sábado, 31 de marzo de 2012

Del fonógrafo a la Ortofónica


 
Pudiéramos decir que 1876 es el año de la grabación y reproducción del sonido, vale decir, del fonógrafo. La prodigiosa novedad que conmovió de admiración a la civilización, se la debemos con creces a Thomas Alva Edison, y la primera pieza interpretada fue: “Mary had a little lamb” (“María tuvo un corderito”). El 21 de noviembre de 1877, mostró el dispositivo por primera vez y lo patentó el 19 de febrero de 1878. Ya a finales del siglo diecinueve la vitrola se oía en las principales ciudades del mundo incluyendo a Ciudad Bolívar y otras ciudades de Venezuela

Era todavía rudimentario, pero luego se fue perfeccionando, de manera que ya en 1926 Ciudad Bolívar, que tenía una relación comercial con los principales puertos del mundo, comenzó a disfrutar de la segunda etapa del fonógrafo popularmente conocido como el gramófono.

El gramófono, al igual que los tocadiscos desarrollados posteriormente, constaba de un plato giratorio, un brazo, una aguja y un amplificador, en los modelos eléctricos que surgieron en 1925. Un motor eléctrico o de cuerda hacía girar el plato a velocidad constante de 33, 45 o 78 RPM.

El gramófono acabó imponiéndose sobre el fonógrafo por el menor coste de producción de las grabaciones destinadas a este dispositivo, dado que a partir de un único molde original podían realizarse miles de copias. El fonógrafo sólo podía realizar una única toma de sonido por cada representación original. Por ello, cuando se iba a realizar una grabación, se disponían múltiples fonógrafos.

El fonógrafo o vitrola más perfeccionado se llamó ortofónica, que ya no era portátil sino todo un mueble de madera fina con compartimientos apropiado para la colección de discos de vinilo.

La vitrola ortofónica llegó a Ciudad Bolívar por primera vez el  28 de octubre de 1926. Hasta entonces la variación más sensacional en materia de fonografía, había sido el fonógrafo portátil que ofrecía el establecimiento “El Cóndor” de Miguel L. Ramírez. (ver la fotografía).

Los bolivarenses se afanaban buscando en los diccionarios el significado de “vitrola” y “ortofónica”, pero estas palabras no se hallaban registradas. Tampoco los diccionarios de habla popular parecen reconocerlas; sin embargo, en el caso particular de Guayana, el sustantivo vitrola se utilizaba para identificar al fonógrafo, legitimado después con el nombre gramófono.

Gramófono, según el diccionario más común, es un instrumento electromecánico inventado para reproducir sonido a partir de un disco de vinilo, donde se ha grabado un surco en espiral con pequeños realces en ambas caras. Los realces encierran registros musicales o de cualquier otro tipo. El gramófono consta de cuatro componentes básicos: el plato giratorio, el brazo, la aguja.

Lo cierto es que los modelos más modernos fueron recibidos y disfrutados por los bolivarenses con el raro nombre de ortofónica y, finalmente, tocadiscos.

El 27 de octubre de 1926, cuando llegó a Ciudad Bolívar la “vitrola ortofónica”, se dijo que era una versión más adelantada que la portátil hasta entonces conocida. La primera demostración pública y la cual, a decir de la prensa, inauguró una nueva era en la reproducción del sonido, se hizo en el Almacén Americano. Todas las noches la gente visitaba el establecimiento para escuchar los conciertos que a las siete ofrecían los propietarios interesados en promover el producto que sería un nuevo renglón del establecimiento.

Las informaciones que se propagaban entonces opinaban que la ortofónica producía los tonos más altos y bajos que no había sido posible reproducir hasta entonces, y que al sonar el disco de vinilo se podía reconocer fácilmente la individualidad y técnica de cada músico.

viernes, 30 de marzo de 2012

El Entierro y quema de la Sapoara


El 11 de febrero  registró el último día de los Carnavales de 1937 en Ciudad Bolívar y destacó “El Entierro de la Sapoara” como el gran atractivo de la temporada. Luego de desfilar en procesión durante los días oficiales de las carnestolendas, en una tribuna levantada en el Paseo y en torno a la representación del ejemplar fáunico del Orinoco, actuó la Filarmónica de la ciudad así como la Banda del Estado y entre las ejecuciones musicales oradores de la ocasión pronunciaron sus discursos, algunos plañideros y otros llenos de humor sobre el significado de este rito que se escenificaba por primera vez.
No era nada original, pues en Murcia, España,  es tradicional el entierro de la sardina  anunciando el fin de la Cuaresma. Los entierros suelen consistir en un desfile carnavalesco que parodia un cortejo fúnebre y culmina con la quema de alguna figura simbólica, generalmente representando a una sardina. El entierro de la sardina carnavalesco se celebra tradicionalmente el miércoles de cenizas y en él se entierra simbólicamente al pasado, a lo socialmente establecido, para que puedan renacer con mayor fuerza, para que surja una nueva sociedad.
Cuántas cosas se dijeron ese día sobre este pez llamado la Sapoara nadie sabe si porque adoptaron el gentilicio de unos indios llamado Sapoaros que habitaban las costas del Orinoco o si ella adoptó el nombre de esos ancestrales habitantes del Río Padre, que si los milagros de su cabeza, su forma de proyectil capaz de fulminar al forastero, que si su boca membranosa que succiona los alimentos para librarse del anzuelo de los pescadores aunque no del esparavel, sus espinas como la Y griega, los misterios de sus rebalses marginales, su masturbación contra las corrientes antes de desovar,, su abundancia cuando hay buena cosecha de mango.
En Naiquatá, Chuspa, Osma y Puerto Cabello existen ritos similares  que se conocen tradicionalmente como en Murcia “El Entierro de la Sardina” que es una manifestación popular que se escenifica para cerrar el ciclo de las festividades carnavalescas.  Su significación social tiene que ver con antiguas creencias según las cuales el ritual del enterramiento servía para atraer la abundancia de la pesca.
Se cree que los bolivarenses a imitación del entierro de la sardina en pueblos del litoral, quisieron hacer o iniciar lo mismo en Ciudad Bolívar con la Sapoara, sólo que en vez de lanzarla al Orinoco al terminar los Carnavales,  la hicieron explotar con traqui- traqui y tumba ranchos y en vez de los hombres disfrazarse de viudas llorando por las calles de la procesión, los poetas y humoristas se erigieron en discursantes plañideros para hacer reventar de risas a los bolivarenses el día de adiós a la carne.
Según los estudiosos de la antropología de los pueblos, el Entierro de la Sardina simboliza las festividades de Carnaval y está cargada de irreverencia, personajes ambiguos y con roles invertidos así como expresiones de relajamiento. En un principio era asociada con la costumbre de enterrar un costillar de cochino, simbolizando la prohibición de comer carne durante los días de cuaresma; hay quienes creen que el entierro de la sardina era una forma de atraer abundancia de la pesca y fertilidad de los animales ante un nuevo ciclo de reproducción, pero también se considera una fiesta típica de los carnavales pues es un tiempo en que normalmente se permite hacer todo lo prohibido y la manifestación también adquiere esas características. Pues es en sí una parodia, simulando el paso de un entierro por las calles del pueblo, incluso con dos pasos adelante y uno hacia atrás.

El Eco de la Catedral


En el año 1944 se hizo popular un Eco que se producía en el Callejón de la Catedral de Ciudad Bolívar y con el cual niños y jóvenes se distraían hasta fastidiar a sacerdotes y feligresía.
            En el callejón formado por la Plaza Bolívar y las paredes de la Catedral solía repetirse el eco de cualquier sonido que se emitiera y ello, por supuesto, divertía a los muchachos que iban a jugar muchas veces espantados por el Sacristán o por Monseñor Cardozo, vicario de la Diócesis.
El maestro José Luis Aristeguieta, gran lector y cultivador de la cultura griega, una vez que los muchachos salían del catecismo no se resistió a contarles a un grupo la leyenda de la Eco que no era más que una ninfa de la montaña, a quien un dios mitológico llamado Zeus le pidió entretener a Hera, su mujer, con una charla interminable, para que ésta no pudiese espiarlo. Pero Hera, fastidiada le quitó a Eco el  habla, dejándole sólo la facultad de repetir la sílaba final de cada palabra que oyera. Un amor no correspondido por el bello Narciso, que amaba a su propia imagen reflejada, hizo que Eco languideciera hasta que sólo quedó de ella su voz.
Pero científicamente  hablando el Eco  realmente es un fenómeno acústico producido cuando una onda se refleja y regresa hacia su emisor. Puede referirse tanto a ondas sonoras como a electromagnéticas. En el caso del oído humano, para que sea percibido es necesario que el eco supere la persistencia acústica, en caso contrario el cerebro interpreta el sonido emitido y el reflejado como un mismo sonido.
Alejandro Laime, un ingeniero letón que dedicó casi toda su vida a explorar la meseta del Auyantepuy, solía contarme   que en la meseta existen formaciones rocosas donde la voz se repite en eco hasta siete veces durante diez segundos. Él, cada vez que subía, jugaba con el eco como un niño.  Le encantaba que la montaña repitiera su nombre y estaba preparado para morir en ella.
 Laime vivía convencido y obsesionado de la existencia de un río dorado y respondía cuando era interrogado: “Yo creo que hay algo. Hay formaciones que me llevan a creer que existe oro en el Auyantepuy, pero la meseta es inmensa, 440 kilómetros cuadrados, y difícil de explorar.  Hay desniveles, piedras de todos los tamaños como estatuas o monumento megalíticos, precipicios, numerosos ríos, ciénagas que hacen casi imposible cualquier exploración”.
             A la exploración de esa meseta misteriosa y alucinante, donde las precipitaciones son intensas y frecuentes las tormentas, dedicó la mayor edad de su vida Alejandro Laime y había sacrificado hasta entonces quince años de su profesión de ingeniero civil. Quince años sin ejercer la profesión por estar metido en la selva buscando el Dorado y oyendo el eco de su nombre cuando quería dialogar con alguien que no fuera la soledad eterna de la meseta donde se desprende el salto de agua más elevado del planeta.
El Bachiller Ernesto Sifontes, cronista del Orinoco, realizó una expedición por la Meseta del Auyantepuy y también oyó su nombre repetido siete veces por el eco de las cavernas rocosas y explicaba que los indios Pemón habitantes de la región, se referían a la meseta como “Yatepuy”, pero el ingeniero Grillet Sucre se empeñó en atribuirle etimología italiana al nombre indígena y dio por llamarle “Aultante pui” que en ese idioma significa “El que aulla más”, no solamente por el significado itálico del vocablo sino porque verdaderamente de noche son aullidos repetidos nada divertidos como los de la Catedral.

