miércoles, 29 de febrero de 2012

Asesinato de Sandino

Juan Pablo Durán, guerrillero guayanés que en Nicaragua peleó al lado de Augusto César Sandino, dijo al regresar a Ciudad Bolívar que su líder fue asesinado (1934) por miembros de la Guardia Nacional de Somoza, que lo sorprendieron cuando se disponía a negociar el cese de las hostilidades contra las fuerzas norteamericanas de ocupación.

Augusto César Sandino tenía 41 años cuando lo asesinaron, pues había nacido en 1893 en Niquinohomo y tras trabajar como minero en varios países de Centroamérica, regresó a su patria Nicaragua en 1926 para convertirse en jefe liberal durante la Guerra Civil que sacudió a su país entre 1926 y 1927, negándose a negociar el final del conflicto, hasta que no se retiraran todos los marines estadounidenses que habían ocupado el país en 1912.

Sandino trascendió por su tenaz resistencia a la ocupación y a la intervención estadounidense en su país. Su resistencia provocó la presencia de más soldados estadounidenses, pero éstos no fueron capaces de acabar con el apoyo popular a Sandino, y finalmente tuvieron que retirarse en 1933, dejando la pacificación del país en manos de la Guardia Nacional de Anastasio Somoza.

César Augusto Sandino estaba negociando el final de las hostilidades con el presidente de Nicaragua, Juan Bautista Sacasa, cuando fue asesinado por la guardia de Somoza en 1934.

Durán, al regreso de Nicaragua fue agasajado por sus amigos en el Dancing Azul y Rojo que funcionaba en la parte alta del Cine América. El salón de baile con el nombre de Dancing Azul y Rojo era en alusión a las luces ambientales que sombreaban de colores opacos las siluetas de las parejas que frecuentaban el sitio, después de una buena película de romance.

Durán renunció a seguir la aventura de las guerrillas si conseguía un buen trabajo, que al fin logró en la administración de la Nueva Cervecería de Ciudad Bolívar, que había iniciado el montaje de nuevas maquinarias para modernizar la planta. La maquinaria tenía capacidad para suministrar luz diurna y nocturna a los bolivarenses, lo que obligó a la C. A. Electricidad a anunciar el servicio de corriente diurna a partir del 15 de junio de ese año 1934.

Para esa fecha y a fin de estrenar la electricidad nocturna fue aplazado el matrimonio de Leticia Martínez con el bachiller Salas Navarro, a quien el poeta Matías Carrasco le dedicó un soneto y otro un poeta que se firmaba con el seudónimo “Caballero Intrépido”. Los citadinos se devanaban los sesos tratando de ubicar al autor del poema y hasta llegó a atribuírsele tal seudónimo a Jorge Suegart.

Este “Caballero Intrépido” también compuso un Canto al Orinoco, tan bueno y celebrado como el de Andrés Eloy Blanco, el de Luz Machado y el de Pablo Neruda.

En esos días, un año antes de la muerte de Gómez, se hablaba de un cuartelazo que al fin se debeló cuando fue allanado el taller de fotografía de Isidro Enrique Rebolledo, quien fue preso e internado con un grillo ochentón en cada pierna en el Castillo de Puerto Cabello por estar comprometido en una conspiración contra el gobierno de Juan Vicente Gómez junto con los hermanos Emilio y Antonio Lanza, José María Vargas, Manuel María Pérez, Magdalena Machado y otros que disfrazados de barrenderos trataron de penetrar en el Cuartel del Capitolio, frente a la Plaza Miranda, pero falló el personaje clave que les iba a permitir el acceso, de manera que fue plomo del grueso lo que llevaron los conspiradores. Isidro Enrique Rebolledo estuvo preso hasta la muerte de Gómez

martes, 28 de febrero de 2012

El semanario Orinoco

El 26 de febrero de 1936 salió Orinoco semanario dirigido por Miguel María Escalante, un joven estudiante que estuvo entre los primeros que lideró las manifestaciones libertarias a raíz de la muerte del caudillo y dictador Juan Vicente Gómez.

Apareció este semanario un día sábado con interesante material sobre la actividad política del momento, comentarios noticiosos y la sección literaria que fue siempre su norte y la causa mayor de su existencia.

El 26 de marzo, desde la calle Libertad 23, esta publicación pasó a las manos exclusivas de los estudiantes avanzados del Colegio Federal, entre ellos, Manuel Bossio Vivas, con dos secciones novedosas: el Correo Azul y Sociales.

El 16 de diciembre de 1939, era su cuarta época, volvió a cambiar de redactores y administradores esta publicación que ya había calado, y disponía de un público muy importante desde el punto de vista social e intelectual. Ejercía la dirección del semanario el poeta Alarico Gómez. Redactores: Arquímedes Brito. Administrador: Rafael Orta.

“La poesía nueva tiene sitio elevado en esta hoja periodística que tal vez sea la única que ha enfocado la literatura en forma seria”, afirmaba su nota editorial.

La gente que escribía y dominaba el inestable y a veces impuntual semanario Orinoco, pertenecía a una generación de jóvenes intelectuales que leía a los surrealistas y quería romper con los moldes de la poesía clásica.

El 8 de marzo de 1940, Orinoco, adoptó la identificación de “semanario poético”, al servicio de un grupo de jóvenes intelectuales que se dio a conocer como “Auroguayanos” y en él escribían César Gómez, Vicente Gerbasi, Jean Aristeguieta, Arquímedes Brito, Elías Inaty, Alarico Gómez y Luis Martínez Franchi. De ellos trascendieron nacional e internacionalmente, Vicente Gerbasi (en la foto), figura central de Grupo Viernes y autor del conmovedor poema Mi padre, el inmigrante; Jean Aristeguieta, autora de Ebriedad del delirio y Alarico Gómez autor de Balada de Piedra y Agua y de Balada de los mendigos y cuya vida se truncó a edad muy tempana.

“Mi corazón a veces se siente abandonado / como un libro después de los exámenes / Pero yo no maldigo / Busco y no encuentro / pero no maldigo / Entro en una sala de cine / y sin embargo no maldigo / Sé que quieren dejarme, como al perro los huesos / Y todavía no maldigo…”/

De ese mismo tiempo era el poeta Ramón del Valle Laveaux, aunque menos joven que los renovadores agrupados en “Auroguayana”. Ese mismo año de 1936, José Ramón del Valle Laveaux, específicamente, el 17 de enero de 1936, había sido elegido diputado por Upata y presidente de la Asamblea Legislativa del Estado. Con anterioridad había ocupado otros cargos públicos importantes, pero destacaba más por su calidad de poeta que como dice Carlos Rodríguez Jiménez, junto con María Cova Fernández son los únicos intelectuales upatenses de la generación anterior a 1930 que mostraron decidida inclinación hacia el misticismo literario. Comenzó su carrera literaria como periodista de afición y en materia de poesía era tan mundano en la segunda década del siglo como cualquiera otro de sus contemporáneos. En 1917, junto con Teodoro Cova Fernández fundó El Relator. Un año después estuvo al frente de El Progreso. En todos colaboró constantemente en verso y prosa, siendo uno de los escritores más perseverante en la producción literaria. En 1927, sus mejores poesías fueron reunidas en un volumen bajo el nombre de “Cuarzos mis montañas”. Promotor del primer ateneo que tuvo Ciudad Bolívar y del cual fue presidenta Anita Ramírez, maestra de Lucila Palacio y de Luz Machado.

lunes, 27 de febrero de 2012

Alarico Gómez exaltado en Caracas

El 5 de septiembre de 1942 llegó a Ciudad Bolívar la noticia, sorprendente para muchos intelectuales, sobre el valor que le estaba dando Caracas a la poesía de Alarico Gómez, tan criticada por los poetas tradicionalistas del Orinoco.

Intelectuales líricos y románticos comentaron ampliamente sobre la poesía de Alarico Gómez, un poeta de Barrancas del Orinoco (1922) hecho en Ciudad Bolívar, perteneciente al Grupo Aureoguayano que jamás había sido tomado en cuenta por los líderes de la cultura artística afiliados al Ateneo, pero cuando su poesía comenzó a tomar cuerpo y resonancia en los círculos intelectuales y medios impresos caraqueños, se produjo un cambio de 180 grados en el Ateneo de la capital bolivarense

En el espacio del Ateneo, el 5 de septiembre de 1942, se insertan los poemas Estación, Pueblo y, A Ti, que es un soneto, con la siguiente nota previa que presenta a Alarico como buen discípulo de la Escuela Modernista iniciada en Francia en 1916, y a su poesía como fresca, original, obsesionante e impregnada de un hondo impresionismo madurado en sus horas de vigilia.

Luego agrega: Entre los poetas nuevos de Guayana es Alarico Gómez una de las más fecundas promesas. Promesa sin metro clásico, pero promesa al fin, que sigue ese dificilísimo y maravilloso mundo interior, alma de la poesía moderna que tantos cultivadores tiene en el mundo entero.

En los círculos caraqueños triunfó Alarico Gómez. Y sería una injusticia que en su terruño no se reconociera su depurada obra. Por eso, el Ateneo Guayanés, en franca expresión de reconocimiento, acoge a Alarico Gómez entre sus colaboradores y lo presenta a los lectores de esta sección cultural junto con tres de sus mejores poemas para contentamiento de todos los que gustan saborear poesía moderna y auténtica.

El poema Pueblo está dedicado al lugar de su infancia mientras que A Ti es un poema de amor, lo mismo que éste, titulado Estación:

Qué distante estamos y cuan cercanos / Yo, antes, era una lágrima / Ahora río a los paisajes que tú amas / Vienes a mi soledad / con tu voz plena de palomas / como el aire / como los niños / como los sueños / ¿ves a mi alrededor / los barcos de la madrugada / conduciendo tu recuerdo? / Estoy a prueba de esperas / Y espero!

Un poema dedicado, seguramente, a una de las mujeres bellas de la ciudad, tal vez a la que recuerda en esta estrofa de Balada de Piedra y Agua, escrita cuando ya estaba lejos del río: Recuerdo ahora la pequeña cosa / la tierna y dulce cosa matutina / que fue mi escuela en la ciudad dichosa / del primer grado y su feliz rutina / Luego mi adolescencia fue la rosa / de una mujer llamada Josefina / que era Beatriz, María o Dorotea / del pensamiento fijo en una idea.

Alarico Gómez nació en Barrancas en 1922 y falleció en Caracas en 1955 a la edad temprana de 33 años. Fue colaborador asiduo de numerosas publicaciones periódicas nacionales, escribió Júbilo del regreso (1947), Poemas para inmigrantes y turistas (1950) y Los dominios visuales (1956). Sus Obras completas fueron reeditadas en 1963.

