, no cultives el arte de los versos / abandona del todo la profesión de los abuelos / aunque tengas derecho a recibir los mayores honores / de hoy en adelante la poesía es presagio de miseria / No abraces el peor de los oficios (…)”.

Era, al parecer, considerado un oficio tan miserable, que los poetas terminaban renunciando a la vida. Pereira descubrió en la Biblioteca de Berlín un papiro mutilado del antiguo imperio medio egipcio, mil años antes de Cristo, en el que un poeta expresa su desencanto por la vida: “Hoy la muerte está frente a mí / como la curación frente a un enfermo / como el salir al aire libre después de una enfermedad”. Esto hubo de decirlo también el poeta Walter Raleigh acariciando el filo del hacha de su verdugo.

Sin embargo, mejor habría sido ajustar el título del libro al destino trágico de los poetas allí referidos. Trágico, no propiamente por el oficio sino por ejercerse en determinada sociedad materialista, pragmática, con vertientes turbias conformada por miembros como aquellos marinos que lanzaron al mar al poeta Arión para apoderarse de sus trofeos ganados precisamente con la pureza inmanente de su canto. Los delfines fueron más sensibles pues seducidos por su lira lo salvaron llevándolo sobre sus lomos hasta la otra orilla.

Poeta hay y hubo que para fortalecer su frágil condición de artista literario buscan otras vías como la de ser político, pero, mira, que nunca ha sido tan fácil. Fíjense en lo que le ocurrió, por ejemplo, a Sótades de Meronea, poeta griego del siglo IV antes de Cristo, atacó en sus escrito a Tolomeo Filadelfo rey de Egipto, y éste rabioso e iracundo, lo mandó a encerrar vivo en una urna de plomo y luego arrojado al mar.

El poeta Chu Yuan, mejor conocido como Ku Ping cayó en desgracia en el reino Tsu de su patria y fue desterrado. Ya en el exilio vio desvanecer sus esperanzas de una patria libre y prefirió lanzarse al río Miluo

Hubo y hay poetas que adoptaron un camino aparentemente cómodo pero más torcido. Es el caso del poeta Marcial (Marcus Valerius Martialis) de Calatayud, elogiado por sus reputados epigramas, pero considerado como “parásito por vocación” de la literatura, adulador, sirviente de poderosos y tiranos.

Igual podríamos decir del peruano José Santos Chocano, quien murió asesinado en oscuras circunstancias en un tranvía de Santiago de Chile en 1934. Este poeta era tildado por sus adversarios como “poeta bisagra” (poeta a sueldo, genuflexo ante los poderosos). Llegó a ser consejero del guatemalteco Estrada Cabrera, uno de los dictadores más sanguinarios de la época.

jueves, 12 de abril de 2012

El pie más bonito

Los concursos de bellezas sobre algún aspecto físico resaltante e imprescindible de la mujer, casi siempre auspiciado por alguna firma mercantil o establecimiento comercial de amplio mercado regional, nacional o internacional, llegaron a calar con mucho interés y emoción en Ciudad Bolívar, y el modo básico de la elección consistía en la venta de votos por las candidatas postuladas o inscritas.

Así, el 11 de junio de 1928, se publicitó el concurso sobre el pie más bonito, promovido por José Francisco Miranda (Fitzi), músico, compositor y, en esos días, empresario de los Cines América y Royal. El concurso lo ganó Corina Sánchez Gutiérrez con 1.140 votos, seguida de María Ortiz, con 695. Por supuesto, en el proscenio del Cine América, la muchacha mostró al público sus atractivos atributos físicos entre los cuales sobresalían las extremidades de sus miembros inferiores, esas que nos sirven para sostenernos, pisar y andar hasta que el cuerpo aguante.

En esos días, cuando llegó al aeropuerto de la Laja de la Llanea el primer avión civil y comercial, el chismorreo y las tertulias sobre el pie más lindo de la ciudad parecía nunca terminar y hasta chistes se inventaron. Se sacó a colación lo escrito por un tal Spoiner, según el cual el mal llamado fetiche por el pie es compartido por un gran número de personas. (Sigmund  Freud usó el concepto para describir una forma de parafilia donde el sujeto de afecto es, o es representado, por un objeto o una parte del cuerpo de una persona).

En mayor o menor medida, muchos reconocen prestarle singular atención a esa parte del cuerpo que incluso muchas mujeres olvidan. Spoiner explica por qué el pie femenino es para algunos de los hombres un objeto de belleza independiente de todo el resto del cuerpo.