miércoles, 28 de marzo de 2012

El conde Cattaneo


El 2 de enero de 1932, los bolivarenses elevaron ante el Gobierno su queja por la forma como se venía contaminando el Orinoco, río de donde se surte  la ciudad.  Al efecto, Sanidad comisionó al Inspector de Obras Públicas del Estado, Conde Cattaneo, para que junto con Víctor Brito Alonso tomara una muestra del agua que consume la ciudad a fin de llevarla a los laboratorios y apreciar el posible grado de contaminación a causa de las cloacas que desembocan en las cercanías de la bombas que sustraen el agua del río para bombearlas a la caja de agua.
            La Bomba que sustraía el agua del Orinoco estaba entonces ubicada en la punta pedregosa de la Cocuyera, prácticamente al lado del Mercado Municipal que igualmente estaba provisto de unas letrinas que descargaban en el río y no había planta de tratamiento sino que los bolivarenses, especialmente los habitantes del centro, consumían el agua cruda, apenas filtrada con una piedra porosa montada en un mueble de madera.

        Antonio Gaston Francisco Giuseppe Luigi Wenceslao Cattanio Quirin, o simplemente, el Conde Cattaneo, como era mejor conocido, se hallaba en Guayana desde comienzos del siglo veinte internado en la selva, pero el Gobernador Toribio Muñoz lo incorporó a la ciudad donde podía poner a prueba sus conocimientos de ingeniería.

En Guayana guerreó y cumplió misiones oficiales en la frontera, sin que llegara a perder su condición de Conde de Sedrano, nacido en Pavia, militar de carrera, jefe de caballería en Italia y capitán de cosacos en Siberia. 

            Asimismo se ocupaba en Guayana de empresas agrícolas y balateras cuando de pronto se vio envuelto en el movimiento nacionalista del Mocho Hernández junto con los generales Pedro José Fernández Amparan, Ángel Custodio Lanza y Rafael Tovar García.  Fracasado este movimiento, se incorporó a las fuerzas activas del gobierno y ocupó importantes cargos civiles y militares en Guayana, dirigió la construcción  de  El Tapón y El Dique de Santa Lucía para defensa de las crecidas del río,  tiempos de Marcelino Torres (1915).  Junto con Fernández Peña desalojó a ingleses de la Gran Sabana y como funcionario de Obras Públicas en 1932 inspeccionó los trabajos de desecación de la Laguna El Porvenir, el Puente sobre el Río Marhuanta y  malecones contra las crecidas del Orinoco.
            El Conde Cattaneo conoció a Rómulo Gallegos durante su visita a Ciudad Bolívar y  le aportó material de la selva que el Maestro incorporó en su novela Canaima.
Sus últimos años el Conde Cattaneo los pasó en Caracas, donde falleció el 29 de junio de 1970, a la edad de 90 años.  Horacio Cabrera Sifontes, escribió su biografía en la que refiere que un misterioso hecho de sangre ocurrido en el Palacio Real de Quirinal lo sustrajo de la Corte de  los Saboya y lo lanzó a la aventura por los caminos de América.  Visitó Argentina, Brasil, Bolivia, Perú, Estados Unidos y de regreso por México y Centroamérica se encontró en el puerto de Corinto con las fuerzas del General Santos Zelaya que retornaba a la Presidencia de la República de Nicaragua.  Se agregó a ellas y  llegó a ser General de Brigada de aquel país.
            En 1907 llegó a Venezuela por Puerto Cabello y Cipriano Castro  lo convenció para que prestara servicios a la Armada. Su aventura en Venezuela comenzó desde entonces como jefe de Artillería en la Goleta de Guerra “Libertadora”.  En diciembre de 1908 cuando Castro se hallaba en París y su compadre Juan Vicente lo destronó, el Conde Cattaneo se refugió en Trinidad y de allí penetra al Brasil y después a Guayana.


martes, 27 de marzo de 2012

El Ateneo de Ciudad Bolívar


El 28 de mayo de 1937, el poeta José Ramón del Valle Laveaux, escribió una nota de invitación dirigida  a los intelectuales a objeto de reunirse en la casa de habitación de Anita Ramírez (en la foto), directora de la revista “Alondra”, para considerar la posibilidad de integrarse en un movimiento artístico literario.
            De esa reunión fijada para el 30 de mayo, a las cinco de la tarde, salió el “Ateneo Guayanés” que tuvo una vida muy activa gracias a la recién inaugurada emisora “Ecos del Orinoco” que le cedió un espacio de 9:20 a 10:00 de la noche los días lunes para la presentación y divulgación de su actividad artístico literaria.
            La directiva fundadora del Ateneo Guayanés estuvo presidida por la educadora poetisa Anita Ramírez, acompañada de J. M. Agosto Méndez y José Ramón del Valle Laveauz. La Biblioteca Popular y la revista “Alondras” pasaron a manos de la flamante institución cultural.
            La segunda reunión del Ateneo se realizó en la Ecos del Orinoco y a ella asistió expresamente invitado el poeta upatense Teodoro Cova Fernández.  En esa ocasión Trina Monserratte de Delgado cantó, al tiempo que ejecutaba el piano, la pieza “Chiribiribi” y se leyeron poema de Almazor, que al parecer era el seudónimo del impresor y periodista, Jorge Suegart.
            La revista “Alondra”, órgano de El Ateneo se mantuvo durante 57 números, desde septiembre de 1929, hasta septiembre de 1941, con prestigiosas colaboraciones que trascendieron el ámbito regional.  Registró la actualidad literaria del país más allá del tiempo de la dictadura gomecista y publicó uno de los primeros ensayos de la poesía venezolana, firmado por Manuel Felipe Rugeles, el mismo año en que se fundó El Ateneo. Este ensayo fue considerado por la escritora Velia Bosch como uno de los primeros juicios críticos sobre la actitud del intelectual venezolano durante la época gomecista.
Distanciado del Ateneo por el corte de su poesía, surgió el renovador “Grupo Aureoguayanos” fundado en 1939 por los poetas Alarico Gómez, Arquímedes Brito, Elías Ynaty y Rafael Orta. Su órgano literario “Orinoco” dirigido por Alarico marcó distancia desde el primer momento: “La poesía nueva tiene sitio destacado en esta hoja periodística que tal vez sea la única que ha enfocado la literatura en una forma seria”.
 En enero de 1945, el presidente del Estado, doctor Mario Briceño Iragorri, fundó la Sociedad Amigos de la Cultura de Guayana, formada, entre otros, por el Obispo Miguel Antonio Mejias, José Eugenio Sánchez Afanador, Manuel Felipe Flores, Adán Blanco Ledesma, Ernesto Sifontes, Fernando Huncal, Reinaldo Sánchez Gutiérrez, Brígido Natera Ricci y Régulo Salazar. Pero el 7 de septiembre, el mandatario regional resolvió mejor decretar la creación del Servicio de Cultura del Estado Bolívar, adscrito a la Dirección de Educación, para suplir las funciones confiadas a la mencionada sociedad. De esta manera, el Gobierno Regional comenzó a ser rector de la Cultura, primero a través de la Dirección de Educación y Cultura y finalmente, a partir de 1975, dándole jerarquía individual de Dirección, al frente de la cual estuvo por primera vez Ernestina Decán Manosalva.
Para 1959 el Ateneo de Guayana se había extinguido y surgió la inquietud de revivirlo con vista al terreno del antiguo Mercado Municipal que había sido demolido para reubicarlo en las afueras. Se fundó entonces la “Cédula Pro-Ateneo” encabezada por Diógenes Troncone y Luis Vicente Guzmán que, conjuntamente con los estudiantes del quinto año de Humanidades del liceo Peñalver, José Rafael Granatti, Gladis Irureta y Nora Wulf, suscribieron una carta dirigida a la Municipalidad reclamando, sin éxito, dicho terreno para una Casa de la Cultura.
 

El Cine Mundial de Ciudad Bolívar

El primero de mayo de 1928 dejó de ser itinerante y de temporadas el Cine Mundial y se estableció definitivamente en la calle Bolívar o calle de la Laguna para competir con el Cine América, el más atractivo y popular de la época.

El Cine Mundial abrió sus puertas e inició sus actividades con la serie “El Rey Galante o Aventuras de Enrique VI”, película en serie basada en la novela de Jean Paidy que en la calle Dalla Costa vendía la Librería Hispana de Manuelito Requesens, traducida por Marta Cruz Coke de Lagos.

Las aventuras amorosas de Enrique VI, heredero del reino de Navarra, eran bien conocidas y comentadas para comienzos del siglo veinte no sólo por la novela sino por la película rodada con el atractivo título de “El Rey Galán”. Sus aventuras amorosas eran la desesperación de los hugonotes, quienes veían en él a su líder en la guerra que dividía al país. La vida con la tempestuosa Margot fue una sucesión de episodios dignos del Decamerón (libro constituido por cien cuentos, algunos de ellos novelas cortas, terminado por Giovanni Boccaccio en 1.351, alrededor de tres temas: el amor, la inteligencia humana y la fortuna.

Enrique VI pasó a la historia como el rey que más amantes tuvo. Las espías que le mandó Catalina de Médicis, Charlotte de Sauves y la suave Dayelle; Fousseuse que tuvo que enfrentar a Margot; Corisande a quien él amó como a una reina; Gabrielle que fue vendida al rey por su madre; Henriette, la de la lengua ácida; estas y otras lo cautivaron hasta el día de su muerte, que ocurrió mientras corría tras la bella Charlotte de Montmorency. Además de sus amantes, tuvo dos esposas. La desenfrenada Margot, cuyas aventuras amorosas eran tantas como las de su marido y María de Médicis, quien apareció para tortura de los últimos días del monarca. Este era Enrique IV, el rey galante quien pasará además como el más grande de cuantos reyes tuvo Francia.