Según Manuel Alfredo Rodríguez, su poesía era un desafío a todo lo establecido, santificado, aceptado y convenido, a veces extremada la imagen en la prestidigitación conceptual. Por su parte, José Ramón Medina escribió que la poesía de Alarico no fue alegre chisporroteo, sino severa disciplina que lo obligaba a cantar, a expresar su testimonio de humana levadura, a pregonar su braza de alzada lengua poética

domingo, 26 de febrero de 2012

Adrián Cordoliani, cinco veces presidente

El 2 de enero de 1942 se constituyó e instaló el Concejo Municipal de Heres y eligió a Adrián Cordoliani como su presidente. Cordoliani, quien había sido concejal en 1938, repitió como concejal en las elecciones de 1941 y ahora llegaba  a ser presidente durante tres años seguidos, bien sea, durante los períodos correspondientes a los años 1942, 1943 y 1944.

Sin colidir ni separarse de sus deberes y atribuciones edilicias, siguió laborando al servicio de la firma Blohm con los cargos de calculista de costo de las importaciones y secretario del apoderado gerente hasta 1946, cuando la firma Blohm & Cía. se transformó en Compañía Anónima BECO Sucesora de Blohm, y por la muerte de Hermmam Paschen subió al cargo de apoderado general de la nueva firma junto con Alejandro Gunterman Siegert y Max Paschen hijo.

Siendo presidente del Concejo Municipal, se registró la gran crecida del Orinoco (1943). En tal  ocasión, el presidente Isaías Medina Angarita vino a constatar personalmente el número de damnificados y los desastres causados por el desbordamiento del río. No había muchos recursos para afrontar la situación y el Concejo Municipal tuvo que moverse bonito para socorrer a los damnificados con sus pocos ingresos. No eran tantos, pero se podían hacer obras como la cloaca de la calle Concordia, por ejemplo. En ese tiempo el presidente del Concejo ganaba 500 bolívares. No había terminal aéreo y la administración Cordoliani cedió al ministro de Comunicaciones los terrenos de La Laja de La Llanera para que allí se formalizara el aeropuerto con todas sus instalaciones modernas.

La experiencia de Cordoliani en el Concejo Municipal resultaba sólida y de tal mérito, que durante el gobierno de facto en el 49 fue llamado para ejercer la presidencia de la Junta Administradora del Concejo de Heres y en 1951, siendo apoderado, por segunda vez, de la Oficina de Agencias y Representación de Barceló Vidal, volvía por quinta a la presidencia del ayuntamiento heriano. Posiblemente sea, después de Agosto Méndez, el ciudadano bolivarense con mayor tiempo en el ejercicio de la presidencia municipal de la ciudad, pero así como fue presidente, no tuvo prejuicio de ser posteriormente tesorero municipal en el lapso 1963-66 y director de Hacienda Municipal entre 1969 y 1977, y parece increíble que siendo director de Hacienda haya tenido mejor remuneración (5.500 bolívares) que siendo presidente. Por supuesto que hoy las cosas no son así. Hoy en vez de presidente edilicio, tenemos alcalde con fuerza ejecutiva, mientras el Concejo hace las veces de legislador de ordenanzas que debe ejecutar el alcalde tal como a nivel regional el gobernador y el Consejo Legislativo.

Cordoliani jamás militó en partido político. Es como decir que fue un independiente aséptico y si prestó servicios en un organismo tan politizado hoy como el Concejo Municipal, fue como simple ciudadano avalado por su idoneidad, experiencia, probidad y rectitud a toda prueba.

Podría criticársele que fue presidente municipal en 1951 cuando la dictadura, pero lo hizo, según me confesó, por colaborar con su amigo el gobernador Barceló Vidal, a quien le administraba su empresa.

Precisamente en ese año 1951 se iniciaron obras importantes en la ciudad y ocurrieron hechos trascendentales como la expedición franco-venezolana que descubrió las fuentes del Orinoco, ampliación de la pavimentación urbana y el inicio de la campaña a favor de la creación de la Universidad de Oriente.  Adrián Cordoliani Bouttó falleció el 28 de mayo de 2010, a cuatro meses del siglo. Longevo, este hombre que pudo, a fuerza de voluntad, superar el valor ciudadano y la perspectiva de vida del venezolano.

sábado, 25 de febrero de 2012

A vestir bien todo el mundo


El 5 de mayo de 1939, salió a la luz pública un muy  singular decreto del Concejo Municipal de Heres, suscrito por su presidente, concejal  Edmundo Cruz Prieto, que prohibía so pena de ser sancionado con multa  o arresto proporcional a quienes mal vestidos transitaran por la ciudad.

La parte dispositiva del decreto se contraía a lo siguiente: “se prohíbe a partir de las 6:00 de la tarde durante los días de labor y durante todo el día y la noche de los días feriados, circular por las calles, plazas y paseos y a asistir a los locales de espectáculos públicos, trajeados en guardacamisa, camisa o en cualquier otra vestimenta que dañe la moral pública y afee la buena compostura propia del vestir,  Los infractores serán sancionados con multas de 25 a 50 bolívares o arresto proporcional”.

La medida municipal fue ejecutada inmediatamente y sin reparos por el gobernador del Distrito, Antonio Olivieri (entonces los distritos tenían gobernadores en vez de prefectos).  Quienes repararon o se quejaron, pero a sotto voce, fueron los bolivarenses de algunos sectores pobres.  De allí que la disposición edilicia no permaneciera vigente durante mucho tiempo.

Quedó meses después circunscrita a los Tribunales de Justicia, ubicados  entonces en calle Dalla Costa,  por lo menos, desde que el doctor Reinaldo Sánchez Gutiérrez fue designado Presidente de la Corte, pues fue él quien dispuso la obligatoriedad aún mantenida creo, del uso del paltó tanto a jueces y abogados como a ciudadanos que traspongan hacia adentro el umbral del Palacio de Justicia.

Fue en esa ocasión cuando el gordo Natalio Silva, sastre popular que tenía su taller en la calle Dalla Costa, al lado del negocio de Pedro Montes, en la misma cuadra de la sede de los Tribunales, hizo su agosto alquilando paltós de todas las tallas y colores, sólo que no todas las veces la talla y el color venían a tono con el usuario, de tal forma que eran unos cuantos los curiosos que se reunían en la Esquina del Café España (diagonal a los Tribunales) para disfrutar de los “espantapájaros”, de aquellos, por ejemplo, que siendo de talla 40 se veían en la perentoria necesidad de embutirse en un paltó talla 30 o viceversa.

Todavía el diseñador de moda estadounidense Ralph Lauren no había popularizado la chaqueta de hoy día, que bien hubiera podido salvar de la situación a quienes carecían de traje de percha.

El doctor Francisco D’Enjoy, que se cree influenció en Sánchez Gutiérrez para que tomara la medida, solía comentar que toda la ciudad debía vestir bien.  Acabar de alguna manera con los desaliñados que iban por la  calle mostrando su miseria urbana.  Se le podía tolerar a los caleteros mientras descargaban los barcos llegados al puerto, pero hasta las seis de la tarde, después de esa hora tenían que bañarse y acicalarse si debían concurrir al cine o a otro espectáculo público.

Insistía D’Enjoy que había que restituirle a la ciudad su buena imagen y que la pobreza no estaba reñida con el aseo y la buena presentación.  El bien vestir proyectaba la imagen de la ciudad hacia afuera, aunque “el hábito no hace el monje”, lo cual es cierto desde el punto de vista ontológico, pero nos libra de picaduras. Los misioneros en tiempos de la conquista y la colonia pudieron librarse o resistir las zoonosis de la selva gracias a sus gruesos balandranes que los cubrían desde la cabeza hasta las sandalias.  Así pudieron salvarse del anófeles Darlinge y el Aedes aegypti, es decir, de la malaria y la fiebre amarilla

viernes, 24 de febrero de 2012

La cupletista Raquel Meller


En 1926, la cupletista Raquel Meller, actriz de teatro y cine mudo, famosa por el Relicario y La Violetera, realizaba gira por los Estados Unidos recorriendo Nueva York, Filadelfia, Chicago, Boston, Baltimore, Los Ángeles y se diligenciaba su presentación en Caracas y en el Teatro de Ciudad Bolívar, pero la artista, por compromisos con el belga Jacques Freyder para protagonizar la película Carmen le fue imposible venir.

Dado ese inconveniente, el Teatro Bolívar arrancó la temporada con la presentación de la Trouppe de Amparito Valdivieso, seguida el 15 de febrero con el debut de Mary Wilson que tenía promoción desde el año anterior. Debutó el domingo con la comedia de Felipe Sassone A campo traviesa que, obviamente nada tenía que ver sino en sentido figurado con las llamadas carreras a campo traviesa, suerte de competición de carrera pedestre celebrada sobre terreno con obstáculos naturales como setos, zanjas, arroyos, tierra de labranza.

Además de esta trouppe contratada por la Junta Directiva del Teatro Bolívar en Ciudad Bolívar existía una empresa de espectáculos públicos cuyo gerente era C. E. Echeverría que contrataba los artistas en Caracas y luego los presentaba en los cines América, Bolívar y Gómez. Estos artistas llegaban en barcos y solían hospedarse en los hoteles mejor recomendados de entonces que eran el Hotel Cyrnos, Bolívar, Venezuela y el Colón o antiguo Hotel D’Anello, frente al Royal Bank of Canadá, a media cuadra de la Aduana.

Por cierto, que ese año se conmemoró el centenario del natalicio de José Félix Armas, extraordinario farmacéutico a quien el Licenciado Ramón Isidro Montes exaltó como el verdadero artífice del Teatro Bolívar inaugurado en febrero de 1883.

José Félix Armas nació en Cumaná el 20 de noviembre de 1826 y falleció el 29 de abril de 1913 a la edad de 87 años. Graduado de farmacéutico en la Facultad de Medicina de Caracas el 19 de abril de 1855, era para el momento de su fallecimiento el decano de los farmacéuticos de Venezuela.

Al año siguiente de graduado se trasladó con su familia a San Fernando de Apure donde ejerció la medicina y estableció la primera farmacia regular que existió allí. Se trasladó a Ciudad Bolívar en 1869, fijando desde entonces su residencia en la capital bolivarense.

En Ciudad Bolívar, al igual que lo hizo en Apure, montó su propia farmacia y ejerció la terapéutica aleopática y homeopática. Ejerció en tiempo de los doctores Luis Francisco Plassard, Francisco Goicochea, Wenceslao Monserratte José Ángel Ruiz, Simón Barceló, Asunción Farreras y Félix Moreno. Para combatir la malaria inventó la “Panacea apureña”, premiada en la Exposición de París, y el “Amargo de Armas”, tónico aromático muy agradable.

1926, además, fue el año en que se iniciaron los trabajos de La Escalinata en la Laja del Campanario para comunicar las calles Carabobo y Bolívar, atendiendo a un decreto del presidente del estado, general Silverio González. Tales trabajos deberían estar concluidos el 19 de diciembre, aniversario del ascenso al Poder del general Juan Vicente Gómez. Fue el año también en que el periodista e impresor Jorge Suegart, aceptó ejercer la Dirección de Fomento y Estadística del Gobierno del general Silverio González. Jorge Suegart entonces era un hombre muy inquieto, atendía a la ingeniería automotriz y a la cinegética.