Pide Spoiner que nos olvidemos del resto de cosas independientes de la mujer y nos concentremos en la estética. Él cree y está convencido de que la parte más suave del cuerpo de las mujeres es el empeine, quienes tengan experiencia sabrán a que se refiere, si no, comparen. Aquellos que adoren los pies se habrán podido dar cuenta, al posar labios o cara que casi nunca hay vellos de ningún tipo. Es como si una fuerza sobrehumana rociara el teflón en esa parte haciendo que el roce sea de las cosas más exquisitas que se dan. Sin contar que el pie es por donde se empieza a subir. Quien parte por los pies, rara vez no termina en la vagina.

Les pediría -dice Spoiner- que, ahora que se acerca el verano, se fijen bien. Fíjense como caminan, tomen en cuenta como las mujeres cuando caminan lo hacen con un paso de gacela grácil. Fíjense en los tobillos, la parte más fina (en tamaño y proporción) de todo el cuerpo, superando a la muñeca y se darán cuenta que no carecen de gracia en lo más mínimo. Fíjense cuando ellas están con faldas y estiran los pies. Todo el resto de la musculatura de las piernas se mueve de acuerdo al movimiento directo del pie de las mujeres, haciendo una danza capaz de hipnotizar a un hombre como un mono se hipnotiza ante un arbolito de Navidad y Año Nuevo.

Tomen en cuenta la historia del calzado femenino. Muchísimas culturas han diseñado esa prenda de acuerdo a la estética, no a la comodidad, por algo será. Nuevamente solo para el deleite de nosotros, los entendidos. Sé que muchos hombres de acá les parecerá extraño, pero repito, solo algunos afortunados tienen ese tipo de “programación

miércoles, 11 de abril de 2012

El Orfeón Cinético de Fitzi


José Francisco Miranda o, digamos como a él más le agradaba, Fitzí Miranda, falleció el 24 de abril de 1978, dejando atrás su obra musical como estela imborrable, además de Graciela, compañera de todos los tiem­pos en el afecto y por los caminos del arte, Graciela, fallecida después, era una excelente figurativa.
Fitzí Miranda no quería tener más edad de la que tenía –77 años– y se puso de acuerdo con sus hadas y nos dejó, apenas con la herencia espiri­tual del recuerdo de tantas horas que él supo llenar de música y de verbo, un verbo fácil y didáctico, sensible como su música, anecdótico algunas veces y urticante cuando sentía la necesidad de criticar conductas públicas desvia­das.
En el marco de sus composiciones musicales, creo que su último intento fue el de complacer a Soto (ambos nacieron en Santa Ana), inventando su "Orfeón Cinético", desvanecido por la pro­pia fuerza de su extinción física. Estaba tan entusiasmado que nos llevó a su pequeño cuarto de estudio en lo alto de su quinta "Norelsa" de la avenida Táchira y nos hizo apreciar las grabacio­nes de sus ensayos.
Si la pintura vibra y resuena con tambores de vanguardia en el ámbito artístico mundial signa­da por la novedad del cinetismo, por qué no la música?, se preguntaba. Desde que el hombre comenzó a captar la música en el monosilábico balbuceo del niño, la forma y expresión del sonido, del ritmo y la melodía se han complicado en su evolución que ya no hay manera de detenerlos. Siempre, por ello, "el futuro de la música es de difícil pronóstico".
Edgard Varese, compositor norteamericano, aconsejaba abandonar la orquesta clásica cuyos instrumentos no ofrecen sino limitaciones, y utilizar en su lugar instrumentos eléctricos para que el músico en estado de creación pueda disponer de todos los sonidos del universo. Algo aproximado creo que se proponía Fitzí cuando quiso modificar las corales o agrupaciones poli­fónicas: divorciarse del grupo polifónico tradi­cional para situarse ante el Orfeón Cinético realizando con sus cuatro voces características una polifonía moderna.
Fitzí, como Varese, se lanzaba con una nueva teoría dentro del campo de la música y la concretó con la anuencia de la zona educativa, fundando con colegas de la docencia el Orfeón Cinético del Magisterio.
Pronto llovieron las críticas solapadas, pero también los elogios. Fitzí recordaba entonces que a Antonio Estévez, autor de la "Cantata criolla", que es una de las obras musicales más nacionalistas del continente, cuando creó la "Microvibrofonía", lo connotaron de "loco" y de igual manera tildaron a Julián Carrillo en México cundo  cuando estableció que en el inérvalo del medio tono se perdían ocho sonidos e ideó su sonido 13 que veinte años más tarde fue confirmado por Tchaikoski.
El Orfeón Cinético podía interpretar cuatro piezas musicales diferentes dentro de un tono armónico y dentro de un equilibrio que permitía captar los giros de sus correspondientes melo­días. Así, por ejemplo, y previo el levantamiento de un sonograma, Fitzí llegó a penetrar con el vals "Sombra en los Médanos", las melodías de los valses Miosotys, Danubio Azul e Ilusión.
Lamentablemente, el Orfeón Cinético no duró el tiempo deseado. Muy pronto, quizá por falta de coherencia, entusiasmo y unidad de sus componentes, se disolvió y por la muerte de su autor no fue posible que renaciera otro grupo, pero unas cuantas presentaciones dejaron testi­monio de la inquietud y estado de creación permanente del profesor José Francisco Miran­da.
Fitzí  vivió en constante búsqueda y antes del Orfeón Cinético había ideado un método de alfabetización musical y otro para enseñar música a sordomudos.