Con esta película divertida e histórica comienza el Cine Mundial a operar bajo la administración de Manuelito Requesens en la calle Bolívar, en el mismo inmueble del que fue Cine Dalla Costa, casi contiguo al Garaje de Tomassi. Ya existía el Cine Royal y el Cine América donde actuaba una orquesta para animar las películas silentes, pues apenas se estaba iniciando el cine parlante. La orquesta la integraban José Francisco Hernández y Rodolfo Mogollón como violinistas; José María Yélamo y J. I. Richemond como trompetistas. Ignacio Sucre ejecutaba el contrabajo; Tiburcio Guevara, la guitarra; Hermenegildo Alcocer y Nicanor Santamaría, el cuatro y José Francisco Miranda (Fitzí), el piano.

Los cines que carecían de música en vivo como el Cine Mundial, atraían al público con la ortofónica, un fonógrafo empotrado en un lujoso mueble de madera al que había que darle cuerda por cada dos o tres discos de vinil de 38 revoluciones por minuto.

Rafael Ángel Cabrera, un joven electricista que trabajaba en La Electricidad de Ciudad Bolívar era el encargado de la música en el Cine Mundial y cansado de tanto dar cuerda inventó un sistema electro-mecánico para hacer funcionar la ortofónica y amplificar el sonido. El anuncio decía Cine con música electrónica. El primitivo aparato lo formaban una consola, dos platos movidos por la electricidad y dos cornetas junto a la pantalla.

Antes de la película pasaban unos vidrios, anunciando la llegada del Automóvil Universal, un nuevo carro fabricado por Henry Ford, capaz de desarrollar 50 kilómetros por hora, suavidad en los cambios y motor silencioso.


lunes, 26 de marzo de 2012

El Barranco de los Frailes

En 1942, los bolivarenses celebraron el centenario del famoso Barranco de los Frailes como el primer venero de oro descubierto en Guayana. El hallazgo ocurrió en Caratal y abrió la ruta del fabuloso filón de El Callao.
El Barranco de los Frailes era uno de los “lugares misteriosos” donde los misioneros capuchinos explotaban el oro en tiempos de la colonia y del cual bien sabía el viejo indio Santiago Pérez cuando se lo confió al explorador francés Lucien Morisse seis años antes de su muerte.
Es posible que el viejo Santiago haya confiado el mismo secreto a Pedro Joaquín Ayres, quien por primera vez dio cuenta de la existencia de este barranco donde el oro llenó los bolsillos de unos cuantos buscadores de El Dorado.
Pedro Joaquín Ayres, entre 1842 y 1845 fue el primer director de la llamada Reducción de Indígenas. En ese año de 1842 propuso al gobierno la eliminación con explosivos de los raudales de Atures y Maipures a fin de dejar expedita la vía del Orinoco de Angostura hasta San Fernando de Atabapo.
Este personaje de origen brasileño dejó de ser director de la Reducción Indígena en 1845 cuando permitió la fuga de varios frailes detenidos y lo cual provocó un levantamiento armado de Francisco Pina, que lo sucedió en el cargo y lo enjuició.
Del rico Barranco de los Frailes no se volverá a saber sino en mayo de 1850 a través de una hoja impresa que editaba en el taller de Pedro José Cristiano Vicentini, un tipógrafo veneciano radicado en Angostura en 1839, decía : “No es una fábula o una ficción, de la existencia de una Nueva California en esta provincia. Las recientes noticias que se han recibido en estos días del cantón de Upata, acaban por fin de confirmar el descubrimiento de una opulenta mina de oro en el Yuruary, cerca del pueblo de Tupuquén”.
Tupuquén, situado sobre una meseta que se extiende hasta la orilla occidental del Yuruary, señorease sobre sabanas ricas en pastos. A menos de un kilómetro, atravesado el Yuruary, estaba “la opulenta mina de oro” conocida como Caratal, nombre asociado a la Carata, una palmera de prodigiosa sombra en los techos de las churuatas. A este Caratal donde el oro brotaba en grano mezclado con greda y piedra de los barrancos, los mineros o buscadores de fortuna preferían llamarlo “Nueva Providencia”. El cognomento ha debido ocurrírsele al barquisimetano Pedro Monasterio, que al parecer fue quien mayor importancia le dio a la mina y difundió la noticia.
Pedro Monasterio Soto, quien llamó poderosamente la atención sobre las ricas minas de Caratal, antes de internarse en la selva del Yuruary, había estado en Angostura como edecán del general José Laurencio Silva y, posiblemente entonces, lo picó el prurito de El Dorado, pues tan pronto cesó la campaña libertadora que lo llevó hasta Guayaquil, regresó a Nueva Granada en 1830 donde adquirió conocimientos prácticos de mineralogía.
Luego se vino a Caracas, pasó a Barquisimeto y finalmente se trasladó a Guayana por la vía de San Fernando de Apure. Como lo haría casi un siglo después Lucas Fernández Peña hasta fundar y quedarse en Santa Elena de Uairén, Monasterios buscaba oro y lo encontró abundantemente en Caratal. Con dos peones que descubrió lo engañaban tragándose las pepitas, logró obtener en sólo un mes más de cincuenta onzas de oro en polvo y granos.
Monasterios exhibió su producción a los vecinos de Upata desde donde se difundió la noticia. Pero no quiso volver porque pasó mucha hambre y los peones lo engañaban.

sábado, 24 de marzo de 2012

El Acueducto de Ciudad Bolívar

El 16 de octubre de 1934 concluyó el estudio realizado para dotar a Ciudad Bolívar de un nuevo acueducto, pues el que se hallaba en servicio no satisfacía la demanda de la población, toda vez que databa desde los tiempos del presidente del Estado, Ramón A, Mayol, vale decir, desde 1883, cuando se firmó contrato con el empresario norteamericano G. F. Underhill.

Visto lo cual, en octubre de 1934 se realizó un estudio para la construcción de un nuevo acueducto y se buscó una fuente de agua distinta al Orinoco debido a la contaminación que ya comenzaba a amenazar al río. Entonces se pensó en los ríos Marhuanta, Candelaria, Candelarita, Monacal, Marcela y el Salto de la India a 72 metros sobre el nivel del mar.

Según el último censo de 1926, la población de Ciudad Bolívar era de 16.762 habitantes, pero la proyección para la fecha del estudio, la ubicaba en 20 mil, por lo que calculando un consumo diario de 100 litros de agua por persona, se requería un nuevo acueducto capaz de generar 2.000 metros cúbicos durante las 24 horas.

Entonces se resolvió continuar con el Orinoco como fuente, pero reubicando la toma más arriba de las bocas del San Rafael. Partiendo de esta fuente, se proyectó un acueducto con un nuevo reservorio o estanque en cerro El Vigía además de la vieja Caja de Agua, y con capacidad de 2.000 metros cúbicos de agua continua durante las 24 horas del día, a razón de 100 litros per cápita.

En febrero de 1938, ya extinguida la dictadura de Gómez y siendo Presidente del Estado el doctor José Benigno Rendón, se venció el contrato del viejo acueducto con la firma Tomasi y el acueducto pasó a control de la Municipalidad y ésta designó a César Jara Rodil y a Martín Maestracci para administrarlo. Tal decisión produjo una discusión acalorada en el seno del Consejo y la renuncia del padre José María Villasmil a su curul edilicia ante la solicitud hecha por don Antonio Liccioni, quien pedía la administración del acueducto para con los beneficios sanear o desecar la laguna que continuaba amenazado la salud de la población.

Entre tanto se había decidido la ejecución del proyecto del nuevo acueducto, el cual vino a hacerse realidad en 1943 en manos de la contratista Raymond Pile Concrete Co. En junio se probó la bomba de la eestación principal situada en La Toma. De aquí se bombeaba el agua hasta el estanque del cerro El Vigía, de donde era bombeada a la Caja de Agua, frente al Capitolio.

En 1945 el acueducto pasó a ser administrado directamente por el Instituto Nacional de Obras Sanitarias y así se mantuvo hasta fines de la década del ochenta, pero como en 1980 la población de Ciudad Bolívar había aumentado considerablemente, hubo que construir una segunda Planta de Tratamiento con capacidad de 600 litros por segundo.

Pero este nuevo acueducto igualmente resultó a la larga insuficiente y hubo que complementarse con una estación de bombeo desde el Lago de Guri tras salvar una distancia de 77 kilómetros de tubería de 54 pulgadas.

Llegó un momento en que el INOS técnica y financieramente no podía continuar administrando el acueducto y por resolución gubernamental pasó a manos de la CVG a través de su filial Obras Sanitarias e Hidráulicas, Sistema Subregional.

El 24 de febrero de 2005 por iniciativa del ggobernador Francisco Rangel Gómez en consenso con los aalcaldes del eestado se contrajo el compromiso de dar respuesta a la problemática del agua y surgió lo que conocemos hoy como Hidrobolívar.


viernes, 23 de marzo de 2012

El doctor Eduardo Oxford

El 5 de octubre de 1925 se dio a conocer el fallecimiento en Upata del doctor en medicina Eduardo Oxford, de origen inglés y a quien Luis Razetti señala como el pionero de los estudios sobre geografía médica en Venezuela.

Falleció a la edad de 61 años, pues había nacido en Ciudad Bolívar el 25 de noviembre de 1864. Su formación educacional y profesional la obtuvo en el Colegio Federal de Primera Categoría del estado Bolívar, donde se recibió de doctor en medicina el 2 de febrero de 1890 bajo la rectoría del doctor D.D. Armas, pero el título de médico cirujano le fue expedido por la Universidad Central de Venezuela con las más altas calificaciones.

Siendo estudiante de medicina en el Colegio de Guayana, dirigió, bajo la orientación  del doctor Pedro Ignacio Aguerrevere,  el primer periódico dedicado exclusivamente a temas médicos, bajo el título de Ciudad Bolívar Médico, cuyo primer número salió en julio de 1888.