Asimismo el año en que la Cervecería que tenía Ciudad Bolívar acusaba conflicto a nivel superior, visto lo cual el vicepresidente Eduardo Boccardo convocó a una reunión urgente con el objeto de conocer y resolver sobre una “incidencia provocada” por el presidente de la compañía Juan Andrés Pietrantoni contra el gerente

jueves, 23 de febrero de 2012

Ciudad Bolívar en 1936

En la Ciudad Bolívar de 1936 no se celebraba el Día del Periodista como ahora el 27 de junio en memoria del Correo del Orinoco, ni siquiera como ocurrió en cierto tiempo el 24 de octubre, Día de la Gaceta de Caracas. Se celebraba el 9 de febrero, porque así había sido dispuesto por el gremio del continente “colombo-americano” el año anterior, atendiendo a una iniciativa en este sentido, del periodista de Bernardo Ángel, director de International Service de Nueva York. En Colombia continúan celebrándolo en recuerdo del 9 de febrero de 1791, cuando circuló el Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá, primer semanario fundado y redactado por don Manuel del Socorro Rodríguez, un cubano radicado allí durante el virreinato. En ese periódico escribieron todos los próceres de la emancipación.

En ese año de 1936 ya existía en Ciudad Bolívar la Asociación de Cronistas Deportivos, la cual se había constituido el 21 de mayo en la residencia de Jorge Suegart. Fueron sus miembros fundadores, Paúl Acquatella, Luis Ramón Díaz, Alejandro Machado Pedrique, Óscar Grossman Siegert (Don Acíbar), Antonio León Rubio (El Diablo en pijama), entre otros. Vinieron de Caracas para estar presentes en el acto de instalación del Círculo, el comentarista deportivo Luis Gandica.

Con esta organización gremial se iniciaba, no obstante, la inesperada censura impuesta para atajar la efervescencia política brotada después de la muerte de Gómez. Tan pronto cayó el dictador, la prensa se desbordó. Era algo así como un río reprimido que de pronto le abren las compuertas, por lo que el presidente Eleazar López Contreras se apoyó en un pasaje del Mensaje al Congreso de Angostura, de Jean-Jacques Rousseau, escritor, pedagogo y filósofo suizo, citado por Bolívar, según el cual la libertad es un alimento muy suculento que ingerido sin control, se corre el riego de la intoxicación, por lo que se vio obligado a establecer la censura que tanto la prensa como los lectores odian, pues se sienten con derecho a saber todo lo concerniente con la vida de la sociedad en donde se halla integrado. De esta manera, en el caso del Estado Bolívar, el Gobierno designó una Junta de Censura integrada por J. M. Agosto Méndez, Luis Felipe Vargas Pizarro y José Gabriel Machado. Esto obligó a los periódicos a sacar en recuadro lo siguiente: “Este periódico está visado por la censura”, incluso el semanario “El Liberal” fundado por el “Partido Liberal Amarillo” presidido por Fermín Clemente Bello e integrado por César Gómez, Rodolfo Felice, Héctor Silva y Ramón Antonio Aular, lo hizo.

En esos días, los bolivarenses se asombraron al ver un avión acuatizar en el Orinoco. Se trataba del general Juan Fernández, visitando Ciudad Bolívar en compañía de su hija Sofía Fernández Alcalá, en uno de los hidroaviones de la Standard Oil Company. Juan Fernández, fundador y dueño del Hato Puedpa, había sido antes gobernador del Territorio Federal Yuruari y fue él quien decidió el triunfo de la Batalla de Ciudad Bolívar en julio de 1903, a favor del Gobierno con la toma de la Fortaleza del Zamuro y El Capitolio o cuartel militar frente a la Plaza Miranda.

Coincidentemente, los bolivarenses se estaban dirigiendo al nuevo Presidente provisional de Venezuela, general Eleazar López Contreras pidiéndole la pronta ejecución del acueducto, conforme a los estudios ya realizados. Al mismo tiempo que solicitaron la devolución a la ciudad de un edificio de la cual fue despojada, y que estaba destinado por el gobernador Juan Bautista Dalla Costa para el Hospital La Cruz. La estructura había sido ocupada por fuerzas militares que lo convirtieron en Cuartel El Capitolio en 1892

miércoles, 22 de febrero de 2012

Los Ford Modelo T

Comenzaron a llegar a Ciudad Bolívar algo atrasado los famosos automóviles Ford Modelo T con la noticia de que su inventor Henry Ford había resultado herido (en abril de 1927) al volcar su automóvil en la ciudad de Detroit.

La Ford Motor Company produjo y vendió más de 15 millones de vehículos. Sin embargo, en los siguientes años, la posición predominante de la empresa Ford, como máximo productor y vendedor de automóviles de Estados Unidos, cedió a favor de sus competidores. En gran parte, ello se debió a su lentitud en adoptar la práctica de crear un nuevo modelo cada año, que se había generalizado en la industria. Durante la década de los años 30 Ford adoptó la política de cambiar de modelo cada año, pero la empresa fue incapaz de recuperar su lugar predominante.

Henry Ford, a pesar de las heridas sufridas en el vuelco de su auto, murió a edad avanzada y abandonó la dirección efectiva de sus empresas en 1945. Murió el 7 de abril de 1947, en Dearborn, dejando una fortuna personal estimada entre 500 y 700 millones de dólares, y legó parte de sus acciones en la Ford Motor Company a la Fundación Ford, una organización sin ánimo de lucro. Su destacado papel en la evolución de la moderna economía industrial ha llevado a la acuñación del término fordismo para describir el modelo socioeconómico predominante en los países desarrollados durante la mayor parte del siglo XX.

Henry Ford, además de automóviles, fabricó también aviones y tractores. Durante esos días los bolivarenses estaban siguiendo la aeronavegación de Charles Lindbergh, primer piloto que realizara un vuelo transatlántico sin escalas entre Nueva York y París. En su monoplano de un solo motor, Spirit of Saint Louis, Lindbergh despegó del aeródromo Roosevelt (Long Island) el 20 de mayo de 1927 y tras un vuelo de 33 horas y 32 minutos, aterrizó en el aeropuerto de Le Bourget, cercano a París.

En una visita a Venezuela, Charles Lindbergh aterrizó en el aeropuerto de Maracay procedente de Bogotá. Una multitud encabezada por el dictador Juan Vicente Gómez lo aclamó al poner pie en tierra poco antes de lucirse en el aire con arriesgadas maniobras. Lindbergh debía continuar volando hasta La Habana, pero antes, por la noche fue agasajado con un baile en el Club Paraíso de Caracas.

En el curso de ese baile, guayaneses asistentes hicieron un brindis por la pronta construcción del ferrocarril del Orinoco cuyo contrato estaba siendo discutido por el Congreso Nacional, para enlazar al estado Bolívar y el territorio Delta Amacuro. El contrato fue convenido por un lapso de 99 años, entre el Ejecutivo Federal y el señor Edgar A. Wallis, representante de la empresa inglesa Venezuela Mining Syndicate Ltd.

Antes que llegara el ferrocarril, que nunca llegó, en Ciudad Bolívar se multiplicaban los cines para satisfacer la gran afición popular por las películas. Fue inaugurado el Cine Dalla Costa en la calle Bolívar con la cinta Elena de Troya. Figuraba como dueño de la nueva sala cinematográfica la empresa Sucre & Cía y como gerente Luis Vicente Sucre. En esta calle también funcionaba el Nuevo Cine de la misma empresa, pero que tendrá vida efímera. Vendrá a suplantarlo el Cine Bolívar, de vida itinerante, y al Dalla Costa el Cine Mundial en el edificio que actualmente ocupa la Contraloría General del estado Bolívar.

Muy cerca estaba el estudio de Isidro E. Rebolledo, quien obtuvo el primer premio de fotografía en el Concurso Fotográfico

martes, 21 de febrero de 2012

Primeros carnavales bolivarenses

Los primeros carnavales bolivarenses comenzaron con el siglo veinte, pero no elegían reinas y estaban sujetos a una programación que comprendía desde carreras de caballos hasta subir la cucaña, como los de 1902. El Carnaval de 1904, por ejemplo, se inició con 17 disparos de cañón, luego reunión en la esquina Curamichate de comparsas y disfraces para el paseo cívico muy de mañana. Al mediodía, almuerzo popular. Por la tarde, cucaña y descabezamiento de pollos y por la noche juegos artificiales. Al siguiente día, carreras de saco. Ataque del sexo feo al parque carnavalesco custodiado y defendido por las muchachas del barrio La Concordia. Piñatas, trampolín y sartén. El tercer día, paseo en coches y caballos amenizado con orquesta, desafío de gallos, comparsas de máscaras, palo encebado o cucaña, música, fuegos artificiales, baile popular, iluminación y variedad de bombeadores. La octavita, reservada para los niños, estaba circunscrita a un baile infantil en la sede del Colegio Nacional.

En los carnavales de 1917 se elige por primera vez una reina a través del voto popular con valor determinado. Una persona podía votar tantas veces de acuerdo a su capacidad económica, de suerte que la candidata o aspirante que más vendiera votos era indiscutiblemente la Reina. Ese año, la candidata que más vendió votos fue, no podía ser otra, Lina Mercedes Torres, la hija del Presidente del Estado, General Marcelino Torres García, a quien conocí ya anciana en su casa de la calle Bolívar, adquirida por la Alcaldía para sede de la Fundación Parapara.

La elección o escrutinio de los votos vendidos se efectuaba en la sede del Club de Comercio que entonces quedaba en el Paseo Orinoco haciendo esquina con la calle Constitución. Por cierto que Lina, ya electa Reina de Carnaval 1917, renunció por la muerte de una hermana del Presidente del Estado; pero la suplente, Amelia Casalta, con 12.938 votos, también renunció por aquel prejuicio social tan difundido de no querer ser “plato de segunda mesa” de manera que la tercera en el orden, señorita Salvadora Vivas, se alzó con el cetro.

En 1929 rigió el mismo sistema para elegir a la representante de Bolívar al Concurso Nacional “Señorita Venezuela”, mes de septiembre. No se admitía el vocablo “Miss” de la actualidad. En tal ocasión, Trina Mercedes Reyes, ganó el título Señorita Bolívar en representación de la revista “Hogar” que se editaba en Buenos Aires, pero que circulaba profusamente en la capital bolivarense. A Trina la conocí siendo maestra y dirigente del MEP.

El título de “Miss” se puso en boga para el Concurso de belleza de 1938. Miss Bolívar entonces fue María de Lourdes Battistini, para competir en el certamen Miss Venezuela. Ese año, entre las mujeres bellas de Ciudad Bolívar, aparecían Luisa Teresa Acosta, Mercedes Alvarado, Sofía Paravisini, Francia Damián, Catalina Enet, Luisita Sucre (tía de Leopoldo), Esperanza Mares y Olga Puppio, quien llegó a ser directora de Educación y Cultura del Estado siendo gobierno Copei. Sofía Silva Inserri fue la primera bolivarense electa Miss Venezuela. Ocurrió el 7 de junio de 1952 en Valle Arriba Club de Caracas. Fue electa con 90 puntos y sólo tres de ventajas sobre Ligia de Lima, la aspirante más cercana. Vilma Viana Acosta obtuvo el tercer lugar. Sofía, nativa de Tumeremo, aspiró igualmente al trono de Miss Universo en Long Beach, pero quedó distante de la representante de Finlandia, Armi Kuusela.