martes, 10 de abril de 2012

El Obelisco de Ciudad Bolívar

Tras la muerte de Juan Vicente Gómez el 17 de diciembre de 1935, las manifestaciones contra todo lo hecho por los gobernadores de turno en el estado Bolívar, para exaltar la persona del dictador, fueron agresivas; y es así como, un grupo de citadinos encabezado por Alida y Trina Gambús, Hortensia y Armida Suegart, Miguel María Escalante y Carlos Kleyser, echaron abajo la alegórica triada escultural de bronce incrustada en una de las caras inferiores del Obelisco, la cual se apoyaba en el lema Venezuela, Paz y Trabajo.  Dos años antes de la muerte del dictador, manos ocultas habían modificado el lema sustituyendo la “Z” por el monosílabo “SA” con lo cual resultó la frase Venezuela pasa trabajo.

El Obelisco fue erigido como un monumento a la Federación para conmemorar el 27 de abril de 1870, fecha en la que el general Antonio Guzmán Blanco inició la recuperación del poder arrebatado por la Revolución de los Azules al líder de la Guerra Federal Juan Crisóstomo Falcón. Fue decretado el 23 de mayo de 1873 por el presidente de la Provincia de Guayana general José Gabriel Ochoa e inaugurado el 27 de abril de 1874, coronado con un busto del Ilustre Americano que posteriormente, el 28 de octubre de 1889, fue eliminado por decreto de la Asamblea Legislativa, que en ese entonces presidía el diputado Doroteo de Armas. Fue el año en que Guzmán Blanco cayó en desgracia y sus estatuas erigidas en vida fueron derribadas.

Durante el gobierno del general Marcelino Torres García el Obelisco fue incorporado a la llamada Plaza de la Rehabilitación, levantada en diciembre de 1916 y mediante un concurso ganado por el artista guayanés Juan de Dios Baldivián, se le incorporó la triada escultórica de bronce, sacada de cuajo por la muchedumbre el día del fallecimiento del hombre que sojuzgó al país por espacio de tres decenios.

El Obelisco, libre de bustos y alegoría, quedó de todas maneras de pie con su estructura de ladrillo y mezcla mulata, como monumento a la guerra Federal en la que por cierto, Guayana no tomó parte, pero allí estaba y quedó la estructura que los bolivarenses siempre respetaron y que jamás toleraron ningún agregado, menos cuando esos aditamentos se decretaban cómodamente para exaltar la megalomanía de ciertos gobernantes.

En 1961, siendo gobernador del Estado el ingeniero Leopoldo Sucre Figarella y a propósito del centenario de la capital monaguense, se le quiso rendir homenaje a la ciudad de Maturín donde Piar, Libertador de Guayana, ganó tres batallas consecutivas durante la Guerra de Emancipación, y se aprovechó el Obelisco desolado para centrarlo en una plaza, la Plaza Ciudad de Maturín. Para cuya inauguración vino el gobernador de ese estado, así como los miembros del Concejo Municipal de esa entidad federal.