Luego de graduado, el doctor Oxford escogió a Upata como su residencia y allí contrajo matrimonio con Barbarita López. Su labor desde Upata se extendió a la Compañía Minera de El Callao, Tumeremo, San Félix, El Palmar, El Miamo, Guasipati y El Manteco.

Además de profesional de la medicina, tuvo tiempo para dedicarse a la producción literaria y de igual manera a la administración pública desde la presidencia del Concejo Municipal de Piar y como diputado de la Asamblea Legislativa.

El doctor Luis Razetti solía presentar al doctor Eduardo Oxford como uno de los ejemplos para demostrar que se puede ser médico de provincia sin descuidar la investigación y añadía: “si todos o siquiera la mayor parte de nuestros colegas de los estados hicieran lo que ha hecho el doctor Oxford, ya podríamos disponer de una bibliografía médica nacional muy extensa”.  Esto lo decía a propósito de su libro científico Geografía Médica del Yuruary, una valiosa contribución al conocimiento de la medicina en esta región de Venezuela.

Geografía Médica del Yuruary fue presentado como trabajo de investigación en el III Congreso Venezolano de Medicina realizado en 26 de junio de 1921 en Valencia, estado Carabobo.

El relator, doctor Francisco Antonio  Rísquez, dijo en esa ocasión que el trabajo “se debe a la comprobada laboriosidad e inteligencia del reputado médico bolivarense Eduardo Oxford”.

La parte geográfica, la orografía y la hidrología, el extenso y nutrido capítulo de la geología, la climatología y la división política, contienen todo cuanto pudiéramos desear. En la flora enumera 175 plantas del Yuruary, con indicaciones de los usos médicos que les conceden, con más o menos razón, la gente del lugar, y en la etnología se extiende en consideraciones de gran mérito sobre las razas que han poblado el Yuruary, la influencia de los caracteres étnicos y las condiciones territoriales en el desarrollo de las enfermedades del lugar.

“La exposición de las enfermedades que se observan en la región estudiada, es bastante ilustrativa, y sería de desear que, al lado de los cuadros que en cifras totales dicen el número de nacimientos, defunciones, y matrimonios durante cinco años, hubiese hecho, o hiciese, porque todavía hay tiempo para este precioso dato, uno, dos o más cuadros correspondientes a otros tantos años, que expusiesen la mortalidad, siguiendo la clasificación internacional, como la mejor manera de conocer la defunción y gravedad de los distintos estados morbosos. Esto, unido a lo que se viene haciendo en todos los trabajos análogos recibidos, nos permitiría establecer la distribución de las enfermedades en la República; con el grado de frecuencia y gravedad que asumen…”

jueves, 22 de marzo de 2012

La emisora Ecos del Orinoco

Ecos del Orinoco, fundada por Enrique Torres Valencia (en la foto), inició su período de prueba en enero de 1936, con música grabada y en vivo pues también los bolivarenses escucharon por primera vez a través de esa prueba al Trío Mangoré.

Oficialmente la emisora que salía al aire desde el Paseo 5 de julio con las siglas Y.V.11. RB, frecuencia oficial de 6.545 kilociclos, fue inaugurada oficialmente el primero de abril de ese año 1936. El acto de inauguración se realizó a las 8:00 de la noche; se brindó con champaña y actuó la orquesta Alma Criolla, dirigida por Telmo Almada.

Antes fue la Broadcasting Bolívar, de vida efímera, pues su dueño enfermó y murió en Caracas de un infarto, por eso es señalado 1936 como el año en que se inició la Radiodifusión en provincia, pues aparecen coetáneamente con Ecos del Orinoco, la Voz del Táchira, Ondas del Lago, la Voz de Carabobo y Radio Popular (Maracaibo). Es el año también (29 de julio de 1936) del decreto del presidente de la República, Eleazar López Contreras, por medio del cual creó la dirección General de Radiotelefonía y Radiodifusión, que dio origen a la Radio Nacional, la primera en trasmitir los debates del Congreso Nacional (1945).

Lamentablemente, el fundador y director de Ecos del Orinoco Enrique Torres Valencia murió trágicamente el domingo 11 de mayo de 1945, entre las calles Pilar y Concordia, cuando por el cobro de una papeleta del juego hípico, fue agredido con arma blanca.

Además de director propietario de la emisora, era administrador del Hipódromo Angostura y por demás excelente deportista en el campo del béisbol. Llegó a ser director de Deportes del Estado (1942). Después de la muerte de Torres Valencia, la dirección de la emisora pasó a manos de Antonio José Rivas.

Al año siguiente -8 de mayo de 1937- fue inaugurada oficialmente Radio Bolívar con la dirección de sus propios dueños: José Francisco Miranda (Fitzi), en la dirección artística y Pedro Elías Behrens, en la dirección técnica.

Después de su período de prueba, Radio Bolívar debía inaugurarse el miércoles 21 de abril, pero por inconvenientes de carácter técnico fue diferida para el 8 de mayo a las seis de la tarde cuando la bendijo el Vicario de la Catedral, Dr. Dámaso Cardozo.

El programa de inauguración incluyó a las 6:15 de la tarde, el Himno de Guayana, interpretado por un coro de jóvenes acompañado de orquesta; 6:20, Mensaje del director artístico; 6:30, Música bailable de la Orquesta Dalla Costa; a las 7:00, actuación del cantante español, René Najera; 7:30, música bailable con la Orquesta del Estado; 8:00, actuación artística de Carmen Liccioni, S. Calojero, Isabel Caro, Tito Avila, Elena Acosta Yánez, Lilia Tovar, Federico Behrens, Antonio Marcó y Ana María Gutiérrez; 8:30, Opera, La Viuda Alegre y 10:00 de la noche, música bailable.

Esta emisora que arrancaba a las 11:00 de la mañana y cerraba sus audiciones a las 8:30 de la noche, regularmente operaba con las siglas Y.V.6R.C, en 6.420 kilociclos. En enero del año siguiente adquirió un nuevo transmisor de medio kilovatio para onda larga con potencia de 300 walts. La emisora apenas se mantuvo en el aire durante tres años, al cabo de los cuales arrendó sus equipos, los cuales fueron adquiridos por el obispo Miguel Antonio Mejías, a nombre de la Diócesis de Guayana, para la fundación de una emisora de la iglesia: La Voz de Guayana.

La Voz de Guayana salió al aire el 15 de mayo de 1944 bajo la dirección del Vicario de la Catedral, Dr. Dámaso Cardozo.


miércoles, 21 de marzo de 2012

El diario La Esfera


El 16 de marzo de 1927, salió a la luz pública un nuevo rotativo nacional editado en Caracas: La Esfera, periódico de la mañana en el cual estuvo metido de lleno el guayanés Edmundo Suegart, cofundador del diario El Luchador de Ciudad Bolívar.

La Esfera salió bajo la dirección del periodista Ramón David León, quien venía de la jefatura de redacción de El Universal, perfilado como periodista combativo.

La idea de fundar La Esfera venía rodando desde 1926 con don Edmundo Suegart y don Martín Gornés Mc. Pherson. Ambos reunieron 50 mil bolívares y fundaron la Editorial Patria, en Caracas, donde por 20 años fue impreso este diario que estuvo a punto de ser saqueado a raíz de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, si no hubiera sido por la intervención oportuna del caricaturista Leoncio Martínez (Leo) que le habló al pueblo desde un balcón de la casa donde estaba el periódico, entre las esquinas de Padre Sierra y Muñoz.

Cuando fue fundado La Esfera, corrían los años del gobierno del general Juan Vicente Gómez y el diario, lógicamente, por las circunstancias que son conocidas de todos los venezolanos, debía reflejar la actividad política del régimen. Ramón David León llegó así a formar parte del brillante equipo de hombres de pensamiento que actuaron bajo la gestión gubernamental del general Gómez: José Gil Fortoul, Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya, Pedro Emilio Coll, Manuel Díaz Rodríguez, Carlos Siso, Pedro Itriago Chacín, Antonio Álamo, Juan Penzini Hernández, creyente de las tesis sociológicas propuestas por Laureano Vallenilla Lanz. El periodista cumanés y director de La Esfera las preconizó con firmeza, aun después del fallecimiento del dictador.

La Esfera fue de los primeros que tuvo páginas dedicadas a la Radio en Venezuela. De hecho, el periódico fundó “La Voz de la Esfera” que después fue Radio Continente. Asimismo, secciones de entretenimiento como “Dúdelo, pero es verdad” que era una sesión gráfica comentada en la cual aparecían, curiosidades, fenómenos y extraños casos divulgados por el famoso dibujante y escritor norteamericano R. L. Ripley.

De igual manera, el diario La Esfera publicaba “Aventuras y desventura de Don Pancho”, sección de historietas cómicas orientadas a chicos y grandes, del caricaturista George Mc Manus. También publicaba folletines como “Los evadidos de Guayana” y los “Presidios de Guayana”, del francés Alberto Londres.

Después de la muerte de Gómez, la prensa abrió libremente sus páginas a las opiniones políticas y prácticamente se inauguró el género de la entrevista con dirigentes políticos que regresaban del exilio, entre ellos, Rómulo Betancourt, quien por cierto, en La Esfera del 11 de febrero de 1936 se quejaba de la prensa en general que destaca a los hombres de sables que regresan y prácticamente poco dicen de dirigentes políticos como Raúl Leoni.

Memorables son las polémicas de Ramón David León con los intelectuales de izquierda. Era agresivo y no daba tregua ni cuartel para el adversario político

Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, un buen número de periodistas afiliados a las organizaciones políticas democráticas disueltas pudo subsistir porque La Esfera, les abrió sus puertas y les ofreció trabajo estable. Allí estuvieron laborando en su profesión Simón Alberto Consalvi, Héctor Strédel, Gabriel Páez, Pedro Francisco Lizardo, Orestes Di Giácomo.