Como Miss Venezuela visitó Ciudad Bolívar invitada por la VII Asamblea Ordinaria de la Federación Médica Venezolana realizada en agosto del año 52 y presidida por el bolivarense doctor Said Moanack

lunes, 20 de febrero de 2012

Carnavales de 1915

Los carnavales de Ciudad Bolívar tenían fama a nivel nacional hasta el punto que uno de los primeros documentales fílmicos realizados en Venezuela estuvo dedicado a los Carnavales del Orinoco y según publicaciones de la época, los de febrero de 1915 fueron realmente esplendorosos y conmovedores por su significado simbólico, toda vez que estuvieron dedicados al desiderátum de la paz pues se estaba saliendo a dura penas de una Conflagración en la que estuvo implicada casi toda Europa.  De suerte que las carrozas y lindas mujeres que desfilaron por el Paseo Falcón representaban a todas las naciones del orbe y en lo más alto de la carroza la Reina de la Paz en la persona de Magdalena Hermoso.

Durante los tres días oficiales del Carnaval los poetas no encontraron otra fuente de inspiración que las festividades del Rey Momo y así todas las páginas de los periódicos se vieron colmadas de poemas como este: “Algarada febril, risas y voces / la humanidad alegre y alocada / lanza en la bulliciosa mascarada / la frase de cajón “No me conoces” / Él vino incita a los sensuales goces / el baile induce a la gentil tapada / y una escena de besos salpicada / es causa de los dramas más atroces / Los labios de las gulas brindan mieles / Se oye un ruido locuaz de cascabeles / del dios Momo que agita su atributo / Y allá con su colombina en un palco está Pierrot /  que vestido de oro y talco / echa las serpentinas por minuto”.

O como este titulado “Cascabeles”: El carnaval es la fiesta / do el alma en su anhelo apura / cuando la humana locura /sus atributos le presta / porque en ella se alza enhiesta /envuelta en sus colorines / la comparsa de arlequines / y donde quiera se mira / Hecha verdad la mentira / al son de los bandolines / como surgen las ideas / en la mente soñadora / la gente derrochadora / va derramando grageas / y las Venus y las feas / forman aquí su paraíso / mientras se agita el payaso /y vuelan las mariposas /  de envidian mueren las rosas / en los corpiños de raso / con los falsos oropeles / y la roja porcelana / va tejiendo su cortina…”.

¡El Carnaval! ¡Las carnestolendas! Preliminares de juntas, comisiones, designados y delegados, idas y venidas, dimes y diretes, cacicazgos y magisterios intermitentes. Algunas comparsas, bastantes máscaras en parejas, muchas sangrías al portamonedas y la mar de contribuciones.

El programa al fin nutrido, copioso y prometedor como profesión de fe. Paseo inaugural, toros, cintas, cucañas, piñatas. Ataques con confites, polvos, maicena, agua y hasta con negro humo y con plantillas si se tercia. Florecimiento de los bailes más o menos improvisados y de todos los matices, géneros y estilos. Ocasiones únicas para los enamorados, agosto de tiendas y cantinas, trajín supremo para los músicos profesionales o aficionados. Apogeo en la eclíptica de los borrachos, primavera de los tenorios y río revuelto para chicas en sed de vacante y viudas en estado de merecer. Miércoles de ceniza: estropeo general, actos de femenina contrición bajo la simbólica cruz gris y trabajo sobrecargado de las escobas, escribió un personaje que se firmó con estas tres letras: F. R. Y.

De manera que los Carnavales de Ciudad Bolívar en 1915 dieron mucho de qué hablar por lo fastuoso y acogida que tuvo en la prensa y no era para menos, pues en la silla gubernamental estaba el guayanés de pura cepa, general Marcelino Torres García

domingo, 19 de febrero de 2012

Naufragios en el Orinoco



El 17 de junio de 1921 llegó al soleado puerto bolivarense la noticia de que el vapor Guárico había naufragado al chocar contra un fondo pedregoso, llegando al puerto de Capure. El capitán del barco, Ramón Millán, puso a salvo tanto a la tripulación como a los pasajeros y la carga, al recibir auxilio a tiempo. Antes habían naufragado en el Orinoco el Bolívar, el Whitney, La Verdad, La Alianza y El Masparro.
“Cada crecida del río monta una trampa a los navegantes”, exclamó el doctor Luis Godoy, presidente del estado Anzoátegui, quien supo la noticia al llegar ese día al puerto. Llegaba de visita a Ciudad Bolívar para reencontrarse con amigos hechos durante su gobierno, luego de la renuncia intempestiva del general Arístides Tellería, y a pedirle al presidente del estado, mayor atención a la Plaza Dalla Costa decretada durante su gobierno.
Aprovechó el mandatario gomecista para asistir a la corrida de gala a beneficio del Hospital Ruiz cuyo techo se vino abajo, poniendo en peligro la vida de los pacientes que habían ingresado, precisamente, para salvarse del mal que padecían.
En la corrida debutaron el guayanés José Rodríguez, Pastor Navarro, Geona y lidió como estrella el torero Vicente Mendoza “El Niño”. Presente en la tribuna también estaba el italiano Eugenio Berletta, quien había dejado de ser dueño y gerente de los teléfonos, entonces de maniguetas, para distribuir los cigarrillos “Presidente” y “Príncipe” en cajetillas de 12 y 18.
El circo del español Víctor Monedero era una de las distracciones de los bolivarenses además del cine, inaugurándose otro más el 20 de agosto: el Nuevo Cine, propiedad de la empresa Zimmerman & Cía., en la zona de Los Morichales. El equipo cinematógrafo llegó el 3 de agosto a bordo del vapor “Manzanares” y debutó con la serie La Ratera Relámpago protagonizada por la bellísima Pear White. Tres días antes, el 17, había sido inaugurado el “Cine Gómez”, propiedad de Rafael Ángel Cabrera. El acto inaugural estuvo presidido por el presidente del estado general Vicencio Pérez Soto. Para entonces en Ciudad Bolívar existían ya debidamente constituido el Cine América, el Cine Royal y el Cine Gómez.
Además de los cines existía en plena actividad el Teatro Bolívar que se hizo nacionalmente popular por los Juegos Florales ya previstos para 1923 por el Ejecutivo Regional, al designar por decreto una “Junta Pro-Centenario del prócer civil guayanés, Juan Bautista Dalla Costa. Esta Junta resolvió para dicha celebración el 23 de febrero del año próximo (1923) convocar nuevamente a la realización de los Juegos Florales, para lo cual fue preciso nombrar una junta por separado presidida por el médico J.M. Agosto Méndez e integrada además por Juan Manuel Sucre y Óscar Shamanes López, en calidad de vicepresidentes, y Natalio Valery Agostini, como tesorero.
Los Juegos Florales influenciaron en cierto modo para que el 19 de octubre el presidente del estado, general Vicencio Pérez Soto, decretara la creación de una Escuela de Canto para Niñas y para cuyo funcionamiento aportó 200 bolívares, bajo la dirección de Mercedes Tovar de Figarella. Anteriormente, había existido la Escuela de Declamación y Canto, creada por Marcelino Torres García.
Asimismo, el ejecutivo regional atendiendo a la solicitud de Godoy decretó la reconstrucción de la Plaza Dalla Costa Soublette, que parecía naufragar igual que el vapor “Guárico”. Esta plaza con el nombre de Plaza Miranda databa del 24 de octubre de 1898, decretada por el gobierno del general Ernesto García. El 7 de julio de 1913, el doctor Luis Godoy, la decretó como Plaza Juan Bautista Dalla Costa.

sábado, 18 de febrero de 2012

Los abanicos de Ciudad Bolívar


En una ciudad tan calurosa como Ciudad Bolívar, era comprensible la frecuencia del abanico, ese instrumento para hacer o hacerse aire, que comúnmente tiene pie de varillas y país de tela, papel o piel, y se abre formando semicírculo.

Cada casa de familia, por humilde que fuere, disponía de un abanico de cualquier precio. En los años veinte se multiplicaron. Por cierto que a la Plaza Farreras los parroquianos preferían llamarla “Plaza del Abanico”. Para entonces era común los apodos y de ese sobrenombre no escapaban ni los monumentos públicos. De verdad que la Plaza Farreras tenía esa forma y más se acentuaba cuando soplaba la brisa y las palmeras allí plantadas se batían. Entonces era muy popular el abanico. Los había de varillas de marfil, nácar, madera, de vitela, encaje, tela o papel. Los abanicos, además de ser utilizados para apaciguar el calor formaban parte de un lenguaje secreto, empleado para concertar citas amorosas en situaciones tan inapropiadas como la misa o los paseos familiares.

En el Teatro Bolívar, en el cine, en las recepciones bailables se usaba el abanico, y hasta en el Jockey Club como entonces llamaban a los hipódromos tanto el de Ciudad Bolívar como el de El Callao y Tumeremo que en la segunda temporada de carreras de los días 24 y 25 de septiembre de 1920, el señor Ernesto Pizarro fue nombrado Miembro Honorario.

En esa ocasión los aficionados se quejaban por un aumento en la Cerveza que se fabricaba y mandaban de Ciudad Bolívar. La empresa informó que el costo de las botellas importadas de Europa y de los Estados Unidos obligaba a la empresa a tener que reformar los precios de la cerveza.

Y mientras en Tumeremo se quejaban por la subida de los precios de la cerveza, en Ciudad Bolívar la queja era por otro motivo. Los conductores de carros de bueyes se quejaban contra la Municipalidad de Heres porque había prohibido su entrada en la ciudad, sobre todo porque comenzaban a pavimentar las calles con cemento nacional.

Cemento del que estaba trayendo el ingeniero José Francisco Sucre Grillet para concluir fijar los postes con la cuales se establecería la línea telefónica entre Ciudad Bolívar y La Paragua.

La municipalidad estaba tomando medidas para sanear y ornamentar la ciudad y no solamente prohibía la entrada de carros bueyes sino que prohibía también sacar la basura a la calle “pues -decía el aviso oficial-, la misma atenta contra el ornato de la ciudad a la vez que constituye un elemento de contaminación y vehículo de algunos males de la salud”.

Para evitar lo que parece un crónico mal de nuestros días, los residentes sólo podían deshacerse de los desechos domésticos justamente en el momento de pasar por la calle el camión recolector delante del cual iría siempre un obrero del aseo tocando y avisando en cada casa de familia. Quienes no acataran y cumplieran con esta resolución quedaban expuestos a multa o su equivalente con arresto policial.