Luego de una sesión solemne de la Municipalidad, presidida por el concejal Luis Felipe Pérez Flores, las autoridades monaguenses fueron declarados Huéspedes de Honor; firmaron el Libro de Oro de la ciudad y, finalmente, se trasladaron a la plaza para cumplir el programa inaugural, donde intervinieron el profesor José Francisco Miranda, el vicepresidente del Concejo Municipal de Maturín, doctor Juan Carlos Millán y el bachiller Luis Felipe Pérez Flores, quien resaltó la  importancia del acto y los valores históricos de la ciudad cumpleañera fundada el 7 de diciembre de 1760 por el fraile Capuchino Lucas de Zaragoza, como pueblo de misión de indígenas Guaraunos.

La Plaza Maturín fue dotada de jardín y un espejo de agua, pero su atractivo principal es el Obelisco en la Avenida 5 de Julio, frente al Liceo Fernando Peñalver.

lunes, 9 de abril de 2012

El Mamón del Paseo Gáspari


Archivo:Mamon.pngEl 17 de enero de 1944, el Bachiller Ernesto Sifontes, observador hidrográfico del Orinoco, publicó una crónica exaltando el Mamón del Paseo Gáspari  como un hermoso ejemplar de setenta años, una preciosa mina para su propietario cada vez que cargaba, pues vendía a diez bolívares cada racimo que la gente se disputaba porque decían que el mamón era bueno para mantener la piel lozana. 
Un poco más adelante se extendía el “Morichal de La Palomera” que ocupó el Provisor y Vicario de la Diócesis de Guayana, Silvestre Guevara y Lira.  Por eso lo llamaban también el “Morichal del Obispo” en cuyo sitio creció una gigante y esplendorosa Ceiba.  En cierta ocasión se corrió la especie según la cual la Ceiba estaba preñada y la gente en romería iba a ver el extraño fenómeno que duró hasta que fue necesario talarla para transformar la vía en el actual Paseo Gáspari, nombre popularizado desde el momento en que el médico Santos Gáspari, construyó en el lugar la primera casa quinta,  El médico, muy solícito y humanitario llegó a ser Presidente del Estado, no obstante su condición de italiano.  Era que los guayaneses no reparaban en la nacionalidad sino en la inteligencia y capacidad del individuo para resolver los problemas y, sin duda, que Gáspari los resolvía sin la mayor dilación.
Por supuesto que tanto el Obispo como Gáspari disfrutaban por temporada y en tiempo de cosecha del Mamón que un vecino prefería llamar “Maco” y algunas veces  “melocotón criollo”.
En otras partes de la ciudad había este frutal, pero el del Paseo Gáspari era característico no sólo por sus drupas sino por su porte y  porque medía unos 30 metros de altura, con hojas alternas en forma de espiral.  Todo el año parecía ser temporada en especial de marzo a agosto.
La drupa de este árbol del Paseo Gáspari era redonda  de cascara verde delgada y quebradiza principalmente en su temporada de maduración y se agrupaba en grandes ramos.  La fruta en sí  rodeadas de una pulpa salmón gelatinosa, jugosa y comestible. El Bachiller Sifontes lo recomendaba aduciendo que era rica en hierro  y fósforo y que  se debía tener cuidado al consumirlo, especialmente por los niños, ya que la semilla rodeada por la pulpa es resbaladiza y si es tragada accidentalmente puede atorarse en la garganta y causar la muerte por sofocación.
Los bolivarenses, además de la pulpa, aprovechaban la almendra tostada  parecida a la del merey. Los indígenas del Orinoco consumen la semilla cocinada como sustituto de la yuca y algunas familias campesinas la convierten en horchata para curar los parásitos en los niños. . La bebida de la decocción de la hoja con sal se usa para desórdenes nerviosos y fiebres. Las gárgaras con el jugo de la hoja macerado se emplean para dolor e infecciones de garganta. Con la semilla tostada y molida se hace un jarabe o té que se toma para la diarrea. También  se utiliza para este mismo fin mezclado con miel de abeja.
Tina, la madre de Lourdes Salazar Bossio que, según el doctor José Luis Candiales, se esmeraba en endulzaba el palar de los citadinos, solía usar el mamón en refresco, postres, helados y turrones. A pesar de que el uso como frutal es el principal, la madera de este árbol es de buen diámetro y apta para obras de construcción y carpintería general.  El Señor José Rivas, ebanista que tenía su taller en el Zanjón, empleaba la madera en obras finas de ebanistería, pero para el  interiores pues no es una madera durable.