En 1955, La Esfera fue adquirida por Miguel Ángel Capriles y pasó junto con Ultimas Noticias y la revista Elite a formar parte de la Cadena Capriles, de la cual fui corresponsal en 1960 siendo director de La Esfera, Oscar Yánez (Chivo Negro). (Del 14 de mayo es la información mía que ilustra la columna).

martes, 20 de marzo de 2012

Después de la muerte de Gómez

El 21 de febrero de 1936, el pueblo de Caracas salió a la calle para pedir una limpieza del gomecismo en los estrados del poder, así como contra los trágicos sucesos del 14 de febrero en la Plaza Bolívar, que provocó una manifestación de la Federación de Estudiantes hasta el Palacio de Miraflores. En Ciudad Bolívar se realizó un funeral en honor de los caídos oficiado por el Canónigo Lectoral Pbro. J. M. Guevara Carrera.  Ese mismo día el jefe civil José Barceló dictó un decreto prohibiendo las manifestaciones.

Tan pronto cayó el dictador Juan Vicente Gómez, la prensa se desbordó. Era algo así como un río reprimido que de pronto le abren las compuertas, por lo que el presidente Eleazar López Contreras se apoyó en un pasaje del Mensaje al Congreso de Angostura, de Jean-Jacques Rousseau, escritor, pedagogo y filósofo suizo, citado por Bolívar, según el cual la libertad es un alimento muy suculento que ingerido sin control se corre el riesgo de la intoxicación, por lo que se vio obligado a establecer la censura que tanto odian la prensa y los lectores que se sienten con derecho a saber todo lo que ocurre en la nación. De manera, en el caso del estado Bolívar, el Gobierno designó una Junta de Censura integrada por J. M. Agosto Méndez, Luis Felipe Vargas Pizarro y José Gabriel Machado. Esto obligó a que la prensa sacara en recuadro lo siguiente: “Este periódico está visado por la censura”.

Sobre cómo se debía conducir la política de calle en el proceso de transición del gomecismo a la democracia, hubo posiciones reciamente enfrentadas entre los universitarios que parecían llevar la batuta de los acontecimientos que concluyeron en una división de la Federación de Estudiantes de Venezuela, presidida por Jóvito Villalba, y que dio lugar a la separación de un grupo que luego bajo la dirección de Rafael Caldera adoptó el nombre de Unión Nacional Estudiantil (UNE). La Seccional de la FVE en Ciudad Bolívar, presidida por Héctor Guillermo Villalobos publicó un manifiesto de adhesión a Jóvito Villalba.

Entre tanto comenzaban a regresar los exiliados, entre ellos el bolivarense doctor Félix Montes, quien fuera lanzado desde las páginas de “El Pregonero” por el periodista Arévalo González, como candidato a Presidencia de la República para el período 1914-1919, contra las aspiraciones continuistas del general Juan Vicente Gómez. A raíz de la persecución del dictador, el doctor Montes debió exiliarse en 1913 y ahora tras la muerte del dictador regresaba, después de 23 años fuera de Venezuela y de su tierra bolivarense. El doctor Félix Montes, abogado, profesor universitario, escritor y político era hijo del educador guayanés Ramón Isidro Montes y había nacido en Ciudad Bolívar en 1878.

Desaparecida las revista Oriflama y Orinoco, los jóvenes absorbidos por los nuevos acontecimientos políticos, pensaron  organizarse y editar un órgano periodístico para concienciar a los guayaneses. Así apareció el semanario “La Ley”, órgano  de la Sociedad Nacional Democrática, bajo la dirección del escritor César Gómez Redilis, J. M. Gómez Rangel y Luis A. Key. Esta sociedad se refundó después con el nombre Unión Nacional Republicana.

La nueva publicación da cuenta y respalda una huelga de obreros mineros en El Callao, contra la compañía New Gold Fields of Venezuela LTD, exigiendo  aumento de salario.

La oportunidad fue propicia para que Florentino Montes fundara la primera Escuela Nocturna de Varones en el edificio de la Granja, patrocinada por el Centro Unión Caleta, con el nombre de “Manuel Flores Betancourt”, quien fue un gran luchador contra el flagelo de analfabetismo

lunes, 19 de marzo de 2012

Desfile de Artesanos y Obreros

B1TOPICOS
El 22 de julio de 1939, el presidente del estado Bolívar, Ovidio Pérez Ágreda, dispuso por decreto refrendado por el secretario general de Gobierno doctor J. M. Gómez Rangel, la celebración del Día del Obrero el 24 de julio aniversario del natalicio del Libertador.

Efectivamente, el 24 de julio de 1939, se registró en Ciudad Bolívar un gran desfile de los miembros de la Sociedad Cooperativa de Artesanos y Obreros, gremio que venía operando en la ciudad desde los tiempos de Juan Bautista Dalla Costa.

El nuevo gobernador lopecista no hacía más que ratificar el anterior decreto de Juan Vicente Gómez que disponía que el 24 de julio, aniversario del natalicio del Libertador, se celebrara en Venezuela como Día del Trabajador. El dictador consideraba a Bolívar como el más insigne de los trabajadores y también, claro, por haber nacido él en la misma fecha, la cual se mantuvo hasta 1945 cuando el presidente Isaías Medina Angarita, la sustituyó por el primero de mayo, adoptada internacionalmente.

En el estado Bolívar para 1939 el movimiento sindical especializado como el de La Electricidad, Minas de Oro de El Callao y el de Caleteros, era incipiente y comenzó a tomar cuerpo a raíz de la Revolución de Octubre del 45.

En Ciudad Bolívar, unas de las poblaciones más cosmopolitas de Venezuela, llegaron a coexistir las actividades artesanales con los obreros y otras de carácter proto-industrial en la llamada Sociedad Cooperativa de Artesanos y Obreros que enarbolaba una bandera blanca con letras negras. Se refundó con 73 miembros en octubre de 1915 y de ella dependía una Escuela Nocturna para artesanos.

La directiva en 1939 la integraban Antonio Levanti, en calidad de presidente; Felipe Hernández, vicepresidente, y secretario Manuel S. Kroney.  Para celebrar el 24 como Día del Obrero, el gobernador Ovidio Pérez Ágreda, conjuntamente con el secretario de Gobierno, doctor J. M. Gómez Rangel, decretó un programa que incluyó la inauguración de la nueva Casa de Gobierno (dos plantas), almuerzo para los obreros, entrega de ocho equipos de baseball a los clubes organizados, inauguración de la Escuela de Enfermeras bajo la dirección del doctor Jorge Figarella y ofrenda en el cementerio a Juan Bautista Dalla Costa, Ramón Isidro Montes, Manuel Felipe Flores hijo y Antonio Valera Villalobos, propiciadores y defensores del movimiento obrero.

En Venezuela la actividad sindical organizada comenzó en 1936 a raíz de la muerte de Gómez, pero el primero de mayo como día del trabajador fue adoptado por el Gobierno de Isaías Medina Angarita en 1945. Desde entonces se ha venido celebrando la fecha ininterrumpidamente hasta nuestros días.  A partir de 1962; a poco tiempo de ser derrocada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez comenzaron a desfilar los obreros ya organizados en sindicatos afiliados a federaciones y éstas a la Confederación de Trabajadores de Venezuela, incluyendo, por supuesto, a Fetrabolívar.

Antes de la fundación de Fetrabolívar, existía en Guayana la “Unión Sindical” controlada por el oficialismo, pero en 1958, al caer el régimen dictatorial, un grupo de dirigentes democráticos, recién salido de las cárceles, encabezado por el líder obrero Roberto Hernández, se posesionó de esa Central Sindical y allí comenzó un arduo trabajo de orientación que culminó con una nueva estructura sindical bajo un Comité Ejecutivo presidido por Antonio Ávila Barrios, gran luchador social devorado después por la revolución cubana. Lo acompañaron en ese movimiento Ramón Rojas Rojas, Pedro Guevara, Aníbal Bastardo, Ángel Guaparumo, Mauro Gómez, Daniel Naranjo Díaz y Edilio Torcat. El 10 de marzo de 1962 se realizó la Convención que legitimó una nueva directiva presidida por José Ángel Mollegas

domingo, 18 de marzo de 2012

Demolición del Teatro Bolívar

El 15 de enero de 1935, el gobierno regional ordenó levantar un informe completo sobre la situación del Teatro Bolívar y las obras de reconstrucción que se habían iniciado durante la gestión de Silverio González (1924-1930).

El informe técnico ordenado por el presidente Antonio Álamo (1933-1936), establecía que el Teatro se hallaba dentro los siguientes linderos: norte, calle Concordia; sur, calle Las Mercedes; este, casa Sebastián y oeste, calle Constitución. Superficie del edificio 664 metros cuadrados. Frente: en construcción con superficie de 198 metros cuadrados. Paredes de piedra y adobes pegados con mezcla mulata; o sea, un compuesto de cal, arena y tierra colorada. En resumen, el informe concluía en que ni las paredes ni la clase de construcción en general eran aparentes para soportar la carga a que estaban destinados. Igualmente observaban lo defectuoso de la construcción relativa al techo que era de hierro galvanizado sobre viguetas de madera. En definitiva el informe técnico consideraba más acertado la construcción de un Teatro moderno en un lugar más adecuado, y dejando el propio para la caja de agua del proyectado acueducto de la ciudad.

El gobernador José Benigno Rendón (1936-1938), acogió el informe anterior e inició la demolición total para la construcción de un nuevo Teatro el 17 de septiembre de 1936. Antes, por decreto del 9 de julio de 1936, había integrado una comisión con José M. Hernández, A. Graterol y Carlos Delgado para la elaboración de los planos, pero en el mismo sitio. Entonces, Pedro Calderón, quien era el ingeniero municipal, recomendó la fachada principal del Teatro hacia el norte.

Al presidente del estado J. B. Rendón no le alcanzó el tiempo de su mandato para dejarles a los bolivarenses el Teatro que tanto anhelaban. Fue el doctor Mario Briceño Iragorry, presidente del estado entre 1943 y 1945, quien resolvió la situación construyendo en el mismo lugar no propiamente un teatro sino lo que fue hasta la década de 1960 el Auditorio Simón Rodríguez, transformado hoy en el Palacio de la Asamblea Legislativa.

Como se ve, el telón del Teatro Bolívar descendió y de éste solo quedó el parlamento, el parlamento interminable y controvertido de una obra que fue sueño, realidad y nuevamente sueño.