Lo curioso es que mientras prohibían los carros de buey circular por el centro de Ciudad Bolívar, en Tumeremo no conocían la rueda. Fue el 8 de agosto cuando el municipio adquirió seis carros tirados por mula para cubrir las necesidades de transporte propias de la dinámica social y económica del pueblo. Entonces Tumeremo era un municipio foráneo dependiente de Guasipati. Generalmente el transporte se hacía a lomo de burro, de mula o de caballo. La guerra de Independencia permitió mayor penetración comercial de países distintos de España, como Inglaterra y Estados Unidos revolucionarios de la rueda y el abanico

viernes, 17 de febrero de 2012

Pavimentación y Juegos Florales


El 4 de noviembre de 1920, llegó a Ciudad Bolívar la primera máquina trituradora de piedra adquirida por el gobierno para acelerar los trabajos de pavimentación del Paseo Falcón.

Así ocurrió y el 19 de diciembre, aniversario del ascenso al poder de Juan Vicente Gómez, fue inaugurada la moderna pavimentación tal como la vemos en la gráfica, por el Presidente del Estado Marcelino Torres García con un programa festivo muy especial. La pavimentación cubrió el trayecto desde la Casa Blohm hasta la Esquina Boccardo y sobre la marcha se inició el que sigue hasta la esquina de la casa fabricada por don Andrés Juan Pietrantoni al lado de la Electricidad.

De manera que con estos trabajos urbanos, la ciudad lucía distinta, lástima que no pudo ser con motivo de los Juegos Florales realizados los días 7, 12 y 13 en el Teatro Bolívar con motivo del Día de la Raza.

Los actos comenzaron el 10 de octubre con la oración Te Deum en la Catedral y discurso del presbítero Martín Grisasola. Las autoridades se trasladaron a la Plaza Bolívar para las ofrendas florales y las palabras de rigor que allí tocó pronunciar a Víctor Monedero a nombre de la colonia española.

Los Juegos Florales se escenificaron el 12 de octubre y transcurrió conforme al siguiente programa que iba presentando en cada caso el “Mantenedor”, doctor J. M. Agosto Méndez, en reemplazo de Hilario Machado, quien debió viajar de urgencia a Caracas por la muerte de su hermano Alfredo Machado; 1. Sinfonía ejecutada por la Banda Gómez ya con el patio, palcos y balcones del Teatro llenos y destacando en primera fila el Presidente del Estado, Gral. Marcelino Torres García y el secretario de Gobierno, doctor R. Villanueva Mata; 2. Apertura del acto por el Presidente de la Junta, Gabriel Bertrán Dalla-Costa; 3. Entrada de la Reina, Carlota Plaza Natera, acompañada de su corte integrada por María Carranza, Panchita Contasti, Herminia Casado, Isabel Aristeguieta, María Teresa Aristeguieta y Ana María Contasti; 4. Lectura del poema homenaje a la Reina y a la Corte; 5. Lectura del Acta del Jurado: 6. Incineración de los sobres correspondiente a los trabajos no premiados; 7. Proclamación de los autores premiados, lectura de los trabajos y premiación; 8. Sinfonía ejecutada por la Banda Gómez; 9. Discurso del Mantenedor; 10. Himno de la Raza ejecutado por la Banda (letra de J. M. Agosto Méndez y música de Caros R. Killen).

En este torneo de intelectuales, el premio de la Flor Natural, fue para F. Cova Fernández por su Canto Inmortal de diez versos, el primero de los cuales dice: “Bajo el palio glorioso de las ínclitas velas/ la gran Alma Latina, sobre tres carabelas, / a las vírgenes playas de América arribó / Aclamando el prodigio de la madre Castilla / desató el Orinoco su argentea maravilla, / y sobre el Nuevo Mundo nueva raza nació”.

El premio la Gardenia de Oro lo obtuvo B. Tavera Acosta por su trabajo de historia: “Las estrellas de la Bandera nacional” y el premio de Violeta de Oro fue adjudicado al cuento” Música Criolla”.

Hubo accésit para los poemas “La Insignia de la Cruz”, de María Cova Fernández; “Ve de cara a la gloria de la apoteosis”, de R. Del Valle Lavaux y “Canto de la vida”, de T. Marcano Villanueva.   

En el Teatro se hizo alusión al diario “La Nación” de Buenos Aires que compró el cerebro del gran poeta modernista nicaragüense, Rubén Darío, por la suma de (50.000) cincuenta mil dólares. En 1914, dos años antes de morir, compuso Canto a Argentina

jueves, 16 de febrero de 2012

El Brujo Yaguarín


El 24 de febrero de 1918 los bolivarenses se enteraron de la muerte de Yaguarín (Juan José), ocurrida en La Canoa (Soledad) a la edad de 80 años. Verdadero realizador de milagros en el oficio de la curandería por arte de encantamiento, ayudado con una raíz curalotodo que servía para librar al pobre cuerpo humano de todos los daños habidos y por haber de la brujería tradicional, y que iban desde desinflamar la próstata hasta pulverizar la piedra renal. Lo sustituyó su alumno Antonio Guatarrama, a quien instruyó en el conocimiento de las propiedades medicinales de las plantas. No cobraba el señor Yaguarín, de todas formas la clientela siempre se manifestaba generosa y su fama había trascendido a todo el país, a pesar de la competencia por los lados de Antímano, donde habían descubierto canteras de caliza para la novedad del cemento.

Venezuela, particularmente Guayana, importaba cemento para las modernas construcciones y pavimentación de calles y aceras que eran de piedras y ladrillos. También importaba cemento en barril desde el puerto fluvial de Hamburgo, sobre el río Elba, así como mollejones para pisos embarcados de paso por la Isla Helgoland. La importancia de las calizas en Venezuela se intensificó al aumentar en el país el consumo de cemento. Importarlo, teniendo en el país excelentes calizas era desde todo punto de vista absurdo... Los primeros yacimientos importantes localizados entonces, fueron los de Antímano, cuyo material se destinó a una fábrica de La Vega. El comerciante D. Hernández Clemente ofrecía ese cemento nacional en saco equivalente al 25 por ciento de un barril de Bs. 10.

La llegada del material planteó la posibilidad de refaccionar el Teatro Bolívar con motivo del centenario del Congreso de Angostura, pero luego se desistió por la inconveniencia de que el cemento no se ligara bien con el material primitivo de la construcción del inmueble. De todas maneras, el Teatro Bolívar fue refaccionado como una obra más para conmemorar el primer centenario del Congreso de Angostura, y abrió sus puertas para presentar a la Compañía de Milagros Crespo, que durante varios días montó operetas, dramas, zarzuelas y comedias.

La Compañía de Teatro, una vez concluida la temporada planificó una gira hacia el interior atraída por la noticia, según la cual, la empresa minera de Bianchi y Odremán, sacaron un cochano de 8 onzas cerca de los caseríos mineros del Cuyuní. La forma del cochano fue descrita como alongada, 35x8 centímetros de ancho y 2 de espesor y se puso a la vista del público en la Casa Mercantil de J. Aquatela.

Los primeros en desfilar para observar el gigante cochano fueron los alumnos de la Escuela Francisco Antonio Zea que había sido abierta en septiembre de 1912, bajo la dirección de Clorinda Grau, junto con la Escuela Heres. Fueron los primeros institutos graduados para varones y hembras, ambos fundados por Alejandro Fuenmayor y el Br. Ramón Antonio Pérez, conforme decreto del Gobierno nacional.

Después comenzaron a surgir los liceos pero en el campo privado. Los dos primeros fueron el Liceo Bolívar, dirigido por María Antonia Lanz de García y el Liceo Guayana, fundado por Narciso Fragachán, quien en 1884 había fundado el Colegio La Asunción en su pueblo natal Aragua de Barcelona. El Maestro Narciso Fragachán, quien no creía en brujos ni en brujerías ni menos en el “milagroso Yaguarín”, iría a terminar sus días en Caracas, dirigiendo institutos educacionales de secundaria, entre ellos, el Colegio Los Dos Caminos, donde estudió internado mi primo Marcos Fernández, graduado después ingeniero agrónomo en la Universidad

miércoles, 15 de febrero de 2012

El Congreso de la Emancipación

El 15 de febrero de 1819 se instaló en Angostura, el II Congreso de la República de Venezuela, que legisló durante un año todo el proceso de la emancipación grancolombiana.

Angostura llegó a ser entonces triple capital: capital de la provincia de Guayana, capital de Venezuela y capital de la Gran Colombia. Ninguna urbe había tenido tan histórico como inconcebible privilegio.

La noble ciudad de los españoles, a la que el rey había llenado de trofeos su escudo en premio a la lealtad y valor de sus habitantes; la invulnerable Santo Tomás de la Nueva Guayana en la Angostura del Orinoco, se reivindicaba ante la pasada circunstancia de no haber podido figurar entre las primeras provincias que juntas declararon la independencia de Venezuela. De aquí que el Libertador en justa decisión de reconocimiento haya decretado en noviembre de 1817 la octava estrella que brilló en el pabellón tricolor hasta la constitución de la Gran Colombia.

Angostura fue asiento de los poderes supremos desde julio de 1817, inmediatamente después del sitio, hasta el Congreso Constituyente de 1822 en la villa de Nuestra Señora del Rosario de Cúcuta, casi cinco años de vida política efervescente, aunque el Congreso de Angostura apenas legisló durante un año e hizo sus veces posteriormente una Comisión Delegada.

Bolívar, que conservaba la jefatura suprema desde la Segunda República, quería darle al Gobierno “una forma de carácter de legalidad ‘permanente” y, al efecto, reunió a los miembros de su Consejo de Estado y luego de un discurso sobre los avances del ejército patriota, propuso y así fue acordado, la convocación de un Congreso Constituyente.

Se nombró una comisión especial formada por Juan Germán Roscio, Fernando Peñalver, Diego Urbaneja, doctor Ramón García Cádiz y doctor Luis Peraza, para ocuparse de todo lo concerniente a la elaboración de un proyecto de reglamento de elecciones populares, el cual fue ejecutado por Bolívar el 19 de octubre de 1818, y promulgado cinco días después en el Correo del Orinoco.

La instalación del Congreso Nacional había sido fijada para el primero de enero de 1819, pero tuvo que ser aplazada debido a que llegó el año nuevo y los diputados miembros de las provincias no se hallaban presentes en número suficiente. Sólo habían sido puntuales los representantes de la provincia de Barcelona, tal vez por la cercanía, pues con el resto se presentaban problemas de comunicación y movimientos de tropas. Para el 13 de febrero ya se hallaban casi todos y el jefe supremo dispuso la instalación para el 15 de febrero.

El centro de aquellos días fastos y memorables, era una hermosa casa construida para el Colegio de Primeras Letras y Latinidad en la primera década de la segunda mitad del siglo XVIII, en la llamada entonces Calle del Gobierno, hoy Constitución, al poniente de la Plaza Mayor.

En esa casa de dos niveles, con dos jardines y un patio donde creció un Bálsamo del Perú, que compite en altura con la cúpula bizantina, se instaló el Congreso en una mañana clara y solemne, muy bien reseñada por el Correo del Orinoco en su edición N° 19.

Salvas de artillería la víspera y el propio día, anunciaron con toda solemnidad oficial del caso, la instalación del “Congreso General de Venezuela”.