El sueño volvió a ser realidad, pero realidad inconclusa medio siglo después, digamos en 1986 cuando el centro urbano de la ciudad, declarado Monumento Público Nacional, fue objeto de un programa de revitalización integral en cuyos proyectos estaba el teatro.  Entonces, la edificación construida durante el Gobierno de Eudoro Sánchez Lanz, adosada al Capitolio para cuartel de la policía, fue intervenida para convertirla en un teatro que, de acuerdo con el proyecto encomendado al arquitecto Orlando Benítez, resultaba similar al de Bogotá y se habría realizado sino ocurre súbitamente la muerte de la arquitecto Elisa Rodríguez Landaeta, quien era jefe de la Oficina Técnica del Casco Histórico y funcionaria de Mindur.

Después del fallecimiento de Elisa, fue designada jefe de la Oficina Técnica la arquitecta Rosángela Yajure, perteneciente, junto con Farruco Sexto y Oscar Tenreiro, al Grupo Nave de la UCV, cuya filosofía era la regeneración del lenguaje arquitectónico moderno.  Este grupo hizo desistir al gobernador Velásquez del proyecto Benítez para construir un teatro moderno en el mismo lugar, pero criticado por no conjugar la relación de armonía con el Capitolio donde estaría adosado, no solamente estableciendo alto contraste sino alterando la volumetría de la zona.

La ejecución del edificio se adelantó bastante, pero quedó  inconclusa a raíz de las elecciones que impuso a otro gobernador.  El egoísmo político es cosa seria, y la ciudad la gran perdedora.

sábado, 17 de marzo de 2012

Cruzado a nado el Orinoco

El 4 de mayo de 1929, los bolivarenses tuvieron la oportunidad de ver lo que entonces se consideraba una hazaña: cruzar a nado el Orinoco. El río padre, frente a Ciudad Bolívar, fue cruzado por primera vez por el nadador de nacionalidad francesa Juan Walter. Escoltado por dos curiaras y dos lanchas, lo atravesó en media hora desde Soledad hasta el Puerto de Blohm. El día 18 volvió a intentarlo de ida y vuelta en 55 minutos.

Hubo de transcurrir doce años para una prueba similar. Esta vez (14 de abril de 1941), por los jóvenes telegrafistas, Rafael García y Juan Alacayo. Lo cruzaron en 48 minutos, de Soledad al Puerto de Blohm. Imagínese el lector a los citadinos reunidos a lo largo del antiguo paseo La Alameda, contagiados con la emoción de la hazaña.

Los jóvenes telegrafistas se atrevieron porque les habían asegurado que ya no había saurios por la zona, pues el último, de tres metros, había sido liquidado en 1931 por el oficial de policía, Samuel Gutiérrez, frente al Resguardo. Sin embargo, no hubo de inmediato nuevo intento de cruzar el río, dado que las lavanderas de Orocopiche denunciaron la presencia de otros saurios.

Efectivamente, el 3 de julio, tras paciente seguimiento, fue localizado y eliminado cerca de la Cerámica, por el jefe militar de la plaza, mayor José Antonio González. El siguiente fue disparado desde el puerto de La Aduana, agosto del año siguiente, por el prefecto del distrito Heres, capitán José León Medina. De esta forma se declaró limpio el canal angostureño y los nadadores se propusieron confiados la travesía del río.

Pero no es sino a partir de 1954, tiempo del gobernador Eudoro Sánchez Lanz (dictadura del general Marcos Pérez Jiménez), cuando realmente toma cuerpo un movimiento de competencia organizado por Jorge Suikowsky, profesor de Inglés del Instituto de Comercio Juan Bautista Dalla-Costa, de origen ecuatoriano y deportista consumado.

De Perro Seco, El Pueblito, Palos de Agua y El Polanco salían los mejores nadadores del Orinoco. De allí, Oscar García, quien ganó la primera prueba de las dos realizadas en septiembre de ese año 1954. Entonces lo bautizaron “El Tiburón del Orinoco”, y con ese nombre atendió invitaciones de eventos similares que se organizaban fuera del estado. El domingo 26, en la segunda prueba de 3 kilómetros, desde Playa Blanca, en el litoral de Anzoátegui, hasta el Mirador Angostura, que en esos días había sido inaugurado con fuente de soda, restaurante y pista de baile, detrás del Mercado Principal. Allí se expendía una cerveza para entonces de moda, la Victoria, y su hija más pequeña la Caribita que distribuía Jesús López Fernández.

Además del Mirador Angostura existía el Mirador Sifontes en la Laja de la Sapoara, decretado y realizado bajo la presidencia municipal de Brígido Natera Ricci y contra el cual chocó el Ferry Angostura que transbordaba vehículos y pasajeros entre un lado y otro del Orinoco.

Antes de finalizar el año (13 de diciembre) hubo una tercera prueba de natación, pero con el sexo opuesto. En ella venció la guayanesa Cruz Ramírez contra la yugoslava Elena Develac. En tercer lugar llegó Crucita Ramos.

En febrero del año siguiente se realizó entre Macuto y la Guaira un maratón de natación al cual fue invitado el Tiburón del Orinoco. Oscar García lo ganó contra todos los pronósticos, venciendo al campeón nacional Quintín Longa.

En enero de 1967 se reanudaron las pruebas en el Orinoco y destacaron las figuras de Miquel Itriago, César Araya (el Caimán del Orinoco) y Beatriz de Silva.

jueves, 15 de marzo de 2012

La Llorona del Temblador

Trina, la madre de los Tomedes, toda una generación de músicos, me habló en cierta ocasión de ese enigmático personaje La Llorona que al parecer no sólo es patrimonio de los bolivarenses, sino del resto de Venezuela y otros países.

Ella, quien ejecutaba muy bien la guitarra, a la que consideraba el mejor instrumento para deshacerse de los espíritus malos o traviesos, llegó a sentir muchos de ellos errando por los caminos pedregosos de El Temblador, barrio en pleno corazón del casco urbano; y para acabar con ellos, hizo construir una capilla en el sector e introdujo una cruz a la que le cantaba con su guitarra durante todo el mes de mayo.

Antes de la entronización del venerado madero, decía que había en la zona quienes veían por la noche perros con ojos iridiscentes saltando como chivos sobre las piedras cercanas a La Escalinata o antiguo Campanario. Asimismo, negros desnuditos de ojos grandotes y fosforescentes con los cuales las madres metían miedo a sus hijas para que al salir no regresaran tarde en la noche. Pero lo que más sobrecogía de temor a los humildes habitantes de El Temblador era una sugestiva y airosa mujer que invitaba a su alcoba a quien pasando junto a ella la cortejara. Luego de unos pasos largos y seguidos, la misteriosa dama conocida como La Llorona, se desmaterializaba en un gemido agudo y penetrante capaz de enloquecer de pánico al hombre más recio del barrio.

Según Trina Tomedes, La Llorona, nada tiene que ver con Las Plañideras, mujeres histriónicas que contrataban para llorar a los muertos. La Llorona, según una de las tantas leyendas conocidas, era una mujer española que vivió durante la Colonia. Sus hermanos al enterarse años después que la visitaron, se alarmaron y mataron a sus hijos por considerar que los indígenas eran como animales, seres inferiores de origen diabólico. Pero la pobre mujer enloqueció y se escapaba por las noches de su casa. Vestida de blanco y con el pelo suelto vagaba desgarrada en llanto por la muerte de sus hijos.

Otra versión cuenta que La Llorona es el alma en pena de una adolescente que tuvo amores con un soldado. De esos amores quedó embarazada de una niña. El soldado la abandonó y ella, como no tenía idea de cómo criarla, desesperada por el llanto incesante de la niña, enloqueció y la estranguló. Al darse cuenta de lo que había hecho, comenzó a gritar hasta morir maldecida por la comunidad. La gente del llano dice que se convirtió en espanto, siempre está llorando, y cuando entra a los poblados dicen que llama a su hija. Es más, roba niños solos, ya sea en sus casas o en las orillas de ríos o quebradas. Por lo general, se la oye llorar en tiempos de Semana Santa.

Se la representa como mujer joven, con una larga cabellera, bata blanca larga y capucha negra, con un bebé en los brazos. Llora y grita diciendo “¡Mi hijo, mi hijo!”. A veces, las madres castigan y asustan a sus hijos diciéndoles que si las desobedecen, La Llorona vendrá a buscarlos y asustarlos por las noches.

A La Llorona suelen confundirla con la Sayona. La diferencia es que ésta última sólo se viste de blanco, tiene ojos rojos y colmillos visibles, con dos frascos, uno con agua y otro con sangre. Asusta o vuelve locos a los hombres que son o fueron infieles, no a todas las personas, como hacía, según Trina Tomedes,  La Llorona del Temblador

miércoles, 14 de marzo de 2012

El Colegio La Milagrosa

El 14 de enero de 1936 se anunció que el Colegio La Milagrosa quedaría abierto a partir del primero de febrero, bajo la dirección de los Padres Paúles. Se anunció igualmente que los alumnos internos pagarían una matrícula de Bs. 100 mensual y 40 bolívares los semi-internos.

Loa Padres Paúles, que también tenían bajo su administración apostólica la Iglesia Santa Ana, escogieron como sede del Colegio la antigua Casa de los Gobernadores de la Colonia (en la foto), al Sur de la Plaza Bolívar. De suerte que en torno a la plaza funcionaba además de este instituto, el Colegio Federal y la Escuela Heres.

Este Colegio La Milagrosa tuvo un lapso de 40 años de vida y por sus aulas pasaron unas ocho generaciones de estudiantes bolivarenses hasta mayo de 1975, cuando sus patrocinadores, pertenecientes a la orden paulina, decidieron cerrar sus puertas.

El profesor Santos Páez, funcionario del Ministerio de Educación, recibió la comunicación oficial de la dirección del plantel, donde se anunciaba el cierre a partir del próximo año lectivo por razones económicas y falta de sacerdotes dedicados a la docencia.

El colegio, fundado en la antigua casa de los Gobernadores de Angostura, se estableció después en una edificación moderna en las afueras de la ciudad, prestando servicio a unos 300 estudiantes de primaria y secundaria.

El inspector del Trabajo, Celestino Pérez Pérez, igualmente recibió la participación oficial y nombró una comisión de expertos, de acuerdo con el artículo 37 del Reglamento de la Ley Contra Despidos Injustificados, sancionada el 8 de agosto de 1974, para que en el lapso de 30 días, informara si era justificado o no el cierre de la institución.

Los padres y representantes de unos 300 estudiantes que venían cursando en el colegio, se alarmaron ante la súbita decisión que afectaba a sus representados

El último director de La Milagrosa fue el padre Emilio Montalvo Martín, y con él laboraban treinta y dos personas entre profesores, maestros y secretarias, los cuales quedaron cesantes.

Una vez cerrado, los Padres Paúles decidieron poner en venta las modernas instalaciones que comprendía también una iglesia donde se hallaba entronizada la Virgen La Milagrosa. La venta de la iglesia alarmó a la feligresía, notablemente al arzobispo, que se manifestó contrariado.

El recinto cerrado, por supuestas crisis de recursos económicos y humanos para su sostenimiento, estaba ubicado en un área de 25 mil metros cuadrados y fue ofrecido en venta a las autoridades de la Universidad de Oriente por 3 millones 600 mil bolívares, más la iglesia por dos millones de bolívares.

Entonces se sugirió el templo para su conversión en Aula Magna, pero las autoridades universitarias no estaban interesadas sino en el edificio docente propiamente; también porque había oposición del arzobispado, aunque poca injerencia vinculante tenía en los asuntos de los padres paulinos. De todas maneras, el Arzobispo Crisanto Mata Cova, manifestó públicamente su oposición absoluta a la enajenación de la iglesia parroquial La Milagrosa señalando: “No sé con qué conciencia ha actuado el padre provincial de los paúles y su consejo. Tal negociación es un desacierto y no puede ser y si se lleva a cabo será a espaldas del Arzobispado y de la Santa Sede”.

Lo cierto es que debido a la oposición de las autoridades eclesiásticas rectoras, la iglesia no entró en el paquete, quedó intacta bajo la jurisdicción del arzobispado. Al final de las contradictorias negociaciones, el conjunto docente fue adquirido por la UDO con un aporte

martes, 13 de marzo de 2012

Tamarindo

 
José Vicente Iriarte era conocido más por Tamarindo que por su propio nombre. Lo de Tamarindo le venía porque solía recomendar a sus vecinos y amistades del barrio Perro Seco de Ciudad Bolívar donde vivía, el cocimiento de las vainas del Tamarindo como atemperante en los casos de fiebre por insolación. También recomendaba la pulpa del fruto como laxante, y él mismo preparaba para sí un jarabe como refrescante en la época más calurosa de la ciudad.

Él era un acertado sobador, muy hábil para tratar la dislocación de huesos. Yo mismo me vi en la necesidad de visitarlo por sugerencia -¡increíble!- de un médico traumatólogo que me examinó superficialmente la luxación sufrida en la muñeca de la mano izquierda al caer de una mata de mango en un fundo de Caratero.

Tamarindo, ya de cierta edad, moreno, escaso pelo, lentes de armadura gruesa y rostro reflexivo, me atendió casi silenciosamente. Me sentó en una silla de cuero y él hizo lo igual en un banquillo de madera, se frotó las manos con el líquido oscuro de una botella, luego untadas con cebo de culebra las pasó repetidas veces por las articulaciones lesionadas a tiempo que murmuraba una oración casi inaudible y trac, trac, ya estaba misteriosamente curado sin vendas ni yeso.

Dos años después volvería, pero con torcedura en el pie derecho al volverme a caer de la misma mata de mango, esta vez zarandeado por unas avispas. Ocurrió el mismo ritual y por retribución lo que yo quisiera. El hombre era sabio, humilde y generoso. Esa misma tarde llegó desde Maturín un oficial del Ejército con su joven esposa toda adolorida por traumatismo de las articulaciones de la cadera. Le dijo al militar que como tenía que pasar a su cuarto y desnudar a su mujer, era preferible que lo acompañara. “No importa -dijo el capitán todo decidido- haga su trabajo”.

Casi todas las articulaciones del esqueleto se pueden luxar, me dijo Tamarindo en la segunda ocasión, ya más familiar y menos introvertido. Sabía de mi condición de periodista. Me dijo que por sus manos habían pasado personas con luxación en la mandíbula por abrir demasiado la boca al bostezar, atletas con el hombro lesionado al hacer deportes o con problemas en el codo por caída; caderas o rodillas por accidentes de moto o traumatismo directo. La luxación de hombro era la más frecuente. El tratamiento casi siempre era el mismo aunque algunas veces debía utilizar la garrucha para la reducción, esto es, conseguir que los huesos vuelvan a ocupar su posición correcta.

La famosa Cruz del Perdón de Ciudad Bolívar a la margen derecha del Orinoco, que al principio era de fleje, dice la voz popular que fue sustituida por una Cruz de Madera, que en una de las incursiones militares cuando era soldado, trajo Tamarindo de alguna extinguida misión capuchina del Caroní.

Tamarindo fue recluta alistado en calidad de enfermero en el Batallón Zamora Nº 14, que en el Cuartel El Capitolio de Ciudad Bolívar era comandado por el general Juan Alberto Ramírez, el mismo que restauró el Fortín del Zamuro, luego que fuera destruido al final de la Guerra Libertadora en 1903.

José Vicente Iriarte nació en Ciudad Bolívar en 1892 cuando la Piedra del Medio quedó tapada por una de las más espectaculares crecidas del Río Orinoco. Era hijo de una negra guaireña llamada Julia Iriarte y el coronel José Zapata, hermano del general Anzelmo Zapata, quien peleó al lado de Joaquín Crespo durante la revolución legalista y a favor de Cipriano Castro y de Gómez contra la llamada Revolución Libertadora.

lunes, 12 de marzo de 2012

La Cervecería de Ciudad Bolívar

El 5 de septiembre de 1925, se realizó la asamblea general extraordinaria de los accionistas de la Cervecería de Ciudad Bolívar a objeto de nombrar nueva junta directiva, fijar emolumentos y ratificar el contrato celebrado con el Banco Neerlando-Venezolano de Caracas sobre un crédito de medio millón de bolívares para ampliar la fábrica.

La nueva junta directiva para el período 1925-1927 quedó así: presidente, Andrés Juan Pietrantoni; primer vicepresidente, Eduardo Boccardo; segundo Vicepresidente, Virgilio Casalta; vocales, Antonio Delgado y Natalio Valery Agostini; suplentes, Juan Casalta, Pierre Palazzi, Pierre Scheafli, Paúl Acquatella, Mario Gambús B. Comisario, P. F. Núñez Romberg, F. A. Guevara y gerente, Miguel Delgado.

Con esta reforma y ampliación de la directiva, la empresa proyectaba aumentar su capacidad y consolidar y ganar nuevos mercados. Contaba con el respaldo crediticio del Banco Neerlando-Venezolano que ese año otorgó a la Cervecería de Ciudad Bolívar un crédito por medio millón de bolívares, cubierto por suscripción pública para ensanchar la producción de la empresa y hacerle frente a la competencia desleal de que era objeto la compañía en el resto del mercado del país.

Con ese crédito fue posible la adquisición de una nueva cava de maduración, nuevos toneles, tanques, filtros y otros equipos necesarios en la elaboración de la cerveza. Se adquirieron seis grandes tanques “Pfaudler” de acero, divididos cada uno en tres compartimientos de 2.500 litros de capacidad, o sea, 45.000 litros completamente llenos de cerveza de maduración, la cual se elaboraba con la malta tipo cristal procedente de Export Malt Factorías Schinian y Steim Ltd., una de las más grandes y renombradas malterías de Bohemia. Con la cava, la empresa cervecera bolivarense aumentó su capacidad productora a 45.000 litros mensuales y estrenó un nuevo maestro cervecero: Antón Gusche.

Dos meses después, específicamente los días 2 y 18 de noviembre, los directivos resolvieron un aumento del precio de la cerveza en sus tipos tercio y sexto de litro, debido a una subida inesperada del precio de la materia prima importada. También del embarque en el vapor Apure de 1.032 cajas de cerveza de 36 tercios con destino a oriente, Caracas, Puerto Cabello y Maracaibo. Como se ve, la cerveza bolivarense llegaba a muchas ciudades importantes de Venezuela, incluyendo la Malta Angostura, con un diseño de botella muy atractivo (en la foto) y repuntada entonces como de calidad única.

Con la reforma y ampliación todo parecía ir internamente bien, hasta que inesperadamente sobrevino una profunda diferencia de carácter administrativo entre el presidente de la empresa, Andrés Juan Pietrantoni, quien se separa del cargo, y el gerente Miguel Delgado, quien ipso facto renunció a su puesto. A nombre de la junta directiva aparece el primer vicepresidente en ejercicio, Eduardo Boccardo, convocando a una asamblea extraordinaria de accionistas, la cual se reunió el 2 de septiembre (1926) para conocer del incidente, así como del informe sobre la actitud de los tenedores de bonos hipotecarios y sobre la necesidad de aumentar el capital o en su defecto resolver la liquidación de la compañía.

La Asamblea se reunió, pero el problema de fondo no pudo resolverse y todo apuntaba hacia la liquidación de la Cervecería. Entre tanto fue aceptada la renuncia del gerente y en su lugar fue designado interinamente R. Arturo Maghum, y como cajero, Anon Got She.

El 8 de febrero del año siguiente, la asamblea resolvió liquidar la empresa y procedió a nombrar liquidadores. En 1929, la Cervecería de Caracas absorbió la mayoría de las acciones y fundó una nueva empresa cervecera con el nombre de Nueva Cervecería de Ciudad Bolívar.

domingo, 11 de marzo de 2012

Centenario de Ramón Isidro Montes


El 5 de septiembre de 1916 los bolivarenses celebraron el primer centenario del natalicio del doctor Ramón Isidro Montes, preparado por la Junta pro centenario que presidía el doctor Wenceslao Monserrate Hermoso.

Los actos del programa se iniciaron un día antes para recordar a este bolivarense fundador de la Universidad de Guayana e ilustre personaje de las inquietudes humanísticas bien definidas.

Presididos por una Junta designada, los actos se iniciaron en la Plaza Bolívar con una sesión solemne de la Sociedad Cooperativa de Artesanos y Obreros, pues fue él su fundador así como de la Escuela Nocturna de Artesanos.