El lunes 15 de febrero, desde la 10:30 de la mañana, estaban en el salón principal del Palacio de Gobierno acondicionado para las sesiones, 30 de los 36 diputados, ante los cuales el Libertador pronunció un discurso modelador de lo que debía ser la República naciente después de 300 años de sometimiento colonial

martes, 14 de febrero de 2012

El Trabuco y los Aparecidos


El 19 de diciembre de 1917, el presidente del estado, Marcelino Torres García, reabrió la vía de El Trabuco para favorecer a los barrios La Portuguesa y San Isidro, que demandaban una vía expedita para comunicarse con el centro de la ciudad.

El barrio San Isidro ocupaba las adyacencias de la casa homónima donde residió El Liberador, y La Portuguesa; buena parte de lo que hoy conocemos como La Cruz Verde.

El Trabuco es la denominación popular de un estrecho camino de 200 metros que media entre la Casa San Isidro y el Convento de Las Lourdistas. De acuerdo a las características del terreno, no urbanizado para 1818, era el camino de acceso a la hacienda San Isidro y lógicamente el utilizado por El Libertador para ir y venir, desde la sede del Gobierno Supremo; en fin una de las vías de salida hacia los llamados Morichales.

En 1916, Torres García había encargado al constructor Ramón Contasti Lavaux, nivelar y empedrar la senda para inaugurarla el 19 de diciembre. Entonces la decretó con el nombre 24 de Julio; no obstante, el pueblo continuó identificándola como El Trabuco por la configuración topográfica tan parecida al arma antigua con la que asesinaron al prócer Tomás de Heres.

Hubo un tiempo en que El Trabuco también era conocido como “El Callejón de los aparecidos”, pues habitantes de aquellos barrios cercanos aseguraron haber visto por las noches apariciones semejantes a la Chinigua oriental.

Se trata de una aparición nocturna seductora, que suele presentarse a los hombres que retornan de una jornada de pesca, a los que deambulan por las calles o a quienes regresan a sus casas después de un encuentro extramarital o ilícito. Se les presenta a primera vista como una mujer hermosa, envuelta en una manta blanca o negra, tiene los pies invertidos y posee la capacidad de transformarse en un esqueleto aterrador, produciendo entre quienes se dejan seducir enfermedades y muerte.

Quienes regresaban por las noches luego de libar la nueva cerveza fabricada en la ciudad, trataban difícilmente de eludir El Trabuco. La cerveza la fabricaba Juan Pietrantoni en la avenida Germania y fue él quien introdujo el hielo en la ciudad, con el montaje de una planta frigorífica comprada a la “Linde Canadian Refrigeration Company Limited” de Montreal. La planta, una entera novedad, producía 30 toneladas de hielo cada 24 horas para surtir a una ciudad sofocada por la canícula de verano.

Con hielo en un vaso era más placentero disfrutar las películas del Cine América que en abril de ese año presentó a sala llena durante varios días la película “La Dama de las camelias” del dramaturgo y novelista francés Alexandre Dumas hijo (1824-1895). Se trataba de su primera novela llevada a la pantalla. Cuenta la historia de una cortesana que sacrifica su felicidad por el bienestar de su amante, y en su versión cinematográfica ha sido interpretada por grandes actrices, como Sarah Bernhardt y Greta Garbo. Esta historia fue inmortalizada por Giuseppe Verdi en su ópera La Traviata.

En Venezuela,  Enrique Zinmerman y Lucas Manzano, Edgar Anzola, Jacobo Capriles, Francisco Pimentel y Leoncio Martínez (Leo) rodaron una parodia de la novela de Dumas. Luego vinieron entre otras, La Trepadora, El fusilamiento de Piar y el cortometraje “los Carnavales de Ciudad Bolívar”, exhibido en el Cine América con récord de taquilla.

Enrique Zinmerman fundó en Ciudad Bolívar el Nuevo Cine, posiblemente en la esquina donde luego se estableció el Cine Bolívar.

lunes, 13 de febrero de 2012

El Matadero de Ciudad Bolívar


En tiempos de la Colonia, Angostura disponía de un lugar en la parte occidetal, lo que se conoce como Perro Seco, para sacrificar las reses y otros animales de buena carne para el consumo. El lugar se denominaba La Matanza y era un lugar de referencia, tanto así que la Ley de División político territorial de 1864, señala en el Artículo 2º, parte única, que “El Distrito capital (Ciudad Bolívar) se divide en tres, a saber: Oriente, Centro y Occidente, terminando el primero en la calle Miscelánea (hoy Dalla Costa), el segundo en la calle Babilonia y el tercero en La Matanza, siendo sus respectivos asientos Santa Justa, Catedral y Santa Ana”.

Esta sala de matanza, a la orilla del Orinoco, tuvo más tarde un molino de viento y recibía el ganado por el Orinoco, embarcado en Chalanas y por tierra depositado en unos corrales ubicados donde hoy se halla el Hospital del Seguro Social. De allí era introducido a La Matanza a través de una manga que todavía se conserva en Perro Seco, pero convertida en calle.

El 3 de mayo de 1940, el presidente del estado, doctor Ovidio Pérez Ágreda, decretó un mercado y un matadero modelos para Ciudad Bolívar y para los cuales destinó 120 mil bolívares el primero y 80 mil bolívares el segundo, tomado de los 200 mil bolívares entregados por el Ejecutivo nacional como retribución por la propiedad del Capitolio contiguo a la Plaza Miranda, sede del cuerpo militar del Estado. El mismo decreto contemplaba la construcción de un hospital en Upata para el cual destinó 60 mil bolívares y desecación de tres lagunas que rodean a San Félix.

Ciudad Bolívar, según el censo nacional contaba entonces con una población de 25.000 habitantes.

El matadero fue ubicado en las afueras de la ciudad, en una zona bastante despejada del centro urbano, pero no fue concluido sino en 1941, siendo presidente del Concejo Municipal el doctor Adán Blanco Ledezma, a quien le tocó clausurar La Matanza para poner a funcionar el Matadero Modelo de Cañafístola, bajo la administración Rogelio Petrocelli.

En 1968, la Junta Directiva de la Cámara de Comercio, presidida por el doctor Ramón Castro Mata, en el mismo acto de juramentación entregó a Fedecámaras un documento con puntos básicos para el desarrollo del estado Bolívar, especialmente de su capital Ciudad Bolívar en franco deterioro de su economía. El decimosexto punto estaba precisamente dedicado al matadero que pedía fuese convertido en una primera etapa en matadero zonal, y en segunda, industrial; toda vez que sus instalaciones lo admitían y lo cual podía traer otras industrias, permitiendo aprovechar lo que se desperdiciaba.

En 2001, el alcalde Lenin Figueroa decidió remodelarlo y dotarlo de maquinarias más avanzadas importadas de Italia, para el sacrificio de ganados vacuno y porcino, pero sucesivos inconvenientes contractuales y de orden público administrativo, demoraron el proyecto, mientras los hacendados bolivarenses se vieron obligados a sacrificar su ganado en el rústico matadero de Soledad.

En 2008, el fiscal cuarto en materia de salvaguarda, Pedro Pérez Espósito, inició una investigación formal sobre la gestión del alcalde Lenin Figueroa, por la presunta comisión de irregularidades en la contratación de obras del matadero.

En 2009, una de las primeras tareas del recién electo alcalde Víctor Fuenmayor (en la gráfica), fue la de reactivar el funcionamiento del matadero de la ciudad, paralizado durante siete años a raíz de un proceso de remodelación y moderna tecnificación, además de demorado por trastornos y presuntas irregularidades denunciadas por la propia municipalidad

domingo, 12 de febrero de 2012

Monseñor Guruceaga Iturriza


Monseñor Francisco de Guruceaga Iturriza, quien fue obispo auxiliar del arzobispado de Ciudad Bolívar durante 1969-71, falleció el 10 de febrero, a la edad de 84 años.

Nacido en Valencia en 1930, Francisco de Guruceaga Iturriza fue preconizado obispo en 1967 por su santidad el papa Pablo VI y destinado a la Arquidiócesis de Ciudad Bolívar como auxiliar del monseñor Crisanto Mata Cova. Su educación la empezó en el Colegio La Salle. Estudió Derecho en la Universidad así como Filosofía y Teología en Roma. En 1958 obtuvo el doctorado en Derecho Canónico en el Pontificio Ateneo “Angelicum” en Roma con una tesis sobre “La Personalidad Jurídica de la Iglesia en el Derecho Positivo Venezolano”. En la Universidad de Navarra obtuvo la licenciatura en Periodismo. Trabajó en “Nuestro Tiempo”, revista de cuestiones actuales así como también en otras publicaciones españolas y latinoamericanas.    Monseñor de Guruceaga, antes de llegar a Ciudad Bolívar como obispo auxiliar, había sido guía espiritual de Caracas, Maracaibo, Barquisimeto y en su propia tierra Valencia.

Como obispo auxiliar centró su trabajo en Ciudad Guayana, en la zona del hierro, donde atendía graves problemas sociales y religiosos. Lo que llamaban entonces Distrito Municipal Caroní tenía una población de 150 mil habitantes y se erigía como un emporio industrial al que se debía prestar atención espiritual con cierta autonomía, independiente de Ciudad Bolívar. Comenzó a plantearse desde entonces la idea de desmembrar la zona mediante la creación de una nueva diócesis.

Monseñor de Guruceaga, quien junto con el Arzobispo era partidario de esa idea, se hallaba en Caracas en noviembre de 1971 presentando en la Conferencia Episcopal un trabajo referido a esa zona sobre “Familia y Demografía”, cuando recibió la noticia de su designación como obispo de la recién creada Diócesis de la isla de Margarita donde permaneció durante cuatro años; en esa ocasión lo entrevisté y me manifestó su sorpresa sin ocultar su emoción “tanto por los vínculos espirituales que me unen con la isla, a través de sacerdotes ilustres nacidos allí como por el profundo afecto que siempre he sentido por los pescadores, especialmente los de Macanao y San Pedro de Coche, de donde creo son los verdaderos margariteños”.

Monseñor Francisco de Guruceaga Iturriza dejaba un trabajo hecho en la floreciente Ciudad Guayana que debía continuar el próximo obispo auxiliar de la Arquidiócesis hasta que Su Santidad creara la Diócesis, lo cual tuvo lugar en agosto de 1979.

El 2 de octubre de 1973 fue nombrado por su santidad Pablo VI obispo de La Guaira.

El prelado se desempeñó durante 27 años como obispo de La Guaira.

En la actualidad se desempeñaba como obispo emérito de la populosa localidad varguense.

Sus restos fueron velados ayer en la funeraria Vallés, en Caracas y posteriormente trasladados a la Catedral de La Guaira, donde permanecerán en capilla ardiente hasta el lunes 13 de febrero, cuando recibirá cristiana sepultura.

Monseñor de Guruceaga fue el menor de los hijos del matrimonio de Antonio Modesto de Guruceaga e Isabel Iturriza Uslar. Nació en Valencia el 28 de enero de 1928.

Formó parte de una inmensa Promoción Internacional de sacerdotes del Opus Dei, movimiento fundado por monseñor Escrivá, quien quería demostrar que un “intelectual” podía ser también un hombre de Dios. Quería un grupo de intelectuales con una vida de entrega completa

sábado, 11 de febrero de 2012

De La Galia a El Manteco de los Leoni


El 8 de enero de 1917, J. A. Ginestra inauguró entre las calles Piar y Orinoco, en una casa que acababa de construir en la esquina Dalton, el botiquín La Galia, porque a lo largo de la calle Piar, “Dalton & Cía.” tenía su establecimiento mercantil.

Aquí J. A. Ginestra edificó ese inmueble con la esquina semicircular (en la foto), en el cual instaló un botiquín con ese nombre de La Galia, porque los Ginestra proceden de ese antiguo dominio de los celtas, ocupando una buena parte de lo que es hoy Francia e Italia. Más recientemente se instaló allí la tienda La Belleza. Al lado estaba la sucursal del Banco de Venezuela y contigua a éste la Agencia Chevrolet de Tomassi, administrada por Luis Ginestra, de la misma cepa, casado con una hermana de Tomassi, llamada Lilina Tomassi.

Entre La Galia y el Banco de Venezuela funcionaba el establecimiento comercial de Ramón Antonio Aular. En la calle Piar estaba el depósito y venta de la cerveza Heineken a cargo de Nassib (Nassibito) Rassi, quien tenía como asistente a Juan Genatios (Gallo Guindao). Mucho antes de llamarse la calle Piar era conocido como el callejón Dalton y en ella estaba la entonces famosa Herrería de Humberto Bates, que construía y reparaba coches tirados por caballos y mulas, así como las espuelas que calzaban los caucheros para trepar los árboles de la gutapercha.

El padre de Raúl Leoni, quien fue Presidente de la República durante el quinquenio 1964-69, estuvo internado por esos parajes del balatá y el caucho, falleció ese año de 1917. La muerte de Clemente Leoni ocurrió en Upata, el 5 de junio. Cuando don Clemente falleció, Raúl Leoni tenía doce años y se hallaba estudiando en el Liceo Guayana, en Ciudad Bolívar, dirigido por Narciso Fragachán.

Clemente Leoni había nacido el 24 de noviembre de 1874, en Murato, Bastia, Isla de Córcega. Emigró muy joven a América junto con su hermano Juan Bautista Leoni, se establecieron: Juan Bautista, en El Manteco y Clemente Leoni, en Upata, donde contrajo matrimonio con Carmen Otero Fernández, hermana de José María Otero, padre del pintor Alejandro Otero, quien para la fecha apenas tenía cuatro años y se hallaba junto con sus padres en El Manteco.

Después de contraer matrimonio se radicó en ese poblado junto con su esposa, y se dedicó a la explotación del balatá junto con su hermano Juan Bautista y José María Otero, hermano de su esposa.

De la familia Leoni-Otero se desprendió una rama que se instaló en Barcelona, de donde son los Otero Silva. Entonces, para ir de Upata a El Manteco había que hacerlo en carromato tirado por bueyes y se tardaban días y noches.

Los Leoni-Otero se reinstalaron en Upata en 1919 y los Otero-Rodríguez en 1923. El matrimonio Clemente Leoni y Carmen Otero Fernández, tuvo cinco hijos: Regina, muerta muy joven; Armando, fallecido a los 14 años; Clementico, Tancredo y, Raúl Leoni Otero, quien tras la muerte de su padre se radicó con su madre y hermanos en Caracas, para proseguir el bachillerato en el Liceo Caracas con los maestros Rómulo Gallegos y Luis Espelosín. Luego ingresó a la Universidad Central, donde inició su carrera política como Presidente del Centro de Estudiantes de Derecho y director de la revista Centro. Los estudios quedaron interrumpidos por los sucesos antigomecistas de 1928, de manera que su carrera de abogado la proseguiría durante su estadía en el exilio colombiano y no se graduaría sino en 1938

viernes, 10 de febrero de 2012

Superstición de Semana Santa


El 7 de abril de 1914, día martes de Semana Santa, en la isla Platero del Paso del Infierno, río Orinoco, sucumbió víctima de la voracidad de un caimán un marinero de la piragua Amazonas, de nombre Amador Pérez, de 39 años y natural de Tucacas. El infeliz fue cogido por la cabeza y arrastrado violentamente por el saurio, sin permitir que los compañeros de la embarcación pudieran auxiliarlo. Impotentes lo vieron aparecer a lo lejos, por tres veces, debatiéndose entre las mandíbulas del animal, hasta desaparecer del todo, sin dejar más rastros que el sombrero.

La tragedia alimentó la creencia según la cual “no debe trabajarse los días de Semana Santa”. Por eso, fue aplazada para el domingo de resurrección una corrida de toros en la vecina población de Soledad con el valiente “Valentina”, quien prometió estoquear un toro y ejecutar todas las suertes taurinas. Asimismo, un grupo de artistas que trabajaba en el Cine América, alentados por el General Monagas, primera autoridad de Soledad, respetó la Semana Santa.

Ese mismo domingo estaba previsto inaugurar en Ciudad Bolívar una empresa de automóviles de paseo y de carga. Ambos vehículos exportados por Mendoza Bríos, desde Nueva York. El automóvil tenía un valor de 800 y 2.500 dólares oro americano el camión, con capacidad para 5 toneladas. Todos desembarcados por el puerto de la Cocuyera y fabricados por la Overland Company, de Toledo, Ohio.

Ciudad Bolívar acusaba en 1914 un movimiento económico y social importante que se evidenciaba no sólo con la importación de vehículos, sino con la instalación de una fábrica de cerveza que el 15 de mayo comenzó a vender cerveza en sifones, botellas de patente y botellas corrientes. También aparatos para refrigerar y detallar cerveza. Precios Bs. 1,50 el litro y Bs. 0,50 la media botella. Vendía por otra parte los residuos de Malta para bestias y vacas lecheras.

Hacía tres años que Ciudad Bolívar había comenzado a disfrutar del alumbrado eléctrico, pero no obstante ello, las familias seguían apegadas al alumbrado de acetileno, especialmente aquellas fuera del alcance de los tendidos. De allí que la Casa Mercantil Wenzel de la calle Orinoco continuara ofreciendo generadores para el alumbrado de acetileno con capacidad de 4 a 25 luces. La venta comprendía instalación completa de tuberías, lámparas, arañas, faroles, quemadores, globos, llaves, reducciones, carburo canadiense y noruego en tambores de 25 y 50 kilos. Esta casa igualmente vendía refrigeradores para cerveza y cerveza en tambores y cerveza de la marca Baviera legítima en botellas.

Pero aun cuando la Electricidad estaba en estado incipiente, ya había quienes la querían comprar. El 15 de junio se registra una oferta de compra para lo cual hubo una reunión de accionistas en los altos de la Aduana Vieja. La oferta de compra la hacían los comerciantes Bartolomé Tomasi, Virgilio Casalta y José Boccardo, por la cantidad de 16.000 libras esterlinas equivalente a 404.000 bolívares y 2000 libras más equivalente a 50.500 bolívares en acciones. Se acordó dado lo favorable de la oferta, convocar a una Asamblea extraordinaria, la cual se cumplió el 14 de junio con asistencia de 15 accionistas equivalente a 3.030 acciones que constituían el quórum legal. A proposición de F. Kuhm la mayoría aceptó la oferta, pero Andrés Pietrantoni observó que la convocatoria no tenía cinco días de haberse publicado y por lo tanto la Asamblea estaba viciada de ilegalidad. Una nueva Asamblea terminó aceptando la oferta, la cual debía materializarse en el lapso de seis meses. Al final ésta fue rechazada porque había subido el valor de la empresa

jueves, 9 de febrero de 2012

Proclama contra la tiranía


Desde la vecina isla de Trinidad, el General José Manuel (El Mocho) Hernández lanza una proclama contra la tiranía del General Juan Vicente Gómez, del que fue asesor desde el Concejo de Gobierno entre 1909 y 1911, hasta que decidió romper, justificando su decisión por medio de una serie de cartas reunidas en “Verdades para el pueblo”. Acusado de fomentar varios levantamientos contra Gómez, particularmente en 1913, permaneció exiliado en Puerto Rico, Cuba y Trinidad donde lanzó su última proclama contra la tiranía, antes de viajar y morir en Estados Unidos. Desde Trinidad pidió al Presidente del Estado Bolívar, general David Gimón se revelara contra Gómez y en carta fechada el primero de mayo de 1914, éste le responde, entre otros puntos: “Con respecto a la conversación que tuvimos en Caracas, recuerdo que versó sobre la creencia que yo tenía de que usted se habría aleccionado mucho en su última estadía por Europa y los Estados Unidos, y que juzgaba por consiguiente, que no se dejaría seducir en lo futuro, por el conocido núcleo de líricos que lo han lanzado siempre por el camino de la revuelta armada, siempre funesta e ineficaz para corregir males arraigados en la conciencia nacional. Le dije entonces, que rodeara al General Gómez y lo ayudara, de buena fe, a desarrollar la política ampliamente democrática que él estableció en el país. Si usted hubiera procedido así, tal vez le habría prestado un gran servicio a la patria y no estaría hoy acaudillando una revolución que si llega a estallar, no haría sino ensangrentar y arruinar a la República por algún tiempo”.

Gómez siempre está prevenido contra cualquiera revuelta como esas que armaba Arévalo Cedeño y el “Mocho” Hernández y en esa línea ordenó la movilización de tropas por las zonas más vulnerables de la frontera. En eso andaba el 25 de julio cuando el vapor “Masparro” de la Venezolana de Navegación, naufragó luego de haber zarpado del Puerto de San Fernando hacia “La Periquera”. El barco zarpó el 15 de julio llevando a bordo al General Ramón Garrido hijo; Coronel Benjamín Olivieri, General Ignacio Quintana, Coronel Juvenal Colmenares, Enrique Pocaterra, gente de tropa y otros oficiales. Como pasajeros iban Tomás Márquez, Luis Trejo Esté, Arturo Sáenz y Francisco Lara. En total, viajaban 72 personas incluyendo a los tripulantes y durante el naufragio perecieron 5 pasajeros.

Además de la Venezolana de Navegación, que era compañía del Estado, cubría las rutas del Orinoco la Real Holandesa de Vapores que ese día atracó en Ciudad Bolívar con la famosa cerveza negra con alcohol Tuborg, a la cual la gente le atribuía propiedades excitantes y como el bolivarense es muy apegado a la novedad, la cerveza se agotó a los pocos días mientras los adictos a ella se paraban en el Paseo Falcón a distraerse con la novedad que había traído para los citadinos el empresario Víctor Vicente Maldonado: La ola giratoria, una diversión, especie de sube y baja en continuo desplazamiento que al principio se movía por tracción de sangre, pero el ingeniero de la Electricidad, Señor Lippks, le instaló un motor eléctrico.

Después de un tiempo en La Ola Giratoria, la gente acudía al Teatro Bolívar que después de varias semanas sin actividad, abría sus puertas para el debut del transformista Aldo y de Linda Bezossi, notable soprano lírica laureada en el Conservatorio de Milán.