Continuaron con un evento literario en el Colegio Federal de Varones, velada en la Logia Asilo de la Paz, colocación de la primera piedra de un busto de mármol, salvas en el Fortín El Zamuro y colocación sobre su tumba de una flor y una placa a nombre de la mujer guayanesa con la siguiente rima declamada por la señorita Matilde Sucre en el momento del homenaje: “La mujer guayanesa / viene a turbar la calma / de nuestros caros padres / ¡Oh, sabio instructor! / Porque ofrendarte quiere / el perfume de su alma / cantado en esta rima / y envuelto en esta flor”.

El discurso en el acto central del homenaje estuvo a cargo del doctor Antonio María Delgado, quien resaltó los atributos y valores humanísticos del licenciado Ramón Isidro Montes, formado profesionalmente en la Universidad Central de Venezuela y realizado como catedrático del Colegio Federal de Guayana, donde estudió hasta el segundo nivel y llegó a ser su rector.

En el lapso de su rectorado creó la cátedra de Literatura y fundó la Escuela Primaria y Nocturna para obreros y artesanos. Amparado por el decreto legislativo del 26 de marzo de 1852, promulgado por el Presidente José Gregorio Monagas, estableció la cátedra de Derecho, dictado por él, y de Medicina, sostenido gratuitamente por el doctor Luis Plassard, médico francés recién llegado de la Colonia Tovar, quien se casó en Angostura y vivió en ella hasta su muerte ocurrida en 1890.

El 17 de marzo de 1896, los senadores del estado Bolívar, respaldados por los de Carabobo, presentaron a la Cámara y fue aprobado un proyecto de decreto elevando al rango de Universidad al Colegio de Primera Categoría de Ciudad Bolívar.

La Universidad de Guayana quedó creada por ley del Congreso de la República del 16 de abril de 1896, que promulgó el presidente de la República, Joaquín Crespo, y refrendó el Ministro de Instrucción Pública, médico y profesor universitario, Federico R. Chirinos, el 5 de mayo de ese año. Para entonces era Rector del Colegio, el doctor José María Emazabel. Ramón Isidro Montes se había separado del rectorado en 1885 por quebrantos que lo llevaron a la muerte el 10 de junio de 1889. No se cumplió su desiderátum de ver al Colegio convertido Universidad.

Su hijo José Félix Montes, quien siguió su camino de abogado, profesor universitario, político y escritor, recopiló los escritos de su padre en el volumen Ensayos poéticos y literarios con prólogo de Julio Calcaño, quien había sido su alumno.

Como pedagogo, Ramón Isidro Montes, escribió Gramática Castellana, autorizada por la Academia de la Lengua, y Tratado de Aritmética Razonada, adoptada por planteles de educación fuera y dentro del país. Asimismo, Compendio de Métrica en colaboración con el profesor Simón Camejo.

Escribió temas históricos como “Boves, leyenda venezolana” y poesía desde la edad de 19 años, poesía representativa del romanticismo iniciado en Venezuela con José Antonio Maitín y Abigail Lozano

sábado, 10 de marzo de 2012

La Casa de Agosto Méndez

Podría ser éste el único caso en el mundo en que el pueblo le regala una vivienda a su médico de cabecera. José Manuel Agosto Méndez estuvo siempre allí a la cabeza del enfermo para curarlo o ayudarlo a bien morir. Pero ese hombre siempre vivió en casa alquilada, jamás reunió lo necesario para adquirir techo propio para su familia. Cuando se encontraba en el último peldaño de su vida, la Asamblea Legislativa del Estado Bolívar, de la que había sido presidente, tuvo la iniciativa de darle un aldabonazo a la conciencia ciudadana para que aportara lo que fuese con ese fin de retribución muy loable. De suerte, el 26 de enero de 1944, la Asamblea Legislativa lanzó la idea de regalarle, por suscripción popular, una casa al también poeta, con motivo de sus bodas de oro profesionales, pero no tuvo ojos para verla porque el miércoles 9 de febrero de ese año, falleció.

La escueta nota periodística de su deceso apareció así: “Murió pobre. Ni siquiera tenía casa propia. De la profesión hizo un apostolado al igual que el doctor Carlos Emiliano Salom. Buen escritor, excelente poeta clásico, médico humanitario y amigo sin dobleces. Pudo haberse hecho rico en pocos años y vivir espléndidamente. Prefirió todo lo contrario. En los últimos días de su existencia sufrió el zarpazo de la miseria. No alcanzó ver hecho realidad la promesa de casa propia. Supo honrar a la tierra nativa en su esclarecido talento, sus virtudes ciudadanas y abnegada labor profesional”.

Su sepelio fue tumultuosamente acompañado. Lo velaron un instante en el Liceo Peñalver y allí el doctor José Gabriel Machado pronunció la oración fúnebre. Luego lo situaron en la Plaza Miranda, donde José Luis Aristeguieta, hermano político del finado, dio las gracias, seguido del doctor Lino Maradey, a nombre del gremio de médicos; Adán Blanco Ledesma lo hizo por profesores y estudiantes, y en nombre del pueblo, J. J. Rojas Peraza y Víctor Monedero. El embajador de Venezuela en Perú, Elías Pérez Sosa, estuvo en el entierro y declaró: “Lo importante no es deplorar su pérdida sino recoger su ejemplo y proyectarlo”.

Única herencia: 17 libros: 12 en versos y 5 en prosa, además de su ejemplo como profesional, servidor público y ciudadano digno y cabal: Cantos Bohemios: Guayanesas, Siluetas Literarias, Lampos y rosas, Bronces y filigranas (sonetos), Floresta Lírica, Anaglifos (sonetos), Canción de otoño, Poemas libres. Prosa: Perfiles Médicos (dos tomos), Evolución de la medicina en Guayana, Letras vernáculas. Inéditos: Prosas de poetas, Horas de un Médicos y Sinfonías patriotas.

El escritor Manuel Alfredo Rodríguez, quien fue paciente del médico y poeta fallecido, escribió este primer párrafo de una evocación sobre el ilustre galeno: “Me parece ver su estampa de hidalgo, andar y desandar las calles de Ciudad Bolívar en las visitas a sus enfermos. Era muy blanco, alto, delgado y un tanto desgarbado. Su indumentaria incluía chaleco y cuello de pajarita. Se tocaba la calva venerable con sombrero blanco, la caña de su calzado le subía hasta un palmo más de los tobillos y portaba un fino bastón. En mi niñez fui su paciente y recuerdo su labio belfo y la dulzura de su mirada tras los cristales de las gafas. A su paso, todos los transeúntes le cedían la acera y le saludaban con afectuoso respeto. Era un homenaje al médico filántropo y al “Príncipe de las letras guayanesas”.

Qué paradoja: la casa frente a la Asamblea Legislativa está hoy como la de Soto, en completa ruina

viernes, 9 de marzo de 2012

De Rías el último libro de René

René Silva Idrogo, quien falleció ayer tras días largos y enteros de convulsiones, escribió “De Rías”, su último libro que me tocó presentar en la sede de la Asociación de Escritores de la cual fue secretario general muy productivo por algún tiempo.

René escribió dieciocho obras literarias, de las cuales dio a conocer trece, incluyendo ésta, que libramos del pecado original. Porque, como las criaturas, también las obras humanas despiertan a la vida con la bíblica culpa de la tentación. En este caso, la obra de René fue el producto de ese estado de enervación del hombre que lo hace sucumbir ante el bocado que para los poetas significan las manzanas del tiempo y de la vida.

La poesía tiene raíces como los árboles, me dijo en cierta ocasión el poeta Méliton Salazar, y si tal afirmación es válida, esos árboles tienen frutos que pueden ser buenos o malos, tal vez como el árbol del  bien y del mal, capaz de tentar a quien se sienta atraído por un misterio que luego habrá de disfrutar y padecer.

Escribir un poema es como compartir con Eva la manzana del Paraíso, es por lo tanto, enfrentar el riesgo que significa demoler las barreras que guardan como hidras de Lerna los enigmas de la vida impuestos por el Creador a todos cuantos quieren imitarlo o hasta emularlo.

Dios es el Cosmos y en cada poema arde con la sordina del humo el ascua de una estrella que el padecimiento del alma va transformando en canto. En canto que luego se difunde tanto cuanto innata sea la pureza de quien gravita en el espacio infinito de la existencia.

La poesía es el producto de una emotiva tentación irresistible que al final se padece y que en su misma esencia se advierte ese padecimiento como cuando, por ejemplo, el poeta  atrapado por el crujiente discurrir del río, expresa: “Pero si cruje de dolor bravío / entonces van su corazón y el mío / hacia el lejano mar que es llanto y nieve”.

El poemario de René Silva, distinguido con el primer premio por el jurado de un certamen literario patrocinado por la Federación Médica Venezolana, editado con prólogo de su presidente el doctor Douglas León Natera, consta de dieciséis poemas vertidos en 72 páginas. Poemas dispersos, pero que guardan una relación íntima, existencial, donde la técnica en algunos casos está signada por el momento crítico de la creación.

René Silva, nacido en Ciudad Bolívar el 8 de diciembre de 1935, además de escritor y poeta fue profesional de la medicina especializada y político que llegó a ser gobernador del Estado Bolívar y presidente del Concejo Municipal de Heres. Aunque siempre picado por el prurito de la política, comenzó a sentir la necesidad de escribir ya en los albores de la jubilación cuando publicó “Retazos” (1989), un libro mitad poemas, mitad relatos y que fue como globo de ensayo para medir sus posibilidades de aceptación en la creación literaria.

Luego publicó “En el nombre de Hipócrates”, su segundo libro que amaneció como la historia novelada de un médico que invocando al padre de la medicina distorsiona los principios de la deontología médica.

“La Tea encendida” (novela), “Flash y la Memoria de la ciudad” (testimonios), “El CDN y la disolución” entre otros.  Su libro que mayor atención llamó por su material polémico fue “En el nombre de Hipócrates” (1988) que testimonia las debilidades y miseria del ejercicio de la medicina. Siendo estudiante en 1949 había publicado el poemario “Las Pirañas del cielo