Había alumbrado al público desde hacía tres años y paulatinamente estaban desapareciendo los faroles y los faroleros, también los gamonales, las montoneras, proclamas y sublevaciones

miércoles, 8 de febrero de 2012

Dalla Costa pintado por Herrera Toro

El 20 de agosto de 1912, el Concejo Municipal de Heres que presidía el médico J. M. Agosto Méndez dispuso que el artista venezolano Antonio Herrera Toro, residente en Caracas, hiciera un retrato al óleo de Juan Bautista Dalla Costa a objeto de ser ofrecido al Ejecutivo del Estado para su exposición permanente en el Palacio de Gobierno. El retrato fue concluido y expuesto el 19 de diciembre con un discurso del doctor Hilario Machado. Otros retratos realizados por el artista caraqueño fueron el de Juan Vicente Cardozo, el de Francisco Vicente Parejo, José Gabriel Ochoa, Pedro León Torres, Eusebio Afanador, Simón Bolívar y Rafael Urdaneta, todos expuestos permanentemente hoy en uno de los salones de la Casa del Congreso de Angostura.

Antonio Herrera Toro, valenciano fallecido dos años después (1914), fue director de la Academia de Bellas Artes y al comienzo de su gestión en 1909 tuvo que enfrentar el descontento de un grupo numeroso de alumnos que reclamaba cambios en la orientación de los estudios de artes plásticas. En 1912, año en que le tocó realizar el retrato de Dalla Costa, se produjo en la institución una huelga de estudiantes que desembocó en la creación del Círculo de Bellas Artes de Caracas. Herrera Toro a pesar de ser el blanco de las protestas estudiantiles, permaneció en su puesto que ocupaba aún al ocurrir su muerte el 26 de junio de 1914.

Ciudad Bolívar tenía comunicación con Caracas a través de embarcaciones de vela y de vapores costeros que transportaban pasajeros y mercancías haciendo escala en Trinidad, Carúpano y finalmente La Guaira, de donde se iba por tierra hasta el valle caraqueño por fragosos caminos de montaña. Era un viaje penoso de varios días aliviado por el paisaje de río, mar y montaña.

Por esa misma ruta venían a Ciudad Bolívar los grupos teatrales y los toreros a actuar los primeros en los Teatros de Bolívar y San Antonio de Upata; los segundos en el Circo de Víctor Monedero. En la temporada de ese año ambas ciudades disfrutaron la Compañía de Zarzuela de Guillermo Bolívar; Víctor Monedero viajó a Caracas para traer una buena compañía de toreros, integrada, entre otros, por Vicente Mendoza El Niño y por el matador Juan Iglesias, quien le dio la alternativa a Bocanegra en una corrida nocturna. A esa corrida Monedero asistió con un brazo entablillado debido a la fractura sufrida al ser derribado y revolcado por una mula.

La visita de Monedero a la capital, coincidió con la aparición del Nuevo Diario de Caracas. En esa ocasión, el periodista Ángel Machado fue nombrado agente corresponsal en Ciudad Bolívar. Simultáneamente apareció en la capital del Orinoco El Demócrata redactado por Pedro Peinado Aguinagaldi. El Nuevo Diario convertido al poco tiempo en vocero oficioso del régimen gomecista, circuló hasta 1935. Diógenes Escalante su fundador estuvo en la dirección hasta 1915 y durante la época de Medina llegó a ser candidato a la Presidencia de la República, pero debió renunciar debido a que presentaba síntomas de enajenación mental.

Gobernaba el Estado Bolívar en 1912 el doctor Luis Godoy, quien decretó la adquisición de una residencia permanente para los tribunales de Justicia, ordenando al propio tiempo su remodelación. En ese inmueble ubicado en la Calle Dalla Costa, actual sede de la Escuela Zea, funcionaron los tribunales hasta los años sesenta, diagonal con el Café España catalogado por el pueblo como “la segunda instancia”, porque allí los abogados se reunían en torno a una mesa de dominó, entre palos y palos, para arreglar los juicios.

martes, 7 de febrero de 2012

Vargas Vila y la Carona del Caris

El novelista y político colombiano José María Vargas Vila (en la foto), quien vivió en Ciudad Bolívar a finales del siglo XIX, seguía vigente en la ciudad de 1912. Columnistas locales aderezaban sus escritos citándolo o extrayendo pensamientos como éste en Crónicas del Día del 13 de enero: “La popularidad es una flor de estercolero que mis manos no se bajan a tocar”.
Los navegantes les ponían a sus barcos nombres de sus novelas como Ibis, en una balandra que se hallaba atracada en el puerto procedente de Curiapo con 26 planchas de balatá. Incluso los masones utilizaron el prólogo del Minotauro de Vargas Vila para responder el artículo Por Dios y por la Patria del médico y escritor Luis Felipe Vargas Pizarro.
Pero así como propietarios ponían nombres exóticos y noveleros a sus embarcaciones, los había quienes preferían nombres más apegados a nuestra geografía como Masparro, uno de los ríos de Barinas que ostentaba un vapor de la Venezolana de Navegación, por cierto, varado en las bocas del río Caris, procedente de San Fernando. Entonces se puso a rodar la leyenda, pues al parecer el vapor Delta se había perdido en el mismo sitio al igual que el vapor Bolívar.
Habitantes de Ciudad Bolívar como de Soledad creen que en las bocas del Caris mora una sirena conocida con el nombre de La Carona que molesta a los pescadores que capturan peces con dinamita o barbasco. También se decía que La Carona suele enamorarse y a los agraciados los obsequia con buena pesca. Se dio el caso testimonial de un pescador de apellido Tortoledo que murió del susto cuando la supuesta sirena del Orinoco le batió la curiara y lo lanzó contra la garganta del Caris y todo por esta imprecación: “Hoy es el día en que pesco a esa Carona”.
El Caris, es un río que desemboca en el Orinoco, al oriente de Soledad, que en ese mes de agosto, específicamente el 15, el obispo de la Diócesis de Guayana, monseñor Antonio María Durán entronizó y bendijo la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, patrona del pueblo.
El altar mayor había sido construido y bendecido años antes por el vicario Adrián María Gómez. Padrino de este acto, religiosamente solemne, fue el presidente del Estado Bolívar, doctor Luis Godoy. Desde entonces es el culto a esta virgen en el vecino pueblo del municipio Independencia.
Agosto también es el mes dedicado a Nuestra Señora de las Nieves, patrona de Ciudad Bolívar y es mes de la Zapoara, pez autóctono de esta parte del Orinoco, que por no morder anzuelo es capturado con atarraya. Ernesto Sifontes, observador hidrográfico del río padre, comenta en uno de sus escritos que la primera Zapoara atarrayada en agosto era tradicionalmente objeto de un gran sancocho colectivo en la parroquia Santa Ana. Para entonces, el bachiller se ocupaba de determinar desniveles y clima de la ciudad. Por ejemplo, determinó que existe una diferencia de nivel de 40 metros entre la Plaza Miranda y el extremo norte de la calle Constitución y la temperatura media de la ciudad la situaba en 30 grados centígrados con variación de un mínimo de 22º en diciembre hasta 35 ó 36 en agosto y septiembre.
Buen clima el de Ciudad Bolívar para probar ese avión de Frank Boland que había volado por Caracas, Valencia, Puerto Cabello y Barquisimeto ¿Por qué no en Ciudad Bolívar?, reclamaba el bachiller. ¿“Cuándo volamos?”, Han volado, no los habitantes de aquellas poblaciones, sino dos audaces yanquis. Eso de volar no se da todos los días

lunes, 6 de febrero de 2012

Error de Caulín achacado a Gumilla

Lino Duarte Level, a quien vemos en la fotografía, que fue secretario de Guzmán Blanco, escribió Historia Patria, un libro criticado por Tavera Acosta el 10 de noviembre de 1911. En esta obra de 473 páginas se dice que el fraile José Gumilla copió a Caulín en lo referente a la fundación de Santo Tomás de la Guayana en 1579. Tavera Acosta lo contraría afirmando que fue Caulín, quien se hizo cargo del error de Gumilla, pues éste estuvo por las regiones del Meta y del Orinoco desde 1717 hasta 1737. Escribió su libro Historia de las naciones del Orinoco en 1740-42. Publicó en Madrid la primera parte en 1741 y luego la edición completa en 1745. Caulín vino a Venezuela formando parte de la XII Misión. Escribió su obra Historia de la Nueva Andalucía en 1754-59 y la publicó por primera vez en 1779. Pablo Ojer comprobó finalmente que Santo Tomás de Guayana fue fundada el 21 de diciembre de 1595 por don Antonio de Berrío.

Esta disquisición fue expuesta en uno de los periódicos de la época, donde, por cierto, surgió por primera vez el nombre de Ultimas Noticias que supongo fue copiado por la Cadena Capriles para su tabloide actual del cual fui corresponsal en los años sesenta. En 1911, este nombre existía en la prensa de Ciudad Bolívar. Así se llamaba un espacio publicitario de Domingo Osorio B de Maracaibo, importador de productos químicos y farmacéuticos como el Elixir de Guindelia para el asma y las píldoras antibiliosas de las cuales era adicto el empresario de espectáculos públicos Rafael Otazo empeñado en ese tiempo en crear una Compañía de Zarzuela para el Teatro Bolívar integrada por artistas que pensaba contratar en Caracas, según informaba El Cañón, un periódico que comenzó a circular desde el 9 de octubre bajo la dirección de José Aurelio Barazarte, un poeta estimulador de los Juegos Florales, eventos trascendentales que se realizaron en tres oportunidades en Ciudad Bolívar que contaba entonces con una población urbana de 12.877 habitantes y 4.658 en la zona rural. Total 17.535 habitantes en todo el municipio, población que acusaba una tasa baja de crecimiento debido a las endemias y epidemias algunas veces de la Malaria, Fiebre Amarilla, Cólera y Beriberi.

Las autoridades sanitarias, para evitar tales males, no se atenía a la medicina curativa sino que hacían campañas preventivas en las escuelas, que no eran tantas. Apenas el Colegio Federal de Varones, una escuela de segundo grado para niñas y otra para varones; cuatro escuelas nocturnas de primer grado y doce diurnas en todo el estado. Los citadinos de buena posición mandaban sus hijos a la Pamphylian High School de Patrock E. Alexis, en Puerto España, que aceptaba alumnos internos por 15 dólares mensuales y externos 8 por trimestre

En ese tiempo se debatía el escaso presupuesto del Estado y el Municipio que no daban para crear más escuelas públicas. El de la Asamblea Legislativa era de 9 mil bolívares al año y un diputado ganaba 30 bolívares como dieta sólo durante los 30 días de sesiones. El Presidente del Estado ganaba Bs. 1.600 mensual y 1.000, el secretario general de Gobierno. El prefecto ganaba 500 bolívares. El poder Judicial dependía del Ejecutivo regional y estaba integrado por la Corte Suprema compuesto por tres ministros con sueldos de 500 bolívares cada uno; un Juez Superior y otro de primera instancia en lo civil y mercantil y Juzgado de primera instancia en lo criminal. El presupuesto total del Estado era de Bs. 36.256